CAPÍTULO 3

Bella se sentía estúpida dando vueltas por su cuarto totalmente nerviosa.

Cuando había aparecido Esme y les había sorprendido, ella solo había podido escurrirse de debajo de Edward y subir corriendo las escaleras hasta su cuarto.

No podía creerlo; la terapeuta le había dicho que necesitaría tiempo para acostumbrarse de nuevo al contacto masculino. Vale, había estado con los demás hombres del rancho y no se había muerto, pero es que ninguno de ellos trataba de propasarse.

Sacudió la cabeza con fuerza.

Aquel hombre que la había tumbado en las escaleras tampoco, solo la había inmovilizado porque creía que era un ladrón. Pero la cosa estaba en la postura… era prácticamente la misma que adoptaba su agresor con ella. Con él quería morirse y, sin embargo, con Edward se había sentido segura, excitada.

Se sentó en la cama sintiendo un escalofrío. Tenía que reconocer que era el hombre más viril que había conocido en su vida, y ese halo de peligro que lo envolvía… Estaba segura de que era eso lo que la había excitado tanto. Tenía que calmarse y comportarse como una adulta y, sobre todo, no salir huyendo cuando no era necesario.

Edward estaba sentado en la cocina tomando una pequeña cena que le había preparado Esme.

Permanecía desconcertado con el encuentro con esa chica. Al principio, cuando la había sorprendido en la cocina, no se había fijado mucho en ella. Simplemente se había dado cuenta de que tenía el pelo castaño oscuro totalmente enredado como si fuera un matorral, que no era demasiado alta y sobre todo que no era el tipo de chica que le gustaba. No era plana como una tabla, pero sí estaba bastante delgada.

Su opinión había cambiado radicalmente al estar sobre ella. Había sido una sensación… excitante.

Entonces había podido fijarse en ella: sus ojos castaños casi color chocolate que habían pasado de asustados a excitados al notarlo sobre ella, su nariz respingona tenía un punto insolente con todas esas pecas claras cubriendo el puente, sus labios en forma de corazón… El pelo que antes le había parecido horrible, esparcido por su rostro y sobre el suelo sin ningún orden, le confería a su cara un aspecto dulce. Había descubierto que su cuerpo, más que delgado, era delicado. Había deseado besarla, juntar sus labios con los de ella, introducirse en la húmeda cavidad y recorrerla con su lengua. Y casi lo habría hecho de no ser por la interrupción de Esme, que habría acudido al oírla gritar… y ahora por todo lo que le estaba contando.

-¿Qué Jacob la ha enviado aquí?- repitió, cerrando los puños- ¡¿Y eso por qué?!

-Me dijo que la chica necesitaba descansar tranquila- añadió Esme- No dio ningún motivo más.

-¿Y por qué justo aquí?- bramó Edward- No ha querido pisar La Reserva desde que vino a invitarme a la boda con Leah, y no fue más que por compromiso. ¿Y ahora manda aquí a una amiguita?- terminó, furioso.

-No te lo tomes tan mal- aconsejó Esme- Después de todo, esta isla es de los dos.

-¡Me da igual! No la quiero aquí.

-Pues no parecía eso cuando os he encontrado en la escalera- respondió ella con sorna.

-¡No te lleves conclusiones equivocadas!- terminó él, poniéndose en pie- Mañana le comunicaré a nuestra invitada que abandone la isla.

-Pero…

-¡No quiero tener a la amante del chucho aquí! No voy a ser cómplice de algo así.

-No creo que ella sea amante de Jacob- le dijo Esme- Al principio nosotros también lo pensamos, pero con los días…

-¡No me vengas con esas! La has visto, es tan hermosa que podría volver loco a cualquier hombre…hasta a mi querido primo Jacob.

-Es hermosa- afirmó Esme- Yo misma me he sorprendido al verla con ese camisón tan…sugerente. No parecía de las que usan ese tipo de ropa.

-¿Por qué lo dices?- preguntó Edward, curioso.

-Espera mañana al desayuno y lo entenderás. Si entonces sigues pensando que es una femme fatale, la echas.

Esme salió de la cocina dejando sentado a Edward con los puños fuertemente apretados. No podía creer que Jacob hubiera mandado a su amante a la isla, después de todo lo que le recriminó a él con su "querida hermanita". Seguro que la había encandilado con convertirla en una estrella y ella estaba dispuesta a cualquier cosa para lograrlo. Y si para ello tenía que pasar unos días en una paradisíaca isla… ¿qué más daba?

