Daphne no había conseguido descansar aquella noche. Los nervios por saber lo que le ocurriría a Theo le habían comido las horas al sueño. Se miró en el espejo, Padma le había asegurado que el color azul infundía seguridad en los demás y le había recomendado acudir a la vista oral vestida de ese color. Daphne había rebuscado en su armario hasta encontrar ese vestido.

Lo irónica y caprichosa que podía llegar a ser la vida. Este vestido era uno de los tantos regalos con los Theo había intentado convencerla de que la amaba cuando su relación estaba dando los últimos coletazos de vida. El color azul era su favorito, sin embargo ella siempre había preferido el verde.

Alguien tocó a la puerta del cuarto de la Mansión Malfoy donde Draco la había invitado a quedarse alojada hasta que todo esto acabase. La cabeza de Astoria se asomó sonriendo tiernamente.

—¿Has conseguido dormir algo, Didi?

—No he conseguido dormir nada si te soy sincera. Este tema me está trayendo de cabeza. ¿Cómo está Draco?

—Él tampoco ha podido dormir esta noche. No me lo ha querido decir, pero no ha parado quieto ni un segundo. Incluso este pequeñajo—Astoria posó sus manos cariñosamente sobre su vientre— no me ha dejado descansar, es como si notara todo lo que está pasando aquí.

—Tori, ten cuidado. Ya sabes que estás débil, no deberías hacer tantos esfuerzos. Creo que deberías quedarte aquí en la mansión en vez de venir al juicio.

—Si me quedase aquí sola, sin saber lo que le va a pasar a Theo, me volvería loca. Tanto tú como Draco me necesitáis a vuestro lado ahora. Además, he estado tomando todos los tónicos que me han recetado, no debería pasar nada.

—No deberías arriesgarte tanto, Astoria. Sabes que tu salud es lo más importante. Si por culpa de esto perdieras al niño, no me lo podría perdonar nunca.

—Didi, no pienses así. Bastante tengo con Draco y sus neuras como para también tener que aguantarte a ti.

—Nos preocupamos tanto por ti porque te queremos, chiqui.

—Ahora nos tenemos que preocupar por Theo, eso es lo importante. En cuanto estés lista, podemos irnos.

—¿Al final Pansy nos espera allí ya?

—Sí, ha enviado una lechuza.

—Pues por mí, podemos irnos ya.


Daphne se sentía como un león enjaulado. Caminaba erráticamente por el despacho que compartía con Hermione, quien la había llamado para darle aquella terrible noticia que prefería no haber escuchado. Padma Patil estaba de pie cerca de la puerta, el enfado era notable en su cara, sus facciones se habían endurecido.

—Yo tampoco me puedo creer que le hayan hecho eso a Theo, Daphne. Sabía que el Wizengamot le pondría una penalización dura pero...lo que han hecho, me parece vergonzoso.

—¿Y no podemos hacer nada? Padma, tiene que haber algo que podamos hacer. Recurrir lo que sea que el juez ordene, me parece que el ministerio ha querido pagar su frustación con Theo. ¿Dos años por ni siquiera llegar a revelar el Secreto?

—Ha sido un número muy elevado de afectados, Daphne. Eso ha hecho que aunque la amenaza no fuera real, quisieran darle un escarmiento.

—¡Pero no es justo! ¿Es que no lo veis?

Su vestido se subía cada vez que caminaba. Su melena, pulcramente peinada antes de salir de la mansión Malfoy, ahora tenía mechones que salían rebeldes dándole un aspecto más fiero.

—Daphne, guarda la calma. Aún queda la vista oral, dependiendo del resultado, comenzaremos a recurrir. Te di mi palabra y la mantengo.

—Tenemos que hacer algo más. Hay que encontrar a esos desgraciados.

—Daphne, como compañera de trabajo, ir contra el ministerio solo perjudicará a Theo. Sé que una pena de dos años ha sido un castigo excesivo, más aún sin un juicio propiamente dicho, pero lo que ahora tienes que hacer es ir a la vista oral y que Theo sepa que estás ahí con él.

—Sí, sé que estoy siendo irracional. Padma, en el caso de que el fallo del juez sea que Theo tiene entrar en prisión, me gustaría poder hablar con él después. ¿Sería eso posible?

—Sin problema alguno, ahora, debemos irnos. Hermione, mil gracias por avisarnos tan rápidamente. Sabemos lo que te juegas, pero esto me ha demostrado lo que ya sabía, serás una buena ministra.

