InuYasha © Rumiko Takahashi

Adaptación de la novela de Jude Deveraux "The Raider/El Corsario"


Capítulo 3


Inuyasha se tomó bastante tiempo para vestirse, después de checarse la herida, su amigo la ayudó a rellenarle las partes que eran necesarias en su pantalón de satén. Inuyasha odiaba todo eso, ponerse tantos bultos y esa peluca empolvada, cuando se hubo terminado de su patético disfraz, la frente le empezaba a sudar.

— En realidad no sé si vale la pena esta gente — comentó el joven amargado.

— Pero es tu gente — le recalcó Miroku, encogiéndose de hombros.

— Pero se volvieron en mi contra.

No pudo evitar imaginarse a Kagome Higurashi riéndose de él en el muelle, si no hubiese estado ella allí, la gente no le hubiese creído con tanta facilidad.

A las once en punto entró al salón de la casa. Le esperaban mucha gente y se percató en seguida que sólo pretendían hacer el quehacer en la casa de los Taisho, ya que sólo lo miraban para verlo. Por un momento contuvo el aliento, estaba seguro que se echarían a reír y le dirían que se quitara el disfraz porque estaba en casa y con amigos. Uno a uno fue bajando la vista a las copas que tenían en la mano.

Inuyasha le echó un vistazo a Sango, quien dirigía a las dos mujeres encargadas de cocinar. El salón era una combinación de cocina, sala y cuarto de reuniones. Puesto que la familia Montgomery era dueña de la mayor parte de Warbrooke, también la mayor parte de los nego cios corrían por su cuenta. Durante el día, casi todos los vecinos de la ciudad se presentaban en ese salón por un motivo u otro. Inu no Taisho siempre había cuidado de que hubiera alimentos y bebida preparados para todos cuantos llegaban a la casa.

Se hallaban en un rincón dos hombres charlando en voz bastante alta.

— Mi yerno cultivó este trigo él sólo, pero antes de llevarlo a España lo llevé a Inglaterra para su inspección.

— A mi me obligaron a llevar a Inglaterra el cacao de Brasil antes de desembarcarlo en Boston.

Los hombres miraban a Inuyasha por sobre las copas, pero él fingía no oír, si ni le prestaban atención ¿por qué debería de hacerlo él?

— Y yo perdí mi barco por sesenta libras — dijo Jaken.

Inuyasha contempló el enorme plato que Sango le había dejado, mientras comía escuchaba el relato de Jaken. Sin duda, el vecino ya lo había contado miles de veces, pero era obvio que lo repetían sólo en beneficio de Inuyasha. Todos describieron lo hermoso que era el barco, de lo cuán orgulloso estaba de él. Pero el hombre había disgustado a Naraku por una parcela de terreno que se negaba a vender al inglés.

Naraku había asegurado que Jaken tenía mercancía de contrabando. Como no se halló nada en esa supuesta inspección le destruyeron un sótano lleno de provisiones, la ropa de cama fue desgarrada, los muebles destrozados y sus hijas aterrorizadas. Jaken trató de recobrar el barco, pero se le dijo que tenía que pagar una fianza de sesenta libras, además de que Naraku había destrozado todo cuanto tenía sin contar el hecho de que tenía que presentar el caso ante la Corte Colonial, la cual sólo había un juez y no un jurado. Así que su libertad del supuesto contrabando había sido perdida por no probar su inocencia.

Inuyasha pronto se olvidó de sus angustias cuando contempló a Jaken, había sido aniquilado por un codicioso inglés y con toda legalidad y Naraku había obtenido lo que había deseado, las parcelas y sus cosas.

Inuyasha mantuvo la cabeza gacha, en realidad hervía en ira, sabía que lo estaban provocando, que en cualquier momento, saldría el hombre que ellos conocerían, porque todo Taisho tenía que ayudar a los hombres del lugar ya que ellos no podían. Al final se contuvo, tenía un disfraz el cual cubrir, aunque también se salvó más al ver que abrieron la puerta, dando paso a Kagome Higurashi, quien traía consigo un par de cestos de ostras.

La muchacha echó un vistazo, quienes permanecían muy quietos como si esperaban que una tormenta se desatara, en seguida comprendió.

— ¿Todavía conservan las esperanzas, eh? — Rió — ¿Todavía creen que este Taisho los ayudará? Dios sólo hizo a un Taisho, y es Sesshomaru. Este no merece el apellido. Toma, Sango — agregó, dándole a su hermano los cestos — Creo que te hará falta — echó una mirada burlona. Aunque él no había levantado los ojos de su plato — Con él aquí, uno tiene mucho que mirar.

