Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, evidentemente.
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Hola a todos, ¿cómo están? Espero que bien. Bueno, como prometido, acá está el tercer capítulo de este nuevo GaaHina, que es la secuela de mi historia anterior. y para hacerlo breve, simplemente voy a pasar a los agradecimientos. Desde ya, muchas gracias a todos por tomarse el tiempo de siquiera leer mi historia. De verdad, ¡gracias! Y les agradezco aún más a aquellos que se tomaron la molestia de hacerme saber su opinión. La cual valoro mucho. En fin, ¡gracias a todos! Y no duden en hacerme saber que piensan al respecto. Siempre que sea de forma constructiva, todo sirve para mejorar. Y eso es lo que intento, al menos =). Gracias. Espero les guste... ¡Nos vemos y besitos!
El legado de Viento y la voluntad de Fuego
II
"Un viaje largo, muy largo"
Fue una reacción inmediata, como si algo se hubiera disparado en su cabeza. Una reacción violenta. Debajo de su piel, la sangre le había comenzado a hacer ebullición, a borbotear acaloradamente. Sus pensamientos, antes claros, se habían tornado difusos y hasta ilegibles. Y lo único que quedaba eran sus reacciones corporales; el entrecejo fruncido, el oscurecimiento de sus ojos negros, los colmillos expuestos y sus garras clavándose contra las palmas de sus manos. Afortunadamente, su conducta repentina pasó absolutamente desapercibida, opacada por el súbito nerviosismo de Hinata. Pero Kiba sabía, de todas formas, que Shino estaba pendiente de él. Que lo estaba observando, de reojo, desde debajo de sus gafas oscuras.
La voz de Tsunade resonó nuevamente, a la par de que agitaba su mano en el aire indicándoles que se marcharan —¡Bien! Entonces, partirán lo antes posible —y así lo hicieron. Él, particularmente, con excesivo gusto. De hecho, había comenzado a sentirse enjaulado y la sensación lo estaba fastidiando. Tenía, y la sensación era acuciante, que salir de allí y aclarar su mente. Sin embargo, y para su estúpida fortuna, aún quedaban aclarar algunas cuestiones con Shikamaru y el resto del equipo antes de partir.
El Nara, notando la situación, decidió sabiamente ser breve. No quería que la bomba le estallara en el rostro, de otra forma se volvería todo demasiado problemático —Nos vemos en una hora en la salida principal de la aldea.
Kiba asintió y molesto se marchó, aplicando a sus pasos fuerza excesiva y con los puños cerrados de tal manera que los tendones bajo su piel permanecían tirantes. Era estúpido, era irracional y él lo sabía. Había decidido resignarse, pero en algún punto no lo había logrado realmente. Y eso era un problema. Un maldito problema que lo tenía constantemente al borde, constantemente corriendo el riesgo de delatarse. De hecho, aún no sabía cómo era que Hinata no sabía nada. Shino lo sabía, Shikamaru indudablemente también; y quizá todo el maldito resto de la aldea lo sabía, pero no ella. Ella continuaba ajena a todo, completamente inocente de todo lo que ocurría a su alrededor. Y en cierta forma eso le fastidiaba aún más. Hinata era casi como Naruto –en ese sentido-, con la diferencia de que él no saltaría delante de ningún Pain y confesaría nada solo para hacérselo llegar. Ni siquiera era bueno con las palabras, y de todas formas no perseguiría una causa perdida. Eso se había dicho, eso se forzaba a decirse, eso mismo había dicho un año atrás cuando le había dicho que no perdiera la oportunidad de despedirse de él. Y no, su opinión no cambiaba. Pero su opinión no importaba tampoco, de todas formas.
—Kiba —la voz profunda, formal y familiar de su compañero de equipo lo detuvo en seco. Había sabido desde el inicio que lo seguiría, y que lo había estado siguiendo. Sin embargo, había optado por ignorarlo, por pretender que no le importaba; porque simplemente no quería tener que lidiar con él también. No estaba de humor. Ya sabía lo que le diría, de todas modos, y honestamente no tenía ganas de escucharlo. Ni a él ni a nadie, no en ese estado.