Él conocía muy bien a esa clase de chicas, había hecho uso de ellas en múltiples ocasiones para saciar sus apetitos. Bastaba con regalarles algo con muchos ceros para que hicieran cualquier cosa.

Quizá sí podría tenerla unos cuantos días en la casa. Después de todo, le había resultado excitante estar encima de ella, y seguro que tenerla encima también lo era. Y de rodillas, y a cuatro patas…

Sonrió para sus adentros. Bastaría con que le regalara algo caro y le dijera que él también tenía acciones en la empresa de música y ella haría cualquier cosa que le pidiera para convertirse en una estrella.

Por un momento, cuando se despertó, estuvo tentada de no levantarse para ayudar a Esme con el desayuno, como tenía previsto. Pero considerando que era infantil por su parte no enfrentarse a ese… ese hombre, se decidió a bajar.

Cuando cruzó la puerta de la cocina, Esme ya estaba allí empezando a sacar cosas de la nevera. Sonrió contenta al verla.

-Buenos días- la saludó Bella con una sonrisa.

-¿Has dormido bien?

-Pseee- dijo ella, empezando a preparar pastelitos de calabaza.

-Anoche te fuiste corriendo, no me dejaste presentarte a Edward como es debido. Aunque… me parece que lo conociste bastante bien dadas las circunstancias.

Bella se sonrojó violentamente y se volvió de espaldas para ocultar el temblor que había aparecido en sus manos.

-Me asustó- dijo Bella, rezando para que su voz sonara lo más normal posible

-Normal… se te echó literalmente encima- añadió Esme liberando una carcajada.

-¡No es gracioso!- protestó ésta, volviéndose de golpe- Me dio un susto de muerte.

-Venga ya… Hay mujeres que morirían por tenerlo encima.

-Pues yo no- contestó ella indignada, roja como un tomate.

-Lo que tú digas- añadió con una sonrisa

Bella maldijo para sus adentros, por ser tan obvia, pero es que no tenía ninguna experiencia con los hombres. Era una estrella famosa, sí, había tratado con ellos, pero el miedo a que se acercaran a ella solo por ser conocida había hecho que se encerrara en sí misma. Era tan inocente en esos temas como cuando tenía 15 años.

Amasó con más fuerza de la necesaria lo que tenía entre manos, al menos le valía para distraerse.

Cogió el pudding de calabaza que había preparado el día anterior y empezó hacer los pasteles antes de llevarlos al horno. Bella le había enseñado la receta hacía algunos días y quería probarla.

Más relajada, empezó a preparar galletas caseras bajo la mirada complacida de Esme. Aprendía rápido, le estaba cogiendo mucho aprecio a esa chica, igual que el resto de los habitantes de la casa.

Había conquistado a los hombres a través de su sencillez… y estaba segura de que su jefe no iba a ser menos.

Poco a poco, la cocina se fue llenando de bromas y risas por parte de los ya habituales. Bella disfrutaba mucho de esas conversaciones desenfadadas mientras tomaban un café. En esos momentos entraron dos personas a las que Bella aun no conocía, pero a juzgar por los gritos de júbilo, los demás sí. Había uno larguirucho, de cabello castaño, ojos miel y aspecto de profesor de literatura. Junto a él había entrado la chica más escandalosa que había conocido nunca, con el pelo negro, facciones de duende y un andar de bailarina. Eran una extraña pareja.

Empezaron a saludar a los presentes y finalmente repararon en ella, que estaba sentada aún en la mesa.

-Ven Bella- le indicó Charlie alargando una mano hacia ella- Te presentaré al resto de la familia.

Bella se levantó y tomó la mano de Charlie, que tiró de ella hasta dejarla a su lado e inmediatamente su brazo se apoyó en la parte baja de su espalda. Hacía unos días Bella se habría apartado de un salto, pero las sencillas muestras de afecto sin buscar nada más la hacían sentirse tranquila.

-Bella, éste es Jasper. Se encarga de llevar la contabilidad del negocio- la muchacha, sin dejar de sonreír, le tendió la mano y él le respondió con su acento inglés:

-Es un placer conocerla, señorita.

-Lo mismo digo- repuso ella.

La chica que había entrado con él se apresuró también a saludarla, pero se tropezó con una silla y habría caído al suelo si Japer no la hubiera cogido con fuerza.

