Ohayo un saludo a todos aquellos lectores que han hecho de corazón traicionado su fic favorito :p, esta chica loca les da sus agradecimientos y espera que este capitulo sea de su agrado.
Bueno pues Naruto es de Masahi Kishimoto, y la historia es de Carol Townend, de ahi enfuera algunas cosas cambiadas si son mias jajaja xD, okis sin más espero que disfriten el tercer capi de esta adaptación.
Capítulo III
Empezaba a anochecer cuando Naruto y Gaara se dirigieron a caballo hasta la verja del convento. En el mes de noviembre los días duraban menos y eso significaba que Naruto y sus hombres tendría que pedir permiso para pasar la noche allí.
Naruto tenía el corazón acelerado, era la primera vez que hacia una incursión en el terreno de las mujeres de alta alcurnia, ya que él procedía de una familia humilde y Sakura sólo era la hija de un mercader. Estaba nervioso porque sabía que su futuro en Zurungakure dependía del resultado de lo que allí sucediera, igual que sucedió cuando se unió a sus compañeros sunos en Ganamakure.
-¿No puedo convencerte para que te quites la malla, Gaara?- pregunto Naruto. –no has de temer que te claven un puñal en las costillas, estamos en tierra sagrada.
Gaara negó con la cabeza.
-Asustarás a las mujeres…
-Lo dudo.- dijo Gaara, desmontando del caballo. –las monjas pueden ser unas arpías…como yo bien sé.
Naruto llamó a la puerta.
-¿Por qué?
Gaara se encogió de hombros.
-Mi madre, cuando mi padre falleció, ella se fue a un convento llevándose consigo a mi hermana Temari, cuando iba a visitarlas, Temari me lo contaba todo. Créeme, Naruto, en los lugares santos suceden cosas impías.
Naruto le habría preguntado más pero, en ese momento se abrió el ventanuco de la puerta y se encontró mirando el rostro arrugado y los ojos marrones de la tornera.
-¿Si?- pregunto ella mirándolo con recelo.
-¿Habláis chino, hermana?
-Un poco.
-Soy enviado del Mizukage y necesito hablar con su superiora.
-Cuando habláis del Mizukage, ¿os referís al hermano del bastardo del agua?
Naruto contuvo la respiración, era cierto que el Shodaime tenía un hermano bastardo, pero pocas personas se atrevían a llamarlo así. Le resultaba sorprendente que una monja tuviera esa clase de vocabulario, miró a Gaara.
-Te lo dije.- murmuro Gaara. –aquí podríamos encontrarnos cualquier cosa, nos odian, todo este país nos odia.
Naruto apretó los dientes. El Mizukage le había encargado que se asegurara de que aquella parte del país del fuego se mantuviera en paz, y por muy difícil que fuera, haría todo lo posible por no decepcionarlo.
-Ya veremos fue el Hokage Madara quién rompió el juramento, no el hermano de nuestro señor, por muy bastardo que fuera, además de que el confiaba en Madara y él lo acecino.- miro a la monja fijamente. –el Mizukage Shodaime es mi señor feudal, y debó hablar con vuestra superiora.
La monja miró hacia las nubes que había al oeste, tras las cuáles el sol estaba bajando hacia el horizonte.
-Es casi la hora de las vísperas la madre Chiyo estará ocupada.
-No obstante, hermana, hablaré con ella, estoy buscando a lady Shion Hyuga, y me han informado que está aquí en el convento.
El rostro desapareció y tras cerrarse el ventanuco, se oyó descorrer el cerrojo, al momento, se abrió la puerta despacio.
-Por aquí.- dijo la monja, y a pesar de que no dominaba el chino, su voz denotaba ironía.
Naruto y Gaara la siguieron hasta una pequeña habitación donde los hicieron esperar un rato.
-Como me temía.- dijo Gaara. –las dulces hermanas son unas arpías.
El frío del invierno traspasaba el suelo de tierra y sólo una vela iluminaba el lugar. Junto a ella, sobre la mesa, también había una campanilla.
