Superficial
Friburgo de Brisgovia, Alemania.
Jueves, 01:45 p.m
Quince minutos, me tenía esperando desde hace quince malditos minutos, ¿es que acaso no comprendía el sentido de la puntualidad? Odiaba que me hicieran esperar, porque yo siempre he sido una persona puntual en absolutamente todo y últimamente Erwin me hacía lo mismo de hacerme esperar cada vez que quedábamos de acuerdo en vernos. Él había dicho en su mensaje "Pasaré por ti cuando salgas de la escuela", bueno, yo salía a la una y media en punto y como mínimo debía estar aquí después de cinco minutos. Me tenía esperándolo como idiota.
—¡Levi! Perdona la demora, no pud...
—No pudiste salir antes de la universidad, ¿no?— Le interrumpí casi en enseguida.
Me paré muy recto y crucé mis brazos, mientras miraba la despreocupada manera en la que parecía venir aquel rubio, cada vez me daba más la impresión de que le daba lo mismo hacerme esperar o no. Soltó un suspiro y se acerco aún más hasta quedar frente a frente conmigo.
—Acabo de llegar, ¿y ya me estás discutiendo? Sabes que esto de que pasemos menos tiempo juntos no es mi culpa.
—Lo sé... — Desvié la mirada y torcí los labios, estaba por demás decir que esta situación me tenía irritado. —La universidad y tu trabajo de medio tiempo te tienen ocupado, sí, lo sé, Erwin. Pero a veces pienso que a ti ya te da igual estar conmigo o no.
Volvió a suspirar, como si mis reproches ya lo tuvieran cansado. Estiró sus brazos y tomo mi rostro entre sus grandes y cálidas manos, acortando la poca distancia que había entre nosotros.
—Levi— Habló con aquella gruesa voz de la que era dueño y después plantó un beso corto en mis labios.— Sabes que eres mi adoración y sabes que te compensaré el fin de semana.
Se separó de mis labios y yo sólo rodé los ojos, cuando Erwin decía: "Te compensaré el fin de semana", sabía que era la mentira más grande que me podía decir. Los fines de semana sólo nos veíamos por un pequeño rato, rato en el que Erwin no dejaba de quejarse sobre las constantes peleas que tenía con su padre, lo pesado que era la universidad y lo explotador que era su jefe. Sin embargo, estábamos en el proceso de hacer que lo que teníamos no se viniera abajo, así que seguir haciendo el pequeño esfuerzo por aguantar hasta que las cosas volvieran a la normalidad no iba a matarme, ¿verdad?
—Está bien, no quiero discutir por lo mismo— Él pareció estar de acuerdo y tomó mi mano mientras caminábamos hacia nuestro destino, cosa que no hacíamos desde hace mucho tiempo.— Sólo espero que la loca esa de lentes no esté allá.
— Ay, Levi.
Dijo con una sonrisa cómplice, aunque él no me lo dijera directamente a mí, sabía que de vez en cuando, Hanji tampoco caía mucho en la gracia de Erwin, a pesar de que parecían llevarse mejor de lo que esa loca y yo lo hacíamos. Mientras nos dirigíamos al lugar en donde nos encontraríamos con los amigos de Erwin, platicábamos acerca de la escuela, o trivialidades sin sentido, en momentos como éste es que todo parecía estar en perfecto orden y nos permitíamos ignorar que constantemente había peleas y nada parecía estar funcionando como debería. Pronto llegamos al lugar y las enormes puertas de metal de un bonito parque nos recibieron, caminamos hasta el grupo de personas que ya estaba reunido en algún lugar.
—¡Pero miren a quién tenemos aquí! ¡¿Qué te trae por estos lugares, enanín?!
Y ahí estaba gritonenado como siempre, Hanji Zoe, la persona más malditamente irritante de todo el puto universo. Realmente esperaba que milagrosamente le diera diarrea o algo, para que yo no tuviera que toparme con ella.
—Erwin es la razón.
