La vida llega a ser bastante estresante: Las presiones de la casa, de la familia, del trabajo...
"Agente P, espero su informe para antes del mediodía."
"Agente P, requiero de su presencia en los cuarteles ya mismo"
"Agente P, lamento que esté enfermo y se sienta mal, pero debe ir a detener a Doofenshmirtz; recientemente lo hemos visto comprando muchas verduras en el supermercado lo cual podría ser bueno para su salud o malo para la ciudad, ve allá y detenlo."
"Agente P... ¡AGENTE P!"
¡Shh! ¡Silencio! La voz lo está enloqueciendo ¿O no se había vuelto loco ya? Al menos lo suficiente como para aceptar la propuesta de un día relajamiento con su némesis.
Sí, con el hombre que el juró enfrentar y detener a toda costa. Debía tratarse de una trampa pero eso no era algo que a estas alturas le preocupara.
Llegó al edificio a la hora indicada. Decidió tocar por mera cortesía. Al momento, abrió aquel hombre encorvado y de bata.
—¡Perry el ornitorrinco! ¡Si viniste, pasa, pasa!
El mamífero semi-acuático dio un gran salto pensando que así evitaría una trampa y casi se estrella contra la mesa, recibiendo un buen regaño del científico.
—Tal parece que no entendiste el propósito de esta reunión, yo también estoy cansando de la rutina, sólo por hoy pasemos el rato como... tú sabes...
Arqueó la ceja.
—¿Buenos... no tan buenos compañeros que comparten intereses en común?
Cruzó los brazos.
—Eh... ¿Quieres ver una película? Mira tengo estas: "Anochecer"," Los juegos de la gula" y "Mi novia es un zombie-ninja del futuro".
Las tres películas sonaban horribles, como algo que sólo a Candace le podría gustar.
—Ya sé, veremos las tres.
Iba a ser una larga tarde.
Los bocadillos se acabaron antes que la primera película, Perry se ofreció a ir a la cocina pero su némesis no lo dejó ya que un pequeño robot iba y traía las cosas del refrigerador, al menos el segundo de ellos ya que el primero fue destruido por el ornitorrinco pensando que era un arma.
Eso no iba a funcionar, Doof se reía como loco con las escenas graciosas y lloraba como una niña en las escenas tristes y encima lo usaba como almohada cuando había tensión.
—¿No te sientes mejor, Perry el ornitorrinco?
Él solo gruñó. Definitivamente no era lo que tenía en mente para relajarse, tal vez lo mejor era irse.
—Espera Perry, no puedes irte antes de la mejor parte de la película.
Como si no supiera de qué se trataría, otro romance adolescente. ¿Quién puede sentirse mejor con eso? La cinta seguía, no le prestaba atención alguna. El largo suspiro de Doof le extrañó.
—Un chico normal y un ente sobrenatural, dos seres de mundos distintos enfrentados por lo que se supone deben hacer... no consideras que eso es... pues... ¿romántico?
Para Perry era un mal pretexto para vender libros. De pronto sintió algo sobre su hombro, era la mano de Heinz... ¿En qué momento se había acercado tanto?
—Sabes, a veces me gustaría ser el protagonista de una película de este tipo, al menos ellos tienen finales felices.
Aquella frase movió algo dentro del agente, pues él sabía que la vida de su enemigo era una película de terror. De poseer la misma estatura, lo hubiera inclinado ligeramente hacía él, dado que no era el caso, recostó su cabeza en el costado. Pasaron un par de minutos y para cuando el ornitorrinco se percató, Doof se encontraba tumbado completamente en el sillón mirando la televisión y él recostado sobre su pecho. Su instinto le ordenó moverse pero una suave caricia se lo impidió.
—Shh... Relájate, veamos cómo termina esto.
Era el momento romántico de la película, en el que el protagonista lucharía por el amor de su amada. Perry seguía sin importarle la película, su mente divagaba con cada caricia a su suave lomo; no era como si nunca antes hubiese recibido una, pero la forma de acariciarlo de sus dueños era completamente diferente. Esta se sentía tan bien. Tampoco escuchó el valiente discurso del héroe, porque sólo podía escuchar el fuerte latir del corazón de Heinz y percibir su dulce aroma.
Nunca antes en su vida se había sentido tan relajado.
Finalmente, la tan ansiada escena del beso llegó y con él, la realización del amor imposible.
—Perry... yo...
La peluda criatura se había dormido, su semblante lucía tranquilo y contento. Doof sonrió. "Nuestro final será mejor", pensó antes de acompañarlo al país de los sueños.
Shh. Ellos duermen y sueñan un mundo de cosas imposibles (y pies gigantes, por alguna razón).
—Señor, ¿desea que active ya la trampa para Perry? —Preguntó Norm al entrar a la sala. —Supongo que será otro día.
