Capitulo 3. Capacidad para amar y ser amado...¿ni-san?
Al parecer podría utilizarlo como cuando hacía alquimia, sólo que no necesitaba palmear con sus manos cada vez que lo necesitara, se puso una mano en la barbilla y observó el libro, ¡Vaya! parecía que ese conjuro de Levicorpus…, lo pronunció en su mente y escuchó un grito, al girar la cabeza vió al Slytherin golpeándose contra el techo.
-Lo siento... fue sin querer… -dijo sacando la lengua y escuchando las carcajadas de los Gryfffindor al frente, Ron no podía parar de reír quitándose las lagrimas al tiempo que Harry se sujetaba el estómago.
-¡Bájame de una vez, niñato! -gritó amenazante al rubio Gryffindor. Éste hizo un gesto con la mano y Draco cayó al suelo sintiendo dolor al sentir como todos sus huesos golpeaban contra el suelo-. ¡Augu!
-Señor Zabini, lleve al señor Malfoy a la enfermería… será mejor que no hagas gestos con las manos… -comentó el profesor, Edward se frotó la cabeza y, viendo pasar a Draco acompañado de Zabini silbó e hizo un simple gesto que hizo que el joven terminara con los pantalones bajados dándose cuenta de esto tan sólo los alumnos ya que el profesor estaba comenzando a explicar el conjuro del día.
-Tío, eres genial –dijo Ron pasándole el brazo por el hombro con camaradería, Edward lo miró arqueando una ceja.
-Sí que cambias pronto de actitud –comentó algo confuso a lo que Harry contestó con una carcajada-. No hay más clases por hoy, ¿no?
-Es la hora libre, supongo que querrás ver a tu hermano, ¿no? –preguntó Ron algo más compresivo, Hermione caminaba por delante de ellos, celosa.
-No es necesario, voy a ir a la biblioteca, aunque debería pasarme antes por la Sala Común, para saberme la contraseña y eso, no quiero acabar de nuevo en la habitación de Snape -dijo, riendo tranquilamente.
-¿Dormías en la habitación de Snape? –preguntaron, al verlo correr Ron observó a su mejor amigo el cual se encogió de hombros, señalando a donde venía alguien igual de grande y el menor de estatura se lanzó contra él como si estuvieran luchando-. Guau, eso debió doler…
-¿Qué hacen? –se preguntaron al verlo salir al patio exterior quedando ambos en guardia, salieron y se sentaron para ver el espectáculo al ver a ambos hermanos pelear de una manera tan fiera, les pareció ver como el rubio daba volteretas imposibles y a su hermano golpear para esquivarle y golpear de la misma manera, no supieron cómo interpretar esta lucha pero, en un momento dado, Alphonse se detuvo al ver como su hermano mayor caía al suelo quejándose de la pierna.
-¡Ni-san! –gritó Alphonse al ver que había perdido la conciencia, sujetó a su hermano y lo apoyó contra sí mismo-. ¡Ni-san despierta! ¡Ni siquiera te he dado! ¡Ni-san!
Estaba de nuevo ante la puerta, observó a su alrededor y vio a alguien allí presente y reconoció a esa persona que al parecer quería quitarle algo en el mismo momento pero ahora él no había realizado nada de alquimia compleja, entonces… ¿por qué…?, Edward se acercó a aquél y le sujetó el brazo imprimiendo dolor en él, forzando que se arrodillara y lloró al imaginar que Alphonse estaría pasando por la misma experiencia.
-El pago ha sido hecho… -escuchó una voz adulta y vio como aquella persona dejaba de intentar quitarle el brazo y desaparecía, giró su cuerpo y vio a su padre-. Edward… ayuda mucho a esa gente…
-Hohenheim… ¡nos vas abandonar otra vez! –le gritó furioso estirando una mano hacia él, al sujetarlo notó que era real y sus ojos no pudieron evitar llorar-. Por favor padre…
-Oh Edward… -susurró abrazando a su hijo que comenzó a llorar sin poder evitarlo-. Es lo único que puedo hacer por vosotros dos… hacía mucho que no me llamabas padre… estoy orgulloso de ti, hijo mío…
-Hohenheim tu pago –los interrumpió el guardián señalando al corazón de su padre y el rubio negó con la cabeza-. O la de tu hijo…
-Es un trato… -dijo Hohenheim apartando a su hijo y echando a andar, Edward lo vio irse hacia ese hombre y éste le atravesó el pecho recogiendo una piedra roja de su corazón, Edward gritó queriendo ir allí estirando la mano para alcanzarle pero notó que otra mano lo sujetaba. Al girar su cabeza sintió un abrazo que le hizo girarse para mirar, observó la chaqueta y lloró aún más profundamente.
