No sé que decir. Hasta yo siento penita de ser una genosida… Pero me gustan las ideas originales, ya me cansé de tanto AMOUR y FOLLAR en todos los FICS de Hetalia, respeto, claro, pero siempre es buena la variedad… Aunque creo que soy extremista, ¿ la variedad incluye gore y muerte de personajes?

Hay un lado bueno, en este cap se mencionan, más no las explico, ok Y hay buenas noticias para las Fans de Alemania y Prusia, sip, de Prusia aunque por el momento no se note.

Va dedicado a Yasha Yagami por ser paciente y hacerla sufrir y no matarme. Mira ya te recompensé linda.

Gracias por leer, sé que leen aunque no dejan rews malvads seres de ultratumba. Dejen un coment, aunque tengo completa la serie siempre le hago ajustes, arreglos, talacha y detalles.

NOTA: La historia se desarrolla en un tiempo actual, así que Prusia lleva muerto muchos años. OK La culpa es de Bismark no mía. ^^

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Capitulo 3

Un remolino de imágenes no me dejaba detener mi llanto ni el odio. Apretaba los puños mientras caminaba. Una tras otra pasaba en mis ojos y mi cabeza seguía buscando un motivo. Los ojos de Dinamarca probablemente decían muchas cosas, como el suspiro ahogado de Noruega. Era tan desmoralizante no poder entender nada. No sólo era un niño, sino que todo me seguía siendo ajeno, aún sino pasara nada. Las piernas se me doblaron a mitad de la carretera. Ningún vehículo pasaba así que me deje caer y quede con los brazos abiertos y el sol del medio día dando en mi rostro. Si quemara despacio mis recuerdos como lo hace con mi piel, eso no me quitaría la ansiedad de aniquilar a todo humano que se cruzará en mi camino.

Hanatamago regresó por mí, volvía a tirar de la calceta. Movió su cola desesperado y ladraba. Estaba cansado. No sentía el tiempo, ni las piernas por caminar en la frontera alemana. Y pensé un poco en él. En ése Alemania que recordaba alto y serio, bueno, al menos lo recordaba. Quería borrar todos los recuerdos para que no me doliera si es que también estaba muerto. El pavimento comenzaba a parecerse a una sartén con aceite. No quería levantarme. Quería sentir ese dolor que debieron pasar, quizá así comprendería un poco.

El claxon de una camioneta me hizo saltar asustado. Se detuvo aun costado mío. Un grupo de jóvenes me saludaron. Vestían ropas tradicionales soviéticas y llevaban armas. Me preguntaron por el camino a América. No contesté. Retrocedí por temor. No confiaba en ningún humano, los odiaba.

— Váyanse… asesinos. ¡Asesinos!— les grité al punto de perder la voz. No había bebido agua y el calor empezaba a secarme los labios y la garganta— no se acerquen… estoy armado y…— Hanatamago ladraba sin parar.

Hasta que una muchacha bajó de la camioneta y sonriendo me mostró una bandera blanca. Si bien ellos no eran malos. Dijeron que eran perseguidos por ser rebeldes y estar en contra de la nueva República. Venían de lo que ellos llamaban "UE" No entendí una palabra. Huían como yo, los buscaba la policía. Me contaron que trataron de defender a sus naciones.

Por ellos supe lo que había pasado con mi amigo Letonia. Que a Rusia, quien cuidaba de él, lo habían comido vivo en la plaza de su casa. Que después de dos horas sólo quedaron sus ropas en el concreto con restos de sangre y pétalos de girasol. Las expresiones de odio en el rostro de los muchachos, su tono desesperante por la impotencia de no poder salvarlo, me hicieron imaginar por lo que pasó. Pregunté asustado por Letonia.

— ¡No, Letonia era mi amigo! Él y yo jugábamos cuando vivía con Rusia, muchas veces lo invite a mi casa a jugar. No puede estar muerto, él era unos pocos años mayor que yo.

