Nunca se me ocurrió pensar que el fic no era muy visto porque es malo. Ahora me cuestiono eso ciertamente. Pero de igual manera supongo (espero) que si hubo gente que llevo al capítulo dos, al menos les gustó tantito. Así que sin más que decir dejo el capítulo.

¿Advertencia, mención de abuso?


Arthur Kirkland era un vendedor de drogas de poca monta, nunca había sido especialmente bueno en los negocios debido a su actitud bastante de mierda. Ni siquiera tenía muchos amigos, uno de los pocos había sido Lukas con el cual compartía ciertos gustos. Él le proporcionaba un poco de mercancía y a cambio el noruego le hacía ciertos favores, como robarle algo especifico a alguien solo por el puro de gusto de verlo enfadado. Por eso cuando Lukas había desaparecido del mercado de un día a otro comenzó a buscarlo, no creí los rumores absurdos de que había enloquecido y había tratado de asaltar un banco, armado con una pistola, así no era Lukas, él era más bien un sujeto tranquilo. Así que tras rendirse en su búsqueda nunca espero recibir una llamada suya.

—¡Lukas! —El noruego se escondía en el closet, con la respiración acelerada. Podía escuchar la molestia del danés a kilómetros de distancia. Se sentía terrible de hacerle eso, pero era un impulso que no podía controlar muy bien. En medio de la noche se había despertado horrorizado, en medio de su pesadilla se había agregado un nuevo elemento, esta vez no era una persona cualquiera la que le arrebataba a su hermano, había sido Mathias, que sonreía burlonamente hacía él. Fue en eso cuando un pensamiento oscuro se implanto en su mente, nadie que él conociera sabía dónde estaba, únicamente conocidos del danés; ¿Y si…? Fue ahí cuando había decidió actuar. El celular que sujetaba en sus manos vibro cuando la persona del otro lado contesto.

—¿Bueno? —Se oyó. Tragó saliva, debía hablar bajo sino quería ser descubierto.

—Arthur… soy yo… —Puso una mano sobre su boca al escuchar los pasos afuera de la habitación.

—¿Lukas? —Se quedó en silencio y con su mano libre aplasto el celular contra si esperando anular el sonido. Aun así de oía, ya que del otro lado de la línea comenzaban a preocuparse, no era normal recibir una llamada de un sujeto que llevaba más de un año desaparecido, en medio de la noche y justo después de que el otro hablara oír que contenía la respiración como si se estuviera ocultando— Oye ¡¿Qué está pasando?! ¡LUKAS!

—Hey… —La cabeza de Mathias se asomó, el noruego hizo una exclamación, y trato de esconderse más, fuera del alcance del otro. Al ver esto al mayor se le rompió el corazón, el sujeto tembloroso en el rincón parecía un animal aterrado. ¿Por qué habría pasado aquel muchacho para mantener esa expresión? Con delicadeza extendió su mano hasta él.— No voy a hacerte daño.

—¡Dios mío! ¡¿Qué está pasando?! ¡Lukas, contesta! ¿De quién esa voz? —Se escuchó resonar por toda la habitación. Al acercarse más el noruego dejo caer el teléfono, este lo recogió y se lo puso en el oído.

—¿Quién habla?

—¡Es lo que tu deberías contestarme, maldito! ¿Quién eres y que le haces a mi amigo? —La ira era palpable, Mathias miro desconcertado a Lukas que se mantenía en su posición, temblando. Notó que sus ojos miraban al vacío, en realidad no parecían estar enfocándolo a él, sino a algo más allá de él.

—¿Dijiste amigo?

—Yo… —Arthur estaba completamente incrédulo. No entendía nada. Su amigo le hablaba después de tanto tiempo, para darle a entender que estaba en un lugar extraño con una persona extraña.— ¡¿quién te crees que eres?!

—Creo que Lukas tiene un ataque de pánico o algo así, quiero ayudarlo, pero parece que al acercarme se pone peor. —Ante su preocupación ignoró todo el desprecio de la otra persona.

—¿Pánico?... —En todo el tiempo que llevaba conociendo al noruego, Kirkland sabía que a veces llegaba a confundir la realidad con sus alucinaciones, pero eso solo le había pasado un par de veces en su presencia y siempre había sido Emil el hermano menor de Lukas el que había venido a su rescate— llama a su hermano.

—No puedo hacer eso —Contesto rápidamente.

—¡¿Qué?! ¿Por qué no?

—No tengo su número —Ni Arthur tampoco, de hecho desconocía el paradero del menor de los Bondevik.

—Bueno has algo. ¿Hola?

