Este one!shot es de esas cosas que uno simplemente no planea. Sale. Tenía ganas de escribir SS (como el noventa y nueve por ciento de mi tiempo libre... y no tan libre) y sólo... salió. Espero que el manga de esta semana acompañe el sentimiento de sus fans. Sin más... disfruten :). Y de antemano, gracias por leer.


Disclaimer: Naruto (c) Masashi Kishimoto

Título: El ciclo dispar.

Sinopsis: ...o de como ellos representan un principio, y un fin.


Sakura abría, Sasuke cerraba.

Siempre había sido así.

— He cambiado.

Su voz era fuerte. Decidida. No le importaba estar en una tienda, rodeada de sus camaradas de la alianza. Algunos peleaban por seguir con vida, otros simplemente descansaban de una serie de batallas que al fin habían terminado. Había unos cuantos, como el caso de ella, que se dedicaban a curar a los demás. Pero Sakura no estaba sanando a cualquiera. Estaba sanando a Sasuke Uchiha.

Y ella le mostraría que, efectivamente, había cambiado.

— Soy más fuerte.

El la miró. Ojos negros aburridos, distantes. Eran hielo. Su indiferencia era hielo.

— Puedo verlo.

Sakura no dijo ni una palabra más y continuó curando las heridas del joven. No debería haberle sorprendido la escueta respuesta. No cuando ella sabía como era él y como era su relación. O su no-relación, para ser más específicos.

Ella siempre comenzaba. Con una palabra, con un gesto o con una acción. Y él lo finalizaba de una manera abrupta. Con un gruñido, con frialdad o con indiferencia. No podía decirse que tuvieran una interacción totalmente reciproca porque ella era demasiado activa, muy pegajosa, habladora. Molesta. Y él era por demás pasivo. Cruel, directo y frío. Y aún, a pesar de lo poco complementarios que eran, ella lo seguía curando. Y él se dejaba.

— Bienvenido a casa, Sasuke-kun.— Le dijo con voz dulce, terminando su trabajo con él.

Él contestó con una media sonrisa— Hn.

.

.

Sakura continuaba, Sasuke nunca había comenzado.

O eso era lo que ambos creían.

— La alimentación es algo primordial Sasuke-kun, no puedes simplemente olvidarte de comer.

— Hn.

Ya habían pasado ocho meses desde que la guerra había finalizado. Sasuke había decidido volver a Konoha, pero su presencia era como la de un fantasma. Nadie sabría que él estaba allí si no era por las constantes visitas que los tres miembros del equipo siete solían hacerle. Su rutina se basaba en entrenar, dormir y pasar tiempo con su equipo. Aún no tenía permitido hacer misiones, y él no tenía muchas ganas de hacerlas. Algunas veces se acordaba de comer, otras no. Y era por eso que había terminado más de una vez en el hospital por haberse desmayado en los entrenamientos. El joven intentaba olvidar a cada segundo la imagen de Naruto llevándolo a rastras.

Y como no, también debía tratar de hacer oidos sordos a los reproches de Sakura.

— Y alimentarse no es vivir a base de tomates.

El gruñó en respuesta. La verdad que la vista era muy graciosa, pensó la joven. Estaba sentado mirando hacía la pared, con cara de pocos amigos y de brazos cruzados. Lucía como un niño caprichoso.

Adorable.

— Como es la cuarta vez en dos meses que vienes aquí, y veo que nada ha mejorado.— Recalcó la palabra "nada", él solo la ignoró— Iré tres veces a la semana a cocinarte y obligarte a comer como debe ser, ¿Estás de acuerdo, Sasuke-kun?— Le preguntó con una voz artificialmente tranquila, que auguraba la tormenta.

El primer impulso de Sasuke fue decirle que no. Que no quería que invada su espacio. Pero luego vio como los ojos de ella brillaban de esa manera. Esa manera que le decía que aunque aparente ser una mujer fuerte y superada, en el fondo... muy en el fondo, seguía siendo la misma niña insegura que lo amaba con toda su alma. Y aunque él fuera un desgraciado y no la quisiera de la misma forma que ella a él... la apreciaba. Ella y Naruto eran sus únicos amigos.

Gruñó con hastío. Pero Sakura lo conocía, y sabía lo que eso significaba.

— Comienzo mañana Sasuke-kun, ¡Nos vemos!

.

.

Sakura lloraba, Sasuke miraba.

Y la triste escena se repite hasta el cansancio.

— Naruto está realmente feliz... con Hinata... ¿No crees?

Ya habían pasado cinco meses más. Cinco meses en donde Sakura estaba casi todos los días con él, en su casa, en su espacio. Cocinándole, hablándole, curándolo. Al principio llegó a ser por demás irritante tal violación a su intimidad. Mas luego terminó por acostumbrarse. Y se había transformado en una rutina llegar de entrenar y verla en su cocina preparando algo.