Yo no sabía muy bien que significaban algunas palabras que decían, no por su idioma, sino por lo complejo del significado. "Desangrado en las calles" escuché decir a uno que vivió en su casa, lloraba conmovido por el hecho de saber que Letonia era mi amigo. ¿Desangrado? No sé que era, pero Letonia debió sufrir como sus hermanos. Al mayor, dijeron que se ahorcó para proteger a su gente de muchas muertes. "Lituania siempre defendió a su gente aunque algunos fueran traidores, dio la vida por ellos" Estonia que siempre cuidaba de mi amiguito, lo envenenaron: "Se retorcía en el congreso, todos lo miraron sin hacer nada por él, hasta se reían los miserables de verlo retorcerse en el suelo, de saber que se deshacía por dentro. Hasta que después de un rato, quedo boca abajo con una libreta en la mano derecha" Contaba otro muchacho.

Me costaba trabajo escuchar. Horrorizado trataba que mi mente no dibujara esas imágenes. Aunque era inevitable, me estaba acostumbrado que los hombres fuesen así de crueles.

La hermana de Rusia, no la recordaba, sólo sus vestidos que la hacían parecer una muñeca: "La acuchillaron en su despacho junto con su jefe por ocultarla y atrasar los planes de la nueva República. Por lo menos a ella si la enterraron, aunque las cincuenta puñaladas en el cuerpo no las removieron" Y la mayor, de ella si me acuerdo, solía acariciar la cabeza de Letonia y regalarnos dulces. Oí decir que su cuerpo fue atravesado con el trinche que usaba para mover el heno. Imagine que fue lo mismo con Dinamarca.

— A este paso, no quedará nada— dijo uno de los muchachos.

También quería buscar como ellos una solución. Hablaban de reuniones y de más grupos rebeldes, unos se escondían en casa de Alemania y España. La meta de ellos era la misma que la mía, ver a Inglaterra o la última esperanza una vez más era América, mi hermano mayor.

Fui convencido de subir con ellos en la camioneta. Hanatamago no parecía disgustarle la idea, confió en ellos. Además nos dieron comida. Y no hicieron preguntas de más o tal vez no les interesaba quien era yo, simplemente me veían como un pobre niño que perdió a su familia y deambula solo por el mundo. No estaban equivocados, les dije eso, que perdí a mis padres y buscaba a mi hermano que vivía en el otro continente.

Pude dormir un poco con Hanatamago, lo necesitábamos.

Después de unas horas llegamos a Berlín. Se detuvieron, comentaban algo de unos amigos y que se quedarían por dos días antes que comenzará una nueva redada. Uno de ellos hablaba de la extraña tranquilidad del país ante lo que sucedía en el mundo. Después de un par de advertencias y sugerencias de no llamar la atención por parte de las muchachas del grupo, aproveché para buscarlo. Me dieron una hora para regresar. Finalmente quede solo. Había llovido la noche anterior. Estaba húmedo y los soldados vigilaban cualquier rincón.

—Aquí también tenemos que cuidarnos Hanatamago. Deben buscarnos— le dije al perro. Pensaba en la persecución de Estocolmo.

No había índices de violencia ni destrozos en la ciudad. Me sentí seguro, Alemania debía estar bien. Lo imagine tras su escritorio, planeando como combatir a los malos. Pues su tierra parecía neutral. Nos quedamos frente al parlamento, eso decía un letrero.

— Jovencito, ¿qué haces?— preguntó un soldado.

— Miro— contesté

— No puedes estar aquí, dentro de una hora hay toque de queda, regresa a casa— me dijo en un tono amable.

Tuve más esperanza y confiado me atreví a preguntarle por Alemania.

— ¿No te han dicho tus padres?— aquella pregunta desapareció la sonrisa de mi rostro.

— No— contesté nervioso.

— Ve a casa y pregúntale a ellos— me dijo y se marchó.

Me aleje como lo pidió, aunque sólo fuimos a un costado del edificio cerca de un jardín.

— Hanatamago, ¿qué hago? Esa respuesta no fue muy clara, ahora tengo dudas. Puede que Alemania esté y no vivo… Si lo está deben de tenerlo bien seguro, si esta muerto… debe también estar…— voces lejanas me llevaron a ocultarnos tras una banca.

