Capitulo 3:

Disclaimer:
-One piece, sus personajes y todo lo relacionado, pertenecen a Oda Eiichiro

Capitulo 3: ¡Señor, sí señor!

—Davide-kun, estás muy lento el día de hoy

—Pero Aya-nee, aún no sale el sol, tengo sueño —además de eso, no podía concentrarme estando cerca de ella, en especial con esa ropa. Pero la verdad no es la ropa. Es ella por quién no puedo concentrarme.

—Davide-kun piensa rápido —pero no pude hacer eso, solo sentí un fuerte impacto contra mi cara, perdí el equilibrio y caí al suelo — ¡Davide-kun!, ¡Maya!, maté a Davide, ven por favor, Davide no reacciona —cómo poder reaccionar Aya-nee, sostienes mi adolorida cabecita contra tu excelso busto. Si debo dejar golpearme para poder recibir esto, la verdad no me importaría.

—Aya, Davide no está mal, es solo cosa de verlo, mira como te está babeando la ropa, solo ha fingido el estar lastimado para que terminasen de este modo.

— ¿Lo crees neesan? —era verdad, cuando me tomó entre sus brazos no reaccione, solo me impulsé por mi instinto — ¡Kya!, Davide pervertido, que estás haciendo —me botó al suelo como si yo fuese una bolsa. Destino que me premias y castigas con cruel celeridad.

—Aya-nee, eso dolió.

—Deja de perder el tiempo Davide, veté a la ducha. Y tú Aya ve a preparar el desayuno de una buena vez.

Cuando Maya se pone de malas es de temer, no hay como discutirle, porque la muy energúmena te da de golpes con el suelo… quien culparía a Nagi por escapar de ellas. La verdad no ha sido fácil para Aya pero creo que ya ha podido superarlo, aunque de vez en cuando veo tristeza en sus ojos.

Es malo ya no tener de quien reírse en esta casa. Era bueno cuando salíamos con Souichiro a jugar a los bolos, y ahora en especial me gustaría contar con un amigo de confianza para que me ayudase con ciertas cosas.

O

—…Matthew, mañana necesito que me ayudes con algo.

—Demonios Davide, más vale que sea algo importante —no se por qué decidí ayudarle, es más, ni siquiera sé que demonios quiere. Quedamos de juntarnos en la puerta principal.

—Matthew.

—Natsume, espero que al menos me digas en que quieres que te ayude.

—Veras, es un tanto vergonzoso pero no hay a nadie más a quién pueda pedírselo.

—Sí es por lo de las clases de baile, quiero decirte que prefiero ir con una chica, me caes bien pero no de ese modo.

— ¡Qué no es eso soberano idiota!

—Entones dilo de una, en vez de quedarte parado sin decir nada como un tonto —pero no quiso decirlo en frente de cada persona que pasaba, estaba nervioso, me pidió que lo siguiese hasta unas bancas cerca del dormitorio de los chicos donde al fin se relajo un poco.

—Necesito que me ayudes, veras… hay una chica a la cual quiero pedirle que sea mi compañera en la clase de arte, pero cada vez que la veo, digo alguna estupidez.

—Y quieres que te ayude a ensayar para que no metas la pata, ¿verdad?

—Sí, ¿lo harás? —por un lado la verdad, la idea no me agradaba, de seguro pasaría alguna tontería que nos dejase mal parados a ambos. Pero por otro lado, era el único tipo que me ha aguantado de verdad por cómo soy.

—Vale, te ayudo, pero que sea rápido. También tengo problemas que solucionar —él cerro los ojos visualizando la situación.

—Na… Nami-chan me preguntaba si serías mi compañera de baile —vale, lo había dicho. Pero aún se veía muy tímido al preguntarlo.

— ¿Y así quieres que ella acepte?, con más decisión, con más ánimos, con más huevos Davide.

—Nami-chan, ¿te gustaría ser mi pareja de baile?

— ¡Más fuerte!

—Nami-chan ¿serás mi compañera de baile?

