Iris de acero
Capítulo 3. Obedeciendo órdenes
"¡Mierda, está viva!" pensé al ver aquella mocosa con los ojos abiertos. Aparté a Hange de la caja, saqué mis espadas y me preparé para el combate. Un sudor frío me recorrió la espalda. No ocurrió nada. La chica nos miraba desde dentro del contenedor, sin moverse. "¿No va a atacarnos?".
— Parece inofensiva, Levi — comentó la cuatro ojos volviendo a cogerme del brazo con esas manos sucias.
Ya me imaginaba lo que estaba pensando la loca. Le indiqué que se apartara y me acerqué a la mocosa con cautela. Sus ojos siguieron mis movimientos. No obstante, ella continuaba inmóvil. Enfundé las espadas e introduje una mano dentro de la cápsula donde ella descansaba, lentamente, procurando no asustarla. Le toqué la mejilla con el dorso de la mano. A través del guante sentí su piel caliente y viscosa. "Tal vez sea un titán o ¿un humano modificado?". Desplacé mi mano hasta sus labios finos y rojizos. Los reseguí con los dedos. La mocosa continuó quieta. "No parece que tenga ganas de devorarme". La chica seguía el recorrido de mi mano con los ojos. Le acaricié el cuello con delicadeza y la mocosa se encogió ligeramente con una sonrisita en los labios. "Tiene cosquillas" pensé divertido.
— ¡Sargento Levi! — irrumpió Eren acercándose con los otros dos mocosos.
La chica giró la cabeza bruscamente buscando el origen del grito. Una vez detectados los mocosos, se los quedó mirando. Ellos la observaron a su vez. El asombro estaba pintado en sus rostros. Hange se acercó a mí y me palmeó el hombro. Luego se dirigió a todos.
— Saquémosla de ahí. ¡Nos la llevamos! — exclamó como si hubiera conseguido un perro.
— Oye, Hange, no sabemos si es realmente peligrosa o... — empecé a replicar pero nadie me prestó atención.
Los mocosos se reunieron alrededor del contenedor. Hange le indicó a Eren que la cogiera y esté se inclinó para sujetarla por las axilas. La mocosa se dejó sostener sin oponer resistencia, aunque tampoco colaboró. Jean la agarró por la cintura y Armin le dobló las piernas para evitar hacerle daño. Mientras, sus ojos iban de un lado a otro, observando a cada uno de los chicos como si se tratara de un espectáculo. La sacaron del contenedor y la pusieron en pie. Eren siguió sosteniéndola con dificultad. La piel de la chica resplandecía a causa de aquel líquido verdoso que le cubría el cuerpo. Cuando Eren la soltó, la chica se desplomó igual que un peso muerto. Medio segundo después, oímos un suave sollozo femenino.
— Idiotas, se ha hecho daño por vuestra culpa — critiqué mientras me agachaba junto a la mocosa.
La cogí por las axilas con bastante asco, luego la senté en mi regazo y mi uniforme quedó pringado completamente. "Quemaré la ropa cuando llegue al campamento", suspiré. Le enjuagué las lágrimas con los pulgares y apoyé su cabeza en mi hombro, tal y como había hecho tantas veces con Isabel cuando era pequeña. Le acaricié el cabello pringoso y la mocosa paró de sollozar. Se miró las manos con curiosidad, alzó una mano de manera tambaleante, la estampó contra mi mejilla y la frotó sin cuidado. Sentí cómo restregaba aquella flema viscosa y fría por mi cara. Oí a los mocosos aguantar la respiración esperando mi reacción ante el golpe. "Supongo que ha intentado acariciarme".
— Levi — titubeó Hange para evitar el desastre —, creo que ha intentado imitarte. Antes tú le has tocado la cara.
— Supongo — contesté rascándole suavemente el cabello. "Me alegro tanto de llevar guantes".
La mocosa dejó de tocarme la cara. "Gracias por dejar de ensuciarme". Los mocosos volvieron a respirar con normalidad, aliviados. La muchacha miró a los chicos repasándolos de arriba a abajo. Entonces, me percaté de que Eren y Jean estaban ruborizados y lanzaban miradas furtivas hacia mí. Seguí la dirección de sus ojos hasta encontrar la causa de su sonrojo: la chica estaba desnuda. "Mocosos pervertidos...".
