Este capitulo acaba literamente de terminarse y he decidido subirlo. Espero lo disfruten tanto como yo, aunque fue algo caótico hacerlo, se los dejo con mucho amor.
-3-
Scapino.
—Estuviste ahí… tú, mi pequeño ángel. Eres uno de mis ángeles. He soñado contigo, te he añorado y sin saber por qué…
…
Si bien las luces estaban siendo apagadas y el resto de los trabajadores iban y venían refunfuñando por el extenuante trabajo que significaba desmontar una carpa de circo, era indudable que esa tarde su trabajo resultó muy gratificante. Sin duda quien se había llevado el reparto de la noche había sido Arlequín y sus payasos. Habían puedo especial atención en los detalles y en la actuación. Incluso el público más viejo había aplaudido ante la destreza del líder y sus subordinados.
El viejo Jiraiya, dueño del circo contaba su dinero en silencio tras la recaudación y contemplaba la pista vacía mientras se encargaba de guardarlos en una caja de aluminio para después llevarlo a su banco personal. Se llevó un puro a la boca, sin encender por su puesto y contempló las gradas con un carraspeó característico. Jiraiya sufría de problemas respiratorios desde que era un hombre maduro, por lo que ahora sólo se dedicaba a mascar tabaco o morder los cigarrillos sin necesidad de fumarlos por completo. Así que no era inusual verlo por ahí con el mismo habano durante horas.
—¡Oye, Arlequín! –gritó y para sorpresa de los trabajadores quienes se supone limpiaban y recogían las instalaciones se giraron al mismo tiempo que el dueño para encontrarse con el payaso sentado hasta lo más alto de las gradas.
El muchacho reaccionó ante el llamado de su jefe. Se alzó de un salto y saludó enérgicamente, sin la necesidad de hablar. Muchos dirían que Arlequín era mudo, pero lo cierto es que sólo cuando llevaba la máscara no era muy hablador. Además de eso, nunca se quitaba la máscara más que para algunas cosas y eso era en parte de las razones por las que corrían muchos rumores de él.
Arlequín ya era un habitante del circo desde hace mucho tiempo. Vivía con ellos desde los ocho años de edad y se había incorporado al show desde los diez. Sin embargo desde el momento en el que se le dio un papel pareció desarrollar sentimientos extraños por su utilería. Amando usar su máscara de forma indiscriminada y siempre vestido como si fuese a actuar en cualquier momento. Al principio era desesperante y molesto. Dado que en pocas ocasiones le gustaba mostrar su cara realmente, pero con el paso del tiempo lograron acostumbrase a ese raro hábito. Y si bien era cierto que Arlequín casi no hablaba también lo era que muy pocos conocían su verdadero origen.
El payaso, ahora con aproximadamente 19 años era toda una celebridad entre el público y no era para menos, era un acróbata sorprendente. Se acercó rápidamente con el dueño quien sonreía cada vez más con mostrando sus dientes entre las astillas de tabaco.
—Baja de ahí antes de que les des un susto a los muchachos. – sugirió y su voz hizo eco en la carpa vacía. El hombre asintió y se carcajeó un poco, después corrió dando saltos y volteretas. Sorprendiendo a los trabajadores casuales, pero no a los de siempre. Porque, habría que señalar que en algunas ocasiones era necesario contratar hombres de las comunidades para ayudar a desmontar todo.
El hombre de cabello blanco rio ante el despliegue de habilidad. Arlequín era bueno con lo que hacía, no había por qué negarlo y cada vez que hacía esa clase de exhibición lo más probable era porque deseaba lucirse con los presentes.
—Hola, viejo pervertido. –la voz sonó animada detrás de la máscara y por el contrario a Jiraiya simplemente frunció ligeramente el ceño.
—Oye no tienes qué decirlo tan fuerte, me espantarás a las chicas. – rio y no había broma en su declaración. Jiraiya era un pervertido de primera. —Por cierto, ha sido una gran presentación. Quizá la mejor que he visto desde que llegamos aquí. – el hombre mayor se sonrojó y sonrió apacible. —¿Alguna razón en específico? – si no fuese por que traía su máscara puesta lo más seguro es que el dueño se había reído desbocadamente, pues el chico se sonrojó y negó enérgicamente. —¿En verdad? – insistió el hombre. —Por que ciertamente te vi muy interesado en cierta señorita sentada en primera fila. – Jiraiya era un zorro astuto y se percató del pequeño temblor en el cuerpo del payaso.
—Bue-Bueno… - el payaso se cruzó de brazos y aplaudió un poco después de ello, sin saber cómo despistar a su jefe. —¡Sabe la política del circo, he de ser amable con todos! – continuó aplaudiendo. Cuando alguien lograba hacer hablar a Arlequín lo hacía en grande.
—Oh sí, claro. La amabilidad es importante… - por más que lo deseara no podía apagar su risa burlona. —Toma esto. – le entregó una rosa rosada. —¿Por qué no vas a dar una vuelta? Has hecho un gran trabajo, créeme al decirte que esta noche ganamos lo suficiente como para tomarnos unas pequeñas vacaciones. Así que, antes de que recojamos todos nuestros atavíos y cachivaches, deberías ir a pasear, tomarte la noche libre, ¿Qué se yo? Ya eres un adulto después de todo.