Me limité a responder una vez que terminé de contar hasta cien, arrojé mi bolsa hacia aquella banca oxidada en donde estaba sentada Hanji, con la pura intención de darle un buen golpe, sin embargo y como siempre, su idiotez la había salvado. Y como siempre, las mismas caras reunidas en aquel parque. Sentado a la derecha de Hanji, como de costumbre, estaba Mike, él era muy reservado y casi nunca hablaba, pero cuando lo hacía, aportaba comentarios inteligentes. Era la pareja amorosa de Zoe, pero que hombre más loco. Después le seguían Petra y Auro, cabe destacar que ellos también eran algo así como pareja, no estaba seguro. Le seguían Erd y Gunter, a los que Hanji había nombrado como "los solterones del grupo", y también estaba...
—¡Levi aniki!
Ah sí, Isabel y Farlan, la otra pareja amorosa del grupo. Isabel era una chica muy alegre, que se autoproclamaba a sí misma como otaku, le gustaba leer mangas y ver toda clase de animes, en especial los gore. Farlan era más bien el típico chico reservado, amante de los videojuegos.
—¿Aniki?— Levanté una ceja y ella asintió con una enorme sonrisa.
—Es hermano mayor en japonés.
—No exageres, sólo soy mayor que tú por meses. En todo caso tu "aniki" vendría siendo Erwin, él es el anciano aquí.
Solté una risita burlona cuando Isabel grito un "tienes razón, Erwin es como nuestro padre", mi rubio novio palideció y los demás soltaron una carcajada, recordarle que era mayor por tres años que nosotros me causaba cierta diversión. El suave viento se hizo presente de un momento a otro, despeinando mis cabellos y congelando mi nariz. Escuchaba en silencio los relatos que todos contaban acerca de como les iba en la universidad, mientras que yo intentaba por todos los medios de acomodar las molestas mangas de mi suéter. Ser un chico pequeño y escuálido era una gran desventaja, más si vivías en un país como Alemania, donde la gente era demasiado alta. Toda la ropa que me gustaba solía ser innecesariamente enorme, incluso las tallas chicas siempre me quedaban grandes.
Fruncí el ceño cuando por milesíma vez, las largas mangas rojas de mi suéter volvieron a cubrirme las manos, mierda, estaba harto. En mi frustración crucé los brazos, últimamente todo me irritaba en exceso y ni siquiera sabía a que se debía. Ni siquiera estaba prestando atención a lo que decían los demás, mi enojo y frustración seguían en mi cabeza, enfocándose en la ropa enorme y mi baja estatura. Sonreí con ironía cuando la brillante idea de comprarme ropa de la sección "junior" en las tiendas pasó por mi mente, idea que desde luego deseché rápidamente. No caería tan bajo, comprando ropa para niños de doce. Pensaba que sería buena idea sólo coser las mangas y listo, pero cuando levanté mi rostro y mis ojos se enfocaron en alguien en específico, todo lo que estaba en mi cabeza se fue, se esfumó por completo. Un cabello castaño, despeinado a causa del constante viento otoñal que arreciaba, una nariz pequeña y respingada, y unos ojos conocidos aparecieron en mi campo de visión.
Este, ¿no era... el chico de ayer, del puente?, ¿el chico de los ojos verdes?
No, no había equivocación alguna, era él, pero ¿cómo diablos..?, ¿qué mierda estaba ocurriendo?, ¿no se suponía que ya no lo volvería a ver?
Ah... pero estaba nuevamente ante mí, mirándome con aquellos ojos tan suyos. Una vez más, verde y gris se enfrentaban, lo ví y todo lo demás me pareció ruido. Él parecía sorprendido de volver a verme otra vez, en el lugar más inesperado de todos, incluso yo estaba sorprendido ante este repentino suceso. Y por más que quise, por más que lo intenté, mis ojos no pudieron apartarse de ese joven. Pero después de lo que había sucedido ayer, cuando el me sonrió y yo aparte la mirada, dudaba que se volviera a repetir aquel gesto amable y lo comprobé cuando después de breves segundos de sostenerme la mirada, él apartó la suya y siguió su camino como si nada. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que no estaba solo, lo acompañaban una bonita chica de cabello corto y un rubio bajito que parecía estar diciendo algo. Lo seguí con la mirada, admirando con calma su perfil y en como apretaba los labios y sus mejillas se teñían de rosa por alguna razón. Pero tuve que quitarle mi mirada de encima cuando Erwin posó una de sus manos sobre mi hombro, diciendo:
—... Y por eso Levi y yo no hemos podido hacer esas cosas últimamente.