-¡Baka coronel! –le gritó pero el moreno puso una mano en su cabeza sintiendo los puñetazos que le daba el rubio, Roy Mustang no pudo evitar susurrar palabras de consuelo pero no quería que Edward viera cómo aquello devoraba a su padre, al notarlo lacio pasó una mano por sus piernas y cuando la puerta se cerró detrás de ellos se encontró en un inmenso bosque.
-Un bosque… -observó la nueva ropa de Edward, era algo extraña, lo dejó por un segundo en el suelo para intentar ver en qué dirección tenía que ir, sólo hasta encontrar el camino hacia el castillo, caminó con Edward en brazos, era normal que estuviera tan impactado, aquello fue horrible de ver, él mismo sentía nauseas. Al salir del bosque observó aquel castillo-. Guau… es enorme…
-¡Quieto! Suelte al alumno y déjelo en el suelo… -ordenó alguien a su espalda, Roy notaba esa cosa alargada apuntándole en la espalda así que rápidamente se colocó a Edward en el hombro y saltó chasqueando los dedos para intentar incinerar a quienquiera que se atrevía a apuntarle-. ¿Otro alquimista?
-Profesor Snape, ¿encontraste a…? –comenzó a decir Alphonse, pero se tapó la boca y señaló con un grito a Roy, el moreno parpadeó un par de veces, sorprendido-. ¡Taisa! ¿¡Qué hace aquí!
-¡Pues tu qué crees! -dijo bajando a Edward de su hombro colocándolo entre sus brazos-. Pues he estado buscándoos con ayuda de vuestro padre gracias a él pude cruzar hasta donde estabais concretamente… ¡yo cumplo chico!
-Je je je… ¿Qué le ha pasado a Edward? –preguntó Al y eso le hizo recordar los gritos de Edward intentando evitar aquello, y éstos recuerdos le hicieron negar con la cabeza y levantarse-. ¿Pero mi Ni-san está bien?
-Sólo algo cansado, ha utilizado mucha alquimia, estará varios días sin poder levantarse… -pudo escuchar el profesor la paciencia con que hablaba aquel hombre-. Estoy deseando que despierte para refregarle que me abrazó…
-¡Taisa jajaja! Usted nunca cambia…
Como Roy se negó vehementemente a dejar en el suelo al muchacho inconsciente para que con un simple encantamiento locomotor lo llevara el profesor, Snape los acompañó al colegio, Alphonse parecía sumamente alegre y caminaba rápidamente les abrió las puertas, aunque fuera algo innecesario porque podía abrirlas con magia y se dirigieron a la enfermería.
-Entonces… lo tenías en brazos y desapareció, ¿no? –interrogó Snape al joven hermano de Edward, mientras la señora Pomfrey atendía al rubio, el castaño simplemente asintió.
-Es sólo cansancio, está agotado –sentenció la enfermera arropando al chico, Mustang sonrió triunfal.
-Te lo dije –reafirmó de un humor inmejorable el moreno.
-Tú y yo hablaremos luego –susurró muy suavemente, calculando con su atenta mirada sus posibilidades de triunfo.
Alphonse observó a ambos sorprendido por la tirantez de su miradas, tenía un mal presentimiento, fue en el momento en que las puertas se abrieron que Snape desvió la vista hasta el director del colegio, el cual suspiro aliviado al ver al muchacho sano y salvo en la camilla.
-Menos mal… creí que él fue el causante de la masacre… -soltó de pronto el director y Snape, simplemente, frunció el ceño-. El Valle de Gring ha caído… los mismos síntomas, en el mundo mágico se ha impuesto la ley marcial, incluso Hogwarts está bajo custodia de la orden del fénix…
-¡Albus! –gritó caminando hasta el anciano y Roy se rascó la cabeza observando la tristeza de Alphonse, se acercó a Hagane y miró al menor-. ¡¿Cómo que hay más síntomas? no dijeron que estaban experimentando!