Con lentitud, Inuyasha levantó la cara, trató de disimular su cólera aunque lo consiguió a medias.

— Buen día, señorita Kagome — saludó en voz baja — ¿Vende ostras? ¿No tiene marido quien la mantenga?

Los hombres sentados empezaron a reír entre dientes. Kagome era muy linda, y casi todos los sentados le habían propuesto casamiento al morir sus esposas, la mayoría en realidad soñaba con poseerla. Pero claro, allí había un nombre que insinuaba que no la quería.

— Puedo mantenerme sola — agregó, irguiéndose lo más que pudo — No quiero a un hombre que me diga qué hacer o cómo hacerlo.

— Entiendo — la miró de arriba abajo. Kagome había descubierto que no podía pilotear su barco con ropas de mujer así que había utilizado ropas de marinero. Usaba botas altas bajo los pantalones abolsados, que le llegaban a la rodilla, y completaba el atuendo con una blusa holgada y un chaleco sin botones. Vestía como casi todos los hombres de War brooke, aunque su cintura era muy estrecha y debía ajustar mucho el cinturón para sostener los pantalones.

— Dígame — continuó Inuyasha sereno — ¿Aún quiere la dirección de mi sastre?

Los hombres rieron con más fuerza de la que el chiste merecía. Muchos la había visto por el muelle, hasta con ropas masculinas tenía curvas de mujer envidiable.

Sango intervino antes de que otra pulla saliera.

— Gracias, Kagome, ¿podrías traerme más arenque?

Su hermana asintió aún furiosa con Inuyasha por haberse burlado de ella. Lo fulminó con la mirada, sin molestar en saludar a los que disfrutaban su humillación, y salió del lugar sin volver la cabeza.

Sango retiró el plato de Inuyasha molesta, aunque no dijo nada al final, era el hijo del patrón. Miró a Miroku quien holgazaneaba ante la puerta.

— Lleva esto a los cerdos… ¡y date prisa!

Miroku abrió la boca pero se abstuvo de decirlo, sus ojos estaban chispeantes — Si señorita — le dijo — Aunque yo no soy de los que contradicen a las mujeres.

Ante eso estallaron nuevas carcajadas, por un momento Inuyasha se sentó parte de ellos y no un desconocido. Pero cuando se paró las risas cesaron, no estaba acostumbrado a la protuberancia que cargaba, así que su estómago ficticio chocó con la mesa, dándose tumbos por el lugar, pegándose en el hombro, la herida se abrió un poco, y entre el dolor y la confusión tardo un poco en equilibrarse. Para él, la escena era muy divertida pero para los demás había sido patética, cuando los miró, vio piedad en sus ojos. Salió de lugar un poco molesto, ya era hora de presentarse ante Naraku.

Estaba justo en donde se había imaginado que estaría; en el despacho de los Taisho que usaban desde hacía tres generaciones. Naraku se encontraba leyendo libros contables, y antes de que notara su presencia, Inuyasha tuvo tiempo de estudiar la habitación. Vio que los retratos de su antepasado habían sido quitados, el armario que había sido de su madre estaba cerrado con candado. Al parecer tenía muchas intenciones de quedarse para siempre.

Inuyasha carraspeó.

Naraku levantó la vista, sus ojos lo atraparon, eran codiciosos y penetrantes como diamantes. Este hombre es capaz de todo pensó el joven Tanto bueno como malo.

Naraku lo miró de arriba abajo como sopesando lo que le habían dicho de él con su dura mirada.

Inuyasha se dijo que si tenía que engañarlo tenía que esforzarse mucho, sacó un pañuelo de encaje.

— ¡Qué calor hace hoy! Me estoy desmayando — entró con pasitos cortos, dejando que sus caderas lo llevaran a la ventana, Se recostó contra el marco, secándose la transpiración de su cuello con delicadeza.

Naraku reclinó la silla, lo estudiaba en silencio.

Inuyasha miró por la ventana en un gesto de pereza. Miroku estaba arrojando comida a los pollos, pero lo hacía de tal modo que la brisa se llevaba la mitad de las semillas. Sango corrió hacia él, con el delantal al vuelo, y dos de sus hermanitos pegados a sus talones.

— Tengo entendido que eres mi flamante cuñado — se volvió hacía el intruso.

Naraku se llevó un momento en contestar — Si, lo soy.