— Eren, sácate la camiseta y dámela. Hay que vestirla un poco —. Miré al resto — Kirschtein, Arlelt y Hange, buscad información sobre la mocosa. ¡Ahora! Debemos saber, antes que nada, toda la información disponible sobre ella. Estaba en el contenedor G2. Podéis empezar por ahí. ¡Vamos, moveos!
— No le harás nada raro, ¿verdad, Levi? — preguntó Hange pícaramente encarnando una ceja.
— Es bastante más peligroso dejarla contigo que conmigo, loca. No quiero imaginar qué le harías tú — contesté con seriedad.
Hange rió y se marchó seguida de los dos mocosos con una sonrisa en la cara. Lancé una mirada furibunda a Eren, que reaccionó con rapidez, se quitó la camiseta y me la entregó. Lo eché con un gesto de la mano. "Que lo aguante Hange un rato". Cogí la prenda verde y la olfateé por encima. Desprendía el olor del mocoso. Conseguí que la mocosa se aguantara sentada, arrugué el borde la camiseta y le pasé la prenda por la cabeza. Luego, metí las manos por debajo de la camiseta, busqué sus brazos y los hice pasar por las mangas. Al hacerlo, rocé la parte inferior de su pecho involuntariamente. La mocosa no se inmutó. Le sujeté el cabello y tiré de él hasta liberarlo del interior de la camiseta.
"Necesita un baño urgentemente. Está absolutamente asquerosa". La mocosa se miró el cabello, lo toqueteó con las manos y se lo llevó a la boca. Le golpeé las manos suavemente y ella soltó el mechón. Me miró con aquellos ojos grises y extendió sus manos hacia mí. Me acerqué, sus manos encontraron mi ropa y se entretuvo tocándola. "Nunca pensé que los botones de mi camisa fueran tan interesantes". Decidí esperar hasta que Hange o los mocosos volvieran con información fiable.
— ¿Qué vamos a hacer contigo, mocosa? — pregunté retóricamente al aire mientras le acariciaba la cabeza.
La chica me observó al oír mi voz. Alzó su mano y me tocó los labios. Luego, su atención se centró en los bolsillos de mi chaqueta. "No creo que nos podamos deshacer de ti, mocosa misteriosa". Sonreí sin poder evitarlo. Por alguna razón, me recordaba un poco a Isabel, a pesar de que no se parecían.
Después de un largo y aburrido tiempo, Armin llegó con la "maravillosa" noticia de que aún no habían encontrado nada. Así que, harto de esperar, me levanté, cogí a la mocosa en brazos y decidí salir del sótano. Arlelt intentó pararme, pero no lo consiguió. Hacia el final del túnel que nos conduciría a la salida de aquel mohoso lugar, oí a Eren gritando mi nombre. Seguí caminando sin disminuir la velocidad. Si el mocoso corría, no tardaría en alcanzarme.
— ¡Sargento Levi! — Eren estaba detrás de mí con la respiración un poco alterada —. Aún no sabemos si es seguro sacarla al exterior. Podría ser peligroso, tal y como usted ha dicho.
— Tsk — fue mi réplica mientras seguía caminando —, no tardaremos mucho en saberlo —. Me paré en seco y me giré con la cría en brazos para mirar al mocoso —. Abre la puerta, Eren.
El chico no desobedeció mi orden. Con los puños cerrados a ambos lados del cuerpo, caminó la distancia que le separaba de la puerta y la abrió. Pasé por delante del mocoso y llegué al despacho del Dr. Jaeger. Crucé el diminuto sótano y subí las escaleras para dirigirme al exterior.
(...)
Horas más tarde, estaba dándome un baño en un lago cerca del campamento. Normalmente me relajaría en estos momentos. No obstante, volví a mirar el trabajo que tenía entre mis manos. "Ni con tres quilos de jabón se puede quitar toda esta porquería" pensé mientras continuaba lavando la cabellera infinita de la mocosa. La chica seguía sentada en el lecho del lago de espaldas a mí. "Todo un logro que no se ahogue sola", pensé con sorna. La mocosa miraba embobada el atardecer anaranjado que poco a poco se iba volviendo de colores más oscuros. Erwin había dictaminado que el cuidador de la nueva integrante sería yo en lugar de Hange. "Así que, aquí estoy, metido en el río con la mocosa, aseándola".
