Un largo tiempo. Los días se convirtieron en semanas y estas en meses. Entre algunas cosas de mi vida, la universidad y el deporte, me han dejado sin tiempo para actualizar un capítulo de mi historia. Lamento la gran demora.
Como siempre, espero que disfruten del capítulo.
Estaba a punto de caer. Nuevamente se sostuvo del hombro de su hermano, cuando la carreta se sacudió ante un nuevo desnivel de la tierra. Llevaban la mitad de la mañana entre barriles y frutas para poder llegar al sitio de encuentro, lugar en el que recibirían a los nuevos reclutas de esa estación. Al principio no fue sencillo conseguir el transporte pero al momento de encontrar a un buen hombre que los llevaría hacia las afueras de Chlorba, sabían que no había marcha atrás.
No importaba la gran discusión entre Gael y su padre, sorprendido de que su hijo menor, el más parecido a su amada Elizabeth, decidiera partir para unirse a las fuerzas militares. No importaba las miradas acusadoras de Dirk y Adalia hacia Elise, pensando que era la principal responsable de llevarse a su pequeño hermano lejos de ellos y continuar con la vida que tenían, tampoco importaban los comentarios irónicos del abuelo Lawler ante la decisión de su nieto, habían decido partir a la mañana, cargando consigo la cantidad de mudas de ropas necesarias para los siguientes años de entrenamiento.
-¡Muy bien jóvenes! – Habló el hombre de avanzada edad deteniendo la carreta, sacudiéndolos al momento – Hasta aquí puedo llevarlos, verán un grupo de jóvenes siendo reunidos más adelante – comentó mientras ellos bajaban y daban la vuelta.
-Se lo agradecemos – decía Gael al momento de pasar por al lado del hombre. Elise continuó con su agradecimiento haciendo una pequeña reverencia, como le habían enseñado en su estadía, siguiendo a su hermano por el camino.
-¡Buena suerte niños!... La necesitarán – comentó a lo último, balanceó las riendas de sus caballos para retomar el camino hacia el otro distrito, silbando alguna melodía.
-¿Nos acaba de decir niños? – murmuró el joven rubio ceniza observando a la distancia como se alejaba la carreta, volteando su mirada al escuchar la fina risa de su hermana.
-Quizás somos unos niños – cruzaron su mirada, los verdes del muchacho y los azules de ella – Un par de niños que tomaron la decisión de entrar al entrenamiento militar, lejos de los lujos y las comodidades que Padre esperaba para nosotros, o para ti – la sonrisa de Lawler apareció, acompañando a la joven.
-Entonces, esa decisión no nos hace unos niños – las risas aparecieron una vez más, quedando en silencio luego – Esperaba algún comentario de tu parte, tras la incómoda despedida de ésta mañana -.
-No quería molestar… - contestó desviando su mirada al suelo. Los recuerdos de esa mañana llegaron a la mente de ambos, recordando la tensa figura de Adam Lawler al momento de despedirlos. Antes de su partida, padre e hijo se alejaron unos minutos de la joven pelinegra, susurrando unas palabras lejanas para ella. Un apretón en el hombro y una mirada decidida de Gael cerraron el adiós que se había aproximado. La curiosidad de Elise había despertado, pero era algo que no iba a admitir.
Continuaron caminando por el sendero de tierra, ambos lados estaban cubiertos por kilómetros de campos verdes y floreados. La vista se fue opacando ante la presencia de un grupo pequeño de jóvenes, reunidos en compañía de un par de adultos a caballo, podían divisar una vestimenta oscura y un escudo con dos espadas entrecruzadas en cada uno, representando a los supervisores para los cadetes. Cruzaron algunas miradas al momento de llegar, la conversación anterior había quedado olvidada. Las instrucciones no se hicieron esperar, una voz fuerte y grave se dirigió a los presentes - ¡Espero que tengan fuerzas para caminar cadetes! – gritó uno de los hombres a caballo, posiblemente el que estaba a cargo del grupo - ¡Porque será un camino largo! – sonriendo, acomodo su caballo para que los jóvenes observaran la dirección que iban a tomar: los valles. Era de conocimiento general que los diferentes puntos de entrenamiento, se llevaban a cabo en lugares distantes a los grandes distritos, lejanos al contacto de las familias y amigos, para fortalecer la mentalidad de un futuro soldado, o por lo menos es lo que se esperaba lograr.
