La pelea duró alrededor de una hora, hasta que los titanes, incluso los más fuertes, acabaran en el suelo muertos. Tres soldados murieron esa noche, dejando a sus amigos y compañeros un lapso de tiempo considerable para llorar sus muertes. Un tiempo precioso, debía decir. No era común poseer la libertad de llorar sobre un caído, de recordar todos sus mejores momentos. A pesar del pequeño luto en las filas de novatos, había una nueva emoción en el ambiente.

El muro estaba a punto de ser sellado.

Todos, incluso Hanji y Mike, aguardaban impacientes a que empezara la verdadera victoria de la humanidad. Era una cuenta regresiva colectiva, que se esparcía como el fuego sobre un campo de trigo. Todos esperaban, menos un soldado.

La mayoría de los heridos ignoraban el dolor tan solo para vivir el momento de extásis, pero Levi era muy estricto con sus subordinados respecto a cuidar su salud. Inflexible hacia cualquier capricho por más comprensible que éste pudiera ser, apartó a Petra de todos los demás y la mantuvo quieta aún cuando ella despertó. Un médico atendía sus lesiones, las cuales consistían en su mayoría en fracturas y alguno que otro desgarre muscular. Ninguna hemorragia interna. Simulando estar cansado, se dejó caer al lado de la muchacha, guardando para sí mismo el suspiro de alivio.

Debería descansar, capitán. —recomendó Petra sin levantar la cabeza, tan sólo mirandolo con un par de ojos que bajo la escasa luz de las farolas, lucían opácos. Debía recordar que sólo estaba débil, no... muerta. La imagen de sus compañeros sin vida seguía atormentandolo, se hubiese tratado de un sueño o no. Respiró profundamente y negó con la cabeza.— ¿Por qué?

Preferiría que quedara una persona senzata por aquí. —fue su única respuesta, que rígida y algo ronca, incomodó al médico. Por su parte, el hombre proporcionaba a Petra de grandes cantidades de anestesia, pues sólo de esa forma podía atender sin interrupciones las fracturas que sufrió. Requeriría reposo y tranquilidad, lo cual sería un poco difícil teniendo en cuenta el largo camino que atravesarían para volver a Rose. No quería perderla de vista ni un solo momento; no quería ser el soldado dormido que no viera venir a los titanes. No quería ser el que estuvo ausente mientras sus compañeros morían.

Y, como si la joven pudiera percibir la angustia de su superior, zanjó el tema con una larga anécdota de los últimos días. Su versión de las misiones, los viajes y las peleas era siempre sensible y fresco, como si no pudiera evitar ver siempre el lado positivo de las cosas. Detallaba las bromas de Erd y hacía muecas de disgusto al mencionar las recientes torpezas de Auruo; reflexionaba sobre los sabios consejos de Gunter y soñaba en voz alta sobre lo que esperaba encontrar al volver a casa. Mencionó a su padre y cuanto lo extrañaba.

Si Levi tuvo alguna mínima posibilidad de participar en la conversación, murió cuando ella le hizo recordar la carta que jamás leyó, la mirada esperanzada del hombre que tanto parecía admirarlo. El que confiaba en que protegería a su hija.

Fuera el cansancio, el estrés o la culpa, algo adormeció al capitán. Lo sedó como una potente droga. Y de un momento a otro, estaba durmiendo.


La oscuridad era tan densa y fría que le calaba los huesos. Alrededor sólo había un abismo de vacío y más oscuridad, de una incertidumbre que le puso los pelos de punta. Quizo gritar, pelear y gruñir, hacer todo lo que estuviera a su alcance para librarse del tormentoso silencio. Pero nada salía de sus labios sellados como las flores en invierno. Respiraba con una lentitud desesperante. Tan sólo quería inhalar profundamente, abrir los ojos y extender las manos hacia cualquier cosa material y tangible. Sintió lo que en mucho tiempo no había sentido, ni siquiera a causa de los titanes: miedo.

Se trataba de un miedo básico, natural. El de los viejos instintos. Aquel que te desarma y te recuerda tu mortalidad.

Y Levi no disfrutaba recordar que, sin importar nada, seguía siendo humano. Fingir que era de piedra y que podía con cualquier situación había sido su mejor arma y escudo hasta el momento. Pero ya no tenía a quien mentirle. No tenía motivos para decir que estaba bien luego de ver a las personas más importantes para él morir a manos de una zorra con motivos que le importaban una mierda. ¡No estaba bien! ¡No lo estaba! Necesitaba gritarlo, desgarrarse la voz en el intento.

Pero su cuerpo seguía reacio a moverse.

Quizás todo aquello fuese una señal de que estaba equivocado. Tal vez necesitaba calmarse, retomar la fría objetividad. Debía pensarlo, ¿no? Petra estaba viva, igual que Gunter, Erd y Auruo. Igual que los otros soldados. Las cosas iban bien, él deliraba por una estúpida fiebre. Sin importar las heridas y los malos recuerdos, la humanidad por fin recobraría la tercera parte que le fue arrebatada. Por fin tendrían esperanza y verían el exterior como algo más que una lejana fantasía.

