¡Hola a todos!
Bueno, esta vez me tomé la libertad de NO traducir las notas de la autora, dado que, en su mayoría, son respuestas a los reviews que tiene la historia original.
Disclaimer: Nada nos pertenece, ni a Reverie ni a mí… Simplemente es divertido pervertir a Hogwarts de esta manera
Les dejo el capítulo de la fiesta.
Disfrútenlo, coméntenlo y así…
〪o 〫O〬 o〭
9 de Octubre, 1998
El viernes en la noche, a partir de las nueve y media, los alumnos de las otras tres casas comenzaron a entrar, en secreto, a la casa Slytherin. Los alumnos de grados inferiores debían quedarse lejos de la sala común durante las dos horas que duraría la fiesta. En total, fueron veintiséis los que metieron sus varitas en el caldero, y sacaron un pedazo de pergamino con un número en él.
Aproximadamente a las nueve cuarenta y cinco, después de que todos los que iban de Gryffindor ya no estaban, Hermione se quedó en su cuarto, sola. Por una vez, su mente no estaba en el libro que tenía enfrente. Estaba bastantes pisos debajo de ella, en los calabozos.
Ron se había organizado con Anthony Goldstein para encargarse de su proyecto de Defensa Contra las Artes Oscuras. Y ambos chicos se habían dirigido a la biblioteca un rato antes. Hermione, sin poder concentrarse en sus propias obligaciones, decidió ir a robarse a Ron para tener un muy necesario momento a solas.
Mientras se acercaba a la biblioteca, Hermione escuchó voces susurrando, por lo que se metió en un recoveco.
-¿Podrías dejar de ser tan imbécil? Solo vamos a dar un vistazo.
-Pero, ¿y si nos atrapan?
Ron se encogió de hombros.
-Supongo que nos echarán.
Hermione se quedó quieta, echando chispas, cuando los chicos pasaron sin notarla. Había empezado a sentirse mal por Ron, que tenía que hacer tarea en viernes por la noche. Ahora, estaba dispuesta a estrangularlo. Anduvo detrás de ellos, en las sombras, hasta que llegaron a los calabozos. Pansy se hallaba enfrente de la entrada de Slytherin, dejando pasar a los alumnos. Sonrió cuando vio a Ron.
-Me sorprende que Granger te haya dejado venir,- dijo con aire de suficiencia.
-Hermione no me manda,- replicó Ron. -Yo hago lo que quiero hacer.
-¿Es por eso que vinimos a escondidas, después de mentirle a Hermione?
Ron golpeó a Anthony en las costillas.
-No mentí. Estábamos trabajando en la biblioteca.
-¿Van a entrar o no?- preguntó Pansy. -Ya casi es hora de empezar.
Ron y Anthony estiraron los cuellos para ver por encima de Pansy.
-Parece una buena multitud,- comentó Anthony. Alcanzó a ver a Romilda Vane. -Pensé que habías dicho que nadie de sexto.
-Solo Astoria y Romilda pudieron quedarse,- le dijo Pansy.
-¿Astoria está ahí dentro? Cuenta conmigo.- Anthony empujó a Ron para poder pasar.
-¿Tú qué me dices, Weasley?- dijo Pansy, con una sonrisa de lado. -A menos que tengas miedo de meterte en problemas,- dijo en tono de burla.
-No tengo miedo,- dijo Ron, y luego pasó junto a ella para entrar a la sala común.
Pansy repasó los alrededores para ver si nadie más venía. Faltaban dos minutos para las diez. La chica decidió que ya nadie iba a aparecer y se volteó para entrar.
-Espera,- dijo una voz.
Pansy se volteó para ver a Hermione, a pesar de no estar arreglada para la fiesta.
-Vaya… Eres la última persona que esperaba ver aquí. No, espera… Weasley era el último que esperaba ver.
-Vi que entró,- dijo Hermione. -No puedo creer que lo haya hecho,- dijo, arrugando la frente.
-No te enojes, desquítate,- sugirió Pansy. -Además, creo que necesitamos a uno más para estar parejos.
Hermione se detuvo, considerando la propuesta.
-Apúrate. Ya es hora.- Pansy indicó con la cabeza hacia adentro. -Entra ya.
Aún reticente, Hermione pasó a su lado y la entrada se cerró detrás de ella.
Ron tragó, trabajosamente.
-Mione. ¿Qué estás haciendo aquí?
-Yo podría preguntarte lo mismo.
-Yo, em… Solo quería echar un vistazo, pero entonces, Anthony entró… y no quería ser el único excluido.
-Pero ibas a excluirme a mí,- dijo Hermione entre dientes.
-No,- dijo Ron, bajando la mirada. Sabía que había hecho mal. -No quería hacerlo. Lo siento.
-Probablemente lo sentirás,- dijo Hermione en voz baja.
Pansy pidió silencio.
