Este fanfic fue creado sin fines de lucro, los personajes no me pertenecen, fueron creados y son propiedad de Yumiko Igarashi y Kyoko Mizuki.

Capítulo 3

SORPRESAS PARTE 1

Una hora y media más tarde, Candy se encontraba en su pupitre leyendo por cuarta vez la pregunta 15 de su examen sin poder creer que un grupo de malestares fueran tan difíciles de detectar.

- Al menos esto solo se trata de conocimientos básicos. – Pensó Candy. Le era imposible dejar de mover las piernas nerviosamente debajo de su mesa. Levantó la vista por un momento y observó a sus compañeras. – Todas lucen tan preparadas… - Sabía que había leído mucho e intentó memorizar lo más que pudo, sin embargo, se sentía un tanto intimidada por todas aquellas chicas con caras largas.

Candy salió del examen cabizbaja, creyendo que quizás la enfermería no sería para ella debido a que fue de las ultimas en terminar. Lo que más le mortificaba era pensar en la desilusión que Anthony sentiría al saber que ella fue incapaz de entrar a la carrera.

Iba caminando, pensando en lo rápido que terminaron las otras jóvenes en comparación con ella, cuando se encontró con una anciana sentada en una banca del jardín del hospital quejándose lastimosamente.

- ¿Qué le ocurre señora? ¿Puedo ayudarle en algo? – Se apresuró Candy hacia donde estaba la mujer.

- No sé que me pasa. Me siento muy mareada y no puedo caminar. Mi cabeza se siente tan pesada que parece que va a estallar. – Dijo la mujer con la voz muy cansada.

- ¿Cuándo fue la ultima vez que comió algo? – Preguntó Candy intentando encontrar una solución, repasando mentalmente todas las posibilidades.

- Ayer por la mañana. – Dijo la señora antes de soltar un quejido y sostenerse la cabeza con ambas manos.

- Espéreme aquí. – Pidió y salió corriendo.

Candy metió la mano a su bolsillo y se encontró con apenas unas monedas. Justo en ese momento vio un lugar donde vendían frutas y bebidas para las personas que esperaban a sus enfermos en el hospital.

Al ver las deliciosas y brillantes fresas, su estómago gruñó demandando algo de comida, pero dejó todas sus ganas de lado y compró dos manzanas y un jugo de naranja, que era para lo que le alcanzaba.

- Debe comer algo inmediatamente. A su edad necesita mucha energía y esa la obtendrá de los alimentos, puede ser que sus niveles de azúcar estén bajos. – Dijo Candy volviendo con la anciana con las manos llenas.

- ¡Pero yo no puedo pagarte por esto! – Se negó a aceptar la comida la señora.

- Tranquila, es un regalo. – Le dijo Candy guiñándole el ojo.

- Entonces come, aunque sea una manzana, yo no podré comerme todo esto. – Dijo la señora con amabilidad.

- Creo que esa manzana seguirá siendo sabrosa en unas horas, mejor llévesela para merendar. – Dijo Candy con una sonrisa.

- Dios te de más. – Contestó la señora antes de comer. Después de esto Candy y la mujer conversaron un rato, hasta un par de ruidosas risas salieron de los labios de la anciana, haciéndole ver a Candy que ya se sentía mejor.

- Bueno, es hora de irme. Ha sido muy grato conocerla. – Se despidió Candy con una sonrisa.

- Lo mismo digo jovencita. Que Dios te bendiga. – Le dijo regalándole una agradecida sonrisa. Después de esto Candy solo sonrió y emprendió camino a su casa sin tener idea de que acababa de tener el verdadero examen para ingresar a la escuela de enfermería.

Candy pasó las semanas siguientes sin poder dormir en paz. Estaba inquieta por conocer sus resultados, muy nerviosa y a la expectativa. Era una sensación que le molestaba ya que no podía buscar otro camino porque no sabía si había sido aceptada o no, así que la incertidumbre era su fiel compañera en esos días.

Tres semanas después, una carta llegó al departamento donde vivían Candy y Anthony.

- No quiero ver, ábrela tu. – Dijo Candy escondiéndose en la espalda de Anthony.

- Muy bien. – Dijo Anthony abriendo el sobre y comenzando a leer en voz alta.

A la señorita Candice White:

El hospital Santa Rosa se complace en informarle que ha sido aceptada en nuestra escuela de enfermería.

- ¡Ah! – Candy no dejó a Anthony terminar de leer. Lo que más esperaba ya lo había escuchado. - Dios mío, estoy tan feliz.- Dijo saltando de un lado a otro.

- Ja, ja, ja – Rio Anthony enternecido por la reacción de Candy. – Contrólate un poco pecosa. - dijo Anthony.

- ¿Acaso no te alegras por mí? – Preguntó Candy.

- ¡Claro que sí Candy! Es una fantástica noticia, pero debes de dejar un poco de tu alegría para la sorpresa que te tengo. - Respondió Anthony con una sonrisa.

- ¡¿Una sorpresa?! – Dijo Candy intrigada.

- Sí, así que para cuando llegue de trabajar tienes que estar hermosa, más de lo usual - Dijo el chico con un tono de voz juguetón.

- ¡Pides milagros Anthony! – Bromeó Candy.

- Tú ya sabes que eres hermosa, pero podrías usar uno de tus nuevos vestidos. - dijo Anthony.

- ¿Vestidos nuevos? – Repitió Candy confundida. - Anthony creo que te equivocas de chica, pues yo no tengo ningún vestido nuevo.

- ¿Ah no? ¿Y qué es esto? - Dijo Anthony sacando una caja.

- ¡Anthony! - Dijo Candy con los ojos rebosantes de ilusión. Sin pensarlo mucho le quitó la caja de las manos.

