Capítulo 3: El secreto de la madre.
Mientras todo esto ocurría en el comedor de la casa del Tendo, Akane seguía entrenando en el gimnasio. Una pequeña voz, más leve que un susurro -mejor dicho un pensamiento tan fuerte que más que recuerdo parecía un susurro real- no para de atosigarle. No te cases…no te cases nunca.
A cada una de las repeticiones, la muchacha respondía con un puñetazo sobre la pared, cargado de dolor y frustración.
-¿Qué pasa Akane? ¿Por qué golpeas con tanta furia? ¿Te ha dicho algo inoportuno Ranma?
Akane intentó acomodarse el kimono, como intentando ocultar un poco lo que estaba haciendo pero Kasumi ya estaba junto a ella con mirada tierna.
-¿Te has acordado de ella otra vez?
La pequeña bajó la cabeza, señal inequívoca de que pensaba en algo doloroso, un gesto mucho más elocuente y sincero que un "sí" gritado a los cuatro vientos.
-¿Lo entiendes tú, hermana? ¿Las últimas palabras de madre?
-Sabes que ya no era ella. Había perdido el norte por la enfermedad. No le des más vueltas. Si deseas casarte con Ranma, aquello no debería ser un obstáculo. Por lo menos podrías explicárselo. Tu prometido tiene derecho a conocer el trauma que impide que vuestro vínculo se haga efectivo.
-No lo sé, Kasumi. A mí me parecía bastante lúcida. "Nunca olvides cómo cocinar con él corazón", "Los engaños al final siempre se vuelven contra ti"… A mí me parecen frases más que apropiadas y profundas para vosotras…pero lo mío…
Y ya no dijo más. El rostro lleno de lágrimas y la expresión tan desencajada que Kasumi no pudo más que abrazarla con toda su fuerza. No era mucha, a decir verdad, pero suficiente como para hacerle sentir, que aún como hermana, podía de vez en cuando ocupar el rol de la madre desaparecida.
A su alrededor no se oía nada, hecho poco habitual en el Dojo Tendo pero entendible dada la nueva situación. Ranma se había autoimpuesto un voto de silencio en una actitud más que infantil, dado lo que tenía que soportar Akane, pero bastante lógica puesto que nada sabía de aquel secreto.
Kasumi, por su parte, seguía con su papel de muda y eterna testigo de cada uno de los conflictos de sus familiares. Desde luego nadie podía imaginar, entonces, que ella también guardaba sus problemas y que visto en perspectiva, cargaba con la mochila más pesada de todas: la de soportarlos con una sonrisa. Y todo hubiese seguido así, entre comedia visible y tragedia subterránea si no fuera porque, de pronto y de forma sorpresiva, uno de los pasos de baile de la comedia tropezó por error con una puertecita de la tragedia y parte del dolor familiar salió a la luz. Eso sí, ocurrió por el lado menos pensado: en boca de Ranma.
-¿A dónde vamos, Nabiki? Pensaba que me manipularías en casa…bueno, no me quejo. Mejor resolver esto lejos de Akane…
-Beeep: Akane es también mi mejor amiga. Si tan solo me animara a acudir a ella, seguro que me ayudaría mejor…
En el fondo Nabiki no necesitaba del libro para leer todos los secretos de su pre-cuñado, tatuados en su rostro. Ranma era el típico muchacho sincero y reservado. Fácil de interpretar. Sin vericuetos no ideas retorcidas. Lineal y concreto como todo hombre. Tímido, insoportablemente tímido, pero sin malicia ni dobles sentidos. Desde luego si ella fuera Akane ya hubiese conseguido una confesión de amor a las primeras de cambio. Pobrecita, mi hermanita, -pensó- si es que aún sabe menos de las personas y su mundo interior que de utensilios de cocina y recetas.
-Bueno, cuñadito, si eso es lo que realmente piensas…si Akane te puede ayudar mejor que yo…vamos a contarle todo ahora mismo.
Ranma se llevó los brazos a la nuca e intentó disimular. Vano gesto que no lograba ocultar los temblores en las rodillas ni la incipiente palidez que se iba adueñando a cada instante de sus cachetes.
-Tienes suerte, Ranma. Ya hemos llegado. El estudio de mi jefe: Hachiro. ¿Te acuerdas? Estuvimos ayer. Al final he descubierto que sí es un gran detective. Seguramente, él nos dirá de dónde salió este artilugio y cómo utilizarlo apropiadamente.
-¿Apropiadamente? ¿A qué te refieres, Nabiki?
-Beeep. ¿No pensarás usarlo para avergonzarme más todavía?