-El valle de Gring también tenía potencial mágico… -se escuchó al profesor el cual se fijo en aquella figura que apartaba los mechones dorados de la cara del menor-. ¿Quién?
-Otro alquimista, llevaba a Edward en brazos… -informó al director el profesor de pociones con los brazos cruzados-. Es realmente molesto que tantos crucen a este lado… Tendremos que abrir una agencia de turismo.
-Alphonse ¿Qué ha pasado? –preguntó Roy y el menor pegó un pequeño salto jugueteando con los dedos-. ¿Qué sucede en este sitio? Tu hermano se desmayó en el momento de utilizar su alquimia… ¿Qué está pasando? ¡Alphonse!
-Taisa no se enfade pero al parecer alguien, alguien está utilizando población de este mundo para crear la piedra filosofal… -explicó mirando a su hermano inconsciente, Roy abrió los ojos y sin querer dio un puñetazo contra la pared, Alphonse cerró los ojos asustado-. Taisa… nosotros tratamos de…
-¿¡Por qué os embarcáis en más sufrimiento! -escuchó salir este reproche de labios del moreno-. ¿Es que sois masoquistas o qué…?
-Taisa... no… pero… -intentó explicarse Al pero Roy notó una débil mano sujetar su chaqueta y miró al rubio que tenía los ojos abiertos y negaba con la cabeza llorando, el moreno recordó lo sucedido en la puerta y sujetó aquella mano que ahora mismo le parecía tan frágil y delicada, ¿por qué demonios ellos dos tenían que sufrir tanto? ¿No le bastaba a la puerta con su viaje de pecado y sufrimiento?-. Ni-san…
-Hagane trata de relajarte… -se escuchó al moreno el cual sonrió enternecido por las lágrimas del rubio-. Por favor… Edward…
-No, coronel Mustang… -susurró incorporándose, y llevándose una mano a la cabeza, algo mareado-. Estoy… perfectamente. Snape… -comentó mirando al profesor de pociones con expresión desvalida-. ¿Tienes algo para mí? –pidió, esperando que el moreno le diera algo para despejarse.
-Sólo una poción para dormir que hará que no puedas resistirte al cansancio –siseó amenazante, Mustang apretó la mano de Edward con fuerza y entrecerró los ojos, mirando con odio y algo de respeto al otro moreno.
-Está bien… -se rindió dejándose caer sobre la almohada-. Si crees que es lo mejor, me tomaré esa estúpida poción.
Mustang miró sorprendido al rubio que esperó a que el otro hombre volviera con los ojos cerrados, Dumbledore sonreía satisfecho por la actitud sosegada del explosivo joven, Snape no tardó demasiado tiempo en volver, casi demasiado deprisa para el gusto del coronel y, reclinado en la cama del chico, le hizo beber la pócima, ignorando fantásticamente las insistentes miradas del moreno.
-Nos vemos mañana Edward –susurró en su oído antes de que el chico se durmiera, el rubio le sonrió dulcemente.
-Tú tranquilo, que mañana te haré de nuevo la vida imposible –afirmó acomodándose en la camilla y dando un gran bostezo.
Snape salió de la enfermería de inmediato, seguido de cerca por Alphonse, Roy Mustang y, por supuesto, Albus Dumbledore, se detuvieron frente al despacho del profesor en las mazmorras, Snape se giró y los miró a todos despectivamente abriendo la puerta de golpe, todos entraron y se colocaron en cualquier lugar donde no hubieran cosas en formol, que no era mucho.
-¿Qué? –espetó Severus sentándose en su silla, invocó unas cuantas butacas más, tenía toda la pinta de que iba a ser una conversación larga.
Alphonse comenzó a explicarle a Mustang sobre ese mundo y al parecer el adulto no estaba demasiado sorprendido con los hechos, pero no pudo evitar reír al escuchar cómo llegó Edward, armando escándalo y llamando la atención como siempre. No pudo más que retirarse las lágrimas de la risa.