Harto de limpiar su cabello, froté con el jabón bruscamente y le di un tirón. La mocosa giró la cabeza y me miró frunciendo ligeramente el ceño. Luego arrastró el trasero con la ayuda de sus manos y se acercó un poco a mí. Apenas se movió un palmo. Volvió a observarme y repitió el movimiento para aproximarse más. Dejé salir un suspiro entre mis labios, incliné mi cuerpo hacia delante, la tomé por la cintura y la senté entre mis piernas sin dificultad. Ella seguía dándome la espalda. La mocosa movió las manos dentro y fuera del agua. Observó las gotas de agua descender por sus brazos y luego se frotó las manos húmedas. Viró su cuerpo y me las enseñó. Le di un par de caricias en la cabeza igual que a un perro. "Menudo titán vas a ser, si es que realmente lo eres", pensé con burla.
Cogí otra vez la pastilla de jabón y continué quitando el líquido verdoso de su cabello. La mocosa se entretenía chapoteando y mirando los reflejos del agua. Mientras, en mi mente recreé la reunión de oficiales donde tratamos los hallazgos del sótano. Hange, que había vuelto dos horas más tarde que yo, había revuelto informes, diarios, papeles, notas y otros documentos y, de forma preliminar, había concluido que el Dr. Jaeger usaba niños y bebés vivos en sus experimentos. Hange tenía dos teorías sobre la finalidad de todo aquello: crear titanes o bien crear humanos con capacidades mejoradas para combatir a los titanes. Zoe necesitaría varios equipos y algunos días para extraer toda la información acumulada durante años en aquel antro. Además de los documentos, también quería investigar las sustancias desconocidas encontradas allí. El problema erradicaba en cómo Hange y los escuadrones a su cargo sobrevivirían varios días luchando contra los titanes y con las limitadas reservas de comida de que dispondrían.
Después de varias disputas y negociaciones, Erwin había dado las órdenes pertinentes: Hange se quedaría aquí dos días más de lo previsto con su equipo y los escuadrones de Moblit y Keiji y, luego, iniciarían la retirada. En caso de que se les acabaran los suministros o sufrieran demasiadas bajas, volverían antes. El resto de escuadrones iniciaríamos una retirada mañana al alba con los heridos y los documentos ya extraídos. Mi escuadrón se encargaría de la protección de Eren y de la chica, presumiblemente titán, durante el trayecto de vuelta. Al igual que con Eren, yo sería el cuidador de la mocosa. Nosotros, en vez de ir al actual cuartel general del cuerpo de exploración, nos aislaríamos en el antiguo cuartel del cuerpo, el castillo reformado.
"Por fin he acabado", pensé volviendo al presente. Aclaré el cabello de la mocosa por última vez. Ahora estaba perfectamente limpio. Luego, aparté su larga melena y comencé a limpiarle la espalda. Ella dejó de juguetear con el agua y giró la cabeza para observarme. Alargó sus manos para coger la pastilla de jabón, la cual se escurrió entre sus manos y cayó al agua. "Su rostro no muestra ningún tipo de emoción, pero sus acciones denotan que está intrigada". La cuarta vez que lo intentó, consiguió retenerla en sus manos y me la entregó. Cogí el jabón, le estiré el brazo y se lo froté. "Es un alivio que su cuerpo ya esté bastante limpio gracias a la acción del agua".
Minutos más tarde, terminé con un suspiro. "Estoy cansado". Me masajeé los hombros con la cabeza inclinada hacia atrás. El cielo se había oscurecido casi por completo. El manto estrellado comenzaba a ser visible y la luna iluminaba suavemente los alrededores. Sentí las manos de la mocosa en mi pecho, una de ellas sostenía la pastilla de jabón y la restregó contra mi tórax. "Imita mis movimientos". Yo la había lavado antes y ella me lavaba ahora. Sin embargo, su intención era completamente inútil, puesto que ya me había bañado aquel día. Le quité el jabón de las manos, la cogí por la cintura y la saqué del lago. La dejé en el suelo un momento y luego me coloqué el uniforme con rapidez. Una vez listo, comencé a vestirla con la ropa de recambio de Braus, que tenía una altura parecida a la suya. La pelinegra era un poco más alta y tenía menos curvas que Sasha, pero la ropa cumpliría su cometido. Sujeté las braguitas rosas de Braus y las inspeccioné con una lasciva curiosidad. Estaban constituidas por una tela de poca densidad y eran provocativamente transparentes. Tuve la tentación de silbar de admiración. "¡Menuda ropa interior tiene Sasha!". La senté en una roca al lado del agua y le alcé los pies. Luego, deslicé la prenda interior por sus largas piernas hasta llegar a sus caderas. No pude evitar acariciar su tersa piel en el proceso. Noté una punzada de fundada excitación recorriendo mi cuerpo. "Levi, concéntrate", me regañé. Después, le coloqué el sujetador a juego con la prenda inferior y la contemplé. El infinito cabello le cubría parte de los rasgos exóticos de su rostro. Era atractiva. No era una belleza clásica, ni de esas mujeres que te giras al verlas pasar. Ella era diferente. Tenía un punto que provocaba que te la miraras dos veces. "Seguramente esa ropa interior ayuda, Levi" pensé dirigiéndome a mí mismo. Dejé de observarla y continué vistiéndola. Al terminar, la cogí igual que un saco de patatas y me dirigí hacia el campamento de vuelta. "Hablando de patatas, ¿para quién se pondrá Sasha este tipo de conjuntos?".
