Disclaimer: Nada de esto me pertenece, salvo –quizás- el deseo de que el amor triunfe, el que expreso en estas pocas páginas, que espero sean de su agrado. Si me permitiesen pedir algo, bueno, sólo sería que me dejen sus comentarios, que para mí son importantes, muchas gracias por tomarse el tiempo de leer.

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-De mensajes, búsquedas y encuentros-

Habían pasado dos semanas y media, desde que jugaran aquel juego; a la mañana siguiente los chicos se levantaron más temprano y decidieron preparar el desayuno (Ron casi quema la cocina intentando tostar el pan al estilo muggle), y esa noche Draco les anunció que partiría al amanecer para cumplir una misión que le había encomendado el Señor Oscuro, y en efecto al día siguiente ya no estaba. Se había marchado sin dar mayores explicaciones, sin decir de qué se trataba aquella misión; y a lo largo de esos últimos veinte días no habían recibido ni una lechuza con un mensaje que dijera que estaba bien; y no es que aquello no fuese extraño, pero cuando menos el rubio solía darles detalles (a Harry, generalmente) acerca del lugar y el objetivo de aquello que le habían encomendado, y esta vez, sin embargo no dijo nada. Estaban preocupados.

-Harry, deberías hacer algo –sugirió Hermione.

-¿Cómo qué?

-¡No lo sé! Pero ya ha tardado demasiado, quizás alguno de tus contactos… -continuó la castaña.

-Si le pasó algo, creo que nunca lo sabremos –dijo Luna con algo de pesadumbre-, no a menos que Narcissa nos informe, y eso si es que ella sabe…

-¡Cállate Luna! –intervino la pelirroja-, Draco está bien, estoy segura.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque lo sé, Ronald. Pero aún así, Harry si pudieses hacer algo para saber de él…

-Pues, quizás pueda intentar algo, pero será arriesgado, y no sólo para nosotros, sino para él; si alguien se enterase de que lo estamos buscando, quizás podrían descubrirlo… hagamos lo que hagamos, hay que pensarlo con detenimiento.

-Pero no tenemos tiempo, además no se les ha ocurrido pensar que tal vez esté malherido, o lo hayan capturado, o… -en aquel momento Ginny fue interrumpida por un ave negra, de extraña y sombría apariencia, que se posó en el alfeizar de una de las ventanas de la sala de estar, y extendió una de sus patas, de la que colgaba un pequeño trozo de pergamino; cuando Ron se acercó a ella, el ave lo miró con repugnancia, y apenas se vio libre del mensaje emprendió vuelo, perdiéndose en el horizonte.

"Esta noche, espérenme en casa"

Era evidente que la nota era de Draco, estaba escrita rápidamente, con trazos grandes y torpes, como si lo hubiese hecho a escondidas (cosa que era muy probable).

-No entiendo… -dijo la pelirroja con la nota en las manos, como esperando encontrar algún detalle oculto- ¿a qué se refiere con esta noche? ¿Qué se supone que quiso decir?

-No lo sé, pero creo que nos enteraremos esta noche, al fin y al cabo, dice que lo esperemos aquí –dijo Ron.

-Supongo, pero ¿para qué decirnos que lo esperemos aquí, si ni siquiera sabemos qué sucederá ésta noche? –inquirió Hermione.

-Quizás el ataque a Hogsmeade… -sugirió Harry.

-Imposible Harry, dijiste que eso sería el mes que viene, y no estaremos en fecha hasta dentro de una semana. –dijo Hermione.

-Bueno… pero quizás decidieron adelantar el día. –sugirió Ron.

-Pero así no tendrían tanta atención –observó la castaña.

-Eso es cierto, porque el mes que viene habrá más gente que éste –concluyó la rubia.

-Aún cuando así fuese, Hermione tiene razón, para qué decirnos que lo esperemos aquí si no podemos saber si quiera de que se trata todo este asunto –dijo Ginny-. A menos que…

-¿A menos que, qué?

-¡A menos que no se refiera a esta casa! –dijo Hermione triunfante-. Eso es Ginny, eres brillante, Draco no se refiere a esta casa, sino a otra.

-¡¿Pero a cuál?! –preguntaron Harry y Ron a la vez.

-No lo sé…

-O quizás sí, Ginny, a lo mejor Draco se refiere a Hogwarts, que ha sido la casa de todos nosotros durante años. –sugirió Luna

-¿Entonces debemos ir a Hogwarts? –preguntó la pelirroja.

-Mmm… yo creo que no, recuerden que sólo algunos de los miembros más altos del Ministerio Y de la Orden (del Fénix) saben que Draco está de nuestro lado, a los ojos del resto del mundo, él es el reconocido hijo de Lucius Malfoy, y al igual que su padre es un buscado y cruento mortífago. No creo que Draco nos citase en Hogwarts, porque aún cuando McGonagall sabe que Draco es inocente de todo lo que se lo acusa, los profesores de Hogwarts no, y ni hablar de los alumnos… Definitivamente no creo que Draco nos citase en Hogwarts.