-¿Ya pusieron todos sus varitas en el caldero? ¿Alguien aún no lo ha hecho?
Ron y Hermione dieron un paso al frente. Pansy sonrió de lado cuando ambos depositaron sus varitas. Les indicó con un gesto que sacaran un pedazo de pergamino de otro recipiente. Hermione metió la mano primero y miró su número. Ron hizo lo mismo.
-¿Cuál te tocó?- le preguntó a la chica.
-Lo descubrirás al final de la fiesta,- dijo ella fríamente. -Iré a dar una vuelta.- Se giró y se encaminó a una tina con cervezas de mantequilla enfriándose, tomó una y se unió a un grupo de chicos del otro lado del cuarto.
-¿Qué estás haciendo aquí, Ron?- dijo Harry, apareciendo junto a él. -Pensé que habían decidido no venir.
-Digamos que vine por accidente. Y ella me vio y me siguió.
-¿Cómo puedes venir por accidente a una fiesta?- se rió Harry.
-Bueno, ya estoy aquí. No pierdo nada al divertirme un rato.- Ron tomó una cerveza de mantequilla y le dio un largo trago. Pudo sentir a Harry viéndolo con preocupación. -¿Qué?
-Tú y Mione no se están llevando muy bien. Esto no va a ayudar.
-Lo sé,- dijo Ron. -Pero puede que esto nos diga si en verdad queremos estar juntos o no.
-¿De qué forma?
-Me imagino que si nos liamos con alguien más y nos arrepentimos, tal vez nos daremos cuenta si en verdad somos el uno para el otro. Si no, podremos buscar nuevas parejas. De todas maneras, Harry, no podemos pasárnosla peleando todo el tiempo.
Harry alzó su botella y la chocó con la de Ron.
-Buena suerte, hermano.
Ron buscó a Hermione con la mirada y vio que Ginny si había unido a su grupo. Iba a ser una larga noche.
Los asistentes a la fiesta bebieron, oyeron música y socializaron. Entre más se acercaba la medianoche, más se sentía la tensión. Se notaban las miradas nerviosas por todo el lugar, mostrando la aprensión que la mayoría de alumnos sentía.
Blaise apagó la música a la medianoche, con exactitud, y se apresuró a juntar a la multitud.
-Es hora de comenzar. ¿Quién tiene el número uno?- preguntó.
Nadie se adelantó.
-Vamos. No sean tímidos,- dijo Blaise con una sonrisa. -Es la mejor elección. Hay más de donde escoger.
Finalmente, Lavender se acercó al caldero. Le dio su pergamino a Blaise, contuvo el aliento, cerró los ojos y metió la mano. Sacó una varita algo sencilla con el extremo nudoso. Hermione dio un grito ahogado.
-¿De quién es esta varita?- preguntó Blaise.
Ron alzó la mano.
-Mía,- dijo con voz nerviosa. Se aclaró la garganta y lo intentó de nuevo.
-Mía,- esta vez con algo más de autoridad. Una enorme sonrisa brotó de los labios de Lavender. Hermione frunció el ceño.
-Accio varita,- dijo Lavender, y su varita salió levitando del caldero. Caminó hasta Ron y le dio su varita, uniendo su brazo con el del chico.
Blaise no perdió tiempo en llamar al siguiente número. Justin Finch-Fletchley se adelantó ansiosamente. Sacó la varita de Millicent Bulstrode, y ninguno se veía bastante satisfecho. La elección de varitas fue más rápido después de ellos. Padma sacó la de Theo, Michael Corner sacó la de Parvati, y Dean sacó la de Romilda. Todos ellos se veían ansiosos, pero no muy molestos con lo que les había tocado. Sin embargo, cuando Anthony sacó la varita de Ernie MacMillan, Ernie protestó, por decir poco.
-Esperen un minuto. Eso no es junto. No quiero quedar emparejado con otro chico,- se quejó Ernie.
-Jamás se te prometió una chica,- le recordó Pansy.
-Pero estaba implícito.
-Jamás,- dijo ella con calma. -Se te prometió una pareja para la noche. Tenía que ser justo para todos. No todos en Hogwarts son heterosexuales, ¿sabes?- Pansy mostró una sonrisa de oreja a oreja. (1) -Sé de al menos dos Slytherins, y un Ravenclaw, que son gays. Y un Gryffindor del que sospecho bastante. Se sabe de una Hufflepuff lesbiana. Y una Ravenclaw y una Gryffindor que sospecho son lesbianas. Sin mencionar a un Slytherin bisexual. No sería justo para ellos si se garantizaba una pareja del sexo opuesto.
-Pero no soy gay. No quiero ser la pareja de Anthony.
Esta vez Anthony protestó.
-Yo tampoco soy gay.
-Bueno, ¿ven? Todo se acomoda. El que sigue,- dijo Pansy. -Además, ya es muy tarde. Sus varitas están unidas.