Naruto sentía lástima por las monjas que debían pasar toda su vida allí, si el resto del convento era como aquella habitación, el lugar sería frío, húmedo y lúgubre.
Al cabo de un momento apareció una monja oronda que llevaba las manos ocultas en el hábito. Sus ropas eran de color morado, en lugar de negro, llevaba una cruz dorada colgada al pecho, adornada con gemas de colores. Evidentemente, dentro de aquel convento no todas las monjas vivían haciendo penitencia. Aquella mujer, por su vestimenta, era de una familia noble Hasengakureña y no parecía privarse de nada.
Naruto dio un paso adelante.
-¿Madre Chiyo?
-Señor.- contesto la madre superiora en japonés.
-Me llamo Uzumaki.- contesto Naruto. –y he venido en busca de lady Shion Hyuga, tengo que acompañarla de regreso a Konoha.
La madre superiora miró a Naruto y después a Gaara, reparando en la cota de malla que él llevaba. Después, miró de nuevo a Naruto y asintió.
Forzó una sonrisa pero no dijo nada.
-¿Lady Shion Hyuga?- repitió Naruto con paciencia. -¿está aquí?
Estaba gastando saliva inútilmente. Era como si la superiora no pudiera oírlo. Aunque continuaba asintiendo y sonriendo, su postura era rígida y su sonrisa forzada. Además, miraba a Gaara fijamente.
-Tiene miedo.- dijo Naruto.
-Si.- contesto Gaara.
-Deberías avergonzarte por asustarla. Te lo dije, Gaara, no les gusta que lleves puesta la cota de malla.
Sin arrepentirse, Gaara sonrió bajo el yelmo, y la superiora dio un paso atrás.
-No comprendo una palabra de lo que estás diciendo.- dijo Gaara.
Naruto blasfemó en voz baja y miró a la superiora.
-No estoy tan seguro.- murmuro. –Puede que trate de ponernos obstáculos.- dio un paso adelante, hacia la monja. –lady Shion Hyuga… ¿está aquí?
La madre superiora miró a Naruto durante un instante, agarró la campanilla y la hizo sonar. Inmediatamente, la guardesa del convento apareció en la puerta.
Las mujeres intercambiaron unas palabras en japonés, de entre las cuáles, Naruto sólo fue capaz de comprender una.
-Hinata.- la imagen de una mujer delgada con una larga trenza azulada apareció en su cabeza.
La guardesa se apresuró para salir de la habitación. Al cabo de unos momentos, se oyeron pasos en el pasillo. Se abrió la puerta y entro una monja muy joven con una lámpara en la mano.
Naruto sintió un nudo en el estómago.
Hinata.
Al lado de la vestimenta de la superiora, su hábito no era más que una tela fina, y la cruz, un simple adorno de madera. Sin embargo, el porte de sor Hinata haría que la aceptaran en cualquier lugar, ya fuera un castillo o un establo. Era delgada y caminaba derecha, con la cabeza bien alta, pero sin desdén.
Naruto se fijó en lo joven que era, y en que ni el griñón, ni el velo, ocultaban su belleza. De rasgos finos, cejas arqueadas, nariz pequeña, labios curvados, sus ojos cubiertos por densas pestañas…
Con la respiración entrecortada, Hinata entró en la habitación.
Aunque la madre superiora no le caía bien, siempre obedecía sus deseos, ya que la madre Chiyo tenía temperamento variable y un poder absoluto sobre inferiores. Tras hacerle una pequeña reverencia, Hinata se volvió hacia los dos hombres, uno de ellos debía ser el caballero suno del que le había hablado Shion.
La idea de que aquel hombre hubiera participado en la muerte de su padre y de su primo hizo que se le formara un nudo en el estómago. Al sentir que una fuerte emoción se apoderaba de ella, trató de controlarse.
Al ver que uno de los hombres llevaba puesta la cota de malla, sintió un sudor en la espalda. Puesto que llevaba el rostro oculto tras el yelmo, ella era incapaz de ver su expresión. Pero por su postura, parecía hombre seguro de sí mismo. Aquel debía ser Naruto Uzumaki.
