-KISEKI-
-Milagro-
Capitulo III: Recuerdos
Él cruzó la amplia habitación en apenas unos cuantos pasos, sin regresar la vista atrás y pasando de largo a la chica recostada en la cama que con seguridad lo observaba con sus enormes ojos violetas.
Pero sabía que no podía dar marcha atrás, que todo cuando quisiera decir salía sobrando en esa habitación, en ese lugar y en especial en él.
Lavi no sé percató de lo rápido que sus pies lo conducían a través de los muchos corredores de la orden, ni siquiera reparó en el instante en que se había echado a correr buscando acallar esa voz interna que lo acribillaba con incesantes preguntas.
El frío aire nocturno se pegó en su piel, sobre sus brazos desnudos y su rostro, su cabello rojizo revoloteó un instante antes de darse cuenta que había recorrido toda la Orden hasta llegar a los campos de entrenamiento. Echó un vistazo al lugar comprobando que en ese lugar solo se encontraba él.
Cogió su martillo invocando su inocencia, obligando a su arma a incrementar cada vez más su tamaño lo hizo hasta que por primera vez sintió el peso del martillo. Aquello fue algo que sucedía por primera vez pero lo cierto fue que sentir el peso del objeto lo reconfortó.
Al menos su arma le había dado la perfecta excusa para ponerse en movimiento y concentrar sus pensamientos lejos de la enfermería y de todo cuanto había sucedido entre los muros de la congregación.
Los músculos de sus brazos y piernas se tensaron ante el esfuerzo que realizó unas cuentas veces buscando mover su inocencia, los primeros intentos solo consiguió arrastrarla pero no pasó mucho antes de lograr blandir de nuevo el enorme martillo. Antes de que se diera cuenta el objeto se movía bajo sus manos con una inaudita facilidad teniendo en consideración su tamaño.
Juntó sus piernas, sosteniendo con ambas manos el enorme martillo acomodando su cuerpo completamente recto, cerró los ojos y respiró hondo antes de ordenarle a su inocencia volver a su forma, el fragmento destello un instante antes de volver a su estado original.
Cuando Lavi abrió los ojos relajó su cuerpo hasta notar como sus músculos se relajaban dejándole una sensación de haberse esforzado más de la cuenta. El exorcista se dejó caer a mitad del lugar, liberando hasta entonces la tensión de su cuerpo, pasó el dorso de su mano por su frente para limpiarse las gotas de sudor que adornaban su rostro. Su mirada se quedó fija en el cielo, el azul oscuro estaba siendo rápidamente relevado por la negrura de la noche y aquello venía acompañado de tímidos destellos que conforme pasaban los minutos se iban duplicando.
Lavi pareció sumirse entonces en el transcurso del firmamento, las estrellas alumbraban cada vez más pero todas ellas en conjunto porque sabían que una sola no era capaz de reflejar sus rayos sobre la tierra. Su vista se ensombreció y los rasgos de su rostro se transformaron en una amarga mascara que nadie jamás había visto en el rostro sonriente del Bookman Jr.
Apenas recordaba los libros de astronomía que había leído, tal vez recordara el número de dichos libros pero eso poca relevancia tenía, lo mismo que sus contenidos; en ellos explicaban el origen del mundo, de las constelaciones y galaxias, del sol, la luna y de esos astros que ahora acaparaban su atención. Porque él mismo era capaz de dar cuenta de una estrella que por si sola bañaba de luz donde estuviera, no importaba si esta en el exterior o interior para Lavi, Lenalee contaba con la suficiente luz y gracia para brindar ese candor del cual él carecía.
Porque si para él la joven reflejaba candidez y nuevas esperanzas, él en cambio se encontraba en lo sombrío de una soledad que lo acompañaría el resto de su vida. Lavi sabía que él podía sonreír cuantas veces lo ameritara la situación pero esa sonrisa jamás reflejaría seguridad o confianza, en cambio cuando ella lo hacía todos a su alrededor podían tener la certeza que las cosas saldrían bien.
