Ay ay, atrasada con los rews. Pero cualquier duda o asunto a tratar, pueden mandarme un mensaje personal :).
Saludos y besos.
Severus Snape, el hombre más difícil de divertir. Eso había escrito Hermione en su libro de pociones, mientras intentaba hacer los deberes. Con una sonrisa sarcástica, se imaginaba los chistes crueles que en su haber, Snape tenía para decirle. Claro que se divertía, pero maliciosamente. Nadie seguramente, había podido sacarle una sonrisa real. Seguramente incluso, el propio Albus Dumbledore.
Podía ir y preguntarle qué podía hacer, pero lejos de ser estúpido y poco probable que él decidiera responderle, sería una crítica contra la clase de "jueguitos" que ella estaba aceptando de parte de los gemelos.
Sí, ella era la única que les hacía caso. Nadie sano, cuerdo, podría hacerles caso. Y ella tenía que llamarse: Hermione Granger.
La señorita: Yo puedo con todo.
Mientras pensaba, Ginny cerraba la puerta y la observaba con un gesto desaprobatorio, que Hermione trataba de ignorar. Con una sonrisa irónica dibujada en sus labios delgados, se lanzó a la cama y continuó mirándola con poca simpatía.
— ¿Y cómo se supone que harás reír al profesor Snape, segun tu, en primer lugar?
— Pues no lo sé, Gin. Aún no comprendo cómo es que ese hombre no se ha reído con nada de lo que me ha pasado, o he hecho.
— Es que no sabes aún, que el profesor Snape no tiene sentimientos. ¿O es que ya no te resulta obvio? ¡Por dios! Es como un inferi. Una especie de robot, como dicen los muggles. No va a reírse de nada, aunque camines con comida en tu cabeza o caminaras utilizando algún disfraz ridículo. Incluso si jugaras al Quiddicth. Dudo que él se quisiera reír de...
¡Eso era!
— Eso es. Voy a jugar al Quiddicth. Eso le hará tanta gracia, que se reirá a carcajadas y entonces, no podrá negarse de que se rió. De que yo gané y ¡eureka!
No lo decía con esa intención, pero bueno.
Así era Hermione.
— Yo también me reiría, si me dijeras eso de la noche a la mañana. Pero sin embargo, podrías lastimarte y terminar gravemente herida. O peor aún. Podrías terminar muerta.
Hermione la ignoró y se bajó de la cama. Iba a necesitar un par de libros para estudiar las reglas básicas. Ya las sabía a plenitud y sin embargo, creía que aún había tácticas y estrategias que debía conocer. tenía que ser tan buena como Harry. O algo así. O quizá ser muy torpe para que Snape se pudiera reír de ella.
Como fuera, Ginny no lo creía ideal.
— ¡Harry!— dijo al bajar las escaleras, llevándose las manos a las rodillas. Exhausta.— enséñame sobre el Quiddicth.
Harry la miró sorprendido, mientras Hermione en cambio, se veía decidida. Asintió en silencio, aunque con una ceja arqueada. Al tiempo que se iban camino a la biblioteca, sostenido por una de sus manos, tuvo que preguntar su repentina fascinación por el deporte.
— Necesito aprender, porque recién he descubierto que me encantaría participar. Que debería hacer algo más que estudiar.
Sí. Algo estaba mal con su mejor amiga. Asintió una vez más y se sentó a su lado, mientras ella miraba la vasta colección de libros sobre Quiddicth, que había dentro de la biblioteca. Se preguntaba si Harry ya se sabía todos y cada uno de ellos.
Y entonces recordó; que Harry no leía.
No mucho.
De pronto, el rumor de que iría al campo para un entrenamiento, había comenzado a difundirse por todas partes. La cuestión de: "ella dijo que yo le oí decir..." Que ni siquiera tenía sentido alguno, esa expresión. Hermione sostenía su escoba entre sus manos, fuertemente, temiendo que terminaría cayéndose y al final de cuentas, tendría ese destino funesto que Ginny le estaba augurando.
Incluso Ron había ido para ver aquello.
Tenía que ser un chiste. Y todos se reían de ella. Con el largo uniforme que tenía puesto. Todo le colgaba.
— Lo siento. No hay tallas menores. A menos que Ginny te preste el suyo y además de ello, su equipo de protección.
Le quedaba enorme. Tenían razón. No la iba a proteger. La iba a matar de seguro.
Pero necesitaba hacerlo.