Ernie la fulminó con la mirada.
-Debiste habernos dicho que podíamos quedar con otro chico.
Pansy lo ignoró y llamó al siguiente número de nuevo.
Era ahora el turno de Hermione. Sacó la varita de Daphne Greengrass. La mayoría de los chicos que quedaban gruñeron. Había quien estaba esperando tener una oportunidad con quien, según muchos, era la chica más bonita de la escuela. Hermione se encogió de hombros. A diferencia de Ron, ella estaba segura que podría mantenerse fiel.
La hermana de Daphne, otra fémina codiciada, quedó descartada cuando el chico homosexual, Harper, sacó su varita. Más gruñidos de los chicos.
-Maldita sea,- maldijo Ernie. -Qué maldito desperdicio.
-Yo tengo el siguiente número,- dijo Luna en voz alta. Metió la mano en el caldero, atrapando la varita de Seamus, quien pareció bastante satisfecho por ello. La chica se paró junto a él. -Vamos a divertirnos esta noche,- le dijo.
Neville palideció un poco cuando Pansy sacó su varita. Y Ginny se sintió decepcionada cuando le tocó estar con Blaise, en especial porque él fue el elegidor. Tenía la sensación de que estaría sufriendo las consecuencias la semana siguiente.
Llegó el turno de Draco y el chico sacó una varita, frunciendo el ceño.
-Esta es mi varita,- dijo.
-Entonces tienes que regresarla,- le dijo Pansy.
De repente, Harry se le secó la boca cuando trató de hablar.
-De hecho, ésa es mi varita. O al menos es la que he estado usando. Casi olvidé que solía ser tuya.
-Lo sigue siendo,- dijo Draco severamente.
-Técnicamente no, yo te desarmé.
-Lo siento, Dra,- dijo Pansy. -Tiene razón. Si él metió la varita, es suya. Y es tu pareja por el resto de la noche.- La chica no pudo reprimir una risita.
-No es divertido, Pans,- dijo, con el ceño fruncido.
Solo quedó una pareja más, Tracey Davis y Susan Bones. Todos los invitados habían quedado emparejados. Algunos a gusto, otros irritados. Las parejas comenzaron a dispersarse buscando un lugar más privado. Con algunas excepciones.
-Bueno, esto es raro.- Hermione se rió nerviosamente, al quedarse de pie junto a Daphne. Las cuatro parejas del mismo sexo se vieron entre sí, esperando a ver qué harían primero los demás.
-Yo no me quedaré,- refunfuñó Ernie. Comenzó a caminar hacia la salida, pero, cuando se alejó más de cinco pies de Anthony, comenzó a sentir náuseas. También Anthony. Dejaron de sentirlas cuando se acercaron más.
-Joder, no hagas eso de nuevo,- lo regañó Anthony. -Vayamos a las cocinas a ver si pueden darnos algo de comer. No tenemos nada mejor qué hacer.
-Sí, de acuerdo,- dijo Ernie. Se fueron, caminando lo más retirados que podían para evitar repercusiones.
Tracey se dirigió a Susan, barriéndola con la mirada.
-No voy a hacer nada contigo, lesbiana. Así que olvídalo.
Susan se sonrojó con intensidad.
-De todas maneras, no eres mi tipo.
-¿Y cuál es ese?
-Lindas.
-De acuerdo,- Tracey resopló. -Entonces sigamos a los chicos a las cocinas. Yo también tengo hambre.
-Ven, Granger,- dijo Daphne con una sonrisa. -Me he estado muriendo por hacer algo por ese cabello tuyo. Vamos a arreglarte.
-Em…- Hermione comenzó a protestar, pero Daphne la agarró del brazo y la metió al dormitorio de chicas.
Harry vio a Ginny, siguiendo a Blaise al dormitorio de chicos, cuando las últimas parejas dejaron la sala común.
-¿Ginny está a salvo con Blaise?- preguntó.
-¿A qué te refieres con "a salvo"?
-O sea, ¿él va a…?
Draco se rió. Era, quizá, la primera vez que Harry lo escuchaba reír sin que se estuviese burlando de él.
-Sí, está muy a salvo. ¿Recuerdas a los homosexuales de los que Pansy habló? Él es uno de ellos.
-Oh,- dijo Harry, asintiendo.
-Te ves aliviado,- Draco señaló. -¿Lamentas haber terminado con ella?
-¿Qué?
-Solo pregunté si…
-Sé lo que dijiste. Es una pregunta bastante personal, ¿no lo crees?
Draco pensó por un minuto.
-Si respondes mi pregunta, yo responderé una tuya.
La oferta se oía tentadora.
-¿Lo que sea?
-Sí, porqué no. Pero tienes que respondes con honestidad.
Harry volteó a ver el ajedrez sobre una mesita en la esquina.