Inuyasha se apartó de la ventana para sentarse con pereza, cruzando las piernas hasta donde se lo permitían sus piernas y cintura acolchonada.

— ¿Y cómo es eso que le estás robando al pueblo?

Pasó un instante, los ojos de ese hombre reflejaban su alma. Casi se le veía hacer cálculos mentales.

— No hago nada ilegal — dijo con voz contenida.

— Supongo que te casaste con mi hermana, la solterona — le expresó — Para tener acceso a los dos mil cuatrocientos metros de muelle que poseemos los Taisho.

Naraku no respondió, pero sus ojos centelleaban y su mano se movía intranquila en el cajón. Se preguntó si guardaba un arma.

— Quizás conviene que nos tratáramos de entender mejor — dijo con voz fatigada — Te diré… nunca he estado a gusto con los Taisho. Mi familia es muy patán, además de agresivos — aseguró — Yo prefiero la música, la cultura, el buen comer… odio estar al lado de marineros malolientes — fingió un leve estremecimiento — Pero mi padre decidió hacer de mí un buen hombre — dijo burlón — Según sus propias palabras, y me alejó de la casa. El dinero se fue tan rápido que me vi pronto a regresar — sonrió pero el otro no dijo nada — Si fuera mi otro hermano tendría el derecho de expulsarte — señaló con la cabeza el armario cerrado — Debe de estar llenos de documentos, quizás hasta algunas escrituras de propiedad, además adivino que usaste los fondos de los Taisho para obtenerlas, así que legalmente son de los Taisho.

Los ojos de Naraku estaban a punto de saltar. Parecía a punto de estallar.

— Hagamos un trato. No tengo planeo estar sumido en papeles, ni confinado en un barco, ni hacer actos heroicos como haría mi hermano. Si te comprometes a no vender ninguna de nuestras tierras…porque oh sí, los Taisho jamás vendemos tierras, y a pagarme el veinticinco por ciento de tus ganancias, digamos que no me entrometeré en tus actividades.

Naraku quedó boquiabierto, sus ojos pasaron de peligrosos a desconfiados.

— ¿Por qué? — Fue todo cuanto dijo.

— ¿Y por qué no? No veo la necesidad de esforzarme con esta gente. Mi hermana ni siquiera se ha molestado en darme la bienvenida, sólo porque no respondo al ideal de los Taisho. Además es más fácil que tú trabajes.

Su cuñado se relajó y su mano se apartó del cajón, aunque había cautela en sus ojos.

— ¿Por qué volviste?

Inuyasha dejó escapar una risa — Querido amigo, volví porque querían que acabara contigo.

Naraku estuvo a punto de sonreír y se tranquilizó más — Quizás podamos trabajar juntos.

— Oh ya lo creo.

Inuyasha comenzó a hablar perezosamente como para dar la impresión de que no se interesaba en lo absoluto, pero lo cierto era, que en verdad quería saber cuánto se había endeudado el patrimonio de los Taisho por los actos de ese hombre, y si era posible, cuáles eran sus planes. El hecho de ser funcionario de aduanas le otorgaba mucho poder; quedaba librado a su integridad el que abusara o no de él.

Mientras trataba de obtener esa información, vio aparecer una cabeza en la parte alta de la ventana, era la cara invertida de uno de los Higurashi. Desapareció casi de inmediato, pero había comprendido que el pequeño había escuchado. Entonces saludó a Naraku con un bamboleo de la mano.

— Es tarde, seguiremos charlando después, creo que daré un paseo y dormiré hasta la cena.

Bostezó detrás del pañuelo y se retiró sin decir más.

— Si llego a echar mano de ese niño — murmuró por lo bajo — Le ataré las orejas al cuello.

No podía apretar el paso, tenía una imagen torpe qué cuidar por su alguien lo veía pero tenía que alcanzar a la criatura antes de que dijera algo y averiguara qué tanto había escuchado. Si lo sorprendía haciendo cosas indebidas, aunque recordó que cuando él era niño había escapado muchas veces al bosque.

Siguió un viejo sendero indio hacia el interior silencioso y oscuro del bosque que crecía detrás de su casa. Más allá había un barranco que descendía en una pequeña playa rocosa, llamada Ensenada Farrier. Hacía allí se encaminó.

Descendió con destreza y se encontró cara con el niño a quien lo había pillado. Estaba con Kagome,

— Puedes irte, Shippo — indicó altanera, con los ojos clavados en Inuyasha. Reflejaban todo su odio.