Trato de que no le temblaran las manos, Hinata se contuvo para no salir corriendo y dejó la lámpara sobre la mesa. Una simple mirada al acompañante del caballero basto para que lo catalogara como su escudero. Sí, sin duda era el escudero. Por eso llevaba una túnica de cuero y no llevaba armadura.
El escudero era tan alto como el caballero, y muy atractivo. También era educado, puesto que cuando sus miradas se encontraron, él hizo una reverencia. Al ver que la llamaba lady Hinata, murmurando, ella se sorprendió. Sólo los habitantes del pueblo, como Yun, la llamaban por su viejo titulo. Dentro del convento la llamaban novicia, o simplemente Hinata.
-Hinata, hacedme de traductora, por favor.- dijo la madre superiora en japonés. –estos hombres han venido por orden del Mizukage…
Hinata estuvo a punto de protestar, ya que la madre Chiyo hablaba chino casi tan bien como ella. La madre Chiyo también provenía de una familia noble, y aunque no tuviera una madre del país del agua, como Hinata, entre la aristocracia se comprendía el chino.
-Tranquila, Hinata.- se dijo. –piensa en la pequeña Hanabi, quien necesita tu ayuda. Estos hombres son la manera que tienes de llegar a ella, deja a un lado el temor, la rabia, y los sentimientos de venganza. Sea como sea, debes conseguir que estos hombres te ayuden a cuidar de la pequeña Hanabi, eso es lo que importa…-Como deseéis, madre Chiyo.- Hinata entrelazo los dedos y se obligó a sonreír al caballero.
Su escudero dio un paso adelante.
-Lady..., es decir, hermana Hinata... estamos buscando a Shion Hyuga. Mis hombres me han dicho que está aquí, me gustaría hablar con ella.
El escudero se acercó a ella un poco más. Hinata, quien en los 7 años anteriores había tenido escaso trato con hombres, aparte de alguno de los habitantes del pueblo, como Yun, encontró desbordante su presencia. Tenía los ojos azules, y era difícil apartar la vista de él. Su rostro, de rasgos marcados, con unas extrañas marcas en sus mejillas era agradable pero perturbador. Llevaba el cabello corto y, como la mayoría de los del agua, iba recién afeitado. La mayoría de los habitantes de su pueblo llevaban barba y cabello largo. Hinata pestañeo al ver que bajo la capa en la cual se ocultaban unas anchas espaldas. Y su boca… ¿qué hacía mirándole la boca?
Al percatarse de que el la miraba con la misma intensidad, Hinata se sonrojó.
-¿Shion Hyuga?- dijo Hinata despacio. –me temo que llegáis demasiado tarde.
-¡Diablos!
La madre Chiyo lo miró fijamente y Hinata se mordió el labio inferior, esperando a que la superiora reprendiera al escudero por haber blasfemado. Sin embargo, la madre Chiyo no dijo nada y continuó fingiendo que no hablaba chino.
El escudero miró fijamente a la madre superiora y Hinata se percato de que él sabía tan bien como ella que hablaba chino. El caballero permanecía un poco más atrás, apoyado contra la pared de madera, aparentemente satisfecho de que su escudero hablará por él.
-¿Ha mencionado lady Shion a dónde se dirigía?- pregunto el escudero.
-No.- la mentira salió de su boca con facilidad. Hinata tendría que hacer penitencia por ello. Estaba dispuesta a hacer cualquier tipo de penitencia con tal de que aquel caballero no encontrara a su hermana. Y si pudiera hacer algo para asegurar que su hermanita también estuviera a salvo…
-¿No tenéis alguna idea?- pregunto el escudero. –lady Shion os habrá dicho algo, pensé que quizá tuviera alguna pariente aquí, ¿a quien vino a visitar? Me gustaría hablar con ella.
Hinata lo miró directamente a los ojos.
-Vino a verme a mí.
-¿Y eso por qué?