-Eso nos conduce nuevamente aquí. –dijo Harry.

-Quizás Draco nos escribió la nota para estar seguro de que hoy estaríamos aquí, así de sencillo, sólo para poder encontrarse con todos nosotros, tal vez después de todo no se quede, y quiera pasar aunque sólo sea unos momentos para ponernos al tanto de algo que pasará esta noche. –sugirió Ron.

-En ese caso, no creo que nos cite aquí, si algo sucediese esta noche, ¿para qué arriesgarse a que alguien lo siga y nos descubra? –preguntó Ginny.

-Bueno, también hemos descuidado la posibilidad de que el esta noche se refiera que vendrá esta noche aquí, y nos quiere ver a todos. –comentó la rubia.

-Buena teoría, Luna. –dijo Ron.

-No lo creo –dijo Hermione-, hay una coma entre noche y espérenme, para qué ponerla.

-Hermione, deja de lado los tecnicismos, no todos somos tan meticulosos a la hora de garabatear algo –replico el pelirrojo.

-No, Hermione tiene razón –dijo Harry, y por primera vez desde hacía muchos días, la chica le sonrió y lo miró a los ojos, eso lo reconfortó-, de hecho creo que ya sé a dónde debemos ir. Y me parece que hay algo raro en todo esto.

-¿A qué te refieres? –preguntó Ginny.

-A que Draco nos suele decir de qué se tratan sus misiones, y esta vez simplemente calló, no nos dijo que se marcharía hasta que era inevitable; y al margen de este pequeño mensaje, no hemos recibido noticias de él, ni buenas ni malas.

-¿Quieres decir que tal vez esté en problemas? –sugirió la castaña.

-Espero estar equivocado, pero sí. Y temo que esta noche lo confirmaremos, pero por lo pronto ya sabemos a dónde no estará: ni en Hogwarts ni aquí.

-Dijiste que lo sabías Harry, ¿a dónde estará Draco?

-Tengo una leve idea, Ron, pero si es cierto, tampoco me gusta la idea, porque tendremos que tomar muchísimos recaudos, será peligroso.

-¡¿vas a decirnos Harry?! –preguntó una muy alterada Ginny.

-De acuerdo, Ginny, tranquilízate, les diré pero no les va a gustar…

-¿Y bien, dónde está Draco?

-Creo que está en la Mansión Malfoy.

-¡¿En la Mansión Malfoy?! -.preguntaron todos al unísono.

-Sí, me parece el lugar más lógico, si va allí pensarán que desea visitar a su madre, y no que está tramando algo; aunque el problema más evidente somos nosotros. Si Draco está bajo vigilancia, también lo estará la casa de su madre, por lo que entrar desapercibidos no será prácticamente imposible.

-¿Y qué hay de aparecernos? –preguntó Ginny.

-No lo creo, probablemente haya gente en la casa, o elfos domésticos; alguien podría vernos, no se me ocurre qué hacer.

-Pero a mí sí –dijo Hermione-, el problema es que nos falta una cosa.

-¿De qué hablas? –inquirió Ron.

-Poción multijugos.

-¡Pero eso tarda un mes en hacerse! –dijo Luna.

-O cinco segundos, si ya la tienes preparada –concluyo sonriente la castaña.

-¿Preparaste poción multijugos? –preguntó Ron asombrado, pero después se dio cuenta de que al fin y al cabo estaba hablando con Hermione, y ella era una experta en magia, y en ser precavida.

-Siempre he pensado que es una poción muy útil, y ya que he tenido acceso a todos los ingredientes que he querido, me dije por qué no hacer un poco, sólo para emergencias; y ésta es una. Aunque todavía tenemos un problema.

-¿Cuál? –preguntó Ginny.

-Nos falta el elemento fundamental. ¡No tenemos nada de nadie que nos permita entrar en la Mansión de los Malfoy!

En ese momento un gran halcón se posó en el alfeizar de la misma ventana en la que lo había hecho esa extraña ave que traía la nota de Malfoy. De su pata colgaba una bolsita de terciopelo verde oscurísimo. Cuando Ginny con delicadeza liberó al pájaro, éste alzó vuelo rápido, ocultándose en las sombras de la tarde que ya caía en la playa. La chica abrió con cuidado la bolsita, y extrajo de adentro una botella pequeña, que contenía delgados filamentos.

-¿Qué mierda es eso? –preguntó Ron mirando la botella.

-¿Y quién lo mandó? ¿Será de Draco? –inquirió la rubia.

-Es de Narcissa –dijo Ginny de repente, no lo había notado en un principio, aunque el color de la bolsita le trajo recuerdos, que pensaba ya olvidados, y mientras miraba los delgados y grises filamentos que el recipiente contenía, lo vio. Estaba tan expuesto que se asombro por la osadía de la mujer que había parido a ese chico frío y rubio que vivía molestándola. En la tapa de la botella, hecha de corcho, había un sello de lacre, color verde oscuro, como la casa de Slytherin; y en él, grabado el escudo de la familia Malfoy; ahora las sospechas estaban confirmadas, Draco quería verlos en su casa, y les mandaba aquellos extraños filamentos para vaya a saberse qué motivos.