— Pero Kagome, todavía no te conté…

— ¡Shippo! — Exclamó con aspereza.

El niño trepó por el barranco. Oyó sus pasos al retroceder pero Inuyasha no dijo nada, quería averiguar cuánto sabía la muchacha.

— Ahora sabemos en verdad por qué volviste. Esos tontos pensaban que los iba a ayudar, pero estoy segura que con el veinticinco por ciento podrás llenarte de encajes ¿no?

Inuyasha trató de que su cara no revelara sus emociones. Al parecer el crío le había contado todo, ¡y qué memoria la suya, por no mencionar la agudeza de su oído! Se volvió a espaldas para que Kagome no le viera el rostro. Pensó en cómo decirle para que el chisme no se desatara entre la gente y… ¡menos en su padre! De por si estaba inválido y ese golpe podría hacerlo llegar a la tumba. Se volvió a ella sonriente.

— ¿Cuánto me cobrarás por no abrir la boca?

— No me vendo por dinero.

Inuyasha la recorrió con la mirada burlona. Después se llevó el pañuelo a la nariz, como para evitar el hedor a pescado de sus ropas.

— Me doy cuenta.

Kagome avanzó a él. Sin duda, Inuyasha era más alta, pero la postura encorvada que mantenía lo reducía a la de ella.

— Eres capaz de aceptar el dinero de un hombre que arruina a tu gente, sólo para seguir comprándote ropa de seda.

En ese momento Inuyasha olvidó las cuentas que debía ajustar con ella, sólo tuvo conciencia del fuego que ardía en aquellos ojos, en los pechos que palpitaban tan cerca de su torso. Ella empezó a gritarle insultos como nunca los había oído en boca de una mujer, pero él no escuchó una palabra. Los labios de Kagome llegaron a estar muy cerca de los suyos. La muchacha se detuvo abruptamente y retrocedió. Inuyasha respiraba casi jadeando. Kagome irguió la espalda y lo miró parpadeando, como si estuviera confundida. Inuyasha se recobró. Echó una mirada nostálgica al mar, con ganas de arrojarse al agua, que podía enfriarle el ánimo.

— ¿Y a quién pretendes decirle todo esto? — Preguntó por fin sin mirarla. Se sentía tan solo, tan íntimo que no confiaba en él mismo.

— La gente tiene miedo de Naraku porque representa al rey… por no mencionar a la Marina Inglesa. Pero a ti no te temen. Si supiesen lo que Shippo escuchó, primero te torturarían antes de ahorcarte. Jamás te perdonarían, además de que quieren a quién culpar por lo de Jaken.

— ¿Y qué vas a hacer con esto?

— Tu padre moriría si se enterase…

Kagome contempló la playa. A poca distancia estaba la cesta en medio de la arena que estaba buscando.

— Tal vez pueda facilitarte eso — Inuyasha trató de mantener el aire desenvuelto y de disimular el enérgico deseo que corría por su cuerpo — Si se lo dices a otras personas — amenazó — Aunque sea a tu hermana, tu familia pagará la consecuencias, y todos tus hermanos están sanos y salvos.

La miró de frente y algo se le apretó en su pecho al comprobar que ella creía en lo que le decía. Lo conocían desde su nacimiento, ¿nadie era capaz de decir que Inuyasha Taisho era capaz de hacer semejante cosa?

— ¿Se-sería capaz? — Tartamudeó.

Inuyasha simplemente la miró sin decirle nada.

— Comparado contigo, Naraku parece un ángel del Señor. Al menos actúa en parte para beneficiar al país, pero tú sólo lo haces por codicia.

Giró sobre sus talones para dejarlo solo, pero en cambio un impulso la obligó a volverse para darle una bofetada en pleno rostro. La peluca despidió una nube de polvo.

Inuyasha había visto llegar el golpe pero no había hecho nada para impedirlo Quien hubiera oído lo de aquella mañana tenía derecho a abofetear a la causa de sus dolores. Hundió las manos en el acolchado de sus muslos para no estrecharla entre sus brazos y darle un beso.

— Te compadezco — susurró ella — Me compadezco de todos nosotros — se giró para internarse en el bosque.


¡Hola! C:

Perdonen por la tardanza, espero que no me atrase demasiado. Y sí, ojalá e Inuyasha la hubiese besado para tranquilizar a Kagome. Gracias por sus reviews

¡Nos vemos en el próximo!

Dejen reviews

Adaptitgirl