Un bajo gruñido arañó su garganta —Si. Si. Lo se. Me comportaré, como sea...
Shino no dijo nada, simplemente lo observó marcharse en silencio.
Apresurada, Hinata regresó a su casa y sin detenerse en ningún instante se dirigió a su habitación. No obstante, una vez que llegó allí, y una vez que cerró la puerta tras de sí, se sintió debilitar. Por un instante había olvidado que hasta hacía media hora había estado entrenando arduamente con Neji. De hecho, lo había olvidado todo en el instante en que la Hokage había dicho donde sería su misión. Pero ahora que estaba regresando parcialmente a la normalidad, y ahora que el estado de tensión de su cuerpo se estaba desvaneciendo, no se sentía del todo bien. Nuevamente notaba el agarrotamiento de sus músculos, y el agotamiento y dolor físico que la acuciaba. Además, no había comido nada y sabía que no tenía tiempo para hacerlo tampoco, lo cual la hacía sentirse más débil.
Pero no podía permitir que todo eso la desalentara. Aún si era una misión de asistencia, era la primera que tenía en varias semanas y era su oportunidad para probar que había mejorado. Que se había esforzado, y que seguiría haciéndolo todo el tiempo que pudiera. Si, tenía que dar lo mejor. No podía fallar, no delante de sus ojos. No cuando él pudiera verla fallar. Sin embargo, pensar en eso particularmente la hacía sentirse insegura. Nerviosa, de nuevo. Y cada vez que intentaba siquiera pensar sus palabras, nada salía. Su mente quedaba completamente en blanco, y las reacciones y los sonrojos volvían todos de nuevo, tal y como le había sucedido cada vez que Naruto se aparecía delante de ella. Pero se había prometido a sí misma no volver a comportarse de esa forma, y había procurado armarse de valor para cuando volviera. Y se aferraría a esa promesa. Después de todo, no era la primera vez que pasaba por ello. Aunque, a aquellas alturas, y casi tras un año transcurrido, Hinata desearía poder comportarse más naturalmente. Suponía que debería comportarse más naturalmente, pero no podía lograrlo del todo. Cada vez que pasaba por esa situación, el nerviosismo regresaba, como si fuera la primera vez. Como si volviera a tener 11 años, y se tratara de Naruto de nuevo.
N-no... Negó suavemente con la cabeza, no debía pensar tanto. No debía sentirse tan afectada por todo aquello. Era una misión, y debía considerarla como tal. Debía ser su prioridad, debía ser lo principal si quería probar no ser más una molestia. Después de todo, por eso se había esforzado durante todo aquel tiempo, para mantener la promesa silenciosa que había hecho y que era de mutuo entendimiento. La promesa de mejorar para poder llegar a ser útil algún día. Por lo que apartó el dolor de su cuerpo y el cansancio de su mente y se dispuso a juntar sus cosas. Se cambió rápidamente de ropas, dado que las suyas estaban sucias y llenas de tierra a causa del entrenamiento, se amarró el protector de la aldea a su cuello y se marchó, cerrando delicadamente la puerta tras de sí. Al salir, se encontró con su padre y Neji en porche de la casa, bebiendo calmamente té.
—O-Otou-san... Neji-nii-san... —susurró, haciendo una cordial reverencia. Neji la observó en silencio. Su padre, al ver la mochila sobre la espalda de ella, comprendió que se marchaba en una misión.
—¿Dónde es? —la cuestionó, parco. Hinata parpadeó sorprendida. Su padre rara vez preguntaba sobre sus asuntos. En general estaba más dedicado a su hermana, Hanabi.
Sonrojada, bajó la mirada e inconscientemente se puso a jugar con sus dedos como solía hacerlo más habitualmente en el pasado; y es que su padre aún continuaba intimidándola como siempre lo había hecho. Además, Hinata estaba plenamente consciente de la mirada de su primo sobre ella; como si supiera de antemano qué era lo que iba a decir —Umm... L-La aldea... de la A-Arena...
Hiashi asintió seriamente, dando un sorbo a su taza de té caliente —Bien. Intenta no convertirte en una carga.
