Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola a todos, gracias por entrar en este shikatema! Aquí va el tercer capi de esta historia. Los chicos recién llegan a Konoha y ya empiezan a discutir, echándose en cara sus "pequeños" defectos, para variar, XD

BUENA LECTURA!


Capítulo III: ¿Lograremos sobrevivir la primera tarde?

El orgullo y la pereza son las dos fuentes de todos los vicios.

Pascal.


-Ya veo –dijo Tsunade, medio rostro oculto detrás de sus manos entrelazadas, mirando fijamente a los recién llegados. Estaba segura de que el regreso de Temari escondía otros motivos, pero intuyó que tendría que ver con cuestiones personales y prefirió no indagar.

Era casi mediodía en Konoha. Llegaron de madrugada, por lo cual Shikamaru había logrado descansar a sus anchas durante varias horas en su propia cama, no sin antes haber acompañado a Temari a la posada donde se hospedaría. Ahora estaban los dos en el despacho de la Hokage, reportándose y esperando las primeras indicaciones.

-Bien –continuó-, la verdad es que estamos bastante escasos de personal, tu presencia será de gran ayuda, Temari san.

-Estoy a sus órdenes, Hokage sama –repuso la aludida.

-¡Shizune! –llamó imperiosamente la Quinta.

La joven discípula se acercó atolondradamente hasta el escritorio.

-¿Sí, Tsunade sama?

-¿Tenemos o no tenemos alguna misión para asignarles?

-Creo que… -Shizune comenzó a revolver entre pilones de gruesos libros y kilómetros de desenrollados pergaminos-. En realidad… Tal vez…

-¡¿Hay o no hay?

-¡Espere! –exclamó con indignación Shizune-. ¡Si fuese más ordenada y constante en su trabajo no tendría que estar revolviéndolo todo!

-¡¿Con quién crees que estás hablando, insolente?

-¡No le diría nada si hiciese su trabajo como corresponde!

-¡Yo hago mi trabajo como corresponde, eres tú la que desordena!

-¡¿Qué dijo?

Una gota de sudor se dibujó en las cabezas de los shinobis más jóvenes, espectadores involuntarios de la insólita escena. Shikamaru, no muy seguro de lo que iba a hacer, intentó intervenir.

-Eh, Hokage sama…

-¡Si eres tú la que siempre mezcla las de rango A con las de rango D, maldita sea! –decía la aludida en ese momento.

-Hokage sama…

-¡Es tan irresponsable que todo se colapsa! –protestaba Shizune.

-¡¿Qué dijiste? –estalló Tsunade.

-¡Hokage sama! –llamó con fuerza Shikamaru.

-¡QUÉ! –rugieron las dos al mismo tiempo, mirándolo amenazadoramente.

El chunin sintió que se hacía cada vez más chiquito y creyó que en cualquier momento saldría disparado por la ventana. Temari lo observó de reojo, apiadándose de él.

-Por estar recién llegada, puedo llevar a la embajadora a dar un paseo –propuso el muchacho, armándose de valor-, así se repone de los días de marcha. Mientras tanto, ustedes pueden tomarse el tiempo que necesiten para buscar una misión, u otra tarea.

Tsunade lo miró fijamente durante unos instantes. Luego sonrió.

-Bien pensado, Shikamaru –aseveró. A él le pareció una exageración, pero era mejor estarse callado-. Serás su escolta una vez más, cuento contigo. Ahora pueden retirarse.

Los chicos saludaron con respeto y salieron. Una vez fuera del despacho, exhalaron con alivio.

-Sí, bien pensado –ironizó Temari-. ¿Y se puede saber a dónde me llevarás? Ya conozco prácticamente toda la aldea.

Shikamaru compuso su característica semi sonrisa.

-Primero iremos a comer algo. Después… ya lo verás.

-o-O-o-

No puede ser!

Temari estaba sentada sobre el césped sin podérselo creer. ¿Este era el sitio tan especial al que la llevaría? Después de comer, tal y como le había prometido, Shikamaru la condujo a un lugar que, según él, era de los más bellos de Konoha: un pequeño, silencioso y muy aislado parque que en realidad ella ya había visitado en varias ocasiones. El chunin se encontraba tranquilamente recostado sobre la hierba a su lado, la cabeza apoyada sobre las manos entrelazadas, una pierna cruzada sobre la otra. El muy descarado la había llevado a observar las nubes.