-¿Cómo lo sabes? –preguntó Ron.

-Mira –Ginny le mostró el sello, a él y al resto de los chicos-, sin embargo hay algo que no entiendo, ¿qué son esas cosas que hay dentro?

-Parecen pequeños filamentos, como de metal –sugirió Ron.

-¿Y qué significarán? –preguntó Luna-. Hay cinco.

-No son filamentos –agregó sonriente Harry-, y mucho menos de metal.

-¿Y qué son? –preguntó Ginny.

-¡Cabellos! –dijo Hermione como si fuese lo más obvio-. Draco no sólo nos quiso decir a dónde debía vernos, sino que además nos dijo cómo debíamos hacer para pasar desapercibidos: con la poción multijugos.

-¿Me pregunto de quiénes serán? –dijo Luna.

-Lo averiguaremos en un rato. –respondió Ron.

-Hay algo que me inquieta…

-¿Qué, Harry?

-Si Draco nos manda esto, y nos cita en otro lugar que no sea esta casa, y además nos manda los elementos suficientes como para poder pasar totalmente desapercibidos, entonces algo ocurre, y no sé si quiera averiguarlo. Draco va a estar acompañado, y no me gusta la idea.

-Cierto –dijo Hermione-, pero aún tenemos un problema. Sólo hay cinco cabellos, uno para cada uno, pero la poción no dura más que una hora, y no habrá forma de volver a tomar más, como para poder permanecer disfrazados más tiempo. Lo que me lleva a pensar que, o bien Draco pasó inadvertido este detalle, o nos ha dicho ya a qué hora debemos aparecernos en su casa y no lo hemos descubierto aún.

-¿Y qué dices que hagamos? –preguntó Ginny.

-Que nos apuremos, porque están por ser las ocho de la noche, y aún no hemos hecho nada.

-Bien, revisemos la bolsita, quizás haya algo dentro de ella, un pergamino, algo…

Dentro de la bolsita no había nada, la botella no tenía grabados, simplemente estaban desconcertados, pasaron horas buscando pistas, leían la nota de tras para adelante, dando vuelta el pergamino; el emblema; no, simplemente Draco había olvidado ese detalle. Cuando se daban por vencidos, Ginny, que estaba hecha un manojo de nervios, y tenía el trozo de pergamino en sus manos, lo estrujó, y luego comenzó a alisarlo.

"Esta noche, espérenme en casa"

¡Cómo era posible que lo hubiese olvidado! No podía creerlo, Draco era una persona precavida, siempre manejaba todo, a la perfección.

Otra posibilidad, era que tomasen la poción, se aparecieran en la casa de los Malfoy y hablaran con Narcissa, y si Draco no había llegado aún, y el efecto de la poción desaparecía, se escondiesen hasta que él llegase. Pero eso también era arriesgado, sobretodo porque quizás Draco quería que escuchasen algo.

La chica se encontraba sumida en sus pensamientos, cuando lo vio, en una esquina del pergamino, como en la mayoría de estos, estaba impreso un número, que usualmente servía para que quién escribía pudiese organizarlos sin ningún problema; pero aquel número tenía algo de especial, y no fue hasta que Ginny lo acercó más que lo vio; a simple vista, era un número común:

2300

Un número como cualquier otro, pero cuando se lo miraba con detenimiento, se descubría que en verdad no era un número común, tomado de un pergamino al azar, en verdad aquel número había sido elegido con precisión, como todo lo que elegía el rubio. Entre la tercera y la cuarta cifra, casi invisibles, había dos pequeñas manchitas, hechas con pluma negra, que era la pista que les faltaba.

2300

-¡Lo encontré! –gritó triunfante la pelirroja- Es increíble que no nos hayamos dado cuenta antes…

-¡Por Dios, si casi son las diez y media! Hemos perdido demasiado tiempo buscando, debemos apurarnos –dijo Hermione cuando hubo visto la simpleza y el ingenio de aquello- Voy por la poción, ustedes estén preparados.

La chica bajó al sótano de la casa (el cual habían construido cuando se mudaron, para poder realizar pociones), y de un estante polvoriento escogió un frasco grande que contenía un líquido color anaranjado. Cuando estaba por subir, una voz sus espaldas casi la hizo tirar el frasco.

-Llevo casi media hora aquí, pensé que eran más rápidos para pensar.

Una figura esbelta emergió de las sombras, y aún cuando la cubría la penumbra sus ojos la delataron.

-¡Narcissa! ¿Qué hace aquí?

-¿Qué pensabas? Que simplemente se aparecerían en los parques de mi hogar, y ya, que nadie los descubriría, aún cuando estuviesen bajo los efectos de la poción. Estoy aquí para que lleguen conmigo.

-¿Y por qué no subió? ¿Cómo hizo para burlar el hechizo contra las apariciones?