—S-Si... —susurró y apresurada hizo una gentil reverencia, ocultándose el rostro tras el flequillo e intentando por todos los medios disimular el hecho de que el mismo comentario continuaba desanimándola como solía hacerlo, una y otra vez, a pesar de los años. Sin embargo, sabía que este no tenía el mismo tenor de decepción que solía tener en el pasado. El tono era menos severo, y más indiferente, y de alguna forma eso –esa mínima e ínfima diferencia en la voz de su padre- le daba esperanzas. Pues –de alguna forma- significaba que el desencanto se estaba desvaneciendo poco a poco. Que ya no era el fracaso rotundo que no merecía la pena, ni su exigente atención. Que ya no era nada ni nadie. Era algo, algo que aún no servía a sus expectativas, alguien que aún no estaba a la altura; pero definitivamente estaba un paso más cerca. Un paso más cerca de lograr lo que tanto deseaba. Al menos esa era su forma de verlo, y no se rendiría en ello.
Suspirando, se excusó y se marchó apresurada hacia el punto de encuentro, cuidando de no caer en el camino. Temía haberse retrasado, y suponía que en parte era cierto dado que había permanecido demasiado tiempo en su habitación intentando recobrar fuerzas para la misión, por lo que no quería demorarse más. No quería retrasar a nadie. Y no lo haría. Se había prometido no ser más una carga y esa era ella apegándose a su promesa, aún cuando los pies le dolieran y el cansancio se cerniera sobre ella, pues estaba segura que algo como eso no detendría jamás a aquellos que Hinata tanto admiraba, y a aquellos a cuyos ideales se apegaba y de hecho no lo había hecho. No, nada había detenido a Naruto de recuperar a Sasuke, por sus propios medios y métodos, y de superar el examen chuunin el año anterior; así como nada había detenido a Gaara en su ambición de llegar a ocupar el puesto de Kazekage de la aldea de la Arena, muchos años atrás. Ni siquiera la propia percepción que una aldea entera –y quizás dos, contando a Konoha- había tenido de él. Por eso, ella tampoco podía rendirse.
Jadeando, finalmente se detuvo. Llevando delicadamente una mano a su pecho y cerrando los ojos aliviada de haber podido llegar a tiempo. Sin embargo, al volver a descubrir su mirada, sus ojos perlados se detuvieron en un punto particular al ver algo similar a un rayo dorado y anaranjado. Parpadeando, se reaseguró de no estar imaginándolo a causa del cansancio. No era buena señal el estar viendo espejismos aún sin haber llegado al desierto, de hecho no lo era aún sin haber abandonado la aldea siquiera —¿Na...
—¡Oy Hinata! —exclamó el rubio sonriendo alegremente al verla e inclinándose sobre su rostro para observarla mejor.
Ante esto, abochornada y completamente sonrojada, la joven retrocedió torpemente un paso, y luego otro, solo para chocar su espalda contra alguien más. Después de todo, era inevitable. Sin importar de quien se tratara, la timidez la bloqueaba completamente cuando alguien se acercaba tanto a ella —¡Na-Naruto-kun!
—¡Claro que sí-ttebayo! —exclamó él en respuesta, alzando su mano con el pulgar hacia arriba.
Hinata se sonrojó aún más, al percatarse que aún continuaba ligeramente apoyada contra la persona con la cual había chocado; la cual, a su vez, había colocado sus manos –algo bruscamente- en los hombros de ella para cuidar de que no fuera a caer. Sin duda alguna, esa suave rudeza y esas manos ásperas eran las de su compañero de equipo. Todavía avergonzada, se enderezó y apartó de él, volviéndose al mismo tiempo para agradecerle el gesto —G-Gracias... Kiba-kun...
Éste rascó su nunca y sonrió ufanamente, dejando entrever sus largos incisivos e ignorando deliberadamente la sensación de hormigueo en las palmas de sus manos, allí donde el contacto con los hombros de ella le había quemado —¡Tsk! Ya te dije, agradeces mucho.
