Capítulo II
"La Mansión de los Lestrange"
La luna alumbraba la noche mientras el viento soplaba suave sobre las calles adoquinadas de aquel pequeño pueblo en el que había pocas mansiones. En medio de la calle, se escuchó un crac que interrumpió el silencio que reinaba por ese lugar. Entre las penumbras un hombre encapuchado comenzó a caminar haciendo que su capa ondeara sobre los adoquines.
Sus pasos se escuchaban firmes, decididos y fríos; sus manos eran largas y tan blancas como la luna. El hombre se detuvo frente a un enorme portón negro antiguo de hierro forjado, el cual tenía figuras de un estilo bastante cargado.
De su bolsillo sacó una vara de madera, color negra, con un mango en forma de hueso. Sin decir palabra alguna, apuntó hacia la puerta dejando salir de ella un halo de luz que inundó el lugar. No pasó mucho tiempo para que la puerta de hierro se moviera y dejara ver a una criatura bajita, de ojos saltones, orejas puntiagudas y vestida con harapos; la cuál con una reverencia muy marcada hizo pasar al encapuchado hacia un jardín muy arreglado hasta llevarlo a lo que era una enorme mansión, de techos altos cubiertos con tejas, paredes de piedra y ventanales que tenían marcos de madera bien pulida.
El encapuchado y el elfo llegaron hasta la puerta principal de la mansión, el elfo hizo otra reverencia cuando entraron al hall y con una voz chillona le informó.
—Avisaré al amo Lestrange que usted ha llegado, Señor —El encapuchado ni siquiera se movió cuando el elfo le habló. Sin embargo, eso no le molestó a la criatura pues salió caminando por el pasillo que se encontraba cerca, dejando a aquel hombre solo en el hall de aquella mansión.
Pasados unos minutos, por el mismo pasillo apareció un señor alto de tez blanca, el cual llevaba un traje con una capa larga negra especialmente arreglada.
—Buenas noches, Lord, ¿a qué debo su agradable visita? —preguntó el hombre señalándole que pasara hacia lo que parecía la sala de la mansión.
—Lestrange —contestó el Lord en son de saludo mientras que con sus alargadas manos se descubría la cabeza, dejando ver una cara excesivamente pálida junto a sus ojos rojos denotaban ira.
—¿Quiere algo de beber? —preguntó impaciente el señor Lestrange. Pero no obtuvo respuesta, pues el Lord solo movió la cabeza en son de negar el ofrecimiento.
—Mi visita, Adolphus, es para hacerte una propuesta a ti y a tu familia. En especial a tus dos hijos mayores.
—¿Una propuesta? —preguntó Adolphus Lestrange, haciendo que ambos tomaran asiento en aquella sala tan antigua y decorada.
—Sí, una propuesta, el linaje de tu familia es puro. Al ser una familia antigua y de sangre limpia sobre todo, me gustaría que se unieran a mí. Por la limpieza de la sangre, Adolphus. —La voz de Voldemort sonaba fina, fría y expectante, a Lestrange se le erizó la piel de la nuca.
—¿Unirnos? ¿Por la limpieza de la sangre? Siempre has sabido, Lord, lo qué pienso al respecto. Conmigo cuentas, claro está. —Le dio un sorbo a su vaso, se notaba nervioso—. Pero, ¿mis hijos? —En el umbral de la puerta de la sala apareció un muchacho con facciones muy parecidas a las de Aldolphus Lestrange, su fina nariz y sus ojos penetrantes, hacían verlo con altivez.
—Buenas noches, padre, señor —Saludó respetuosamente el chico—. Voy a ir a casa de Avery, padre.
—¿Es tu hijo, Aldophus? —preguntó Voldemort con gran interés.
—Sí, Lord, él es Rodolphus. Es el mayor de los tres, tiene diecinueve años y lleva dos años trabajando en el Ministerio después de que terminó Hogwarts. Sin embargo, no creo que él tenga mis mismos ideales hacia los impuros —contestó rápidamente el señor Lestrange.
—¿Impuros? —Esa palabra salió de la boca del chico como si fuera la porquería más grande que pudo haber pasado por su boca—. Una clase de escoria se debería de erradicarse de nuestro mundo si me lo permiten decir, caballeros. —Voldemort volteó a ver con gran interés al muchacho—. Además, padre, creo que lo que pienso sobre ellos se apega mucho a tu lema de que, "son indignos para poder existir".
La risa fría y espectral del Señor Tenebroso, como lo llamaban sus seguidores, retumbó por toda la habitación.
—¿Quieres unirte a mis filas, muchacho? —preguntó Voldemort con una sonrisa triunfal. Mas el señor Lestrange estaba algo tenso en su sillón observando la escena mientras que una sonrisa placentera, se dibujó en la cara de aquel chico de tan sólo diecinueve años.
…
Los pasos de la profesora McGonagall se escuchaban firmes y ensordecedores por los pasillos vacíos del castillo, cuando una tercera explosión se escuchó retumbar de nuevo, la jefa de la casa de Gryffindor apresuró el paso para llegar a la entrada de la sala común de Gryffindor.