-Draco me dijo en contraconjuro, y no subí, porque mi hijo me dijo que debía confiar en ustedes, pensé que aparecerme y decirles cómo debían hacer para llegar hasta mi casa era un insulto a su inteligencia, y además corría el riesgo de que no me creyeran.

-¿Por qué no habríamos de hacerlo?

-Porque a pesar de todo, no puedo negar mi pasado, y aunque jamás he estado de acuerdo con lo que mi marido hacía, he sido culpable y partícipe de muchos asesinatos, y un asesino (redimido o no) siempre provoca desconfianza, deberías haberte dado cuenta, Snape es un claro ejemplo de ello.

-¿Me está diciendo que usted asesinó…gente? –la chica no podía crédito a lo que oía, siempre había pensado que Narcissa Malfoy había sido una víctima de las circunstancias, que tal vez por amor (o por convenios cerrados aún antes de que ella naciera) había contraído matrimonio con un hombre frío y calculador, que además era un asesino; pero jamás pensó que ella también lo fuera.

-No Hermione, jamás he pronunciado el Aveda Kedabra, pero encubrir y ocultar son formas de ayudar, y en este caso me convierten en una asesina, explícita o implícitamente, pero en una asesina al fin.

-Pero usted nunca estuvo de acuerdo con la política que llevaban acabo los mortífagos, lo acaba de decir, ¿cierto?

-Sí, es cierto, pero tampoco hice nada por detenerlos, ni siquiera a mi marido –en su voz había frialdad, y Hermione tuvo la certeza de que aquel no había sido un matrimonio por amor, y si alguna vez ese sentimiento había existido, ya no quedaban rastros de él-. No sé exactamente qué quiere mi hijo, pero estoy dispuesta a ayudarlo, aunque pierda mi vida en ello, él es lo único que tengo, lo único por lo que aún vivo.

En sus ojos, de un azul muy profundo (tan propio de la familia Black) la chica vio cansancio, y aún cuando aquella mujer irradiaba una belleza fría, con su figura esbelta y su rubia y larga cabellera, suelta sobre sus hombros, Hermione supo que Narcissa Malfoy era capaz (a diferencia de su marido) de albergar amor y cariño por alguien, su hijo. En aquel instante supo que podía confiar en ella, porque a pesar de su pasado (y contrariamente a lo que sostenía) era un alma bondadosa.

-Vamos –dijo Hermione-, son casi las once, Draco nos espera.

-Vamos.

La sorpresa del resto del grupo fue grande, cuando vieron que Hermione subía acompañada de la mismísima madre de Draco, rápidamente la chica les contó lo sucedido, y una vez que resolvieron los últimos detalles del plan (con la poca información que Narcissa había recibido de su hijo), cogieron cinco vasos de la cocina, y se dirigieron al sótano.

Sobre la mesa que utilizaba Hermione para cortar los ingredientes y preparar las pociones, Narcissa colocó los cinco vasos, distribuyó equitativas porciones del líquido que contenía la botella, a la que Hermione volvió a depositar en su lugar, y con cuidado dejó caer un cabello en cada vaso, de pronto cada uno de ellos comenzó a burbujear y la poción cambió de color, para tornarse casi verdosa.

-Tomen –dijo la mujer entregándole un vaso a cada uno-, a los que jamás la han probado, les recomiendo que se tapen la nariz y la beban en un solo sorbo, no tiene un sabor…agradable. Y por favor, aléjense de lugares en donde puedan romper cosas. –Ginny y Luna la miraron temerosas.

Poco a poco Ron, con cara de asco, se tapó la nariz y bebió la poción de un solo sorbo, Harry y Hermione lo hicieron al instante, al igual que Luna, que no quiso ver cómo Ron seguía retorciéndose en el suelo. Pero Ginny, que tenía su vaso a mitad de camino, se dio vuelta de repente y miró a la señora Malfoy a los ojos.

-Muchas gracias. –dijo con sinceridad, y sus palabras encerraban un significado que sólo ella y Narcissa conocían.

-No te preocupes, cariño, sólo quiero lo mejor para Draco. Vamos, bébetela, Ya son las once menos diez minutos.

Ginny se llevó el vaso a la boca. Mientras tanto, Harry comenzó a sentir ese horrible y conocido cosquilleo, sentía que su piel se derretía, por un instante pensó que iba a morir, se sintió mareado y antes de perder el conocimiento lo último que vio fue el rostro de Hermione, en el suelo, casi pegado al suyo, contorsionado por el dolor; y pensó que contento sufriría mil veces aquella pesadilla si con ello la libraba a ella; los últimos días apenas si habían hablado, y él sentía que algo había cambiado; y aunque todavía no sabía si para bien, viejos sentimientos habían vuelto a despertar; lo acongojaba que ella estuviese distante, que le esquivara la mirada, que casi ni le hablara. Se recordó a sí mismo que cuando el día terminase hablaría con ella, era estúpido perderla sólo por un beso, aunque eso fuese lo único que deseaba desde hacía años. Otra punzada de dolor lo dejó ciego, y se desmayó.