—¿Huh?
Miré con especial atención a Erwin, quién no me miraba para nada y sonreía con algo de nervios y vergüenza, entonces una estruendosa carcajada brotó desde lo más profundo de la garganta de Hanji, los demás parecían abochornados ante la situación que yo no acababa de entender.
—¡Así que era por eso que hoy el pequeño Ravioli venía más malhumorado que de costumbre! ¡Pero si lo tienes en abstinencia al pobre, Erwin!— Hanji volvió a soltar una risa histérica y yo sentí como los colores se me subieron al rostro, no me sentía avergonzado, más bien me sentía muy muy enojado y si esa loca no se apresuraba a correr, la mataría.
—¡Tú..! ¡Maldita cuatro ojos de mierda! ¡Qué estupideces estás diciendo, maldita loca!— Le cuestioné perdiendo la poca paciencia que tenía, mi ceño bien fruncido y los puños cerrados, sólo por si acaso.
—No te sientas avergonzado, Levi, si quieres podemos ir a solucionar ese problemita.— Soltó el rubio con un tono sugerente, en un intento por calmar mi creciente enojo, no funcionó. Aquel comentario por parte de Erwin sólo había empeorado las cosas, ahora sentía la sangre hervir como lava ardiendo dentro de mis venas.
—¡Y tú cállate, maldito cejón! ¡No tienes que andar difundiendo nuestra maldita vida sexual inactiva!
Giré sobre mis talones y crucé los brazos, dándole la espalda a ambos. Necesitaba calmarme, necesitaba respirar y contar como mínimo hasta el millón y... ahí estaba de nuevo, mirando a aquel chico castaño sentado junto con sus amigos en una banca a unos cuantos metros de donde estábamos nosotros, mi enojo había pasado a segundo plano al admirar una vez más su sonrisa. Sonrisa que ésta vez no iba dirigida a mí. Me había quedado en blanco cuando mis ojos se posaron en él nuevamente, no entendía por qué de repente ya no había enojo o irritación, sólo tranquilidad. Pero cuando me di cuenta de lo que podría significar esto, me sentí irritado, ¡por Dios, Levi! ¡era un perfecto desconocido! ¡esto era ridículo en muchos sentidos!
Sólo es una atracción pasajera, sólo es una atracción pasajera, una maldita y enferma atracción pasajera, sí. Me repetía una y mil veces, en un intento de auto-convencerme de que esto no se trataba de un enamoramiento o algo así. Sólo tenía que pensar en algo que no me gustara de él, porque eventualmente terminaría encontrándole un defecto y entonces, él chico de los ojos verdes sólo sería una persona más del montón. Pensé y por más que quise encontrar una falla en esta Noche estrellada, porque sí, aquel joven se parecía a la pintura de Van Gogh, ambos te atrapaban desde un primer instante y te provocan la sensación de seguir observándolos por un buen rato. Mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Erwin.
—Levi, andando. Te llevaré a tu casa, se me hace tarde para el trabajo.— Dijo pareciendo frustrado de no poder quedarse más tiempo con sus amigos, conmigo.
Él ya se había colgado al hombro mi bolso y me miraba con cierta duda y temor en su par de ojos color cielo. Supongo que él pensó que me molestaría por nuestro breve tiempo juntos y que comenzaría de nueva cuenta con los reclamos, cosa que sorprendentemente, no sucedió; me limité a asentir y despedirme de todos con un gesto educado. Caminamos en completo silencio, uno a lado de otro. Yo estaba sumido en mis propias inquietudes emocionales y Erwin parecía estar también en sus propias preocupaciones. Durante el camino el rubio insistió en preguntarme si no me encontraba molesto por su falta de tiempo o por lo que había sucedido con Hanji, a lo cual yo respondí que no. Pero, ¿por qué no me sentía tan molesto como lo hubiera estado cualquier otro día?