—Por supuesto Natsume-san, pero no era necesario que lo gritases así —la chica en cuestión nos había escuchado y no solo eso, le había dicho que sí. Al revisarla de arriba a abajo era bastante baja al menos para mi gusto, de piel pálida y cabello anaranjado, de ojos color avellana y un lunar bajo el ojo izquierdo.

—Na…Nami-chan, ¿desde hace cuanto estas aquí? Matthew, tú cabrón, me hiciste quedar en ridículo —La chica parecía sorprendida al ver cómo cambió de un segundo a otro su humor, por lo visto el orgullo de Davide había sido lastimado.

—Me pediste ayuda para pedirle a Nami que fuese tu compañera en las clases —obligatorias a las cuales no pienso asistir —. Felicidades, lo lograste. Claro, nunca pensamos que fuese de un modo poco ortodoxo como esté. Además para quedar en ridículo por lo general nadie necesita ayuda, ahora no la cagues pisándole los pies cuando bailen —lo último lo dije en voz baja solo para qué él lo escuchase.

—Bien Matthew, te la perdono por que en verdad me ayudaste —Natsume parecía más calmado al momento de escuchar el timbre para asistir a la clase de baile —Es una lastima, si quieres hablamos cuando termine la clase —No había mucho que hacer ya, en especial por que la chica lo jalaba del brazo con entusiasmo, pero ella se dio vuelta y muy formalmente me dio las gracias.

Por otro lado tenía mis propios asuntos de los cuales pensar… Hikaru, es una chica extraña, primero me sale con lo de saber algo de ella, y luego me quita el teléfono y escapa ante ese comentario.

— ¿Cómo demonios se puede entender a una mujer? —Encendí un cigarro mientras encontraba un lugar en el cual ocultarme de los inspectores —no era un buen inicio de año, saltarme la primera clase… pero bailar, eso era cosa de chicas. La verdad me parecía un ejercicio de lo más inútil.

Una bocanada de humo me invadía, del mismo modo no podía dejar de pensar en esa chica.

—Él abuelo decía "puedes pasar toda una vida con alguien y no saber nada. Pero solo necesitas un solo segundo para entender qué una persona es especial". Al menos creo que eso era lo que decía el anciano —no parecía el tipo de chica que explotase por un comentario como ese. De ser así hubiese gritado nada más darse cuenta de que me estaba enseñando las bragas.

— ¿Tienes alguna idea en lo que consiste el trabajo de un inspector? Una voz me llamó la atención, la misma voy que el día anterior me había salvado y que había hecho además, que Davide temblase como una hoja.

— ¿Mostrar un escote proporcional al tamaño de los pechos? —Me había capturado, y le había dicho semejante frase. Feliz no iba a estar, pero para cómo estaba poco me importaba. Solo quería entrar en la mente de esa chica para ver el por qué se molesto de ese modo.

—Muy listo Hawkins —luego de eso me dio un golpe en la cabeza a modo de correctivo—. Castigar a los que se portan mal, cumplir las normas internas, y por sobre todo, evitar que listillos como tú, se estén saltando las clases —aspiré otra tanda de humo mientras ella hablaba.

— ¿Y el aconsejar a los alumnos va también? ¿O debo pagar un precio extra por la confidencia? —parecía curiosa ante la pregunta, o tal vez era por que no me había sorprendido de que me encontrase rompiendo las normas. Pero luego tomó una actitud más serena y relajada.

—Cuéntame tus pecados hijo mío, que solo Él Señor y yo escucharemos —no pude evitar reírme ante el confesionario de sor Maya

—Hermana Maya, ha surgido un problema que me tiene un tanto intranquilo desde ayer —decidí seguir su juego por qué la verdad me parecía entretenido esto, al menos para así poder relajarme y contar sin problemas lo que pasó.

—Él Señor te salvara, solo debes contar tú pena y su poder sanador aliviara tú carga —con esto ya era suficiente, lo siguiente no quería que lo tomase como un juego ni nada, fumé lo que quedaba del cigarro y lo apague contra la tierra.