—¿Contraseña? —preguntó el retrato a la apurada profesora.
—"Acurum linare" —respondió McGonagall impaciente, el cuadro comenzó a moverse dejando entre ver una nube espesa de varios colores que cubría por completo la sala común de la torre.
A lo lejos se escuchaban niñas llorando, alumnos tratando de dispersar aquel humo que los cubría, fuegos artificiales aún prendidos y pequeños estallidos que venían de lo que parecía ser las habitaciones altas de la torre.
La profesora sacó la varita del bolsillo de su capa verde, empezó a moverla y la nube lentamente comenzó a desaparecer. Por lo que hasta ese momento pudo ver al prefecto de Gryffindor luchando para que unas luces de bengala lo dejaran subir a los dormitorios de los chicos.
McGonagall, al ver la situación volvió a blandir su varita haciendo que los fuegos artificiales se apagaran.
—Gracias, profesora —agradeció agitadamente el prefecto.
—Señor Longbottom, me puede explicar, ¿qué sucede aquí? —preguntó McGonagall algo desesperada por tanto alboroto.
—¿Con exactitud? —preguntó el aludido algo más que desesperado, McGonagall asintió—. No lo sé, profesora, de la nada se escucharon explosiones en uno de los cuartos de los chicos y luego la nube atacó a toda la torre, como si fuera una tolvanera —respiró Longbottom tratando remendar la parte baja de su capa del uniforme, la cual estaba quemada por los fuegos artificiales.
De las escaleras de las chicas apareció una alumna con la insignia de prefecta, junto a ella se encontraban Lily Evans y Marlene McKinnon, ambas con los piyamas quemados.
—Profesora, estas chicas están lastimadas, la señorita McKinnon de sus piernas y la señorita Evans tiene quemaduras en las manos, no de gravedad, claro —respiró la prefecta—. Además, creo que tenemos más daños con las chicas, porque toda la ropa ha sido quemada y hay dos alumnas más de primero que no lograron escapar de los fuegos artificiales —informó la prefecta.
—¿Pero quién metió tal cantidad de fuegos artificiales al colegio? —preguntó McGonagall mientras que cuatro chicos de primero bajaban cabizbajos y con cara de regaño hasta donde se encontraban ya todos los alumnos reunidos en la sala común.
Los cuatro parecían un polvorón andante, las gafas de James estaban estrelladas, Sirius tenía su piyama de franela con hoyos por todos lados, Peter traía su cabello chamuscado mientras que Remus se mostraba con una rajada en la cara, no muy grande, pero sí llena de sangre.
—Fui…fui…—comenzó a hablar James. Sin embargo, fue interrumpido.
—Fue culpa mía, profesora —James, Sirius y Petter observaron incrédulos a la contestación que estaba dando Remus.
—¿Pero? —preguntó Sirius aún si creer lo que acaba de escuchar. Sin embargo, Remus volteó a verlo pidiéndole que se quedara callado.
—Señor Lupin, ¡escucho su explicación! —Sentenció McGonagall como quien pide un veredicto.
—Yo, yo… —tartamudeó un poco Remus pero suspiró después—, lo que sucede es que estaba arreglando mis cosas y se me han caído todos mis ingredientes de pociones, sobre una caja de artículos de Zonko que habían en la habitación, ha sido un accidente. —Lo que había contestado no era del todo mentira. Pero, "¿porqué se echaba él la culpa?" se preguntó James.
—Ya veo —contestó McGonagall después de observarlos un momento—. Bien, los que estén heridos hagan el favor de seguir a la señorita Wood a la enfermería, los demás vayan a sus habitaciones a dormir, en cuanto a ustedes cuatro, señores. —La mirada de McGonagall parecía severa—, creo que será mejor que no vuelvan a meter fuegos artificiales al colegio. Mañana irán a la oficina del señor Pringle para cumplir la detención por los destrozos causados y si me llego a enterar de otra situación de estas, no seré tan benevolente. —Los cuatro Gryffindors se observaron mutuamente—. Por cierto, señor Lupin, tendrá que ir al despacho del profesor Dumbledore mañana después de clases y de su detención.
—Pero, si él no ha tenido la culpa —reclamó James.
—El motivo de la visita del señor Lupin con el director, no tiene nada que ver con lo que ha pasado esta noche, señor Potter. Así que, señor Lupin, el profesor Dumbledore lo espera mañana después de clases. ¡A dormir ustedes cuatro! ¡Ahora! —mandó McGonagall.
Los cuatro chicos dieron media vuelta y subieron a su habitación callados, cuando entraron se dieron cuenta que todo estaba tirado, parecía como si hubiera sido una batalla campal. Sin embargo, McGonagall había subido detrás de ellos y con solo mover su varita, todo volvió a su lugar para quedar en orden de nuevo.
