CAPÍTULO 4: ITÁN, ATÁN, EL VELO Y EL PROFESOR DE TRANSFORMACIONES.

Harry despertó temprano, era uno de septiembre y tenía que volver a Hogwarts, al menos, la estación no estaba lejos. Al levantarse, cogió el espejo que Niaia le había dado y lo observó detalladamente, era el mismo que Sirius le había dado, pero arreglado para que pudiera comunicarse con el que le había entregado a Remus, aunque Harry no dejaba de preguntarse cómo lo había cogido, pero no podía entretenerse, tenía que aparecerse en el andén y aún le quedaba mucho por recoger. Ordenó a Kreacher que le ayudara a recoger sus cosas y luego lo mandó a Hogwarts como el año anterior, seguía sin fiarse de él.

Harry se apareció en el andén y en seguida encontró a Ginny, a la que cogió por la cintura, a Ron, a Hermione, a Neville y a Luna, se saludaron efusivamente, cogieron un compartimento vacío y Ron y Hermione se fueron al vagón de los prefectos. Cuando éstos se fueron y el tren comenzó a moverse, un gran revuelo asoló el andén.

Harry, Ginny, Neville y Luna asomaron sus cabezas por la ventanilla y vieron tres aves girando entre vagón y vagón, poniendo una especie de película protectora sobre el tren. Dos de esas aves eran fénixes, uno blanco y uno negro, y la otra, Harry y Ginny la reconocieron, era el águila azul de la que Niaia Burana había hecho su forma animaga.

A unos diez kilómetros de Londres, las tres aves entrando cansadas en el compartimento donde Hermione y Ron ya habían llegado. Niaia enseguida cambió su forma y los dos fénixes se apoyaron en sus hombros, estaban cansados, pero parecían extremadamente felices.

- ¿Podrías decirnos qué le has hecho al tren?- preguntó Harry en cuanto Niaia se presentó y se sentó apoyada en la puerta con los dos fénixes ya acomodados sobre los maleteros.

- Es un simple hechizo de protección, poderoso y antiguo. He tenido que combinar mi magia con las de Itán y Atán, al ser un hechizo que requiere demasiada energía pero, más que nada, por ser un objeto tan grande. Bueno, casi se me olvida presentaros. La fénix negra es Atán y el fénix blanco es Itán, me ayudaran en algunas clases.

- Yo creía que los fénixes eran de colores rojizos o anaranjados- dijo Luna, soñadora, mirando curiosa a Niaia.

- Sí, eso es cierto, pero la respuesta la obtendrás en clase, éstos pertenecen a una extraña raza, como yo misma- contestó Niaia-. Por cierto, quiero que el ED vuelva a estar en funcionamiento- los seis jóvenes la miraron extrañados. "¿Cómo puede ser que lo sepa?"- pero esta vez lo quiero abierto a toda la escuela, especialmente para los novatos. Todas las casas han de unirse y se ha de empezar desde el primer año donde la rivalidad aún no se ha sellado.

- Es una buena idea- dijo Hermione, con lo que se ganó una mirada aprobadora de Niaia-, así estaríamos haciéndole caso a la advertencia del Sombrero Seleccionador...

- Gracias por tu apoyo, Hermione, y, bien, ¿qué decís?

Poco a poco todos asintieron y quedaron en que, ya que habría mucha más gente, los del antiguo ED que siguieran en la escuela ayudarían con las "clases".

- Bien, yo sólo quería dejar eso en claro- dijo Niaia-. Por cierto, el nuevo profesor de transformaciones no se presentará hoy. Harry, dile a Remus que venga mañana, si quiere, que traiga a Tonks, a primera hora después del desayuno en mi despacho. Tú también tienes que venir y estos chicos también pueden ir, si quieren. Vuestra sorpresa os espera allí. Bueno, y ya que he terminado, creo que nos iremos. Itán, Atán, vámonos.