-Yo no le veo la gracia… mi Ni-san estaba muy asustado, aunque le cueste admitirlo, Ed es muy frágil… aunque no sepa demostrarlo… -le reprochó al ver mover la mano del moreno-. Taisa…
-Conozco a tu hermano desde antes de ser Alquimista Nacional, por dios Alphonse prácticamente os criasteis bajo mi mando… -le dijo y el menor de los Elric observó sonrojado al Taisa, era verdad-. Y siempre cumpliendo con vuestras decisiones haciendo lo que queríais sin pensar en los demás… creo que un colegio os vendrá bien, relacionaros con gente de vuestra edad para variar, aunque sean un poco diferentes…
-Los diferentes somos nosotros… pero eso se puede arreglar… -le sonrió Alphonse, el moreno puso una mano en la cabeza revolviendo el cabello del castaño y asintiendo-. Pero… ¿Han atacado de nuevo?
-Sí… Alphonse, ve a tu sala común… -le dijo Snape en voz baja, el menor observó al coronel el cual asintió y éste obedeció en el acto, al desaparecer el menor de los Elric fue cuando la cara de Roy cambió completamente y observó al profesor de pociones-. ¿Me lo parece o no le caigo muy bien?
-Es obvio, no sé qué le habrá hecho a Hagane, pero ese chico está mucho más destruido que antes… él jamás me hubiese mirado de la manera en que lo hizo… -señaló al profesor de pociones con un dedo acusador-. Alguna de sus estúpidas pociones le ha tenido que hacer algo en la cabeza…
-Tal cosa no ha sido en ningún momento cosa mía –afirmó con convencimiento. Edward no había llegado a probar ni una de las pociones que había ideado para él, Albus sonrió y arqueó una ceja divertido-. Mañana Edward se encontrará mejor y habrá descansado, eso es algo que dudo mucho que usted lograra hacer.
Roy Mustang enrojeció de la ira e iba a chasquear los dedos cuando Dumbledore lo dejó clavado en su sitio con un conjuro, el moreno los miró y sus ojos destilaban furia asesina, Albus rió a carcajadas, feliz de encontrar un adulto entre los famosos alquimistas.
-Siempre me interesó la alquimia, desde niño –confesó con una sonrisa amable-. Pero jamás tuve la oportunidad de aprender tan noble arte, nos haría falta un profesor para tal materia, estoy seguro de que a mis alumnos les encantará acudir a sus clases de manera opcional, y de ese modo podrá quedarse en el castillo.
-¿Es una opción? ¿O una encerrona? –preguntó, aun con los ojos entrecerrados sin parecer nada convencido, Dumbledore simplemente hizo una señal y Roy pudo moverse.
-Tómeselo como quiera señor –sugirió saliendo del despacho con un aire totalmente digno.- Snape habilite la habitación que el antiguo profesor de Adivinación utilizaba en el sótano…
-Lo que ordene Albus…- susurró, en el momento en que se fue observó al Taisa con la misma fiereza con la que él correspondía a su mirada-. Escucha… a lo mejor tú no lo conoces tanto como crees, escuché historias de ti y de Edward, por lo que supongo que debes sentirte atraído por ese muchacho…
-Vaya parece que no soy el único… -sonrió malévolo, saber que ese muchacho rubio había estado con ese tipo lo ponía furioso-. Yo lo encontré primero y lo descubrí…
-Yo le he hablado como lo que es, un niño perdido… -siseó amenazante, el Taisa frunció el ceño bastante furioso y observó a Snape-. Además… me dió un beso… aquí…
Sólo de imaginarse la escena le hacía querer chasquear los dedos, pero eran adultos y no niños por lo que tosió para recuperar la compostura y sonrío recordando aquel día bajo la lluvia cuando aquel asesino por poco lo mata después de venir de las minas, su primera misión, no podía haber visto a Hagane tan hundido. Fue el único lugar donde su hermano no lo pudo consolar.
-No nos comportemos como niños pequeños, se supone que somos adultos y maduros… -sonrió de manera divertida Roy, mientras el profesor de pociones enfiló la mirada, el moreno extendió la mano-. Qué gane el mejor…
-Acepto el reto… -susurró apretando la mano de manera brusca.
