Posesión Nocturna III
"Porque sin buscarte ando encontrándote por todos lados,
principalmente cuando cierro los ojos"
JULIO CORTAZAR
La chica de cabello negro se incorpora en la habitación decorada al estilo oriental y con paredes corredizas. El sol brillante y de tonos profundamente rojos de la mañana entra por las rendijas de la ventana y a ella no le interesa mucho estirarse mostrando su desnuda piel blanca y perfecta en cuya espalda destaca como un lienzo el tatuaje de un fénix de alas extendidas y salvaje belleza.
La joven peina un poco con sus dedos delgados y finos su alborotado cabello negro y mira al lado de la cama dormido al hombre de cabello negro y facciones varoniles a quien solo cubre de la cintura hacia abajo la fina sábana de seda roja con los emblemas de la casa real de Marte. La sonrisa de la bella chica ilumina sus ojos amatista al posarse en el hombre que duerme en su lecho y sin decir más se levanta con el sigilo que aprendió en sus entrenamientos, agradeciendo que la placentera actividad de la noche pasada haya dejado agotado a su "Unmei no hito". Con mucho descuido y prisa coloca su kimono rojo sin abrochar sobre sus hombros y se incorpora.
Una vez de pie, la joven princesa de Marte avanza en sus aposentos buscando la vasija para preparar el cha no yu, sacando las hierbas de ojos rojas y frutos de Marte que mezcla con agua, para después encender su mano en una flama que calienta la vasija y va llenando de un aroma delicioso e intenso toda la cámara real.
Ese aroma delicioso, a fresas de marte, junto con el embriagador olor de las hierbas entra por la nariz del joven durmiente y consigue que comience a revolverse en las sábanas alargando su mano al lado de la cama para sentir a quien espera. La mujer de ojos amatista sonríe y sirve la humeante bebida ahora muy caliente en otra pequeña vasija dejando la tetera de porcelana en el suelo a los pies de su cama.
- Ohayou gozaimasu, aishiteru yo-saluda con su voz firme y acariciante la joven al oído del muchacho que sonríe antes de abrir los ojos sintiendo el sabor del delicioso té en el toque leve de los labios de su mujer. Cuando abre los ojos lleva enseguida su mano a acariciar la mejilla de porcelana de la chica.
-Buenos días, Hōbijin…es una delicia despertar contigo y con té rojo-asegura él.
-Lo sé… ¿Te apetece un poco?-pregunta ella acercando la pequeña vasija a la nariz del hombre que aspira el aroma, pero al momento deja vagar sus manos por la cintura de ella metiendo su mano en el desabrochado kimono.
-Me apetece cha, sin duda…pero también otras cosas…-desliza el sus manos por los hombros de la chica haciendo que caiga su kimono de seda por sus brazos y ganando una cristalina risa de ella.
-No veo por qué no puedas tener ambas, aishiteru yo-asegura ella colocándose a horcajadas sobre la cintura del hombre que la mira con esos ojos de azul profundo y oscuro dejando sus manos en su caderas.
-¿De verdad? ¿Qué se te ocurre, Hōbijin?-cuestiona fascinado él. La muchacha de cabello negro sonríe y bebe un gran sorbo de té dejando que una gota intencionadamente resbale por sus rojos labios, su mentón y su cuello.
-No sé…veamos qué tan creativo es, su alteza-bromea ella mirando encantada al hombre que la mira como hipnotizado y sintiendo el efecto de su acto bajo la sábana que lo cubre. El hombre no se hace repetir la invitación y se yergue para lamer la gota de líquido caliente que ya va llegando a la curva de los senos de su mujer haciendo que esta muerda su labio inferior y suspire complacida…
Rei Hino despierta con un suspiro ahogado, casi un gemido que escapa de su garganta ganando un regaño de la bibliotecaria anciana que la mira recriminante desde el mostrador de la biblioteca Nacional de la Dieta. La muchacha se da cuenta que se ha quedado dormida tomando notas de su trabajo de Política Moderna en las instalaciones del acervo bibliográfico del parlamento japonés.
Ella junta sus manos y se inclina en muda disculpa a la anciana y luego recoge sus cuadernos y notas de prisa metiéndolos a su bolso, llevando luego los tres libros que pretendía estudiar al mostrador para después salir de prisa del lugar, pero antes de hacerlo pasa al tocador de damas para mojarse la cara, sabe que lo necesita luego de haber casi vivido lo que el príncipe de la tierra y Lady Mars hicieron con ese té rojo en la habitación.
-Por todos los kamis…ya no puedo más-se queja ella sujetándose del lavabo de manos y mirando su rostro sonrojado y acalorado para después notar un leve hilo de líquido rojo cuya gota resbala por la comisura de su labio y baja por su cuello. Asustada la chica limpia con su dedo aquella traviesa gota que ahora se aloja en el hueco de su cuello y la lleva a sus labios para probarla. El inconfundible sabor de esa bebida roja de su sueño la sacude haciéndola tener flash de los momentos más intensos de aquella escena-¡Maldita sea!-se queja Rei y moja su cara con agua fría.
Sin secarla, pretendiendo que el frío de afuera la hiciera despertar, sale a la calle. Al sentir el aire en su rostro mojado suspira y se va alejando por la acera de la biblioteca en busca de su auto cuando escucha el sonido de su móvil y nota en el identificador de llamadas el número de su Padre. Suspira hondo y toma la llamada.
-Reiko…tenemos que vernos-con su voz autoritaria Takashi.
-Buenas tardes, Otou san, también me alegra escucharte-responde ella con tono irónico.
-¿Por qué dice Haruno san que no recibió tu solicitud para el concurso de becas al extranjero?-lanza sin preámbulos el senador, con la nula diplomacia de todo Hino con otro Hino.
-Simplemente porque voy a la mitad de la carrera, Otou san, así que ir al extranjero no es algo que de momento entre en mis planes, quizá en un año o dos cuando haya aprendido lo que deseo, ahora mi vida está bien así-asegura la muchacha con el mismo tono de su padre.
-Vas a ir mañana mismo a ver al director y a disculparte por tu omisión, además le pedirás la solicitud y la llenarás, vas a elegir el Trinity de Dublín y se acabó la discusión-insiste el político como si no hubiera escuchado los argumentos de su hija.
-Claro, Otou san, ¿También me dirás por teléfono qué ropa debo usar?-con ironía Rei.
-Sin sarcasmos, Reiko, te veo en "Hana no ato" a las siete, cenamos y discutimos el punto-asegura el senador con su mismo tono de mando.
-No puedo, tengo una cita con el médico a esa hora, si te urge, será mañana-asegura ella omitiendo sabiamente el tipo de médico que iría a consultar-Sayounara …
-¡Reiko! ¡Reiko no puedes…!-pero el hombre no logra acabar cuando la chica cuelga el teléfono.
-Gomen, Otou san, pero no estoy para reclamos y debo solucionar antes esto-asegura ella quitando la alarma de su Mazda rojo para entrar en él y aun con su móvil en la mano a mandar un mensaje a Makoto para invitarla a comer.
-"Lo siento mucho, amiga, pero hoy salgo hasta las nueve del restaurante, ¿Lo dejamos para el fin de semana? Así quedamos con Mina y con Sere para una borrachera épica y planeamos su despedida de soltera"-Rei sonríe y le responde a su amiga enviándole un mensaje de aceptación que en un momento se vuelve una cadena de sonidos de alerta en su servicio de mensajería por internet con las respuestas de Minako que se ofrece a presentarles a sus músicos coreanos, la única que no responde nada es Serena, pero para las tres amigas ya no era novedad que la muchacha de coletas se hubiera alejado un poco de ellas por ocuparse mucho de su relación con Darien y de organizar su boda. Incluso Ami en las ocasiones que el horario alemán le permitía seguía participando de las charlas divertidas de todas.
En un alto cerca de Nagatacho, la muchacha responde uno de los picantes post de su amiga cantante, pero grita al darse cuenta de que otro auto ha frenado con fuerza delante del suyo a escasos milímetros de un choque. La chica asustada baja del Mazda rojo orando a todos los kamis que su auto no hubiera dañado el costoso jaguar gris.
-¡Gomen! ¡Gomen nasai!-se excusa la chica ante el chofer uniformado que baja del auto.
-Tranquilícese, señorita, no pasó nada-asegura el hombre mayor.
-Taro… ¿Qué pasa?-se oye la voz masculina y Rei ve bajar el vidrio del auto a un hombre alto, de traje color paja y elegantemente vestido, con cabello castaño oscuro y profundos ojos verdes cuyas facciones varoniles tienen algo de familiar para ella.
-Solo fue un connato de accidente, Chiba sama, nada grave-responde el chofer y ese apellido tiene el poder de remover el viejo recuerdo de Rei. ¡Chiba sama!
-¿Rei? ¿Rei Hino?-pregunta el joven saliendo del auto.
-¡Susumu Chiba! ¡Qué coincidencia!-recuerda ella el nombre del muchacho que alguna vez en su visita a la mansión Chiba en Kobe conoció tocando el piano. Los autos tras ellos comienzan a pitar con desesperación y el alto joven sonríe.
-Hagamos algo, estaciona tu auto y que Taro haga lo mismo con el mío, porque definitivo tenemos que hablar-asegura el joven. Rei asiente y en un momento el Mazda rojo y el jaguar de lujo se estacionan uno tras otro y el elegante joven castaño se acerca al auto de Rei esperando que ella baje.
-Chiba sama…en verdad nunca esperé encontrarlo-comenta Rei. El joven ríe.
-No estuve en Japón casi tres años. Fui a hacer mi carrera a Londres. Sabes que a Oji san le gusta que sus nietos estudien en Japón pero la carrera nos envía al extranjero, quiere que aprendamos y conozcamos mundo-responde el joven.
-Si eso veo. Increíble que haya sido hace tres años que lo conocí en la mansión Chiba-rememora la muchacha.