-Quizá no los has notado porque nadie te ha dejado acercarte demasiado al librito pero está lleno de botones y manivelas. Como si se tratara de una pequeña computadora. A lo mejor se puede configurar para que haga otras cosas. ¿Para qué quiero un trasto que revela tus secretos…? ¡Si ya me los conozco todos! Lo que yo quiero es poder usarla sin restricciones con quien me plazca.
Ranma se rascó la cabeza. Era un tanto egocéntrico para advertir que la respuesta de Nabiki era sincera. Así que miraba la fachada del estudio de Hachiro intentando encontrar el engaño.
-¿Seguro que en esta casucha trabaja un detective tan bueno como dices? El sitio no me pareció muy impresionante ayer.
-Beep, cuando me case con Akane me encantaría vivir en una casa como esta. Tendremos tres hijos. Se llamaran Ranma Jr.,…
Nabiki cerró el libro mientras se llevaba el dedo índice a la boca.
-Shhht. Será mejor que te calles. Me está entrando, hasta a mi, vergüenza ajena.
-Es que tú me lías con tu labia.
-Beep, no soy más idiota porque no tengo tiempo.
-Sht. Voy a tocar el timbre.
-Perdón.
-Beeep. Ya podrías tirar abajo la puerta de un mazazo. Esa es la forma en que todas las chicas deberían entrar a…
Nabiki exhaló un suspiró largo y sentido.
-De acuerdo, tú ganas. No soporto verte así de colorado. Si parece que fueras un tomate a punto de caer en una ensalada. Mira. Este botón es para apagar el aparatito. ¿Te quedarás tranquilo ahora jugando en un rincón y me dejarás hablar con los mayores? Mami no tardará mucho.
Ranma pensó en contestarle: "Tampoco hace falta ponerse en ese plan irónico" pero se quedó callado. Tenía que ocuparse de explicar otra cosa: aquella extraña sensación de felicidad que le nacía de la boca del estómago y le llegaba hasta la punta de la nariz. Una especie de embarullado vapor de alegría que calentaba todos sus órganos a medida que subía por su laringe. ¿Sería posible que se debiera al librito? ¿Al raro evento de estar desahogándose, aunque fuera a la fuerza? Oír aquellas palabras que él pensaba -aunque no fuera en rigor él mismo quien las pronunciaba- le servía para purificar su alma.
Muy cerca del estudio de Hachiro, en el Dojo de los Tendo, Kasumi ya había soltado a Akane e intentaba peinarla.
-Déjame, por favor. Sé que no te gusta pero a mi me sirve para calmarme. Yo también la recuerdo, ¿sabes? Y más que tú. Al fin y al cabo soy la mayor. La que pasó más tiempo con ella.
Akane se acomodó sobre una sillita y asintió con la cabeza. Ya no lloraba. De un pequeño bolsillo de su delantal de cocina, Kasumi extrajo un peine y comenzó con la labor.
-No te preocupes, Akane -le susurró al oído-. Nadie nos verá.
-¿Cómo haces para llevarlo tan bien, hermana?
La mayor volvió a enternecer el rostro. Hacía años que no hablaban de ella. Mucho menos realizaban una labor netamente femenina entre las dos.
Gracias a Dios -pensó Kasumi- hoy los Tendo-Saotome se han tomado un día de tregua para dejarnos tranquilas.
-¿Sabes lo que es la catarsis, Akane? ¿Para qué sirve?
-Sí, lo aprendí en clase de teatro en el instituto. Es cuando los espectadores purifican sus propios traumas viendo a los personajes experimentarlos. Es una forma de hacer salir los fantasmas que habitan dentro de uno.
-Eso mismo, hermanita. Deberías intentarlo de vez en cuando. Si te sigues guardando todo tu dolor para ti, al final te destruirá por dentro. Prométeme que hablarás con él. Hazlo por mí. Si os viera por fin, juntos y de acuerdo, creo que mis sombras también se llenarían de luz. Intenta ser radiante por una vez.
Akane se miró al espejo. El reflejo que su superficie le devolvía era impactante. Bella, solemne, adulta. Ya no era una niña aunque intentara disimular que sí.
-Vamos, Kasumi. Quiero conocer al nuevo jefe de Nabiki. Si es tan buen detective cómo dicen, quizá pueda ayudarme a interpretar el sentido último de las palabras de madre.
-¿Un detective? ¿Estás segura? ¿No sería más productivo acudir a un psicoanalista?
-Detectives, psicoanalistas. Son todo lo mismo. Buscan pistas y descubren cosas que nosotros no podemos ver. Antes que a un desconocido prefiero confiárselo a alguien de confianza. Alguien que pueda, ya que está en el tema, averiguar lo del mazo…
-Ahhh, otra vez con lo del mazo. Ya entiendo. Bueno, pues si no puede remediarse, vamos a verle. Pero te aviso que muy bueno tiene que ser para resolver el misterio del regalo de madre. No sé que pretendía con un regalo así a una niña de tres años ni que significa lo de la profecía. Pero debes aceptar la posibilidad de que se tratara de un desvarío más de su cabecita enferma…
Akane se levantó de un salto con una gran sonrisa en el rostro.