Ese día en particular la muchacha se había despertado extrañamente reflexiva.

— Hacía mucho tiempo que no sonreía de esa manera...

Sasuke asintió, sin prestarle verdadera atención. Le importaba realmente una mierda la vida sentimental del dobe, mientras la vida de él no corriera peligro, no debía preocuparse. Sabía que si llegaba decir eso en voz alta, Sakura lo acusaría de insensible y ni sabía que basuras más. Por esa razón se abstenía de dar su opinión. No por miedo, sino porque la voz de Sakura tomaba tonos por demás agudos cuando se enojaba. Y eso era molesto.

— Me pone muy contenta que haya encontrada la felicidad. Ella... ella siempre lo amó...

La voz de la joven se fue apagando y su rostro era la clara muestra de la congoja. Miraba hacía la nada, perdida en sus pensamientos. Sus ojos se fueron cristalizando, y una lágrima cayó de estos. Ella parecía no darse cuenta de aquel hecho y continuaba en su ensimismamiento. Mas Sasuke sí. Observaba atentamente las muecas y aquellos dejes de tristeza de los que era presa la muchacha.

Le hubiese gustado ser alguien más. Otra clase de persona, para encontrar las palabras exactas que borren aquella mirada triste y que barra esa lágrima. Pero era él, el bastardo, y esa no era su naturaleza. Él no tenía derecho a consolarla, no, cuando era el principal responsable del sufrimiento de la chica.

Y la culpa no dejaba de intoxicarle.

Día a día.

.

.

Sakura mentía. Sasuke...

También.

La chica preparaba la cena tarareando una canción. Se la notaba muy contenta. Sasuke la miraba, como hacía siempre. Verla de esa manera le recordaba a la Sakura de siempre, no a aquella chica triste que andaba últimamente a su alrededor. Y por alguna razón, aquello le hizo sentir en paz.

— Es la práctica lo que hace al experto, ¿Sabes? Es algo obvio, pero nadie lo suele aplicar a las cosas más sencillas. Por ejemplo la cocina. Mis comidas eran... — La joven calló intentando encontrar una palabra. Por dentro, el Uchiha pensó que la mejor definición para las primeras comidas de Sakura era "incomibles"— ¡Bueno, sé que no eran lo mejor del mundo! Lo importante es que ahora lo hago bien...— Esperó alguna interrupción del joven. Al ver que parecía no querer acotar nada, continuó— ¡Has estado alimentándote por la gran Sakura Haruno durante más de un año, Sasuke-kun! Pienso que deberías sentirte afortunado.

Y le sonrió, de esa manera que parecía curar enfermedades. De la manera que sólo ella podía hacerlo. Y Sasuke no pudo evitar pensar que algo había pasado.

— Estás contenta.— Le dijo secamente. No era una pregunta. Era una afirmación. O su manera de decirle "Sé que algo te ha pasado. Cuéntamelo."

La gran sonrisa de Sakura vaciló por unos segundos, y se concentró en la cena. Trataba a toda costa de evitar su mirada. La curiosidad del muchacho no hizo más que aumentar.

— Quizás...— Trató de evadir una respuesta, mas sentía la penetrante mirada de Sasuke clavada en su espalda. Era demasiada presión, y ella sabía que ese pesado silencio era su forma de exigirle que le contara— Yo... mmh... yo... conocíaalguien...— Susurró.

Si Sakura tuviera ojos en la espalda, habría visto como él alzaba una ceja. Su mirada mortalmente seria.

— Es... es un compañero del hospital. Su nombre es Hatori, es muy dulce... salí algunas veces con él y... y...— Se explicaba totalmente avergonzada, como si estuviera contando algo malo— me hace sentir... bien.

Sakura se preguntaba por qué se sentía como si lo hubiese traicionado. Sasuke se preguntaba por qué se sentía traicionado.

— Hn. Felicitaciones, supongo.— Prácticamente escupió.

Ella murmuró un suave "gracias" y continuó con su trabajo. Su anterior alegría diluyéndose. El ambiente se había tensado y tanto uno como otro se sentían muy incómodos. De repente, el joven se dirigió hacía la puerta de su hogar. El ruido y el brusco movimiento alertó a la Haruno, que se detuvo de su labor y le dio una mirada confusa.

— ¿Qué haces?

Él se detuvo, pero no se giró para verla.

— Iré a entrenar.

Sakura se confundió— ¡P-pero la cena...!

— No tengo hambre.

Se fue sin decirle nada más. Ella sintió como si le hubiese clavado un puñal en el medio del pecho.