—Todo sucedió en la mañana de ayer, había salido pocos minutos antes de que tocasen el timbre, pero cuando llegué al camino que cruza el dormitorio de chicos, el de chicas, y la entrada principal, choqué con una pelirroja, no se cual de los dos tuvo la culpa, solo que cuando me recupere ella tenía la falda levantada —vi a Maya para ver cómo reaccionaba, pero por el momento no decía palabra alguna…

—Continua, si fuese solo por qué le viste la ropa interior te estarías ahogando en un vaso de agua.

—… Ella se dio cuenta en la situación en que estábamos, pero no grito ni dijo nada, solo se disculpó y cogió un celular que había caído al piso, y se fue al edificio principal.

Por el resto de la mañana le perdí la pista, no sabia cómo encontrarla ni a quien decirle. Además, por lo que he visto, hay muchas pelirrojas de ojos azules en esta institución, en eso la ayuda de tu hermano fue poca. Sólo pude continuar cuando llamaron al otro teléfono que había quedado en el suelo. Era el padre de la chica, de ese modo ya podía encontrarla con facilidad.

Aquí quiero hacer una aclaración inspectora Natsume: por lo que vi, ambos tenemos el mismo tipo de teléfonos, un Iphone de quinta generación, y ambos tenían poco uso, el mío lo había recibido solo un día atrás, y el de ella solo tenia el numero de sus padres en la agenda, así que por ese modo cada uno quedó con un teléfono que no le pertenecía.

—Continua Matthew.

—Cómo era de esperarse logré dar con ella en poco tiempo con los nuevos datos, estaba en una banca fuera de la biblioteca. Ella había escuchado un mensaje privado… que alguien había grabado para mí, algo muy personal, me confeso el hecho y dijo que respondería cualquier cosa privada que le preguntase. Me negué, le dije que con lo de la mañana tenia algo de su privacidad.

—No fue un comentario astuto chico.

—Correcto, ya que después de eso ella se ofendió, cogió ambos teléfonos y escapó sin que pudiese seguirla.

—Y te interesa recuperar tu celular.

—En parte, el hecho es… que no la he vuelto a ver después de eso, y la verdad no se como mirarla o que hacer ante ella después de eso.

—Al notar que tenía la falda subida, no te llamo pervertido ¿o algo así?

—No, ella solo se disculpo, y cuando le dije lo de las bragas de fresas solo me dijo tonto.

—Quizás, en verdad no le molesto el hecho de que hayas visto su ropa íntima los accidentes pasan, y estoy segura que el comentario que le hiciste fue lo que la molesto —fue el dicho, no el echo, me queda claro Maya.

—Muchas gracias, ahora tengo algo que hacer.

—Qué no se te olvide una cosa, yo sigo siendo la ley, y tu eres un listillo que se está saltando las clases, vas a las clases de arte, lo quieras o no.

— ¿¡Qué!? Y donde ha quedado la ayuda y que solo seriamos tú, yo, y Dios…

—Eso no incluye faltar a las clases, o será que quizás… ¿no tienes idea de cómo bailar? —la verdad tenía algo de razón en parte al menos, poco había bailado antes. Yo prefiero tocar la música no bailarla.

—Veras que no es tan malo. Además la señorita Dubois es una gran instructora, es una mujer muy hábil, ¿no se por que sigue aquí?

— ¿A qué te refieres con hábil?

—Es instructora de danza, fotógrafa profesional y además ha exhibido pinturas en museos de Paris, Londres, y Nueva York.

—Y me quieres decir que una mujer así ¿es nuestra profesora de artes?

—Así es corderito, y es hora de que vuelvas al redil —ella me condujo sin resistencia ni trucos, de un momento a otro habíamos llegado a la sala de artes.

—Señorita Monique, este es el alumno que le estaba faltando.