-Ella es el Duende- dijo, Charlie con una sonrisa maliciosa.

-¡Es Alice!¡Alice!- gritó indignada, mirando a Sirius.

-Bella- añadió ésta dándole la mano, aún aturdida.

-Es que odia que la llamen con ese mote- se apresuró a explicar Jasper.

-¿Y quién no lo odiaría si este tonto se empeñara en llamarte asi?

Entre risas, todos fueron ocupando sus lugares en la mesa, a Bella le encantó tener a Alice a su lado, era una mujer muy dicharachera… y realmente parecía un duendecillo.

Enfrascados como estaban en una conversación sobre caballos, Bella no percibió que la puerta de la cocina se abría y el motivo de su insomnio la noche anterior entraba a la cocina.

Edward saludó con la cabeza a Esme y recorrió la mesa buscando a Isabella.

Sus ojos se detuvieron en la chica que estaba al lado de Alice. Arrugó el entrecejo. ¿Dónde estaba la femme fatale de la noche anterior? ¿Qué hacía allí aquella cosa vestida con pantalones descoloridos y camiseta tres tallas más grandes?

-¡Dios mío, qué horror!- gimió de pronto, haciendo que todos se volvieran a mirarle.

Bella sintió como toda la sangre se le iba del cuerpo para alojarse de pronto en su cara. Edward a la luz del día era… diferente. Alto y más delgado que los demás allí presentes, con su pelo cobrizo alborotado y unos increíbles ojos verdes. Y la miraba como si fuera un engendro de la naturaleza. Sin embargo, él era… sexy, se dijo Bella, no guapo como Carlise o Emmet, ni dulce como Jasper, ni mucho menos protector como Charlie, pero había algo en su rostro y sus ojos verdes que lo hacían terriblemente atractivo.

-¿Qué tal por Inglaterra?- le preguntó Carlise con labios apretados.

-Lluvioso- añadió sin quitarle la vista de encima a Bella- ¿Es que no tienes nada más nuevo que ponerte?- preguntó de pronto.

-¿Perdón?- preguntó, Bella sorprendida.

-¿Es que mi primo no te ha comprado nada más bonito que eso?- volvió a preguntar.

-¡Ah! ¿Pero que ya os conocéis?- intervino Emmet.

-Yo puedo comprarme la ropa sola, señor Cullen, no necesito que su primo me la… patrocine- respondió Bella con insolencia.

-Anoche Edward le hizo un placaje a Bella en las escaleras y me los encontré en una posición comprometida- respondió Esme a la pregunta de Emmet.

-No creas que porque vayas vestida como un adefesio no te he calado- añadió Edward sentándose en la cabecera de la mesa.

-¿Cómo de comprometida?- preguntó Emmet.

-No sé a qué se refiere- añadió Bella.

-Edward estaba encima de ella y la tenía totalmente inmovilizada.

-A qué sé lo que son capaces de hacer las chicas como tú para conseguir sus propósitos.

-¿Y ella no protestó?- preguntó Billy.

-No sé a qué propósitos se refiere- respondió Bella sirviéndose café.

-No… de hecho parecía estar a gusto.

-¿Qué te ha prometido mi primo a cambio de tus… servicios?- le preguntó sirviéndose un trozo del pastel de calabaza.

-¿Cómo de a gusto?

-Estaban a punto de besarse.

-No te entiendo- añadió Bella, que pensaba que en honor a la paz era mejor hacerse la tonta.

-¡Venga ya!- exclamó Seth.

-Oh venga, no te hagas la inocente…- siguió Edward mientras se llevaba un trozo del pastel a la boca y cerraba los ojos en un gesto de satisfacción- ¡Esto está buenísimo!- dijo de pronto- Esme te has superado a ti misma.

-¡Oh!, no la he preparado yo- respondió la anciana con una sonrisa.

-¿Entonces?

-He sido yo- respondió Bella poniéndose en pie mirándolo de manera desafiante.

-Ah ¿Pero es que sabes cocinar?¿No tienes miedo de que se te rompa una uña ¡Oh! Perdón, no se te pueden romper porque no tienes ni idea de lo que es llevar las uñas arregladas ¿no?

Bella cerró los puños con fuerza y lo miró con furia.

-¡Vete al diablo Edward Cullen!- gritó ella, empujando la silla con fuerza para salir rápidamente de la cocina.

Todos se quedaron en silencio mirando sorprendidos a su jefe. Nunca se había mostrado tan desagradable con una chica… y con ella había sido más que eso.