-Dos cosas…¿Ya comiste? ¿Tienes compromiso con alguien o puedo invitarte? Y no me llames "Chiba sama" solo Susumu, por favor-suplica el joven de ojos verdes.
-Esas son tres cosas Chiba sam…-el joven de ojos verdes levanta una ceja-Susumu kun…-se corrige ella.
-¿Pero cuál es la respuesta?-insiste el chico sonriente. Rei abre la boca para decir su ya típico "Muchas gracias pero tengo algo que hacer" cuando reflexiona un poco recordando las palabras de Makoto sobre dejar todo atrás y se dice a si misma que finalmente comer con alguien no estaba mal.
-Acepto la invitación-responde ella.
-Muy bien. Hay un restaurante llamado "Rigoletto" aquí cerca en Roppongi Hills, comida Italiana. ¿Vamos?-ofrece su brazo el muchacho.
-No veo por qué no-asegura ella y toma el brazo del joven caminando con él entre la gente.
-Solo espero que siga allí. Antes de viajar a Inglaterra me gustaba venir aquí con mi madre y a veces con Oji san-confiesa el muchacho.
-¿Cómo está tu madre? Hace mucho que no veo a Toda Chiba san…-asegura la muchacha.
-Mi madre bien, en nuestra casa de Kobe y sigue dedicándose al arte, ya la conoces, aunque seguro ahora que se sepa la noticia de la boda no estará muy feliz porque no la hayan tomado en cuenta-asegura el joven Chiba. Rei sonríe pero no comenta más-Pues sí, aquí estamos, el mejor restaurante italiano de este lado de la ciudad. Vamos dentro que creo que tienes muchas cosas que contarme-reitera el joven Susumu, y mientras pide mesa para dos en el lugar, Rei se pregunta qué cosas son esas que ella tiene que contarle al primo de Darien, pero no logra comprenderlo…
Tenía bastante tiempo despierto mirándola dormir. Eran ya más de las nueve de la mañana y el sol entraba con fuerza por entre las leves y transparentes cortinas de su habitación. Ambos se encontraban recostados sobre los cojines y almohadones en aquella habitación propia de las regiones desérticas del planeta de las arenas, con una cortina de tela roja transparente cubriéndolos a ambos.
El hombre de cabellera oscura pasaba delicadamente su mirada por cada detalle de las facciones finas y hermosas de la belleza dormida a su lado; sus párpados de largas pestañas oscuras caían con naturalidad sobre sus ojos, esos pozos amatista en donde más amaba ahogarse.
Bajó después su inspección por la frente altiva y por la nariz de esa forma delicada y fina propia de las mujeres de su pueblo, su rostro simétrico y sus labios, esos labios rojos que lo enloquecieron apenas la noche anterior y ahora lucían levemente hinchados. Endymion sonrió recordando el motivo de eso, así como el de esas marcas rojas en algunos lugares del cuello de la belleza de Marte.
Los ojos del enamorado siguen su camino descubriendo con sus ojos azules cada detalle de esa figura estatuaria y fina que se traslucía bajo la leve tela de seda blanca de la sábana, rememorando con deleite cómo la noche anterior había explorado cada rincón de ese cuerpo que ahora estaba unido al suyo por el lazo se sangre del "Unmei no hito".
El príncipe de la tierra tomó la mano delicada y fina de su alma gemela y miró la cicatriz que apenas la noche anterior, bajo el obelisco sagrado de Ishtar, con el anciano sacerdote y las princesas de Urano y Neptuno como testigos, habían hecho ambos, cortando sus palmas. Con mucho amor y reverencia casi mística besó la palma de su mujer, ahora surcada con una leve cicatriz.
-Konichiwa aishiteru yo -escuchó él la voz amada y firme de su esposa.
-Buenos días Hōbijin…¿te desperté?-dulcemente el joven príncipe.
-No. Solo abrí los ojos, tenía un momento sintiendo como fluctúa tu aura cuando me miras-asegura la joven de ojos amatista con tono travieso sonriendo el muchacho y se incorpora un poco de su lecho de almohadones dejando ambos brazos a los lados del hombre pelinegro que la contempla fascinado.
-Me gusta contemplarte, no me cansaré de ello en toda la eternidad-responde el príncipe cuando es cubierto por la cascada de ébano del largo cabello de la princesa de Marte.
-Más te vale no cansarte, Endymion, porque desde ayer eres mío…-añade con tono posesivo ella.
-¿Tuyo? ¿No fue una promesa mutua, cariño?-divertido el muchacho pasando su dedos por el rostro de la princesa.
-Sí, pero yo así lo entendí…así que…-ella toma la mano del joven heredero de Erusion y besa primero para succionar después cada uno de sus dedos ocasionando que los ojos azules de ordinario tranquilos y controlados del príncipe destellaran con una sombra de oscuridad y deseo ante esa leve acción-…estás condenado a ser mío para toda…toda…-insiste la pelinegra bajando ella misma los dedos de Endymion por su propio mentón y cuello hasta el nacimiento de sus senos-…la eternidad…
-No me quejo para nada…bendita condena…-insiste lleno de pasión el muchacho pelinegro atrapando a Rei de la cintura ganando una risa de la muchacha.
-No, no, su alteza, no comprendió bien…ya tuvo demasiada diversión anoche así que hoy…-ella se inclinó hacia él y rozó sus labios con los suyos para después morder su labio inferior ganando un gemido ronco del hombre-hoy yo tengo el control…-susurró la mujer pelinegra mirándolo con deseo evidente en sus ojos púrpuras…
-¡Hey! ¡Darien!-lo sacude alguien con violencia haciéndolo volver de su sueño de forma abrupta y al abrir los ojos solo pudo ver el rostro preocupado de su amigo rubio delante de él.
-¿Andrew?-cuestiona Darien como incrédulo de verlo allí.
-Sí, yo, vengo a que me ayudes en mi exposición de neurología como quedamos y tenía como diez minutos llamando a la puerta sin que salieras, decidí llamarte al móvil y me asusté cuando lo escuché sonar aquí dentro sin que dieras señales de vida así que fui abajo y le pedí tu llave al portero que ya me conoce, entro y estás dormido y casi catatónico aquí sobre tu desayunador-algo preocupado el rubio.
Darien escucha sus palabras tratando de relacionarlas con algo que recordara pero no tiene mucha memoria de cuándo se quedó dormido revisando y corrigiendo el Power Point de Andrew. Agotado frota su frente.
-Disculpa solo…
-Si ya sé, te quedaste dormido. Darien, en serio, ¿No has ido con el psicólogo que te recomendé? Esto ya es grave-opina el rubio levantando algunos papeles que su amigo había tirado al suelo junto al banco alto de su desayunador.
-Iré…lo prometo…debe ser…-Darien se queda en silencio… ¿Qué era lo que le provocaba este sopor, este cansancio, esta persistencia de encontrar en su sueños a…? no se atrevió a pensar siquiera su nombre-…el estrés por las materias de la especialidad y la presión por la boda.
-Ya veo. ¿Y eso?-dudó Andrew señalando sus propios labios haciendo que Darien se toque los suyos y sienta el dolor mirando la sangre-¿Te peleaste con alguien? O Serena se puso sexy anoche…-bromea el rubio golpeando a su amigo con el codo.
-¡Basta ya! ¡No fue eso!-se molesta el pelinegro levantándose y sin controlar el grito molesto que escapa de su garganta. El rubio lo mira extrañado.
-Tranquilo…era solo un comentario y una broma, no quise molestarte. ¿Sabes qué? Me iré a casa, hermano, estás alterado. Me avisas que día puedes y tranquilízate por favor-Andrew se despide de su amigo con una palmada en su espalda-dejo la llave abajo con el portero e intenta descansar. Sayounara.
Darien vio alejarse a su amigo y no lo detuvo, solo bajó la pantalla de su laptop y se encaminó al cuarto de baño de su departamento para ir directo al espejo y mirara la herida de su labio. Al ver la marca de una pequeña mordida comprendió mejor el sentido de la broma de Andrew; tocó sus labios y la descarga de dolor que se extendió por su cuerpo lo hizo revivir en su cabeza las escenas más terriblemente realistas de ese momento entre las almohadas y la alfombra de ese lugar.
-¿Por qué sé que estábamos en Urano y por qué sé que esa mujer era…ella?-duda el joven sin decir su nombre y se moja las manos dispuesto a refrescar su cara, aunque al hacerlo nota una marca extraña en su mano izquierda, no se ve mucho pero allí está, y surca toda su palma-esto no puede estar pasando, no puede ser…-se repite el joven y cierra la llave, saliendo de su baño directo al maletín de su universidad, buscando entre las bolsas delanteras la pequeña tarjeta que hace días le dio su amigo, y cuando al encuentra, toma su móvil y marca el número que allí indica hasta que una voz femenina le indica que han contestado con el típico: ¿Moshi moshi?
-¿Consultorio del Dr. Ikeda?...quiero hacer una cita a Nombre de Darien Chiba…¿Qué horarios tiene disponibles?-cuestiona abatido el muchacho sentándose de nuevo en su banco alto del desayunador-excelente, a las ocho y media…¿Una entrevista por internet?...claro…mi e-mail es mask_chevalier arroba gmail punto com. Muchas gracias-cuelga el móvil y se queda mirando un objeto contra la luz del foco que alumbra su cocina, pues al buscar la tarjeta, se topó con la pequeña joya: un arete de rubí…
Restaurante "Rigoletto" Roppongi Hills.
Luego de ordenar la pasta con mariscos y la lasaña vegetariana, con un excelente vino tinto, el joven castaño de ojos verdes sonrió a la muchacha pelinegra.
-Ahora sí, mientras llega nuestra orden, quiero saberlo todo sobre la boda. La verdad me acabo de enterar ahora que volví y Oji san fue muy parco de palabras y solo me dijo: Si quieres saber detalles, pregúntale a tu primo…-imita Susumu la voz de su abuelo haciendo reír a la muchacha-de hecho me extrañó verlo tan desganado y poco participativo, si no me lo dice no me entero, ¿Han manejado todo muy discreto? ¿El senador no está de acuerdo?-cuestiona el joven
-¿El senador? ¿Mi padre? Él no tiene nada que opinar en la boda de Darien-se extraña Rei.