Ambas mujeres se desaparecieron hasta que llegaron a los aseos femeninos de ese edificio gris que Daphne había comenzado a odiar rápidamente.

—Voy a encontrarme con Theo antes de que empiece todo este circo.

—Sé que Draco, Astoria y Pansy ya están allí. No sé si desearte suerte, no sé lo que se hace en estos casos.

—Mantened la calma, lo necesitaremos.


—Póngase el acusado de pie. Tiene derecho a la última palabra. ¿Quiere decir algo?

—Si, señoría. Que me arrepiento de lo ocurrido. Sé que a todas esas personas mis disculpas no les sirve de nada, después de todo lo que han perdido. Pero quiero que sepan que yo soy una víctima más, que a mí también me han engañado.

Theo se gira buscando a Daphne con la mirada. La rubia tiene la sensación de que él quiere decirle algo más pero sabe que no es el momento. Siente como Draco aprieta su mano, están todos juntos en esto. Ella toma la mano de Pansy, quien ha comenzado a llorar quedamente.

—Bien, por la autoridad que se me ha otorgado y de acuerdo con las disposiciones legales voy a emitir la sentencia en forma oral en este momento. Así, declaro a Theodore Nott responsable de un delito de fraude con agravante de perjuicio social. Debido al ya mencionado agravante se le condena a una pena de tres años. Pena que se ve reducida por el atenuante de que el Señor Theodore Nott quiso saldar la deuda existente con sus demandantes así como haber trabajado en cualidad de cómplice de un intento de estafa. De todos modos, se le entregará por escrito esta sentencia y le informo que puede usted recurrirla ante el organismo pertinente. Se levanta la sesión.

Daphne sintió como si de repente tuviera un montón de piedras en su estómago. Sabía que estaba llorando, pero no porque fuera consciente de ello, sino porque de repente toda la sala pareció desenfocarse. Theo, vestido con ese sencillo chándal gris se le veía derrotado, comenzaba una etapa difícil para él.


Daphne, nada más le abrieron la puerta de la sala donde habían metido a Theo, salió corriendo hacia sus brazos. Cuando ambos cuerpos chocaron, la rubia pudo sentir como los fuertes brazos del chico rodeaban su cuerpo casi usando su cuerpo como punto de apoyo para ese mundo que ahora mismo se tambaleaba ante sus ojos.

—Daphne...tengo miedo ...yo...

—Shhhh

Daphne tenía que estar de puntillas para poder estar cara a cara con el moreno. Sentía que si le soltaba, irremediablemente querría volver a abrazarle.

—Hemos pasado por cosas peores, Theo. Todo esto también pasará.

Draco observa en silencio ese abrazo entre sus dos amigos. Sabe que después del infierno por el que todos han pasado esa semana, necesitan ese momento para los dos. Besa con ternura la mano de Astoria que se ha mantenido enlazada a la suya desde que habían salido aquella mañana de casa. Mira a Pansy, quien está a su derecha secando sus lágrimas con un pañuelo de tela color violeta.

Apoya su mano libre sobre el hombro de la chica. Vuelve a mirar a la pareja que parece estar hablando en susurros que él no llega a oír. Levanta una ceja intrigado, después le preguntará a Daphne sobre qué hablaban.

—Theo, pase lo que pase, estamos aquí. Sabes que eres mi hermano de otro padre.

Daphne se separa del cuerpo de Theo a pesar de sentirse segura allí. El chico sin embargo no rompe el contacto, manteniéndola a su lado agarrando sus codos gentilmente. Quiere salir de esa sala para buscar justicia, ahora que es consciente de todo lo que Theo había estado callando, sabe por donde tiene que empezar a buscar. Tendría que volver a pedirle un favor a Hermione, pero sabía que podía confiar en ella. Hasta ahora lo había hecho.

—Lo sé, Draco. Siento todo esto que se ha formado alrededor de vosotros. Astoria, siento si he llegado a hacerte daño a ti o al bebé. Ahora mismo es como si no pudiera procesarlo del todo, supongo que todo este cambio me llevará un tiempo de adaptación.

—¿Qué te ha dicho Patil?

La voz de Pansy sonó quebrada, más débil de lo que a ella le hubiera gustado. Daphne vio como sus manos temblaban sin poder controlarse.