—Odio el alcohol. – Jiraya frunció el ceño.
—No te he dicho que vayas a emborracharte a algún bar de mala muerte, sólo que salgas un rato. – refunfuñó. —Te diría que te llevaras a Konohamaru y los chicos, pero ellos son mucho menores que tú y no creo que sea buena idea que salgan a la vida nocturna. – Jiraiya fingió algunas lágrimas de forma melodramática. —¡Mi pequeño pupilo se ha vuelto todo un hombre! – sonó su nariz. —Bien. Toma la flor y ve por ahí, pícaro. – aprovechó para darle pequeños codazos en las costillas y Arlequín carraspeó molesto. —No pongas esa cara… - dijo el viejo.
—¿Qué cara? Traigo una máscara.
—Sí, pero apuesto a que has de tener una cara de estreñimiento. – regañó el jefe. —Eres joven y fuerte. La sana diversión nunca está de más. Aparte… una vez que experimentes lo que es salir de juerga se vendrá el siguiente paso. – Jiraiya mostró su dedo meñique y después lo empuñó enérgicamente para reír morbosamente. El payaso supo a qué en refería. —¡El paso en el que te conviertas en un hombre por completo!
—Esto tiene escrito la palabra burdel por todas partes. – musitó Arlequín.
—¡Ah, pero qué bien me conoces! –se carcajeó Jiraiya.
—Dame eso. – el chico le arrebató la flor. —Estaré aquí para antes de que nos marchemos.
—De acuerdo. –dijo tras recuperar la compostura. —Por cierto, Arlequín. – el chico se detuvo, quien por cierto ya estaba avanzando a la salida. —¿No quieres mejor cambiarte de ropa? Sé que te gusta lo que haces, pero creo que sería ideal que fueses más neutral.
—No gracias. – pero el joven no se detuvo en ningún momento.
—¿Estás seguro? – entonces sí paró su camino. Pareció indeciso.
—Tal vez sólo estos pantalones acampanados. – dijo serio y retomó su andar.
—Bueno, algo es algo. – Jiraiya también siguió su camino.
…
Si bien el médico no tardó demasiado en acudir a la residencia Hyuga, todos yacían detrás de la puerta de invitados, agolpándose en la puerta y cuestionándose continuamente qué pasaba. Por el otro lado, es decir, dentro de la habitación, tanto Neji como Hinata permanecían quietas a los pies de la cama mientras el hombre con bata hacía su trabajo.
Habían atropellado a un hombre de mediana edad, fornido, moreno y algo flacucho. No despedía olor a alcohol, más bien se le veía con manchas de lodo, pintura y el cabello ligeramente desaliñado. Lo más seguro es que se tratase de alguna especie de obrero que, después de una jornada fuerte de trabajo regresaba tan agotado que no se había percatado del carruaje que se dirigía a él.
Según el chofer no lo había visto venir y no fue hasta que el caballo dio un relincho leve y el sonido de algo golpeando con la madera, casi como si el animal le hubiese pasado por encima y el golpe hubiese sido directamente contra la estructura sólida del choche. Lo cierto que estaba muy oscuro, así que no había una forma precisa de decir el cómo sucedieron las cosas.
Por lo tanto ahí estaban los dos propietarios principales de la casa. Temerosos de haber causado un accidente serio.
Finalmente el médico termino de hacer su trabajo y se dirigió a los muchachos. Su rostro se reflejaba sereno, pero todo cambió hasta que abrió la boca.
—Se encuentra bien. Sus signos vitales son estables y salvo alguno que otro rasguño no creo que sea mayor, no obstante… - frunció ligeramente el ceño. —No es posible evaluar el daño secundario por el golpe. A juzgar por la pérdida de conciencia seguramente tendrá un traumatismo leve cerebral, pero es sólo cuestión de observación. Si llegara a presentar algún patrón llamativo con la respiración, el color de sus extremidades, incluso con la posición de éstas deberán notificarme por completo, ¿Está bien? – los dos asintieron.
—¿No sabrá, por casualidad, de quién podría tratarse? – preguntó intrigado Neji.
—Lo siento, nunca lo había visto en mi vida. –comentó el médico. —Pero es probable que se trate de algún jornalero. Lo más seguro es que regresase del trabajo y sufriera el accidente, eso suele pasar cuando se está demasiado agotado. Nuestros sentidos se entorpecen.
—Entiendo.- Neji asintió, lucía preocupado. —¿Cuánto le debemos, doctor?
—Ah, sólo eran diez monedas.
—De acuerdo, por favor, pase a mi despacho. – Neji dirigió su vista a Hinata, quien no se había movido ni un centímetro. La mujer tenía su vista fija en el rostro de aquel hombre, de hecho, no le había quitado la vista desde que había llegado a la mansión. —¿Hinata-sama? – Neji la llamó y ella respingó un poco.