Mathias cortó la conexión. Se acercó lentamente, y aunque sabía qué tal vez no era una excelente idea, tomó al otro del rostro, obligándolo a voltear directamente hacia él.

—No voy a hacerte daño… A ti ni a nadie. —Esa frase, más el contacto pareció traer se regresó al noruego del lugar en donde se encontraba.

—Tengo que irme —Fue lo primero que dijo. Después se levanto y se fue. Tan rápido que al danés no le dio tiempo de detenerlo.

Lukas, corrió una vez estuvo fuera del departamento, agradeciendo que este estuviera en el primer piso, de no ser así seguramente se habría caído por las escaleras. Estaba enojado y se sentía estúpido, un mal sueño lo había llevado de nuevo hasta el límite. Dentro de esa habitación los recuerdos del abuso y el maltrato se habían presentado, quemándole el cuerpo a fuego vivo, justo en donde ahora yacían cicatrices. Recordaba todas las noches, en donde tomaba a Emil y lo subía arriba de aquel closet, diciéndole que se escondiera. Todo eso antes de escapar, de dejar atrás ese terrible lugar. Después de muchos años había olvidado el rostro de ese sujeto, y esperaba nunca recordarlo nunca.

Llegó a las calles más solitarias de la ciudad donde en los callejones se asomaban personas que nunca te querrías encontrar. Dio la vuelta en un callejón específico, ahí Arthur miraba alternadamente su teléfono y el cielo.

—¿Estás drogado o algo así? —Una mueca tirándole a sonrisa estaba plasmada en su rostro.

—No, pero no es mala idea, maldito enfermo. —Le dijo el inglés, mientras lo saludaba.— ¿Dónde demonios te habías metido?

—Prisión —contestó mientras, hurgaba entre las cosas del otro en busca de un cigarro.

—¿Entonces es cierto? —decía mientras mascaba un poco su cigarro, el cual había dejado consumir casi hasta la mitad al recibir la llamada. Por otra parte el noruego sacaba victorioso el encendedor.

—No sé qué te habrán contado. Pero digamos que estaba desesperado.

Siguieron conversando bajo la luz de la luna, llenando de humo el cielo sobre sus cabezas.

—¿En serio, con un policía? —Se burlaban.

—El traficante de armas de fuego más reconocido, se retira, porque se enamoró de un policía —Decía Arthur, mientras movía la mano como imaginándose un espectacular.

—¿Hola…? —Una voz sonó de entre las sombras, poniendo a ambos hombres en guardia, el inglés ya con la mano fuertemente agarrada del cuchillo que llevaba en sus bolsillos.

—¿Qué haces aquí? —Mathias presentaba un aspecto cansado. Apenas parecía poderse mantener de pie, sin embargo ahí estaba, en medio de uno de los barrios más peligrosos, con un pinta que desencajaba completamente en ese lugar.

—Tú… te llevaste mi teléfono. —Lukas quería golpearse, claro, el teléfono, esas cosas tiene GPS y toda la onda. Busco entre sus bolsillos hasta encontrar el dichoso aparato.

—Tómalo y vete. —Le espetó.

—Ven conmigo —Era de nuevo la misma proposición.

—No

El noruego sabía que eso era lo correcto que en realidad nunca debió aceptar, que ese mundo al que pertenecía el danés. Que su lugar en el mundo era ahí, entre la gente que hacía lo que fuera para sobrevivir o para joder. Donde nada era fácil, al menos que tú lo hicieras de esa manera.

Más Mathias no desistió, se acercó rápidamente a Lukas y lo abrazó. Para todo ser humano esa era una acción extremadamente normal, para el menor de los tres era algo que no había recibido desde hacía casi un año.

—No tienes que seguir con esto… No es lo que tu hermano hubiera querido—Susurró, necesitaba hacerle entender que podía dejar ese mundo atrás, que todas las personas tenían segundas oportunidades. Y que sobre todo, o estaba solo en esto, que él lo ayudaría sin importar nada. Al fin y al cabo lo había prometido.

—Deberían irse. —Arthur miraba la escena, jugueteaba con el cuchillo que había sacado cuando el danés se abalanzó sobre el noruego, temiendo lo peor. Conocía a Lukas mejor que nadie, y sabía lo necio que podía llegar a ser; le parecía impresionante que se viera tan recio a cambiar esa vida que tenía, a la vez le daba cierta envidia y coraje, el tenía en frente la puerta que lo libraría de las persecuciones, las noches sin dormir, el constante voltear detrás de uno, el miedo constante a que ese podía ser siempre el último día… Todo eso borrado en un instante y el idiota ese se resistía. —Tú ya no perteneces aquí, Lukas.