(...)
A la mañana siguiente, el sol despuntaba en el horizonte. Los soldados estaban acabando de recoger el campamento, de ensillar los caballos y de cargar las carretas con los suministros y los heridos. Como todos, yo estaba ayudando en este último grupo, en concreto, a Sasha. Ella estaba sentada en la carreta, con la espalda apoyada en la parte frontal del transporte. Una manta le cubría las piernas, una de ellas con el hueso roto y entablillada, fruto de un encuentro contra los titanes durante la primera batalla en Shinganshina. A su izquierda, tenía dos espadas y al otro lado estaba la mocosa pelinegra en la misma posición que ella. Yo estaba entre ambas de cuclillas.
— Cuéntame otra vez qué tienes que hacer en caso de emergencia — inquirí.
— Sí, sí — contestó con fastidio Braus —. Durante el viaje tengo que descansar mientras mantengo un ojo puesto en la "mocosa" — hizo comillas con los dedos mientras rodaba los ojos —. Si la chica realiza algún tipo de acción corriente, como pedir comida, agua o curiosear la carreta, la atenderé dentro de mis posibilidades actuales. Si la chica hace acciones demasiado extrañas, como intentar convertirse en titán, daré un aviso al equipo y la contendremos. Si es demasiado tarde, la ejecutaré.
Asentí satisfecho con la cabeza ante la respuesta de Braus. Me levanté, bajé de la carreta, me dirigí hacia mi caballo, monté en él y observé al resto de mi escuadrón. Todos estaban listos para partir. Con un chasquido capté su atención y nos reunimos con el resto de los soldados para colocarnos en formación. A pesar de los heridos y de las muertes, se oía a los reclutas hablar bastante animados. Habíamos sellado la brecha del muro con éxito. Un par de minutos más tarde, vimos la señal de humo y nos pusimos en marcha. Volvíamos a la seguridad de las murallas con el éxito pintado en nuestros rostros.
(...)
El chirrido de la enorme puerta del distrito de Karanese nos dio la bienvenida. Habíamos tardado tres días en llegar, a pesar de que apenas nos habíamos topado con titanes. Durante la vuelta habíamos sumado unos cuantos heridos, pero, por suerte, no habíamos añadido muertes a la lista. Como siempre, una gran multitud se había reunido en la calle principal y nos miraban desfilar uno tras otro. Por la expresión de sus caras, podía imaginar sus nefastos pensamientos. Para aquella gente el cuerpo de exploración sólo éramos un gasto inútil. No obstante, esta vez sus rostros iban a cambiar. "Hemos reconquistado el muro de María" pensé con absoluta satisfacción encima del caballo. Erguí orgulloso los hombros y observé a los ciudadanos. Pocos segundos más tarde, los novatos comenzaron a gritar con alegría que habíamos conseguido cerrar la brecha del muro. Al principio, la gente se quedó estupefacta y no reaccionó. Mas, luego, chillidos, clamores y silbidos se oyeron con fuerza. Por primera vez en la historia, el gentío aclamó y vitoreó al cuerpo de exploración.