—¿Sí?
—Creo que sería buena idea que se fuera a descansar. Ha sido una tarde llena de emociones. Yo me avocaré a vigilarlo.
—Neji-niisan. – se mordió el labio inferior, nerviosa.
—¿Qué pasa? – su primo se percató de eso.
—No, nada. – salió ávida de la habitación. —Descansa tú también. – caminó directamente a su habitación.
—Sí, descanse. – entonces enfocó su vista al médico. —Venga conmigo por favor. – pidió en el camino a un mozo que se quedase a vigilarlo y sin más, cerró la puerta tras sí.
Scapino abrió los ojos.
…
Para cuando Neji regresó después de despedir al médico, encontró a su "victima", por así decirlo, despierto y parpadeando con un rostro lamentable. Se le veía confundido, ligeramente asustado y algo molesto además. Neji intentó no hacer ruido al entrar pero tan sólo terminó por revelarse cuando movió el picaporte para cerrar la puerta. El hombre se apresuró a verlo, con cuidado pues parecía dolerle el cuello y una vez que Hyuga se vio atrapado entre sus pupilas emitió un deje de vergüenza para acercarse lentamente.
—¿Qui-Quién es usted? ¿En dónde estoy? Me duele mucho la cabeza. – se llevó lentamente un brazo hasta la misma, tocándose con cuidado.
—Por favor, no haga movimientos bruscos. – finalmente Neji estuvo a su lado. —Soy Hyuga Neji, propietario de esta casa.
—¿Quién? –el hombre ya no lucía asustado, sino algo molesto. —¿Qué quiere de mí?
—Nada, sólo ayudarlo. – profesó con nerviosismo. —Verá… tuvo un accidente, es decir, hubo un accidente.
—¿A qué se refiere? No puedo recordar nada. –suspiró con cierto aire de derrota.
—Lo sé… - Neji también se veía algo apenado. —Lo arrollamos y se golpeó la cabeza.
—¿Qué? – ahora su rostro cambiaba a uno perturbado.
—Realmente lo lamento mucho. – Neji frunció el ceño. —Estoy dispuesto a encargarme de su salud. Ya ha venido un médico a examinarlo.
—Ya veo. – el sujeto destensó su expresión de ira. —Cielos, qué descuidado fui. Lo lamento, mi señor. – ante los ojos del sobrino de Hiashi aquel hombre lucía bastante humilde. —¿No le ocasioné daños a su… carruaje? Lo siento, no recuerdo muy bien…
—No se preocupe por eso. Quien ha sufrido daños por esto ha sido sólo usted. Por lo que, no se angustie.
—Es usted muy generoso, mi señor. – el hombre se sonrojó de vergüenza al notarse lleno de atavíos y mantas limpias. —Temía que me cobrase el daño hacia su medio de transporte. Lo cierto es que no quiero causarle más problemas, me gustaría irme a mi casa… me duele mucho la cabeza, pero creo que puedo caminar.
—No se levante. – Neji intentó detenerlo al ver que el hombre quería guiar sus piernas a la orilla de la cama. —Ya es muy tarde. ¿Qué tal después? Si para mañana se siente mejor, podrá irse.
—Se lo agradezco mucho, pero debo alimentar a los animales y…
—Tengo que insistir. – sí, dado que con ello se sentiría menos culpable. —No me sentiría a gusto sabiendo que pudiera tener secuelas por el golpe. Descanse, será mi invitado.
—Bueno… si insiste… - el hombre se acomodó mejor. —Amm, ¿Pudiera repetirme su nombre?
—Neji Hyuga.
—Mi señor, es un placer. Yo soy Haku. – asintió sonriendo, entre las comisuras de sus labios emergía una hilera de dientes muy similar a la de un tiburón.
—Haku-san.- el asintió en forma de saludo. —Descanse por favor, vendré a verlo a primera hora.
—Claro, le agradezco de nuevo su hospitalidad.
Sin más, Neji se encaminó hasta la puerta no sin antes voltear a ver al sujeto una vez más, el cual, ya estaba dormido aparentemente.
Pasaron en total unas tres horas y ya era media noche. Los sonidos de la mansión estaban totalmente abolidos. No había más que grillos y luciérnagas yendo de aquí para allá. El invitado dormitaba, un vigía caminaba lentamente por los alrededores de la casa, sin ningún tipo de interés, tan sólo durmiéndose en silencio y finalmente, en su cama, Hinata continuaba hojeando un viejo libro a la tenue luz de una vela.
Todo estaba como siempre, sin cambios en la rutina, bueno, a excepción del invitado y entonces, como si se tratase de un sonido de baja frecuencia e inesperado, el vigilante alcanzó a oír un pequeño zumbido, similar al de una abeja y después nada. Cayó poco a poco para dejar de respirar. Eso fue solamente un pequeño avance, nadie se había dado cuenta, pero la mansión estaba bajo una amenaza.
