Aquella era una noche cálida de verano, el castaño había ido a resolver un problema con una pequeña familia de la mafia que estaba causando revuelo en la parte central de la ciudad, quería resolverlo el mismo con sus guardianes o al menos los cuatro de ellos que estaba siempre cuidando su espalda.
Fue bastante fácil y todo terminaba bien pero todos deseaban tomar algo y tener un momento agradable juntos, mencionan lugares y cosas que hacer sin descanso hasta que el jefe habló, quería ir donde la mujer ojiverde con sus amigos después de hace cinco meses de conocerla, quería que ellos supieran de su existencia, quería incluirla en su vida. La llamo sin dudarlo avisándole que iría con sus guardianes a lo que ella le respondió animosa un sí, su mano derecha le miró extrañado, sabía que hablaba con una mujer pero hace meses que no le veía así de animado, quizás desde que era niño, esbozó una sonrisa y obligó a todos a ir donde el décimo había propuesto, una pequeña cafetería muy cerca de lo sucedido.
Al entrar al acogedor lugar todos se dispusieron en el sector donde estaban los sofás, pronto la mujer sin siquiera preguntarles le llevó bebidas, un espresso para la tormenta, un latte para la lluvia, un zumo de uva para el rayo, un chocolate caliente "extremo" con un leve toque de pimienta para el sol y su clásico cappuccino para el jefe. Ella extendió un pañuelo diciéndole que tenía una mancha de tierra en la mejilla, él le agradeció antes de limpiarse, luego les dejo para todos una cesta llena de galletas de chispas de chocolate, se retiró en silencio hasta el otro salón donde usualmente eran las reuniones a limpiarlo, acababa de terminar una reunión antes de que ellos llegarán, el castaño solo se quedaba mirándola pasar mientras los demás hablaban y discutían
-¿estás bien, décimo?
-¿ah?... perdona ¿qué cosa, Gokudera-kun?
-nada -esboza una pequeña sonrisa antes de ocultarle con la taza al dar un sorbo
-¿Gokudera-kun?
Los demás guardianes se marcharon mientras la mujer seguía limpiando el enorme salón, finalmente el castaño le contó todo a su mano derecha, la historia de la mujer y como la había conocido en aquel día fatídico para él como ella le había animado a reconstruir su destrozado corazón, le comento también la noche que se escapó con ella de la fiesta, el solo se limitó a sonreír, también el por qué él le había dado su pañuelo en una accidental cortada al recoger una taza que él mismo había quebrado, le había cubierto su dedo sangrante con su impecable pañuelo blanco, para finalmente contarle porque no había permitido antes que todos sus amigos y familia no la conociera por un acto totalmente egoísta, quería que solo fuese un lugar y una persona para él, le pidió disculpas por eso pero su amigo peliplata le respondió que estaba feliz de verlo hacer esas cosas, cosas tan egoístas y poco usuales en el jefe Vongola.
La mujer apareció pero se detuvo al ver al peliplata levantarse, se acercó hasta la vaso de las propinas dejando un billete dentro, se despidió de su jefe y agradeció el café a la mujer antes de retirarse, ella se acercó hasta la ventana y cerró la persiana de metal que lentamente cayeron, se acercó hasta el castaño que suspiro cansado lanzándose hacia atrás en el sillón para relajarse
-¿paso algo, Tsuna?
-Gokudera-kun quería saber quién eras
-así que él era Gokudera... parece algo intimidante, nada comparado como tú hablas de él
- él es así cuando conoce a alguien nuevo, p-pero es muy amable
-¿porque tan nervioso? ¿No es tu amigo?
-ah... estaba preocupado de mis desapariciones para venir aquí
-ya veo
Él se reincorporó y dio un último sorbo a su café antes de que la mujer se inclinó para recoger su taza, él se volvió a verle quedando solo a unos centímetros de distancia, ambos sonrojados observándose en silencio con la respiración agitada, fue el que se alzó levemente y terminó aquella distancia entre los dos, chocando sus labios con los de ella unos gruesos y rosados labios, ella estaba impactada pero lentamente cerró los ojos hasta que de golpe se separó de él con la respiración agitada, comenzó a caminar nerviosa por el lugar nerviosa murmurando algo incomprensible para él mientras movía las manos de un lado a otro hablando con ella misma, el sonrojado se levantó y le tomó de los hombros
-¡¿estás loco?!-preguntó ella sonrojada a la vez que alterada-¡¿qué estás haciendo?!
Si lo estaba porque la volvió a tomar desprevenida, le agarró el rostro y la cintura atrayéndola hacia él, le rodeó con los brazos correspondiéndole aquel beso inesperado, él había hecho exactamente lo que ella le recordaba cada vez que podía "vive tu propia vida"
Quería hacer algo totalmente egoísta y descarado, quería tener a esa mujer esa noche, quería que solo fuese de él aquella noche calurosa de verano, estaba siendo un carnívoro en vez de aquel herbívoro que había sido toda su vida. Ella le guio escaleras arriba a un pequeño cuarto con escasos muebles pero suficientes para alguien que trabajaba todo el día, no alcanzo llegar a la cama de la mujer antes de que la mayoría de la ropa de ellos hubiera quedado regada por el lugar, ella le hizo tropezar para caer en una felpuda alfombra, pero no se detuvo ni por un segundo, siguió atrapando los labios a la italiana contra los suyos, torpemente se deshizo de las últimas prendas y la hizo suya hasta que su energía le hizo caer al piso sudado junto a la mujer, agitados cubiertos por una manta que la ojiverde tenía cerca del lugar. Sin decirse nada, sin mirarse solo el sonido de sus respiraciones agitadas resonando en las paredes, ella se volvió y él se cubrió los ojos con las manos
-¿fue tan terrible?