A la mañana siguiente Edward leía un libro y miraba por la ventana cuando escuchó la puerta y vio venir a su hermano con Hermione, Ron y Harry a los cuales sonrió dejando el libro sobre la cama, Ron se quedó parado en ese momento y sujetó a Alphonse susurrándole algo en el oído y su hermano le miró.
-¡Claro que no Ron! ¡No seas borrico! -gritó su hermano menor acercándose algo molesto por el atrevimiento del pelirrojo-. ¡Mi hermano es un chico!
-¿Qué sucede? -escuchó a Harry que casi estaba riendo-. ¿Ron que le has preguntado?
-¿Qué si estaba seguro de que mi hermano es un chico? -señaló al pelirrojo, el rubio frunció el ceño y Hermione no pudo más que reír ante la palabras de su novio, no podía ser otro el borrico que hiciera tales preguntas-. ¿Qué, ni-san, cómo estás?
-Algo cansado… -admitió sonriendo y rozando la cubierta de aquel libro-. Al… El Coronel…
-Para tu desgracia no era una ilusión… -susurró Al, eso pareció deprimirle-. ¡Ya le avise que si se volvía a meter contigo le iba a dar un castigo así que no te apenes!
-Dudo mucho que Mustang se contenga… -suspiró mirando el libro y cuando notó una mano encima de su manita que era levantada miró la persona que la había cogido, parpadeó sorprendido, era Hermione lo cual le espantó-. ¿Qué?
-Ese profesor nuevo… ¿le conocéis? Es tan guapo, elegante, aahhh e inteligente… -murmuró soñadora, Edward se rascó la cabeza algo preocupado y observó a su hermano, no comprendiendo demasiado de lo que estaba pasando en el colegio aunque de algo estaba seguro, este lugar iba a ser el campo del juegos del Taisa-. Si todos los chicos fueran así…
-Yo me suicidaría… -masculló sacando a la castaña de sus ensoñaciones sorprendida de oír al chico rubio decir tales palabras-. Si todos nos tuviéramos que parecer…
-Ni-san …¿Qué estabas leyendo? –preguntó Al observando un libro sacado de la sección prohibida por el profesor de pociones que Harry reconoció. Él no había sido capaz de leerlo por aquél grito que el mismo libro pegó. Haciéndole huír.
-Una biografía de Nicolas Flamel… -Edward sonrío divertido al observar a Harry-. ¿Te sucede algo?
-¿Eh? Oh, no nada… -dijo riendo divertido y con la mano detrás de la cabeza, suspirando ocultó su rostro-. ¿Cómo es que puedes leerlo?
-El profesor Snape me explicó cómo leerlo… -abrió el libro y puso la palma delante del libro, viendo como un humito se esparcía alrededor de éste-. La piedra filosofal en este mundo, Al, es diferente a la nuestra, no es un potenciador de Alquimia perfecto… en este mundo puede dar la vida eterna y, al hervirla junto con una poción concreta puedes crearla, pero también se utiliza para fabricar oro…
-¿Vaya? ¿y cómo se fabrica? -preguntó Alphonse interesado observando a su hermano, éste sonrío y le observó medio llorando al acordarse de los ingredientes de su piedra filosofal-. Ni-san ¿Qué tienes?
-Esta… se hace con elementos naturales especiales y con una cocción de cincuenta años… que puede ponerse a la mitad con el agua roja… y el agua se crea igual sólo que no es tóxica… ni necesita de vidas humanas… -susurró triste, los tres chicos observaron a Edward agachar la cabeza-. Nuestro mundo es bárbaro comparado con este… aquí intenta suprimir la utilización de vidas humanas y…
-Ni-san, no fue nuestra culpa. Scar nos dio la piedra porque sabía que su vida… -comenzó a decir pero Edward alzó una mano para callarlo-. ¿Ni-san?
-No teníamos derecho a utilizarla… eran vidas humanas… Al, no justifiques nuestros actos como algo puro… y con sentido… fue nuestro egoísmo… puro egoísmo –susurró desviando la mirada pero recibió un fuerte golpe en la cabeza y se frotó dolorido-. ¡No pegues a tu hermano mayor!
-¡Ni-san baka! -le gritó el hermano menor, bastante furioso-. Baka, baka, baka, baka, baka, baka!