-Porque lady Shion Hyuga es mi hermana, y…
-¿Vuestra hermana?- la agarró por la muñeca. –pero… yo… No sabíamos que tuviera una hermana.
Tratando de liberarse, Hinata miró disgustada al caballero que estaba apoyado contra la pared, y que actuaba como si todo lo que estaba sucediendo no tuviera nada que ver con él.
-¿Acaso os sorprende que vuestro Mizukage no tenga conocimiento adecuado de las tierras que ha invadido y de su gente?- contesto ella.
Se mordisqueó el labio, consciente de que si quería encontrar la manera de proteger a su hermana, no debía enfrentarse a aquellos hombres.
–Shion también tenía un primo.- dijo con tono moderado. –Hasta la batalla de Ganamakure, ambas lo teníamos.- observo los dedos que le rodeaban la muñeca. –Me hacéis daño.
El escudero dio un paso atrás y la soltó.
-Os pido disculpas.- la miró a los ojos. –y siento la muerte de vuestro primo.
-Y la de mi padre… ¿Sentís esa muerte también?
-Sí… la muerte de cualquier buen hombre es una perdida. Oí que vuestro padre y vuestro primo fueron hombres leales. Puesto que murieron en Calbet Hill, defendiendo a su señor, no cabe ninguna duda.
-Oh, fueron leales.- dijo Hinata, y trato de disimular el tono de amargura en su voz. –Pero ¿Qué valor tiene la lealtad cuando se está muerto?- las lágrimas se agolparon en sus ojos y se volvió para tratar de recuperar la compostura.
-Quizá.- dijo el escudero. –deberías culpar a Madara de Zurungakure por lo que sucedió en Ganamakure. Fue él quien hizo un juramento solemne al Mizukage Shodaime acerca de que el puesto de Hokage estaba destinado a su hermano Minato Namikaze. Fue él quien falto a su palabra acecinando a Minato y usurpando su lugar como Hokage, fue su deshonra, lo que sucedió después yace a las puertas del invasor Madara y no las de mi señor, Shodaime.
Puesto que la madre Chiyo tenía la costumbre de guardarse para si las pocas noticias que llegaban al convento, el conocimiento de Hinata acerca de lo que sucedía en el mundo era limitado y apenas comprendía lo que el escudero estaba diciendo.
Se fijo en como el caballero se separaba de la pared, se quitaba los guantes y el yelmo. Después retiró la cota de malla, dejando su cabello pelirrojo al descubierto, y sonrió. El caballero responsable de la muerte de sus familiares se encontraba delante de ella. Igual que su escudero, era un hombre joven, quizá no tan atractivo, pero bien favorecido…
Hinata jugueteaba con el cordón de su cinturón mientras observaba su transformación y, de pronto, recordó lo que Shion le había dicho en broma. No era una idea que le hiciera demasiada ilusión, puesto que, de poder elegir, ella habría elegido al escudero.
Las palabras de Shion todavía retumbaban en su cabeza.
-Sir Naruto Uzumaki… y te lo cedo, porque yo no lo quiero.-¿podría hacerlo? –Por mí, no.- pensó Hinata, mirando al caballero. Pero ¿por su hermana y por el pueblo de su padre? Enderezó los hombros.
Lo haría, por su hermana… debía hacerlo…
-Apresuraos Hinata.- intervino la madre Chiyo en japonés. –cuanto antes se marchen estos indeseables mejor.
-Sí, madre.- dijo Hinata con tono sumiso.
Pero no tenía prisa, puesto que con cada minuto que pasaba Shion tenía más tiempo de escapar, el escudero la miro con sus ojos azules y el ceño fruncido.
-¿Vuestra hermana no os dijo a donde se dirigía?
-No.
-¿Juraríais eso sobre la Biblia?
-Sobre la tumba de mi padre.- Hinata forzó una mentira.
El escudero se volvió y miró al caballero esbozando una sonrisa.
-Gaara, amigo mío, parece que mi futura prometida se ha esfumado.
Hinata contuvo la respiración y miró al hombre que estaba más cerca de la pared.
-No… ¿No sois sir Naruto?