—Buenas noches, señores —Una vez que la profesora cerró la puerta, James esperó unos minutos hasta no escuchar ruido, ninguno dijo nada cuando él se paró de la cama en medio de la habitación y preguntó.
—¿Por qué lo hiciste? —Aunque la pregunta fue hecha al aire, todos sabían que iba dirigida a uno de ellos en particular. Sirius volteó a ver a James y a Lupin al mismo tiempo.
—Si cometías el error de despotricar que había sido porque a Sirius se le ocurrió, que era mejor experimentar pociones en lugar de jugar snap explosivo y que todo se salió de control cuando Peter tiró sin querer el caldero y todo explotó quien sabe cuántas veces. —Suspiró Remus—. Estarían, bueno, estaríamos expulsados. Además, estoy cansado y quería regresar rápidamente a dormir, si la profesora McGonagall tenía a un culpable, yo podía regresar a mi cama a dormir, ¿no creen? —Remus les sonrió.
—Pensé que sería más difícil convencerte de que éramos irresistibles. —Los cuatro chicos se largaron a reír con el comentario de Sirius, para después apagar las luces y dejarse llevar por los brazos de Morfeo.
La luz del sol alumbraba el castillo esa mañana mientras Lily bajaba hacia el gran comedor, en la entrada se encontraba parado esperándola Severus, quien con una sonrisa y un simple saludo de su mano le indicó que se acercara.
—Hola, Lily —dijo el chico.
—Hola, Severus, ¿estás contento por tu casa? —preguntó Lily mientras dejaba su mochila junto a ella.
—Pues, te diré. —Suspiró—, no digo que esté mal, pero no nos tocó juntos.
—Bueno pero eso no significa que no podamos platicar, somos compañeros y amigos, ¿o no? —Lily le sonrió.
—Hum, cierto somos amigos pero… —Se escuchaba nervioso.
—¿Pasa algo, Severus? —preguntó la chica.
—No nada, entremos al gran comedor —contestó el chico tratando de llevársela, una voz lo interrumpió.
—No puedes sentarte en la mesa de Slytherin perteneces a la casa de Gryffindor, a la casa de los valientes —James había llegado junto con sus tres compañeros y blandía una especie de espada imaginaria en el aire.
—¿Disculpa? —Lily volteó a verlo, parecía molesta.
—Eso, que deberías sentarte con nosotros, no con… con ellos —contestó James.
—A ver si entiendo una cosa, ¿me estás diciendo con quién me tengo que llevar? —preguntó exasperada.
—Lo que James te está diciendo, es que eres de Gryffindor y él es de Slytherin.—Sirius señaló a Severus—. Por lo regular no nos llevamos entre esas casas, seguro eres hija de muggles por eso no lo sabes.
—¿Tienes algún problema con los hijos de muggles, Black? O es una pura pantalla el hecho de que hayas quedado en Gryffindor y no en Slytherin como toda tu familia. —Severus se puso enfrente de Lily.
—No, yo no tengo ningún problema con que sea hija de muggles, ¿tú sí? —La voz de Sirius sonó seria.
—¿Hija de muggles? Me pueden explicar, ¿qué tiene de malo que yo sea hija de muggles? Son mis padres, yo una bruja, no…
—Existen familias mágicas que ven como escoria a los magos que son hijos de muggles o mestizos —dijo Severus en voz baja hacia Lily.
—Pero es…
—Tonto, sobre todo que magos como los Slytherin lo piensen, por eso te deberías sentar con nosotros. —Insistió James.
—Es la cosa más ilógica que he oído, Severus, tu…
—Somos amigos –le contestó Severus a Lily.
—Ella es de Gryffindor —intervino James.
—El hecho que tú seas un chico de músculos y no de cerebro, no significa que ella sea igual. ¡Vamos, Lily! Busquemos algo de desayunar. —Severus jaló a Lily hacia el gran comedor.
—Idiota —murmuró Sirius.
—No le hagas caso, Sirius, tu perteneces a Gryffindor —dijo James dándole unas palmaditas en la espalda.
—Vamos a tomar desayuno chicos, que estoy que me como a un hipogrifo —intervino Remus.
—Esa es demasiada hambre, ¿no crees, Remus? —preguntó Petter.
—No tienes idea, Petter, no tienes idea —contestó Remus mientras los cuatro Gryffindors entraban al gran comedor para buscar algo de desayunar.
N/A: En primer lugar le doy las gracias a quienes me han dejado reviews y a quienes me han leido y no me han dejado review también. A Luck por los jalones de orejas y a MK por su revisión y sus comentarios.
A Becy, por su hermoso review en facebook. A todos muchas gracias.
Este capítulo en especial fue dedicado a Moony, en primer lugar por el aniversario del club que acabamos de pasar y en segundo lugar por todas las aventuras que hemos vivido con la saga.
Espero que quien lea esta actualización deje un review, que la verdad sirven y alientan a seguir escribiendo.
Me despido de ustedes.
CaliDark
P.D. Ojalá lo hayan disfrutado.
