Llevaba alrededor de veinte minutos dando vueltas por todo el ático como una desesperada.
-A ver Teresa, cálmate. No es para tanto; solo acabas de besar a tu consultor, que de hecho te ha dejado encerrada y se ha ido a la caza de un asesino en serie.- solo le quedaba el sarcasmo como material para no volverse loca. Hablaba en voz alta, a la nada, autoconvenciéndose de que había alguna vía de escape. Cosa que sabía que no era cierta.- No puedes aporrear la puerta porque les tendré que contar a los cerebros del FBI que Jane ha estado aquí y me meteré en un lío. No puedo saltar por el balcón porque probablemente muera...
Suspiró resignada a sabiendas de lo que tenía que hacer. Le molestaba la idea de tener que explicarles lo que había ocurrido pero ¿quién dice que se tenga que contar toda la verdad?
-Cho.
-Cho, soy yo. Jane ha estado aquí y me ha dejado encerrada. Tenéis que traer algo para romper el candado.
-Entiendo. Voy enseguida.
Colgó el teléfono dando una fuerte patada al suelo y soltando un gruñido. Hizo el amago de meterse el móvil en el bolsillo, pero éste se escurrió y cayó al suelo rompiéndose en pedazos. "Mierda! ¿Por qué todo me sale mal?" Se desplomó agotada en la cama improvisada de Jane y esperó impacientemente a su compañero.
Alrededor de una hora más tarde, Cho consiguió abrir la puerta del ático y salvar a su jefa. Ésta se había quedado dormida el colchón y no se enteró de que había entrado.
-Jefa.
-Mmmse...-se volvió sobre sí misma dándole la espalda a Cho.
-Jefa!
-Pero qué..? Ah, Cho, gracias a Dios, ¡debemos encontrarle!
-Jefa...creo que deberías saber...-en ese instante apareció el resto de su equipo por la puerta un poco cabizbajos.
-¿Cho?- preguntó agitada.
-Todo ha acabado.-soltó Vanpelt sin dejar de mirar el suelo.
-¿De qué estáis...? no. No. No, no, no es cierto.
-Jefa yo...
-¿Dónde está?
-Nadie lo sabe. Hace una media hora encontraron el cadáver de McAllister en el parque. Tenía una pistola en la mano, pero también fue ahorcado.
-¡¿McAllister?! ¿No estaba muerto?
-Bueno, ahora sí.-sugirió Rigsby.- Era John el Rojo...
-¿Y que ha pasado con Bertram?
-Muerto.-nuestro tajante Cho, como era de esperar.
-Entonces no sabéis dónde...
-No.-respondieron a la vez. Los tres sabían perfectamente a quién se refería.
-Ya...
Todos pudieron ver la expresión en su cara, era una mezcla entre furia por haberla dejado encerrada, tristeza por no saber dónde estaba, alivio por el hecho de que la tortura había acabado y se podía apreciar claramente la pregunta en su rostro: ¿Y ahora qué?.
Se apresuró a salir del parque lo antes posible. No quería correr puesto que levantaría sospechas, pero la agitación del momento la tenía que liberar por algún lado, aunque fuera corriendo. Las manos aún le temblaban y de sus ojos no paraban de brotar lágrimas.
Ya está. Se ha acabado.
Llamó a Lisbon pero ésta no lo cogía, así que dejó un mensaje de despedida y tiró el teléfono a la basura.
"Pero quiero verla..." se dijo a sí mismo. Siguió corriendo mientras decidía que hacer. "El Caribe sería un bonito lugar... tal vez México...mmh..sí...México, definitivamente."
Inconscientemente se plantó delante de la puerta del CBI. El camino se le había hecho corto, y la costumbre lo había llevado directo hacía allí. "Maldita seas, subconsciente...". Vaciló un momento y después entró con sigilo. Al comprobar que no había nadie salió disparado hacia el ático donde lo esperaba su Lisbon.
O tal vez no.
-¿Qué demonios...?
El candado estaba partido en dos en el suelo y la puerta abierta. La empujó suavemente para abrirla del todo y se encontró con un cuarto vacío. Ni rastro de Teresa. La sábana que cubría su cama estaba hecha un ovillo a un lado del colchón y había fragmentos de un teléfono en el suelo.
Dio media vuelta y salió corriendo hacia el apartamento de Lisbon. Ya estaba un poco harto de correr todo el día, pero suponía que era lo que tocaba cuando acababas de matar a alguien.
En casa de Lisbon todo era silencio. Vanpelt, Rigsby y Cho estaban sentados en el sofá sin hablar, mirando al infinito, sumergidos en sus pensamientos. Lisbon por su parte, preparaba unos cafés en la cocina, dándole la espalda a sus compañeros impidiendo así que pudieran ver lo furiosa y angustiada que estaba. Pero era Teresa Lisbon; ex-jefa del departamento de omicidios del CBI en Sacramento, California; tenía que mantener la calma. Así que se giró y con una falsa pero amable sonrisa llevó las tazas hacia sus amigos.
-¿Y ahora qué?-logró vocalizar VanPelt.
-No tengo ni idea.- dijo Rigsby.
-Supongo que...cada uno tendrá que ir por su lado.
Cho simplemente desvió la mirada hacia los cuadros de Lisbon.
-Somos cuatro...-dijo sin apartar la vista de las pinturas. Todos se giraron hacia él con intriga, preguntándole con la mirada.
-Qué suspicaz...-respondió Rigsby.
-No, ya sé que somos cuatro. Lo que quiero decir es que no podemos dejar de serlo. Jefa, si nos separamos ahora ¿qué haremos?. Se supone que somos un equipo ¿no?, una familia. Y no permitiré que el idiota de Jane arruine eso. Así que todo el mundo en pie, porque vamos a traer el culo de Patrick Jane hasta aquí como que me llamo Kimball Cho.
Todos lo miraban con ojos expectantes, con cierto brillo de esperanza.
-Wow, tío, jamás habías dicho una frase tan larga.-bromeó Rigsby.
El trío, aun sentado, se puso en pie decidido y salieron de la casa con paso ligero. Pero lo que vieron en la calle los paró en seco.
-¡Hijo de perra!-gritó Lisbon. Y con eso salió corriendo hacia él.
Un Jane de aspecto lamentable se asomaba al final de la calle, con pasos un poco ortopédicos pero aun así constantes.-¡Hijo de perra!-volvió a gritar cada vez más cerca. Jane se preparaba para el golpe pero le dejó más aturdido el hecho de ser abrazado fuertemente por Lisbon. Él correspondió al gesto rápidamente. Sin embargo no se libró de una colleja en la nuca, más fuerte de lo que a él le hubiera gustado.
-Vuelves a hacer eso y te juro que te vuelo la cabeza.- le susurró a él.
El equipo vino detrás de Lisbon, trotando, se detuvieron detrás de ellos pero Cho continuó su camino. Cerró su puño y lo empotró contra la cara de Jane.
-Ya estamos en paz.-le dijo mientras se masajeaba la mano.
-¡Cho!-gritó Vanpelt.
-Hoy estás que te sales, hermano.-rió Rigsby.
-Me parece justo.-dijo Jane con voz entrecortada, ya que tenía su mano haciendo presión contra su nariz para parar la hemorragia.
-Vamos dentro.-musitó Lisbon. Le rodeó el hombro con su brazo y los cinco deshicieron el camino hacia la casa de la agente.
