Capítulo 2: La treta del rinoceronte
Un zorro y su hijo caminaban juntos y de la mano por las calles de la Plaza Sahara, el padre era un simpático empleado de limpia, portando un gastado y sucio uniforme verde, una camisa de manga corta y un pantalón de trabajo, botas negras, guantes blancos y una gorra verde; mientras que su hijo era un tierno zorrito que usaba un disfraz azul cielo de lo que parecía ser un rinoceronte, estaba destapado de la cabeza pero se podía ver una capucha con un cuerno que completaba su disfraz. Nick y Finnick llevaban años en el negocio de la estafa, y uno de sus grandes talentos era ser los maestros del disfraz y poder hacerse pasar por cualquier personaje sin problemas. Sin embargo, habían trabajado en su papel el resto de la tarde, pero parecía que no habían tenido un buen día.
—Viejo, esto apesta —dijo un Finnick irritado—. Normalmente tienes buenas ideas, pero hoy lo arruinaste.
—Calma Finnick, no hables en voz fuerte, o descubrirán que no eres mi lindo hijito —le respondió Nick intentando aparentar lo mejor posible—. No lo entiendo, hemos hecho la misma treta del basurero y su hijo pidiendo dinero por varios años, ni en los peores días no había ido tan mal.
—¿No lo has notado? La mayoría de los mamíferos que nos ha rechazado son presas y…
—Oh —lo interrumpió—. No pensé que mi lindo terroncito de azúcar fuera de los que discriminan a los demás por no ser depredadores.
—No me refiero a eso, tarado ¿Qué no has visto las noticias? Desde ayer hay mucho miedo y tensiones entre…
—Baja la voz chiquitín, en la casa de enfrente vive una acaudalada familia de rinocerontes, seguramente les encantará tu disfraz ¡Vamos, luego me cuentas del porque no te agradan las presas!
—¡Pero yo no…! Bah, está bien, pero que sea la última casa del día, la patas me están matando, debiste traer la carriola.
Nick y Finnick se acercaron a la entrada de una lujosa casa, de la cual salía una señora rinoceronte de una edad media, vestía ropa oscura que denotaban que poseía un status social elevado, parecía estar de malas y llevar algo de prisa, pero no era un reto que un locuaz zorro estafador no pudiera manejar.
—Buenas tardes señorita. —dijo Nick con una voz dulce para la ocasión mientras se quitaba la gorra y la veía con unos ojos suplicantes—. Disculpe la molestia, pero necesito su…
—Mira… zorro… —dijo despectivamente la rinoceronte—. No tengo tiempo para ti, y francamente no pienso darte ni un centavo, ponte a trabajar con los de tu especie a otro…
—Madame, si me diera tan sólo un minuto para explicarle, como puede ver yo ya tengo un empleo honesto como encargado del departamento de limpia… o bueno, al menos lo tenía hasta hace unos días. —Nick continuó contándole su historia con lo mejor que sus habilidades actorales le permitían mientras que seguía de cerca a la enorme mamífera—. Recortaron personal en mi departamento incluyéndome, y aunque estuve toda la mañana buscando empleo, nadie quiso darme una oportunidad hoy...
—No me sorprendería de un depredador tan vil como tú ¿Acabaste? Porque se me hace tarde para el salón…
—Ya casi, señora, err, señorita. —Nick sentía el desprecio, pero aunque estaba acostumbrado, particularmente hoy le costaba trabajo ser amable y sonar convincente—. Emmm, como le decía, no quisiera aprovecharme de su buena voluntad, pero no me han pagado mi liquidación y mi familia necesita comer y ni mi esposa ni yo tenemos con qué alimentar a nuestros hijos, por eso le pido, le suplico, que si por favor fuera tan amable de compartir un poco de su generosidad con nosotros, una moneda o un billete, de cualquier denominación, nos sería muy, pero muy útil.
—¡Mira zorro, en verdad no me inte..!
—Papí, tengo hambre… —una linda y tierna voz de niño salió de la boca de un pequeño zorro—. ¿Papi, papi, podemos irnos a casa ya? ¡Tengo mucha hambre!