Hinata asintió con una suave sonrisa y se volvió una vez más a Naruto. Tras este, permanecía Shikamaru cruzado perezosamente de brazos y Shino en silencio —Anou... N-Naruto-kun... ¿qué...?
El rubio sonrió emocionado y tras tomar una bocanada de aire comenzó a hablar con rapidez —¡Bueno... Sakura-chan está ocupada y Kakashi-sensei salió en una misión con el capitán Yamato y Sai... bueno, Sai no se qué hace... pero fui a lo de la vieja Tsunade a pedirle una misión y me dijo que no había, entonces yo le dije que no me iría hasta que me diera una, entonces me dijo de esta misión y aquí estoy-ttebayo!
Shikamaru, que hasta entonces había permanecido en completo silencio –contemplando aisladamente las nubes e ignorando la conversación- decidió intervenir, enderezándose del poste contra el que estaba apoyando y dando un paso hacia el resto —Oy, Naruto... ¿Terminaste? Cuanto más tarde salgamos, más tarde llegaremos y no oiré el fin de la reprimenda de aquella mujer problemática si eso sucede.
Kiba y Naruto soltaron una carcajada. El segundo golpeando al joven Nara con el codo en las costillas —Entonces yo tenía razón, están saliendo, ¡de veras!
Shikamaru, por supuesto, se mostró fastidiado. Sin embargo, eso no detuvo a Kiba de soltar el comentario en son de burla que parecía estar quemándole la lengua —Heh, te tiene con correa.
—¡Qué problemático! —exclamó, exasperado— Temari no...
Pero la voz de Shino lo detuvo de continuar. De hecho, todos se sorprendieron de que el Aburame fuera a decir algo en aquella situación. Habitualmente se mantenía al margen en conversaciones de ese tipo. Por otro lado, no era inusual que Shino "insertara" –con voz exageradamente seria- su opinión aleatoriamente cuando nadie lo esperaba. Y, de hecho, esa situación no era la excepción —Shikamaru tiene razón, ¿por qué? Porque los camaradas deben ser considerados con las relaciones que mantienen los camaradas.
El Nara lo miró resignado, comprendiendo que había perdido la discusión antes de siquiera haber podido aclarar su postura, y es que el que Shino también lo pensara le daba la clara idea de que aclararse no tendría punto alguno. Sería problemático, sin duda alguna, intentarlo y sin fin útil alguno. Al fin y al cabo, la recompensa no valía el esfuerzo —Pff... ¿Tu también...? ¡Qué fastidio! Ustedes son más problemáticos que Ino... Como sea... debemos partir.
Todos asintieron incluida Hinata, quien se había apartado ligeramente del resto y aferraba con nerviosismo la tira de su mochila; evaluaron los equipamientos y la mejor ruta de viaje hacia Suna, y partieron sin decir demasiado más. Por supuesto, gran parte del primer día de viaje consistió en intercambios verbales entre Naruto y Kiba sobre quien de los dos tendría la mejor técnica nueva. Kiba afirmaba, por supuesto, que su nueva técnica en conjunto con Akamaru derrotaría al rubio en un instante mientras que Naruto insistía una y otra vez en que "le patearía el trasero, ¡de veras!" sin tener que usar el modo sennin. Y mientras que Shikamaru permanecía apático a la conversación, al igual que Shino, Hinata encontraba todo el asunto ligeramente entretenido, mientras que observaba a ambos con una pequeña sonrisa en sus rosados labios. Eso era, hasta que Naruto decidió cambiar espontáneamente (tal y como era él) el tópico de conversación —¡Me pregunto cómo estará Gaara-ttebayo!
—¡A-Ah...!
Todos se detuvieron sobre la rama en la que se encontraban en el instante y miraron hacia atrás... y hacia abajo. Naruto, desconcertado, rascó su nuca —¡Oy, Hinata! ¡¿Estás bien?
Kiba negó con la cabeza —¡Cielos Naruto, ¿eres estúpido?, ¿cómo va a estar bien? se cayó de un árbol!