Niaia se transformó y salió volando del tren. Los dos fénixes dieron unas vueltas por el compartimento, se sentaron unos segundos sobre las rodillas de los chicos y les dejaron, a cada uno, una pluma blanca y otra negra antes de seguir a Niaia.

-¿Qué hechizo habrá utilizado?- se preguntó Ginny en voz alta y los demás se encogieron de hombros.

Harry cogió el espejo y le comunicó a Remus lo que Niaia le había dicho.

Unas horas más tarde llegaron a la estación de Hogsmade y escucharon el tradicional "Los de primer año, por aquí" de Hagrid. Le saludaron y montaron en los carruajes tirados por thestrals.

En el Gran Comedor pudieron ver que McGonagall presidía la mesa de los profesores. Había tres asientos libres, uno era el de Hagrid y los otros dos estaban a su derecha. El Sombrero Seleccionador ya estaba sobre el taburete y la expectación comenzaba a tantearse en el ambiente.

Hagrid se sentó en su silla y, al poco tiempo, entró Niaia seguida de los pequeños y acobardados alumnos de primer año. El Sombrero cantó, con su ya típica advertencia y con unas palabras agradecidas a la "Dama Licántropa". La Selección transcurrió pacíficamente y, al finalizar, comenzó la suntuosa cena.

Tras finalizar, McGonagall realizó su discurso como nueva directora, agradeciendo a la "Dama Licántropa", hija del Bosque Prohibido, la reapertura de la escuela. Presentó a Niaia Burana como la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras y se lamentó de no poder presentar aún al profesor de transformaciones, que se presentaría a sí mismo el primer día de clases. Tras el discurso mandó a todos a sus salas comunes y, aunque el día siguiente fuera domingo, les instó a que no pasaran mucho tiempo despiertos y se prepararan para las clases.

A la mañana siguiente Harry, Ron y Neville fueron los primeros en despertar de su habitación. Al bajar, encontraron a Ginny y Hermione esperándolos. Al llegar al Gran Comedor encontraron a Luna, Remus, Tonks, Hagrid y McGonagall charlando animadamente sobre la luna de miel de Remus y Tonks. Parecía que Niaia también había invitado a McGonagall para presentarle al profesor de transformaciones.

Como era domingo, ninguno esperaba que los alumnos bajaran temprano a desayunar ni que sonara el timbre del principio de clases, así que, en cuanto llegó la hora, señalada por los dos fénixes de Niaia, todos se dirigieron a su despacho.

Al entrar en el despacho se sorprendieron sobremanera. Colgados en las paredes habían varios cuadros en los que estaba Niaia desde pequeña junto con gente extraña o con unas criaturas que parecían mezcla de licántropos y lobos. Cachivaches y miles de libros de pinta antiquísima decoraban sus estanterías y, a un lado de la sala, estaba el velo negro que todos reconocieron como el que estaba en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia. Niaia estaba de pie frente a su mesa, acariciando a Itán y Atán, que cantaban alegres en sus perchas.

- Os presento al profesor de transformaciones- dijo simplemente y un gran perrazo negro saltó por encima de ella y se lanzó, especialmente, sobre Harry y Remus, lamiéndoles el rostro y moviendo feliz su cola.

Tras el shock inicial, todos se lanzaron sobre el perro, excepto Neville y Luna, que no sabían quién era, algunos lloraban, como Remus y Harry. Aunque ninguno se dio cuenta de que lo estaban ahogando hasta que una fuerte energía los alejó del perro y éste boqueó un poco.

Niaia se acercó al perro y le rascó tras las orejas durante un minuto en el que las lágrimas de Remus y Harry se secaron..

- Creo que ya podrías transformarte ¿no?- le dijo Niaia al perro y en pocos segundos era abrazada por un más que alegre Sirius Black.

- Gracias, gracias por darme esta segunda oportunidad- decía mientras le daba vueltas. Niaia sonreía complacida.

Sirius se cansó pronto pero en seguida se lanzó hacia su ahijado y hacia su buen amigo.