-Bueno, también es tu boda, infiero que como padre de la novia tiene que opinar-asegura el muchacho de ojos verdes ganando una risa cristalina de Rei-¿Qué pasa? ¿Dije algo gracioso?
-Mucho…Susumu san…yo no voy a casarme con Darien, la boda de él no es conmigo sino con mi amiga Serena, Serena Tsukino, ella y Darien van a casarse-explica la muchacha de ojos amatista ganando una mirada asombradísima del joven Chiba.
-¿Mi primo no se casa contigo? ¡Pero por qué!
-Simple, Susumu san, Darien no me ama, ama a Serena, lo de nosotros fue una…pequeña relación adolescente que no llegó a mas porque no éramos el uno para el otro-repite con seguridad la joven pelinegra comiendo un trozo de pan con toda calma en que sería muy difícil para Susumu Chiba adivinar el tono mecánico en que fueron dichas, como una consigna largamente repetida y memorizada.
-Cuesta creerlo. Confieso que en su momento no me apreció lógico que mi primo mayor estuviera enamorado de una chica de catorce pero al verlos juntos y cuando nos conocimos en la casa Chiba creo que lo disculpé un poco. Me parecían una pareja encantadora, y él se veía muy enamorado, tú igual-opina el joven Chiba.
-Bueno, a los catorce con el primer novio cualquiera puede confundir el amor con una primera ilusión y después darse cuenta de las cosas con el tiempo y la experiencia de vida. Fue lo mejor, créeme, Darien y mi amiga son el uno para el otro, destinados a estar juntos, literalmente, y serán muy felices-añade Rei y la charla se detiene mientras el solícito mesero les deja sus platillos. Luego del "Itadakimasu" el joven Chiba retoma la charla.
-Rei… ¿Dijiste que la chica, la novia de mi primo, es tu amiga?-pregunta el muchacho de ojos verdes.
-Una de mis mejores amigas de hecho-come la pelinegra su pasta con toda la elegancia de una italiana, haciendo sonreí al joven castaño.
-¿Y eso no te molesta?-inquiere Susumu.
-No tiene por qué, Susumu san, como te dije lo que hubo entre tu primo y yo es cosa del pasado. No me molesta para nada, de hecho le ayudo a mi amiga a organizar la boda-comenta como si nada la chica tomando un trozo de pan de ajo de la canasta que han dejado en su mesa.
-Muy bien. No preguntaré más, pero ahora me explico muchas cosas. Mejor nos ponemos al día entre nosotros ¿Te parece, Rei chan? Y para comenzar, deja de decirme el "san" y que solo sea Suu-kun-solicita el joven comiendo también su lasaña.
-En verdad tu y yo hace mucho que no nos vemos y no me parece que eliminar la formalidad sea lo más adecuado ahora-seria y glacial la bella chica ganando otra atractiva sonrisa de Susumu.
-Eso se soluciona fácilmente. Yo acabo de volver a Tokio, he perdido contacto con muchas de mis amistades y en verdad no creo tener intereses en común con algunos ahora que he regresado, así que podemos vernos con más frecuencia, si no te importa…aunque entendería que dijeras que no por tu relación pasada con Darien-añade Susumu Chiba, encendiendo en el acto un lado de la personalidad Hino que no era muy conveniente despertar: El Orgullo.
-¿Y por qué supones que diría que no? Ya te he aclarado muchas veces que no me interesa el pasado, que mi relación con Darien y mi amiga es normal, así que no, Suu kun, no tengo inconveniente en salir contigo algunas veces como amigos-recalca ella eso último con énfasis al notar la sonrisa de triunfo del guapo muchacho que le sirve el vino tinto.
-Brindemos entonces, Rei-chan, por una amistad que reanudamos y que esperamos traiga cosas buenas para los dos-levanta el joven su copa de vino-Kampai.
-Kampai-acepta Rei chocando su copa con la del joven de ojos verdes, maldiciendo en su fuero interno a su maldito orgullo Hino que la hace ponerse tantas máscaras para haber aceptado impulsivamente la amistad de un Chiba, y no cualquier Chiba, sino Susumu Chiba, el primo con quien Darien tenía más rivalidad y más dificultades…¡Por todos los Kamis! ¡Como su no tuviera bastante con uno en sueños ahora tendré a otro en la vida real! Se queja la pelinegra.
Consultorio del Dr. Ikeda.
La joven pelinegra espera en la sala, decorada con todo el estilo de Feng Shui, a ser atendida por el psicólogo que le recomendó Makoto. Aun sentada y aguardando por su consulta, debe dominar una y mil veces el impulso de retirarse corriendo… ¡Ella en el psicólogo cuando nunca ha creído en eso!...pero tenía que confesarse que debía hacerlo, de hecho haría cualquier cosa para que esas pesadillas con el novio de su mejor amiga acabaran ya. Rei mira una revista de forma distraída, mirando igualmente su reloj de pulsera y el de péndulo que cuelga de la pared del frente, y de repente sus ojos se entrecierran un poco pero ella se resiste, aun intentando abrirlos. "No dormiré...no aquí…no ahora" se repite en su mente la fuerte sacerdotisa usando todo su autocontrol. "Gomen, Reiko, aunque no lo entiendas es necesario, tienes que recordar…" escucha en su mente una voz tan parecida a la suya que juraría es la misma… y luego…
La joven de cabello negro, usando su armadura oficial de princesa de Marte, avanzaba aquella mañana por los pasillos del reino lunar, en silencio, meditando el resultado de su entrevista con la Reina Serenity y con su consejera, Luna.
Pensativa y con el ceño fruncido, en vez de ir directo a sus habitaciones, se dirigió al Domo de entrenamiento deseando con todas sus fuerzas encontrar a Lady Júpiter, su incansable compañera de ejercicios matutinos, porque tenía unas ganas terribles de golpear a alguien, y Makoto siempre estaba dispuesta, más aún, era la única que aguantaba sus desahogos temperamentales.
Sin pensarlo mucho abrió de golpe la puerta del domo de entrenamiento y la cerró tras de sí con un sonoro portazo que denotaba el nivel de estrés acumulado y lanzando una maldición en lengua de marte al darse cuenta de la soledad del lugar. Aún a pesar de ello intenta tranquilizarse y se quita las botas que son parte de su atuendo oficial caminando dentro de la zona acolchonada de la duela de entrenamiento hacia el centro de esta mientras afloja su peto de armadura, la cual retira así como su protector de la cintura y la saya de su katana, dejándola con el respeto debido a un lado de la duela e inclinándose con ambas manos en el suelo hasta juntas en ellas su frente y pronunciar el "Domo arigatou" al espíritu de su armamento por permitirle usarlo.
Podía estar furiosa y celosa y molesta pero jamás dejaría de honrar sus tradiciones familiares y militares. Finalmente, se retira la blusa negra de cuero que cubría su tórax y queda solo con los vendajes que recorrían su pecho cruzados de forma estudiada para darle soporte y protección, y con su entallado pantalón negro de cuero caminando descalza por la duela de entrenamiento hacia el arsenal de la pared, eligiendo un bastón largo de madera y comenzando a hacer con él una serie de movimientos ágiles y coordinados, atacando a un enemigo imaginario delante de ella y dejando escapar de sus labios controlados "ia" y "too" conforme atacaba.
El bello rostro de la joven se va cubriendo de perlas de sudor conforme su ejercicio se hace más veloz, más violento, más intenso, y su respiración se agita dejando salir la tensión acumulada.
"…es así como yo, la Reina Serenity, soberana del reino lunar, solicito al canciller de Erusion el cumplimiento del compromiso político contraído por su difunto soberano y padre del príncipe Endymion en que su hijo y mi hija contraerían matrimonio a los 16 años de la princesa de la Luna para unificar en uno solo reinos que antes fueron el mismo…"
La princesa de Marte repetía en su mente aquellas palabras que la madre de la princesa de la luna le dictó hace unos minutos en su despacho real, mandando llamarla a ella en específico para que transcribiera su misiva en lengua de Erusion, sabiendo su amplio conocimiento de esta y varias más de la galaxia, y Reiko Hino de Marte tuvo que hace uso de todo su autocontrol para que su mano no temblara al escribir cada palabra.
Sin embargo el entrenamiento de la muchacha es interrumpido cuando siente unas fuertes manos rodear su cintura y un aliento cálido murmurar en su oído…
-…adoro verte entrenar, oler tu aroma, sentir tu sudor…aunque las ropas que usas ahora no entran en mi fantasía, Hobijin…-pero las palabras del hombre mueren en sus labios al sentir enterrarse la punta del bastón de madera en su abdomen lanzándolo al suelo y debe hacer uso de toda su agilidad para girar y evitar el golpe en su pecho, poniéndose de pie, aunque no prevé que el codo de la chica se clave con fuerza en su hígado ganando un grito de dolor y haciéndolo caer de rodillas.
-¡Por qué demonios nunca me dijiste que estabas prometido con la princesa de la luna!-espera la mujer con voz airada, fiera, terrible; Endymion, que no conocía el miedo a ningún enemigo al que se enfrentara en su planeta o fuera de él tiembla al ver el destello de fuego en sus ojos amatista.
-Ho…Hōbjin hay una explicación…¡La hay!-intenta hablar el cómo puede pero el golpe es implacable; la punta del bastón de madera en su plexo haciéndolo caer de espaldas y en un segundo siente sobre él a la mujer que amenaza su cuello con el mismo.
-¡Tienes treinta segundos para convencerme de no asesinarte!-amenaza la de ojos amatista con voz fiera.
-Hino san…¡Hino san!-la saca de las profundidades de ese sueño la voz de la recepcionista del consultorio que la sacude un poco del brazo, haciendo que habrá sus ojos de golpe.
