Bendito Amor

Il Potere del Denaro– Capítulo 3

"Candy no soy digno de tu confianza"- le dije sintiéndome miserable por mi vergonzosa actitud, ¿Qué haría si descubriera que le robé un beso? No quiero ni pensarlo… sacudo ligeramente la cabeza y fijo mi mirada en ella, ahí está viéndome interrogante con sus hermosos ojos verdes y yo me siento débil, no soy capaz de confesar –"Según lo que me has contado yo no he pasado de ser un vagabundo, pude haber sido un vulgar delincuente, quizás escapaba de la justicia y por eso mi vida era errante, tengo temor de que al descubrir mi pasado me encuentre con cosas desagradables"- hablé con la mirada baja, la vi moverse de su asiento y pensé que quizás iría por las galletas que yo había olvidado colocar en la mesa, pero de pronto siento su cuerpo cerca al mío y mi corazón desciende al estómago, sus brazos me envuelven y su cabeza la ha apoyado en mi hombro, ¿Acaso esto es real? No me puedo mover, no quiero ni respirar, tengo temor de que si hago un pequeño movimiento ella se aleje de mí, si tan sólo le pudiera decir lo que siento, si me diera la oportunidad de ayudarla a olvidarse de él.

- Tú siempre fuiste mi apoyo y sé que eres buena persona, pero ya que tienes dudas sobre ello quiero que me escuches, no me importa si en tu pasado hay algo malo, algo de lo que tengas que avergonzarte, yo jamás te juzgaré ¿Me entiendes? Yo podría poner mi vida en tus manos sin pensarlo dos veces, y podría dar la vida por ti también, tu pasado no cuenta Albert.

- Candy – susurré emocionado por haber escuchado esas palabras llenas de tanto significado para mi - Gracias - murmuré sin poder expresar todos los sentimientos que llenan mi corazón – Me haces muy feliz - declaré y ella rió bajito, hubiese querido que nunca acabara el momento, pero como nada es como uno quiere unos toques en la puerta la hicieron separarse de mí, "no te alejes" quise decirle, pero aquello se quedó en mi pensamiento, ella se encaminó con paso tranquilo hacia la puerta sin darse cuenta del estado en que me había dejado.

- Buen día Candy- saludó el dueño del edificio - llegó ésta carta para ti - dijo sonriendo mientras le extendía un sobre, ella agradeció y se despidió cerrando la puerta con la elegancia propia de una princesa.

- Esto es raro - dijo con la confusión pintada en el rostro, caminó hacia la pequeña salita que tenemos y se sentó en el viejo mueble invitándome con la mirada a que le hiciese compañía - es del hospital donde trabajo - informó abriendo el sobre y procediendo a desdoblar el papel, mientras yo observaba asustado al ver como sus ojos se iban llenando de lágrimas.

- ¿Qué pasa Candy? - interrogué casi queriendo arrancar de sus manos aquel papel y enterarme por mí mismo de aquello que le afectaba tanto.

- ¡Es del doctor Leonard! Me ha despedido Albert, como pudo hacerme eso - se lamentó arrojándose en mi pecho y rompiendo a llorar desconsoladamente.

- ¿Cuál es el motivo del despido? - pregunté temiendo que yo fuese el causante.

- Es por ordenes de la tía abuela - dijo hipando y yo sentí la furia arder por mis venas, ¡cómo podía ensañarse con alguien tan buena y dulce como Candy!

- No llores, hay muchos hospitales en la ciudad Candy, verás que pronto encontrarás trabajo en alguno de ellos.

- Ningún hospital me recibirá, el doctor me sugiere que regrese a mi hogar y ocupe mi puesto en la sociedad.

- ¿Hogar? - pregunté sin entender.

- La mansión de los Andrew, pero la tía abuela no soporta mi presencia y a mi no me gusta la mansión, yo soy feliz contigo aquí en nuestro departamento y no cambiaría esto por nada. - dijo sonriendo entre lágrimas.

- ¡Todo esto es mi culpa! - exclamé odiándome pues jamás quise ser un problema en su vida.

- No digas eso, la tía abuela y los hermanos Leagan siempre buscaron hacerme daño, así que suceda lo que suceda Albert jamás te sientas culpable.

- Candy - susurré mientras la recibía nuevamente entre mis brazos - conseguiré otro trabajo y nada te faltará, lo prometo.

- ¡Pero estás enfermo! Ni siquiera deberías tener un trabajo - se quejó mirándome con aquellos ojos que me volvían loco - no lo harás Albert, no permitiré que esto suceda - anunció y levantándose con decisión agregó - Hablaré con la tía abuela, si me van a despedir por su causa al menos quiero que escuche lo que pienso al respecto - dijo limpiándose las lágrimas.

- ¿Quieres que te acompañe? - pregunté teniendo miedo de que se enfrente sola ante esa temible mujer.

- No Albert, es mejor que no, la conozco muy bien y sé que ir contigo solo le daría nuevas ideas para su maldad, descuida que no tardaré demasiado- dijo antes de darme un ligero abrazo y marcharse.

