Hola! Muchísimas gracias a todos los que están dedicando una parte de su valioso tiempo a leer mi fic. La verdad significa una inmensidad para mí! Cualquier comentario siempre viene bien, de modo que si tienen algo que decirme, no duden en hacerlo!

Por cierto, creo que tengo que aclarar que algunos capítulos estarán narrados en tercera persona, como este por ejemplo.

Solo eso. Espero que les guste!

El hombre gritó de dolor un segundo antes de caer al suelo. El sonido del impacto contra la sucia y fría calle hizo un eco terrorífico en los oídos de Tori.

Tragó saliva. No sentía lastima, ni pena, ni siquiera un rastro de compasión. Solo alivio de no haber sido ella la que se encontrase en el piso. Y tampoco se avergonzó de ello.

El hombre gruñía de dolor y luego de unos instantes de estar retorciéndose, terminó por escupir sangre.

-¡El espectáculo se acabó, larganse!

Dejo escapar un suspiro de tranquilidad. Le había tocado la mala suerte de haberse encontrado parada junto al señor. Un solo paso más del guardia y ella hubiese sido la elegida para recibir la golpiza del martes por la mañana.

La fila comenzó a dispersarse, y ella no dudo en alejarse lo más rápido que pudo tanto del mercado, como de ese hombre malherido. Comenzó a caminar por los interminables pasillos de la ciudad, mientras se dirigía a su hogar. Saludo a un par de vendedores amigos que le conseguían mercancías a menor precio. Todo gracias al flamante trabajo de su madre. Sin embargo el hombre de barba blanca y ojos saltones la trataba de ladrona y delincuente. Él tenía un puesto de fruta en la esquina de la calle 42. No es como si ella fuese una mente criminal. Solo robaba cuando las cosas se ponían demasiado difíciles. Pero en ese momento ese no era el caso. En lo más mínimo. Aun así, al pasar por la calle 42 no dudo en esconder una manzana bajo su abrigo. Miro con desprecio al vendedor de barba blanca antes de seguir su camino. Por unos instantes deseo que él hubiese sido el hombre golpeado por los policías.

Dejo que sus pies avanzaran a toda velocidad, mientras descendía la empinada calle Wellington. Era empedrada, lo que dificultaba más caminar sin resbalarse. Pero luego de haber vivido toda su vida en aquel barrio, ella podría haberla bajado corriendo y con los ojos cerrados, sin siquiera tropezarse una sola vez. Al llegar al final dobló a la derecha. Sacó la manzana de su escondite, se quitó el barbijo molesto de su rostro, y le dio un buen mordisco a la brillante fruta. Era un hermoso día sin dudas. Claro, todos estaban en peligro de contagiarse una enfermedad mortal, pero eso ya era algo cotidiano.

Después de caminar una cuadra se detuvo frente a un dúplex antiguo. Hogar dulce hogar.

Mordió otra vez la manzana, y la sostuvo en su boca con un equilibrio digno de admiración, mientras hurgaba en sus prendas en busca de las llaves. Sin embargo su incursión a los sucios y desvencijados bolsillos de la campera, fue innecesaria, dado que la puerta se abrió delante de ella dejando al descubierto a su hermano con cara de dormido y aún con el pijama puesto.

-Hola.- Dijo entre bostezos el niño.

Tori tomó la manzana de su boca y le sonrió. De seguro Mike había aprovechado su ausencia para ir a dormir un rato más.

-¡Hola, y buenos días!

Entró a la casa sacudiéndole al pelo a su hermano menor, aun cuando este se encontraba totalmente despeinado.

Ella avanzó hasta la sala de estar y dejó caer su bolso en uno de los sillones. Junto a este, el barbijo.

-¿Me trajiste algo?

La chica sonrió sin siquiera ver al niño.

-Quizás…- Contestó juguetonamente.

Metió su mano dentro la mochila verde. Sus dedos se encontraron con un par de libros viejos, dinero, y lo que sería la cena de esa noche. Finalmente halló lo que estaba buscando.

Con una gran sonrisa la muchacha sacó una barra de chocolate en perfecto estado.

Los ojos del pequeño se iluminaron por completo, y de ellos se borró cualquier rastro que podía haber quedado de adormilamiento. Casi corriendo, se abalanzó hacia su hermana mayor, pero esta lo detuvo con una mirada severa.

-¿Reglas?

-Limpio los cuartos, me quedo en casa, no molesto mientras lees, o haces de comer y…. y…

-¿y?

-¡Oh! Y No me quedo hasta tarde leyendo comics.

-Falta algo.

-¿Falta algo? ¿Qué….?

-No le dices a mamá.- Finalizó la chica son una expresión cómplice mientras le daba el chocolate a su hermano.

-¡Gracias! ¡Gracias!

-Tan solo no dejes que la azúcar se te vaya al cerebro.

Con un asentimiento frenético de cabeza, el niño se fue a sentar a otro de los sofás que se encontraban en la sala.

-¿Algo nuevo?- Preguntó, como siempre lo hacía, curioso de saber las novedades del mundo exterior.

-No mucho….- Dijo ella mientras su hermano le daba un buen mordisco a la barra de chocolate.-Me pararon en una de las filas.

-¿Estas bien?-Preguntó obviamente alarmado por la declaración de su hermana.

-Si, tonto. ¿Estoy aquí, cierto? Pero estuvo cerca. Agarraron al hombre que estaba a mi lado, el sujeto se había robado una botella de licor, y un maldito paquete de cigarrillos. Era un auténtico idiota… si aunque sea hubiera sido comida. Pero no. El estúpido robó para seguirse intoxicando con esa basura.

-¿Y tú habías robado algo?

-Si, lo que estas comiendo.

El niño se detuvo a la mitad de un mordisco. Alejó la barra de sus dientes y la examino con un dejo de culpabilidad y miedo.

-Oye.- Tori se acercó a su hermano.-Cambia esa cara en este instante.

-Pe…pero. Si te hubieran atrapado a ti… solo por esto…

-Hey, basta.- La chica se arrodillo en el suelo y tomo la mano libre de su pequeño y adorable hermano menor.-Ya hablamos de esto. Las decisiones que yo tomo no te tienen que afectar. Tan solo disfruta de tu regalo y no pienses en lo que pudo haber pasado. Eso nunca sirve de nada. Créeme, es solo un callejón sin salida.

-Okey.

La joven sonrió dulcemente y le apretó fuertemente la mano a su hermano por unos segundos.

-Te quiero Michael.

-Yo también te quiero.

-Genial, entonces por favor ve a bañarte porque apestas.

El niño comenzó a reírse sin control. Cuando se logró tranquilizar le dio un buen mordisco a la barra, y con este la dio por finalizada. Le entregó la envoltura a su hermana y se paró para dirigirse al piso de arriba.

-Y Michael…- Prosiguió Tori mientras se dirigía al cesto más cercano con el objetivo de tirar el papel.- Cuando termines, no te atrevas a ponerte el pijama otra vez.

El niño pequeño gruñó obviamente fastidiado por el pedido de su hermana. Y con la cabeza gacha, comenzó a subir las escaleras.

Tori negó con la cabeza sin poder ocultar su sonrisa en los labios. Luego de haber arrojado a la basura el envoltorio se apoyó en el marco de la puerta, con una vista plena de la cocina.

-De acuerdo, aquí vamos.- Dijo en un suspiro mientras se ponía pensar que podía hacer para el almuerzo