Sí. Sigo trabajando en este fic, estoy algo ocupada pero intento continuar publicando =P

En cuanto termine el semestre trataré de publicar más seguido. Espero me tengan paciencia n.n U


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Gotham vs Metropolis

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El partido empezaba media hora después de haber llegado al restaurante, Jonathan había hecho reservaciones ese mismo día, no era un lugar caro, tampoco era barato, la comida era buena aunque nada del otro mundo, no por eso demeritaba su sabor cortesía de la grasa de sus parrillas: hamburguesas, filetes, papas fritas, perros calientes, salchichas empanizadas, y había pizza de horno o sartén según el gusto con un queso derretido que hacía agua la boca. Clark quería ordenar de todo un poco pero su madre le dijo que si ese día iban a darse un banquete que eligieran bien, pedirían una hamburguesa para cada quién, una pizza chica para la familia y así continuarían durante el partido con lo demás en el menú. Clark probó su primer burrito en Metrópolis, sencillo, pero burrito al fin.

El partido entre los Tiburones de Metrópolis contra los Caballeros de Gótica fue endiablado, faltas porque no podían pasarse, una vorágine de fanáticos que gritaban en las gradas, un espectáculo de medio tiempo con las porristas de ambos equipos unas de celeste, las otras de negro y amarillo. Jugadas que robaban el aliento, un pateador de Gótica que fallaba los tres puntos, un corredor de Metrópolis al que se le resbaló el balón como mantequilla. Fue un partido cardiaco, Clark celebraba a gritos con la gente del restaurante que apoyaba en su totalidad a Metrópolis, fue un niño popular esa noche por su entusiasmo ya que pese a que sus padres disfrutaban el partido era curioso verlos estremecerse cuando la algarabía de su pequeño iba en aumento.

"¿También son de Metrópolis?" preguntó una familia de rostros amables sentados en la mesa de al lado. Los adultos estaban encantados con las demostraciones de fanatismo de Clark feliz por el triunfo de su equipo, era un niño al que realmente le gustaba el fútbol. Se parecía mucho a uno de sus hijos, uno castaño que competía a gritos con Clark con cada touchdown, mucho más expresivo que su mellizo sentado cerca de su madre. El matrimonio había ido a cenar con sus dos hijos esa noche de partido.

"No, venimos de Smallville" dijo Martha con una sonrisa viendo a Clark alzar su banderilla al aire llenándose la mejilla y la frente de salsa de tomate y queso, luego la llenaba otra vez de condimentos y mordía.

"Corre, corre, ¡Corre!" coreaba con el otro niño "¡Corre!... ¡Anotación!"

Todo el restaurante se llena de gritos por el logro, todos entusiasmados menos el niño antes mencionado. Pese a ser gemelo del que se subía a la silla con Clark Kent este, rubio contrastando con su hermano, era mucho más sereno.

Después de un rato el gusto se apacigua pero no la atención a las pantallas. La luz de las lámparas es agradable, cálida, y la comida muy buena. Clark no olvidará ese día jamás. No puede decir que aquel niño con quién celebra los puntos de su equipo se volverá su amigo, pero es una agradable compañía, se siente un niño normal y se da cuenta de que es capaz de conocer nuevas personas, que no todos están preparados para tratarlo como un bicho raro. Se siente bien la compañía humana.

"¿Es su hijo?" pregunta ahora la esposa rubia como de unos treinta años de la mesa de al lado.

"Nuestro Clark" dice Jonathan sonriendo hacia su hijo aún si hay un dejo de preocupación en su rostro.

"Clark. ¿Cuántos años?"

"Casi diez, ¿los suyos?"

"Ocho. Gemelos. Hal no gusta tanto del fútbol como nuestro Donald. Nos sobra un dedo de espuma, ¿lo quieren?"

"Clark" lo llama su madre "¿Querrías un dedo de espuma?"

Su hijo se vuelve a sentar en la silla con cara de ilusión.

"¿Puedo? ¿En serio puedo?"

Sus padres asienten y Clark lo recibe dando saltos.

"¡Gracias, gracias! ¡Sharks! ¡Sharks! ¡Sharks! ¡Sharks!"

Un grupo de adolescentes o adultos jóvenes le siguen el coro. Le chico sabe conquistar corazones.

No muy lejos de ahí en la torre de LEXCORP hay un niño jugando ajedrez. Es él contra la máquina, resulta ser el mismo código de un juego virtual computarizado de ajedrez con el que se enfrenta y al que le ha construido él solo un brazo mecánico que interpreta el movimiento que la computadora, calcula y mueve la pieza de ajedrez. Le costó semanas de pruebas que no tirara las piezas y complacido disfruta su juego.

No tiene que probar si la máquina puede ganar sino que el brazo reciba perfectamente las señales. Aún es lento y algo errático, pero funciona. El chico ha nacido para la ciencia y quizás para hacerse aún más rico de lo que ya es por su brillante mente.

La mayoría de los juegos terminan sin ganador, una vez ganó la computadora, tres el pequeño Alexander Luthor. No debe olvidarse nunca que de una aguda mental asombrosa.

¿Alguien le presta atención a este pequeño genio de nueve años? No. No hay nadie a la vista ni supervisión adulta.

Quizás se concentra tanto en su propio mundo que encuentra tan interesantes entre código y mecánica, física y química, hasta le gusta la anatomía, que no repara que sigue siendo un niño y debería estar jugando. Para él este tipo de actividades son su entretenimiento, cualquier cosa que no haga enojar a su padre y absorba su mente por completo es una buena excusa.

"Lex" lo llaman en la puerta "tu padre te espera"

El chico lleva cinco minutos intentando resolver el juego de ajedrez, si tira la máquina perderá, ha salido un mensaje en la pantalla en el que detecta el resultado y se da por vencida. Lex la ha programado así. Al voltear ve a la asistente de su padre que con esas piernas, esa cara y ese cabello está claro que no la contrató por su curriculum vitae sino para otro tipo de actividades extralaborales. El pequeño suspira. La mujer le sonríe porque pese a ser hijo de su jefe es un niño muy tranquilo, nada problemático, y si hace bien su trabajo no tendría problemas con un hijastro así. Lex ha visto a tantas otras desfilar con el mismo oficio con la misma cara de ilusión arribista ser remplazadas por un rostro nuevo vez tras vez que no le es novedad tratar con alguien diferente cada determinado tiempo.

Sabe que los gustos especiales de su padre tienen que ver con la juventud pero hay un crimen más grotesco e infame del que no le gusta hablar, del que no quisiera pensar, del que no quisiera ser víctima, pero es orgulloso y engreído también como para confesarlo, clásica determinación humana inútil y destructiva

Deja la computadora apagándose yendo por su abrigo que no se pone y lleva en el brazo, va a la cabina del elevador decorado ala Art Decó con dorado pulido y espejos con dibujos blancos.

Lex no sabe que a unos cuantos pasos de abandonar el edificio su suerte será echada, él solo miraba por el pasillo a los de seguridad atentos a una pantalla escondida donde se transmitía el partido de Metropolis contra Gotham ese día, no recordaba en que fecha estaban, pero ese día iba a cambiar su vida.

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