—Oh pequeñín, espérame un segundo, papi está hablando con esta dulce señorita. —le respondió el supuesto padre mientras le daba un palmadita en la cabeza del zorrito—. Mire, el es el más joven de mis hijos, y curiosamente él admira a los rinocerontes, de hecho, él quiere ser uno cuando crezca, muéstrales tu lindo disfraz, tesoro.
Finnick se colocó rápidamente la capucha con la que su disfraz de rinoceronte lucía mejor, y muy alegra alzó los brazos.
—¡Ta dah!
—Apártense de mi vista… ¡Ya!
—Ahhhh
—¡Argh!
La Rinoceronte se abalanzó bruscamente entre los dos, empujando a Nick y derribando a Finnick unos centímetros atrás, muchos mamíferos que estaban cerca voltearon a ver la escena, ambos zorros no se esperaban dicha reacción mientras que la mujer rinoceronte los veía con desprecio y sin compadecerse por lo que había hecho.
—¿Creen que es muy divertido ver como un asqueroso depredador se burla de mi especie usando un ridículo disfraz? ¡En especial un mugroso zorro! ¡Hummm! —la mujer se dio la vuelta y se alejó.
—¡Finnick! ¿Estás bien?
—Feh, estoy bien Nick, no soy un bebé, sólo me torcí la patita, es todo ¡ay!
—¿¡Cuál es su problema!? —Nick le gritó furioso mientras que Finnick y la gente alrededor se le quedó viendo extrañados—. ¡Esa no es forma de tratar a un niño! Un simple 'no' hubiera bastado…
La rinoceronte se volteó para responderle a Nick.
—No tengo porque responderle a un mugroso depredador, deberían ponerle bozal a todos para que aprendan a comportarse...
—¡Nick! Olvidala, no vale la pena… ¡Nick!
Nicholas P. Wilde es un profesional y puede soportar varios tipos de insultos y palabras fuertes, pero como cualquier otro mamífero, hasta él tiene límites. Esa había sido la gota que derramó el vaso, Nick arrojó su gorro al suelo y no dudó en encarar a la rinoceronte.
—¿Perdón? ¿Qué fue lo que dijo? —preguntó Nick, sin contenerse.
—Lo que oíste zorro… ahora lárgate de aquí antes de que llame a la policía para que te ponga un bozal, si es que no te aplasto antes.
—Hágalo, pero yo no he hecho nada malo, lo único que veo aquí es una bruja gorda que intentó lastimar a una especie pequeña, con amenazas verbales y con comentarios discriminatorios, son crímenes que en Zootopia se castigan con al menos de 3 días hasta medio año de cárcel, abuela.
—¿Cómo me llamaste, zorro inmundo?
—Ay perdón, en realidad quise decir... —Nick respondió con una voz cínica—. ¡Anciana! —Gritó el zorro descaradamente y a todo pulmón.
—¡Se acabó, voy a hacer lo que la policía no se atreve! A darle una lección a basura depredadora como tu…!
—¡Suficiente!
Una señora elefante se puso en medio de los dos, evitando que la rinoceronte o Nick se movieran. La mujer elefante tenía un vestido blanco con flores rojas y un sombrero pequeño del mismo estilo, portando unas diminutas gafas rosas y con un pequeño bolso color salmón entre sus patas delanteras, la mujer paquidermo se acomodó quedando enfrente de la otra mamífera de gran tamaño y dándole la espalda al zorro.
—¡Quítate de mi camino maldit… ¿Susan?
La mamífera de un cuerno de calló de golpe al reconocer a la mamífera de doble colmillo.
—Qué vergüenza Beatrice, después de tantos años de conocerte, jamás pensé que fueras esa clase de mamífero. —comentó indignada mientras se acomodaba las gafas—. El Sr. Zorro tiene razón, otros animales y yo vimos lo sucedido y podríamos atestiguar en tu contra si viene la policía, así que antes de que las cosas empeoren, por favor, deja a este pobre padre y vete.
—Pero amiga, yo…
—¡Vete! Discutiremos esto mañana en mi oficina.
La rinoceronte se fue muy asustada y avergonzada lejos de la escena, a la vez que los mamíferos de alrededor comenzaron a dispersarse. Finnick se acercó corriendo a Nick.
—¡Nick! ¡Muchacho tonto! ¿En qué estabas? Emmm… —Finnick notó que la elefanta estaba cerca y cambió su voz a la de un niño—. Es decir, papá ¿estás bien? ¡Quiero ir a casa! ¡Buaaahaha!