—Très bien, él debe de ser monsieur Hawkins —con mucho animo una mujer que aún no pasaba los treintas se acerco a inspeccionarme y colocarme al lado de Evan Daniels en el centro del salón, llevaba el cabello negro atado con una cola de caballo, y anteojos de delgado marco púrpura, una camisa color durazno con un par de botones desabrochados y una falda de un verde de gran colorido.

—Nos volvemos a encontrar Hawkins

—Evan, ¿para que demonios estamos en el centro? —la respuesta no se hizo esperar ya que la maestra llamó a Hikaru y la puso frente a nosotros haciendo ruido con las alhajas de sus muñecas.

—Je petite Hikaru, ahora por favor escoge con cual de los jóvenes deseas como tu pareja en las clases de artes —no podía engañarse ni engañarnos, ya que aquel rostro parco e indiferente, se había ruborizado levemente ante la idea.

—Ma… Matthew Hawkins —ella respondió vacilante, no parecía muy convencida, pero si lo dijo con velocidad.

—Entonces el joven Daniels me acompañara —la maestra cogió a Evan mientras nos formábamos en parejas —debo recordarles una cosa, estos son sus compañeros, no solo para la clase de danza, si no también para pintura y fotografía —. El descontento era generalizado pero nosotros no prestamos atención a eso.

—Hikaru me gustaría hablar contigo cuando esto termine —dije casi susurrándole, no era necesario que los demás se enterasen.

— ¿Sobre qué? —respondió con un tono igual de bajo.

—Sobre ayer, ¿de que más podría ser Hikaru?

—Clase, por favor tomen posiciones, manos a las diez y a las cuatro, como si imitasen a un reloj. Y le advierto a cualquier gracioso que si le toca el derrière a su compañera, tendrá diez horas de trabajo comunitario —ante la amenaza de trabajo, muchos se dejaron de las payasadas y prestaron atención a los pasos de Madame Dubois.

— ¿Es necesario? —trató de evadir la mirada, el tema no debía ser de su agrado.

—Solo quería disculparme, sobre el comentario de ayer, cuando chocamos en la mañana, eso solo fue un accidente, pero tengo la culpa de lo que dije afuera de la biblioteca. Ella no dijo nada después de eso, solo se acerco más y evito mirarme.

— ¿Tanto te importa el teléfono?

— No es por eso, si tanto lo quieres te lo regalo. Es solo… que pensaba que debía hacerlo —fue extraño, en ese momento vi una pequeña sonrisa dibujada en sus labios.

—Eres extraño, no te comportas como los demás.

—Eso es por que no soy como los demás —El tiempo pareció detenerse después de eso, durante el Vals, ninguno soltó la mano del otro, no dijimos nada, ya que tampoco era necesario, y quizás, la frase del abuelo era verdad, está chica es especial.

—Muy bien clase, para ser la primera sesión lo han hecho muy bien. Es solo cosa de ver a los jóvenes Hawkins y Kusanagi, la música terminó y ellos siguen llevando el ritmo. Les recuerdo que el Baile de Bienvenida se llevara a cabo a fines de mes así que si pueden, o quieren más lecciones, estaré disponible los martes y viernes junto con las clases que tenemos por obligación.

—Bueno Matthew, pensaba preguntarte cual era el problema que tenías, pero en estos momentos pareces estar ocupado en otras cosas —supongo que me lo merezco por haberme burlado de Davide en la mañana. Bajé la vista y noté que Hikaru estaba sonrojada al igual que yo.

—Matthew… en la mañana un chico me pidió tu número, y en la noche llamó tu abuelo.

— ¿Mi abuelo? ¿Dijo algo, está bien?

—Sí, quería hablar contigo, me preguntó por que tenía tu teléfono…

—… ¿Y el otro tipo quien era?
—No lo sé, no quiso decirme, solo dijo que estaría bajó el manzano cerca de la cancha de Football a la próxima hora.

