GRACIAS A:

Atenaschan

Marieisa Hale

Habían pasado unos días desde que desperté, Edward se mostraba atento, pero no compartíamos recamara, y todas las noches entraba a mi habitación y lo hacíamos, pero despertaba sola, me había asignado sirvientas y dinero, aunque a veces escuchaba que peleaba con la rubia de Tanya, me preguntaba por que, cuando comía yo me sentaba a su lado derecho y compartíamos la misma copa

-señora hoy vienen los mercaderes ¿comprara algo?- me pregunto Ángela sacándome de mis pensamientos

-si voy enseguida- me levante y empecé a caminar, baje las escaleras con cuidado y en el salón vi sentada a Tanya con unas mujeres, a lo mejor eran sus sirvientas

-miren, ahí esta la ramera del laird- sentí que un fuego me consumía por completo, camine a toda prisa y ella se empezó a reír

-señora espere- me tomo del hombro Ángela

-no la confronte, mejor vaya con el laird y dígale…-

-¿decirme que?- carraspeo Edward

-que tanya acaba de llamarme ramera- musite

Tanya se levanto rápido y le hizo una reverencia, en cambio vi la cara Edward completamente roja sus hermosos ojos verdes se veían negros y coloco su mano en su espada

-mi señor, es una mentira- susurro Tanya aun agachada

-disculpe laird, pero yo escuché que fue cierto- dijo Ángela

-bella vete a comprar tus cosas, Ángela llama a tu esposo y dile que venga conmigo y tu Tanya ven conmigo- bramo Edward sus ojos mostraban una furia que nada lo podía calmar pero note que solo traía su kilt con un pedazo de tela que le cruzaba el hombro derecho y terminaba cocido en alguna parte de su "falda", era color roja, no traía ninguna camisa, tenía su magnífico cabello suelto que le llegaba a unos milímetros cerca del hombro, y una pulsera grande que abrazaba su bíceps derecho y en la muñeca izquierda, una muñequera de piel

-¿ya pase el examen?- pregunto Edward molesto y me saco de mi babeo

-eh…si ¿me decías algo?- dije volviendo a la realidad

-que te vayas de compras muchacha- bufo y me fui

Tenía ganas de hacerle cosas pecaminosas, se veía tan varonil, camine hasta encontrarme al mercader, llego corriendo Ángela con una bolsa

-señora, el laird le manda este dinero- tome la bolsa de piel y la abrí, ¡santo dios!, eran monedas de oro puro, sin duda era fortuna en estos tiempos, pero en mis tiempos, si tienes una cuenta bancaria con millones de dólares una mansión, un yate y montón de carros eres millonario

-ahm, gracias ¿pero por qué me da tanto dinero?- enarque una ceja

-el laird se lo manda, luego le digo por que- asentí

Empecé a ver las telas, broches, redecillas de seda, collares, compre algunas telas, y había un broche que me gusto, era un cuervo negro y el fondo era verde, compre algunos collares, jamás en mi vida tendría joyas verdaderas y no de bisutería como las que acostumbraba a comprar fuera de mi escuela

-señora no se gasto nada- me dijo Alice

-no soy señora y además el laird me dio dinero ¿y en donde estabas?- la jale hacia donde estaba

-reparando la nave, sabes que no podemos quedarnos por mucho tiempo- me tense al oír eso, ¿Cómo pudo haber olvidado eso?

-¿Qué recuperaron?- pregunte

-pues no mucho, el GPS se averió, la corriente eléctrica no funciona y además tenemos que unir las piezas, la computadora portátil está bien, y emmet está tratando de encontrar alguna señal o algo, lanzamos bengalas, pero recupere tu maleta, algunos refrescos y algo de botanas- dejo que pusiera las cosas en mi cama y Ángela las miro por un momento

-Ángela, de estas telas quiero unos vestidos, este me queda algo apretado- dije quejándome

-con ese vestido, te ves hermosa- escuche a Edward hablar y Salí corriendo, lo abrace y él me correspondió el abrazo

-y esa cosa de tela que es- dijo señalando la maleta

- se llama equipaje- me acerque a ella y la abrí, por suerte tenia cierre pero en esos tiempos no existía el cierre

-¿Qué ruido fue ese?- gruño y yo me reí

-se llama cierre- tome mi ropa sucia y en otra maleta que abrí estaban los refrescos, encontré una coca-cola de lata y desesperada la abrí y empecé a tomar

-¿Qué estas tomando que le niegas a tu señor?- se acerco peligrosamente Edward y casi me ahogo, empezaba a adorar su mirada letal

-si quieres tomar, pero bajo tu riesgo, se llama refresco es algo fuerte- me la quito y se la tomo, después hizo una mueca de amargura y luego eructo, estalle a carcajadas.