-¿Se puede saber que mosca te ha picado?- le preguntó Charlie con el entrecejo fruncido- Es una buena chica.

-Cómo se nota que no la viste anoche paseándose por una casa sólo en camisón.

-¿Y qué tiene eso de malo?

-La imagen de anoche no es la misma que la de ahora- siguió Edward- Lo que me lleva a preguntarme cuál de las dos es real.

-Eso es absurdo- añadió Alice- Puede que le guste la ropa interior sexy pero que le guste el estilo cómodo. No tiene por qué estar fingiendo.

-Como se nota que tú eres mujer- inquirió Edward.

-Pues durante la semana que ha pasado aquí no parecía ser la mujer fatal que tú dices. De hecho, es más bien tímida- se sumó Carlise.

-Podéis pensar lo que queráis. Yo ya tengo una opinión sobre ella- se defendió Edward, poniéndose en pie.

Se dio la vuelta para marcharse de la cocina y se detuvo unos instantes en la puerta, para volver hacia la mesa y coger todo el pastel de calabaza ante la mirada sorprendida de sus hombres.

-Os quiero a todos en la sala de reuniones dentro de dos horas. Quiero todos los trabajos de la finca en marcha para entonces, hemos de repasar varias cosas del viaje a Inglaterra.

Bella estaba en la playa con la mirada fija en el horizonte. Ese hombre era realmente difícil y tenía un carácter insoportable; no se parecía en nada a Jacob, más calmado y comedido a la hora de expresarse. Edward era una apisonadora humana que arrasaba con todo lo que no le gustaba.

A pesar de todo Bella no podía dejar de pensar en cómo se le agitaba el corazón cada vez que lo veía aparecer. Era sin lugar a dudas un hombre peligroso y, sin embargo, sabía que nunca le haría daño. Ahora que lo pensaba con calma se daba cuenta de que la noche anterior, cuando habían caído por las escaleras, había colocado su cuerpo de forma que recibiera todo el impacto, para que ella no sufriera ningún mal.

-Hola- la saludó una voz contenta. Bella se volvió para mirar a Seth sonriente, sentándose a su lado.

-¿Ya han acabado de desayunar?- le preguntó con una sonrisa.

-Sí- añadió él. Pareció meditar unos momentos antes de añadir- No es un mal tipo ¿sabes?

-¿Quién?

-Edward- respondió el muchacho.

-Yo nunca he dicho lo contrario.

-Me sacó de la miseria en la que vivía- añadió el chico, y ante la mirada estupefacta de Bella añadió- Yo vivía en la Push, en la calle. Mis padres me abandonaron nada más nacer y pasé la mayor parte de mi vida en orfanatos de mala muerte hasta que tuve edad suficiente para escaparme.

Sobrevivía en la calle, hasta que Edward me sorprendió metiéndole la mano en el bolsillo- Seth sonrió ante la expresión de sorpresa de Bella- Yo tenía doce años y aquel día fue el primero de una vida mejor. Me trajo aquí, me dio un hogar y una educación…

-Oh, Seth- dijo Bella, alargando la mano hacia el niño para acariciarle un hombro- Lo siento.

-Por eso admiro tanto a Reed- siguió él- porque en parte hace lo mismo que Edward. No es como todos esos famosos que van de superestrellas sin haber logrado nada en la vida más que acostarse con alguien, ella lucha por mejorar el mundo. ¿Oíste que dio un concierto en Las Vegas para recaudar fondos para mejorar las condiciones de un hospital para niños desfavorecidos?

-Sí, lo oí- suspiró ella, con pesar.

-Fue el día que…- Seth apretó los puños con fuerza- No sé cómo ese hombre pudo hacerle algo tan horrible a una persona como ella- suspiró el chico- Solo espero que se ponga bien pronto.

-Lo hará- terció Bella, de pronto con tono firme- Dale tiempo.

Los dos se quedaron en silencio unos instantes, con la mirada perdida en el horizonte. A Bella le hubiera gustado contarle que sabía cómo se sentía, que algo muy parecido le había pasado a ella.

Que había perdido a sus padres cuando tenía diez años en un accidente de tráfico, y que se había ido a vivir a casa de sus tíos, donde si bien no le faltó de nada material, si había echado en falta el amor de una familia. Hasta que se reencontró con Jacob y Leah y rápidamente pasó a formar parte de sus vidas.