Matthew Hawkins, por favor presentarse con el director Bertrand en la puerta del edificio principal —Una voz se escucho por los parlantes que están regados por todo el campus, no sé que era peor, que lo dijesen por los parlantes, o que tuviese un encuentro con el director por segunda vez.

—Esa es la señal para retírame —despegué mis manos de su cuerpo y salí de la sala —cuida ese celular por mí, Hikaru.

Las cosas habían resultado mejor de lo que esperaba, logré hablar con ella. He intercambié más de dos palabras, de no ser por el llamado este día seria bueno. Corrí aún en contra de las advertencias de los inspectores, si me llamaba ese tipo era mejor ir rápido.

—Joven Hawkins, que bueno que llega, me gustaría hablar de ciertos incidentes a los cuales vinculan,

—Y cuales serían esas actividades señor director.

—Han dicho que metió la cabeza de un chico al inodoro, y que golpeo a una chica.

—Claro, y a esos tipos nadie les dice nada, ¿verdad? Están los clásicos retardados que golpean a los más débiles, las chicas que no toleran a las que son distintas, los deportistas son otros.

—Tonterías muchacho, solo demuestran el espíritu escolar, una bromita por aquí, otra por allá, todo para que se conozcan y divierta —claro señor director, y de seguro el planeta donde vive tiene nombre también.

—Entonces ¿quién dice que no estaba fomentando el espíritu escolar también?, ¿por qué cree que soy el único que comete infracciones?, nadie aquí es un santo señor, se lo aseguro —pero él seguía en su afán de que viese las cosas a su modo y mientras daba su discurso se paseaba alrededor. Me desconecté por temor a morir de aburrimiento, pero algo me golpeó la nuca, me saco del trance mientras sentía algunos impactos más.

—Esto es para que sepas que le pasa a la mascota del director —un tipo con la camisa fuera de los pantalones, sucia, de cabello negro y ojos castaños, trataba de intimidarme con una pistola en la mano.

—Dímelo a la cara si tienes huevos —guardó la pistola en la pretina del pantalón y corrió poco antes que yo lo agarrase.

—Señor Hawkins para donde va, aún no he terminado de hablar con usted.

—Cierto señor, pero su labia y su discurso me han impulsado a querer ser parte del internado, y deseo mostrar a mis compañeros el espíritu de Highland.

—Si es por ese motivo, adelante, enséñales lo que puedes hacer Hawkins —el tipo en verdad era un crédulo, ahora este idiota iba a pagarlo, por los disparos y por llamarme mascota del director.

A él si que no pensaba dejarlo escapar, no importa por los callejones que se metiese o si saltaba la reja metálica que conecta el dormitorio de las chicas con el taller de mecánica, este era el estacionamiento de los profesores y el depósito de buses. En este lugar había un autobús abandonado, sin sillas ni ruedas, oxidándose orgullosamente mientras fuese usado como mural de graffitis.

Lo perseguí mientras pasaba cerca de dos grasosos, por lo visto ya había pasado a su terreno, eso se notaba más que nada por las manchas de aceite, los tornillos y pernos botados, las pilas de escombros y fierros de proyectos fallidos. Mientras lo sigo, el portón de lata se cierra fuertemente y veo al tipo de la pistola subiendo una pila de escombros.

—Estás jodido Hawkins —me di vuelta y los reconocí, estaba en una trampa y aparecen ese par de idiotas.

—Pero si son el negro y el rojo, si quieren otra paliza no tengo problemas —cogí la tapa de aluminio de un bote de basura para usarla como escudo, en el suelo habían también ladrillos, tubos de hierro, y varias tapas más.

—Está vez Hawkins no hay inspectores que te salven —él pelirrojo creía que podía intimidarme con sus palabras, si supiese la poca gracia que me hacían ambos. Al menos, esta vez nadie me iba a detener de ponerlo en su lugar.

—Y está vez él gran gorila no los va a salvar —cogí un tubo de hierro y lo golpeé contra la tapa, solo para repeler con está ultima un ladrillazo que me tiró el chico de color.