-¿Juegas?- Draco asintió. -¿Por qué no jugamos un juego para pasar el tiempo? Luego responderé tu pregunta,- sugirió Harry.
-Tengo un poco de whiskey de fuego, si te interesa,- dijo Draco con una sonrisa, pensando que Harry no lo aceptaría. Suponía que el Gryffindor era malo para beber.
-Genial,- dijo Harry con una sonrisa. -Siento que lo vamos a necesitar.
Se sentaron y acomodaron sus piezas. Draco sirvió dos shots de whiskey y empujó uno de los vasos hacia Harry.
-Hasta el fondo,- dijo Draco, alzando las cejas.
Ambos se acabaron el trago. Draco abrió el juego y espero a que Harry moviera su pieza o le contestara la pregunta.
Perdido en sus pensamientos, Harry revisó el tablero por un largo momento antes de mover un peón.
-No. No creo que lamente haber terminado con ella,- Harry respondió, al fin.
-¿No lo crees?
-O sea, no. No lo lamento. Las cosas ya no funcionaban. ¿Cuál es el punto si no es divertido, no crees?
-¿Eso es todo lo que obtendré como respuesta?- preguntó Draco y movió otra pieza.
Harry se encogió de hombros.
-No creo que haya más de qué hablar. No sé con exactitud porqué ya no funcionaba. Simplemente ya no.
Se pausó antes de formular su pregunta. Mientras movía uno de sus caballos, y sin ver a Draco, preguntó de manera casual y en voz baja:
-¿Le tenías miedo?- No necesitaba elaborar la pregunta completa. Draco entendía a la perfección de quién estaba hablando.
Draco se tensó, visiblemente. Miró a Harry, cruzando sus miradas, y le respondió con una sola palabra:
-Pavor.
En realidad, Harry se había esperado una falsa valentía. Una respuesta para reafirmar la imagen de Draco. Pero lo que obtuvo fue inesperadamente honesto. La mirada en sus grises ojos era de miedo, y no trataba de ocultarlo.
-Supongo que no tengo que hacerte la misma pregunta,- dijo Draco, rompiendo la tensión. -El intrépido Harry Potter. Naciste para derrotarlo.- Draco interceptó el caballo de Harry y lo capturó.
-Tenía miedo todo el tiempo,- lo corrigió Harry. -Y yo no nací para derrotarlo. Sin quererlo, él me marcó para poder acabarlo. Tuve suerte, en su mayor parte. Y mucha ayuda de parte de gente buena…
-Lo siento,- Draco interrumpió su diatriba. -No era mi intención molestarte. Solo fue… solo fue un estúpido chiste.
Harry levantó bruscamente un alfil y se dispuso a acomodarlo para hacer jaque al rey de Draco.
-No quieres hacer eso,- dijo Draco, antes de que Harry soltara la pieza.
-¿Por qué no? Pondré a tu rey en jaque.
-Porque lo capturaré con mi reina en dos movimientos y luego te haré jaque mate.
Harry miró el tablero.
-Oh,- dijo, regresando la pieza a su lugar y meditando en su siguiente movimiento. -¿Por qué estás siendo tan amable conmigo?
Draco sonrió.
-No es tu turno para preguntar. Yo puedo hacerte otra pregunta. Si quieres, puedes volver a preguntármelo después.
-De acuerdo.
-¿En verdad dormías bajo las escaleras en la casa de tus tíos antes de venir a Hogwarts?- dijo Draco, riendo por lo bajo. - ¿O solo es un rumor?
Harry se rió. No era una pregunta esperada.
-Sí, es verdad. Una vez que descubrí que era mago me permitieron dormir en la recámara que tenían libre.
-¿Tenían una recámara libre desde el principio, pero te hacían dormir bajo las escaleras?- dijo Draco, sin creerlo. -Pero eran tu familia.
-Yo era un fenómeno para ellos. Sabían lo que era, aunque yo no lo supiera. Era un fenómeno tanto en el mundo muggle como aquí.
Harry hizo un movimiento que no fue tan malo como el anterior, pero Draco ganó con facilidad en las siguientes jugadas. Draco sirvió otros shots para cada uno.
-Nunca fui bueno para el ajedrez,- confesó Harry. -Ron me gana todo el tiempo.
-¿Weasley? Vaya…- Draco se bebió su shot con rapidez. -Tienes que predecir varios movimientos, anticipar lo que la otra persona va a hacer.
Riendo, Harry le dijo:
-Yo soy más del tipo "actúa ahora, pregunta después". Estaría perdido de no ser por Hermione. -Comenzó a quitar las piezas del juego. -Entonces, ¿por qué eres tan amable conmigo?
-¿Preferirías que te insultara?- dijo Draco con una sonrisa de suficiencia.
-No, claro que no. Pero es un poco desconcertante.- Harry se rió por lo bajo.
