ADVERTENCIA: Temas de adultos, lenguaje vulgar, violencia, muerte. Universo Alterno, Humanizado.

DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Esta historia no tiene fines de lucro.

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Capítulo 3: Plan ¿Improvisado?

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Skipper se detuvo abruptamente, provocando que Hans y el resto de su Unidad de Élite también lo hicieran. Los cinco observaron que del departamento de Alex provenía música, y unos cuantos gritos. Era más de media noche, por lo que asumieron que celebraron muy temprano el cumpleaños de Marty. El líder rodó de ojos y siguió caminando sigilosamente, cargando su equipaje en su hombro. Los demás lo siguieron hasta llegar al ascensor.

Este se abrió, dejando ver a un par de maestros que conocían muy bien.

—Hey, pingüinos —Saludó amablemente el maestro de literatura, Mason. Phil solo hizo un gesto.

Mason y Phil eran maestros de lengua hispánica en el edificio, para la gran maravilla de Marlene. Phil era mudo, por lo que siempre estaba con Mason para que le ayudara a comunicarse con los demás. Sin embargo, esa no era la única vocación que tenían, sino que también ayudaban secretamente a la Unidad de Élite para ciertas misiones.

Y esta vez, no era la excepción.

—Hey, mamíferos avanzados —Skipper sonrió al igual que Hans. Private sonrió tímidamente mientras que Kowalski y Rico asentían con la cabeza, señal de respeto—. Sabemos que nos ayudarán, pero… Sabemos que no será gratis —El líder se cruzó de brazos.

—Estás en lo correcto, mi brillante ave —La sonrisa del hombre castaño se ensanchó —Queremos ir con ustedes.

Hans alzó una ceja.

—… ¿Qué? —Skipper bufó—. Iremos a una misión, no de vacaciones.

—Umm… De hecho, Skipper… Prometiste unas merecidas vacaciones después de completar la misión —Le recordó Kowalski—. Es… Casi lo mismo.

El capitán se giró y miró mal a su teniente. El más alto se encogió de hombros con una nerviosa expresión. Chasqueó la lengua.

—Bien. Pero no quiero que interfieran. A menos que no terminemos la misión, no saldrán del barco —Exigió.

—… Hecho.

Ambos estrecharon sus manos.

—Bien, andando.

Los cinco se metieron con ambos castaños al elevador.

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Marty, Marlene y Doris salieron del departamento de Alex, pues el pobre pelinegro estaba medio ebrio y lloriqueaba escandalosamente.

—¡Son los peores amigos del mundo! —Sollozó Marty.

—No se trata de eso, Marty… Es solo que cada uno tiene su propia forma de opinar…—Trató de consolarle la castaña.

—¡Pero ni siquiera me apoyan! —Chilló.

—Agh, déjalos. Están borrachos —Se rio un poco Doris, tratando de animarlo.

Marty de repente se zafó de los brazos de ambas, sorprendiéndolas.

—… Se los demostraré…—Musitó.

—… ¿Qué? —Marlene inclinó la cabeza, confundida.

—¡Les demostraré que tendré una gran aventura! ¡Le pediré a Skipper que me acepte en su cuartel secreto! —Anunció antes de salir corrieron por las escaleras de emergencia.

—¡Ma-Marty! —Exclamó la castaña antes de correr tras él, seguida de Doris.

—¡Por Dios, se va a matar si corre así!

—Además… Estamos en uno de los últimos pisos…—Musitó entre jadeos Marlene.

Tardarían horas en alcanzar el primer piso.

Se detuvieron al ver que Marty volvía a salir de la habitación de las escaleras de un piso x. Ambas jóvenes lo siguieron y lo vieron parado frente al ascensor.

—… Muy bien, Marty… Ya basta. No creo que a Skipper le…-

—Pero… Yo los vi…—Musitó desorientado.

—¿Qué?

—Yo… Los vi… Saliendo del edificio…—Contó, al recordar que antes de abandonar el hogar de su mejor amigo, había paseado por su balcón, logrando visualizar unas cuantas siluetas, entre ellas, reconoció a Skipper.

—¡¿Cómo?!

—¡Pero nadie puede salir de aquí a menos que tengas permiso!

—Uh, no tienes idea de cuántas veces lo han hecho esos tontos…—Murmuró Marlene, acariciándose las sienes.

¡Iban a pagar con creses!

¡No más winkies para Private!