El pequeño zorro abrazó a su supuesto padre con mucho afán.
—Oh Finnick, que lindo, pero relájate, ella ya lo sabe ¿acaso ya te olvidaste de Susan?
—¿Ah, en serio? —dijo el pequeño mamífero con su voz grave, soltó a Nick, lo empujó y luego se dirigió a la mujer—. ¡Susan! Lamento no haberte reconocido, pero yo…
—Ay, muchachos, no han cambiado en nada, otra vez tengo que salvarles el pellejo de sus tretas mal logradas, como cuando eran niños.
Finnick vio molesto a Susan.
—Bueno, cuando Nicky era niño, no tú; perdón Finny, sabes a lo que me refiero. —se disculpó mientras acariciaba la cabeza del zorro del desierto—. Muchachos, les he dicho muchas veces que deben dejar este negocio, aún son muy jóvenes y talentosos, pueden trabajar en lo que sea.
—Sí Sus, ya nos lo habías dicho antes. —dijo Nick con sinceridad—. Pero esto lo único que unos… zorros inmundos y asquerosos depredadores como nosotros podemos aspirar.
—Nicky… no dejes que te afecte lo que dijo esa bruja…
—¿Afectarme? ¡Feh! Para nada Sus, ya estoy acostumbrado, nos lo dicen todo el tiempo. Pero respecto a lo que dijiste, no es que la treta haya salido mal, normalmente nos va mejor, pero hoy fue un mal… mal… muy mal… día.
Finnick se quedó viendo muy pensativo a Nick, mientras que la elefante tomó su bolso y sacó unos papeles del mismo.
—Sus, en serio, no voy a aceptar dinero de ti, no estamos tan necesitados, mañana nos recuperaremos sin…
—Habla por ti, súper papá. —lo interrumpió Finnick—. Yo si tengo bocas que alimentar.
—Chicos no peleen, claro que no les voy a dar dinero, trabajen y ganenselo, par de flojos… jojo, no, pero en serio, tomen estas tarjetas
—¿Y esto? —cuestionó el zorro más chico mientras que el otro leía las hojas con cuidado.
—¿Nos ofreces trabajo, Sus?
—Sé que no es un trabajo tan interesante o tan bien remunerado como el suyo, pero es honesto y muy seguro, sobre todo en estos tiempos, no quiero asustarlos, pero la rinoceronte malhumorada no es la única presa que discrimina en esta ciudad, presiento que se acercan tiempo difíciles; y por lo que se ve en las noticias, un conflicto grande se acerca a Zootopia, y hoy, más que nunca necesito de mamíferos de todo tipo, incluyendo un par de depredadores con sus talentos.
—No sé a qué te refieres Sus, y agradezco de todo corazón tu tentadora oferta, pero, no estamos interesados. —Nick le extendió la tarjeta a Susan— ¿verdad Finni…?
—Consérvala Nicky, y tu igual Finny. No espero que acepten inmediatamente, pero sí que lo piensen con calma. Si cambian de opinión, ya saben dónde encontrarme. Adiós chicos, fue un placer volverlos a ver, esperemos que la próxima, sea en mejores circunstancias.
—Adiós Sus… Susan, y gracias por todo. —respondió Nick mientras se despedía.
—¿Qué, me van a dejar con los brazos abiertos? ¿o es que estos zorros ya son muy grandes para abrazar a la vieja Susan?
Finnick y Nick no dudaron en darle un fuerte y afectuoso abrazo a la elefante. Sin más que decir, se separaron y la enorme mamífera se alejó de ellos caminando. Nick, recogió su gorro mientras que Finnick se quedó viendo la tarjeta que Susan le había dado.
—Vaya, de no ser por Susan, este día hubiera sido un bodrio, bien, oficialmente acabó el día… y tengo una sed enorme, hey súper papá, ¿quieres ir con Joe's por unos tragos?
—¿Unos tragos dices? ¿Desde cuándo mi pequeño retoño se volvió tan generoso?
—Vamos Nick, hoy fue un día difícil, además, el viejo Joe me debe una ronda, así que hoy yo invito ¿Qué dices?
—Meh, no tengo muchas ganas de salir… pero si tú invitas ¿Por qué no?