No es la primera ni la última ves que peleó en desventaja numérica y si quería salir ileso, lo mejor era actuar de una vez. Usé la tapa a modo de frisbee para distraerlos, y el tubo para golpear al chico negro en el estomago y al pelirrojo en el muslo. Aprendí que siempre era mejor atacar las partes que no tuviesen o qué los huesos estuviesen, bien dentro de la carne, por eso el estomago y los muslos eran buenos lugares de impacto de menor intensidad.

Pero aún me quedaba un odioso tipejo que seguía disparándome con su juguetito, lo bueno es que donde estaba no podía ocultarse ni moverse demasiado, solo debía hacerlo caer.

—No, espera, no tienes que llegar a eso por favor te lo… —no tenía ganas de aguantar su platica y menos sus disparos, le dio miedo cuando me vio con el ladrillo en la mano, y mas aún cuando se lo lancé… y falle a propósito.

—Idiota, soy demasiado rápido para ti, no puedes contra el gran Hoggan y sus certeros disparos… —certeros disparos, y una mierda de perro, este tipo lo único que tenía era una gran boca, afortunadamente se la pude rellenar con la tapa del basurero. El golpe hizo que perdiese el equilibrio y cállese al suelo.

—Muy bien, grande y poderoso Hoggan veamos si te gustan los puños —me senté sobre su pecho, y con las rodillas inmovilice sus brazos, y entre golpes y codazos fui enseñándole quién manda en verdad.

—Detente, para por favor, ¿qué es lo que quieres de mí?

—Dame tu juguete y tu cartera, ahora —con dificultad por la falta de aire me pasó su pistola y la cartera, no quería su dinero, solo saber quien era —Clark Hoggan, me he quedado con tu nombre y tu cara, si hablas con los inspectores o Bertrand te daré una golpiza peor, ¿entendido? Y en cuanto a ustedes dos, sí piensan en otra cosa como está van a terminar peor que Hoggan —solo jadeó, no parecía tener fuerzas para decir alguna palabra, y al darme vuelta no vi a ninguno de los cobardes que quisieron atacarme.

Necesitaba un cigarro, pero no era bueno fumar demasiado, no era mí intención hacerme adicto a esas cosas, pero sería bueno tener algo con que relajarse, me tomé unos minutos para poder estar mas tranquilo y relajado a la vez que veía como Hoggan movía su maltrecho cuerpo —. Hey, la cancha de de football está en camino recto después de pasar el gimnasio, ¿verdad?

-Sí, pero cuídate de los deportistas, son unos idiotas.

—Casi todos aquí lo son así que no veo mucha diferencia.

Espero que a Hikaru no me mandase a una trampa, dudo que la planificase ella, pero podrían aprovecharse de su buena fe. Llegar no era algo tan complicado, en especial con los letreros marcando el camino, según dijo ella después de la clase de baile, cerca del manzano.

—Hola, ¿hay alguien aquí? —repetí un par de veces el saludo, sin ningún éxito, quizás solo me querían hacer perder el tiempo, solo habían idiotas musculosos en una cancha similar a la de Rugby. Aparte de ellos no había nada sospechoso, solo el manzano y unos arbustos —menuda mierda, venir aquí para nada —saqué la pistola y la empecé a mirar —al menos no todo fue en vano.

—Prepárate Matthew Hawkins —era una trampa preparada por… ¿un arbusto viviente?, no, solo era un tipo con camuflaje, que en estos momentos me estaba asfixiando con una llave al cuello. En ese instante tuve que soltar el arma por la sorpresa. La conciencia se me iba de a poco por la falta de aire, mientras escuchaba cómo las hojas su disfraz hacían ruido y me rozaban la garganta, debía actuar rápido o perder la conciencia.

Tuve el espacio suficiente para poder golpearle con el codo en el estomago, después de eso, su candado perdió fuerza. Retrocedí lo suficiente para alinear mi hombro bajo su garganta, cogí su nuca con ambas manos para luego impulsarme hacia adelante, caer de espaldas y hacer que él se llevase la mayor parte del daño al golpear con la parte frontal de su cuerpo. Con eso no solo me libere de su ataque si no que además lo había dejado con mucho dolor.