Algunos soldados desmontaban de sus caballos y se abalanzaban contentos contra sus familias, amigos o desconocidos. La muchedumbre pedía a gritos una celebración y los taberneros tardaron poco en responder al llamado dispensando bebidas alcohólicas. "Esta noche se lo van a pasar bien". Eché un vistazo a mi escuadrón. Continuaban cabalgando, procurando no dañar al eufórico gentío, que se movía caóticamente alrededor de nuestros caballos. Seguimos nuestra ruta, directos al establecimiento de los médicos del distrito, donde nuestros heridos serían tratados. Cuando llegamos allí, Eren y Jean bajaron con cuidado a Sasha y la transportaron a dentro. Iba a seguirles, pero cambié de planes cuando vi a Petra desmontar del caballo a mi lado. Empecé a dar órdenes a los mocosos para poder ausentarme y hablar con Petra en privado.
— Armin, ve tú adentro y entérate del estado de Sasha. Dile a Eren que salga y vigile la mocosa. Historia y Conny, vigiladla también. Ahora vuelvo.
Con la mirada, le indiqué a Petra que me siguiera. Caminé un par de calles hasta llegar a un callejón donde los mocosos no podían vernos y el ruido no era tan elevado. Me paré y apoyé mi espalda contra la pared de ladrillos.
— Tú dirás — hablé y me crucé de brazos.
— He oído que tú y tu escuadrón iréis al antiguo cuartel del cuerpo. No vendréis con nosotros — Petra me miró a los ojos —. Quiero ir contigo, Levi.
— Esas no son las órdenes de Erwin — contesté con suavidad.
— ¡Pero, Levi! Yo... — exclamó ella.
Le coloqué el índice encima de sus labios para callarla. Los reseguí, bajé mi mano hasta su cuello y la acerqué a mí. Incliné la cabeza y busqué su boca con mis labios. La besé con suavidad mientras le rodeaba la cintura con mi otro brazo. Petra colocó sus manos en mi pecho y separó sus labios. Sin más dilación, introduje mi lengua acariciando la suya y saboreando el resto de su boca. Petra interrumpió el beso para coger aire. Luego, volví a buscar su boca. Mi mano, situada en su cintura, se deslizó hasta sujetar su trasero. La impulsé a frotarse contra mí y Petra se restregó sin pudor alguno. Dejé de besarla en la boca y fui directo a por su cuello. Le aparté un poco la camisa y lamí, mordí y bufé aquella sección de piel tan sensible. Petra estiró el cuello para exponer más piel al descubierto y mi nombre salió de entre sus labios con un suave gemido de placer. Mi mente y mi cuerpo recordaban aquel tono de voz. Petra sólo utilizaba ese timbre cuando estábamos desnudos en la cama y, yo, hundido entre sus piernas mientras me arañaba la espalda y gemía de placer. Lamí su cuello hasta llegar a su oreja, donde le succioné el lóbulo. Mi miembro palpitaba dentro de mis pantalones. Volví a buscar su boca y la besé con brusquedad. Le agarré el trasero, ahora, con ambas manos y la restregué contra mí. Mi boca devoraba la suya. Quería arrancarle la ropa, tumbarla y hundirme entre sus piernas hasta hacerla gritar de placer. Pero ahora no tenía tiempo suficiente. Terminé el beso y la separé de mí con suavidad.
Petra tenía los ojos vidriosos y los labios rojos por los besos. Apoyó su cabeza en mi hombro y una de sus manos viajó hasta llegar a mis pantalones para comprobar que estaba excitado. Sus labios formaron una sonrisa. Le cogí la mano para que no me tocara, sino mi erección no se calmaría. Esperé un minuto antes de hablar.
— Tengo que irme — dije apartándome de su lado.
— ¿Por qué no le pides al comandante Erwin que me deje venir con vosotros? — Petra movía las manos de manera nerviosa —. A ti te haría caso y no habría diferencia si yo vengo con tu escuadrón — un mechón rebelde se escapó de detrás de su oreja. Ella lo recolocó en su sitio.
— No, Petra — comencé a caminar alejándome de ella. Le di la espalda.
— ¿Sabes? Últimamente me cuesta mucho entenderte — tenía la vista pegada al muro de ladrillos de la casa —. Parece que me deseas y luego me apartas de lado súbitamente. Durante la misión creía que eran los nervios, pero ahora estamos seguros, en casa. ¿Por qué? — ella suplicaba una explicación a mi comportamiento.
— Me gustas, Petra — "pero yo no soy la persona que necesitas"—. Eres libre de hacer lo que te plazca.
— ¿Ves? Eso no tiene sentido — dijo con los ojos humedecidos —. Si te gustara de verdad, ¡no me dejarías hacer lo que quiera!