- Espero que te guste. – Miraba Anthony sintiéndose tan emocionado como Candy.

- Oh… - Candy se quedó muda por un momento maravillada por lo que veía. Era la primera vez que Anthony le daba algo como eso. - ¡Es hermoso! Gracias, me encanta. - Dijo Candy mirando el vestido recién sacado del paquete para después darle un casto besito a Anthony en la mejilla.

- No es nada pequeña. - Dijo el rubio con una gran sonrisa, sintiendo caliente la piel donde había recibido el beso de Candy.

... ..

Anthony llegó de trabajar a eso de las seis de la tarde. Tomó una ducha, escogió un pantalón negro con una camisa blanca y peinó sus hermosos cabellos rubios.

- ¡Candy es hora de irnos!- Gritó por cuarta vez. Al ver que no recibió una respuesta se dirigió al cuarto de su querida amiga.

- Candy de verdad es hora de i... – No pudo terminar la oración maravillado por lo que sus ojos miraban - Estás preciosa. – dijo Anthony embelesado intentando recobrar la compostura.

La joven portaba un vestido con escote de corazón, la falda comenzaba a caer desde su cintura, la parte de arriba era color blanco, mientras la falda era color lila, llevaba zapatillas blancas, su cabello caía por sus hombros libremente, con un pequeño tocado en el lado derecho de la melena.

Quizás el vestido no era muy complicado, pero definía bien todas sus curvas. Anthony lo escogió pensando en que era sencillo pero lindo como ella, pero al vérselo puesto supo que no lucia para nada sencillo, no podía creer como había cambiado su pequeña.

- No me mires tanto…- Pidió Candy sonrojada, aunque por dentro sabía que no quería que el joven le quitara la mirada de encima.

Es imposible no verte, estás divina. Pero ponte tu abrigo porque ya está empezando a enfriar. - Dijo Anthony. Quizás no hacía tanto frio, pero no quería que otros hombres tuvieran el privilegio de verla.

- ¿Y a dónde vamos? – Quiso saber la joven.

- Es una sorpresa- dijo Anthony guiñándole el ojo.

Después de esto salieron de la casa y pidieron un carruaje, el cual los llevo hasta un hermoso restaurante.

- Anthony… esto debe ser muy caro, mejor vamos a otro lado. - Dijo Candy preocupada por los gastos, pues a primera vista se notaba que aquel lugar era de todo menos barato.

- No te fijes, hoy es tu noche, solo disfrútala. - Dijo Anthony sonriéndole dulcemente, a lo que ella le correspondió. Era la primera vez que podían gozar de algo así.

- ¿Entramos? - Preguntó el chico, a lo que ella asintió.

Los jóvenes fueron escoltados hasta una mesa en los jardines del establecimiento. El lugar era muy lindo pues, a causa del otoño, todo el césped se encontraba cubierto de hojas secas, mientras que los árboles agitaban sus ramas desnudas por el incesable viento. Todo parecía una postal.

Cuando se encontraban degustando sus entradas Candy dijo:

-Esto es tan lindo… me siento como en un cuento. -

- Si es un cuento, tú eres la princesa. - Dijo Anthony galantemente. Candy levantó una ceja mostrándose intrigada.

- Últimamente has estado muy detallista conmigo, no es que antes no lo fueras, pero ahora lo siento diferente ¿Qué pasa Anthony? - Candy no quiso quedarse con la duda.

- ¿Ah? No pasa nada pequeña. - Se apresuró a decir Anthony mostrándose nervioso. - Es solo que creo que es necesario reconocer tus logros y ahora que nos ha ido mejor, procurare darte todo lo que te mereces. - Contestó el rubio antes de darle un gran trago a su bebida.

- Gracias Anthony, pero tú siempre me has dado lo mejor, tu simple compañía es suficiente, sabes que soy muy feliz a tu lado – Dijo ella. En ese momento un mesero llegó.

- Perdón por interrumpir, ¿Puedo retirar sus platos? – Preguntó el hombre en su impecable traje.

- Sí, gracias - Dijo Candy sonriéndole al chico quien quito los platos vacíos e inmediatamente puso unos nuevos que contenían la cena.

-Mmm… - Dijo Candy saboreando un trozo de carne.

- ¿Te gusta? - Preguntó Anthony.

- ¡Esta exquisito! – Contestó Candy sonriendo.

- No comas tan rápido, no quiero que te enfermes sin antes disfrutar de tu siguiente sorpresa. – Le dijo Anthony con esperanza de emocionarla.

- ¡¿Aún hay más?! – Preguntó Candy entusiasmada. No estaba muy acostumbrada a esa clase de cosas.

- Por supuesto, falta lo más importante. - dijo Anthony con una media sonrisa.

-¿Y qué es? - Cuestionó intrigada.

- Todo a su tiempo. Mejor dime ¿Qué quieres de postre? - Preguntó Anthony al ver que Candy estaba por terminar su cena.

- Quiero… ¡Pastel de chocolate! – Dijo Candy buscando con la mirada los postres de los demás comensales para definir cual era el más apetitoso.

- Entonces ordené lo correcto. – Se jactó el chico. En ese momento el mesero entró con dos platos con pastel de chocolate. Ambos disfrutaron de su postre hasta que llegó la hora de irse y Anthony llevó a caminar a Candy por los jardines del restaurante, en los cuales, si caminabas hacia atrás, te encontrabas con un pequeño bosque solo alumbrado por la luna.

- Vamos Anthony, dime cuanto gastaste en la cena. – Insistía Candy.

- No lo haré, es un regalo. – Dijo Anthony tomándola de la mano.

- Pero Anth… ¡Oh por Dios! – Gritó Candy sin poder terminar la oración.

CONTINUARÁ...