Disclaimer:Ni la saga de libros de Olvidados ni el anime de Boku no Hero Academia me pertenecen, son de sus respectivos dueños, lo único mío es esta historia.
Una aclaración antes de que empecéis a leer el capítulo, todo lo que ocurre en este sucede de manera paralela a los eventos relatados en el anterior capítulo, por lo que se puede decir que lo complementa y aporta el punto de vista de otro personaje.
Dicho esto, espero que os guste el capítulo y me hagáis saber lo que pensáis dejando algún comentario, siempre son bienvenidas cualquier tipo de sugerencias por vuestra parte.
Capítulo 3
261 horas, 49 minutos
Sam miraba las olas del mar sentado en la arena, aprovechando la suave brisa que había en la orilla a esas horas de la mañana, solía acudir a esa playa cuando necesitaba relajarse y desconectar del resto del mundo y sólo lo lograba cuando estaba surfeando.
En ese momento se encontraba esperando a que su mejor amigo llegase para poder empezar a surfear, una de las tantas aficiones que ambos tenían en común.
Se estiró un poco y cogió su tabla de surf, le apetecía empezar en ese momento y estaba seguro de que Quinn no se lo iba a tener muy en cuenta, la próxima vez seguro que llegaba más pronto se dijo el chico mientras se metía en el agua.
Pese a lo temprano de la hora ya había varios que habían seguido el ejemplo de Sam y se encontraban ya remontando las olas, el adolescente conocía a varios de ellos de vista, casi todos eran mayores que él pero Sam recordaba haberse cruzado con ellos por los pasillos del colegio en alguna ocasión.
Cuando llevaba un rato surfeando notó que las olas iban perdiendo fuerza progresivamente y que ya no oía al resto de surferos, miró con cierta confusión a su alrededor y comprobó que el resto de chicos habían desaparecido pero que sus tablas seguían flotando en el mar, siendo esto la única prueba de que antes Sam no había estado solo. Aunque eso no era lo único extraño del lugar, el chico acababa de darse cuenta de la ausencia total de olas, mientras miraba hacia mar adentro se fijó en la pared curva opaca que cortaba el mar y evitaba la formación de olas.
Sam empezó a nadar hacia allí confuso, nunca había visto algo así antes, cuando estuvo cerca alargó el brazo para tocarlo movido por una curiosidad natural, pero nada más rozar la barrera con la yema de los dedos sintió un calambre intenso que dejó dormido su brazo. Él se apartó deprisa de ahí y observó a su alrededor, la extraña pared parecía prolongarse formando una estructura circular dedujo Sam al observar la forma que trazaba. Alzó la mirada e intentó distinguir el techo de la extraña cúpula, pero no vio más que cielo.
Sintiéndose agobiado de golpe empezó a nadar hacia la orilla ignorando que le costaba mover el brazo derecho pero no dejó de moverse hasta que logró salir del mar, avanzó hacia sus cosas y recogió a toda prisa, se iba a marchar de ahí. Fue en ese momento que vio a Quinn acercarse, pero lo ignoró y echó a correr pasando al lado de su amigo a toda prisa, quería volver a casa y deshacerse de esa mala sensación que se había apoderado de él de manera repentina.
Oyó que su amigo corría detrás suyo, pero no se giró en ningún momento ni disminuyó su carrera.
-Tío, Sam-oyó decir a su amigo-¡¿A dónde vas?!
Sam no respondió, acababa de vislumbrar su casa y subió los peldaños sin bajar el ritmo en ningún momento, cogió las llaves para abrir la puerta, las manos le temblaban y le costó meter la correspondiente llave en la cerradura y tuvo que ser su amigo quien lo hiciera en su lugar, Sam no esperó mucho y entró en la vivienda con el corazón en un puño.
El silencio de la casa no hizo sino que aumentar su angustia previa y el chico se precipitó hacia la cocina mientras Quinn se quedaba en el umbral en silencio, todavía sin entender bien que estaba pasando.