-claro que no... Jamás me sentí así... no debí hacerlo
-¿por qué?... Tsuna-le llamo y él se quitó una mano sobre su ojo para mirarle- eres un real idiota... por qué me dices no debía hacerlo si se notó que querías hacerlo
-si quería hacerlo...no significa que sea correcto, te he atacado
-claro que no-dice riendo- yo he querido al igual que tu... solo que quede entre un acto egoísta hecho por nosotros dos, cerrado por estas 4 paredes, creo que después de todo no eres aquel gato miedoso que creí, leone di cielo
-Julie, siempre has sido una malvada persona
-sabes... tengo hambre ¿tienes hambre?
La mujer se levantó tal cual, sin dejar que él le respondiera y tomó la blanca camisa del jefe Vongola, se la puso abotonando la escasamente, para dar unos pasos hasta su pequeña cocina donde comenzó a buscar un serie de ingredientes, la veía moverse con las mangas arremangadas de su camisa inmaculada con el cabello suelto en su espalda. Tenía la cicatriz de aquella operación que le había hecho cuando pequeña, cuando la vio entre aquel remolino de sensaciones él se detuvo para observar una herida que seguía en su cuerpo sobre su ombligo, ni siquiera trato de ocultarlo en ese momento, solo dio una sonrisa antes de seguir con el acto. Le pidió que no le observe mientras se ponía los pantalones pero ella le recordó lo sucedido así que tratando de cubrirse lo más posible mientras se vestía torpemente, pero al buscar su camisa vio que la mujer la tenía. Recordó por un momento a su ex-dama, ella jamás hubiera hecho algo así, pocas veces eran las que ambos tenían relaciones de esa manera, casi contadas con las manos pero ella jamás hubiera agarrado su camisa y le hubiera dado de comer, jamás lo hubiera hecho en el piso y tampoco tantas veces como ellos dos. El Vongola se había restringido de los placeres más básicos de la vida, la comida que le gustaba, estar satisfecho sexualmente y sentirse sin ataduras aunque sea por una noche. Le acercó hasta ella tenía deseos de morderla y de besarla, pero el rugido de su estómago le detuvo
Una hamburguesa, lechuga, tomate, queso, un poco de cebolla cortada como un aro y un pan con semillas sobre él, parecía simple quizás hasta demasiado simple, pero la mujer se lo había preparado y estaba deliciosa para él. A pesar de lo sucedido el solo seguía siendo él y ella solo ella, cuando terminaron de comer se acerco hasta ella tratando de ser como hace poco, un carnívoro pero no le funciono sus ojos se veían dulces como siempre, la mujer río fuertemente, haciéndole sentir más decepcionado de no poder ser el carnívoro que quería, ella se subió a la mesa, le atrajo atrapando con las piernas apretando contra ella provocando al castaño que solo le corresponde sin decirle nada a pesar de lo nervioso que se sentía, pronto volvió a ser aquel carnívoro comiendo su presa
Ya comenzaba a salir el sol, se sentó rápidamente nervioso diciéndose a sí mismo que todos le regañarían y que estaba en problemas, la mujer le lanzó una almohada y se acomodó nuevamente, tomó su camisa y se la puso nervioso, cubrió a la mujer con la sábana y le dio un beso en la sien antes de irse corriendo desesperado
Entró a la mansión casi en puntillas para que nadie descubriera que no había vuelto a dormir, que descubrieron que había estado con una mujer a la que sólo consideraba su amiga, deseando que nadie lo descubriera. Llegó a su cuarto a salvo y se dio una larga ducha, luego se miró al espejo, tenía algo de sueño, no se veía tan mal pero no podía quitar esa sonrisa de satisfacción en su rostro, sintió un extraño ardor en la espalda, se volvió en el espejo para mirar y unos perfectos rasguños rojos surcaban su piel, sonrió levemente al recordar cómo se había hecho para luego ponerse nervioso de la situación. Se vistió rápidamente y bajó a su oficina donde un café oscuro le esperaba junto a su mano derecha que le miraba como si esperase escuchar algo, pero se mantenía nervioso así
-Décimo...
-¡no era mi intención!-le interrumpió
-iba a preguntarle si quería comer algo-sonríe levemente- pero...
-Juliette y yo-desvió la mirada sonrojado- me quede en la casa de Julie... yo y Julie... digo... yo... bueno ella... y luego yo -balbuceó nervioso
-¡qué bueno! ¡Al fin el décimo ha salido de esa depresión! ¡Al fin ha salido con una chica!
-yo no la llamaría depresión... pero algo así
-estoy feliz de que el décimo esté mejor
-fue muy confuso-de golpea la frente con la mesa- ¿qué debería hacer?
-si se siente bien con esa mujer...debería seguir viéndole, ya no la haya la hermana del cabeza de césped... ¿qué hay de malo?
-creo que tienes razón...-se golpea de nuevo-ni siquiera la he invitado a una cita o a comer ni nada de eso ¿debería... tener una cita con ella?
-parece un poco tarde para eso...
-quizás sea una buena idea, no lo sé-dijo sacudiéndose el cabello- quiero un café
-quiere más que un café, decimo-dijo antes de salir