-¿Es una broma? ¿Caminar hasta los valles todos nosotros? – Escucharon los nuevos llegados, luego de la orden de seguir al jefe - ¿Acaso creen que soportaríamos el trayecto? – Pronunció otro. Mientras algunos se quedaban atrás, otros tomaron el sendero hacia los valles, entre ellos Elise y Gael. Ante la duda y los reclamos que se hacían más fuertes, el más joven de los supervisores se acerco al grupo, montado hacía ellos - ¿Qué ocurre? – habló de forma más fuerte que el anterior adulto, dirigiendo una mirada fría al pequeño grupo de rezagados - ¿Acaso no pueden soportar una caminata? No necesitamos esas clases de actitudes débiles para el ingreso – esperando una respuesta por parte de grupo, la cual tenía la seguridad el joven supervisor que no llegaría, Gael observó la situación desde lejos. Había reconocido algunas caras de jóvenes de Chlorba, que tenían una vida sencilla y sin problemas en el interior de los muros, la pregunta del por qué querían entrar al entrenamiento militar fue inevitable no pensarla.
"La mayoría irá para mantener su posición social o conseguir una mejor. Los dos sabemos que, la opción más aceptable, es entrar a la Policía Militar, quizás encontremos a muchas personas que buscan ése objetivo". Recordó las palabras de su hermana, entre medio de los barriles de la carreta, mientras comía una dulce y roja manzana, cortesía del hombre que los había llevado. La imagen del día en que la conoció llegó a su mente, una pequeña niña de cabello negro como la más pura noche sin Luna y una mirada entristecida, una pequeña niña destruida por el mundo que la rodeaba, "un mundo cruel y egoísta", diría ella. La observó a su lado, cargando con su bolsa al costado, la mirada azulina de tristeza había cambiado a una tranquila, amable hacia las personas que le importaba su seguridad, habían pasado tres años y casi tenían la misma altura, según la vieja madera del establo, al momento de su llegada ella era diez centímetros más pequeña, la idea de que el cabello negro de Elise tendría que ser cortado, el cual llegaba a la mitad de su espalda, no le agradó, frunciendo el seño ante esto.
-¿Te encuentras bien? – preguntó ella, al percatarse de la mirada de su hermano. Ante el tono de preocupación en su voz, relajó sus facciones.
-Claro… ¿qué debería de andar mal? – contestó, sonriendo levemente.
-Nada, aunque un hombre acaba de mandar a todos esos muchachos de atrás nuevamente a sus casas o a las zonas de producción – mirando rápidamente a su espalda, al momento en que el instructor pasaba a su lado para regresar delante de la fila – Si esto es sólo el comienzo, no debería imaginar que ocurrirá en el camino – observó como la sonrisa de Gael se ensanchaba más, intentando de no reír.
-No me digas que te has arrepentido de la decisión que tomaste – abriendo sus ojos para manifestar sorpresa, sabía que eso provocaría un cambio de humor en Elise, logrando el seño fruncido de ella.
-Nunca me arrepiento de mis decisiones, lo sabes mejor que nadie – terminando de inflar sus mejillas, sacando una risa por parte de su hermano.
-Ese lindo gesto podrá servirte ahora pero no funcionará en el entrenamiento, quizás no con todos… - comentó una voz detrás de ellos, interrumpiendo la risa del rubio. Girando sus cabezas al mismo tiempo, encontrando a un joven de la misma altura de Gael, ojos grises, cabello castaño caoba y poseedor de una piel blanca.
-¿Disculpa? – Preguntó la joven pelinegra - ¿Lindo gesto? – secundó Gael, lo había alcanzado a escuchar, más la forma en que esas dos simples palabras eran utilizadas en un fino tono de interés.
-No deberías decir lo primero que piensas ante lo primero que vez – habló otro joven desde atrás, un poco más alto que el muchacho, rubio de ojos azules y piel levemente bronceada – Solamente daba mi opinión, para ayudarlos – respondió ante el comentario del castaño, observando como sonreía su acompañante.
-¿Quiénes son? – preguntó Elise ante los nuevos integrantes.
-Me llamo Andel Brander y el sujeto que no puede cerrar su boca es…- Benedict Wadlow, puedo presentarme por mi mismo – contestó de forma rápida el castaño, ante la atenta mirada azulina de ella, evitando algún contacto visual – Claro, cuando se trata de jóvenes damas te presentas por ti mismo – continuaba el rubio molestando a su compañero, comenzando con una pequeña discusión entre ellos. Por alguna razón, esa imagen la hacía recordar la situación vivida ayer entre Alfons y Benno, sonriendo ante el recuerdo, se preguntó como estarían ellos en ese momento, ¿habrían regresado todos los integrantes de la Legión de Reconocimiento? – "¿Volveré a verlos?" – pensó, mientras sentía como su brazo era agarrado por una fuerte mano, alejándola de la situación de atrás.