Mi respuesta apareció ante mí cuando al voltear al otro lado de la calle lo vi nuevamente a él, al chico de los ojos verdes, me detuve en seco al ver su cara de fastidio mientras era prácticamente arrastrado por sus amigos al enorme edificio que destacaba de las demás pequeñas construcciones, jamás reparé en qué momento se había levantado y se había ido del parque, suspiré. Así que después de todo había resultado ser un mocoso de preparatoria.
—Oh... esta escuela preparatoria es bonita, ¿no crees?— Preguntó el rubio tras notar que mi atención estaba enfocada en esa parte especifica, creyendo que era acerca de la preparatoria y no de mi crush en potencia.
—Ah... sí.— Asentí, prestando un poco más de atención al enorme edificio.
Y no mentía en lo absoluto, era bastante ostentosa. Parecía tener enormes porciones de áreas verdes y los edificios recién pintados de un color durazno pastel demostraban el esmero con el que cuidaban del plantel. Los enormes ventanales perfectamente límpidos, la enorme reja de seguridad que se alzaba en lo alto y claro, oficiales custodiando la entrada, casi me atrevería a asegurar que...
—¿Es un colegio de paga?
Erwin negó rápidamente ante mi interrogante.
—Es una escuela pública, pero es de las mejores que hay por aquí. En su tiempo hice el examen para ingresar...— Exclamó con una mueca de tristeza en su rostro y agregó suspirando:— Pero fui rechazado.
—Creí que eras demasiado inteligente.
Enarqué una ceja ante el reciente descubrimiento, Erwin Smith era la persona más inteligente que yo conocía, simplemente la idea de imaginarlo a él reprobando un examen me parecía inverosímil.
—Supongo que me confíe demasiado, además... parece ser que sólo aceptan a gente especial— Encogió los hombros con una sonrisa despreocupada, lo miré con un gesto de desconcierto.— No me mires así, con gente especial me refiero a genios... gente muy dotada, más que yo.
—¿Huh?, No creo que realmente exista gente así.
—Pues la hay— Se apresuró en responder ante mi incrédula reacción.— El examen de ingreso era de doscientas cincuenta preguntas, de las cuales sólo tenía permitido fallar tres. Además, el promedio mínimo que aceptan para que puedas graduarte es de nueve para arriba.
—Entiendo...
Asentí ante la explicación de Erwin del por qué no había logrado aprobar el examen de ingreso, no creía que existieras instituciones así en un lugar tan pequeño como Friburgo. Entonces pensé que el dueño de los ojos verdes no sólo había resultado ser un mocoso de preparatoria, sino que también algo así como un genio potencial. Vaya, ya me lo imaginaba hablando de cosas tan profundas como el origen de la vida y de complicadas fórmulas matemáticas. No estaba mal... en lo absoluto.
Moví mi muñeca ágilmente, trazando los último detalles en mi dibujo y trataba por todos los medios de no manchar el blanco papel con mis dedos embarrados del grafito negro del lápiz. No entendía porque me estaba esmerando más de lo normal en esto, pero lo estaba haciendo. Había empezado con un pequeño dibujo en dónde él se encontraba en el centro de aquel parque, mirándome con sus enormes ojos verdes llenos de sorpresa. Y había terminado como una especie de pequeña historieta de dos hojas, dibujando todo lo que recordaba de aquella tarde cuando lo vi, cada pequeño detalle que se había quedado en mi cabeza, e incluso había plasmado su rostro de fastidio al tener que entrar nuevamente a la escuela.
Sabía que estaba mal seguir dibujándolo, seguir idealizándolo a través de mis dibujos. Pero comenzaba a pensar que él era una de esas cosas raras y bellas que valían la pena ser dibujadas una y otra vez. A lo largo de mi corta vida había dibujado un sin fin de caras hermosas, pero ahora todas ellas me parecían poca cosa comparadas con esos ojos brillantes y malditamente verdes.
Estaba siendo un superficial de mierda y no me daba miedo admitirlo. Me había fascinado totalmente por ese bonito e inusual rostro de expresiones gentiles y suaves.
All the love, Dragón. 🐉🌹