El noruego lo miró incrédulo, separándose de la persona que lo abrazaba. ¿Había escuchado bien?, la mirada el inglés era seria, tenía la determinación plasma en el rostro. Vete parecía decir con toda su expresión. La única razón por la que Lukas había estado haciendo lo que hacía era por el dinero, con un trabajo regular nunca le habría alcanzado para los altos costos del hospital ni las medicinas. Ahora ya no tenía razón para seguir… con ese pensamiento se desvaneció, su cuerpo por primera vez en mucho tiempo se relajo.

En medio de la noche, Arhtur aceptó lo inevitable. Estaba seguro que esa sería la última vez que vería al otro. No le molestaba en absoluto que su última imagen de él, fuera con esa cara tan pacifica, sostenido por aquel extraño con cara de preocupación. Lukas se merecía ser feliz.

Mathias no había mentido al decir que en unos días estaría recuperado. En su vida, Lukas había conocido a una persona tan energética y feliz como lo era él, se levantaba temprano y si le apetecía llenaba el departamento de música, con la cual cantaba y bailaba mientras estaba haciendo otras cosas como el desayuno, después de eso arrastraba al noruego por la ciudad yendo a los lugares más extraños que esta podía presentar. Pasaron los meses, ambos entraron en una rutina mañanera para luego salir, al regresar se ponían a ver una película o algo hasta que el reloj marcaba más allá de las doce y se iban a dormir. Lukas no la pasaba especialmente bien en esos momentos, el danés era demasiado, le encantaban los lugares ruidosos y era demasiado afectuosos, así que varias veces el noruego terminaba muy molesto con él, se arrepentía al menos una vez al día de haber aceptado el ir a vivir ahí y eso comenzó a manifestarse con comentarios contrates y miradas frías, ni es como que a Mathias eso le afectará. A la vez, el noruego nunca se había sentido tan vivo, a pesar de todo lo mano que podía ver en el otro hombre existía esa cosa que simplemente lo fascinaba y evitaba que se largara de ahí inmediatamente, no sabía exactamente que era, pero era como si Mathias fuera un gran sol irradiando felicidad y armonía y Lukas una pequeña luna que había quedado atrapada por su gravedad irresistible. Además, tras el evento del desmayo en medio callejón, extrañamente, las pesadillas de Lukas habían desaparecido, como si usar toda su energía le impidiera soñar. Todo parecía estar perfectamente.

Mathias se había levantado con energía como siempre, estaba a punto de encender el reproductor de música cuando lo sintió, el mareo, las cosas frente a él comenzaron a desdibujarse, en un instante estuvo en el suelo. Fue ahí donde el noruego lo encontró al despertarse extrañado de la quietud del lugar.

—¡Mathias! —corrió a su encuentro, el danés yacía inconsciente, empezó a sacudirlo tratando de que reaccionara. Posó una mano sobre su frente estaba muy caliente— Estas ardiendo.

—Je gracias… —A Lukas se le tornó la cara roja por el comentario, no terminaba de acostumbrarse a ese lado del otro, tan afectuoso y a veces sugestivo.

—Esto es serio— Eso sí, detestaba ese lado infantil y despreocupado del otro, se tomaba a veces las cosas demasiado a la ligera.

Tras ayudar al danés a recostarse, Lukas fue a la cocina por un trapo y agua fría. En la mesa había dinero, otra de las cosas que no podía soportar era como el otro era descuidado con el dinero. Posó su mano sobre los billetes, decidió que mejor iba a comprar medicamento a la farmacia, que sería más rápido. Ni siquiera se molestó en avisarle, seguro de que estaba durmiendo. Con lo que no contaba era que sus pasos lo llevaran directo al callejón.

No entendía que hacía parado a media calle, el no se dirigía hacía ahí en primer lugar.

—¿Qué mierda haces aquí? —Resonó una voz a sus espaldas.

—Yo… —Comenzó a explicar, pero Arthur se fijo en la suntuosa cantidad de dinero que llevaba en la mano.

—¿De dónde has sacado eso? —Le espetó encabronado.

—Esto…

—¡¿Lo robaste?! ¡Demonios Lukas! ¿Lo hiciste? ¿Le robaste?

El noruego no pudo articular palabra, miro el dinero en su mano, no había dicho a donde iba, ni siquiera había pedido prestado el dinero, simplemente lo había tomado y había salido por la puerta principal. Lo peor no era eso, sino que por alguna razón que desconocía había terminado en ese lugar. Había sido descubierto con dinero ajeno en un callejón de ladrones. La situación hablaba por sí sola.

—Yo no quería…

—¡¿Es que acaso no lo entiendes?! ¡Ese sujeto se preocupa por ti para que le andes haciendo estas pendejadas! No se merece esto.