-Unas personas particulares, ¿no lo crees? – comentó Elise, luego de un pequeño silencio, observando como Gael torcía sus labios en un gesto claro de desagrado.
-El cabeza de madera, no me agradó… - susurró, ella cubrió rápidamente su boca para aplacar una nueva risa. Los apodos de su hermano podían parecer sencillos pero eran la primera impresión que tenía al conocer a alguien, por lo menos en contadas ocasiones.
-Quizás en los siguientes tres años nos llevemos bien – sonrío Elise, observando nuevamente atrás.
-Definitivamente, no me llevaría bien con él – respondió manteniendo su mirada al frente. El camino aún era largo y tardarían media tarde en llegar a destino.
De alguna forma se sentían engañados. A pesar de que el camino los dirigían, efectivamente, a los valles, éstos se encontraban aún a unos kilómetros del campo de entrenamiento, conformando sólo el paisaje del lugar. En cuanto a la zona, aún se mantenía el verde de los campos que fueron dejando atrás, quizás con un viejo plan de trabajo pero, si se encontraba la zona de entrenamiento por esos lugares, significaba que no era del todo utilizable. Luego se encontraban las cabañas, divididas en diferentes tamaños con el fin de separar las respectivas funciones dentro del campamento según el tamaño, desde la estadía de los nuevos reclutas, los oficiales, la bodega, comedor, entre otros; finalmente, si hubieran continuado con el camino, se hubieran encontrado con un pequeño bosque que conectaba con el valle.
-Siento como la altura va afectando mi respiración… - escuchó delante suyo. No podía negar aquel comentario, a medida que fueron subiendo durante la caminata, sus piernas se sintieron más pesadas y costaba a cada paso respirar, algo tan sencillo como aquella acción se convirtió en un pequeño sufrimiento colectivo. Miró de reojo a Gael, no parecía afectado como los demás.
-¿Sientes la diferencia? – pregunto, algo entrecortada. Él sabía a que se refería, cuando iba a contestarle, una imponente voz los interrumpió.
-¡TITANES! – gritó alguien, provocando un disturbio general entre los jóvenes. Algunos salieron corriendo a cualquier dirección, olvidándose del problema de respiración, otros se tiraron al suelo, un par se arrodillaron rezando, y los demás quedaron congelados en su lugar. Lo único que atinaron hacer tanto Gael como Elise fue quedarse en su lugar y observar a sus lados de forma rápida, intentando abarcar la mayor visión posible, mientras un temblor recorría sus espaldas y la sensación de un cercano desmayo latía dentro de sus cabezas.
Nada.
"¿Cómo lucía realmente un Titán?" fue la pregunta que cruzó por la cabeza de Gael en ese momento "Cercano a la anotomía humana pero de dimensiones monumentales, o por lo menos así lo describen" pensó Elise al segundo, pero no había nada semejante en los alrededores. Entonces una sonora y exagerada risa se presentó en medio de la desesperación de los jóvenes, voltearon sus cabezas al escucharla, observando al dueño: un hombre, con una estatura promedio, poseedor de una cicatriz que cruzaba desde su ceja izquierda hasta la barbilla, combinado con una barba de unos días de color gris al igual que su cabello y unos ojos dorados, analíticos, aunque en esos momentos solo demostraban burla, una sínica burla.
-¡No puedo creer que hayan caído con esto! – continuo el hombre, riéndose de aquellos que aún seguían en el suelo rezando o con los ojos cerrados - ¡Es imposible que tengan un titán encima si no lo han escuchado antes! ¡Aprendan! – decía mientras levantaba con fuerza a un joven de contextura delgada, temblando. La cara de desconcierto en los hermanos era evidente, no comprendían quién era aquel sujeto como para hacer una broma de tal magnitud - ¡Tienen mucho por conocer si quieren combatir contra titanes! Sargento, guíe a este grupo para que vistan sus uniformes, son los últimos en llegar. ¡Los quiero listos en 10! – con una firma respuesta, el oficial aún en su caballo continuo su camino, repitiendo la orden y continuar con su camino.
Mientras pasaban, cruzaron miradas con él cuando escucharon un – Bien hecho – de su parte. No entendieron a qué se refería pero de alguna forma, sintieron que una marca invisible se poso en ellos, una que duraría un largo tiempo.