-Yo no.- el caballero miró al hombre que Hinata había confundido con su escudero. –Sir Naruto Uzumaki está a vuestro lado, hermana Hinata. Yo me llamo Gaara… sir Sabaku No Gaara.
-Oh.- Hinata tragó saliva, sonrojada recordó su plan, su corazón comenzó a latir con fuerza, algo que no había hecho cuando había pensado en sir Gaara. –Os pido disculpas, sir Naruto. Os eh confundido… pensé que sir Gaara era usted, puesto que lleváis la cota de malla y…
Sir Gaara soltó una carcajada.
-Por dios, Naruto, eso te enseñará a no quitarte la armadura. ¡Te ha confundido con mi escudero!
-Os pido disculpas, señor.- dijo Hinata, deseando que se la tragase la tierra. Miró a sir Naruto y comprobó que la miraba divertido. La mayoría de los hombres, habrían considerado un desaire su confusión, respiro hondo y continuó. –Sir Naruto, tengo una sugerencia…
-¿Sí?
Hinata entrelazo los dedos y agacho la cabeza.
-Me preguntaba…- se aclaró la garganta. –Necesitaréis un intérprete, puesto que mi hermana no está en casa. No hay mucha gente que hable vuestro idioma… y mi madre, mi difunta madre, era de origen del agua.
Sir Naruto se cruzó de brazos.
-Me preguntaba…- Hinata miró a la madre Chiyo. -¿Si consideraríais la opción de llevarme a mí? Conozco a la gente de Konoha, y confían en mí. Podría mediar…
El hombre que su hermana había rechazado permaneció en silencio y la miró con detenimiento.
-¿La madre Chiyo lo permitiría? ¿Qué hay de vuestros votos? ¿De vuestros deberes en el convento?
-Todavía no eh tomado los votos definitivos, no soy más que una novicia.
-¿Una novicia?
-Sí, señor. Lo veis… Mi hábito es de color gris, no de color negro, mi velo es corto y mi cinturón todavía no está anudado para simbolizar los tres votos.
-¿Los tres votos?
-El de pobreza, el de castidad y el de obediencia, señor.
El estiro la mano y la sujeto por la muñeca.
-¿Y estáis dispuesta a regresar a Konoha para hacer de interprete?
-Si la madre Chiyo me lo permitiera.
Naruto Uzumaki sonrío y Hinata sintió un nudo en el estomago, debía de ser hambre, se había saltado la comida de medio día como penitencia por haber roto el retiro espiritual, y después, mientras atendía a la esposa de Yun, no había tenido tiempo, estaba hambrienta.
-La madre Chiyo lo permitirá.- dijo él con la seguridad de un hombre acostumbrado a dar órdenes.
No del todo satisfecha con el acuerdo, Hinata respiró hondo. Pensó en aquellos soldados aterrorizando a los habitantes de su pueblo, descubriendo a la pequeña Hanabi, puesto que sus padres habían fallecido y Shion no estaría ahí, ¿quién iba a protegerla? El miedo y la tensión se apoderaron de ella.
-Una cosa más señor…
-¿Sí?
-Puesto que mi hermana se ha marchado, me preguntaba… Me preguntaba…- se sonrojó al pensar en lo que estaba a punto de decir.
-¿Sí?
-Yo… Yo… Me preguntaba si me tomaría a mí en su lugar.
-¿En su lugar?- frunció el ceño y le soltó la muñeca.
Hinata dejó de mirarlo y bajó la vista al suelo.
-Sí, sir Naruto, me preguntaba si os complacería tomarme a mí como esposa en lugar de a Shion.
Durante un momento, todos permanecieron en silencio.
-¡Hinata! ¡Por favor!- exclamó la madre superiora, olvidándose de que había fingido no saber chino.
Sir Gaara soltó una carcajada.
Naruto Uzumaki dio un paso atrás, y Hinata se percató de que la propuesta de matrimonio lo había pillado desprevenido.