Quitándose las sabanas con sumo cuidado y amarrándose sus botas de memoria, salvo que la oscuridad era una compañera más en sus andadas, el hombre herido lucía en perfecto estado dada la luz lunar de esa noche. Caminó entonces, lentamente entre la habitación, resistiendo los sonidos a pesar de ser tan alto y revisando lentamente el pasillo para percatarse que nadie estaba ahí. Luego se asomó a la ventana, que ventajosamente estaba en su habitación y tras un ligero silbido, entró de súbito, como una ráfaga de viento, un pequeño saco que tomó antes de que diese contra el suelo. Sacó entonces un par de armas, una blanca y otra de fuego. Comprobó su estado y sonrió complacido al darse cuenta todo estaba en orden.
Caminó entonces, a paso silente, entre la alfombrada superficie del pasillo, dirigiéndose a aquel lugar que lucía un perfume diferente. Nadie hasta ahora se había percatado de su fugaz presencia y justo cuando él escuchaba un ruido, se apagaba como un ser invisible, siendo un experto en su trabajo. Finalmente llegó a una puerta, una bastante llamativa y se sintió motivado de inspeccionar.
La puerta no tenía seguro, así que fue más fácil de lo que pensó. Se encontró, en cuestión de instantes, en una hermosa biblioteca y fue ahí cuando su sonrisa se acrecentó. Se colocó rápidamente una venda, la misma que traía en la cabeza, en su boca y nariz. El polvo de los libros, las polillas y los ácaros en ocasiones le causaban alergias, por lo que no quería arriesgarse. Caminó lentamente entre los anaqueles y bisbisó todo a su alrededor. Si lo que tanto ansiaba se encontraba guardado en algún lugar ese podría ser uno perfecto. Después de todo, ¿Qué mejor puede haber para guardar escritos que una biblioteca?
…
La luz de la vela de su cuarto se movió inesperadamente por una pequeña corriente de aire. Hinata emergió de su ensimismamiento y parpadeó dolorida por la lectura. Si bien no era una costumbre muy arraigada en ella, el leer durante la noche solía ser un pasatiempo que empleaba de vez en cuando en sus periodos de insomnio. Seguramente ya todos estarían dormidos y no quería molestar, por lo que, además de haber pasado ya mucho tiempo desde la cena, Hinata sintió un terrible movimiento intestinal seguido de una sed incontrolable.
No era para menos, ya era tarde y ella no estaba dormida. Así que se levantó lentamente, vestida con su bata para dormir y caminó lentamente hasta llegar a su puerta, emergió con la vela a paso tranquilo y su principal pensamiento fue el de asaltar la alacena para comer algo rápido.
Caminaba con ese pensamiento en mente hasta que escuchó un ligero ruido. Provenía de la biblioteca y le pareció extraño. ¿Ratones acaso? No, no lo creía, pero de ser el caso sería horroroso. Se acercó a la puerta y se dio cuenta que estaba desencajada. Alguien estaba dentro. Contuvo la respiración de pensar que podría ser un ladrón, no era de extrañarse que buscase tal vez alguna colección exquisita de libros, más el pensamiento abandonó rápidamente su cabeza, ¿Qué clase de ladrón entra a una mansión a robar libros? No uno de la época, eso seguro.
Saliéndose de su papel y comportamiento actual, la linda chica adoptó una valentía que sólo aparecía en ocasiones específicas, dejó a un lado su timidez y entró lentamente. Al penetrar en la habitación todo dejó repentinamente de moverse, era como si los ruidos iniciales se apagaran por completo.
—¿Hola? – Hinata llamó en medio de la luz que pobremente le ofrecía la llama. —¿Hay alguien ahí? – pese a conocer de memoria el cuarto, caminó con cuidado, como si fuese la primera vez. Nadie respondió de vuelta y la preocupó.
Entonces se escuchó el ruido de un libro al caer y acudió con la vista rápidamente. Contempló un registro de gastos personales de su padre, reconocía el empastado. Se apresuró a recogerlo y dejar la vela en una mesita adyacente. No esperó que al elevar la vista se topase con algo peor que sólo la oscuridad o el miedo a los roedores.
—Buenas noches, pequeña colombina. – era una voz rasposa, ronca pero extrañamente baja. Hinata dio un respingo al voltearse y el libro cayó nuevamente. La pequeña ondulación de viento que se produjo entonces apagó la luz.
—Usted… usted es…
—¿Me recuerdas no es así? –el hombre dio un paso hacia ella y la chica se aumentó el volumen de sus pulmones, lista para gritar. —No te atrevas. – amenazó inmediatamente con el arma de fuego. —Está oscuro y podría disparar sin darme cuenta. ¿Quieres que mate a todos, pequeña? – Hinata resistió el impulso de gritar.
—Us-Usted es ese hombre… en aquella ocasión… - apretó los puños, oh sí, lo conocía, en ocasiones tenía pesadillas con su voz y ojos. Maldita fuera su memoria. Lo había reconocido desde el instante que la luz le tocó las facies, pero ansiaba equivocarse y no quiso decir nada más. Por Dios qué tonta había sido. Debió decírselo a su primo Neji cuanto tuvo la oportunidad.
