1 de Septiembre del 2005

En la esquina de la cuadra se encontraba un auto estacionado, en su interior un par de manos sujetaban el volante mientras le daban golpes nerviosos con los pulgares. El chico rubio miraba hacia el club que se encontraba frente a él y observaba a la gente pasar por ahí a otros tantos entrar. Muchos de ellos iban en pareja. Era la tercera vez en las últimas dos semanas que Mikey Blumberg se colocaba frente a Freddy's Club, dispuesto a entrar de una vez por todas, pero siempre se detenía y tras quince minutos, decidía avanzar y volver a casa. Las primeras dos ocasiones, se marchó porque no tuvo las suficientes tripas para entrar, esta vez se marchó porque se asustó cuando un chico que estaba por entrar al club le alzó las cejas a modo de coqueteo.

-Hoy tampoco será el día –se dijo mientras manejaba.

Spinelli estaba acostada sobre su cama, el entrenamiento con las porristas había sido agotador. No sólo por el ejercicio físico que implicaba, sino también por el hecho de tener que soportar a las Ashleys durante 2 horas consecutivas. Pensar que tendría que hacerlo jueves y viernes por el resto del año, resultaba simplemente insufrible. Escuchó entonces tres golpes en su ventana y olvidó por completo todo el cansancio que sentía y se levantó de inmediato para abrir a su mejor amigo.

-¡TJ!

-¡Spin! Vine a ver qué tal te había ido en tu primer entrenamiento con las porristas.

-Súper, si ignoramos el hecho de que estaban las Ashleys ahí.

-Sí, imagino que eso debe ser una munga.

-¡Hey! ¿Qué tal el equipo de futbol?

-Se ha vuelto maravilloso jugar sin Lawson ahí. Es el primer entrenamiento en años que tenemos donde nadie le grita a todos lo estúpidos que son.

-Es un asco que no acepten chicas en el equipo, a mí me habría gustado partirle la cara a Lawson en un entrenamiento.

-Serías una sensación jugando futbol, eres mejor que muchos otros chicos que de algún modo lograron entrar. ¿Sabes? De hecho me siento muy cansado. Creo que me recostaré un poco aquí.

-¡TJ! ¡Sal de mi cama!

Así era la mayoría de las veces que ellos se encontraban en la habitación de alguno. Por lo general TJ hacía algo para molestar a Spinelli y ella le seguía el juego. Casi sin darse cuenta, conforme fueron creciendo, comenzaron a actuar de ese modo, como si estuvieran coqueteando todo el tiempo. Los demás chicos en el grupo al inicio de esa relación un tanto extraña para ellos, se sintieron intrigados y esperaban que en cualquier momento se volvieran pareja, pero poco a poco aprendieron a vivir con ello. Ya a nadie le parecía raro verlos caminar abrazados. El resto de los chicos de la escuela asumía con toda naturalidad que eran "la pareja más linda" de toda la escuela, por ello, cada vez que alguien les decía que no eran pareja, no podían entender la situación.

Luego de una intensa guerra con almohadas y risas, Spinelli se resignó a que no podría mover a TJ de su cama, así que sólo le pidió un espacio y se recostó junto a él, quien le ofreció su brazo para usarlo como almohada.

Vince La Salle conducía su auto por una de las avenidas principales de la ciudad. Se dirigía hacia el centro comercial. En el asiento del copiloto se encontraba Amy Evas, quien era porrista desde el año pasado. Dado que Vince era jugador del equipo de futbol, tuvieron tiempo de sobra para conocerse y, eventualmente, enamorarse.

-¿Qué tal tu entrenamiento de hoy?

-Estuvo fatal.

-¿Y eso? ¿Qué ocurrió?

-Hay una chica nueva, amiga tuya. Creo que se llama Spinelli.

-Sí, amiga mía, ¿qué hay con ella?

-¿Con ella? Nada, nada en absoluto. Es una de las personas más agradables que he conocido jamás. Pero, Dios mío, es demasiado buena.

-Lleva años yendo a clases de ballet, sinceramente no me sorprende que le vaya bastante bien en esto, ¿opaca a las demás? ¿O por qué te molesta el asunto? –Vince hablaba sin despegar la vista del frente.

-¿Opacarnos? ¡Nunca! El trabajo en equipo nunca había sido mejor, tiene habilidades que muchas no tenemos, además de una fuerza brutal que le permite ser una excelente base para las pirámides y lanzar a otras al aire. El asunto no es si nos opaca o no, el asunto es quiénes se sienten opacadas…

-Debí imaginarlo: esto se trata de las Ashleys.

-Creo que hablaré con la entrenadora Williams para pedirle que las controle o las saque del equipo. Me queda muy claro que entraron por ser niñas bonitas, hay tantas allá afuera que lo hacían bastante bien y no las aceptaron por tener un par de kilos de más.

-¡¿Quién demonios elige a las porristas?!

-Otras porristas, normalmente designadas por la entrenadora. Quienes admitieron a las Ashleys se graduaron en mayo, pero eran tan odiosas como ellas, no me extraña que seleccionaran gente por su apariencia física.

-Eso apesta, ¿sabes?

-Lo sé. El gran problema es que pasan todo el entrenamiento insultando a Spinelli, y cuando Jessica, la capitana, les pidió que hicieran cualquiera de las cosas que ella es capaz de hacer, no lo hicieron ni la mitad de bien. Vince, no las soporto.

-Hey, mira, Spinelli es una gran chica, puede cuidarse de las Ashleys sin problema.

-Ese es otro punto, tu amiga es increíble, pero demasiado temperamental.

-No voy a negar eso.

-Temo que le declare la guerra a esas cuatro. Mira, no la he visto mucho ni la conozco bien, pero si es amiga tuya, seguramente es muy buena persona. El problema con Armbruster, Boulet, Quinlan y Tomasian es que ellas no lo son, si se inicia una guerra, Spinelli no tiene modo de ganar, ellas son capaces de caer bajo, muy muy bajo.

Vince comenzaba a preocuparse por lo que Amy le decía, pero dejó de darle importancia en cuanto llegaron a su destino. Se bajó del auto y caminó hacia la puerta del copiloto para ayudarle a su novia a bajar. Después de todo, ellos tenían una cita y lo que habían dicho sólo fue una charla en el camino, ¿no?

Gretchen recordaba perfectamente lo ocurrido el lunes con el Dr. Smith, y no podía negar sentirse un tanto nerviosa al saber que lo vería al día siguiente. Cálculo Avanzado era una asignatura de cuatro horas semanales, dos el lunes y dos el viernes. Daba vueltas en su habitación con el libro de Cálculo diferencial en la mano, tratando de comprender una sola palabra de lo que decía, pero por un lado, seguía pensando en Vince La Salle, por el otro, Smith se había entusiasmado el lunes con el genio de Gretchen, le preguntó a qué universidad quería ir, qué carrera quería estudiar, a qué se pensaba dedicar. Sí, Gretchen sabía muy bien lo que eso significaba: estándares altos, había llamado la atención la primera clase y ahora se esperaría mucho más de ella.