Un par de transeúntes pararon y observaron la escena. Les lancé una mirada furibunda y se marcharon rápidamente. Giré mi cuerpo hacia ella.
— Tengo que irme o llegaremos tarde —. Esperé una respuesta por su parte que nunca llegó —. Adiós — y me reuní con mi escuadrón para poner rumbo al antiguo cuartel general del cuerpo de exploración.
(...)
Era media tarde y cabalgamos rodeados de robles, pinos, píceas y hayas. Oíamos el piar de los pájaros y el olor a tierra mojada inundaba nuestras fosas nasales. Estábamos todos, excepto Sasha, que se había quedado en la ciudad recuperándose de su fractura en la pierna. Por suerte, sanaría completamente y podría volver usar el equipo de maniobras tridimensional. Los cuatro mocosos estaban contentos. Se notaba en el tono de su charla. En cambio, Historia estaba callada, probablemente porque no tenía con quién conversar. Armin conducía la carreta que transportaba a la mocosa pelinegra y los suministros para abastecernos durante los próximos días. Ella estaba sentada, observando el bosque sin perderse ni un detalle.
No podía dejar de pensar en la conversación que había tenido con Petra. La discusión me había dejado un mal sabor de boca. Le daba vueltas una y otra vez a sus palabras. Hacía cuatro años que había empezado nuestra relación de amantes. Le había dejado muy claro que nuestro amorío nunca iría más allá. Sólo era sexo. Ella lo sabía. "Se lo dejé claro en su momento y se lo he repetido bastante últimamente". No obstante, ella había albergado esperanzas de que yo cambiaría esa decisión, pero eso no pasaría. La imagen fugaz del rostro sonriente de Isabel cruzó por mi mente. La deseché, volviéndome a centrar en mi situación actual. Por lo que a mí respecta, Petra era libre de encontrar un hombre que la amara, la cuidara adecuadamente y le diera una familia. Quería a Petra. La amaba. Por su forma de ser: tan dulce y siempre dispuesta a ayudar con una sonrisa. Por ese cabello rubio con mechas cobrizas. Por sus ojos azules chispeantes de vida. Por sus finos y tiernos labios. Por sus pequeñas y suaves manos. Por sus... "Oh, Levi, te estás poniendo demasiado sentimental", me regañé.
Presté atención al camino, arrinconando en mi mente los pensamientos sobre Petra. Ya volvería más tarde sobre ellos. Eché un vistazo a los mocosos, que ahora estaban bastante callados. Murmuraban entre ellos, mientras me lanzaban alguna que otra miradita. Jean le palmeó el hombro a Eren con una sonrisa. Jaeger espoleó su caballo y se colocó a mi lado. Carraspeó con suavidad, llamando mi atención.
— Sargento Levi, ¿podremos celebrar la reconquista del muro de María cuando lleguemos al cuartel? — preguntó Eren esperanzado.
— Claro que podréis —. Los mocosos chillaron de alegría, chocaron las palmas y hablaron con rapidez sobre los planes para la noche —. Pero... — dije alto y claro. Los reclutas callaron inmediatamente. Dejé pasar unos segundos de absoluto silencio para que notaran que yo tenía el control — habrá que limpiar primero.
Los mocosos renegaron ante la idea de adecentar, barrer, fregar, frotar y desinfectar el antiguo cuartel. "A mí me parece un plan perfecto para celebrar el éxito de la misión". Sonreí maliciosamente para mis adentros.
¡Hola a todos!
Espero que os haya gustado el capítulo y que tengáis ganas de leer la continuación ;) Gracias a todos aquellos que habéis puesto fav/follow y a los que me escribís comentarios. Me alegran muchísimo y me animan a continuar el fic. Me encanta contestar vuestros reviews, pero si los escribís como usuario "guest" no puedo hacerlo.
A partir de ahora, publicaré un capítulo el último viernes de cada mes, como hoy ^^ De esta manera, me da tiempo a escribir y revisarlo correctamente.
Y ¿qué tal? ¿Qué os ha parecido? ¿Os parece interesante? ¿Qué parte os ha gustado más :D? (Levi sabe muy bien qué parte le ha gustado más... :DDDD) ¿Cúal la que menos? Si encontráis errores, avisadme y lo arreglo ^^
¡Espero con mucha ilusión vuestra opinión! ¡Muchos besos!
¡Nos leemos!
Txelleta