-¡Que pasa!-alarmada la muchacha de ojos amatista.
-El paciente de las seis salió hace diez minutos y he tratado de avisarle que el Dr. Ikeda la espera; parece que se ha quedado dormida-comenta la mujer madura.
-Gomen nasai-se escusa Rei y se pone de pie, aunque al hacerlo se da cuenta que la revista que estaba leyendo de alguna manera había terminado enrollada y rota en su mano derecha-anexe el costo de la revista a mi cuenta, por favor.
-Descuide y pase, ya la esperan-sonríe la mujer mayor. Rei asiente y dejando la destruida revista sobre la mesa avanza hacia la puerta de caoba, llamando con los nudillos antes de pasar.
-Adelante-escucha la apacible voz masculina dentro y abre la puerta para pasar.
-¿Ikeda sama?...disculpe la tardanza-se excusa ella inclinándose con respeto ante el individuo bajito, calvo y de antojos que en contraste tiene una sonrisa apacible y un aspecto ascético de monje budista.
-Hino san, adelante, la esperaba hace diez minutos. Estuve leyendo la encuesta de historial médico y su ficha personal mientras llegaba-invita a pasar el hombre y le señala un sillón en la hermosa sala estilo feng shui; Rei se sienta en un sillón individual.
-Maravilloso, eso ahorra casi media hora de preguntas…¿Verdad?-aun algo desconfiada ella mirando al pequeño individuo que le sonríe.
-¿Problemas de sueño?...eso no es muy específico-entra en materia el inteligente psicoanalista dándose cuenta del sentido del tiempo de esta mujer.
-Su encuesta en internet tampoco lo es, solo se puede elegir una opción-regresa Rei ganando una risa franca del médico.
-Es la primera vez en mucho tiempo que un paciente me hace reír. Buena contradefensa, Hino san, creo que tendré que reestructurar un poco mi formato-acepta el hombre quitándose los anteojos y limpiándolos con una talita que saca de su bolsillo-entonces, luego de disculparme por la imprecisión de mi encuesta, dígame, Hino san, con toda la especificidad que guste, qué son "problemas de sueño".
-Verá, Ikeda san, en verdad no me siento muy cómoda visitando a un psicoanalista, soy una mujer práctica, solo vine porque he probado todo lo posible y hasta lo imposible para evitar que esto continúe porque está arruinando mi vida-frota ella su frente.
-¿Pesadillas?-inquiere el psicoanalista.
-No lo sé-se resigna ella-lo llamaría mejor "Sueños vívidos" son de ese tipo de sueños tan reales que dejan sensaciones, olores, colores, marcas en la piel-insiste ella desesperada.
-Marcas en la piel que no se hace usted misma-añade Ikeda.
-No podría…-Rei suspira y baja el cuello de tortuga de su suéter morado mostrando las marcas de los moretones. Ikeda las mira atento un momento-se lo que está pensando, que soy una chica con un novio un poco entusiasta, pero no es así, Ikeda san, no tengo novio, no he salido con nadie en 3 años y…es imposible que las haya hecho yo.
-¿Sueños eróticos?-lanza el inteligente hombre calvo.
-Demasiado eróticos-confiesa ella-antes solo por las noches, pero ahora me asaltan a horas del día que ni siquiera son normales. En medio de mis clases, en mi trabajo, en la biblioteca-enumera abatida- Esto le parecerá demente, pero cuando cierro los ojos no tengo las marcas, y cuando los abro de repente allí están, y duelen y…-otro suspiro- Es patético, lo sé, creo que debo irme, solo estoy perdiendo mi tiempo y haciéndoselo perder a Usted, nadie va a creerme-se levanta la muchacha y tomando su bolso intenta irse. Ikea la sujeta del brazo, aun sentado en el sillón.
-Hino san, hagamos algo. Decididamente usted no cree que yo pueda hacer algo por Usted, ayudarla, eso es evidente, así que le propongo tomas las tres sesiones de rigor y después, si no se siente al menos aliviada, siga adelante y no regrese. No me vea como médico, solo como una persona ante quien puede decir lo que sea y que la escuchará sin juzgarla. No la conozco, no me conoce y lo que diga en estas cuatro paredes, se quedará en estas cuatro paredes. A veces alivia solo poderlo contar….¿No le parece?-inquiere el hombrecillo de gafas mirando los ojos amatista de ella con los suyos oscuros y calmados.
-Me parece justo. Que sean las tres sesiones de rigor entonces-regresa Rei al sillón, convencida con la actitud tranquila del psicoanalista. Ikeda le ofrece unos chocolates trufa que guardaba en una bombonera al lado de su lámpara. Rei los acepta enseguida.
-Entonces, Hino san… ¿Es con una persona específica con quien tiene dichos sueños o no le identifica?
-No al inicio, pero hace poco se de quien se trata-termia Rei su chocolate-y creo que aquí viene el motivo de mi desesperación. Es el prometido de mi mejor amiga-añade ella espiando las reacciones del psicoanalista al decirle eso, pero no hay tal reacción, ni una señal de disgusto o sorpresa, solo la misma sonrisa apacible.
-Nos quedan cuarenta minutos, ¿Le bastan para contarme su historia con el prometido de su mejor amiga?-cuestiona Ikeda. Rei asiente con repentina confianza y se acomoda mejor en el sillón suspirando hondo antes de comenzar.
-Yo…lo conocí a los 14 años y…fuimos novios un tiempo-inicia ella bajo la atenta mirada del psicoanalista.
Cuarenta minutos después, la muchacha abandona el consultorio, luego de pagar a la recepcionista, un poco más aliviada y tranquila, agendando la cita para la semana siguiente y encaminándose a donde estaba estacionado su Mazda. Justo cuando ella cruza la calle, un hombre va llegando al consultorio, montando una motocicleta negra, y al quitarse el casco la ve cruzar la acera sin dudar que acaba de salir del mismo lugar al que él va.
Darien Chiba no puede creer que la mujer de la que lleva huyendo dos semanas esté justo en el consultorio del psicoanalista al que va a visitar ese mismo día, y aun recordando los flash de su primer sueño de hace unos momentos, prefiere dejar que la clara causante de invadir sus pensamientos se haya alejado, principalmente por su ya muy maltratada salud mental. Baja de la motocicleta y espera, oculto al lado de un teléfono público, a ver alejarse el auto rojo por la calle. Una vez que respira mejor, entra en el consultorio mirando a la recepcionista que de espaldas a él alimentaba a los peces de la pecera del lugar. Rápidamente sus ojos abarcan el escritorio donde puede leer "Nishida Kyoko".
-Buenas tardes. Darien Chiba. Tenía cita con el Dr. Ikeda a las ocho treinta-comenta el muchacho.
-¡Oh! Chiba san, sí, claro agendé su cita. ¿No es un poco temprano?-revisa su computadora la mujer mayor.
-Llegué antes. Puedo esperar.
-No no…la paciente anterior terminó de prisa.
-Disculpe, antes de entrar, afuera hay individuo que pregunta por Kyoko Nishida, parece empleado de servicio postal o algo así.
-¡Por el Kami! Debe ser mi suscripción a la revista…Chiba san, aguarde aquí por favor, enseguida lo atiendo-corre la dama tomando su bolso y móvil y saliendo del lugar. Darien sonríe y espera que se haya alejado, en cuanto se cierra la puerta rodea el escritorio y mueve el mouse de la computadora de escritorio abriendo el buscador de la computadora en el que teclea con claridad "Hino Reiko" esperando que busque los archivos.
De prisa aparece una hoja de cálculo con el pago de la sesión hace unos minutos, y dos documentos de Word, con su entrevista inicial. Los ojos azules del médico recorren los datos que el también llenó por internet hasta dar con la pregunta final: "De las siguientes opciones, marque con una cruz la que es la más cercana a la problemática en que necesita ayuda"…. "Problemas de sueño".
-¡Lo sabía!-grita el muchacho y no logra comprender por qué aflora a sus labios una sonrisa satisfecha, quizá demasiado satisfecha, que solo borra de su cara el taconeo que anuncia el regreso de la recepcionista, apenas dándole tiempo de cerras los archivos y correr a tumbarse en el sillón fingiendo mirar una revista totalmente destruida.
-No lo encontré, quizá se fue. Dificultades de estar en una oficina interior, no damos hacia la calle, si supiera, Chiba san, todos los empleados postales que se van por no encontrarnos-se queja la mujer mayor.
-Sí, suele pasar-inocente el joven.
-Ya no lo hago esperar más, Chiba san…-se sienta la mujer en su silla y presiona el comunicador-¿Dr. Ikeda? El paciente de las ocho treinta está aquí.
-Hágalo pasar, Kyoko-escucha Darien la voz apacible de Ikeda.
-Adelante, Chiba san-ofrece ella y el muchacho de ojos azules se levanta del sillón con una sonrisa enorme.
-Arigatou- agradece el dejando perpleja a la recepcionista. ¿Cómo alguien que sonríe con tanta felicidad puede necesitar un psicoanalista?...no logra explicárselo, así que regresa a su trabajo de trascribir historiales médicos.
Templo Hikawa. Diez de la noche.
La muchacha de cabello negro con chihaya roja avanza por los pasillos del templo shintoista respondiendo el móvil.
-…tranquila, mañana no puedo porque tengo cena con Otou san, pero pasado mañana te recojo de tus clases de regularización a las siete y vamos directamente por Mako y al "Toshino" a revisar eso. A mí no me llamaron por ese detalle.
-Perfecto, mañana como con mi Darien en mi restaurante favorito de comida francesa, así que no hubiera podido ir. Es mejor mañana…aunque…¡Qué voy a hacer, Rei chaaaan! Si no puedo tener la fiesta en el "Toshino" estoy muerta, era el sitio perfecto para mi recepción de bodas.
-Oye, Odango, no hagas dramas antes de tiempo, confía en tu organizadora estrella, o sea yo, y espera a que mañana visitemos a la gerente, te prometo que lo solucionaremos-segura la muchacha.