-Vamos, hoy estoy de humor para intentar averiguarlo.
En estudio de Hachiro, Nabiki y el detective había aposentado el cuadernillo sobre una gran mesa, repleta de utensilios `detectivescos´. Frascos, tubos de ensayo, probetas, escalpelos, ácidos, microscopios y muchas más herramientas.
Yuko se llevó al muchacho a la cocina.
-Será mejor que no les molestemos. Cuando esos dos se ponen así, se les transforma el humor. Sobre todo, el jefe, no deja de dar órdenes. A propósito, no sé si te lo han dicho antes pero eres bastante guapo.
-Bueno…
-Beep, tengo tres prometidas oficiales: Akane, Shampoo y Ukyo. Y una loca que no para de perseguirme. Si se agrega una más me va a explotar la cabeza, te lo juro.
Nabiki se asomó desde la piecita de al lado.
-¡Cojones, Ranma! Que te calles. Así no hay quien trabaje. Y tú, aléjate de él. Que pierdes el tiempo. ¡Ese solo vive y respira por mi hermanita!
-¿En serio? No lo creo. Si casi me pareció que se sonrojaba cuando me vio.
-¿Con que no me crees? Venid los dos. Os mostraré algo de lo más interesante.
A continuación ingresó en el laboratorio Yuko cogiendo del brazo a Ranma -bueno, a lo que quedaba de Ranma, porque de la vergüenza que le embargaba casi parecía un fantasma que se deslizaba y no un muchacho caminado-.
-Mirad, tortolitos. Este es la perilla del volumen. Si la subimos, podemos escuchar exactamente lo que está pensando sin necesidad de que hable.
-Beep. Akane…Akane…Akane…Akane…Akane…
Yuko soltó el brazo del muchacho de inmediato.
-Hostia, ¡por dios! Que estás obsesionado, chico. A mi los obsesivos no me van. Adiós.
-Beep. Si supieras lo guapa que es, lo entenderías.
A estas alturas Ranma se encontraba hecho un ovillo en suelo y apoyando su espalda contra la pared debajo de una mesa. Se mecía los cabellos con los dedos pulgares y trataba de taparse los oídos con las palmas.
-Parad eso, por favor.
-Beep, parad eso por favor.
Nabiki y Hachiro se miraron con compasión. Por muy ridículo que fuera el muchacho estaba sufriendo más de lo que podía soportar.
-Joven, desea liberarse de esta maldición, ¿verdad? Pues solo tiene dos caminos. Madurar hasta que sus palabras y pensamientos coincidan siempre o…
Ranma levantó la cabeza un palmo.
-Beep. ¿O…?
-O sobrecargamos la máquina para provocar un reseteo por exceso de información. Ahora repita conmigo: "yo no tengo secretos".
-Yo no tengo secretos.
-Beep. Secreto número uno. Amo a Akane. Secreto número dos, cada día, cuando por fin junto las fuerzas para confesarme, la veo aún más guapa, me enamoro más y ya no soy capaz de decírselo. Secreto número tres…
-¿Tomamos un café, Nabiki? Me parece que esto va para largo.
A continuación, Hachiro y Nabiki abandonaron a Ranma solo en su sala de la catarsis. Antes, imagino que por pura compasión, Hachiro le dejó una caja de lápices y un sacapuntas.
Quiso la mala suerte, el destino, una mala alineación de astros o todo junto a la vez, que Akane y Kasumi arribaran al estudio una media hora después y cuando Nabiki y Hachiro todavía no habían regresado.
Yuko les atendió como siempre, es decir, con mucha educación hasta que escuchó a Akane presentarse por su nombre.
-Hmpf. ¿Así que tú eres esa? Bien, creo que aquella piltrafa en estado comatoso es tuya -señaló el laboratorio-. Os dejo a solas. Yo tengo que ir a hace unas compras.
Akane no tuvo tiempo de entender muy bien lo que ocurría ni el por qué del vocabulario agresivo del la secretaria porque en seguida llegó hasta sus oídos el sonido de la máquina funcionando a todo vapor.
-Beeep. Secreto doscientos treinta y dos. Akane es aún más hermosa con el pelo corto. Secreto doscientos treinta y tres. Kimiko Tendo está viva. Hoy la he vuelto a ver.
-¿Qué es esto, Kasumi? ¿Por qué he oído el nombre de madre? ¿Qué me has ocultado todos estos años?
Fin del Capítulo 3.