Narcissa, la despertó zarandeándola, tuvo que adaptarse al lugar, estaba un poco mareada y se le nublaba la vista, pero pronto todo comenzó a aclararse y recordó a dónde estaba y por qué; Draco quería verlos, ya debían estar cerca de la hora, se incorporó poco a poco, pero luego vio que se encontraba cerca del suelo, ¿qué estaba pasando? ¡Narcissa Malfoy medía el doble que ella! Miró para abajo, no podía creerlo, estaba vestida con sus propias ropas, pero ahora el quedaban enormes, su piel era verdosa, se miró en un espejo que estaba al fondo, en una pared. Qué demonios era eso que se reflejaba… ¡Claro se había transformado en un elfo doméstico!, bueno, mejor dicho en una elfina doméstica. Miró a su lado, había otro ser igual a ella, pero vestido con ropas de hombre, ¿sería Harry o Ron? El elfo la miró. Era Harry, por alguna extraña razón lo único que no había cambiado de su apariencia eran sus ojos, seguían siendo de aquel verde tan penetrante, aquel verde que a veces la tenía pensando horas en la soledad de su habitación.

-Hermione… -le dijo, y supo que tal vez sus ojos seguían siendo del mismo color que siempre. Miró a su alrededor, uno de los elfos, vestido con ropas de hombre, tenía ojos azules, y al lado de él había una elfina, con ojos saltones, de igual color. "Luna y Ron" pensó " ¿pero a dónde estará Ginny?", y la vio, era la única que no había sido transformada en un elfo; de hecho ahora Ginny era una mujer que no llegaba a tener cuarenta años, su cabello era negro, y sus ojos de un azul muy frío.

-Bellatrix… -susurró a su lado Harry, y Hermione supo que la había confundido.

-No Harry, es Ginevra –dijo Narcissa-, Bellatrix y los otros cuatro elfos duermen profundamente en un de los altillos de mi casa, cuando despierten no sabrán lo que les sucedió, y si lo hacen ya será tarde. Como verán lo único que conservan de ustedes mismos son sus ojos, tuve que aplicar un complicado conjuro a cada cabello para que esto sucediera; les servirá para identificarse, pero no se llamen, dejen que Draco lo haga. Miren siempre hacia abajo, no deben dejar que les vean los ojos. En cuanto a Ginny, ha sido un pedido expreso de mi hijo que ella conservase una forma humana. Lamento no haber podido concederles una igual a ustedes, hubiese sido demasiado arriesgado, además Bellatrix puede quedarse callada si se lo piden, y si a ustedes les hubiese tocado actuar como Nott o Crabbe, les hubiese costado mucho más. Bien, una vez acabada la explicación, procedamos, ¿guardan la botellita que les envié?

-Yo la tengo aquí. –dijo Ginny extrayéndola de uno de sus bolsillos.

-¿Para qué la quiere? –preguntó Ron con una voz desagradablemente aguda.

-Es un traslador, y como son las once menos un minuto les recomiendo a todos que la toquen, ya.

Todos apoyaron parte de sus manos en el pequeño recipiente, cuando dieron las once Harry sintió esa extraña sensación de ser jalado del ombligo, y en un abrir y cerrar de ojos se encontró acostado sobre una vieja y polvorienta alfombra. Se incorporó y miró a su alrededor, pero algo le impedía ver, lo recordó, aún tenía puestos sus anteojos, era evidente que el elfo no los necesitaba, se los sacó, pero no supo dónde ponerlos, entonces Narcissa volvió a hablar.

-Deberán quitarse la ropa, tomen, colóquense esto –y les tendió unos harapos deshilachados.

-Espero que ahora que lo vivirán en carne propia comprendan la importancia de darle más difusión a la PEDDO. –dijo Hermione, mirando ceñuda el trapo que la señora Malfoy le alcanzaba. Luego de darles aquellas prendas, coloco un biombo en una parte de aquella habitación para que se cambiaran, como Ginny fue la primera; todos encogieron sus ropas y se las entregaron para que las guardase en algún bolsillo de su negra túnica. Una vez que todos estuvieron listos, Narcissa los guió a través de unas escaleras, pasaron por otro sitio igual de oscuro que el anterior, y en un rincón vieron varias figuras en el suelo, al pasar a su lado, descubrieron que no eran otros que los cuatro elfos y Bellatrix; los cinco parecían profundamente dormidos.

-Por aquí. –indicó Narcissa y los llevó nuevamente escaleras abajo, se toparon con un angosto pasillo poblado de puertas, al final de él, había un reloj antiguo, de péndulo que marcaba las once y siete minutos, debían apurarse. Torcieron a la derecha, y entraron a una habitación, que no era otra cosa que un gran salón de té, en la pared opuesta había otra escalera, un poco más ancha, bajaron por ella, y llegaron a un gran rellano. Allí había una escalera inmensa, de mármol blanco, con una alfombra verde oscuro, Narcissa los llevó hasta allí y comenzó a bajar.