-esta cosa sabe amarga, es peor que el whisky, y casi me ahogo- me la entrego, pero cuando quise tomar estaba vacía, y siguió eructando

-de que te ríes mujer- bramo colérico

-que la coca-cola te subió el gas y como te la tomaste de un jalón, es obvio que haya repercusiones- hable entre risas

-que mas tienes en esa bolsa muchacha- exigió y saque todo lo que tenia, Edward tomo un empaque de cheetos y con sus dientes desgarro la bolsa, y empezó a comérselos y siguió eructando, después volvió a desgarrar otro empaque pero ahora eran gomitas enchiladas, se comió una y la escupió, su cara se tiño de rojo y por accidente tomó otra coca y casi se ahoga, tome agua embotellada y se la di, la olfateo y se la bebió toda, yo en cambio no paraba de reír y el estomago me dolía

-¿pero qué clase de comida es esa?- se recostó en la cama

-bienvenido a la comida del futuro…laird- hice una reverencia y el empezó a reírse

-ven muchacha- extendió su mano hacia mí y la acepte. Me guio hasta la cama y me recosté a un lado de el, apoye mi cabeza sobre su hombro y el acariciaba mi cabello

-me dijeron que tu nave estaba muy rota y que tardaran meses en recuperarla- musito suavemente y asentí

-es cierto, pero el GPS también se daño y en la base no nos podrán encontrar, el GPS revela en donde estamos, pero ahora, casi se puede decir que nos borraron del mapa- levantó una ceja confuso, a veces tenía que recordar que no estaba en el siglo XXI

-¿sabes por que te di más dinero?- pregunto sonriendo

-cuando Ángela me entrego el saco de monedas, yo también le pregunte- conteste

-el dinero se lo quite a Tanya, jamás debió de haberte insultado, tú no eres mi ramera, eres mi prometida, eres mi mujer y no dejare que nada te pase- ¿le había quitado el dinero por mi?

-Edward eres amable, pero no seas cruel de seguro ella intentara vengarse- mire a Edward preocupada

-no te preocupes, le advertí que si lo hacía, le rompería el cuello- hablo secamente

-pero que cabrón saliste- exclame y él me miro curioso

-fui entrenado para la guerra, no para seguir códigos de caballería, me entrenaron a los 7 años- hablaba secamente

-yo me enliste en la federación a los 17, fui la mejor de mi clase- dije orgullosa

-si como no- se burlo el

-no me creas y ya tonto, tengo que supervisar la nave regreso más tarde- sentí que apretaba mi muñeca firmemente y aullé de dolor

-no me vuelvas a llamar tonto y segunda tú no te vas de aquí hasta que te lo ordene ¿Quedó claro?- lanzo su advertencia con tono frio

-¿y si no te quiero obedecer?- lo rete

-las consecuencias serán muy lamentables para ti, ¿quieres a tus amigos como esclavos o encarcelados? ¿Quieres terminar como una prostituta o mi sirvienta personal? ¿O sus cabezas clavadas en una lanza?- empezaba a ver qué Edward no era dulce, si no que era sádico, cruel y sanguinario, no era tierno ni mucho menos amoroso y empezaba a temerle

-te espante y mejor será así- se acerco rápidamente a mí y me tomo del cuello

-no te irás hasta que yo lo diga y si me desafías será lo último que hagas, desde ahora estarás vigilada, te pondré a Duncan a que te vigile pequeña zorra- hablo letalmente y le avente un puño lleno de fuego que lo lanzó a la pared

-olvidas algo, imbécil, yo soy fuego, yo soy agua y yo soy tierra, si yo quiero puedo hacer que tu espantoso castillo se haga ruinas o puedo hacer una inundación o propagar el fuego como el agua- ahora yo le advertía prepotentemente.

El se levanto y la mirada que él me lanzo era de una ira que no tenia limites, y me dio terror, empecé a retroceder y el cada vez ganaba terreno, se movía como un depredador, llegue a la ventana y la abrí.

-si escapas me veré obligado a ponerte un castigo muy severo, pero como todo tiene un final, cuando menos te lo esperes, te quitare todo y te hare sufrir, que te arrepentirás de haberme desafiado, bruja- siseo

Yo en cambio, le hice una seña obscena con el dedo mas grande, el sonrió, pero fue breve, se acerco mas a mí y estampo su mano contra mi mejilla, luego se fue y cerró las puertas, las lagrimas caían, rogué a los cielos por que la nave tuviera reparo y regresara a mi hogar, ahora Edward dejaba ver cómo era realmente.