Pero ella le había confesado sus sentimientos con una sonrisa en su rostro y por primera vez las cosas no estuvieron bien. Lavi fue el encargado de ensombrecer esa luz, mientras la escuchaba hablar deseó no haber estado ahí, haberle inventado una excusa para poder alejarse de ella y no tener que herirla de la forma en que lo hizo.
Así como las de Lenalee, sus propias palabras eran verdaderas, él no estaba interesado en la joven exorcista, Lavi tan solo cumplía con su tarea preservando su identidad mientras estuviera dentro de la Orden Oscura; así que no debía de preocuparse por engañarla porque no lo había hecho. Tal y como le enseñara Bookman, había hablado como una persona que ha renunciado a sus sentimientos por eso no amaba a Lenalee porque no conocía dicho sentimiento, así como desconocía lo que sintió y seguramente estaba sintiendo la mujer.
Después de todo conceptos como esos venían sobrando en la educación de un futuro Bookman; pero entonces no comprendía porque sentía esa opresión en su pecho, ni porque había huido del lugar descargando sus fuerzas contra algo para no pensar en las palabras de la mujer o en su expresión que se apagó lentamente.
Lavi se sintió frustrado por no saber como actuar, qué se suponía que debió haber hecho; actuar como Lavi discípulo de Bookman o como el Lavi que después de muchos años de reprimirlos se ha dado cuenta que jamás podrá ser capaz de suprimir los sentimientos. Aquello es una norma absurda para cualquier persona, sea esta aspirante a ser el nuevo recolector de la historia o fuese un simple humano.
Porque él se ha dado cuenta que la existencia de todo ser vivo se sustenta en aquellas sensaciones que se llegan a experimentar conforme transcurre su existencia, se pueden tratar de sensaciones buenas o malas, que llegan a ser agradables o por el contrarios generan un malestar físico, también sabe que los individuos lo experimentan en menor o mayor grado dependiendo la sensibilidad y estabilidad emocional de la persona.
El hombre que lo había recogido tiempo atrás le habló de desprenderse de ese rasgo, en aquel entonces Lavi lo aceptó sin dudarlo porque en el recipiente que era su cuerpo no quedaba ninguna sensación que él pudiera identificar como placentera, en ese pequeño y maltrecho cuerpo solo quedaba soledad junto al dolor que su propia raza le había inflingido. Y ese niño no quería volver a experimentar aquello.
Por eso había obedecido a Panda, y ese juramento se fortificaba cada que cruzaban una nueva provincia y el panorama de devastación y destrucción no distaba mucho del anterior. Lavi no comprendía como un solo grupo podía acabar con su mismo genero, no se lo cuestionaba para no tener que ahondar en una respuesta que quizás jamás llegará a conocer.
Pero entonces la había conocido. Cuando ingresó por vez primera a la orden su percepción de la humanidad no había cambiado, seguía siendo tan hermético que no le interesaba conocer más a los hombres; apenas si había prestado atención al hombre que se presentaba frente a ellos como el encargado de la Orden Oscura.
Panda tuvo que codearlo para llamar su atención, misma que se encontraba atendiendo los ruidos que provenían del piso inferior a donde se encontraban ellos; el pelirrojo podía distinguir sin mucho esfuerzo el ir y venir de varias personas, potentes voces dando ordenes a diferentes grupos, algunos lamentos y el llanto de aquellos que recién llegaban del campo de batalla.
-"Tendré que dejarlos solos un tiempo, lamento esto pero justo hoy llegaron los buscadores y el exorcista que enviamos al norte del país"- Komui había hecho una reverencia frente a los dos antes de salir con paso apresurado.
-"Observa bien todo cuanto pasa a tu alrededor Lavi, porque justo ahora veras lo que es una guerra contra los Akuma y el Conde del Milenio"-
Recordaba le había dicho sin cambiar su semblante serio el hombre, él se había puesto de pie dirigiéndose hacía el vestíbulo donde lo observó todo.