Al escuchar sus palabras, Shikamaru abrió los ojos y bostezó.

-¿Qué? ¿No te agrada? –preguntó perezosamente.

La kunoichi masculló un par de frases ininteligibles. De buena gana le hubiese propinado una contundente paliza, pero se contuvo. En definitiva, ella era en parte responsable por haberse dejado guiar. ¿Qué otro tipo de divertimento podría depararle la "superdotada mente" del muchacho? ¿Acaso no lo conocía? Se maldijo a sí misma por no habérselo imaginado.

-En realidad es muy agradable –mintió.

-Vamos, Temari, sé lo que piensas de mis pasatiempos, no es necesario que disimules.

-¿Crees que estoy fingiendo? ¿Eso crees?

-Eso creo.

-¿Por qué estás tan seguro?

-Porque si dijeras la verdad sería como admitir que te equivocaste –aseguró-. Pensaste que te llevaría a algún sitio interesante o divertido que todavía no conocías, confiaste en mí sabiendo muy bien que me resultaría problemático hacer tal cosa. Esta vez no pudiste darte cuenta a tiempo de lo que planeaba. Punto a mi favor.

-Punto a favor de tu pereza.

-Punto en detrimento de tu orgullo.

Temari se crispó, otra vez le salían con eso. Confusa, prefirió seguir con el tema principal.

-De todas formas, me gusta estar aquí –aseveró, mientras se recostaba también.

-Sí, claro –dijo él, condescendiente. Durante unos momentos permanecieron en silencio, meditando, mirando el cielo, hasta que al chunin se le ocurrió una idea-. Hace mucho calor, ¿por qué no vas a comprar unos helados?

-¿Y por qué no vas tú? –retrucó con irritación Temari. ¡Era lo único que faltaba!

-Creí que te aburrías –señaló el joven.

-¡Te dije que no! –insistió porfiadamente ella.

-Vamos, es una buena oportunidad para que admitas que estar aquí te desagrada.

-Que no.

-Temari…

-¡No me utilices como excusa para encubrir tu flojera!

-Deja de ser tú tan orgullosa.

-¡Eres un vago!

De pronto, Shikamaru se enderezó, como asaltado por un súbito temor.

-Shika…

-Sshhh

Permaneció durante unos segundos atento, expectante. Temari no entendía lo que sucedía, cosa que la fastidió bastante, y cada vez que quería saber lo que pasaba el chico le hacía señas para que se esté quieta y en silencio. Tuvo que quedarse sentada cruzada de brazos. Repentinamente, Shikamaru se volvió hacia ella y sacó su kunai. Temari supo que algo grave ocurría al ver que levantaba la mano empuñando el arma como si fuera a asestársela. Por una fracción de segundo, creyó que el chico había enloquecido.

Pero antes de que pudiera empezar a increparlo, Shikamaru se arrojó encima de su cuerpo, haciéndolos caer. Temari quedó debajo de él absolutamente anonadada, forcejeando para liberarse de su peso. La postura resultaba incómoda e inconveniente, haciendo que se sonroje sin querer. ¿Cómo se atrevía? Para colmo, el chico demoró una eternidad para moverse. Deseó con toda su alma que nadie los descubriera en esa posición.

-¡Idiota! –le gritó-. ¿Se puede saber qué demonios te pasa?

Él empezó a levantarse con cuidado, observando lo que tenía en la mano. Cuando estuvo en cuclillas, Temari se sentó y le lanzó una indignada cachetada, que hubiera dado en el blanco de no ser porque el chunin tenía buenos reflejos.

-¡Quieres calmarte!

-¡¿Quieres decirme por qué hiciste eso?

-¡Por esto! –dijo el chico, y le colocó el kunai delante de la cara. Temari se aplacó al instante, comprendiendo por fin. Clavada en el arma, una pequeña víbora de colores llamativos dejaba de moverse paulatinamente-. No es que abunden –explicó Shikamaru, poniéndose de pie-, aunque es de las más venenosas. Es muy raro que esté tan cerca de la población, debe haberse extraviado. Salté sobre ti porque no tenía un ángulo mejor.