-Al, no me llames estúpido -le dijo el mayor de los Elric alterado y observándole fijamente, Pomfrey se acercó al ver que había jaleo, el profesor Snape le había dado órdenes de retirar cualquier cosa que pudiera perturbar al chico, pero aquella pelea parecía ser justo lo que necesitaban ambos hermanos.
-¡Te llamare mil veces estúpido si es preciso Ni-san! ¡No quería perderte! ¡Por dios, Envy te mató, estabas entre mis brazos, muerto! -gritó el menor de los Elric-. ¡Jamás digas que estábamos equivocados! ¡Superamos todas las pruebas!
Al ver como Edward tosía se preocupó, acarició su espalda, Harry le acercó agua para que bebiera y fue entonces cuando Alphonse se pudo fijar en la palidez de su hermano, verdaderamente estaba enfermo. ¿Sólo era agotamiento?, al observar a Pomfrey caminar con una bandeja repleta de pociones se preocupó bastante, porque eso no podía ser normal…
-¿Qué tiene mi hermano? –preguntó angustiado, la enfermera apartó al menor y colocó la mano en su frente-. ¿Me responderá?
-Al sólo… -dijo Edward tosiendo y recibiendo una poción por parte de la enfermera.
-Su hermano aparte del agotamiento ha pillado la gripe… regalito de Phineas que estuvo ingresado… y, claro, como estaba tan débil pues le ha contagiado… es normal señor Elric… es por eso que pasará aquí la gripe, aún está demasiado débil… -le explicó y Alphonse más aliviado le sonrió a su hermano, se había comportado de una manera egoísta, estaba claro que su hermano estaba muy débil por lo que se puso a la altura de la cama haciéndole reír. Como cuando se resfriaba en casa cuando eran pequeños.
-En serio Al…tu hermano es realmente guapo… -escuchó a Ron, mientras caminaban juntos por el pasillo, Harry le observó de reojo-. ¡Tiene una belleza que cualquier chica mataría por tener!...
-No digas estupideces… -susurró Harry y Ron notó el golpe que le dio, al observar que Alphonse no podía evitar sonreír, siempre lo había notado en el cuartel, cada vez que pasaban todos se giraban para ver al Alquimista de Acero, no porque era joven sino por aquella belleza que heredó de su madre.
-No son tonterías Harry… Ron tiene razón… -susurró dándose la vuelta y caminó hacia lo que sería una clase de apoyo por parte de Hermione-. Él,… bueno, yo lo he notado desde hace tiempo, era por eso que como su guardián no me despegaba de él, tenía miedo de que le hicieran daño… y sabía que no sólo en el cuartel sino que el mismo Coronel Mustang, estaba locamente enamorado de él…
-¡Roy Mustang! –gritó tapándose la boca Hermione y corrió hasta quedar delante de Alphonse en aquel pasillo vacío-. ¡Estás hablando de él!
-Si… él tenia cualquier mujer con sólo chasquear sus dedos, incluso hombres guapísimos dedicados al modelaje no podían resistirse a sus encantos, el único que pudo con ello fue mi hermano… sus ojos… su determinación… y las constantes peleas hacían desistir al Coronel… además, su edad era un gran problema… mi hermano, es alguien indomable… -dijo llegando a la biblioteca, Hermione sonrió divertida, la castaña y él entraron a la biblioteca, donde Harry no pudo evitar fijar su mirada en el profesor de pociones.
-Ahora vengo… -se excusó el moreno corriendo hasta llegar detrás de su profesor el cual parecía indeciso, sujetó un libro con delicadeza-. Creo que si le lleva este libro será lo mejor profesor Snape…
El profesor arqueó una ceja y observó a Potter, el cual estaba realmente amable últimamente, supuso que la novedad del nuevo alumno le había hecho cambiar como a todos. Antes no hubiera aceptado la propuesta de ese idiota de Mustang ni muerto, no tenía posibilidades ante alguien que ligaba con tal facilidad, puso una mano en su frente suspirando.
-¿Ocurre algo profesor? –preguntó el moreno algo curioso.