-Potter, tú y yo hemos estado en contra del otro desde que nos conocimos. Y eso no llevó lejos a ninguno de los dos. Ciertamente, no tienes que ser mi amigo, pero ya no quiero que seamos enemigos.
-¿Amigo? ¿Crees que podamos ser amigos?- preguntó Harry, aunque no lo dijo como había querido. Solo estaba sorprendido.
-Yo no dije eso.
-Pero así se entendió.
-Y ya estás comenzando una pelea,- dijo Draco, suspirando con pesadez. -Olvida lo que dije. Es solo que ya no quiero pelear con nadie.- Miró el reloj en una repisa.- Es tarde. Estoy cansado y me iré a dormir.
Se sentó en un extremo del sillón enfrente de la chimenea. Harry lo siguió enseguida para evitar sentir náuseas como lo habían hecho Ernie y Anthony. Después de la cerveza de mantequilla y los shots de whiskey, el estómago de Harry ya estaba un poco revuelto. Se sentó en el otro extremo del sillón, tal vez a tres pies del rubio.
Draco reclinó la cabeza sobre el sofá de cuero negro con verde y cerró los ojos. No era culpa de Potter. Draco dijo más de lo que quiso y Potter no era de los que olvidaban las cosas tan fácilmente. Se acabó el momento. Se habían llevado tan bien como cualquier otra pareja lo habría hecho, hasta que Draco se sintió vulnerable y tuvo su pequeña crisis. ¿Por qué simplemente no podía haber admitido que le habría gustado que fueran amigos? Sentía que Harry lo estaba viendo, por lo que aparentó que se dormía. En unas pocas horas, el encantamiento se acabaría y podrían irse cada quien por su lado, otra vez.
Harry se sentó, viendo a Draco por un rato más, pensando que diría algo más. Cuando no lo hizo, Harry cerró los ojos y trató de dormirse al otro extremo del sillón. Los sillones de Slytherin no eran tan cómodos como los de Gryffindor. Y Harry no podía dejar de pensar en lo que Draco había dicho. ¿En serio quería ser amigo de Harry? De hecho, Harry creía que ya no eran enemigos. Era como una especie de déjà vu, como la primera vez que se conocieron. Harry había rechazado la oferta de amistad de Draco en ese entonces, y con justa razón. Pero ahora, las cosas habían cambiado demasiado. Malfoy había cambiado. Harry pensó que le había costado bastante a Draco el simple hecho de sacarlo a relucir. Y parecía que Harry lo había rechazado de nuevo. Harry decidió que sacaría el tema al dia siguiente, si es que Malfoy le seguía hablando.
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-Muy bien, preciosa. ¿Qué tienes en mente?- le preguntó Seamus a Luna, alzando las cejas.
-Pensé que podríamos escabullirnos al bosque,- contestó la chica, sonriendo dulcemente.
Seamus pensó que la chica solo estaba haciéndose la inocente.
-¿Por qué? Hay muchos lugares en el castillo, en los que podríamos estar solos.
-Pero no hay ningún blibber maravilloso dentro del castillo. Tenemos que buscarlos en el bosque.
-¿Qué? ¿Blibber… qué?
-Maravilloso. ¿Nunca has escuchado de ellos?- le preguntó Luna. -Ven,- dijo, tomando a Seamus de la mano,- te dije que íbamos a divertirnos esta noche.
-Ésa no es precisamente el tipo de diversión que tenía en mente, linda. ¿Qué dices si nos olvidamos del bosque y vamos a mi cuarto?
-¿Y qué podríamos encontrar ahí?- dijo Luna, con una sonrisa de suficiencia. Batió las pestañas, imitando a una inocente cierva.
-Ah, olvídalo,- gruñó Seamus. -Solo vamos al maldito bosque.
-Oh, bien,- chilló Luna, arrastrando a Seamus al vestíbulo, y la pareja salió a escondidas del castillo.
En ese momento, Seamus estaba pensando que incluso Ernie había conseguido una mejor pareja. Al menos él estaba comiendo algo.
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Justin Finch-Fletchley se sentó bajo la ventana en la sala común de Hufflepuff con los brazos en jarras y el ceño fruncido.
-Bueno, ¿qué jodidos esperabas que iba a pasar?- le preguntó a Millicent.
-Pensé que quedaría con alguien menos… Hufflepuff,- la chica replicó.
-Vamos,- el chico rogó. -No pido mucho. Bebe unos cuantos tragos y haz como que soy alguien más.
-Déjame decirte que harían falta más que unos cuantos tragos,- contestó la chica, despectivamente. -No voy a tocarte.
-Bueno, entonces déjame tocarte.
-Ni lo sueñes.
-Ay, por favor,- dijo el chico, frustrado. -¿Qué tal si me muestras un poco?
Millicent cruzó los brazos sobre su busto.
-Lo siento, mala suerte. Más vale que se te ocurra un mejor plan.