—Ah, sí. Desgraciadamente en aquellos días era más inexperto que ahora, ¿Qué puedo decir? Deje un testigo vivo… no sabes cuánto me arrepentí, mi prestigio se vio por los suelos. Pero tampoco es como que haya sido totalmente mi culpa… después de todo alguien me impidió alcanzarte. – elevó la mano en dirección a su mejilla. —Pero ahora, puedo tocarte. – y así lo hizo.
Hinata recobró un coraje que jamás creyó poseer. De un manotazo le quitó la mano de encima y valientemente lo empujó, sorprendiéndole. Se echó a correr hacia la puerta, ahora sin miedo.
—¡Ven aquí, colombina! – disparó, fue el primer disparo de la noche y todo el mundo se alertó.
…
Neji no supo en qué momento había pasado, pero todo se volvió caos después del primer disparo. Se alzó rápidamente de su cama y corrió a calzarse. Al salir se encontró con la servidumbre corriendo y gritando.
—¡Hinata-sama! – gritó al ver las sirvientas corriendo. De nuevo otro disparo, su corazón se aceleró. El disparo no había venido desde adentro, sino fuera. El malhechor estaba acompañado. Corrió hasta la habitación de su prima y se crispó al ver que estaba vacía. Entonces escuchó gritos provenientes de la servidumbre y se asomó por la ventana, un hombre acababa de ser asesinado justo ahora y el causante yacía escondido en el jardín. Después cayó una mujer, la cual no parecía muerta, sólo herida.
Castañeando los dientes corrió a la biblioteca, al sitio de donde aparentemente había sido el primer disparo. Abrió la puerta de un golpe, todo estaba muy oscuro, pero entonces su atención se desvió a los gritos que venían de la habitación de su tío. Era inconfundiblemente su prima. Se echó a correr y se topó con la puerta abierta. Evidentemente, no había nadie más que ellos.
Al entrar se encontró con una imagen perturbadora. El mismo hombre que hacía apenas unas horas había despedido y dejado recostado confortablemente en la cama de invitados, amenazaba con un arma de fuego a su prima. La aludida miró a Neji suplicante entonces y el hombre lo hizo a la par.
—Buenas noches, mi señor. Espero no le moleste, su… ¿Hermana? – la miró rápidamente. —Me está mostrando unas cosas.
—¡Aléjate de ella! – se acercó en una carrera y el ladrón le apuntó rápidamente con el arma.
—Cuidado, no me gustaría dispararle siendo que usted fue tan amable conmigo. – era sarcasmo, claro.
—¡¿Por qué haces esto?! ¡¿Qué es lo que quieres de nosotros?!
—Si la pequeña colombina encuentro lo que quiero nada, pero eso dependerá de las circunstancias. – entonces volteó a ver a Hinata, quien lucía tan pálida como una hoja de papel. —¿Qué espera, pequeña? ¿En donde está la maldita contraseña?
—¿Contraseña? –Neji escuchó más disparos afuera y el grito de la gente. —¡¿Qué diablos está pasando?! – intentó avanzar más pero esta vez el hombre no tuvo escrúpulos. Le disparó instantáneamente aún mirando a Hinata. Neji cayó al suelo con una pierna herida.
—¡Neji-niisan! – intentó ir donde él pero la sujetaron del cabello con agresividad, regresándola al mismo sitio de antes, frente a una caja fuerte. —¡Eres un maldito! – gritó la chica asustada.
—¡Sólo dame la maldita contraseña!
—¡No lo sé! – volvió a decir y el hombre no lo creyó.
—¡Haku, déjala en paz! – Neji se removió en el suelo, presa del dolor. —Si buscas la contraseña de la caja fuerte yo te la diré, pero libera a Hinata-sama.
—¿Haku? – entonces algo en el tono de Hinata cambió y parpadeó confundida.
—No puedo engañarte a ti, ¿Verdad, pequeña? – Neji carraspeó.
—¿De qué está hablando, Hinata-sama?
—Mi nombre no es Haku, lo siento mi señor, lo he engañado. – su cara, pese a cubierta por las vendas, no hacían más que reflejar horror. —¿Pero qué más da mi nombre real? – apuntó firmemente a la chica. —Dímela de una vez para terminar con esto.
—¡Esta bien, quien seas! – insistió Neji, arrastrándose hacia ellos. —¡Te la diré, pero deja ir a mi prima!
—Primero dila. – se acercó rápidamente a Hinata y la sujetó del cuello, apretujándola contra la caja fuerte que estaba escondida en un viejo armario. Colocó el cañón del arma sobre su sien, Hinata estaba a punto de llorar.
—6-5-4-2-0-0. Es esa, ahora deja a la chica en paz. – la voz de Neji no había terminado de sonar cuando un estruendo adornó los alrededores. El ala contraria de la mansión reventó hasta una extraña presión y la luz subsecuente del fuego junto al humo alarmó más a los descendientes del clan Hyuga. —¡¿Qué carajos fue eso?! – esta vez Neji se levantó con mucho esfuerzo. Estaba temblando debido a las emociones tan fuertes que manejaba.