¡No dejaría que Kowalski se acercara a Doris por una semana!

¡Le quitaría sus explosivos a Rico!

¡Y… Haría pedacitos al idiota de Skipper! No sin antes quitarle su preciado chocolate suizo.

Pero… ¿Cómo podría hacerlo? ¿Cuándo volviesen del viaje? ¿Y en cuánto tiempo sería eso?

—¡Eeeh! —Celebró Marty cuando se abrieron las puertas del elevador.

Marlene miró indecisa el cuarto pequeño.

—¿No vienes, Marley?

Doris tampoco entró, esperaba pacientemente lo que haría la castaña. A decir verdad, hablaba más con los hippies que con ella. Pensaba que al estar cerca de ella, podría insistirle a acercarse a Kowalski, y ella no estaba interesada para nada en él. Pero al hablar con ella horas atrás en la fiesta del pelinegro, descubrió que era una joven dulce y amable. Hasta se rio con ella de las veces que rechazó a su casi hermano.

—… Es una misión de Skipper —Murmuró, algo acongojada.

Al igual que Marty, ella en un principio, también quiso participar con ellos en sus misiones cuando tenía catorce años. Incluso había estudiado y practicado defensa personal, destacándose como la mejor alumna. Quiso demostrarles a sus hermanos que ella también se valía por lo que era, como ellos.

Pero gracias a ella, una misión había salido mal, y lo habían pagado muy caro.

Desde ese entonces, ella no volvió a insistir.

Skipper sabía que se sentía culpable, pero no hacía nada por remediar lo ocurrido. De seguro estaba satisfecho de saber que la castaña había dejado de pedirles que la incluyeran.

No malinterpreten las intenciones de Skipper, no era secreto para nadie que el líder adoraba a la pequeña castaña con un afecto tan grande que era imposible describirlo, mas eso no cambiaba el hecho de lo mucho que quería mantenerla a salvo. No siempre estarían con ella, por lo que mientras él estuviese, se aseguraría de que nadie le hiciese daño a Marlene.

—¡Vamos, Marlene! —La voz de Marty la trajo a la realidad—. ¡Sé lo que estás pensando! —Se cruzó de brazos—. Eso no fue tu culpa.

Doris alzó una ceja, era la única que no entendía de lo que hablaban.

—Además, debes cuidarme. Estoy ebrio, y si me pasa algo… No podrás vivir con ello —Sonrió a modo triunfal.

Marlene le sostuvo la mirada a su amigo, hasta que terminó por sonreír, derrotada y entró al ascensor. Doris se encogió de hombros y acompañó al par. Cuando comenzaron a bajar, la pelinegra habló.

—¿De qué estaban hablando?

Marlene hizo una mueca.

—¿Te acuerdas de esa banda de ratas? Esos tontos que tenían a un fortachón gigante que quería apoderarse del edificio… Vaya tonto…—Musitó entre risitas—. Fue hace…—Sacó la cuenta con los dedos—. Cuatro… Cuatro años —Señaló a la castaña—. Marlene y el Cabito Private quisieron demostrarle su valor a los monjas mayores —Comentó, refiriéndose a Skipper, a Kowalski y a Rico—. Pero el líder de esas sabandijas supieron jugar muuuy bien, por lo que tomaron a ambos como carnada —Se encogió de hombros—. Y los monjas mordieron el anzuelo, y…—Hizo una mueca. Miró a Marlene.

—…—Suspiró—. Estaban locos —Negó con la cabeza—. Paseaban por todos lados con cuchillos, drogas, con pistolas…—Se revolvió el cabello—. Skipper quiso salvarnos y salió gravemente herido —Reveló—. Casi no sobrevivió —Finalizó el relato—. Por eso ahora hago solo lo que está a mis límites. Tengo que respetar que… Yo no pertenezco al equipo —Sonrió un poco.

Doris suavizó su mirada y posó una mano en el hombro de la de ojos ámbares.

— Estoy segura que Skipper no se arrepiente de nada, Marlene —Le aseguró.

Marlene la miró unos segundos, después asintió, sin decir nada.

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El hombre paseaba por el barco, silbando. Dobló hacia la derecha, pero se detuvo al ver a un joven de ojos azules apoyado en la pared, mirándolo con una torcida sonrisa. De un segundo a otro, noqueó con un golpe en el cuello al sujeto, provocando que cayera de lleno al suelo.