Suspirando con pesadez, Justin se quedó sentado viendo a Millicent mientras la chica hojeaba un libro que había encontrado en una pequeña mesa. Se sentó del otro lado del asiento bajo la ventana. Era lo más lejos que podía estar del chico sin sentir náuseas. Aunque, sentarse cerca de él también la hacía sentir nauseabunda. No era que no fuera atractivo, pero era un Hufflepuff, por el amor de Merlin. Jamás lo consideraría.
Aunque Millicent no era la chica más bonita de la escuela y ciertamente no era la más pequeña, Justin estaba decepcionado por cómo había progresado la velada. Había estado esperándola con ansia y había esperado que le sirviera para romper el hielo con las chicas. Sabía que lo veían como alguien tonto, pero el chico solo necesitaba que alguien le diera una oportunidad.
El chico vio cómo Millicent lo ignoraba. Su mano se dirigió furtivamente al frente de sus pantalones, detrás de la pierna que había subido para evitar que ella viera. Se había puesto caliente desde que había comenzado la elección de varitas. El chico con cabello rizado se preguntó si sería capaz de masturbarse con disimulo al estar sentado tan cerca de ella. Y si es que lo atrapaba, sería su propia culpa por lo haber querido hacerlo ella misma cuando el chico se lo había pedido.
Mordiéndose el labio inferior, Justin comenzó a hacer círculos sobre su pene, cubierto por su pantalón. No le tomó mucho tiempo ponerse duro, y comenzó a sentirse incómodo al estar confinado en esos pantalones. Despacio y con cuidado se bajó el cierre, esperando que Millicent no escuchara el ruido característico. Mantuvo la vista en el rostro de Millicent mientras metía la mano en sus calzoncillos y rodeaba su polla con los dedos. Nunca había notado cuán difícil era no hacer ningún sonido mientras se masturbaba. Hasta ahora se daba cuenta que, muy probablemente, sus compañeros notaban cuando lo estaba haciendo.
Los pequeños movimientos que podía hacer no eran suficientes para hacerlo terminar. No muy pronto. Trató de cambiar de posición sin revelarse, pero Millicent lo vio por encina de su libro.
-¿Qué te sucede?
-Nada,- gruñó.
-Entonces estate quieto.
Mantuvo su vista en el chico, aun molesta por haber quedado emparejada con él. Él trataba de esperar a que regresara a su lectura, pero ella seguía mirándolo. Finch-Fletchley no sabía cuánto más podría aguantar.
-Al diablo,- gruñó, y cambió de posición, exponiéndose ante la chica.
Millicent dejó salir un chillido.
-Uggh… ¿Qué estás haciendo?
-Si no lo captas, creo que es mejor que no me la hayas jalado, después de todo,- murmuró Justin.
-Sé lo que estás haciendo. Es solo que no puedo creer que lo estés haciendo enfrente de mí.
-Quería hacerlo contigo.- Ya no pudo aguantar más, así que comenzó a acariciarse. -No mires si no te gusta. Pero estoy jodidamente caliente; tengo que hacerlo.
Se apoyó contra el marco de la ventana y se bajó los pantalones por completo. Sacando su endurecida polla por completo, gimió ruidosamente, ahora que no le importaba. Con rapidez, comenzó a masajearse, cerrando los ojos y jadeando.
Respirando con dificultad, Millicent le dio la espalda y abrió su libro de nuevo. Jamás lo admitiría, pero escuchar al chico gemir y gruñir mientras se daba placer, la estaba poniendo un poco caliente. Varias veces, miró sobre su hombro. El chico estaba muy bien dotado, lo que le hizo reconsiderar su primera opinión anterior acerca del Hufflepuff. Sin embargo, su comportamiento actual era inaceptable. Por supuesto que eso no le evitaba poder mirar de vez en cuando.
Los gemidos de convirtieron en delirantes jadeos, señal de que estaba alcanzando el clímax. Millicent no pudo evitar girar sobre su asiento para mirar. Justin había echado la cabeza para atrás y tenía los ojos cerrados.
-Oh, sí,- suspiró, justo antes de que un gran chorro de semen golpeara su camisa, seguido por otros dos más pequeños. -Mmmmm.
En realidad, Millicent jamás había visto a un chico correrse, aunque había tenido sexo un par de veces. Estaba sobresaltada, y excitada, por haber visto el repentino chorro.
Finch-Fletchley le sonrió a la chica Slytherin con suficiencia.
-¿Lo disfrutaste? Porque te aseguro que yo sí.
-No, no lo disfruté,- mintió. -Eres desagradable.
Aún con la varita en la otra mano, la dirigió hacia el desastre.
-Fregotego.- Se acomodó de nuevo en sus calzoncillos y se subió los pantalones. -Bueno, gracias por nada,- dijo. -Me iré a dormir.