Hermione se dio vuelta y observó que en la pared que estaba a sus espaldas estaba el emblema de la familia Malfoy, bordado en una inmensa alfombra verde que cubría toda la pared, y en la que también estaba grabado todo el árbol genealógico. Definitivamente los Malfoy no sólo eran una familia, habían formado una dinastía.

En el piso inferior un grupo de hombres esperaban, entre ellos estaba un rubio, que no parecía estar de buen humor, hasta que vio bajar a su madre acompañada de su tía, Bellatrix, quien lo miró y suprimió una débil sonrisa.

-Buenas noches madre, tía –dijo Draco, haciendo una pequeñísima reverencia.

-Se tardaron demasiado. -dijo un hombre de cabellos oscuros que estaba al lado de Draco.

-No pude encontrar a Bella hasta recién, estaba gritándole a estos elfos en el altillo. –dijo la madre del chico con una frialdad que asombró hasta a su hijo.

-Pues, ya podemos comenzar entonces. –dijo un tercer hombre de pelo negro y grasiento.

-Claro que sí, Severus –dijo Narcissa. Harry, que había reconocido esa horripilante voz levantó la mirada un momento, lleno de odio, pero al instante volvió a bajarla, recordando las palabras de la mujer. Decidió que su venganza debía esperar.

Todos se dirigieron a una sala contigua, que parecía otro salón de té, los hombres se sentaron en sillones individuales, y Narcissa y Ginny juntas en otro de dos cuerpos. La sala estaba ambientada con un estilo renacentista.

-Samnis –dijo Narcissa mirando a Hermione-, haz aparecer el café.

Por suerte Hermione conocía el hechizo, aunque no sabía si le daría resultado, pues no tenía su varita; de pronto recordó que Harry le había contado que Dobby chasqueaba los dedos, antes de realizar un hechizo; así que intentó con un hechizo no verbal, y los chasqueó. De pronto una bandeja de plata con cuatro pocillos humeantes y una azucarera, apareció flotando a un costado de la chica, rápidamente ésta la tomó y la depositó en una mesa ratona, de madera, muy trabajada, que había en el centro del semicírculo que formaban los sillones. Cada uno de los que estaban sentados tomó una de las pequeñas tazas, y comenzaron a hablar de cosas intransigentes, al cabo de un rato Draco cambió de tema, rotundamente.

-Y bien, ¿cuándo será finalmente el ataque a Hogsmeade?

-¿Qué acaso Bellatrix no te lo ha dicho? –preguntó Snape arrastrando la voz. Y miró a Ginny fijamente, ésta comenzó a sentirse incómoda, pero aún así le mantuvo la mirada lo más firme que pudo, no podía arriesgarse a que la descubrieran.

-Si lo supiera, nos lo diría querido, pero tú sabes bien que ella está tan desinformada como nosotros. –dijo Narcissa con el mismo tono frío con el que le había hablado al bajar de la escalera.

-Bien, en ese caso, creo que se los diré, será el segundo viernes del mes entrante.

-¿Ese no es el día en el que se elige a Miss Corazón de Bruja? –preguntó Ginny, pero en seguida se arrepintió, Narcissa le pidió que no hablase.

-Así es querida tía. –dijo Draco.

-¿No es brillante Bella? –preguntó Snape que no parecía haber notado nada extraño- ¿Que piensas tú Cissy?

-Que obviamente éste será un golpe duro para el enemigo.

-Sí, además sabemos que ese día bajarán los alumnos de Hogwarts.

-¿Cómo sabes eso? –preguntó Draco, rogando que la respuesta fuera que habían interceptado una carta de uno de los niños.

-Porque, aunque McGonagall, a diferencia de Dumbledore, sí es desconfiada, nuestros aliados son aún más inteligentes.

-¿Tienen un infiltrado dentro de Hogwarts? –preguntó Narcissa sin poder creérselo.

-Así es.

-Pues felicitaciones, nunca pensé que McGonagall fuese tan estúpida, no después de haber perdido al viejo Dumbledore por una traición.

-Verás, Narcissa –dijo el hombre de cabellos oscuros-, sucede que este es uno de los miembros más antiguos del colegio, nadie sospecha de él. Parece inofensivo…demasiado inofensivo.

Hermione hizo una nota mental, debía hablar con Minerva McGonagall apenas tuviese la oportunidad de hacerlo, aquello era grave, muy grave. Miró un pequeño y antiguo reloj colocado sobre un bureau, eran las once y treinta y cinco; debían darse prisa, no quedaba mucho ya. Draco se fijo a dónde dirigía su mirada la castaña, y la tranquilizó. Seguían hablando de cosas intrascendentes, el tiempo pasaba lento, muy lento.

De repente, a las doce menos cinco, se sintió un gran estallido en los jardines, Snape corrió hacia una ventana y miró a través de una de las cortinas blancas.

-Parece gente del Ministerio, ¿alguien pudo habernos visto?