-Gracias Potter… -agradeció y aceptó el libro y, al mirarle a los ojos, le parecía ver los de Lily y quizás, sólo quizás, confió un poquito en él-. Es el profesor Mustang y su manera de encandilar al personal femenino, Potter…
-Ah, eso… pero si tiene hasta enamorada a Hermione… -comentó con una sonrisa, Snape observó a Harry señalando a la castaña que explicaba, a Alphonse Elric, irónico, un Slytherin prestándole atención a una Gryffindor-. No debería desesperarse, ya sabe que el único que le puede desesperar soy yo…
-Potter… -susurró y, no pudo evitar poner una mano en la cintura y arquear una ceja-. Creo que usted intenta animarme… ¿Por qué?
-No es divertido si no me presiona profesor… el colegio no será lo mismo si el duro profesor de pociones se ablanda…-explicó aún riendo, a veces el chico decía cosas coherentes, al verlo alejarse y acercarse a sus amigos, se quedó pensativo, claro Roy le había engatusado también a él, sólo tenía que acordarse de cómo trataba a Potter al principio, al mirar el libro que le había dado se sorprendió-. Mil años de Alquimia en el mundo mágico…
Por lo que salió y firmo el permiso para el libro, caminando hacia la enfermería al entrar pudo ver a Poppy con una mano en la boca y escuchó varios gritos, por parte del menor.
-¡Estúpido Coronel! ¡Eso es lo primero y lo último que me dices! -observó que Edward estaba de pie y prácticamente el profesor de Alquimia, Roy, estaba encima de él-. ¡Eres idiota! ¡¿Por qué viniste?, sólo para amargarme la existencia…!
Snape apartó a Roy dándole un empujón y sujetó al menor para portarlo en brazos, el moreno se sorprendió al ver la crisis del muchacho, sólo había venido como siempre diciéndole los comentarios de siempre. ¿Cómo había llegado a esto?, ¿Por qué Edward confiaba en él? El profesor de pociones ordenó a Poppy varias pociones para tranquilizarlo y estabilizarle, al poner la mano en su frente no pudo más que enfurecerse y acercarse al moreno el cual le dio un puñetazo, obligando al moreno a caer en el suelo, sorprendiendo a la enfermera ya que Snape jamás había llegado a los puños, ni siquiera con el padre de Harry.
-¡Escucha, este muchacho está muy débil y su estabilidad mental no está bien! ¿¡Crees que tiene ganas de que ahora mismo le presiones! ¡La presión empeorará su salud ahora mismo! ¡Lárgate de la enfermería ya…! –gritó, furioso, el moreno se levantó del suelo y observó la aceleración con la que respiraba el rubio, y agachó la cabeza arrepentido. Se giró y salió de la enfermería en silencio-. Poppy, trae esas pociones… su fiebre aumenta…
-Sí profesor… -afirmó la mujer, Snape apartó algunos mechones rubios de su carita, la cual estaba fruncida y la giró notando como su cuerpo quemaba, notaba esa pequeña mano sujetar su capa.
-Profesor no se vaya… ¿por favor…? –suplicó sin soltar al profesor que no pudo evitar abrazarlo de la manera más tierna y pensar que las indirectas que se lanzaban en clase, eran realmente claros desafíos, jamás pensó poder sentir algo así por alguien que no fuera Lilly-. No.. se v..a…y.a…
-No se preocupe, no me iré… -susurró apartándole el cabello tiernamente, notando que sonreía justo cuando Poppy, le trajo la poción-. Debes bebértela prometo no moverme del lugar… es para bajarte la fiebre…
Era un niño por Merlín, pensó Snape bastante frustrado, cómo ese estúpido podía pensar en él como algo a conseguir, como si con eso completara una colección de sellos, era sólo que para él Edward era el más vistoso y hermoso de los sellos, al ver que tomaba la poción y caía rápidamente dormido sonrió apartando sus cabellos y dejándolo en la cama delicadamente. Entonces recordó las palabras de Potter.
"El colegio no es el mismo sin su duro profesor de pociones". Potter tenía razón, y no era precisamente con los alumnos que iba a ser duro, esto debería captar al director ya que al parecer Roy no comprendía el estado de sendos hermanos.
Y era por eso que estaban reunidos en la sala del director, Roy estaba de pie cruzado de brazos apoyado en una de las paredes con una biblioteca a un lado, mientras que él estaba sentado en un sillón cruzado de piernas e informando de lo acontecido a Albus el cual observó por encima de sus gafas de media luna al profesor de pociones, éste no se molestó, ya conocía esa expresión y tendría que admitirlo aunque ese estúpido de Mustang patalease.