Había estado un año entero casi todos los días con él, haciéndole compañía, pasando tiempo juntos. Y no había logrado que él la apreciara. Ni un poco.

Ya estaba cansada de amarlo.

.

.

Sakura lo había superado. Sasuke no le daba importancia.

Y ambos seguían mintiendo.

— Creo... creo que es mejor que deje de venir Sasuke-kun...

Él no se inmutó. Ella sentía el corazón rompiéndose cada vez más. Quiso escapar de aquel dolor saliendo con otras personas, pero era inútil. Lo suyo con Hatori no había sido nada. Y estaba segura que tampoco funcionaría con nadie más. Por lo que intentó otras estrategias. Más naturales. Menos hipócritas que usar a otra persona. Trató de escudarse en su imagen de mujer fuerte. No era cualquier persona, era la alumna de la quinta Hokage, y mostraría fortaleza en cada situación que se le presentara. Tanto en un campo de batalla como en los demás aspectos de su vida. Sabría enfrentar sus propios demonios, aunque se sienta morir a cada minuto.

— Hay mucho trabajo en el hospital... y pienso que te he malacostumbrado un poco...— Rió sin alegría— Sabrás vivir sin mí...

Sasuke no mostraba reacción alguna. Su rostro estaba indiferente, frío. No le daba importancia al hecho de que ella se fuera o se quedara. Al parecer se había cansado de su compañía. De un día para el otro su trato para con ella había cambiado. Cualquier avance en su relación parecía sólo una ilusión.

El pensamiento dolía, desgarraba.

Pero ella ya no se encontraba más en eso, ya sabía como él reaccionaría y tenía las armas suficientes para enfrentar aquel dolor.

Se irguió, orgullosa.

— Debo irme. Igual sabes que siempre puedes acudir a mí cuando necesites algo. Somos amigos, ¿Verdad?

Su voz sonaba ligeramente dubitativa. Él se dignó a mirarla, por un segundo, y posó de nuevo su vista al frente.

— Supongo...

Ignoró la punzada que esa vaga declaración le produjo, y se despidió con una sonrisa. Había una parte de ella que se rebelaba a sus actos, que clamaba a gritos que vaya con Sasuke y le diga todo lo que sentía por él, que le reclamara atención, que lo golpeara por ser tan frío, tan indiferente. Su otra parte, la menos impulsiva y más racional, la felicitaba por su decisión. "Es lo mejor" se decía, "después de todo, no se puede forzar algo que nunca se dará. Somos amigos. Nada más".

Por su lado, Sasuke, se negaba a siquiera pensar en su compañera de equipo. Cada vez que su mente intentaba traerle la imagen de ella yéndose, él se enfocaba en otra cosa. En su entrenamiento, en su pasado, en Naruto. Cualquier excusa era buena.

Aunque ni siquiera su cerebro experimentado en la negación podía dejar de reconocer que su casa se sentía mas oscura y solitaria sin la luminosa presencia de Sakura.

Y eso, dolía.

Desgarraba.

.

.

Sakura siempre sabía. Sasuke siempre huía.

Eso no había cambiado.

A él le gustaba como era Konoha de noche. No había gente caminando, ni ruidos molestos. El viento mecía la copa de los árboles y sus propios pasos en la calle al retumbar eran agradables de oír. No pudo evitar que sus ojos negros se ensombrecieran con un deje de nostalgia a mirar hacía atrás. Era una noche muy bonita. El cielo se encontraba completamente despejado, y el clima era agradable. Le hacían sentir bien.

— Vaya... Sasuke-kun.

Miró sorprendido al frente, y descubrió la esbelta silueta de su compañera de equipo. Sakura le daba una mirada entre triste y resignada. Él torció la boca con fastidio. Mas continuó caminando. Al pasar por su lado, el ambiente entre ambos se tensó, mas él no se detuvo y ella no hizo amague de querer detenerlo.

— No te pediré que te quedes esta vez,— Sakura hablaba fuerte. Con coraje, demostrándole que ella había madurado— cargarás con tu partida tú solo.

— Es sólo una misión.

De la que no volvería. Él lo sabía. Ella lo sabía. Era inútil negarlo.

Sakura sonrió cuando comenzó a escuchar los pasos reanudarse. Ese día había se había enterado de su supuesta misión por la boca de su rubio amigo. Y en el momento que lo supo, tuvo el presentimiento de que Sasuke tramaba algo. No se había equivocado. En sus ojos estaba clara su intención. Konoha ya no era su hogar. Naruto y ella no eran suficiente para que él se quedara. Ya lo habían probado todo. Ella, particularmente, ya no tenía fuerzas para seguir luchando.

Por lo que lo dejó ir.