—Ese idiota de Haku está procediendo demasiado rápido. – dijo el agresor, liberó a Hinata quien corrió hasta Neji para ayudarle.
—¡Neji-niisan!
—Hinata-sama, debes salir de aquí. Vete.
—¡No, no sin ti!
—Tomaré esto. – el sujeto rápidamente se hizo de varios documentos, ya sin tiempo de detenerse a pensar. —Y en cuanto a ustedes… - les apuntó sin misericordia. —Sepárense, ¡Anda! – Neji se colocó frente a Hinata.
—No.
—¡Neji-niisan! – se aferró a su ropa, la sangre del muchacho ya era bastante sobre el piso. La casa se estaba quemando, tenían a un terrorista frente a ellos y por si fuera poco estaba herido de gravedad.
—¿Qué más quieres? Te hemos dado la combinación de la caja fuerte, ¡Vete ya!
—No es sólo por eso a lo que he venido. – fue posible la visualización de una sonrisa maquiavélica debajo del vendaje. —La pequeña colombina viene conmigo.
—Corra, Hinata-sama. – musitó Neji preocupado, sus músculos estaban muy tensos. —¡Corra, ya! – entonces saltó sobre el asaltante y éste disparó, mas ya no había balas qué lanzar.
—Demonios. – alcanzó a musitar antes de recibir un derechazo por parte de Neji.
Hinata le miró desesperada, el color del fuego se mantenía y el olor también.
—¡Váyase de aquí! ¡Quiere su vida, no la mía! – y volvió a golpear al sujeto. Hinata dio un respingo y entonces retrocedió lentamente. Neji sintió que su oponente se recuperaba. —¡Hinata-sama! – tras ver el forcejeo la chica comenzó a llorar libremente y tras retroceder corrió asustada sin mirar atrás.
—¡A un lado, estúpido! – la fuerza del desconocido era todavía más sorpresiva de lo que Neji creyó. Él era un joven en su plenos veinte, pero aquella persona, pese a ser mayor conservaba la fuerza de su juventud. Herido y soportando la perdida sanguínea, Neji sintió que algo descomunal lo empujaba y después una sensación punzante y agobiante en su abdomen.
Una maza de sangre se concentró en su interior y emergió en pequeñas bocanadas, se llevó las manos rápidamente hasta el abdomen, en donde encontró una enorme mancha de sangre que salía a montones. Su mano se aferró a la de su atacante y la apretó con tanta fuerza que incluso la escuchó chasquear. Pero simplemente el agarre no era suficiente, es más, se debilitaba. Ser apuñalado a siniestra era ya bastante malo, estando en medio de un incendio, con varios muertos alrededor, herido previamente y en la habitación de su tío, pero el permitir que aquel sujeto se saliese con la suya definitivamente no podías ser una opción.
Apretó tan fuerte que lo escuchó gemir y justo cuando pensó haberle ganado en algo recibió un potente puñetazo en la mandíbula que lo hizo desistir. Neji cayó al suelo a la par que el cuchillo era retirado de su cuerpo y sólo hacía peor el drene de sangre.
El criminal se alzó rápidamente. Estaba lleno de la sangre de su víctima y sostenía tercamente la bolsa de cuero en donde estaban los documentos que acababa de saquear.
—Maldito, niño. – se tocó la barbilla, en el sitio en donde Hyuga lo había golpeado. Rápidamente pasó a su lado, caminando hasta la salida, pero nuevamente Neji lo detuvo. Tomó tercamente su tobillo, ahora con menos fuerza. —¿En serio crees que eso va a detenerme?
—¿Por qué haces esto? – musitó escondiendo su dolor.
—Por precaución. Ya dejé escapar a esa mocosa antes y me arrepentí con creces. La pequeña colombina será mía de alguna forma u otra.
—¿Por qué… quiere a Hinata-sama? – reformuló la pregunta.
—¿Por qué? – miró alrededor y se encogió de hombros. —Pues bien, te lo diré. Ella es una pieza clave para mis planes. – se quitó la mano de Neji de una sacudida y se giró para quedar sobre él, se acuclilló y sonrió nuevamente. —Esa chiquilla tiene un talento impresionante. Siempre supo quién era desde que me vio a la luz. Ella sabe algo que me interesa…
—¿Todo esto… por dinero? ¿Qué tanto quieres… de la familia Hyuga? – escupió sangre mientras hablaba.
—¿La familia Hyuga? No seas tan egocentrista, tonto. No me interesan las riquezas de una familia si puedo tener toda la de una nación. – entonces inclinó un poco la cabeza y parpadeó, como si un recuerdo acabase de azotarlo. —Umm, que curioso. – entonces soltó una pequeña carcajada. —Tienes los mismos ojos de tu padre antes de morir. – eso dejó sin aliento a Neji.
—¿Qué… qué has dicho?