-Ya veo. Rei chan…por cierto…¿Por qué no respondías el móvil por la tarde? Te marque como quince veces para contarme mi desgracia.
-Diecisiete-aclara la pelinegra-verás, Odango, lo que ocurre es que estuve en el médico y luego salí a cenar con Sean kun.
-¡JOOOO! ¿El chico irlandés? ¿Al fin salen? ¿Lo vas a llevar a mi boda?
-Detén tus pensamientos y suposiciones, Odango boda, solo salimos como amigos y ya. Y para que tú y el resto deje de alucinar, Sean kun tiene novia en Dublín y se casará cuando acabe la carrera en Meiji.
-¡Qué pena! Tan guapo que es. Bueno, igual llévalo a mi boda, prefiero que vayas con él a que no vayas con nadie.
-Ya veremos. Por lo pronto haz dos cosas. Guarda la calma y confía en tus amigas. ¿Podrás?-inquiere Rei abriendo la puerta del cuarto de meditación en que Phobos y Deimos le dan la bienvenida graznando desde el palo de madera en que la esperaban cuando estaban dentro.
-Claro, Rei chan, eres la mejor…y no te olvides de mis clases de etiqueta que empezamos el Lunes.
-Eso será toda una odisea, Odango baka, pero en fin… todo sea por mi amiga cabeza de chorlito-
-Así me quieres, Rei chan, lo sé.
-Es verdad, así te quiero. Ahora anda a descansar y no te preocupes por nada. Oyazumi, Sere.
-Oyazumi, Rei chan-cuelga la rubia y Rei solo sonríe dejando el teléfono sobre una mesita para quitarse los zōri y caminar solo con sus tabis en la duela hasta donde espera la flama sagrada. Al llegar frente a esta se coloca en posición de seiza y cierra los ojos colocando la mano izquierda sobre la derecha y uniendo sus pulgares para comenzar a relajar su respiración.
-Espíritu de la flama…Fudō Myō-ō…por favor muéstrame el motivo, el origen de que mi alma se atormente con estos sueños. Tiene que haber uno, debe haberlo…-llama ella con sus ojos cerrados preguntando su respiración al tiempo que crepita la llama y los dos cuervos graznan con fuerza-he buscado la respuesta tanto…tanto…hasta agotarme sin encontrarla... ¿Ya no soy digna del don que me obsequiaste?-abre sus ojos ella, con gruesas gotas de sudor resbalando por su frente mirando la flama sagrada y tratando de encontrar de nuevo sus respuestas-Gran Kami, señor Inamovible, Onegai Shimazu…tienen que desparecer estos sueños, estos sentimientos…-suplica ella y de repente la flama crece de forma descomunal lanzando una poderosa energía que mueve las cosas a su alrededor pero ella no se aparta, a pesar de que las puntas de sus cabellos negros se alcanzan a quemarse levemente.
De repente, una sombra se materializa dentro del fuego, y la valiente sacerdotisa aguanta sentada en su misma posición con su ceja izquierda levantada y sus manos presionadas, esperando ver a su Kami guardián, pero en su lugar se materializa una réplica exacta suya, una mujer con su cara, su pelo y su cuerpo envuelta en un vestido rojo elegante y extraño, solo sus ojos, son unos ojos púrpuras penetrantes y su sonrisa es irónica y algo burlona.
-Al fin nos vemos de frente, Reiko-habla la aparición en una lengua que no es japonés y que Rei no entiende por qué puede comprender.
-¿Quién eres tú? ¿Por qué apareces cuando invoco a Fudō Myō Omi kami?-inquiere la muchacha en su lengua materna. Una risa de la mujer exacta a ella es la respuesta.
-Porque es en estos momentos y en tus sueños en donde abres los puentes al pasado, y por medio de esos puentes es que yo emerjo y logro tomar posesión de ti, de tu mente, de tus sueños y claro, de tu cuerpo…
-¡Dime quien eres! ¡Qué pretendes atormentándome así!
-¿Quién soy?...tu persona pasada. Quien fuiste hace tantos siglos que seguramente lo has olvidado. ¿Qué pretendo? Evitarnos un futuro terrible a ti y a mí y subsanar los errores que cíclicamente vamos cometiendo. Sé que dentro de ti me reconoces, más de una vez te he permitido tomar posesión de mis memorias y sentir esa parte de verdad que han eliminado de todos lados menos de nuestras almas-habla en esa lengua extrañamente familiar la aparición de la flama.
-No entiendo… ¿Para qué tengo que revivir esas…pesadillas?
-¡Pesadillas! Niega que jamás en mucho tiempo de has sentido más viva, más amada, más deseada y más completa. Escucha, Reiko, el motivo de que él y yo invadamos sus sueños es justamente para evitar que sigas cometiendo el mismo error cíclico que te aleja de tu amor verdadero… ¡No puedes permitir que él se case con otra o vas a arrepentirte todas las malditas vidas que te queden! ¡Lucha por él!
-¡Cállate! ¡Silencio!-molesta y tocada en lo más hondo de sus sentimientos la muchacha se pone de pie violentamente, sudorosa y afectada y da media vuelta para huir del cuarto de meditación.
-¡No vas a poder huir de mí, de él, ni de tus sentimientos! ¡En cuanto cierres los ojos vas a revivir esa escena en el domo de entrenamiento y vas a sentir vibrar de placer cada poro de tu cuerpo! ¡Y así será hasta que lo enfrentes, Reiko!-escucha ella la voz en ese lenguaje antiguo y extraño, abriendo las puertas corredizas para correr aun sin sus zōris por el patio japonés del templo hasta la fuente de agua donde se inclina y toma agua helada con la que se moja el rostro, dejándose caer en el pasto de rodillas.
-¡Por el Kami!... ¿Ahora qué haré?-se queja la muchacha comprendiendo por primera vez en mucho tiempo que sus sueños eran más que simples sueños, que estaba siendo juguete de un poderoso espíritu del pasado, uno que se negaba por todos los medios a reconocer como el suyo…
Nunca había tocado nada más delicado que su piel de porcelana, nunca había besado nada más dulce que su piel ni nada más adictivo que sus labios rojos, jamás lo habían mirado con el fuego devorador de esos pozos amatista cuando lograba por la magia que solo él conocía bien, transformar la furia de una de las guerreras más poderosas de la galaxia en pasión infinita hacia él, y de eso el príncipe Endymion se sentía orgulloso.
Con manos ansiosas mientras la devoraba a besos se iba deshaciendo de la venda blanca que mantenía oculto su pecho; hacía tiempo que la ropa de él había quedado casi desgarrada en el suelo y ahora lo único que la separaba de sus apetitosos senos era esa venda maldita. Una risa irónica y divertida de la belleza de Marte que queda a horcajadas sobre él en la duela del domo es la respuesta a sus apuros.
-¿Quieres explicarme como terminamos así, si hace cinco minutos deseaba arrancarte la cabeza?-pregunta ella dejando sus manos en el pecho del pelinegro.
-MMM…después de que te confesé los motivos del absurdo compromiso de mi padre y te dije que ninguna fuerza en la galaxia me alejaría de ti, me besaste, te besé y el resto contigo y conmigo solo es consecuencia, Hōbijin-responde el príncipe de la tierra logrando al fin encontrar el inicio de la maldita venda y comenzar a desenvolverla del torso de su amada que lleva sus brazos a su nuca recogiendo su cabello y permitiéndole hacer eso con más libertad-voy a hablar hoy mismo con la Reina antes que envíe ese pliego, y sabrá que eres mi esposa.
-¿Y si se opone o se molesta o provocamos un problema entre tu pueblo y la Luna?...no quiero eso, Endymion-angustiada Rei.
-No me importa la guerra ni cualquier amenaza con tal que sepan que eres mi mujer. Debí decirlo a los cuatro vientos en cuanto llegamos aquí, debí callar los rumores, debí…-él se queda en silencio mirando con adoración el torso desnudo de su amada cuando logra deshacerse de los vendajes.
-¿Y si no nos creen?...hay una extraña sensación en mi interior con todo esto, Endymion-confiesa al fin sus temores la muchacha.
-Hōbijin, tranquila, si no nos creen, Haruka y Michiru pueden atestiguar con el sacerdote de Urano que estamos casados…escucha, mañana mismo arreglaré esto, todos sabrán que eres mi esposa y que nada en el mundo va a separarnos ni en esta…-él toma la mano de la muchacha uniendo su palma derecha con la iz quierda de Rei, y ambos sienten arder la cicatriz de sus manos-ni en mil vidas que nos quede por vivir…aishiteru, Hōbiji…-usa él la palabra más sublime de amor en la lengua de su esposa.
-Aishiteru, Endymion-responde ella que ahora lo besa con fuerza, con pasión, con amor y entrega, repitiéndose en ese beso que sus miedos y sus inquietudes deben desaparecer, Endymion la ama igual o más que ese día que lo vio por vez primera en el mercado de Urano y ella lo adora, lo necesita, sabe que es su "Unmei no ito" y ahora que lo ha encontrado, no dejará que nada ni nadie lo aleje de su lado…
Darien despertó de golpe, agitado, sudando, se sentó en la cama y no pudo evitar sonreír, era una forma increíble de despertar, dejando de lado lo extraño de un sueño erótico tan real y tan vívido que aún podía sentir el dolor de los golpes que ella le dio mezclados con el enorme placer y amor que desbordaba cada poro de la piel de la mujer de cabello negro, casi idéntica a Rei, excepto por el brillo púrpura y casi demencial de sus ojos.
El joven médico encendió la lámpara y se acercó a ver la hora en su reloj del buró: Las dos de madrugada. Al quitarse las sábanas pudo notar con algo de asombro que el sueño había sido demasiado real, muy real, porque las señales de los besos y caricias compartidos con la mujer fascinante y posesiva de su sueño eran evidentes en su cuerpo.