—Desháganse de él —Les ordenó a sus subordinados.

Hans salió del escondite con una pasiva expresión, seguido de los camaradas de Skipper.

—¿Kaboom?

Skipper se rio.

—No, Rico. Solo sáquenlo del barco. Necesitamos la menor vigilancia posible.

—Aaaww…—Se quejó.

—Private, asegúrate de mantener en buen estado nuestras armas —Pidió, señalando las maletas.

—A la orden, Skipper —Hizo un saludo, para después arrastrar el equipaje con cuidado.

—Señor…—Se acercó Kowalski—. He checado y un cuarto estuvo especializado para el equipaje, entre ellos, están las cosas de Marlene.

Eso captó la atención de Skipper y de Hans.

—… Nah, deja que se queden aquí, puede que encontremos algo útil en las pertenencias de otros.

—Entendido, señor.

—¿Dónde están Phil y Mason?

—Escondidos, tal y como prometieron.

—Bien —Entrecerró los ojos al sonreír.

—A juzgar por tu expresión, diría que quieres apagarle las luces a alguien más —Comentó Hans con gran diversión.

Skipper rodó de ojos, pero no borró la curva de sus labios.

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—… No puedo creerlo…—Susurró Doris.

Marty miraba boquiabierto la escena.

Marlene estaba hecha una furia.

—… Ya veo…—Tronó sus dedos, dispuesta a perfeccionar una vez más sus movimientos de pelea con sus amigos—. Por eso se fueron antes… Porque sabían que yo los descubriría —Rechinó los dientes.

¡¿Cómo se atrevían a sabotear el viaje escolar que tanto ansiaba por ir?!

Marty, por otro lado, y un poco más sobrio, sabía que Skipper era un hombre de tener razones. Jamás haría algo porque sí. Aunque claro, pelear con Alex no contaba. Se rascó la cabeza, aún sorprendido.

La castaña iba a salir del escondite del barco en el que se encontraban, dispuesta a encarar a su mejor amigo por sus acciones, pero se paralizaron al ver que Kowalski y Rico terminaban de lanzar unos cuerpos inconscientes al muelle y apartaban el puente que daba entrada al barco. Escucharon un ensordecedor ruido, dando a entender que pronto comenzarían a navegar…-

Momento, ¡¿qué?!

—… Otra vez, ¿por qué nos metimos aquí? —Susurró con cierto pánico Doris.

No solo estaban metidos ilegalmente en un barco de la SCPO, sino que no tenían supervisores. Marlene podía jurar que Skipper se había deshecho de todos.

—… Huh…-

—¡AHÍ ESTÁ!

El trío fue tacleado por otro grupo, haciendo que terminaran cayendo todos al suelo.

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El gran estruendo fue oído por la Unidad de Élite y por Hans. Este último frunció el ceño, mientras que el grupo intercambiaban miradas. Dispuesto a saber qué ocurría, siguieron el escándalo.

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—Oigan… ¿Qué hacen ustedes aquí? —Cuestionó Marty con una ceja alzada.

Alex solo tendió a abrazarlo con fuerza.

—¡Aah, qué bien que están a salvo!

—¡Uuy, que susto nos dieron!

—Oigan, no tenemos mucho tiempo, debemos volver a casa…—Intervino Melman con cierta inseguridad.

—Chicos, estamos bien —Marlene negó con la cabeza. ¿Qué rayos estaban haciendo ellos aquí?

—Sí, mírennos. Estamos en una pieza —Marty sonrió—. Estamos bien —Doris asintió.

—Ah, qué bien —suspiró el castaño, aliviado—. ¿Escucharon? Marty, Marley y Doris están bien —Gloria y Melman sonrieron. Alex volvió a mirar a su mejor amigo—. Por cierto, quería preguntarte…—Lo agarró con ambas manos por el cuello con fuerza, furioso.

—¡ALEX! —Exclamó Marlene.

—¡¿Cómo pudiste hacernos esto, Marty?! ¡Creí que éramos amigos! —Lo sacudió con violencia.

—¡No te esponjes! —Chilló con la voz aguda—. ¡Íbamos a estar aquí en la mañana!

—¡No lo vuelvas a hacer, ¿oíste?! —Le gritó.

—Sí, ¿oíste? —Le ordenó Gloria, cruzada de brazos.

—¡Chicos, ya basta! —Marlene apartó a Alex de Marty—. ¡Lo que menos deberíamos hacer es pelear!