-Nunca pensé que ése loco sería nuestro superior en mando – soltó Gael a mitad de un bocado. El primer día había pasado y todos los reclutas que habían decidido quedarse estaban reunidos para la cena. Tal como lo había planteado, la idea de que el Loco, mejor conocido como Aldeus J. Fogelman, el Mayor encargado de la compañía de cadetes número 98, fuera a guiarlos durante los tres años de entrenamiento era una imagen alocada. Desde su primera aparición ésa misma mañana gritando a todo pulmón un simulacro de ataque de titanes y la presentación ante todos, las caras de sorpresa en varios jóvenes fueron evidentes, rumoreándose dentro de aquella cabaña que "El Mayor" había accionado de la misma forma en los demás grupos.
-Otros de tus apodos… - suspiró luego de una pequeña risa – Si es un loco o no, es nuestro superior, no podemos escapar – continuó mientras seguía con su cena, un simple estofado, con más agua que carne y papas, y una rebanada de pan. No podía negar que estaba acostumbrada a la fina comida del interior de Chrolba y su estomago sugería devolver el plato, pero ella misma lo dijo "No podía volver atrás".
-Y por supuesto que no podrán escapar. Mañana serán las pruebas con el equipo tridimensional – escucharon a su lado, un muchacho conocido por el par se sentaba a su lado con su bandeja de comida.
-Por qué siento que nos estás siguiendo – murmuró Gael mientras observaba como Benedict se acomodaba al lado de Elise, comenzando a comer - ¿No deberías estar con tu compañero? – señalándolo con su cuchara llena de un aguado estofado.
-¿Andel? Prefirió quedarse con un grupo de jóvenes mujeres que seguirme – dijo de forma tranquila, probando de a pequeños bocados su comida. "La situación es tensa, aunque no hablen" pensó de forma rápida la joven mientras observaba como intercambiaban miradas el castaño y el rubio, podía verse que no se agradaban desde el encuentro de esa mañana, pensaba interrumpir con algún comentario sobre de qué era el equipo tridimensional, hasta que una silueta que tapaba los candelabros de la cabaña ocupo su vista. La llegada de un hombre, de una gran estatura no sólo llamó su atención sino también la de sus compañeros, olvidando su pelea interna y analizar la altura de aquel muchacho, tan alto como la puerta de entrada de la cabaña.
-Disculpen – pronunció de forma suave, parecía ¿tímido? – ¿está ocupado? – refiriéndose al espacio vació de la mesa al lado derecho de Gael.
-¡Oh! – Exclamó Elise – Claro que no, por favor siéntate – dijo con una sonrisa, haciendo sonrojar al gran muchacho. Con un gracias apoyó su bandeja en la mesa para poder acomodarse en la tabla, encorvándose para sentarse – Me llamó Elise. Elise Schoenherr – comenzó la pelinegra, esperando una respuesta por parte del nuevo integrante.
-Leonard… Dohrn – escuchó como la joven le devolvía el saludo. Aunque su objetivo al momento de llegar era no llamar la atención de sus demás compañeros, le fue imposible con su estatura.
Por alguna razón, no era común encontrar a un joven de casi un metro noventa por los pueblos que conformaban la zona oeste de los muros, a pesar de que en el suyo si lo era. Lo único que pensaba hacer durante los siguientes tres años de entrenamiento era cumplir con las órdenes, las pruebas físicas, hablar lo justo y necesario, y así terminar con algún buen puesto. Pero sus planes se fueron destruyendo desde que piso aquel lugar, desde que preguntó si podía ocupar un lugar y desde que aquella pelinegra lo saludó.
-¿Dohrn? – Preguntó Benedict – No es un apellido que se escucha seguido en los pueblos cercanos al muro – señalo observando al nuevo integrante.
-Es común de la zona que provengo – contestó acortado mientras le daba una probada al estofado.
-¿Y de dónde provienes? – Le continuo Elise – De Bergen – siguió el joven poseedor de unos ojos de color miel - ¡Oh! Eso explica tu estatura – comentó Gael.
Y así, de alguna forma, se hundieron en una conversación de preguntas y respuestas, algunos comentarios por parte de Benedict acerca del entrenamiento, los orígenes de Elise y Gael, la vida en las montañas por parte de Leonard, detalles de la vida de cada uno que se convertirían a lo largo de los siguientes años, en una muestra de confianza superando las futuras pruebas que rodearían al grupo.