Completamente abochornada, sonrojada y deseando más que nunca desaparecer bajo una roca, Hinata intentó ocultar su humillación a causa de la situación. Y es que era completamente tonto el haber caído de una rama de esa forma siendo ninja, más aún cuando algo como eso no debería pasar, no mientras estaba moldeando su chakra para evitarlo. Y de hacerlo, de haber sido necesario pasar por eso, hubiera preferido que no hubiera testigos. Pero no tenía sentido desear más ello, simplemente no había podido evitarlo. Se había distraído, por un ínfimo segundo y había pisado mal, quizá muy al borde, quizá sobre algo de musgo, quien sabía... —N-No... e-estoy bien Na-Naruto-kun... yo s-solo... —intentó pararse y con aún más vergüenza se sacudió las ropas. ¿Qué diría su padre si la hubiera visto? ¿Una Hyuuga, usuaria del puño gentil y más prestigioso clan de Konoha, actuando con tan poca gracia, con tan poca dignidad? ¿Cometiendo errores tan tontos? ¿Tan patéticos? Si, eso diría, que era patética. Una vergüenza para el clan y para el nombre. Ya no quería pensar más en ello... —yo s-solo... me distraje...
Kiba rió, cruzándose de brazos para disimular sus propias garras clavándose en la palmas de sus manos —Me pregunto por quien...
El sutil rosado en las mejillas de ella se esparció por todo su pálido rostro brillando en tonos de intenso carmesí —¡K-Kiba-kun!
Naruto parpadeó desconcertado, mirando al castaño con el ceño fruncido —¿Huh?
—¡N-No! N-Naruto-kun... Kiba-kun n-no dijo nada... ¿V-Verdad...?
El semblante bromista del Inuzuka –que tanto se había forzado por mantener en su lugar- cayó al instante. Sin embargo, no dijo nada respecto a su súbito malhumor. Después de todo, él siempre había sido impulsivo y temperamental. Y, al final de cuentas, no importaba de todas formas, nada importaba —Como sea.
Hinata, preocupada, observó a su amigo con tristeza. ¿Acaso se había enfadado él con ella? ¿Acaso había hecho algo mal? Porque había veces en que sentía, veces como aquella, en que había algo que lo estaba molestando. Y temía, con todo su corazón, ser ella —Yo...
Naruto, por su parte, observó a todos lados desconcertado, despeinándose desesperadamente —¡Oy, no entiendo nada-ttebayo!
Shikamaru negó con la cabeza. No era sorpresa, no realmente, la mayor parte de las veces Naruto era incapaz de ver lo que tenía delante de las nariz, así se lo refregaran en el rostro —¡Tsk! No me sorprende... Eres demasiado problemático.
—¡Pero-
Una vez más, Shino decidió intervenir —Debemos continuar, ¿por qué? Porque somos blancos fáciles de esta forma, detenidos.
El Nara asintió —Shino tiene razón, Naruto, deja de causar problemas.
—¡¿Eeehhh? ¿Y qué hay de él? —exclamó quejoso, señalando a Kiba.
Este frunció el entrecejo —¡¿De qué hablas? Eres tú el que nos está retrasando, idiota.
—¡Claro que no-ttebayo!
Kiba apretó los colmillos —¡Claro que sí!
—¡Ven aquí y te patearé el trasero con mi nueva técnica!
El Inuzuka solo soltó una carcajada de burla —Eso hay que verlo, ¿verdad Akamaru? —y el gran can ladró a modo de asentimiento.
N-No me gusta... que N-Naruto-kun y Kiba-kun discutan... Pensó Hinata con abatimiento, ¿acaso no podían llevarse bien? ¿Por qué debían pasar de la competencia sana a aquello? No lo entendía. Kiba se estaba comportando extraño últimamente, ¿acaso era algo que ella había dicho o hecho lo que había hecho que estuviera tan molesto? No lo sabía, pero no le agradaba. Hinata apreciaba el Kiba que era amable, en su tosquedad, con ella y que siempre lograba hacerla sonreír a pesar de todo. El mismo que fastidiaba constantemente a Shino con sus bromas y hacía reír a Kurenai y a su pequeño hijo, no el que parecía descontento —Na-Naruto-kun... Kiba-kun... —susurró, en vano. Ninguno de los dos alcanzó a oírla. Por lo que decidió intentar alzar un poco la voz, aunque, por más que lo intentara, esta siempre sonaba suave y pequeña—. ¡Naruto-kun... K-Kiba-kun...! Por f-favor... no... n-no... discutan...