Temari no le quitaba los ojos de encima al repugnante ofidio. Pocas cosas la espantaban, y ese animal formaba parte de la lista. Al darse cuenta de ello, de inmediato Shikamaru arrojó el kunai a lo lejos, para resguardarla de esa visión.

-¿Qué, la dejarás allí? –preguntó la chica, sin percatarse de su pequeño gesto.

-¡Claro que no! Más tarde volveré y se la llevaré a Shizune, por si la necesitan para hacer suero.

Después los dos se quedaron en silencio, sin saber muy bien qué agregar. Si hubieran estado en medio de una batalla se sentirían más cómodos, pero estaban solos y él había hecho algo… amable. Y ella había pensado cualquier cosa. Otra vez se maldijo a sí misma.

-Shikamaru…

El aludido la miró. ¿Podía ser que la kunoichi tuviera intenciones de…?

-Eh, Temari, no es necesario –dijo con sinceridad.

-¡Cállate y déjame continuar! –ordenó ella.

No le quedó otra alternativa más que obedecerla. Permaneció de pie con las manos en los bolsillos, resignado. Si iba a hacer lo que él creía que iba a hacer…

-Yo… te lo agradezco –dijo Temari. El primer paso estaba dado, no fue tan difícil, lo peor estaba por venir. Tomó aire.- Y por intentar golpearte…

-Oh, vamos… -intentó de nuevo él, pero Temari le lanzó una de sus furibundas miradas. Se calló. No podía creer que estuviera en esta situación, ¡era absurdo! Todo por una pequeña viborilla que andaba por ahí perdida. De casualidad la había sentido arrastrarse, acercándose a ellos. Cualquier ninja, sea chunin o genin, podía encargarse de un simple animal, y cuando vio de qué tipo se trataba hasta se tranquilizó, porque sabía que la aldea contaba con el suero antiofídico apropiado. Sin embargo, por alguna extraña razón, no quiso que ella se lastimase… Una maldita razón que venía arrastrando desde hacía tiempo y que todavía no había logrado dilucidar.

-Yo… –continuaba diciendo Temari-, yo… lo ssss…

Era increíble, en verdad lo diría.

-… lo-lo sssien…

Estaba seguro de que el mundo se acabaría, que la vida en la Tierra llegaría a su fin. Se esforzó por ser educado y mantener los ojos abiertos para contemplar lo irremediable.

-… lo siento.

Shikamaru pestañeó. Eso fue todo. El viento se levantó de pronto y sacudió la abundante fronda de los árboles que los rodeaban. Una bandada de ruidosas aves se elevó hacia las nubes con vuelo audaz. Durante un infinito instante, el ninja perdió el sentido de la ubicación. Luego, con gran esfuerzo, retomó las riendas de la realidad y se palpó mentalmente para asegurarse de que había sobrevivido.

Estaba seguro de que si lo contaba, nadie le creería. Temari se había disculpado. ¿Sería esta su Temari? ¿O sería un kage bunshin quizás? Era insólito… Aunque, más allá de todo, se inquietó. Sabía que en el último tiempo, por más que se esmerara por parecer la de siempre, en el fondo no había superado el fracaso de su última misión. Había una fisura, era indudable, porque de otro modo nunca se hubiese disculpado, menos que menos por un intento fallido de cachetada. Realmente le preocupaba.

-¿Y qué hay del helado? –preguntó la kunoichi, intentando volver a la normalidad.

Shikamaru se sorprendió. Se ruborizó al darse cuenta de que se había quedado en silencio como un tonto.

-Cierto, vamos –fue todo lo que pudo decir.

-Tenías razón, este sitio es muy aburrido –terminó por admitir Temari, comenzando a caminar a su lado. Fue la mejor vía de escape que se le ocurrió, ¿quién podría culparla por ello?

Porque en lo otro que acababa de hacer era mejor no pensar.


O.O

Pasó lo que creo que acaba de pasar? Temari se disculpó? O.O

Jejej. Gracias a todos los que han comentado, he podido responderles. Y gracias a todos por su tiempo y por su paciente lectura. Nos vemos!