— Se feliz, Sasuke-kun— Su cara tenía una hermosa sonrisa, él se detuvo a verla por encima del hombro— yo trataré de serlo.

Sasuke asintió, y continuó su camino.

Era una despedida, lo sabían.

Pero al fin, luego de tanto sufrimiento, ambos se encontraban en paz uno con el otro.

Y no podían pedir nada más.

.

.

Sakura caminaba con lentitud hacía su casa. Había vivido un día particularmente difícil en el hospital, había un brote viral en Konoha. No era mortal, pero si necesitaba mucho cuidado. Su trabajo era agotador. Luego de estar trabajando treinta y seis horas con intervalos de sueño de solo una hora, su cuerpo le reclamaba a gritos un descanso. Arrastraba los pies y estaba segura que su cara poseía unas ojeras horribles. Nada añoraba más que su hermosa cama, estirarse, cerrar los ojos—

— Sakura.

Ella dio un respingo y sintió como su corazón quedó atascado en su garganta. Se tomó el pecho de forma teatral. Enfocó su vista rápidamente para encontrar la fuente del sonido.

— ¿Sa-sasuke-kun?

El aludido salió de entre las sombras. Lucía tan cansado como ella, con el aspecto de no haber dormido por días. En silencio, se posó a su lado y esperó que ella continuara caminando. La chica tardó unos segundos en salir del estupor, mas una vez que se dio cuenta que no estaba alucinando, continuó su camino. Él no tardó en imitarla.

— Una misión larga, ¿Verdad?— Se atrevió a preguntar con un leve tono irónico la joven. Él no se dio por aludido.— ¿Cuándo terminó?

Sasuke pareció pensarlo por un breve momento.—... hace ocho meses.

Sakura no pudo evitar detenerse. Lo miraba con desconfianza, y al mismo tiempo, con entendimiento. Él le devolvió la mirada, aunque de una forma tranquila, como si no hubiese desaparecido durante prácticamente un año.

— Creí que no volverías.

— No iba a volver.

Algo en su voz, tal vez la seriedad, o tal vez la rapidez con que había contestado, hicieron que la joven se diera cuenta que era sincero. No pensaba volver a Konoha, era verdad. Sakura continuó caminando, con la curiosidad latente en su mente. Sentía la presencia del Uchiha a su lado, pero no se animó a verle.

— ¿Por qué decidis—?

Los labios de él se curvaron sólo un poco, como si estuviera recordando algo ridículo. La interrumpió antes que ella siquiera terminara de formular su pregunta— Comía sólo tomates.

"¡Qué demonios!"—...—

— Cada día. No hacía otra cosa...— Sasuke miraba al frente, decidido— Y ... me di cuenta... que fui—

— Malcriado.— Finalizó ella.

El muchacho asintió, no sin antes regalarle una muy pequeña sonrisa, algo arrogante. Ella se sonrojó un poco, y le devolvió el gesto. No necesitaban más palabras. Sakura comprendía que él le había confesado (de una manera muy particular y casi indescifrable) que le había echado de menos. ¿Y para qué negarlo? Ella también. Mucho. El camino fue más relajado desde ese instante. Como si el pasado sufrimiento nunca hubiese existido. Eran solo ellos dos, una calle solitaria y la noche. No había nada más interfiriendo.

La joven se detuvo repentinamente, haciendo que el Uchiha le diera una mirada curiosa— Aquí... es... es mi casa.

Sasuke investigó un poco el lugar. Él no había alcanzado a conocerlo, debía habérselo comprado luego de su partida. Mientras tanto, Sakura buscaba sus llaves y abría con parsimonia la puerta. Entró sin ni siquiera despedirse. Sasuke seguía allí, en el portal, estático. La joven aún no había cerrado la puerta.

— ¡Prepararé la cena!— Se escuchó la voz de la Haruno desde dentro del lugar, junto con algunos sonidos metálicos que serían algunas ollas.

Él pensó un momento qué hacer. Sabía que ese día era un antes y un después en su relación. Que una vez que entrara, ambos explorarían otra faceta de ellos mismos. Como personas. Como amigos. Como algo más. Que ya no había vuelta atrás. Ella le estaba ofreciendo una oportunidad para conocerse de otra manera. Más intima. Más espiritual. Y él solo debía entrar, cerrar la puerta, y aceptar. O simplemente irse de allí, dejando la invitación vacía.

¿Pero a quién quería engañar? Había vuelto porque se dio cuenta que, incluso detrás de toda su negación, ella le importaba. Y que debía aceptar lo que le ofrecía de manera tan voluntaria. A cambio, él le entregaría su alma. Rota, oscura. Pero incondicional.

Entró al lugar y trabó el pestillo.

Después de todo...

Sakura siempre abría. Sasuke siempre cerraba.