Vi bajar las escaleras del parlamento a una mujer madura con un traje blanco, tenía el cabello rubio. Era robusta y la conducían muchos hombres a un vehículo. Antes de entrar miró el parlamento por momento. Sus ojos miel contemplaron cada detalle, luego se hecho a llorar y subió. El auto desapareció.

— ¿Qué pasa Hanatamago? Esa mujer no parecía mala— el perro ladró— calla que nos oyen.

La alarma empezó a sonar. Rápidamente corrimos a donde los nuevos amigos que conocimos. Nos llevaron al sótano de un edificio para ocultarnos. Dos de ellos ya había escondido la camioneta por que no la vi en ningún momento. Dentro del sótano donde, no había mucho: una mesa, telas viejas y un estante vacío. Nos cubrimos con las telas y esperamos que se callara la alarma. Cuando sucedió, escuchamos vehículos recorrer las calles y algunas luces que pasaban inspeccionando el lugar. Extrañamente no tenía miedo. Cuando todo pasó, sirvieron café y fumaban cigarrillos. Estaba acostumbrado a ese habiente, aveces América bebía café y Suecia fumaba a escondidas. Conocí a tres alemanes más que estaban en el mismo bando que nosotros. Los escuché hablar sobre las noticias de los periódicos que tenían y de las anteriores redadas en otros países.

— Mira— le mostré al perro— son de hace un par de días.

Todos hablaban de lo que pasaba alrededor del mundo. Incluso había fotografías.

En una vi a los hermanos italianos rodeados por su gente, que como decía la nota: El pueblo italiano defendió hasta el final su nacionalismo y murieron quemados en dos horas, seguidos con toda la península. España tuvo un mismo final, las ciudades fueron bombardeadas eliminando a todos, sólo había una fotografía vieja de España, lo que me causo escalofríos. Aunque lo más aterrador fue ver las imágenes de la ejecución de Francia.

Rezaba la nota: Sus últimas palabras fueron: "Traidores" Abajo una foto con la cabeza de Francia en una canasta cubierta de rosas. Cerré el periódico y lo arroje.

No quería ver en fotos las desgracias que comentaban los demás, sobre lo que le paso a Polonia y las púas en su garganta, colgado de un cable de luz con electricidad y lluvia. Con mi hiperactiva imaginación tenía suficiente. Tampoco quería detalles de la muerte de Austria con una espada en su corazón mientras su pueblo se burlaba de él y le hacían preguntas absurdas que lo humillaron. Y Hungría muriendo lentamente al presenciar la escena. Mucho menos si Grecia murió asfixiado en medio de su gente que le pedía ayuda y si Turquía desapareció o no, después de un bombardeo por el enemigo.

— No deberías ver eso— dijo uno de los alemanes— eres muy pequeño para ver eso— y rompió el periódico.

— Quiero a UK— volví a chillar— Hanatamago recogió el periódico o lo que quedaba de el y me lo regresó— ¿que quieres? — tomé el papel de mala manera— ya no quiero saber nada… nada, entiende Hantamago— el perro volvió a emitir sus ruiditos y con sus patas extendía el periódico— por que quieres que siga viendo eso… son cosas malas. Ya escuchaste al alemán, soy muy pequeño para ver eso— inevitablemente volví a mirar. Había otra columna que la pata de Hanatamago cubría— ¿qué es?

Quite la pata del perro y leí despacio.

— América se ha resistido a las amenazas y ataques de los enemigos. El Reino Unido esta en la misma posición, aunque la mayoría de las ciudades están destruidas. Junto con China, son las últimas potencias que siguen resistiendo— sonreí emocionado— ¡Ya saben!— me dirigí a ellos— UK resiste… América también— me sentí feliz, abrace al perro. Los jóvenes se desconcertaron al escucharme reír, pero no me cuestionaron.

No pude dormir, pensaba en todo lo que podía pasar si encontraba a UK. Estaría seguro, sabría que es lo que pasa y sobre todo podría luchar como una nación. Pesé a no dormir, sino hasta la madrugada, fue la noche más tranquila, la más tranquila desde que salí del refugio.