—¡Tú no hables, jovencita! —Alex la señaló con el dedo—. ¡Tienes que responder por tus acciones!

Marlene abrió la boca, indignada.

—¡No soy ninguna niña, Alex! ¿Quién te crees que eres? —Se puso abruptamente de pie, seguida por todos los demás.

—¡No me hables así…-!

—¡Te hablo como se me da la gana!

—¡MARLENE! —Le reprendió.

—¿Marlene?

Los seis se giraron al oír esa voz. Allí, estaba la Unidad de Élite con un desconocido de corbata brillante.

La castaña tragó saliva. De los ojos azules de Skipper vio incredulidad, después severidad, y finalmente, ira. Marlene sonrió con nerviosismo.

—… Skipper…

Dulce Marlene —La saludó Hans con una lasciva sonrisa.

—¿Hans?

—¿Hans? —Repitieron los otros que no lo conocían.

—¡¿Doris?! —Exclamó Kowalski al verla.

—¿Kowalski?

—¿Quién es Hans? —Quiso saber Alex.

—Cállate, psicópata —Le cortó con veneno el líder.

—¡¿Qué dijiste?!

—¡Alex! —Le reprendió Gloria.

—¡Pero Gloria!

—Alex, deberías escuchar a Gloria…

—¡Melman!

—¡Alex!

—Ya basta —Calló a todos Marlene, ya harta—. Estamos juntos, que es lo importante —Miró severamente a Skipper, quien le devolvió la mirada con la misma expresión.

—… Afirmativo. Pero ustedes no deberían estar aquí.

—En eso te equivocas —Caminó hacia él, posando sus manos en sus caderas—. Nosotros si deberíamos estar aquí. No ustedes. Porque era nuestro viaje —Miró asesinamente a su mejor amigo—. ¡¿Cómo pudiste sabotear nuestro viaje estudiantil, Skipper?! —Le reclamó.

—Ella tiene razón —Melman la apoyó—. Eso no debería hacerse.

—¡Cállate, Melman! Estos psicóticos pudieron irse muy lejos y jamás volver, y así jamás hubiésemos viajado. ¡Era lo mejor! —Alex se cruzó de brazos.

Skipper alzó una ceja.

—Cuida tus palabras, niño bonito. Podría apagarte las luces permanentemente.

—¡Skipper!

—Quisiera ver que lo intentaras.

—¡Alex!

—No te metas, Marlene.

—¡Me meto todo lo que quiero! —Se interpuso entre ambos—. Siempre tiene que ser a tu manera, ¿no? —Empujó a Skipper, molesta, herida y resentida—. ¡Yo tengo que respetarte como el amigo y hermano que eres para mí, pero tú no consideras mis sentimientos ni tampoco mis deseos! —Lo golpeó en el pecho.

Kowalski intercambió una mirada significativa con Rico. Ambos miraron el suelo, apenados al ser tan egoístas con su adorada castaña.

Skipper mantuvo una fría expresión al contemplar la triste expresión de su mejor amiga.

—…—Respiró fuerte—… Eres… Un egoísta —Retrocedió unos pasos.

Doris contempló la escena con fascinación. Había algo extraño entre esos dos, irradiaban sentimientos escondidos, innombrados. Pero podía leer perfectamente lo que profesaban los ojos azules de Skipper y los dorados de Marlene.

— Umm… Skipper —Private decidió cortar el tenso silencio—… Ya… Le atiné a la clave.

El pelinegro se mantuvo en silencio unos segundos, para después darle la espalda a Marlene y mirar al menor.

—… Bien. Gira esta lata de sardinas y prosigamos.

Alex, Marty, Gloria, Melman y Doris intercambiaron miradas entre ellos, confundidos.

—… Momento. ¿Qué?

—No tendrán más opción que venir con nosotros —Murmuró con acidez el capitán—. Si quieren vivir, obedecerán en todo lo que les diga. De lo contrario…—Los miró una última vez para mirar a los civiles con una cruel sonrisa—. No aseguraré sus vidas.

Hans no pudo evitar ensanchar su sonrisa en toda esta situación.

Skipper cogió de la muñeca a Marlene y tiró de ella para que lo acompañara. El resto de sus compañeros lo siguieron, mientras que dejaban a los otros cinco en un estado de completo shock y miedo.

—… ¡¿QUÉ?!

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Continuará…

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