—No hables como si supieras de esto

—Si lo digo por experiencia maldita sea —Todavía podía recordar a aquel muchacho de brillante sonrisa, su cabellos rubio, la exacta forma de sus lentes. También como se había puesto pálida su piel, como la mascarilla de oxígeno no dejaba distinguir bien los rasgos de su boca.— No lo arrastres a nuestro mundo. Déjalo arrastrarte al suyo, aunque tengas miedo, es lo mejor.

No dijeron nada más, Arthur demasiado ensimismado con los recuerdos del pasado y Lukas viendo el sufrimiento silencioso de su amigo. Nunca se había enterado de que algo así le hubiera pasado al otro, se preguntaba qué tanto de había perdido en ese año. Sin pensarlo más dio media vuelta, comenzó a alejarse lentamente. Todavía tenía que pasar a la farmacia.

Mientras tanto, Berwarld se dirigía al departamento de su hermano. No podía estar tranquilo sabiendo que un criminal vivía con él. Tocó una vez y esperó, al no haber respuesta tocó de nuevo más insistentemente. Comenzó a asustarse, sacó la llave de repuesto que tenía y abrió la puerta, sabía que su hermano era un insensato pero al menos pensó que le llamaría.

—Oh lo siento ¿Te asusté? —Mathias con la cara roja por la fiebre, estaba justo en frente de la puerta, a punto de abrirla.

—Tienes fiebre —Fue lo único que le dijo el otro antes de arrastrarlo de nuevo hacía la cama. Comenzó a pasar sobre su frente las compresas de agua fría.

—¿A qué has venido? —Preguntó el enfermo mientras veía el techo fijamente, tratando de ignorar la incomodidad de la toalla sobre su cabeza.

—¿Dónde está Lukas? —No le daba buena espina que su hermano estuviera enfermo y el otro desaparecido. Había buscado usando uno que otro recurso al tal Lukas, encontrando que había sido arrestado por un intento de robo a mano armada, día atrás había tratado de persuadir al danés para que no dejara vivir a un sujeto así con él. Pero había sido inútil, Mathias le había asegurado que él sujeto estaba reformado y que definitivamente no volvería a hacer algo así.

—No tengo idea —Dijo sonriente, el menor de los dos, hacía esfuerzos inhumanos para no estrangular a su hermano en esos momentos.

—Voy a comprar medicina.

—Toma el dinero que está en la mesa.

Y ahí surgió el problema, cuando el sueco se acercó a la dichosa mesa se dio cuenta de que estaba vacía. Pensó qué tal vez Mathias hubiera alucinado dejar el dinero ahí debido a la fiebre, pero lo conocía demasiado bien para eso, el idiota de su hermano siempre dejaba el dinero notado por todas partes, fácilmente visible. Dio varias vueltas por la habitación, sin encontrar nada. Ató cabos rápidamente, sin remordimiento le dijo al otro.

—Te ha robado. —Estaba enojado consigo mismo por no haber sido más insistente, por no haberse impuesto, por haber dejado a un ladrón entrar en esa casa.

La puerta de la entrada se abrió, Mathias reprimió con la mirada a su hermano, peor era demasiado tarde, Lukas había logrado escuchar lo que el otro había dicho. Un ligero dolor se asentó en su pecho.

—Bienvenido —Esbozó ja gran sonrisa al ver al noruego parado en la puerta de su habitación con una bolsa con medicinas en la mano, a la vez miró a su hermano con cara de "Te lo dije"— Berwarld solo pasaba para decir que si el viernes quieres ir a comer con él y su prometido. —De nuevo el sueco ostentó la mirada de resignación, detestaba un poco que el danés supiera su horario tan perfectamente, sabía que justo ese viernes lo tenía libre, por lo cual no podría poner ninguna excusa a la ocurrencia.

—Está bien —Contestó mientras metía la mano para sacar la caja con las pastillas. Normalmente hubiera evitado cualquier tipo de encuentro social, pero todavía tenía Fresca la cara de arrepentimiento de Arthur. "Dejarse arrastrar" había dicho, tal vez ir a esa comida contará como eso.

—Excelente.

Algo muy interesante estaba por pasar durante esa comida.


Para mí Arthur es como medio punk y trata de ser rudo, no me sale muy bien hacerlo todo correcto y así muy a lo inglés tradicional. Puede que luego explique por ahí lo que le pasó a Arthur, puede que no, depende si siento que queda bien y no muy forzado.

Bueno, este fic ya se está acabando, creo que a lo mucho serán dos capítulos más y ya. O tal vez solo uno.

En fin.

Gracias por leer n.n