Durante un largo instante, él la miró a los ojos, como si Gaara y la madre Chiyo no estuvieran allí. Ella se contuvo para no enfriarse las mejillas con el dorso de la mano, y se esforzó para no desviar la mirada. Naruto inclinó la cabeza y la sujeto de nuevo por la muñeca.
-Madre Chiyo.- dijo él, volviéndose hacia la superiora. –Necesito a esta mujer. Y puesto que todavía no ha pronunciado los votos, deduzco que no abra ninguna objeción.
Hinata se fijó en los dedos que la sujetaban y reparó en las callosidades provocadas por la espada. El corazón le latía con fuerza, y era consciente de que Naruto Uzumaki no se había dignado a contestar su propuesta.
No se casaría con ella.
Él la miró y le preguntó:
-¿Estáis segura de querer regresar con nosotros a Konoha y hacer de intérprete?
-Sí, señor.- contestó, percatándose de que aquella era la única respuesta que él iba a darle.
Deseaba que fuera su intérprete.
Él esbozo una sonrisa y aflojo los dedos sobre su muñeca.
-Muy bien.
Hinata le devolvió una sonrisa, contenta porque al menos podría conocer a su hermana.
-¡Novicia Hinata! ¿Es que no tenéis decoro? Que una hija menor sin dote, que llevaba siete años preparándose para convertirse en una esposa de Cristo, os ofrezcáis con ese descaro…- indignada, la superiora miró al caballero que estaba junto a Hinata. –Sir Naruto, perdonad su impertinencia, sólo puedo decir que aún es joven, hemos intentado domar el carácter entusiasta de Hinata Hyuga y creía que habíamos hecho algún progreso, pero…- la madre superiora se dirigió a Hinata. –debéis dejarnos a solas, novicia. Y será mejor que hagáis penitencia de rodillas por haberos comportado de manera impertinente ante sir Naruto. Repetid el Ave María veinte veces, y aseguraos de no comer pescado este viernes. Tomaréis pan y agua hasta que os arrepintáis de vuestras palabras.
Hinata se movió para marcharse, pero Naruto Uzumaki no le soltó la muñeca.
-Sir…- Hinata trató de liberarse.
-Un momento.- dijo él.
La madre Chiyo gesticuló con impaciencia.
-La joven no tiene dote, señor.
Hinata se irguió con un respingo de orgullo e intervino.
-Sí la tuve, recuerdo muy bien que mi padre os donó un cofre con monedas de plata.
-Lo invertimos en algunas mejoras de la capilla y de la valla que serviría para evitar que entraran extraños.- dijo con veneno en la voz. –ya veo que no nos ha servido de nada.
-Y la cruz del altar.- añadió Hinata. –mi padre también la donó.- alzo la barbilla y miró a la superiora a los ojos.
Sir Naruto se colocó delante de ella y le susurró.
-¿No tenéis dote?
Hinata sintió que se le aceleraba el corazón.
-Tranquilizaos.- murmuro él y la soltó. Con cuidado, le desabrocho y le quito el velo.
Ningún hombre le había tocado jamás la vestimenta y Hinata, azorada, tragó saliva y dejo que él le soltara también el griñón. Sir Naruto llevó la mano tras su cuello y le agarró la trenza, colocándosela sobre el hombro.
Hinata se estremeció, avergonzada.
La madre superiora los miró enojada, e incluso sir Gaara protestó.
-Naruto…
Pero Hinata solo tenía ojos para el hombre que tenía delante, el hombre que le acariciaba el cabello con la mirada de sus ojos azules. A pesar de que el ni siquiera la rozaba, ella apenas podía respirar.
-No tenéis dote.- repitió él, sin dejar de mirar su cabello. – pero tenéis suficiente riqueza para cualquier hombre.
-¡Sir Naruto!- la madre superiora dio un paso adelante. –basta ya de bromas indecorosas. ¡Soltad a mi novicia inmediatamente!
Él levantó las manos para mostrarle que no estaba sujetando a Hinata, sin apartar la vista de la joven. Durante un instante, Hinata se sintió halagada. No podía entender que un caballero suno, un invasor, pudiera considerar tomar como esposa a una mujer sin dote. Un hombre como aquél debería esperar que el matrimonio aumentara su riqueza.