Justin se acomodó en su lado y cerró los ojos. Millicent, aún algo sorprendida por su actuación, resopló y cerró el libro de golpe antes de recargarse contra el marco de la ventana. Se sentía un poco afligida por el hecho de que en realidad había disfrutado mirar. Lo último que recordaba haber pensado antes de dormir era cuál castigo tendría que encarar por la mañana.
〪o 〫O〬 o〭
Parvati se sentó con las manos en su regazo, repasando la sala común de Gryffindor con su mirada. Sin ver a Michael. El chico hacía lo mismo.
El par había estado sentado frente al fuego antes, platicando agradablemente y siguiendo con sus cervezas de mantequilla durante la última hora. Como eran de diferentes Casas, casi no se conocían, así que platicaron de cosas superficiales. Michael era un chico algo tímido y no había intentado nada con la chica Gryffindor, a pesar de que pensaba que era muy bonita. Apenas comenzaba a estirar los brazos sobre su cabeza para intentar rodear a la chica con uno de ellos cuando escucharon el estrépito. Rápidamente retiró su brazo y buscó con la mirada el origen del ruido. Nadie estaba en la sala común a esa hora; sin embargo, tanto los dormitorios de chicos como los de chicas de séptimo y octavo estaban ocupados por las parejas de la fiesta de varita.
-¿Oíste eso?- preguntó Parvati.
Michael asintió.
-Se oyó como si viniera de allá arriba,- dijo, señalando hacia las escaleras que llevaban al dormitorio de chicos.
La pareja escuchó un sonido nuevamente, por lo que decidieron investigar. Parvati y Michael se levantaron y caminaron hacia las escaleras de los chicos. Un chillido se escuchó, esta vez más fuerte.
-Definitivamente viene de ahí,- dijo Michael. Comenzó a subir las escaleras con Parvati detrás de él, pues no tenía otra opción debido a las reglas del juego.
El chillido y el sonido de golpeteo comenzaban a oírse más fuerte, entre más escalones subían.
Parvati puso los ojos como platos cuando entendió de repente lo que estaban escuchando.
-Deberíamos regresar,- susurró, y jaló a Michael del brazo.
-Espera,- dijo él, frunciendo el ceño, aún sin entender.
Parvati supuso que Michael era en verdad inocente.
Finalmente, el chico entendió todo cuando escuchó las voces apagadas.
-Oh, sí. Más duro.
-Joder, sí.
El golpeteo de la cabecera contra la pared se oyó más fuerte. Y ahora, se podían distinguir con claridad los gemidos y gruñidos del interior del cuarto de los de séptimo y octavo.
-Más rápido. Mueve más rápido tus dedos.
-Dios, te sientes más apretada de lo que imaginé. Voy a correrme pronto.
Michael y Parvati se congelaron, avergonzados, al escuchar a Dean y Romilda echando un polvo, muy ruidosamente. (2)
-No, no pares. Ya casi llego.
Asustados, ni Parvati ni Michael intentaron moverse, aunque ninguno quería estar en donde estaban. El movimiento de la cabecera se aceleró.
-¡Oh, sí! Dean, me vengo… Aaaaaah,- Romilda gimoteó y resolló, justo antes de que Dean hiciera su ruido correspondiente.
La conmoción cedió, el golpeteo cesó. Parvati y Michael se sonrojaron mucho, pero ninguno lo notó, pues estaban bastante avergonzados para mirarse entre sí. Michael rezaba fervientemente para que Parvati no notara el bastante obvio bulto en sus pantalones. No necesitaba preocuparse: ella estaba muy ocupada tratando de cruzar los brazos sobre sus sobreexcitados pezones. Después de varios minutos de silencio, Parvati habló.
-Bueno, supongo que deberíamos regresar a la sala común.
Michael asintió.
-Sí, de acuerdo.
El chico permitió que ella guiara, para que no viera cómo se acomodaba el miembro en los pantalones. Se volvieron a sentar en el sillón; Parvati con sus manos acomodadas nerviosamente sobre su regazo, repasando la sala común de Gryffindor con su mirada. Sin ver a Michael. El chico hacía lo mismo. El par no habló acerca de lo que habían escuchado; tampoco hablaron acerca de alguna otra cosa, hasta que Michael sugirió que se fueran a dormir, dejando a ambos frustrados; sin embargo, los dos eran demasiado tímidos como para hacer algo al respecto.
〪o 〫O〬 o〭
10 de Octubre, 1998
Harry se despertó con un sobresalto. Había estado teniendo un sueño perturbador, algo que le ocurría seguido desde la guerra. Abrió despacio los ojos para encontrarse con la cara de Draco muy cerca de la suya. Le tomó un momento entender dónde estaba y por qué. Quedándose quieto para no despertar a Draco, lo miró. Lo miro en verdad. Harry jamás había tenido la oportunidad de observar a Draco tan cerca, estando el rubio tan relajado.