-¿Sabes?- dijo Seth, de pronto- La semana que viene es mi cumpleaños, Edward va a darme una fiesta sorpresa.

-¿Una fiesta sorpresa?

-Obviamente él no sabe que yo lo sé- añadió el joven con una sonrisa pícara, poniéndose en pie.

-Pues finge impresionarte cuando llegue el momento- aconsejó Bella, divertida.

-No te preocupes… mira.

Seth hizo tal mueca de sorpresa que Bella no pudo menos que echarse a reír. Ese muchacho era increíble, parecía capaz de mantener la esperanza hasta en los momentos más duros. Debía aprender muchas cosas de él, pensó, poniéndose en pie.

De pronto tuvo una idea brillante. Tenía el regalo de cumpleaños perfecto, y esa vez iba a lograr que su rostro adoptara una expresión de sorpresa de verdad. Pero necesitaría ayuda para lograrlo…. Y no había visto ni un solo teléfono por la casa.

Edward Cullen, más conocido como "el vampiro", miró a sus hombres con seriedad, sentados en la mesa de operaciones que había en el ático de la casa.

Billy, era su experto en mecánica. Capaz de conducir cualquier vehículo por tierra, mar y aire, jugaba con sus dedos totalmente concentrado.

Charlie, era el especialista en estrategia, a pesar de su aspecto. Estaba examinando los informes que les había proporcionado Alice sobre la misión. Como siempre, mantenía su aire de frialdad extrema, como si todo aquello no fuera con él, y una expresión aburrida en el rostro. Carlise, "el infiltrado", solía ser su enlace. Era el que se hacía pasar por narcotraficante o terrorista.

Les pasaba la información necesaria antes de que ellos les dieran el golpe maestro. Conocía a la gente de peor calaña de los bajos fondos de medio mundo y tenía contactos por doquier. Lo raro era que en esos momentos estuviera en La Reserva, nunca pasaba demasiado tiempo allí.

Emmet, era especialista en explosivos. Permanecía paseando desconcertado de un lado al otro de la sala. Siempre tan nervioso y activo, había pasado confinado dos meses cuando una de las bombas que estaban desactivando explotó antes de tiempo y le incrustó metralla en un brazo.

Ahora era un león enjaulado por la inactividad.

Jasper era el mejor francotirador de su categoría. Podía ser igual de letal con un rifle que con cualquier cosa que se pudiera lanzar. También era el experto en perfiles psicológicos.

Mantenía su serena mirada sobre las fotos que había sobre la mesa.

Alice era la experta en informática y la que dotaba al equipo de cualquier tipo de cosa que necesitaran.

Todos tenían su especialidad y todos eran expertos en el arte de la guerra. Los siete formaban el mejor equipo visto en años, los siete eran "Los Vampiros de la noche"… y los siete eran letales mercenarios.

-¿Alguna idea?- preguntó Edward a su equipo.

-¿Los informes que obtuvimos están correctos?- preguntó Emmet con superioridad, tirando los papeles con burla encima de la mesa.

-¡Por supuesto que sí!- exclamó Alice indignada, puesto que había sido ella la que se había introducido en multitud de ordenadores para obtenerla.

-Tranquila- intervino Edward, posando una mano sobre su brazo- Nadie dice que sea culpa tuya, pero quiero opciones.

-¿Ya le has dicho a nuestro patrocinador que la pista era falsa?- preguntó Charlie deteniendo su paseo.

-Por supuesto. No se lo ha tomado nada bien, pero le he asegurado que lo encontraremos.

-¿No es posible que ese hombre simplemente descubriera que le estábamos siguiendo y escurriera el bulto?- preguntó Emmet posando sus ojos maliciosos en Edward. Le encantaba hacer notar todos los fallos para ponerlo en evidencia.

-Fuimos cuidadosos- respondió Jasper cruzándose de brazos, pensativo.

-Son demasiadas probabilidades, y hemos de volverlo a encontrar- suspiró Charlie- El padre de esa chica no dormirá tranquilo hasta que lo hayamos hecho.

-¡Sabía que no debíamos aceptar este encargo!- saltó Emmet de pronto, golpeando la mesa- Os habéis involucrado emocionalmente y eso no es bueno- añadió poniéndose en pie- ¡Os dije que no era buena idea, pero nunca me hacéis caso!

-Nos pagó bien- terció Edward- Pero esa no es la cuestión; lo votamos y ganó la mayoría.