Al ver que ella seguía mirándolo, él esbozo una sonrisa, después dio un paso atrás y Hinata pudo respirar de nuevo.
La expresión de la superiora habría asustado al demonio. Hinata no sabía qué pasaría con ella, pero no le importaba, ya que en los ojos de Naruto Uzumaki veía que él la llevaría a Konoha. ¡Regresaría a casa!
Y no solo podía asegurarse de que alguien cuidara de su hermana, sino que vería Konoha otra vez. De pronto, se le humedecieron los ojos. Konoha no sería la misma sin su familia, pero volvería a ver a Kurenai y a Asuma, y a Kiba y a Zet. Y Bouke, el sabueso de su padre ¿seguiría vivo? ¿Y su poni, Cloud?
La idea de recorrer de nuevo los campos y los bosques donde Shion, Neji y ella habían jugado de niños, hizo que sintiera una fuerte presión en su pecho. Pestañeando, y confiando en que el caballero suno y su acompañante no hubieran notado su debilidad, Hinata permaneció dócilmente a su lado.
-¿Cuánto tiempo necesitaréis para poder marchar?- le pregunto el caballero y antes de continuar, miró a la superiora. –como mi interprete.
-Pero, sir Naruto.- la madre Chiyo miro hacia la puerta y vio que había oscurecido. - el sol ya se ha ocultado. ¿Cabalgaréis durante la noche?
Él esbozo una sonrisa.
-Madre Chiyo, ¿nos estáis ofreciendo vuestra hospitalidad? Estoy de acuerdo en que está demasiado oscuro para viajar esta noche…
-Bueno, no… quiero decir, si… por supuesto.
Hinata nunca había visto a la madre Chiyo tan descompuesta, y tuvo que contener una sonrisa.
-He venido con una docena de hombres, además de sir Gaara y de mi persona.
-Podéis quedaos en esta habitación.- dijo la madre superiora con tono cortante. -¿Hinata?
-¿Si, madre?
-Ocupaos de lo que necesiten.- le ordenó con una gélida mirada. –y, sir Naruto, aseguraos de que marcháis con vuestra gente antes de que la campana llame a la primera oración de la mañana. Esto es un convento, no una hospedería. Sir Naruto, podéis dejar vuestro donativo en el cepillo que hay en la capilla.
Agarrándose las faldas del hábito, como si temiera que le contagiaran algo, la madre superiora salió de la habitación.
-¡Santo cielo, qué mujer!- dijo sir Gaara, mientras dejaba el yelmo sobre la mesa. –como si quisiéramos quedarnos en este agujero más tiempo del necesario.
Sir Naruto se pasó la mano por el cabello.
-Sí, pero es mejor pasar la noche aquí en lugar de arriesgarnos a viajar en una noche sin luna.
Hinata recogió del suelo su velo y su griñón y se dirigió a la puerta con timidez.
-Iré a buscar leña para encender el fuego, y pediré que os traigan la cena.
Tras esas palabras, Hinata salió de la habitación, nunca había conocido a un hombre como aquél, pero era cierto que, recluida en el convento, no había conocido a muchos hombres. Mientras cerraba la puerta, recordó que al día siguiente marcharía de allí. Podría cuidar de su hermana y, con un poco de suerte, podría entretener al caballero para que no buscara a su gemela. Al recordar cómo la había sujetado, se frotó la muñeca y frunció el ceño.
Sir Naruto Uzumaki no era un hombre que cediera fácilmente pero, por el bien de su hermanita, Hinata confiaba en que él se olvidara de Shion para que ella tuviera el tiempo suficiente para escapar.
Okis cada vez se pone más interesante ¿no?, eso si les cambie un poco la personalidad a algunos :p, jiji bueno dejen su comentario porfiss, para que así sepa si les sigue gustando el fic o de plano ahi le dejamos xC jiji, okis nos vemos en el siguiente capi.
Cuidense todos!