—Ah, ¿Esto cambia las cosas, verdad? – su carcajada se hizo sumamente hiriente. —Debo irme, se me está haciendo tarde contigo y Haku ya llamó mucho la atención con la dinamita. –se alzó rápidamente.
—No te atrevas… a dar un paso más… - Neji se alzó sobre su torso, repleto de ira e intentando alcanzarlo. —Tú… tú eres… la persona que…
—Adiós. –pero él simplemente caminó hasta la salida.
—¡Dime tu maldito nombre! – ordenó Neji, cayendo nuevamente al suelo ensangrentado.
—¿Para qué quieres saberlo si vas a morir? – observó su mirada llena de rencor y sintió gracia. —Bien, si así lo deseas. – se volteó para encararlo. —Puedes llamarme Scapino. – y dicho esto dio media vuelta. — Que tengas una buena muerte. – sin más desapareció a través del marco de la puerta. Neji sintió que se desmayaba y saboreó la sangre entre sus dientes.
—Scapino… -musitó antes de caer.
Los pasos aproximarse a él lo hicieron reaccionar al tiempo que lo levantaban en un par de brazos fuertes. Neji abrió ínfimamente sus ojos para encontrarse con algo fuera de su imaginación.
—¿Estás bien? – una voz al fondo resonó, pero la escuchaba muy lejana. —Aguanta, te sacaré de aquí. – se escuchaba sirenas o algo parecido, pero de nuevo, muy lejos de ahí. Alguien lo levantó a pesar de su deplorable estado y que no podría sostenerse y a paso rápido comprobó los escombros del ala este de la mansión. Neji volvió a mirarlo, sólo para cerciorarse de sus pensamientos y sonrió ligeramente.
—Payaso… -dijo de forma nítida. —Arlequín. – volvió a llamarlo, las flamas crecías en la parte central de la sala, pero aquel chico de circo simplemente las atravesaba sin ninguna clase de emoción.
—Resiste, ya casi estamos afuera.
—Ve… por ella… - musitó insistente y el chico se detuvo para escucharlo mejor en medio del pandemónium.
—¿Qué?
—Arlequín… salva a la colombina… Ella morirá. – entonces pareció que Neji recuperaba un poco de sentido. —Scapino está tras ella… salva a Hinata. – lo último lo dijo desesperado y entonces, volvió a desmayarse.
—¡Oye, espera! ¡Despierta! – nuevamente sentía el sonido filtrarse a través de una pared que no podría quitar. El frio abrazo de la oscuridad recibió a Neji, siendo su último recuerdo antes de caer a aquel abismo, la máscara sonriente del arlequín recubierto de lo que parecía ser una capa negruzca, ¿Sería una ilusión? ¿Sería que en realidad estaba viendo a la mismísima muerte? Quien sabe… pero él ya estaba muy cansado.
…
Estaba demasiado obscuro como para ver hacia donde se dirigía, pero sus pasos andaban inseguros entre la maleza de aquel camino lejano. Había hecho lo más vil de toda su vida al abandonar así a su primo, pero tan sólo pensó en que podría tener una oportunidad de ayudarlo si llamaba a la policía. Cuál fue su sorpresa que en realidad alguien más la esperaba y la había hecho huir en sentido contrario a la civilización, disparando algunas cuchillas extrañas al aire y lográndola herir en un brazo, el cual ahora se esforzaba en sostener, pues pese a que el corte no era profundo sangrada demasiado.
Finalmente pasó lo inevitable y Hinata se desplomó ante un quiebre que no pudo ver. Su rostro se estampó rápidamente contra el suelo lodoso del aparente camino que hacía unas horas había recorrido en compañía de su primo y el chofer. Se esforzó en levantarse y entonces escuchó un jadeo tras ella, se giró sobre sí misma y se escondió tras unos arbustos, esperando no hacer demasiado ruido como para alertar a su perseguidor.
Mas fue un fiasco su estrategia pues sintió que alguien la tomaba rápidamente de la ropa y era arrastrada fuera de su escondite. Se removió como un animal acorralado y lanzó golpes a diestra y siniestra, pero su agresor logró inmovilizarla tomándola del cuello y presionándola contra la tierra, Hinata gimió ahogaba ante esto. Clavó sus uñas sobre la piel, extrañamente tersa, de su agresor y éste gimió un poco al comprobar que le había hecho sangrar.
No podía ver la cara de su atacante salgo algunos rasgos y los cuales eran muy finos, cabía decir, pensando incluso que podía tratarse de una mujer. Pero su estimación pasó a segundo plano cuando sintió la desesperación vital ante la falta de oxígeno. Los sentidos de Hinata comenzaron a embotarse, perdería el conocimiento en cualquier momento.
Pero entonces su atacante se detuvo y pareció aflojar el agarre, permitiéndole respirar. Se acercaban más pasos hasta donde estaban y lucía distraído intentando adivinar quién podría ser.