-¡Pues claro que sí!- exclamó Alice indignada- Después de lo que hizo a esas chicas…- un escalofrío le recorrió la espalda- no podemos dejar que siga suelto.

-Pero es que tú siempre consigues la mayoría- protestó Emmet fulminando a Edward con la mirada- Teníamos encargos mejores que ese, mejor pagados... y ahora estamos perdiendo el tiempo porque el niño quiso jugar a salvar a damiselas en apuros.

-No podemos dejar que un violador en serie vaya suelto por el mundo- repuso Jasper con su voz tranquila- Fue una buena elección, aunque no ganemos tanto dinero.

-¡Todos estáis siempre de su parte!- inquirió Emmet mirando furioso a Edward, quien lo miraba impasible cruzado de brazos- Yo no sería tan...

-¡Basta!- cortó Carlise mirando al rubio- Ahora no es momento de esto. Cullen salió elegido como jefe con seis votos contra dos- sentenció, frunciendo los labios con evidente disgusto.

Esa elección no había carecido de polémica. Cuando Vulturi se retiró y eligieron a un nuevo líder, excepto Carlise y el mismo Emmet, todos votaron a Edward. Desde entonces el ambiente tenso que había entre los dos bandos se había acrecentado.

Ninguno duda que Emmet tenga capacidad para dirigirnos- intervino Jasper con su voz calmada y conciliatoria- Pero Edward está demostrando tener grandes cualidades como...

-¡Sí!- lo cortó Emmet indignado- Gracias a San Cullen nos hemos convertido en unos sentimentales que buscan violadores en serie, que dejan tan pocas pistas que no podemos seguirle el rastro- repuso, con una mirada cínica en sus ojos- Ni tan solo "el gran rastreador"- terminó con su voz llena de triunfo.

-Lo atraparemos - añadió Edward, imperturbable- Tarde o temprano cometerá un error.

-Lo que no entiendo es porque ha dejado de hacerlo- suspiró Jasper, retomando la conversación inicial para tratar de romper el ambiente enrarecido que había en el aire- No cuadra con el perfil. Al inicio era compulsivo a la hora de matar, lo hacía casi todas las semanas y sus crímenes crecieron en brutalidad…

-Sí, lo primero eran simples violaciones, y ahora las mata, destroza y desfigura de tal modo que hasta a sus padres les cuesta reconocerlas. Sin embargo el escenario cada vez es más pulcro y ordenado, más limpio, no deja pistas… nunca- apuntó Charlie sentándose en la mesa.

-¿Sabemos algo del FBI?- preguntó Edward mirando a Carlise.

-Están igual de perdidos que nosotros- respondió éste, aunque con claro desagrado- Bueno… más, porque ellos no se han dado cuenta de la relación entre los casos.

-Bien- Edward se puso en pie- Emmet, quiero que la semana que viene vayas a todos los sitios donde el actuó. Quiero que hagas preguntas, que husmees por los lugares donde encontraron a las chicas y quiero saber qué lugares frecuentaban en sus ratos libres, donde estudiaban, si tenían hábitos raros… todo. Quizá así encontremos algo que nos diga como las elegía, algo que nos lleve hasta él.

-¿Esto que es un castigo por poner en duda tu capacidad de mando?- indagó el rubio cruzado de brazos, mirándolo de manera desafiante.

-Tómalo como quieras- repuso Edward con una sonrisa triunfadora- Creo que mantenerte alejado de aquí te aclarará las ideas. Por otra parte, creo que es momento de empezar con otros casos. Esta mañana he llamado a Panamá para decir que aceptamos dar caza a los narcotraficantes. Carlise, quiero que te infiltres en sus filas al menos un mes y empieces a mandarnos información. Busca el mejor momento para que podamos atacarles.

Carlise no contestó. Miró a Harry con sus ojos grises, sabios y calculadores, antes de asentir y salir de allí sin decir palabra.

Bella entró en la cocina con pasos apresurados. Esme ya estaba allí preparando la comida y se volvió sorprendida hacía ella cuando la oyó a sus espaldas.

- Esme- llamó la chica tomándole las manos- Necesito tu ayuda.

-Si quieres que te ayude a estrangular a Edward, olvídalo- respondió la señora con una sonrisa.

-No… de momento no creo que haga falta llegar a esos extremos- dijo Bella totalmente seria antes de esbozar una sonrisa- Seth me ha dicho que su cumpleaños es la semana que viene y quiero hacerle un regalo.