-No lo creo –dijo Narcissa-, pero suelen aparecerse de pronto para hacer una redada –su voz seguía igual de fría-. Será mejor que ustedes dos se vayan –dijo señalando a los dos hombres que ya se habían puesto de pie y sacado sus varitas-, en cuanto a ti, Draco, lo mejor será que subas al altillo, con Bella y me esperen allí, jamás suben tanto. Lamento que la reunión no pueda continuar, envíales mis respetos al Señor Oscuro, Severus. Y en cuanto a ti, Lucius, será mejor que la próxima vez te busques un mejor disfraz, hasta un ciego podría reconocerte.

-Severus –dijo Draco, y luego se volvió al hombre de los cabellos oscuros y realizó una pequeña reverencia-, Padre…mi madre tiene razón, pareces un vulgar sangre sucia, te delatas sólo con hablar. Mis saludos a Nuestro Señor.

Dicho esto, tomó a Ginny por el codo y comenzó a caminar, cuando ella pasó al lado de Narcissa la abrazó como despidiéndose. Ron iba a seguirlos, pero Luna lo miró significativamente, y decidió quedarse en su lugar.

-Samnis, Symaetheus –dijo dirigiéndose a Hermione y a Harry- acompañen a mi hijo y a mi hermana.

Los cuatro se perdieron escaleras arriba, caminaban lentamente, sin apuros. Otra explosión se escuchó fuera, al parecer otro grupo de Aurores acababa de llegar.

-En cuanto a ustedes, Baucis y Honos –dijo a Ron y a Luna-, espérenme aquí. Volveré en algunos instantes.

Lucius y Snape, saludaron a Narcissa y desaparecieron, eran las doce menos dos minutos. Narcissa, se sentó con pesadez en uno de los sillones, y se frotó las sienes, de pronto, como recordando que Ron y Luna seguían allí, miró su reloj y volvió a hablarles.

-Será mejor que corran, o no llegarán a cambiarse –extrajo las ropas reducidas de los dos y se las entregó-, Ginevra me las entregó antes de irse, dense prisa, los del ministerio no tardan en entrar, pronto descubrirán el contraconjuro que les impide pasar de los jardines.

Luna corrió hasta la próxima habitación, al tiempo que Narcissa salía del salón diciendo que los esperaría afuera, un reloj sonó lejano. El efecto de la poción acabó y pronto ella y Ron (en habitaciones distintas) se encontraron desnudos, cubiertos sólo por esos pequeños y andrajosos harapos. Luna se vistió, otra explosión se escuchó en los jardines. Cuando acabó llamó a la puerta que daba al salón contiguo.

-Pasa –respondió Ron del otro lado. Ella entró.

-Bien, vamos con Narcissa.

Llegaron al recibidor, ella los esperaba allí; sobre los primeros escalones de la gran escalera de mármol, se encontraba tendido el cuerpo (al parecer sin vida) de una mujer, Luna se acercó horrorizada, la mujer estaba vuelta sobre sí misma, Luna la giró, y gritó.

-¿Cómo es posible? –era el cuerpo de Narcissa Malfoy, la misma que estaba parada junto a Ron.

-Ahora no es momento, vamos a donde está Potter. –respondió Narcissa, la frialdad en su voz hizo estremecer a la chica.

-Bien, subamos. –dijo Ron.

Subieron las escaleras, y tras volver a realizar el recorrido (a la inversa) llegaron al altillo, allí estaban Harry, Hermione, Draco y Ginny; a un costado Bellatrix y los elfos seguían inconcientes.

-¿Qué haremos con ellos? –preguntó Ron señalándolos.

-Le pedí a mi madre que les hiciera creer que habían sido atacados por gente del ministerio; luego encontrarán el cuerpo de ella, y el mío sin vida; y creerán que hemos muerto, en cuanto a Snape y mi p… y Lucius –dijo el rubio como si le molestara saber que era su progenitor-, creerán que hemos muerto a manos de la gente del ministerio, y Bellatrix será juzgada (no sólo por ser mortífaga, sino porque creerán que nos ha matado).

-Es una buena coartada. –dijo Hermione.

-Sí, es la única manera que encontré para salir de en medio, y además sacamos buena información, ahora sabemos qué día y cómo se realizará el ataque a Hogsmeade.

Narcissa, miró a su hijo fríamente, y se encaminó hacia él.

-Aún tenemos un problema, hijo, ¿cómo harás creer al Ministerio que eres inocente?

-Madre, cuando el Señor Oscuro caiga yo mismo me presentaré al Ministerio; sabes tan bien como yo que jamás he matado a nadie, un examen en mi varita lo probaría; además Harry Potter testificará a mi nombre.

-Y también nosotros, no lo olvides. –dijo Hermione sonriéndole al rubio.

-¿Y qué te hace pensar que le creerán a una sangre su… a una chiquilla? ¡Si hasta podrían pensar que Potter está bajo algún hechizo, como un Imperio! –dijo Narcissa, mirando inquisitivamente a la chica; hacía algunas horas, cuando la había encontrado en el sótano de la casa de playa, se había comportado de lo más amable, y ahora…ahora la trataba de sangre sucia, ¿cómo era eso posible?