Y cuando pensó que podía aceptar esa realidad, una voz explotó contra su oído y lo hizo abrir los ojos.


¡LEVI! —resonó el eco de una voz "femenina" a su lado. La reconocería hasta en el fin del mundo, pero clavaría alfileres bajo las uñas antes de admitirlo. Hanji Zöe no era de esas mujeres con la virtud del silencio y la discreción. El corazón le retumbó con violencia cuando la vió sobre su cara con los anteojos blancos debido al reflejo de la luz. Era como un...

Anormal. —musitó, irritado. En su cara se plasmó la mejor expresión de molestia que le fue capaz de mostrar; si aquellas miradas fueran como las armas de fuego, no quedaría mucho de Hanji por mutilar con las manos.— ¿Por qué demonios me despiertas así? —se llevó una mano al cabello negro y masajeó las adoloridas sienes.

Por extraño que parezca, Hanji lo observó sin decir nada, como si algo en su comportamiento la hubiese sorprendido. En cierto modo, había cierta satisfacción en su mirada, como la calidez de quien ha esperado algo importante. Levi, por otro lado, acentuaba más y más el desconcierto en su rostro. ¿Qué demonios sucedía con esa loca? Tal vez estaba contenta porque se le bajara la fiebre. Teniendo en cuenta esa posibilidad, suavizó la expresión y sólo la apartó un poco mientras se levantaba de la cama.

Deja de mirarme así, cuatro-ojos. —inquirió con impaciencia.

Tenía la frente cubierta de sudor, pero su temperatura era normal. Si la posición del sol no mentía, debía ser cerca de medio día. ¿Por qué demonios lo dejaron dormir hasta tarde? Había un itinerario que cumplir. Después de la batalla en el Muro María y el final de la construcción de la "cicatriz", su papel como líder le exigiría muchos viajes y reuniones. Las horas del día ya no serían suficientes y necesitaría renovar su equipo de maniobras y el de los demás si no quería ningún inconveniente. Ah, si. Necesitaba visitar a Petra. Probablemente debía estar reposando, como cualquiera que hubiera sufrido heridas de tal magnitud. Si la encontraba de pie, mataría al médico. Mientras su mente organizaba tales pensamientos y creaba otros tantos para rendir al máximo, su cuerpo se encargaba de vestir apropiadamente, sin importarle la presencia de Hanji. Esa mujer era algo muy parecido a una hermana... una muy poco femenina y a la que no soportaba pero, ¿qué más da?

Espero que todo mundo esté despierto. —advirtió mientras se ponía una camisa limpia y se anudaba su típico pañuelo al cuello.

Lo están.

Y más vale que hayan limpiado todo.— añadió, colocandose un saco negro sobre los hombros.— Maldita sea, es medio día.

Lo han hecho.

Bien. Empezaré haciendo una inspección rápida al lugar, después tengo que ponerme al corriente con Erwin. Anoche me quedé dormido y de nuevo no recuerdo casi nada. —chasqueó la lengua, más irritado que nunca por verse en desventaja debido a su pésima memoria. ¿Desde cuando olvidaba todo de un día para otro? Sea como sea, al ponerse las botas, estaba listo para partir. Pasó por alto la mirada confusa de Hanji.— Pero antes veré a Petra. Es tan capaz de ponerse de pie con esas lesiones que no quiero imaginar lo que...

Levi... —interrumpió la castaña con asombro. Él la observó a regañadientes y, cuando descubrió en ella una mueca de angustia, sintió algo húmedo y pesado caer hasta el fondo de su estómago.— ¿Estás...? ¿Tú...? Es que tal vez, puede ser... —no podía hablar, no encontraba las palabras. Sus hombros estaban caídos y todo optimismo anterior desapareció de la nada.— Levi. —repitió, esta vez con seriedad. Y él supo que no quería escucharla. Las siguientes palabras quedaron amortiguadas por el zumbido en su cabeza, pero podía leerle los labios.— Petra está muerta, igual que los demás. No sobrevivieron en el bosque. Está muerta.

Lo repitió una y otra vez, como si el siniestro mensaje no pudiera llegar a la consciencia del capitán. Y en cierto modo era así.

No podía entenderlo, sólo podía salir de esa habitación y enfrentarse con decénas de miradas apenadas. A mocosos a los que no quería ver ni en pintura, a hombres de los que no quería su lástima. A un mundo donde, al parecer, el curso del tiempo seguía sin dar tregua a los caídos, sin piedad ni compación. Salió del edificio y descubrió lo que ya sospechaba. Seguía dentro del Muro Sina. El caos reinaba y no tenía a nadie con quien hablar.

En ese mundo enfermo, aunque no lo quisiera admitir, sólo tenía a Erwin y a Hanji; sólo ellos podrían entender lo que sentía. ¿Pero cómo ellos podrían suplir a los otros cuatro? ¿Cómo acabar con la soledad? Había estado tan cerca... pudo tocarlos. ¿Qué ocurrió?

Pero no había tiempo para descubrirlo.

