Capitulo 3. El tormento de aquello que pudo ser

Shikamaru no podía creer lo que veía.

Con la estupefacción pintada en su rostro, vio y siguió con atención todos y cada uno de los movimientos de la mujer que inesperadamente había abierto aquella puerta: fulminando primero con la mirada al enorme Akamaru que a pesar del regaño entró a la casa como si nada. La vio arqueando con enfado el ceño, apretando con fuerza la mano con que había abierto la puerta, levantando inmediatamente después la vista, abriendo la boca de nueva cuenta para regañar a Kiba, que previendo aquello se apresuró a tomar el bello rostro entre sus manos y dándole un suave y corto beso antes de sonreír, decir algo y hacerse a un lado para que entonces ella lo mirase con sus maravillosos ojos verdes, un tanto sorprendida, pero de inmediato viendo en sus labios como se formaba una sonrisa…

—Por Kami, ¡pero si casi no has cambiado! —dijo a modo de saludo la rubia con ambas manos apoyada en sus caderas mirando al manipulador de sombras de arriba abajo, y antes de que ninguno dijera nada ella misma se obligó a volver la vista adentro de la casa al escuchar de nueva cuenta a Akamaru rascando algo con sus enormes patas—. Entren no se queden ahí afuera —la escuchó decir antes de que entrara a toda prisa seguida de Kiba quien fue ahora quien le llamaba la atención a su can, dejando momentáneamente a Shikamaru ahí afuera, completamente consternado…

Tenía que haber un error. Debía haber un error. Y sin embargo no lo había. Si alguien más se lo hubiera dicho antes no lo hubiera creído… pero él mismo lo había visto.

Temari se había casado. SU Temari se había casado. Y nada más y nada menos que con Inuzuka Kiba…

Con el corazón destrozado, Shikamaru apretó con fuerza los puños de sus manos conteniendo el impulso de entrar en aquella casa y preguntarle a gritos el porqué, ¡de golpear al castaño hasta hacerlo sangrar…! Pero, ¿de qué iba a servirle? Seguramente esos dos se amaban desde mucho antes de casarse y él había estado tan ciego que ni siquiera lo había notado.

Maldición, si tan sólo no se hubiese tardado tanto en descubrir que efectivamente Temari era el amor de su vida, al menos hubiera podido luchar por conquistarla y nada de eso le estaría pasando…

—¿Todavía sigues aquí? ¡Anda Shikamaru no te quedes ahí parado y entra! —le apremió Kiba con su sincera sonrisa asomándose al ver todavía la puerta abierta y aunque todo en Shikamaru le decía que se marchara, que se negara a aceptar aquella invitación de entrar y quedarse unos días con ellos, que no se torturara más al verlos y regresara a su casa a seguir con su vida, sus pies lo llevaron dentro en un completo y absoluto silencio.

Después de todo había viajado hasta ahí para verla, y al menos, creía que se merecía poder hablar con ella unos instantes, aún cuando los celos y la decepción por dentro lo estuvieran matando.

—Te lo advierto Kiba, si no haces nada por controlar a Akamaru te juro que los dos dormirán afuera —le amenazó con dureza la princesa, saliendo de una de las habitaciones y atravesando la estancia hacia la cocina sin siquiera levantar la mirada mientras se sacudía la falda.

—Te prometo que haré todo lo posible porque Akamaru deje de comportarse de esa manera —dijo en un tono conciliador que consiguió que al Nara se le encogieran las entrañas. Era más que evidente lo enamorado que Kiba estaba de la rubia… y casi podía jurar que de estar el Inuzuka más cerca de ella y no cerrando la puerta la habría abrazado intentando todavía calmarla.

—Pues eso espero, porque es la quinta puerta que arruina —siguió quejándose aún al salir de la cocina con la vajilla para poner la mesa, mientras Kiba corría a una de las habitaciones al escuchar de nuevo los ruidos que hacía Akamaru—. Siéntate vago, que aunque te quedes de pie no creo que sigas creciendo más —bromeó unos instantes después ella, levantando momentáneamente la vista y sonriendo al notar que su invitado seguía todavía de pie a mitad de la sala, ignorando que el corazón del muchacho parecía haberse detenido al ver que su belleza y atractivo se habían incrementado con los años.

—¿Porqué no me dijiste que ibas a casarte? —preguntó de pronto, en cuando ese par de hermosos ojos verdes volvieron a posarse sobre él, acortando la distancia que había entre ellos. Ella apenas parpadeó.

—Fue hace años Shikamaru, aunque te lo hubiera dicho no hubieras aceptado venir por considerarlo demasiado problemático —respondió ella, bajando la vista para comenzar a ordenar los cubiertos, aunque instantes después, al sentir la mano del pelinegro sobre su muñeca, ella misma volvió a fijar su vista en el masculino rostro.

—¿Cómo lo sabes? Ni siquiera me diste la oportunidad —le susurró con el corazón latiendo acelerado, perdiéndose en el mar de esos profundos ojos verdes, deseando… no, ¡muriendo por decirle cuanto era que la amaba antes y todavía más ahora!

