3.

Después de que desaparecieran por la puerta, Hermione se dejó caer de nuevo al sofá, al lado de Draco. Estaba un poco cansada pero le apetecía estar allí, con sus nuevos compañeros. De charla.

—Bueno, yo me voy a la cama. Que descanséis. - se despidió Pansy con un guiño amistoso.

—Igualmente – contestaron los dos al unísono. La morena los miró divertidos.

—Yo también me voy.- dijo Theodore escabulléndose tras la puerta de su habitación.

Quedándose así los dos solos. En silencio.

Hermione se recostó al lado contrario de él, apoyando la cabeza y con medio cuerpo sobresaliendo del sofá. Respiró hondo y profundo. Cerró los ojos para relajarse un rato. Aunque no tuviera confianza con el rubio, sabía que podía estar todo el tiempo que quisieran en silencio, sin que ninguno de los dos tuviera que sentirse incómodo.

Cuando abrió los ojos notó un peso encima de ella, que antes no estaba. Cuando se dio cuenta quien se hallaba sobre ella, no pudo evitar sobresaltarse un poco, sacando un gruñido por parte de Draco Malfoy.

Se fijó en su rostro, sereno pero tranquilo. Tuvo la tentación de rozarle su afilada barbilla. O meterle los dedos entre el pelo alborotado. Se mordió el labio inferior para reprimir sus inesperados deseos.

" —¿Pero ...y tu lógica Hermione? - le decía una vocecilla en su cabeza. ¿Y Ron? ¿Has pensado en él?

¿Pero quién dice que piense de la misma manera? Se preguntó mentalmente.

Se te ve en cómo le miras...

¿Pero qué dices?, por favor sal de mi cabeza- se decía a sí misma. "

Volvió a poner toda su atención al chico rubio y sin poder evitarlo más dejó que sus dedos avanzaran por su cara, sin su consentimiento, recorriendo su frente, bajando por los ojos, rozando su nariz y bajó hasta los labios. Acariciándolos suavemente y con mucha delicadeza. Sus latidos eran desbocados. Sintiendo un cosquilleo en el estómago.

Eso le recordó cuando sitió la misma sensación con Ron, en tercer curso. Hacía mucho tiempo que no sentía esa calidez en su cuerpo, concentrándose en un solo lugar. Y eso la preocupaba de sobre manera. Luego subió sus dedos para enredarlo en su cabello, lentamente y con ternura. La castaña se sentía extrañadamente bien. Y eso en el fondo la atormentaba.

Draco, que desde que había notado los dedos de Hermione por su boca, estaba despierto e inmóvil como una roca. Le había despertado el suave contacto de unos dedos, y acordándose muy bien de con quien se encontraba, se relajó todo lo que pudo.

Se reprendía el haberse quedado dormido sobre ella, pero después de un rato y que ella le siguiera acariciando no le importaba para nada que le tocara, que le rozara. Intentando recordar quien más le había acariciado así, no encontraba a nadie en sus recuerdos.

Con tanta ternura como lo estaba haciendo, y también escuchaba su respiración acelerada y los latidos de su corazón. Se dejó hacer hasta quedarse otra vez dormido. Hacía mucho tiempo que no dormía en condiciones. La paz que siempre le había trasmitido su madre, ahora lo hacía otra persona completamente diferente. Inesperada. Hermione Granger.

Hermione se volvió a quedar dormida también, acariciando al chico rubio que posaba sobre ella. Cuando volvió a despertar decidió levantarse con cuidado, no podía quedarse otra vez dormida en el sofá, sino al día siguiente traería consecuencias.

—Draco...- susurró las castaña en voz baja.

—Mmmm...

—Draco, despierta. Es muy tarde.

—Si, si, ya voy...

—Venga, vamos... - le decía la castaña como si fuera un niño pequeño.

—Me has llamado Draco, ¿lo sabes? - le susurró el chico rubio con una sonrisa escondida bajo los labios.

—Si, Draco. Vete a dormir. - le plantó en frente de su puerta, abriéndosela para que entrara. Se fijó en aquellos ojos grises. Esos ojos que le gustaría poder leer y ver a través de ellos.

Él le sostenía la mirada, ya despierto del todo. Ella alzó su mano, por acto reflejo, hacia su mejilla, inconscientemente.

Cuando se dio cuenta de lo que hizo le miró a los ojos fijamente, mientras el rubio le mantenía la mirada. Notando como su corazón se le iba a salir del pecho, cerró los ojos y avergonzada se fue con la cabeza gacha a su habitación.

Draco sin pensarlo dos veces se acercó a ella por detrás y le susurró al oído, agarrándola por la cintura. :

—No quiero que te vayas sin mirarme Hermione – sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo, escuchando como ese nombre salía de su boca. Y la castaña palideció al escucharlo también salir de sus labios. Sonando como el cantar de los pájaros.

Se volvió para mirarle. Encontrándose con sus ojos, con una mirada indescifrable. Le gustaría saber qué pensaba el chico, si se había sentido como ella. "Ha dicho mi nombre"- pensaba Hermione. Como una cosa tan insignificante podría perturbarla tanto. Y sobre todo pensaba en lo bien que había sonado de sus labios. No sabía qué hacer, ni qué decir. Seguía callada.

Draco llevó sus dedos hacia la mejilla de la chica, con una pequeña caricia. Pudo sentir como la castaña se tensaba y adquirían color sus mejillas. Sosteniéndole la mirada, intentado leerse el uno a través del otro.

—Buenas noches. Que descanses Draco – se despidió la castaña, y le dio un pequeño beso en la mejilla, rozándola a penas. Draco se quedó quieto como si fuera un muro de cemento, petrificado ante aquel gesto, que en un principio pensó que le iba a molestar.

Nadie nunca antes había hecho eso. Salvo su madre. En cambio le agradó como nunca antes podía haber creído.

—Igualmente Hermione- Se despidió con una tímida sonrisa.

[…]