Harry no podía creer que su adorado padrino estuviera vivo, y que sería su nuevo profesor de transformaciones. Harry miró a McGonagall que, al parecer, lo había aceptado como profesor y luego miró hacia Niaia, que sonreía abiertamente apoyada en su mesa.

- ¿Cómo es que está vivo?- dijo Harry, totalmente sorprendido, pero alegre, ya se concienció de que Sirius no volvería y, verlo en un lugar que no fueran sus sueños, alegre, era algo superior a sus fuerzas-. Yo mismo lo vi caer a través del velo-. Harry señaló el velo con lágrimas silenciosas recorriendo sus mejillas y pudo ver que Niaia se puso seria, sintiendo cómo, extrañamente, esa repentina seriedad se clavaba en él, hasta que ella volvió el rostro, mirando hacia el velo. Pronto, cinco pares de brazos lo sujetaron y él devolvió el abrazo con ojos aún llorosos.

- Ya tenéis vuestro regalo- comenzó a decir Niaia mientras se abrazaban con una voz extrañamente fría- y me gustan las muestras de cariño, pero no tan... melosas, así que, si me hacéis el favor, os pido que salgáis de mi despacho- dijo y, prácticamente, los echó, pero Harry pudo ver, por el rabillo del ojo, algo que no le gustó en absoluto. Sobre la mesa de Niaia estaban varias esferas en las cuáles, él sabía, se encerraba una profecía y, justo en la estantería de detrás, estaba, lo que él reconoció como, el pensadero de Dumbledore.

En cuanto salieron del despacho, le preguntaron a Sirius cómo era que estaba vivo, a lo que éste contestó:

- La "Dama Licántropa", Niaia, controla el velo negro, ¿no?- Sirius sonreía-. Por lo tanto, se podría decir que todo lo que hay en él le pertenece y puede hacer lo que le venga en gana con ello- esto lo dijo con un toque misterioso en su voz, mirando fugazmente a Remus-. Y, ya que soy el nuevo profesor de transformaciones, creo que tendrá que ponerme al día, ¿no, profesora McGonagall?

La directora asintió y llevó a Sirius a su antiguo despacho para ponerlo al día de sus responsabilidades y de lo que tenía que hacer.

Poco a poco, todos se fueron yendo, pero Harry estaba estático, tenía mucho que preguntarle a Niaia.

- ¿Nos vamos, Harry?- preguntó Ginny, que le esperaba junto con Ron y Hermione al final del pasillo para salir a los terrenos del castillo.

- Esperad un momento- dijo Harry. Se acercó a la puerta y llamó, pero no obtuvo respuesta, así que, entraron.

Harry echó un vistazo por el lugar antes de dirigirse a las esferas, donde pudo leer el nombre de Esther antes de que los dos fénixes taparan las esferas con cara de pocos amigos y no pudiera leer nada más. Luego, se dirigió al pensadero y unas llamas blancas y negras le cerraron el paso.

Harry, Ron, Hermione y Ginny vieron todos sus intentos por ver los nombres o coger el pensadero frustrados por Itán y Atán y se tuvieron que marchar, cansados, ya averiguarían algo sobre la "Dama Licántropa".

En los terrenos del castillo, sentados bajo la sombra cercana al lago, vieron a Niaia sobrevolar en su forma animaga las torres del castillo y luego dirigirse veloz al Bosque Prohibido.

Una hora después, llegó Sirius y se sentó junto a los chicos, que intentaron sonsacarle cómo había salido del velo, pero éste no les contestó, queriendo enterarse de todo lo que pasó el año anterior.

El sol comenzaba a ocultarse cuando Sirius se marchó de vuelta al castillo.

- Estoy feliz de estar de vuelta- dijo-, ahí dentro me encontraba muy solo, aunque el tiempo parece que pare allí. Yo no puedo deciros los secretos de Niaia, pero sólo os pido que confiéis en ella.