Estuviera donde estuviera, siempre habían cosas importantes que hacer. Su posición le impedían mostrar cuan confundido y atemorizado estaba. Nadie imaginaba que el capitán Levi pudiera sentir tales emociones. Y debía mantenerlo de esa manera; sus sentimientos debían seguir siendo un curioso mito entre los novatos. Después de todo, su imaginación al soñar era mucho más activa de lo que supuso alguna vez. Pero ahora que estaba despierto, debía dejar atrás los lamentos y empezar a ver por el futuro del mundo real. Ahí donde aún podía salvar a alguien.

Ni bien encontró a Eren, Armin y Jean, supo que algo bueno había hecho. Al menos esos mocosos habían hecho la limpieza como era debido. A Ackerman no se le daba tan bien limpiar, o quizás sólo deseaba mantener una fina capa de polvo en venganza contra su maltrato hacia Eren. A esas alturas la opinión de una novata le daba igual, especialmente si era ella la principal culpable de su lesión en la pierna. Al recordarlo, el dolor inmediatamente lo abordó con molestia, obligandolo a sentarse; cuando lo hacía, Mikasa se detuvo a su lado y observó algo inusual en él.

Capitán. —dijo para llamar su atención. Irritado hasta por el esfuerzo de tener que mirarla, Levi suspiró.

¿Qué?

¿Ha salido a una expedición usted solo?

La pregunta sorprendió tanto al pelinegro, que no supo si sentirse furioso por las estupideces de una novata, o preocupado por su salud mental. La miró sin dar crédito a lo que oía, y encontró en el rostro normalmente calmado un matiz de alarma.

No, ¿debería preocuparme de que considere salir usted sola, Ackerman? —replicó con sarcasmo. Si ella no fuera tan buen soldado, no le preocuparía en realidad que cometiera tal demencia.

No es eso. —aclaró Mikasa con la misma expresión en el rostro. A la vez, señaló las manos del capitán.— Han pasado días desde la última expedición. Las heridas superficiales de todo mundo se han curado. Sin embargo, sus manos se parecen a las de un soldado que ha combatido titanes recientemente. ¿Me equivoco, capitán?

Levi ignoró el veneno en la voz de la joven. Sólo podía mirar la prueba irrefutable de que estaba volviendose loco. ¿Qué otra explicación podía haber? Ah, pero si era de ese modo, ¿por qué Ackerman también lo notó? No era posible para él haber combatido un titán después de la desastroza expedición de antes; incluso había abandonado temporalmente el equipo de maniobras y el uniforme porque no le servían de nada con la pierna herida. Pero las heridas de las manos no mentían, ya que eran los típicos "efectos secundarios" de combatir titanes. Finos cortes por aquí y por allá, cardenales y ampollas ahí donde se sujetaban las espadas.

Sólo recordaba una batalla... y fue en su sueño.

— "Tal vez no fue un sueño." —dijo una suave pero extraña voz en su cabeza.— "¿Qué harías si tuvieras una segunda oportunidad, Levi? La última. ¿Harías las cosas bien?"


¡Bien, hora de las explicaciones! Esto se vuelve cada vez más confuso y no quiero que se pierdan.

Sé que no escribí nada sobre las heridas en las manos de Levi en el capítulo anterior, y es un error fatal ¬¬ Sin embargo, creo que tiene sentido, ¿no? Usar eso equipos de maniobras en una pelea real debe tener algún efecto secundario en el cuerpo. Por otro lado, no, Levi no está drogado xD! Tal vez la última voz sea su consciencia o su Pepe Grillo(?)

¡Ahora con los comentarios! Debido a que son muchos, les responderé especialmente a aquellos que parecen tener alguna duda o puedo apoyarme en ellos para explicar algo más del fic. De todas maneras... en verdad aprecio mucho que me lean, hacía mucho que no escribía fics y es la primera vez que lo hago con Shingeki no Kyojin xD

GirlShifffer: Al final tenías razón, no hay que confiar mucho cuando todo se ve tan tranquilo. Lamento ser tan mala con Levi x'D

Valee: Lo mismo que arriba, lo siento, pero Levi es el tipo de personaje al que puedes maltratar mucho y sigue adelante. No le quiero dejar las cosas fáciles, y quizás así aprecie más lo que tiene. Por otro lado, ¡mil gracias a ti por leer! Es un placer que te guste lo que escribo. Jajaja y si, Petra siempre encuentra que la aplasten x'D

Galeidi: De que habrá LevixPetra lo habrá, pero un poco más sutil. Este fic es más centrado en Levi y su visión de las cosas, de sus compañeros y amigos. Pero también habrá momentos de romance. ¡No les sorprenda si ponto Mikasa x Jean en vez de Mikasa x Eren! No me cae Eren XD!

Maddie: Sí, su casa no puede estar muy lejos, pero digamos que aquí se desvían un poco de la trama original donde el objetivo era encontrar la casa de Eren. Ya que en esta historia Annie nunca se transformó en titán, no tienen manera de saber o sospechar sobre algo más importante que lo de sellar los muros.