-Madre, ¿qué te sucede? –preguntó Draco-, ya hemos hablado de esto, y estabas de acuerdo conmigo, dijiste que era un plan brillante.

-Pues, ahora que lo reconsidero, creo que no es tan así, Draco. –la mujer arrastraba las palabras al hablar, casi era tangible el odio en su voz.

-No te comprendo.

-Pues creo que tampoco lo harás, aunque te lo explicase –dijo mirándolo con repugnancia-. Siempre has sido estúpido, no heredaste la fuerza y el temple de los Malfoy, ni la frialdad y la fidelidad de los Black; jamás has odiado a los sangre sucia, no eres merecedor de tener los apellidos que portas.

-Madre…

-Jamás debimos concebirte, pero he enmendar el error, me avergüenzas –levantó la varita y la apuntó directo al pecho del muchacho, que se había quedado quieto mirando a su madre con una mezcla de dolor y miedo; el chico ni siquiera se inmutó cuando Narcissa levantó la varita y lo apuntó con ella, Draco tenía los ojos húmedos, las lágrimas pugnaban por salir-. He de decirte adiós, querido hijo, Aveda Ke…

-¡Aveda Kedabra! –una voz potente, seguida de un rayo de un fuerte color verde, salió en dirección a Narcissa Malfoy, y la chocó de lleno. Mientras caía, el cuerpo de la mujer se cubrió de una tenue luz color plata, y de pronto ya no era el de Narcissa Malfoy sino el de si esposo, Lucius.

El cuerpo golpeó el suelo con un ruido seco. Malfoy había muerto.

De las sombras emergió una figura, una vela le alumbró el rostro, estaba llorando.

-¡Hijo! –dijo y corrió a abrazar a Draco, que todavía parecía en estado de shock.

-Ma… Madre –dijo aún conmocionado-, por un momento…por un momento pensé que de verdad eras tú, debí darme cuenta…debí haberlo matado…yo.

-No Draco, era tu padre, lo quieras o no, y aún cuando hubiese sido un bastardo, le debías respeto. De cualquier modo, ha muerto.

Un potente, pero lejano ruido les llegó. Los Aurores habían entrado.

-Debemos apurarnos, ¿has hecho tu parte, Draco?

-Sí madre, pero qué sucederá con…Lucius.

-Podríamos dejarlo así, pero puede ser peligroso, Snape podría sospechar.

-¿Qué sugieres?

-Que le demos a él la poción, después de todo, él se encargó de destruir el mío, para que me encontraran a mí, en serio.

-Vayan a hacer lo que sea, les sugiero que sea rápido –dijo Luna-, no tardan en llegar.

-Sí, y Bella está por despertar. –dijo Narcissa, a continuación se acercó al cuerpo sin vida de su esposo, y le abrió la boca, vertió sobre ella una poción color verdosa, y se incorporó. Al cabo de unos instantes el cuerpo de Lucius Malfoy se tornó en el de la misma Narcissa Malfoy. La mujer le quitó la varita, y en su lugar colocó la suya. Se dio vuelta y les habló.

-Vamos, aparezcamos en la casa de la playa.

-Ya los escucho venir… -comentó Hermione.

En ese momento, alguien apareció en el altillo.

-¡Rápido aquí están!

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Bureau: buró en francés, mueble, aparador.

Hasta aquí el tercero… ¿les gustó? ¿Quieren saber cómo sigue? Pues es fácil, ¡dejen reviews!!!!! Por cierto, gracias por los del cap. Anterior (a los anónimos: si quieren que los conteste dejen sus e-mails)

Personalmente, este cap, me gustó mucho (sí ya sé, no hay mucho H/Hr, pero aunque no lo crean sí lo hubo, y fue muy hot…aunque tendrán que esperar para saberlo…jajaja… ¡Yo ya lo sé! )

Aquí algunos adelantos (¡Quiero reviews!!!!):

"… tembloroso, como el cuerpo de Hermione; pegado al suyo, en la oscuridad, sus manos sobre su cintura… desnuda…"

"…Acercó su rostro al de él, sus labios ya casi se tocaban, él había puesto sus manos en su cintura, y la atraía hacia sí; Hermione puso sus manos en su cuello. Ambos cerraron los ojos, se acercaron más aún…"

"…-¡Trata de no interrumpir esta vez! –le gritó Ron cuando la rubia cruzaba la puerta de madera, que había quedado allí desde el juego.

-Un momento… -dijo Draco confundido- ¿De qué nos hemos perdido?..."

"…-No puedo creerlo, casi me caigo –dijo riendo, y se giró, casi al instante recordó que estaban desnudos, pero ya era tarde… Harry la estaba atrayendo hacia sí, de pronto dejó de reír…"

"… eres… tanto para mí, que eres casi todo… Eres, entre tantas otras cosas la paz de mi mundo, nena… te amo…"