Media hora después la rubia se encontraba en el salón de los Andrew esperando ser atendida por la matriarca.

- Así que te atreviste a venir - fueron las palabras que salieron de la boca de Elroy Andrew apenas vio a la chica de cabellos rizados.

- Usted hizo que me echaran del trabajo y si he venido hasta aquí es solamente para pedirle que deje de entrometerse en mi vida - sentenció la joven sin dejarse amedrentar por el odio que veía en los ojos de la anciana.

- ¿Cómo sabes que fui yo? Lo más seguro es que hayas sido una incompetente - dijo con desprecio.

- Yo siempre me esmeré en hacer bien las cosas ¡No puede poner en duda mi profesionalismo! - gritó Candy pensando en como aquella mujer podía ser tan cínica.

- Dudo mucho que tú hayas hecho algo bueno niña estúpida y no grites en mi casa que chillas peor que un animal - declaró con maldad.

- No entiendo porqué siempre buscó hacerme daño, yo jamás le hice nada.

- ¿Nada? Tu eres un mal agüero para la familia, por tu culpa murió Anthony, por tu culpa se fue Stear, enredaste al tío abuelo para que sintiera lástima por ti y te adoptara aún sabiendo que no eras nadie, puso la fortuna familiar y nuestro propio honor en tus sucias manos.- declaró con perversa satisfacción mirando el rostro abatido de la joven.

- Todo lo que usted dice son mentiras, yo nunca lastimé ni herí a nadie.

- Tú Candice White eres la manzana podrida que daña todo lo que está a su alrededor.

- Si alguien aquí tiene algo podrido es usted que tiene corrompido el corazón. - se defendió con lágrimas en los ojos.

- ¡Eres una mal agradecida, jamás serás una verdadera Andrew! - vociferó dándole una sonora bofetada.

- Pues anule la adopción, prefiero ser una vulgar huérfana a seguir siendo parte de su retorcida familia.

- Por supuesto que anularé la adopción, toda la vida serás una do nadie, ¡con razón el actorcito te dejó por aquella lisiada! Seguramente descubrió lo zorra que eres ¡Si hasta te atreves a compartir tu pocilga con un pordiosero! No sé como el tío abuelo pensó que podías ser una dama.

- Si ser dama es convertirme en alguien tan cruel como usted, no sabe cuánto me alegro de no serlo. - afirmó Candy mirando con dolor a la mujer.

- Hablaré con el consejo sobre tu comportamiento vergonzoso y ellos se encargan de quitarte el apellido, ahora lárgate de mi casa. - exigió.

- No habrá nada que me haga más feliz.

- ¡Luisa! ¡Luisa! - gritó llamando a la mucama - ¡Llévate a esta chiquilla! Y luego manda desinfectar la mansión - ordenó ante lo cual la mencionada mirando tristemente a Candy la tomó del brazo y la dirigió hacia la puerta.

- ¡Oh mi niña, mira como dejó tu hermoso rostro!

- No te preocupes Luisa, estaré bien.

- Si yo estuviera en tu lugar tomaba mis cosas y me escondía en el rincón más lejano de América - habló la señora preocupada.

- Tomaré en cuenta tu consejo - respondió Candy dándole un beso a la mujer y marchándose sin mirar atrás.

Tiempo después Albert escuchaba atentamente las palabras de la rubia mientras que con cuidado aplicaba un ungüento sobre su mejilla lastimada.

- Candy yo tengo que ir a esa casa y enfrentarme con esa mujer, que sepa que no estás sola - le decía el rubio mirándola consternado.

- No Albert, no quiero que te conozca y también busque la manera de perjudicarte, prométeme que no irás por favor te lo suplico. - rogaba la muchacha tomando una de las manos del joven.

- No puedo quedarme tan tranquilo viendo como esa mujer te hace tanto daño.

- No por favor, en todo caso cuida de mi como si fuera una niña, te necesito Albert, eres la única persona en quien puedo confiar a ciegas, solo tú puedes ayudarme a seguir adelante - dijo antes de caer en un profundo sueño a causa de la medicina que había bebido para controlar los nervios.

- Siempre cuidaré de ti mi amada Candy - susurró antes de salir del departamento dispuesto a ignorar el pedido de la chica y buscar a aquella que le había herido tanto, sin saber que eso cambiaría su destino.


¡Hola a todos! Gracias por acompañarme en ésta aventura, no saben lo importante que es para mi el que dediquen unos minutos de su valioso tiempo para leerme y aún más para dejarme sus lindas palabras que son mi motivación para seguir adelante.

Con respecto a la historia, sé que las cosas están un poco violentas con Candy pero créanme es algo necesario para que ella deje de ser tan inocente, es hora de que vaya formándose como una guerrera...

Gracias especiales a :

Nina - Glenda - Yagui - Yanira - Stormaw - AnMonCer 1708

¡Éste capítulo fue dedicado especialmente para ustedes!

Besos y hasta la próxima!
Espero sus comentarios!