Pero al escuchar la voz y los pasos de Kiba que regresaba a la estancia el Nara se obligó a callar y a soltarla dándole inmediatamente la espalda, apartándose unos pasos y observando la decoración de la casa, ignorando completamente la mueca de sorpresa y confusión que se había dibujado en el rostro de la rubia.

¿Acaso Nara Shikamaru se había enfadado con ella por no haberlo invitado a una ceremonia que se había llevado hacía casi tres años atrás…?

Sin embargo, con el regreso de su marido a la sala, no tuvo demasiado tiempo para analizar la actitud del muchacho que comenzó a responder las preguntas que el castaño le hacía sobre los sucesos ocurridos su aldea natal desde que se marchara a Suna.

Kami, qué rápido se les había pasado el tiempo, pensaba absorta en sí misma la rubia, terminando de poner la mesa para tres y yendo de regreso a la cocina en donde, mientras vigilaba la cocción de los alimentos, no dejó de divagar en sus pensamientos, recordando lo que había pasado hacía casi ya tres años, cuando no había tenido mas opción…

Y de manera inconsciente, mientras Sabaku no Temari, observaba distraída la cacerola llena de comida, se llevó una de sus manos al vientre e inevitablemente en su rostro, una mueca de preocupación se dibujó.

Sí, el tiempo había pasado tan rápidamente durante aquellos años, que ni siquiera se había dado cuenta de que el tiempo se le estaba acabando…

—Temari, ¿qué habitación le dejaremos a Shikamaru?

Y al escuchar la voz de su esposo, la ojiverde volvió sus pensamientos a la realidad y volteó a verlo en el umbral de la puerta unos segundos, serenando su expresión rápidamente y alisando su vestido al darse cuenta de donde tenía apoyada la mano.

—La de huéspedes Kiba, eso es obvio —respondió serena, fingiendo que se sacudía algo de la falda y apartando aposta la mirada de él. No obstante para Kiba no había pasado desapercibido el gesto de su rostro ni de sus manos.

Para él era más que obvio que su amada esposa estaba preocupada y aunque sabía que lo mejor sería fingir que no lo había notado y no decir nada para evitar alterarla, Kiba no podía ir en contra de sus instintos, de sus deseos de ir hasta donde estaba e intentar abrazarla para reconfortarla, para decirle y hacerle saber que la amaba por sobre todas las cosas, y que él iba a quererla, amarla, protegerla y cuidarla siempre, pasara lo que pasara…

—No tienes de qué preocuparte Temari, ya verás que todo va a estar bien muy pronto —le aseguró él, tratando de transmitirle seguridad y confianza con una de sus cálidas sonrisas avanzando hasta ella aunque, como ya lo esperaba, su mujer en lugar de ir hacia sus cálidos y reconfortantes brazos le dio la espalda y centró toda su atención a la comida.

—Ve a prepara la habitación para el vago, esto ya casi está —le ordenó, evadiendo por completo el tema e intentando alejarlo.

Sabía de sus intenciones de querer animarla, de tratar de hacerla sentir mejor… porque así era la naturaleza de Kiba, durante aquellos años de matrimonio lo había entendido y aceptado.

Había comprendido que ese carácter suyo, arrogante, engreído y hasta agresivo que solía mostrar a los demás era tan sólo una careta exterior con la que ocultaba su verdadera naturaleza: la nobleza, la ternura, el cariño y el amor que el castaño podía llegar a sentir… y que en momentos como ese, a veces le costaba corresponder.

Y no era que a ella no le gustara esa forma tan suya de ser, no. Más bien, y de aquello ya habían hablado al respecto los dos, era que a la joven princesa de Suna le costaba aceptar y reaccionar a las muestras de cariño a las que todavía no se acostumbraba.

Así que, dejando el tema por la paz, Kiba se limitó a abrazarla fugazmente aún cuando ella le daba la espalda y deposito un suave y pequeño beso en su mejilla, antes de asentir y salir al instante de la cocina, dejándola de nueva cuenta sola como quería… y ella, tras verlo de reojo salir, apagó el fuego de la estufa y mordiéndose con fuerza los labios, sacudió negativamente la cabeza, queriendo hacer a un lado las preocupaciones que tanto la atormentaban, preguntándose cómo sería todo de haber hecho las cosas de diferente manera.


Omg... yo se que no tengo perdón por hacerles esperar tanto por la continuación, pero juro que de tantas historias que tengo, a veces se me cruzan las ideas y me olvido de los ficts que ya continue y cuales deje aun en espera... pero la buena noticia, es ke ya les traje la continuación por fin! xD

Para este capitulo, me ahorrare mis comentarios y solo agradeceré enormemente a esp-yume, que plasmo magníficamente con esas caritas la situación jaja; a Titxtu que siempre me lee; a temari-vc que presiento querrá asesinarme o torturarme porque tardare un buen tiempo en arreglar la situación; a Nonahere cuya bomba molotov aún no llega xD; y a Gynee que lee por primera vez un KibaTema y tengo el honor de que sea el mio! jajaja xD

Anyway, espero sus próximos reviews, porque estoy segura de que me seguirán leyendo... o al menos eso espero, jajaja xD Les quieroo!

Besazos por montón! ;D