—No voy a ir a Azkaban, he tenido suerte con eso a pesar de la jugarreta del ministerio. Estaré en un módulo seguro, donde están los presos de menor peligrosidad. Supongo que en la cárcel no creen que pueda llegar a timar a nadie, por lo que no me ven peligroso. ¿Son buenas noticias, a qué sí, Pansy?

Pansy vuelve a llorar, esta vez dejando a un lado todo intento de disimularlo. Theo va hacia ella liberando a Daphne de ese cálido agarre que parece que su piel ya echa de menos. Ve como el chico besa a su amiga en la frente y siente una breve punzada de celos. Desecha ese sentimiento rápidamente, no puede permitírselo.

—Pansy, puedes estar tranquila. Quiero que estés tranquila, tú y todos. Solamente van a ser tres años los que os vais a poder librar de mi ego y mi humor sin gracia alguna. ¡Son prácticamente una vacaciones! Miradlo así, yo voy a estar bien.

—¡Ven aquí capullo!

Draco soltó la mano de Astoria para abrazar a quien verdaderamente sentía como un hermano. Parecía que según salían de un problema, se metían en otro aún peor. Quizás algún día podrían vivir tranquilos. Draco sonrió. Ni él mismo se creía eso.

Daphne se acercó al resto del grupo poniéndose al lado de su hermana abrazándola a ella también.

—Ves, Theo. A veces llegas a poder evitar comportarte como un idiota, veo que vas madurando.

—Bueno, Duffy. Tú y yo tenemos una charla pendiente, aunque tendrá que esperar tres años. Mientras tanto y para no olvidarme de ti, ¿podría besarte?

—Retiro lo que he dicho. ¡Nunca cambiarás, Theo!

—Un beso chiquito, mujer. Me vale incluso en la mejilla.

—Mira, voy a achacar tu comportamiento a todo esto por lo que estás pasando. ¡Estás loco!

—¡Tú me vuelves loco! ¡Aún sigues en mi cabeza, tonta!

—Argghh. ¡Ya he tenido suficiente! ¡Os espero en casa!

Daphne salió de la sala sin mirar atrás. Sólo Theo era capaz de trastornarla de esa manera. Se metió en uno de los aseos y se desapareció.

—Theo, el día que aprendas, te juro que te hago heredero de mi fortuna.

—La culpa es de ella por ponerse ese vestido azul que yo le regalé. ¡Casi ni he podido concentrarme durante el juicio por estar mirándola a ella!


Daphne tenía las piernas encima de la mesa, dejándose engatusar una vez más por las llamas de aquella chimenea. Ese ritual había pasado a ser su pequeño instante de paz, un refugio donde no había pasado nada.

—¿Te importa si yo también me sirvo uno?

—Es tu alcohol, quien no te ha pedido permiso he sido yo.

—Ni falta hace que lo hagas, mientras estés bajo mi techo, todo lo mío es tuyo.

Draco se sienta a su lado. La rubia había estado desaparecida durante todo el día y quería hablar con ella. Tenía una conversación pendiente, quería saber que era lo que Theo le había dicho con tanto secretismo.

—Astoria ha podido descansar finalmente. Sabía que llevaba todas estas noches sin dormir por culpa de mi insomnio. Hay veces que pienso que no debería haber dejado entrar a Astoria en mi vida, desde que nos conocimos, todo ha sido sufrimiento y problemas para ella, uno detrás de otro.

—No podríais haberlo evitado, ninguno de los dos. Y me alegro de tenerte como cuñado, Draco. Tu whisky es excelente, mejor que el que metías de contrabando en Hogwarts.

Ambos ríen como los buenos amigos que, conociendo el pasado de cada uno, siguen de la mano por ese camino que es la vida.

—Duffy, ¿qué fue lo que te dijo Theo?

Daphne entrecerró los ojos mirando a Draco. Las llamas tintaban de un tono anaranjado los ojos del otro rubio, casi avisándole del peligro que conllevaba compartir esa información.

—Cómo no, no se te iba a pasar por alto ese pequeño detalle.

—Sabes que siempre he sido muy observador, nada se me escapa.

—Tengo que irme a Brasil.

—¿Cómo? ¿Te has vuelto loca?

—Escúchame. Allí es donde Theo cree que están sus socios. Hoy, después de despedirnos de él, es lo que he estado investigando. Y creo que les he encontrado, pero es mucho más difícil seguir la pista a esas cuentas sin medios. Mañana he quedado con Hermione, Potter y Patil para estudiar cómo podemos proceder y qué permisos tengo que pedir para irme.

—Voy contigo.