-Si quieres bajar al pueblo solo tienes que pedírselo a Billy- explicó Esme.

-Es que lo que quiero comprarle no está en el pueblo… necesito que me lo traigan del exterior- susurró ella en tono confidencial.

-¿Y cómo…?

-¡Ahí entras tú! Necesito un teléfono.

-¿Para qué?

-Para hablar con Jacob.

-¿Y para qué quieres hablar con mi primo?- inquirió una voz profunda desde la puerta de la cocina.

-Asuntos personales- respondió Bella rápidamente, sin mirarlo, caminando hacia la mesa para ir poniéndola. Esme empezó a trabajar de espaldas a ellos como si no existiera.

-Le echas de menos… que conmovedor- inquirió, acercándose a ella.

-Pues sí- respondió altiva, colocando los vasos sobre la mesa.

-Yo podría darte lo mismo que él.

Bella se estremeció. No lo había sentido moverse, no había notado que estaba detrás de ella.

No hasta que le había rodeado la cintura con un fuerte brazo y la había pegado contra su cuerpo, que a pesar de ser delgado, era terriblemente duro. Su aliento cerca de su cuello la sacudió, estremeciéndola.

-Dudo mucho que tú tengas algo que yo pueda querer- consiguió decir ella con la voz turbada. No lo entendía. Edward la tenía pegado a él y ella, que debería estar gritando como una loca, se dejaba hacer.

-¿Estás segura?- le susurró, dándose besos justo donde latía el puso de su cuello, mientras se acercaba hacia su cuerpo rozando la erección que estaba empezando a formarse en sus glúteos.

-Completamente- suspiró ella, echando la cabeza hacia atrás de forma que quedó anidada en su hombro.

-Podríamos irnos a tu cuarto ahora y pasarlo muy bien durante el tiempo que estés aquí- susurró, tomando un pecho entre sus manos.

Toda la nube de sensualidad en la que Bella estaba envuelta cayó de pronto. No tenía muy claro si por sus palabras o por la acción, pero dando una fuerte sacudida logró despedirse de él para mirarlo horrorizada.

-Eres…- exclamó, indignada- Eres… despreciable.

-Oh vamos querida, no me digas que no estabas disfrutando porque no me lo creeré- dijo dando un paso hacia ella.

-¡No vuelvas a tocarme!- gritó Bella corriendo al otro lado de la mesa, buscando a Esme desesperada, que parecía haber desaparecido en algún momento.

-¿¡Y puedo saber porque no!?- le preguntó Edward perdiendo los nervios- Seguro que a Jacob le dejas hacerte de todo, y te aseguró que yo soy mejor amante que él.

-¡No me acuesto con Jake!- gritó Bella indignada.

-¿Ah, no?

-¡No!

-¡No te creo! Estoy seguro de que te ha propuesto convertirte en una estrella si eres una buena chica. ¡Sin embargo yo también soy socio de la empresa, puedo proporcionarte lo mismo ¡De verdad! Y joyas, y vestidos…

Bella le miró unos momentos estupefacta ante sus palabras, no sabía si indignarse o echarse a reír. Edward creía que estaba tratando de conseguir una carrera musical acostándose con su primo.

-¿No dices nada?- dijo Edward contemplando su rostro- ¿Te lo estás pensando, eh?

Y de pronto, Bella estalló en una risa histérica, que la dobló por la mitad y atrajo a varios habitantes de la casa hasta allí. Edward la observaba sorprendido, mientras sus puños se cerraban con fuerza. ¿Se estaba burlando de él?

-¿De qué te ríes?- inquirió, con los dientes apretados.

-De ti- respondió ella, cogiéndose el estómago- No quiero joyas, ni vestidos caros, ni una carrera musical- "solo quiero recuperar la mía" pensó, haciendo que su risa parara casi al mismo tiempo en que sus ojos se llenaban de lágrimas- Eres despreciable- le dijo escupiendo las palabras- y no me acostaría contigo aunque fueras el último hombre sobre la faz de la tierra.

Y sin decir nada más se dio la vuelta y salió de la cocina dejando a Edward totalmente transpuesto.

Hizo un movimiento de ir tras ella, pero Jasper le cerró el paso.

-Déjame ir tras ella.

-No.

-Está llorando- dijo él apretando los puños.

-Después de lo que le has dicho, necesita estar sola- aconsejó Jasper, mirándolo fijamente.