-Demonios…una ducha fría-se dijo a sí mismo y se levantó caminando al baño, donde se quitó el short de dormir y su camiseta blanca de tirantes, aunque al hacerlo pudo ver perfectamente los moretones en su pecho, igual que si el bastón de madera con que ella lo atacó en su sueño en efecto lo hubiesen golpeado, revisa más abajo y en la zona de su hígado luce otro terrible moretón enorme y en efecto todo su cuerpo duele como si lo hubiese agarrado a golpes una pandilla de Shibuya.
El muchacho abre la regadera y entra en el agua helada dejando que esta relaje sus adoloridos músculos y tranquilice su aun acelerada mente que sigue reviviendo una a una las escenas de ese sueño que no precisamente puede calificar de pesadilla.
Mientras el agua fría lo moja, Darien Chiba pone en orden sus pensamientos. Siempre había sido un muchacho tranquilo y ordenado, que no pedía a la vida más que hacer las cosas correctas para todos, porque lo correcto era querer a Serena, lo correcto luego de ser novios era darle el anillo, presentarla ante su familia, casarse, hacerla feliz, cosa que no le sería difícil…¿Qué demonios pasó en su vida desde que le dio el anillo para que estos sueños comenzaran a tomar posesión de su cabeza? ¿Y con Rei?
Recordó las palabras del sabio y prudente psicoanalista que enseguida le fe simpático y confiable:
-Quizá en tu interior aun sientes remordimiento por nunca haberte despedido de ella ni haberla terminado como debe ser, puede que si solucionas ese detalle, si le pides perdón y ella te disculpa, cierres ese ciclo y puedas dejar de lado los remordimientos que te hacen tenerla en su subconsciente- En parte, Ikeda tenía razón, sí le daban fuertes remordimientos que las cosas con Rei hubiesen acabado de esa forma. Por otro lado, esto era más que tenerla en el subconsciente, era tener su imagen en la cabeza diario, su aroma en la mente y sus besos en los labios, era terrible, alucinante, preocupante.
-Mañana hablaré con ella, no me importa cómo, hablaremos, no me podrá negar que le pasa lo mismo y…-Darien cerró la llave y miró la palma de su mano derecha, donde aquella extraña cicatriz había aparecido de nuevo-y voy a cerrar ese ciclo…lo haré…-decide el muchacho, aunque sin que él se dé cuenta, en el espejo de su baño, una figura de un hombre exactamente igual a él, vestido de armadura gris, sonreía irónico con un brillo en sus ojos azules.
-Darien estúpido, no puedes hacer nada contra ella, no podemos ni tu ni yo, somos suyos más allá del tiempo- habla al sombra del príncipe Endymion en esa lengua desconocida y milenaria…
Templo Hikawa, día siguiente, ocho y media de la mañana.
La muchacha pelinegra había terminado su desayuno luego de sus deberes matutinos como miko y en ese momento iba saliendo del templo, después de despedirse del abuelo. Aquella mañana había elegido para vestir un elegante short-falda negro con rayas blancas, sus tacones altos, una blusa de satín negro debajo y una chamarra que Minako le regaló en su pasado cumpleaños de los mismos tonos, negros y blancos, con su cabello negro suelto, solo sujeto con una pinza para que no se le fuera a la cara, cargando su maletín del colegio y comiendo unos mochis calientes que su abuelo había preparado.
Al salir y pasar por el kami-dana, se detuvo y aplaudió dos veces, con respeto, para continuar su camino hacia las escalinatas.
-MMM…delicioso…¿Son esos mochis? Tengo más de dos años que no como uno-escucha ella la voz varonil a sus espaldas y gira mirando aparecer al sonriente muchacho de cabello castaño oscuro y ojos verde oliva que le sonríe.
-¿Susumu? ¿Qué haces aquí?-inquiere la muchacha al ver acercarse al atractivo muchacho que viste pantalón gris, camisa blanca y chamarra del mismo tono, con sus lentes oscuros en la cabeza.
-Pregunté en la zona por el templo Hikawa, recordé que aquí vives y para mi fortuna es un lugar muy popular, todo mundo sabe de él.
-No me refiero a cómo me encontraste sino a qué exactamente haces aquí-insiste Rei.
-¿Me invitas unos Mochis y te cuento? O llevas prisa-pregunta el joven.
-Iba a volver a la biblioteca Nacional ayer dejé notas si hacer, tengo clases de once a seis y cena con mi Padre a las siete-responde la pelinegra.
-Entonces puedo robarte unos momentos ¿Verdad?-sonríe Susumu Chiba inclinando su alta estatura a la altura del bello rostro de Rei y sonriéndole encantadoramente. Rei solo suspira y camina delante, seguida del joven que no desaparece su sonrisa triunfal y que no puede dejar de mirar desde su ventajosa posición tras ella sus piernas torneadas.
Rei se detiene en una jardinera lateral de Hikawa y se sienta en el borde. Susumu solo apoya su rodilla en esta y la mira atento.
-Dime qué necesitas-lanza ella con tono serio que ensancha la sonrisa del muchacho.
-Primero un mochi…y luego hacerte una pregunta-indica el joven Chiba. Rei sonríe y le alarga la bolsita de papel en que se encuentran los panecillos de arroz. Susumu la toma y enseguida saca uno comiéndolo con apetito-¡Son deliciosos!
-Mi abuelo es un excepcional cocinero.
-Se nota, es lo más rico que he comido desde que volví a Japón-asegura él-Rei chan…¿Te molesta mi presencia?-cuestiona.
-Me sorprende. Apenas ayer nos vimos y…
-Y aceptaste que fuéramos amigos y dijiste que podíamos salir algunas veces.
-Lo dije, pero ahora, Susumu, analizando las cosas, creo que ayer no pensé bien lo que decía. No me parece apropiado salir contigo en plan de amigos-reitera ella.
-¡Maravilloso! Porque honestamente no me interesas como amiga. Eres demasiado bella como para pretender ser solo tu amigo-asegura el muchacho intentando tocar su íerna. Rei se pone de pie molesta y le da una sonora bofetada.
-¡No vuelvas a intentar tocarme sin mi consentimiento! No hay más que hablar, Chiba san, se acabó la confianza y volvemos a la fría cortesía de siempre-cortante la muchacha, pero Susumu Chiba la toma de la muñeca y la mira con la misma sonrisa de lado que tenía siempre.
-¿Por qué te pones así? ¿Te molesta que sea yo, el primo de tu ex novio, quien te quiere cortejar?-insiste el joven-si es así entonces mentiste y él aun te duele-ella se deshace del agarre del joven castaño y lo mira molesta.
-No es lo que crees, Susumu kun, lo que ocurre es que para tu desgracia te conozco de antes y sé el tipo de relación de rivalidad extrema que siempre has tenido con Darien. Nunca has comprendido que Chiba sama lo eligió como heredero por algo que tú no tienes ni tendrás jamás, por su buen corazón, porque no es ambicioso y porque es un hombre honesto. Seas tú o sea quien sea yo jamás acepto nada que no sea amistad con ningún hombre… pero en tu caso sí, aun con más cuidado, porque sé que serías perfectamente capaz de pretender conquistarme solo para molestarlo a él, demostrarle cosas que en tu enfermiza cabeza supones que lo dañarán…¡Sorpresa, Susumu!-dice ella sumamente molesta mirándolo con esos ojos púrpura penetrantes y acusándolo con el índice-¡Yo a Darien no le importo, no le intereso, ni siquiera le preocupa que yo exista en este Universo!...así que puedes planear mejor tu siguiente jugada en su contra porque conmigo no lograrás nada-acusa ella dejando sentado en la jardinera al joven que la observa asustado de sus palabras.
Sin despedirse ni decir nada, Rei le arrebata la bolsita de papel con sus mochis y dando media vuelta se aleja de allí, dejando a Susumu Chiba sentado en silencio, analizando las palabras de la bella chica; mucho de lo que dijo, si no es que todo, había sido cierto, esas eran sus intenciones desde el día anterior pero no le sorprendía que Rei Hino las hubiese adivinado, desde que la conoció en casa de su abuelo le quedó claro que era madura e intuitiva, lo que había dejado mudo y pensativo había sido esa lágrima cristalina que se había formado en los ojos amatista de ella cuando le gritó que a Darien ella no le interesaba.
-¡Maldita sea tu suerte, Darien!…ella aun te sigue amando-dedujo Susumu Chiba golpeando con su puño el tronco del árbol de aquella jardinera de Hikawa, sin entender el motivo de su repentina rabia contra su primo. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué las palabras de Rei lo afectaron tanto?
Universidad Meiji, seis de la tarde.
Rei iba saliendo de clases entre un grupo de compañeros que la felicitaban por su defensa de la postura económica del neoliberalismo en la clase de economía, y al llegar a la puerta, el grupo se dividió yendo cada uno por su lado, solo el alto joven irlandés caminaba al lado de Rei.
-Es que fue asombroso, dejaste callado al Dr. Steiner y es una eminencia. De verdad, Rei chan, naciste para defender puntos de vista, ¿No pensaste jamás en leyes?.
-Para nada, Sean kun, no me visualizo de abogado-responde ella caminando con el muchacho hacia el Mazda en la zona de estacionamientos.
-Pues hoy yo sí te visualicé como una decidida y bella abogada ¡Vaya clase! Nadie la olvidará-afirma Sean emocionado; Rei iba a decir algo más pero las palabras mueren en sus labios al darse cuenta de quién espera recargado en su auto. El muchacho pelinegro que viste pantalón gris y la perturbadora camisa rosa la espera y la mira con una sonrisa que paraliza sus sentidos un momento.
-Rei…-deja salir Darien ese nombre al mirarla, sin ocultar el asombro de sus ojos al detenerse en la muchacha.
-¿Darien?-recupera ella el control de sus nervios. Enseguida los ojos azules se posan en el irlandés que observa la escena curioso-¿Qué haces aquí?-duda ella.
-Tenemos que hablar. Es urgente…y privado-enfatiza el pelinegro aquellas palabras clavando sus ojos amenazantes en Sean O´Farrell.