La arruga en la frente de Draco había desaparecido, así como la línea entre sus cejas. Estaba durmiendo pacíficamente, con los párpados ocultando sus ojos. Sus pestañas eran sorprendentemente gruesas, no tan delgadas como el cabello sobre su cabeza, pero no se notaban a la distancia. Su nariz había cambiado a través de los años. Menos prominente, se amoldaba a su rostro mejor y ya no era posible describirla como puntiaguda. Sus labios… sus labios eran de un pálido color rosa, más redondos que los de la mayoría y rodeados por una barba muy ligera debido a que aún no se rasuraba. Era bastante guapo. Aunque, no era como si Harry supiera de esas cosas.
Su vista se mantuvo en la boca de Draco; luego, subió por su rostro. Cuando alcanzó sus ojos, éstos estaban ya abiertos, penetrándolo con la mirada. Una mirada gris e intensa. Harry se congeló, preguntándose cuánto tiempo el rubio lo había estado observando. Se quedaron viendo el uno al otro en silencio por lo que parecieron horas, pero que en realidad habían sido un par de segundos. Harry podía haber jurado que Draco había ladeado la cabeza, casi inadvertidamente, cuando de repente una lluvia de chispas brotó de sus varitas, distrayéndolos. Volteando, Harry miró el reloj sobre la repisa. Marcaba las ocho en punto.
-Supongo que eso es todo,- dijo. Harry se levantó con dificultad, recogió su varita y sus lentes, y se dirigió a la puerta. -Nos vemos luego.
-Sí. Seguro.
Después de que Harry se fuera, Draco apoyó la cabeza sobre el sillón.
"¿Qué diablos fue eso? ¿Estoy loco? Estuve así de besar al maldito Harry Potter."
Draco se frotó la frente. Estaba más jodido de lo que pensaba.
〪o 〫O〬 o〭
A pesar de haber salido de Slytherin con calma, Harry era una masa de confusión. A la mitad del camino rumbo a la torre Gryffindor, se recargó contra un pilar para tranquilizarse.
"¿Iba a besarme? Maldita sea, ¿en serio iba a permitirle? ¿Qué pasa conmigo?"
Harry se dijo que era solo su imaginación. Demasiada bebida, muy poco descanso. Todo eso, junto con el hechizo, fácilmente podría haberle hecho malinterpretar lo que sucedió. Lo que casi sucedió. No, en definitiva no iba a suceder. Al menos, eso fue lo que Harry se dijo.
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(1) En el original, dice que Pansy sonríe "like a Cheshire cat" (como un gato de Cheshire). Esto hace alusión al gato de Alicia en el país de las maravillas.
(2) Bueno, decir "cogiendo" no me agrada tanto. Para mí, "echar un polvo" se oye mejor.
Un momento después, alguien se aclaró la garganta, haciendo que Harry abriera los ojos. Draco estaba enfrente de él, recién duchado e impecablemente vestido, como siempre.
-Emm… Las chicas me dejaron pasar,- dijo, refiriéndose a Parvati y Romilda.
Harry se enderezó. No podía recordar si Draco había alguna vez visitado la torre Gryffindor. Aún avergonzado por haberlo visto dormir, Harry evitó todo contacto visual.
-Me preguntaba…- comenzó Draco. -Quisiera que me hicieras un favor. Bueno, no debería ser un favor.- Estaba trabándose, algo para nada característico de él. Se aclaró la garganta de nuevo. -Quisiera que me devolvieras mi varita, por favor.
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-¿Y qué hicieron tú y Lavender?- preguntó Hermione deliberadamente.
Ron se sonrojó. Sabía que no podría mentir para salirse con la suya. Todos sabían que Lavender aún sentía algo por él y, dado que ella había sido la elegidora, lo había hecho hacer todo lo que el juego le permitía.
-Bueno, ella…
-¡No quiero que me lo digas!- le gritó Hermione. La chica se levantó y se fue, habiendo comido solo la mitad de su desayuno.
Ginny se inclinó sobre la mesa.
-¿Cuál es tu maldito problema, imbécil? No te estaba preguntando en serio. Trataba de poner las cosas en claro. Estoy reconsiderando convencerla de que te perdone.
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Harry casi llegaba a la biblioteca, cuando alguien lo agarró del brazo y lo jaló hacia una esquina oscura.
-Daphne, ¿qué estás haciendo?
La chica miró los libros que tenía en las manos.
-¿Quieres decir que en verdad viniste para estudiar?
-Bueno, sí. Eso fue lo que te pedí, ¿no?
-Pensé que era una especie de código. Ya sabes, para besuquearnos o echar un polvo,- admitió Daphne.
Oh, sí… Bueno, si esperaban algo más de acción entre Harry y Draco, tendrán que esperar… Pero les prometo que vale la pena. :)
Hasta la próxima.
Adigium21