-Sí que me gusta profesor… No sólo eso, he llegado a enamorarme del chico… -señaló el profesor de pociones observando rencoroso a Roy-. Y creo que soy correspondido, ya que el señor Elric no quiere ver ni por asomo al señor Mustang…
-Snape esa son palabras mayores… -repuso el director, el profesor de pociones observó cómo se atusaba la barba-. Como entenderás… No puedo dejar que hagas lo que te dé la gana, acosar a un alumno, Mustang… ¿Sabes lo que acarrearía si el chico empeorara? O a peor, si el ministerio de magia se da cuenta de su existencia…
-Lo siento, no pensé en las consecuencias… -murmuró agachando la cabeza, Snape observó al profesor de Alquimia bastante furioso, éste al parecer había ido a comprar algunos atuendos. Eran apropiados para un profesor, un chaleco negro con unos pantalones marrones y una camisa blanca con corbatín, y la túnica que se ceñía a su cuerpo, a saber cómo había conseguido dinero-. Pero profesor, ¿es ilegal que un profesor se enamore de un menor de edad…?
-Eso debería yo decirle a usted… -dijo bastante divertido y audaz Albus que era testigo de la batalla de miradas, apoyó su mano en su mejilla imaginándose rayos entre esos dos haciéndole reír, interiormente, pero tosió haciendo que ambos regresaran su atención a él.
-En el mundo mágico, si un mago es fértil, vale todo… y en Hogwarts tenemos dos raros especimenes… en el colegio… por supuesto, son niños y no podemos decírselo hasta que lleguen a su mayoría de edad como la ley de magos procreadores estipula… -dijo riendo divertido, observando a los dos hombres que se quedaron sorprendidos-. Digamos que los menores son, Edward Elric y Harry James Potter…
-¿¡Potter también! -gritó el profesor de pociones levantándose por la sorpresa, el hijo de Lilly era… -. Pero si desde el último caso de fertilidad… han pasado 50 años…
-Exacto, por eso lo hemos mantenido en secreto, ni siquiera el Ministerio lo sabe, sus leyes para este tipo de magos… son retrógradas, el menor en este caso es obligado a casarse con personas que ni siquiera aman, tienen que concebir en el mismo matrimonio con límite de un año y si el mago escogido no hace que el fértil quede embarazado… se procede al divorcio…y al casamiento en el caso de aparecer un nuevo candidato… tampoco las leyes de dichos magos son buenas, tiene que obedecer a su marido en todo, esperarlo desnudo en la cama y como así unas y muy absurdas normas… que el fértil tiene que seguir… -informó, la cara de los profesores era todo un poema, como para sacarles una fotografía a ambos.
En el silencio los pensamientos de ambos coincidían, aquel secreto no debía salir a la luz, sino ambos chicos sufrirían las consecuencias y como sólo el Director era el que debía decir aquello, Snape observó a Roy llegando a una conclusión que ambos tendrían que sujetar su carácter con ellos.
-Voy tener que aguantar a Potter… -se escuchó a Snape bastante agotado.
-Pareces fastidiado… -escuchó a Roy-. ¿Qué tiene ese Potter que tanto te amarga…?
-El señor Potter es el hijo del peor enemigo de Snape… ¿Verdad? –dijo Dumbledore, el profesor giró los ojos-. Él está interesado en estudiar Alquimia y Edward sugirió que sería bueno enseñarle para poder defenderse de Tom…
-Pues que venga a mi clase… -dijo alegremente encogiéndose de hombros-. Si Edward lo dice, debe tener sus motivos… si eso le daré clase particulares…
-Eso quería escuchar… -dijo haciendo un gesto para que su Fénix se acercara y escribiendo en un pergamino una pequeña nota-. El señor Potter estará en su clase esta noche… después de la cena… toda forma de defensa será poca… contra Tom…
-Yo me ocuparé de Edward… -sentenció el profesor de pociones-. Él se fía mucho de mi…
-Bien señores… espero que no se les escape el pequeño secreto de esos niños… -susurró, ambos se miraron y negaron con la cabeza-. Si no hay nada más que hablar, Severus… sobre Tom
Continuara...