—¿Jefe? –soltó con una voz sumamente aguda, Hinata sintió que este era su segundo aire, utilizó mañas inimaginables y consiguió apartar al tipo de encima suyo para propinarle una buena mordida en la mano que sin duda le dejaría una marca duradera. El sujeto gritó escandalizado y ella lo empujó con toda la fuerza de su ser arrojándolo lejos. Entonces volvió a levantarse y correr sin saber exactamente a donde.
Estaba jadeante y sentía que en cualquier momento caería de nuevo.
—¡Ven aquí, maldita! – era ese hombre nuevamente, estaban muy cerca. Pero no desistiría, tenía que escapar. —¡Haku, maldita sea! – llamó a su secuaz y tan sólo aceleró más el paso. Eran dos contra uno.
Afortunadamente había perdido sus zapatos, si es que eso se puede considerar afortunado, por lo que sus pies suaves no causaban demás ruido, pero el dolor de pisar la tierra indómita sí, así que aguantó lo más posible el dolor de las piedras y estacas de madera, Hinata corrió y corrió buscando salvación.
Pero lo que consiguió fue alto peor. Tropezó de nuevo y esta vez no pudo contener el grito de sorpresa. Rodó cuesta abajo en lo que parecía ser una enorme zanja. Se golpeó con algunas rocas y ramas hasta llegar al fondo. Fue ahí cuando sintió un lodo espeso y escuchó el correr del agua. Supo dónde estaba. Se encontraba en una serie de sembradíos cercanos a la mansión y después de esos sembradíos hacía una zona con casas.
Intentó levantarse y un dolor agudo en su tobillo le impidió continuar, vaya momento para lesionarse. Resistió la agonía y se irguió buscando continuar, pero de nuevo derrapó contra el lodo. Entonces escuchó pasos sobre su cabeza y se pegó a la tierra orando por que no la vieran. Aparentemente sus perseguidores andaban en los alrededores y esperó pacientemente hasta que se fueran y no fue hasta unos minutos que los pasos parecieron alejarse.
Hinata se enderezó un poco para verificarlo hasta que sintió que alguien la tomada desde atrás, colocaba una mano sobre su boca y otra sobre su cintura. El pánico estalló de pronto en ella, se removió como una fiera pero aquella persona parecía ser más fuerte y delicado. Hinata estaba tan asustada que al girarse hizo lo primero que se le ocurrió y le dio un buen puñetazo en el rostro al sujeto. Se sorprendió más al darse cuenta que acababa de tocar algo de consistencia pétrea. El destello de la pintura blanca llamó su atención y se encontró frente a la máscara de un pierrot.
Entonces el sujeto posaba su peso por completo sobre ella hasta encajarla en la tierra, Hinata iba a gritar nuevamente pero este susurró muy cerca de su oreja.
—Shh, está aquí. – se paralizó a la orden. Escuchaba nuevamente pisadas sobre su cabeza, en la cima de la zanja.
Las emociones opacaban su mente y su respiración jadeante simplemente la comprometía más. Estaba mareada, harta y cansada. Su acompañante pareció darse cuenta y liberó su boca, pues ella estaba muy mareada por la falta de aire. Pero al hacerlo el estridor gutural proveniente de su cansancio llamó un poco más la atención. Entonces él se llevó una mano a su rostro y retiró la máscara cuidadosamente.
—Tranquila, princesa, yo te protegeré. – sintió la cálida cerámica sobre su cuerpo para después el cobijo de dos fuertes brazos alrededor de su cuerpo. —Esta máscara te cubrirá. – susurró el joven. —No dejaré que te hagan daño.
—Bambino. –musitó Hinata. —¿Arlequín?
—Shh… - el volvió a silenciarla.
—Tengo miedo. – confesó mientras temblaba ligeramente.
—Lo sé. – contestó el joven, podía verlo a través de la máscara e inexplicablemente sentía que su miedo se desvanecía remplazándose por una fuerza mayor que la obligaba a desistir. —Descuida… todo estará bien. – él le acarició la cabeza con cuidado y la presionó un poco más contra la pared de tierra. —No hagas ruido. – dijo por último y ella, simplemente no tuvo más opción que asentir.
Entonces la espera se hizo larga y sin saberlo exactamente, alcanzó a ver, como último, un par de ojos azules justo a una sonrisa bastante hermosa… y ella sonrió, aunque fuese por ese instante, sonreiría.
Después todo se volvería negro.
…
—¿Entonces por qué lo hiciste? Si tanto le temías a los payasos, ¿Por qué…?
—Porque quería que fuera feliz. ¿Qué importa borrar mi sonrisa si con eso lograré que alguien amado muestra la suya? ¿Tiene sentido, no? ¿Acaso no entiendes mi sentir?
—Por extraño que parezca… sí, lo entiendo.
…
Scapino está loco, no teme matar, hurtar o destruir, con tal de tener lo que quiere, pero yo, al igual que él, no tengo miedo.
Continuará…
Muy bien, acaba de ponerse interesante, ¿A qué sí? Je, espero les haya gustado. Avanzamos mucho en este capitulo, pero eso está bien ¿No? De acuerdo, nos veremos más adelante, ¡Gracias por leer!
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