Naruto parpadeó, recordando repentinamente el resto de las personas a su alrededor. Kiba, por otro lado, solo clavó sus ojos oscurecidos en ella. Una vez más, estaba comportándose como un idiota. Lo sabía, Shino probablemente se lo diría, incluso si no era necesario; pues él mismo podía verlo. Se había vuelto a dejar llevar. Era su culpa enteramente, suponía, y culpaba a su carácter salvaje y temperamental por sus estúpidas reacciones irracionales. Y aunque quería comportarse, como le había dicho que haría a su compañero, no podía evitarlo. La expresión de inocencia de Hinata y el intoxicante aroma que se desprendía de ella le nublaban el poco juicio racional que solía tener. Y odiaba ser él el culpable de alterarla. Hinata ya tenía demasiada porquería en su vida y en su clan para tener que él añadirle más causas de estrés.
Naruto rió —Heh, heh. Supongo que me dejé llevar. Menos más que Sakura-chan no está aquí o ya me habría golpeado-ttebayo...
El aura sombría del Aburame alcanzó al rubio, y a Kiba por igual. Ambos se voltearon a verlo preocupados, el segundo agitando sus manos en el aire para restarle importancia al asunto —Oy, Shino...
—Los camaradas deben respetar a sus camaradas.
El Inuzuka se abofeteó en respuesta la frente. Debería haber supuesto que su compañero diría algo así. Desde que lo conocía, Shino se había enfurruñado –con él y por demás razones en general- cientos de veces y siempre que lo hacía su voz se profundizaba, a la par que soltaba comentarios acusadores sobre la falta de camaradería. Además, una vez que se enfurruñaba, no dejaba el asunto en paz por semanas, inclusive meses.
Suspirando, Shikamaru dejó caer sus cosas sobre el suelo, al cual habían descendido cuando Hinata había caído de la rama. Aquella misión aún no había comenzado y ya le estaba causando dolor de cabeza. De hecho, le estaba causando jaqueca y no podía evitar frotarse las sienes intentando calmar las punzadas que lo aquejaban. ¿Por qué la quinta debía haber mandado a Naruto con ellos? Con una persona problemática, con Kiba, ya estaban bien; no necesitaban a alguien más para avivar la problemática llamarada del conflicto. Naruto y Kiba se comportaban como dos mujeres problemáticas cuando discutían, de hecho, Kiba y Naruto –y sus discusiones sin sentido- le recordaban en gran medida a las que solía presenciar cuando Ino y Sakura colisionaban, solo que estas discusiones carecían del estrógeno y progesterona que las otras poseían, y estas tampoco terminaban con Ino culpándolo a él por todos sus males y los de la humanidad. Lo cual era bueno, suponía; pero igual de fastidioso. Sin duda prefería la silenciosa personalidad de Hinata y la calma y seria de Shino a la de esos dos. Kiba y Naruto solo traían problemas y más problemas.
Dejando escapar un nuevo suspiro, se enderezó —Por problemático que sea deberemos descansar aquí.
Inmediatamente Naruto y Kiba se voltearon indignados —¡¿Quéeee?
El Nara se cubrió los oídos —¡Tsk! Ya es de noche... Y aún nos falta atravesar el desierto. Por lo que estimo, nos tomará otro día...
—¡Pero! —exclamó el rubio, listo para protestar. Sin embargo, la voz pequeña y tímida de Hinata lo detuvo de continuar con sus quejas.
—Esto... Creo que S-Shikamaru-kun tiene razón Naruto-kun...
Kiba sonrió y asintió —Por supuesto, idiota.
—¡¿A quién llamas idiota, idiota?
—¡A ti, idiota!
El Nara cerró los ojos y se dejó caer finalmente al suelo. Sería un viaje largo, definitivamente sería un viaje muy largo. Qué problemático...