El lugar se encontraba como bien lo sabía llenó de personas, entre el ir y venir de ellas sobresalían una decena de ataúdes y entonces la vio.
Se encontró con que esa adolorida y temerosa mirada violeta lo observaba, un rostro descompuesto por los golpes bajo una mala curación y el terror que recién había vivido y sobrevivido se clavó en él. Como si aclamara por revertir los hechos, por un futuro que hasta entonces él desconocía.
Lavi no apartó su propia mirada de la joven que había empezado a derramar lágrimas sentada cerca de un ataúd, él lo captó todo en un segundo desde la ropa desgarrada hasta las heridas bajo su cuerpo y experimentó esa sensación que creía olvidada; porque de pronto, sin saberlo el dolor de la chica se volvió su dolor, deseo estar junto a ella y reconfortarla de algún modo.
Porque su corazón había comenzado a dolerle, sintiendo hasta ese entonces el aire mortuorio y asfixiante de la guerra. Aquel halo sombrío y lastimero se filtró bajo su piel atravesando sus huesos hasta posarse en su pecho.
-"Es la señorita Lenalee Lee, una de las pocas exorcista de la Orden, la única mujer aparte del general Klaud. Su inocencia son las Dark Boots, al parecer habla poco y aún se comporta como una niña, algo comprensible teniendo en consideración la forma en que la obligaron a aceptar su inocencia."-
El pelirrojo escuchó la explicación de su maestro sin mirarlo, enfocando su atención a lo que pasaba al frente.
-"También es la hermana menor del director de la orden; Komui Lee, y único familiar"- Agregó viendo él también como Komui se había acercado a la chica tendiéndole su mano para ponerse de pie y estrecharla en un abrazo.
De ese primer encuentro habían transcurrido casi tres años y ahora se daba cuenta que sería la primera vez que abandonó a Lenalee.
Tal vez fuese algo irrelevante pero desde ese día él no había dejado de pensar en ella ni una sola vez, y cuando finalmente le habló surgió entre ellos una amistad donde Lenalee depositó en él su confianza casi al instante.
Incluso él mismo no lo sabía pero desde ese día volvió a sentirse satisfecho, después de muchos años sentía de nuevo la tibieza de su cuerpo, de aquel que creía muerto pues tan solo lo reconocía como un recipiente para seguir subsistiendo. Desde que ingresara a la orden aquellas sensaciones que había bloqueado volvieron a presentarse.
Lavi cerró los ojos llevándose su mano derecha a la altura de su pecho, la tela sobre su lado izquierdo se arrugó cuando el exorcista cerró su puño inquieto por esa repentina y lastimera sensación.
-"Lavi, ¿qué haces aquí?. Komui a estado buscándote, quiere hablar contigo acerca de Lenalee"-
La tranquila voz del hombre lo sobresaltó, incorporándose con rapidez al tiempo que lo interrogaba con la mirada.
-"Quiere saber que piensas de la reacción que tuvo Lenalee con su inocencia, dice que se alegra que tu hayas estado a su lado en ese momento. Date prisa y ve a verlo"-
El exorcista solo asintió antes de ponerse en marcha seguido del hombre que lo observaba en un completo silencio.
Gracias por sus comentarios y por leer la historia. Me gusta -Man es uno de mis anime favoritos, pero aún no comprendo porque hay tan pocos fic de parejas racionalmente posibles xD, creo que es por eso que casi nunca leo en esta sección, aunque los pocos que he leído valen mucho la pena.
Bno ojala alguien se anime a escribir de esta pareja, que sin duda es mi fav.
Como se dan cuenta no tengo nada que decir xD, tal vez solo que me gusta mi propia historia por eso he estado escribiendo seguido y por eso las actualizaciones no tardan como acostumbro :D.
-Sherrice Adjani-