-Lo lamento, Darien, pero ahora no tengo tiempo. Sean y yo tenemos algunas cosas pendientes-responde Rei y alarga su mano con la llave para abrir la puerta del Mazda, pero él detiene su muñeca mirándola a los ojos.
-Por favor. Es…sobre el entrenamiento de jodo-se atreve a decir él ganando una mirada asustada de Rei, que clava sus ojos amatista visiblemente espantados en los azules del muchacho. Ella se deshace del agarre de su mano y mira al joven irlandés.
-Sean kun… ¿Podemos dejar para mañana lo de la revisión del ensayo?-pregunta Rei.
-Tranquila, Rei chan, no corre prisa alguna, mañana nos vemos y nos ponemos de acuerdo-accede el alto extranjero y se acerca a ella besando su mejilla, ganando otra mirada amenazante del pelinegro a su lado-excelente debate hoy, te llamo.
-Arigatou, Sean kun-sonríe ella.
-Sayounara, gusto conocerlo-se despide cortés el muchacho irlandés sin recibir respuesta de Darien que lo sigue mirando de forma amenazante hasta que se pierde entre los autos del estacionamiento.
-¿Podemos ir a algún lugar a hablar? Un café o algo así-pide el joven.
-No-cortante ella-aquí mismo en los jardines. Sígueme-ordena la joven de ojos amatista con tono serio caminando delante de Darien que un momento, al igual que su primo unas horas antes, no puede evitar mirar las piernas de la muchacha, pero enseguida la alcanza corriendo.
-Rei…espera, espera-llega el muchacho a su lado pero ella ni siquiera se digna mirarlo ni el hablarle. Darien siente de nuevo toda esa confusión y esa mezcla de incertidumbre y pena que lo recorre mientras camina por los jardines traseros de Meiji con la muchacha pelinegra. La fue a buscar, venciendo todos sus temores pero aunque ensayó mil formas de empezar la charla, ahora mismo yendo a su lado, oliendo su perfume que es el mismo de sus sueños, mirando de reojo su silueta y sintiendo el leve rose de su brazo en el suyo no logra recordar ninguna manera de comenzar.
Rei se detiene en la parte más lejana del jardín, al lado de la banca de madera donde se sienta, dejando su maletín a su lado como protección, porque a pesar de la calma de su actitud y de lo tranquilo de su mirada, su corazón late como loco.
-Muy bien… ¿Qué es tan urgente que merece que hablemos tú y yo?...porque si es algo de la boda sabes que lo estoy tratando con Serena y…
-No es nada de la boda, Rei, y de lo que debemos hablar creo que lo sabes tanto como yo. Es sobre los sueños-indica el muchacho quedándose de pie pero mirándola de frente, con sus brazos cruzados y analizando su actitud-y por favor no te molestes en negar nada. Hace días te oí hablar con tu abuelo y si eso no fuera bastante, sé que visitaste al Dr. Ikeda por problemas de sueño-Rei lo observa asustada-y antes que me preguntes como lo sé, solo lo sé y ya, nadie me lo dijo, las señales llegaron a mí y solo comprobé que te pasa lo mismo. Los sueños, esos sueños tan realistas conmigo.
-No tienes idea de que hablas, Darien-espeta ella molesta.
-Justo por eso vine a verte, venciendo todas mis reticencias y todos mis temores, porque algo me dice que tienes una explicación para esto-asegura el joven abriendo dos botones de su camisa logrando un instantáneo sonrojo en las pálidas mejillas de la muchacha pero cuando levanta la vista puede ver perfectamente la dos marcas moradas que la punta de un jo de madera deja en la piel de quien ha sido atacado con él.
-¿Por qué tienes eso?-incrédula y asustada ella.
-Por el sueño de anoche. Sé que tú también lo tuviste-insiste el joven y sin que ella lo espere lleva su mano al cierre de la chamarra negra con blanco y lo baja dejando ver las marcas en su cuello. Rei se hace atrás entre desconcertada y molesta.
-¡No me toques!-le espeta furiosa y vuelve a cerrar su chamarra hasta el cuello.
-Entonces era verdad. Algo nos está pasando. Esos sueños intensos, las marcas reales en nuestro cuerpo, mi camisa rosa en tu casa, tu arete en mi camiseta de pijama-lanza Darien tomando valor y cuando los ojos amatista lo observan preocupados lleva su mano al bolsillo de su camisa sacando la pequeña joya de rubí que le alarga a Rei-es tuyo, no lo niegues…-pero como ella se resiste a tomarlo, él se sienta en la banca y tomando la mano izquierda de la pelinegra deposita casi a fuerza el arete en su palma, mirando la reacción de ella-¿Vas a negarlo?
-No-es la respuesta de Rei tomando el arete en su puño.
-¿Tu sabes qué nos pasa?-pregunta el joven. La belleza de ojos amatista se digna mirarlo al fin.
-No tenía idea hasta ayer. He buscado miles de explicaciones. No sé cómo supiste de Ikeda senpai, pero sí, la última explicación que intenté fue la psicológica-con una calma que no sabe de dónde salió responde la muchacha-parece que pensaste lo mismo, iba a preguntar cómo con Ikeda senpai pero la relación es evidente: Mako, Andrew, tú-señala ella con su voz segura y analítica que a su pesar hace a Darien recordar lo mucho que le gustaba desde siempre esta cualidad de ella.
-No fue a propósito, pero también fui con el Dr. Ikeda. Te vi cuando salías y comencé a hacer deducciones.
-Bueno, en ese momento aún no comprendía qué pasaba pero ahora creo que puedo darte una explicación medianamente razonable para ver si logramos encontrar una salida-asegura la joven.
-Rei…antes que me respondas lo que nos pasa y antes que algo más ocurra, quiero decirte algo que he dejado pasar hace años, algo que merecías y que nunca me hice tiempo para decir. Perdona por la manera como se dieron las cosas, por jamás haberte dado una explicación a mi actitud ni a mi noviazgo con Serena, por jamás haberte dicho "Gracias por el tiempo juntos"-deja salir el aquellas palabras que el psicoanalista le recomendó decirle primero que nada.
-No hace falta nada semejante, Darien, en verdad lo nuestro fue un noviazgo adolescente sin mayor trascendencia-asegura ella en un tono tan seguro y frío que a su pesar lastima el corazón del pelinegro-lo tuyo con Serena es mucho más grande, más fuerte, más real y más ancestral y nadie comprende eso más que yo. Si eso era todo no tienes que preocuparte, jamás necesité una disculpa de tu parte-responde mirándolo con glacialidad que lo lastima más, a pesar de su correcta e impecable sonrisa.
-Quizá tu no lo necesitaras, Rei, pero yo sí. Ha sido un alivio decirlo-responde el joven, sin entender el dolor en su corazón ante la actitud de ella.
-Entonces, ¿Quieres saber qué ocurre?-desvía ella el tema como si no fuera importante. A Darien le dan muchas ganas de sujetar de los hombros a la "Reina de Hielo" y sacudirla con violencia espetándole todo lo que él tuvo que vencer para decirle aquellas palabras solo para que ella le respondiera con semejante frialdad…pero no lo hace.
-Por favor-dice el joven con voz ronca.
-Hay…hay un espíritu del pasado, un espíritu poderoso que ayer pude al fin ver en la flama-inicia Rei buscando las palabras adecuadas para darle a entender a Darien las cosas sin entrar en detalles incómodos-había intentado descubrir algo en el fuego sin éxito desde que esto comenzó y ayer tuve respuesta…
-¿Cuándo comenzó para ti?-pregunta él.
-Hace tres meses, después de tu fiesta de compromiso-responde la hija del senador Hino.
-Yo tuve problemas de sueño más o menos por el mismo tiempo pero con más intensidad últimamente-confiesa él. Rei asiente.
-Es un espíritu poderoso que de alguna manera está convencido que hay un lazo en nuestro pasado que debemos restaurar, algo evidentemente erróneo porque sabemos que con quien lo tienes es con Serena-añade con la frialdad de un médico que habla de enfermedades Rei. Darien la mira un momento con rostro abatido y triste, no le gusta el tono que ella usa, no le convence la excesiva seguridad y el desapego con que trata las cosas. Así no es la Rei Hino que él conoció.
-¿Y de quien se trata? ¿Quién es ese espíritu tan poderoso para traspasar barreras de tiempo y hacernos esto?-duda el joven.
-Aún no estoy segura, aunque luce como yo-confiesa Rei y desvía la mirada de las pupilas azules viendo hacia adelante del jardín.
-No exactamente como tú. Sus ojos son más oscuros, púrpuras, llenos de deseo y de fuerza, de posesión, su voz es siempre firme pero con una nota de pasión que hace temblar a cualquiera. Por lo demás, sí tiene tu belleza, tu porte, tu gracia y tu cuerpo-añade Darien permitiéndose mirar a la muchacha que regresa sus ojos amatista desconcertados a mirarlo y de forma involuntaria se sonroja. El joven Chiba sonríe…"Te atrapé, no tienes todo el autocontrol del que presumes, Reiko".
-Me olvidé que también los has visto en tu sueño, a ambos-asegura ella recuperando de nuevo su dominio de sí.
-A ambos-confirma Darien- También a él. ¿Qué crees que deseen?-inquiere Darien.
-No tengo idea-miente mal Rei-pero puedes estar tranquilo, si ya pude verla y hablar con ella esforzaré mis dones sobrenaturales hasta lograr saber más y detenerla.
-¿Detenerla?-duda Darien.
-Hai. Detenerla. Ningún espíritu del pasado dictará mi vida ni mis decisiones. Soy la persona que soy ahora y mi vida no es un reflejo de la de nadie. Si no permito a mi padre decidir mi vida, mucho menos a un espíritu obsesivo del pasado. ¿No opinas igual?-lanza ella con firmeza aplastante que hace bajar la vista al médico.
-Supongo que sí…-abatido el muchacho suspira profundo.