Sam recorría la casa buscando a su madre cuando se fijó que la puerta del baño se encontraba cerrada y el adolescente se abalanzó sobre la puerta y la abrió sin mucho cuidado, esperaba encontrar a su madre ahí, pero lo único que vio fue que el baño estaba vacío y que su madre había dejado ropa doblada encima del váter, sin duda con intención de ducharse pensó Sam al ver una toalla en la mampara de la ducha.
El chico se dejó caer en el suelo del baño, se estaba sintiendo muy mal de golpe y el mundo empezaba a dar vueltas a su alrededor, todo debía ser una pesadilla pensó, una de la que esperaba despertar pronto, sólo se había sentido así una vez en su vida, cuando hizo daño a su madre meses atrás de manera accidentada. Se abrazó las rodillas y se quedó quieto ahí. No supo cuánto rato permaneció así pero unas sacudidas y el oír que alguien le llamaba le forzó a volver a la realidad. Levantó la mirada y vio a Quinn observarle con preocupación.
-Sam, ¿te encuentras bien?-preguntó el otro chico-Me has dado un susto de muerte, tío. No vuelvas a hacer algo así otra vez.
-M-me fui sin decirle nada-dijo Sam conteniendo las lágrimas a duras penas.
Quinn no supo que decir en un rato-Estoy seguro que tiene una explicación razonable, le habrá surgido algo-dijo intentando que no le temblase la voz, el miedo de su amigo era contagioso y Quinn nunca había sido la persona más valiente del mundo, prefiriendo siempre ver las cosas desde un tercer plano.
-Creo que no deberíamos quedarnos aquí-razonó Quinn nervioso-Aparte, quiero pasar por casa, ya sabes, para ver si mis viejos…-la voz del chico se interrumpió, aunque no hizo falta que dijese nada más.
Sam asintió algo ausente y se levantó dispuesto a seguir a su amigo fuera, lejos del agobiante ambiente que se había instalado en la casa y que a Sam se le hacía insoportable.
Al salir comprobaron que no eran los únicos que se habían echado a recorrer las calles, los niños caminaban en grupos de 3 o más niños. Sam desvió la mirada y se esforzó en seguir a su amigo, intentó decir algo para tranquilizarle pero las palabras se atragantaron en su garganta y no llegó a hablar.
Quinn entró en su casa pero antes de llegar a seguirle Sam distinguió a una chica de cabellera rubia en la calle y se detuvo al reconocer a Astrid. Se acercó a ella olvidando a su mejor amigo de manera momentánea.
Astrid le vio y se acercó a él seria-¿Tú también estás buscando a los adultos?
Sam asintió serio-Estoy con un amigo-informó y cuando la chica asintió, el adolescente se armó de valor-¿Quieres venir con nosotros? No es seguro andar por ahí sola.
Astrid alzó una ceja-Estoy buscando a mi hermano-le informó la rubia.
-Podríamos ir los 3 a buscarlo-sugirió Sam sin tirar aún la toalla en su intento-¿Tienes alguna idea de dónde puede estar?
Astrid se quedó pensativa poco rato-Debe estar en la central nuclear, mi padre se lo lleva con él en muchas ocasiones cuando le toca trabajar y mi madre no puede hacerse cargo de él.
Sam asintió recordando que el hermano de la chica era autista. Quinn salió deprisa de la casa en ese momento y se acercó a los dos adolescentes y Sam observó que su amigo estaba al borde de sufrir un ataque de pánico y no pudo culparle de encontrarse así.
Astrid le miró y no pudo evitar compadecerse algo de él al verle en ese estado aunque no lo demostró. Carraspeó y atrajo la atención de los dos chicos-Deberíamos irnos moviendo ya, quiero encontrar a mi hermano.
Sam intercambió una mirada con Quinn y este asintió algo ausente. Sin añadir más los 3 echaron a andar rumbo a la central nuclear.