—Muy bien, que demonios pretendías con la emboscada, ¿cabrearme acaso? —recupere el aire y le pateé las costillas — ¿Quién te envío? O solo eres algún tonto que trata de medirse conmigo —recupere mi nueva arma y le apunte a la cara esperando respuesta.

—Espera, espera, no sigas —respiraba con dificultad ¿Quién no lo haría después de recibir eso? —Me llamo Yuusuke Hikari, quería comprobar que tan hábil eras. Sí los rumores eran o no ciertos —en esos momentos vio el cañón plateado que estaba frente su cara —y parece que son reales las cosas que dicen, ¿sabes que tienes en la mano?

—Una pistola de airsoft ¿no?

—No es solo una pistola de airsoft es una Silver Dragon hibrida, modificada, con empuñadura de combate, mira láser…

—Que quieres decir con hibrida.

—Que dispara proyectiles del mismo modo que lo hace las pistolas de verdad pero su funcionamiento y motor son eléctricos, conozco un tipo que tenia una así, y varios más a los que les gustaría tenerla.

—Muy bien, espero chico arbusto que tengas algo mejor que decir. Cosas sobre un arma de juguete y tratar de sorprenderme con una llave al cuello no son un buen inicio para un dialogo.

—La verdad sí, he escuchado muchas cosas de ti, y esas me dicen que tú, eres un combatiente nato, eres bueno luchando, estas en buena forma… hasta he escuchado que has hecho explosivos cronometrados —estaba perdiendo el interés y lo reflejaba en la mirada, ante esto el chico se apresuro a mostrarme algo que tenia oculto en los arbustos — ¿Qué te parece?, un rifle de precisión, también a airsoft, no es tan potente como uno real pero…

— ¿Podría llegar de aquí hasta el campo de juego? —lo interrumpí con la poca consideración que me quedaba para su persona.

— ¿Quieres dispararle a alguien?

— ¿y para que se quiere un arma que no dispara?, es como comprar juguetes y dejarlos empolvarse sobre una vitrina.

—Buen punto, ahora juguemos con ellos un rato, ¿sabes como usar uno de estos, verdad?

—Solo debo apuntar con la mira, presionar el gatillo y evitar golpearme con el arma — pero antes que Yuusuke pudiese decir algo, ya tenía mi objetivo fijado. Poco después de presionar el gatillo una porrista se sobaba un glúteo, segundos después, le dio una cachetada al jugador mas cercano creyendo que tuvo la culpa.

—Buen tiro Hawkins, ahora vámonos antes que nos culpen.

—Deja, divirtámonos un poco más —luego de eso me deje llevar, disparé en la cabeza en los dedos, en las piernas, mientras corrían de un lado al otro, ni siquiera a los de la banca los perdoné.

—OH mierda, Hawkins es tu culpa, nos han visto y ahora vienen por nosotros, tenemos que irnos ahora —tenía razón, pero por suerte a todos les dolía algo y nos daba una ligera ventaja sobre ellos.

— ¿Mí culpa?, pero si tú eras el que no paraba de gritar que nos fuésemos, de seguro eso los alerto, además… no puedes negar que fue gracioso cuando abofetearon a uno por creer que le tocó el culo a la porrista esa.

—No te lo niego Hawkins, eso fue divertido, ahora sígueme —por lo visto este tipo tenia algún plan de escape, al menos eso espero por que si no… es mejor no pensar en eso ahora. Corrimos por todos lados, despistamos a algunos en el gimnasio, en el taller de mecánica, por la biblioteca.

Cada vez quedaban menos, por desgracia todavía eran muchos como para combatir, y no tenía la menor idea de si Yuusuke me podría ser de utilidad.

—Deprisa, si llegamos al área de carga de la cafetería estaremos a salvo.