-Darien, no te preocupes ni te pongas así, te doy mi palabra de que esto no te afectará más, así sea lo último que haga alejaré de ti esta horrible situación y vas a poder casarte con Serena sin problema alguno y ser feliz-se permite Rei tomar la mano del joven diciendo aquellas palabras que le duelen demasiado pero ocultándolas con la mejor de sus sonrisas y un asentimiento de cabeza.
Darien se queda en silencio un momento, porque al tocarla, al sentir su mano sobre la suya, siente una fuerza y una energía cálida que los recorre, una fuerza, una descarga de calor que pasa de ella a él y lo sacude por completo.
-Rei…yo…yo…-él no logra articular una sola palabra cuando sus ojos se encuentran…¿Qué iba a decirle? Rei creyó que su abatimiento y su pesar eran porque odiaba tener esos sueños con alguien igual a ella a pocos meses de su boda. ¿Qué ganaba con decirle lo que esos sueños habían despertado en él? ¿Qué ganaba confesándole la necesidad de verla, de hablarle, de tomar su mano, de sentirla, de pensarla, de ver sus ojos? ¿Merecía esta mujer que de nuevo él la perturbara, la lastimara, la confundiera? ¿Se podía permitir decirle con palabras lo que sentía si estaba a unos meses de...? No.
Darien se confesó que en el fondo Reiko Hino merecía algo mucho mejor que él. Una chica capaz de encubrir así su dolor, capaz de levantar esa coraza de protección, capaz de hacer todo por él, hasta hacerse a un lado y dejarlo ser feliz con quien eligió, no merecía a un cobarde como él. Darien presionó su mano y sintiendo un nudo en la garganta exclamó solamente un débil…
-Arigatou, Rei chan…-unos momentos eternos las pupilas azules y las amatista se encontraron, se miraron, se dijeron mucho sin decir una sola palabra, sin soltarse tampoco de las manos. El joven leyó en los ojos amatista por primera vez en años la confirmación de algo que temía y lo llenaba de gozo y rabia al mismo tiempo, esa chispa de luz que la jovencita de 14 años encendía en sus ojos cada que lo miraba a él y Rei por su parte se permitió ese leve momento de vulnerabilidad mirando su reflejo en los ojos azules que más amaba solo para acabar de cauterizar su corazón…
"Ya no me importa que se dé cuenta cómo lo miro, eso no cambia nada para mí, nada…pero aún puedo hacer algo para que sea feliz"-
-Es mejor que de momento nadie se entere de esto-comenta la muchacha y suelta la mano de Darien apartando sus ojos de los suyos-cuando tenga una respuesta concreta y una solución concreta, te avisaré. Ahora debo irme. Tengo una comida con mi padre.
-Yo también tengo…
-Una comida con Serena, lo sé-se levanta ella y toma su maletín de la laptop-ayer me contó, mañana salimos a ver lo del salón de fiestas con Mako chan. Bien, Darien, me dio gusto verte. Estamos en contacto-ella da unos pasos adelante dándole la espalda, pero se repente regresa-lo olvidaba-Rei toma la mano del aun abatido joven pelinegro y deposita en ella un pergamino con símbolos de caligrafía japonesa en color rojo, y un hilo del mismo tono pendiendo de este, con un colgante dorado y pequeño en forma de fénix en la punta-cuelga esto en tu cabecera, quizá ayude a que descanses de estos horribles sueños.
Y sin darle tiempo de más se aleja corriendo. Darien se queda solo en los jardines de la universidad Meiji y sonríe con pena mirando el amuleto que Rei le dio.
-El problema real, Reiko, es que quizá yo no quiera que esos sueños se vayan-decide él y lleva a su nariz el pedazo de papel oliendo su aroma a fresas e incienso. El aroma de la fascinante mujer de sus sueños, el aroma de Rei Hino…
Departamento de Darien Chiba. 12:24 p.m.
Dentro de aquel departamento todo parece tranquilo; como cualquier otra noche el médico duerme en su habitación con la puerta de esta abierta, aunque su sueño parece intranquilo y se mueve bastante sobre las sábanas. De repente, la cerradura de la puerta de entrada se mueve y alguien abre esta. La sombra entra en la casa con toda naturalidad y quita la llave con la que ha entrado dejándola sobre la mesa para después encaminarse con la seguridad de quien conoce el lugar hasta la habitación.
Al entrar en esta un rayo de luna que entraba por las cortinas de tela refleja el bello rostro de porcelana, los labios rojos curvados en una sonrisa triunfal y los destellantes ojos amatistas profundos y oscuros, perturbadores y casi fieros que se acercan despacio a la cama en que el hombre dormía en pesado sueño. Sentándose en el borde de la cama, pasa su mano por la frente del joven dormido y besa por encima sus labios.
-Ashitetu yo…ya estoy aquí-susurra la pelinegra en el oído del joven-Endymion…ven a mi…vamos…
De repente, y sin que la mujer lo espere, el hombre dormido la toma de la cintura y la estrella del otro lado de la cama atrapando sus labios en un beso posesivo, que no deja lugar a dudas a la mujer que su amante milenario ha tomado el control del joven dormido. Cuando se separan ella lo mira con deseo evidente reflejándose en sus ojos de un azul oscuro.
-Viniste, Hōbijin-ansioso el hombre en la misma lengua antigua pasando sus manos ansiosas por las piernas de ella que se asoman bajo el short de su pijama negra.
-No podía dejar de venir, menos luego de hoy…Al fin se encontraron…¿Lo sentiste?...cuando tocaron sus manos…-susurra ahogadamente la muchacha de ojos púrpura al sentir las manos de él en sus piernas y comienza a subir la camiseta blanca sin mangas de Endymion.
-Lo sentí perfectamente, Lady Mars, el lazo del "Unmei no ito" se fortalece…Y Darien…ese tonto e ingenuo Darien, ya la busca sin decidirse a encontrarla, ha tenido dos sueños que lo han dejado perplejo, muy reales, elegí dos momentos maravillosos nuestros-comienza en a bajar el short negro de ella.
-¿Cuáles, su alteza?-provocativa la mujer de cabellera azabache haciéndolo levantar los brazos y sacándole sin miramientos la camiseta blanca, acariciando despacio su pecho.
-Nuestra primera mañana en Marte…y cuando te enteraste del compromiso, en el domo de entrenamiento-responde él y sube sus manos por el interior de los muslos de la chica que ríe divertida.
-Sí que es Usted malo, su alteza… ¿Tan fuertes recuerdos para el confundido y tranquilo muchacho?-inquiere ella acariciando con deleite sus pectorales y su abdomen.
-No lo creas tan confundido ni tan tranquilo…sentiste lo que pasó entre los dos, y él no usó el amuleto de tu ex pura doncella de templo ¿Y sabes por qué?-toca el su centro con deleite ganando que la mujer muerda su labio inferior-porque no desea que terminen…no quiere que acaben esos sueños…-entrecortado el hombre en ese lenguaje antiguo y olvidado.
-¿Sabes…qué he pensado?-pregunta la mujer de ojos amatista jugando con el elástico del short de pijama de él-no nos dejan otro camino que…regresarlos a sus cuerpos cuando estemos así…tu y yo…
- Hōbijin…¿Estás segura?...¿Crees que ellos podrían si…tu y yo nos vamos y los dejamos así…en una cama, semidesnudos y a punto de hacerse el amor?-duda él.
-No hay otra opción, su majestad…Reiko es muy terca y orgullosa, no va a mover un dedo por recuperarlo por todo lo que hay detrás, su amiga, su deber, lo correcto…lo dejará casarse, lo perderá de nuevo-angustiada la mujer de ojos amatista.
-Poco le costaría, si quisiera, conquistarlo. Antes no, lo confieso, pero ahora, Darien ya se ha dado cuenta de muchas cosas, y estaría dispuesto con poco que ella quisiera-susurra ahogado el en la piel del cuello de la muchacha.
-No querrá, la conozco, siendo y oigo sus pensamientos, es terriblemente obstinada…Endymion, tenemos que arriesgarnos, debemos usar lo que nos queda de tiempo para intentar que ellos se den cuenta, y debe ser rápido, ella se vuelve más fuerte espiritualmente y quizá pronto no volvamos a encontrar el camino hacia esta realidad…-angustiada la mujer.
-Tranquila, Hōbijin, no pasará, vamos a intentarlo. Hagámoslo. Es el último recurso pero…-el gira en la cama y la atrapa debajo de él-no esta noche…Onegai Shimazu…-ruega el sobre la piel del cuello de la muchacha que ladea su cabeza permitiéndole que la bese así-…esta noche no…
-Está bien, su alteza, esta noche no…pero pronto…-advierte ella acariciando la fuerte espalda de su amor milenario.
-Pronto…ahora solo quiero extraer hasta la última gota de magia bendita del fuego de tus ojos-repite él antes de atrapar sus labios en un beso ansioso y apasionado, girando con ella entre las sábanas de la cama, con sus cuerpos tan unidos como sus almas, por esa promesa eterna.
NOTAS FINALES: ¡OMODETOOOOO! Regalo para la Maga más malvada y vengativa del fandom. Aquí está su ración anual del fic pero…bueno…¿Qué te diré? El mundo sin tesis se ve diferente y quizá en 17 de Abril y el 3 de Agosto haya alguna actualización de esto, quien sabe, puede ser, a lo mejor…
Bueno Maga, un abrazo, pasa feliz día y disfruta de esta pequeña dosis, dime qué te parece, que rumbo esperas que tome o qué te gustaría ver, porque aunque tengo rumbo definido puedo cumplir gustos…XD…¡NOS LEEMOS EN ABRIL! Seguro, seguro…y ¡VIVA EL FÉNIX CLAN!
Arigatou igual a todo lector que circule por estos lados, y a quienes me pusieron en favs y/o alerta claro que continuaré ñ_ñ ¡MERCI!
ATTE: Lady Phoenix.
"In Mars We Trust"