Por la mañana fuimos despertados por los jóvenes alemanes. Hablaban emocionados y abrazaban a los otros muchachos. Me acerque curioso por su alegría. "Debe pasar algo muy bueno" Pensé.

— ¡Alemania esta vivo!— exclamó uno de ellos y acarició la cruz de su cuello— vivo…mi padre me lo dijo— su sonrisa no desaparecía, se hachaba a reír como si fuera un chiste, pero sus carcajadas contagiaron a los demás, también a mí.

Alemania estaba en una celda, curiosamente con todas las comodidades necesarias y los servicios, pese a eso no dejaba de ser una jaula como lo dijo uno de los jóvenes. Su jefa lo había encerrado por precaución. Al saber las muertes de tantas naciones en manos de sus pueblos, quiso cuidarlo. No quería matarlo, lo amaba como toda su gente. Así que la medida más fiable era fingir su muerte y mantenerlo a salvo dentro de un viejo búnker. Parece que Alemania no se quejó. Ella le explicó sus motivos, sumado a que nadie en su casa quería volverle a hacerle daño. Con el paso de los años y su triste pasado, había cambiado su visión del mundo. Amaba la vida y a los humanos. Su jefa era noble, era la mejor que ha tenido. Eso dicen que afirmó Alemania antes de que empezara todo el genocidio de naciones. Siempre pedía consejos, buscaba lo mejor para su gente y para los vecinos. La amaba. Aquel sentimiento que explicaba el chico, me provocó un escalofrío. Debe ser hermoso tener un jefe que te cuide y ame tanto.

Al saber que estaba con vida en la misma ciudad donde estaba. Quise buscarlo y contarle todo lo que seguramente sabía por su jefa, pero no por experiencia como la mía.

— Pero hace dos días pasó algo terrible— escuché al hijo de uno de los Tenientes del ejercito. Miraba a todos con pena y no sabía por donde empezar. Tragó saliva y se sentó en el suelo— Alemania esta en shock.

— Como no va a estarlo después de lo que esta pasando, También yo estoy en shock— le respondí de mala manera. Sin embrago, él me sonrió.

Supe que no era por lo que sucedía en le mundo, era algo más interno. En uno de esos días tranquilos en la celda del alemán. Por una ventana en el techo que le mostraba el cambio del día, tres sospechosos habían arrojado los restos de Prusia a la celda. Aparentemente no fue propósito, pues la mayoría desconoce donde esta Alemania. Eran unos bandalos que apoyaban al enemigo y para hacerle pasar un mal rato a la Canciller, hicieron esa maldad. Al final, fueron asesinados por tres solados que los descubrieron husmeando.

Desgraciadamente ese suceso lo conmocionó. Decía el muchacho que estaba trastornado por tener los huesos de Prusia pero no quería que lo alejaran. Aveces no comía y escribía mucho, tampoco dormía y en las noches escuchaban sus lamentos.

Desde ese día Alemania se había convertido en un autista, eso decían, que sólo hablaba con los restos prusianos a quienes contaba todo lo que pasaba y las ideas que tenía. Que la Canciller, su jefa, se deprimía verlo así y aunque intentará ayudarlo, no había manera alguna de sacarlo de ese trance.

Ahora más que nunca quisiera ver a Alemania, yo también he visto cosas terribles y pesé a mi edad, trato de ser fuerte por que hay una esperanza. Podría ayudarlo y juntos iríamos con Inglaterra.

— Él dijo: Huyamos Prusia— fue lo último que escuche decir. Los ruidos de la ciudad nos mantenían en guardia. Los muchachos tomaron sus cosas y se alistaban. Supe que era momento de escapar.

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Cualquier cosa favor de dejar en el buzón de quejas y sugerencias. No pretendo ofender a nadie ya saben. Son sólo fics, cuentos, etc, etc. No es como si de verdad mañana Italia desapareciera, ¿o si? Dios, odio mi humor negro.

Gracias por leer.

Ciao