— ¿Piensas ganarles con alimentos descompuestos?

—No, usaremos camuflaje.

— ¿Camuflaje? Ahí solo hay cajas.

—Correcto Matt, solo hay cajas —y en cajas nos convertimos, tenía razón con la idea, quizás lo había subestimado, pero el camuflaje nos estaba siendo de utilidad. Ni siquiera se molestaron en revisar las cajas, solo dijeron que habíamos desaparecido y se fueron del lugar. Nos quedamos unos minutos más para estar seguros de que estaba despejado el camino, y salimos de nuestros escondites.

—Estamos a salvo.

—Nada mal, escucha, pertenezco al club de armas y tácticas de la escuela, si te interesa puedo hacer una vacante para un segundo miembro.

—Vale, me lo pensaré, de seguro voy a necesitar ayuda con el mantenimiento de esta cosa, y tú pareces saber bastante.

—Modestia aparte, las armas son mi gran pasión —se daba la vuelta para marcharse, pero parecía que aún debía decir algo más —. Una última cosa Hawkins anoté el número de tú teléfono, estoy seguro de que no serán los últimos disparos que hagamos juntos.

De este modo Yuusuke se fue y me quede un momento pensando las cosas, no era mala idea la de usar una caja como escondite y camuflaje, en un área poblada ¿Quién sospecharía de una caja de cartón? —Así que es una Silver Dragon –me puse a examinar los contornos y el cromo plateado del arma -no está nada de mal este juguete, tiene buen peso, mira láser y se ve bastante resistente en caso de tener que golpear con ella.

El resto del día fue pasando tranquilo, no hubieron mayores problemas, solo tocaban matemáticas, gramática y biología. En está ultima clase nos tocó un profesor chiflado, en todo el sentido de la palabra, no era demasiado viejo, pero si llevaba el cabello como Einstein y un ligero olor a chamuscado… como si algo le hubiese explotado, o algún experimento que salió mal.

O

—Matthew —tocaron a la puerta de mi habitación. Ya eran las nueve en punto según el despertador —Matthew soy Sídney, nos vimos el día que llegaste. Me pidieron que te pasase esto.

—Gracias…Síd –El chico con temor me paso una bolsa negra que envolvía un rectángulo.

—Me dijeron también, que cuando lo recibieses encendieses y apagases la luz tres veces, para estar segura de que habías recibido el paquete.

— ¿Segura?, espera Sídney —traté de ir tras él pero no tendría mayor sentido, tenía una fuerte sospecha de lo que era, y de quien me lo enviaba. Al quitar la bolsa negra lo vi, sano y salvo, Hikaru me había regresado el teléfono.

Tal como me pidió encendí y apague las luces, poco después el teléfono empezó a sonar, era un llamado de ella, por que el teléfono lo indicaba y porque salía su foto.

Matthew por favor, aún no digas nada solo… déjame expresarme:

La verdad no tenia intenciones de devolverte el teléfono aún, solo creí que serias otro tipo como los muchos que hay en Highland, pensaba en dártelo en uno o dos días más, pero la verdad es, que no me caes mal, y viendo la asignación de compañeros… la verdad es, que nos sentamos juntos en muchas clases. Quiero que sepas que para mí no es fácil decirle algo a cualquiera aquí, soy… reservada para socializar

—…Bueno, ahora me gustaría que me escuchases un poco, sinceramente no sé que tan difícil que es para ti poder contarme esas cosas, pero de seguro es importante poder decirlo… y lo de ser compañeros, la verdad no suena nada mal, si quieres podríamos juntarnos a la hora de almuerzo o algo así.

¿Lo dices enserio?, suena bien, buenas noches… y gracias Matthew.

—No hay nada que agradecer la verdad… —Había cortado el teléfono sin siquiera escucharme, la verdad era una chica bastante "reservada", y de seguro tampoco logra adaptarse a un lugar.

Píe de página.

Très bien: muy bien
Monsieur: señor
je petit: mi pequeña
Derrière: trasero