Se sentía cómoda. Si pudiera describir alguna sensación en aquel momento, sería con esa palabra. A pesar de que la búsqueda de un punto de equilibrio fue difícil al comienzo, la manera de ganar un lugar a unos pasos del suelo fue la comodidad de encontrarla. No era un ave, no podría volar aunque quisiera, si no fuera por la ayuda de aquellos cables que la sostenían, hace minutos que su rostro hubiera tocado la tierra, creando un nuevo moretón en su mejilla. Tras varios intentos, el inspector, el mismo Mayor Fogelman, dio su aprobado para dar paso a otro recluta e intentara repetir los mismos pasos.
-Siento que fue fácil – habló Benedict, luego de que Elise se uniera a ellos. Desde la cena de anoche, el reciente grupo conformado se trasladó a unos metros más atrás hasta esperar nuevas instrucciones por parte de sus superiores, faltando un par de reclutas más para su evaluación inicial. Por alguna no extraña razón, el Mayor deseaba tomar la prueba del equipo tridimensional ese mismo día, sin aviso y sin práctica previa, "Un verdadero soldado no necesita practicar con el equipo, lo tiene en la sangre" fueron las palabras que pronunció en la mañana, logrando que una cuarta parte del batallón fuera enviado a las zonas de producción por no cumplir con la meta del día, algunos se cuestionaron que sucedería en los próximos días.
-Mi cinturón estaba tan oxidado que casi no logro mantener el equilibrio – escucharon entre medio del grupo, conversaciones perdidas entre los reclutas mientras estaban en la espera – Tuviste suerte de que no te enviaran de vuelta a casa – decía otra voz mientras intentaba calmar los nervios a una de sus compañeras – La verdad es ¿para qué necesitamos usar estos equipos? Las murallas no han sido atravesadas por más de 80 años, no veo el objetivo de utilizar objetos tan pesados para ello – escuchó detrás suyo en otro grupo – Es verdad, no veo su utilidad en días tan pacíficos – secundó otra voz – Como si alguien de aquí quisiera entrar a la Legión de Reconocimiento – continuó el joven.
-No es de extrañar que se sientan incómodos con los equipos tridimensionales – dijo Gael a su lado. Ella lo observó esperando a que continuara – Piénsalo, por un lado tienen razón: el muro se ha mantenido intacto por 80 años, y en la actualidad para continuar con una vida mejor y acomodada es entrar a las Tropas Estacionarios o a la Policía Militar -.
-En los últimos años, la Legión de Reconocimiento ha sido sometida a evaluaciones y reducido sus suministros para las exploraciones al exterior de los muros – habló Benedict al estar cerca de los hermanos.
-Sólo entrarían las personas que no tienen nada que perder en este mundo – siguió Gael – Pero, ¿es necesario que escuches las conversaciones ajenas, Wadlow? – observando al caoba con cara seria.
-No es mi culpa que tengas la voz tan alta como el Mayor, Lawler – y eso era suficiente para comenzar una riña entre los dos jóvenes. Mientras ellos se sumergían en una nueva discusión y Leonard intentaba calmarlos, Elise se hundió en sus pensamientos, olvidando su alrededor. Era cierto que la Legión no era bien vista en la población en general y los rumores de pérdidas de soldados luego de cada exploración era inevitable no escucharlos.
Observando al cielo, recordó el momento en que caminó junto a Alfons y la sensación de tranquilidad que tenía, su conversación fluida sin importarle que fuera a una salida de los muros sin retorno. ¿De dónde provenía tanto valor? Se preguntó.
Esa pregunta tendría que respondérsela a sí misma, aunque tomara muchos años en encontrar su propia respuesta.
Final del capítulo 3, espero que les haya gustado. Intentaré de mantenerme al día con este fanfic, que la universidad y el tiempo me lo permitan.
Como plus, les dejo unos tips del por qué de algunos nombres o aspectos de la historia:
Los valles: pensé que la geografía del mundo de SNK sería un poco más variada, entonces este paisaje entraría dentro de esa categoría para caracterizar la zona oeste.
Cabeza de madera: es, obviamente, utilizado por el color caoba del cabello de Benedict.
Bergen: en una vieja libreta de nombres y la búsqueda de su significado, hace referencia al "habitante de la montaña".
Así que por ahora estos serían los significados de algunas características que utilizo en mi historia. Gracias por continuar leyendo la historia y dejar algún reviews.
Nos leeremos pronto,
CLMayer
