Capítulo 3: La Cacería
La miré un poco más, aún sin creer que la visión frente a mí era cierta y, cuando me convencí de que, realmente, era mi hermana, caminé hacia sus brazos
"Alice" – murmuré – "Cuanto gusto me da verte otra vez"
"Lo mismo digo" – dijo y, separándome gentilmente con sus delicadas manos, comenzó a evaluar mi rostro con sus intensos ojos negros – "Tu primer siglo te ha sentado de maravilla" – señaló – "Es una lástima que el carruaje se haya descompuesto en el camino. No quería perderme tu primera coronación"
"Con lo poco prudente que es, decirte que tu ausencia se recompensará el siguiente siglo, sería mentirte" – farfulló mi padre
"Siento mucho haberlos preocupado" – dije, bajando la mirada. Sentí la mano de mi hermano posarse sobre mi hombro
"Ya pasó" – calmó – "pero, para la siguiente ocasión, escucha nuestros consejos"
Apreté los labios y asentí, probablemente, mintiéndoles.
"¿Te parece bien si vamos a caminar a los jardines?" – propuso Alice – "Tiene décadas que no te miro, tengo tantas cosas que contarte"
"Por supuesto" – accedí y ella me tomó de la mano.
Dimos los primeros pasos en un cómodo silencio y, cuando llegamos al jardín más extenso de aquel castillo – su lugar preferido – tomó asiento en una piedra con base planta y me invitó a acomodarme a su lado.
"A mi no me puedes engañar, Bella" – comenzó a decir – "Este poder que me ha sido otorgado, desde nacimiento, me permite ver claramente lo que hiciste hace pocas horas"
Clavé mi mirada en una pequeña flor morada que yacía al lado de mis pies. No sabía qué contestar. Podría a engañar a todos, fingiendo que todo estaba bien, que mi vida inmortal no suponía una tortura, pero, a la chiquilla que se encontraba a mi lado, a ella, si que no podía.
Alice era la tercera, y última hija, procreada por mis padres. Nuestra especie solo podía concebir a tres crías y su temporada de gestación – así como el sexo – era algo que el destino decidía. Algunas hembras daban a luz a sus tres hijos en un solo parto. Otras, como mi madre, los concebían por separado y por tiempos impredecibles. Y, algunas más, llevaban siglos sin poder engendrar, aún, a un hijo y se encuentran esperando el momento en que la fecundación haga efecto en su cuerpo…
"Faltó poco para que ese vampiro te mordiera. Pude ver claramente que no hiciste nada, ni el más mínimo intento, para defenderte…"
"Alice, no pasó nada" – volví a repetir
"Pero, Bella…"
"Alice, no quiero hablar de esto" – interrumpí, sin querer sonar grosera. Mi hermana me miró fijamente por un momento y, después, con un suspiró resignado, asintió.
Nos quedamos en silencio por varios minutos, hasta que fui yo quien lo decidió romper
"¿Qué has hecho durante estos años? Tiene cerca de una década que no te he visto ¿A dónde has ido"
"A muchos lugares" – contestó, con una sonrisa – "Tantos, que me es difícil nombrar sus nombres en una sola plática. ¡Deberías de ver todas esas tierras, Bella! Soy hermosas, únicas. Cada una tiene diferentes olores en sus árboles y diferentes caricias en el viento" – suspiró profundamente – "¿Por qué no vienes conmigo?"
Negué con la cabeza, lentamente
"No, Alice. Tú espíritu y el mío no son iguales y, para ser sinceras, no me gusta recorrer largos caminos. Amo la naturaleza y las tierras, pero no tanto como tú. Mi pesimismo te contagiaría y no quiero que eso pase"
"¿Por qué no lo piensas?" – insistió – "Me iré dentro de quince puestas de sol. Tienes tiempo para meditarlo"
"¿Por qué te marchas tan pronto?" – pregunté
"Solamente venía a tu primer coronación. Quiero aprovechar los últimos cuatro años que me quedan de completa libertad. Cuando lleve mi tiara, ya no podré viajar tan seguido como en estos tiempos, tendré que quedarme como buena princesa en mi pueblo"
"Alice, el que lleves o no la tiara, eres una princesa" – recordé – "No cambiará en nada"
"Claro que si" – discutió "Ahora, si viajo entre los hombres que no son de esta tierra, puedo pasar por una humana, pero, llevando el diamante en mi frente, ya no habrá forma de ocultarme"
"Pensé que te gustaba ser princesa"
"¡Y me gusta!" – aclaró – "Es me destino y estoy contenta con él. Solamente que, no voy a negarlo, resulta un poco molesto, al menos para mí, que todos se inclinen a tus pies y te hagan reverencias"
Sonreí, al menos, Alice y yo teníamos algo en común.
"¿En realidad creen que eres humana?" – inquirí, puesto que se me hacía imposible que la hermosura de mi hermana pudiera considerarse algo procreado por el hombre mortal.
"Parece imposible, pero si. Principalmente en los reinos más lejanos" – agregó – "En las tierras vecinas resulta difícil. Conocen a nuestra familia… Pensaras en lo que te acabo de proponer, ¿Verdad?"
"Si voy contigo, tu disfraz de mortal se vendrá abajo" – dije, a mi favor. Ella hizo un pequeño puchero
"Eres imposible" – refunfuñó. Unos pasos a nuestras espaldas nos hicieron girar el rostro.
Era una de las doncellas, quien, tras dar una pequeña reverencia, nos anunció que la cena estaba lista y nuestros padres, al igual que mi hermano y esposa, nos esperaban. Caminamos hacia el inmenso comedor y James nos ayudó a ambas para tomar asiento.
"¿Lograron atrapar al vampiro?" – preguntó Victoria
"No" – contestó mi hermano, intentado ocultar su furia – "Es demasiado rápido"
"Pero lo hirieron" – afirmó Alice
"La flecha se insertó en su pierna" – informé
"Los seguiremos buscando. Acabaremos con cada uno de ellos" – prometió James
*************************
Ya recostada en mi cama, mis ojos se encontraban dirigidos hacia la enorme ventana que daba hacia el bosque. Los rayos de la luna traspasaban la espesa cortina blanca y dibujaban formas en el suelo. No sé cuantos minutos llevaba tratando de dormir y no podía. Las palabras de mi hermana resonaban en mi mente. Me hubiera gustado haber heredado un poco de su entusiasmo y optimismo. Me preguntaba si, acaso, era yo la única que no se encontraba a gusto con la vida que le había tocado llevar. A todo mundo parecía agradarle la inmortalidad… Jamás había escuchado queja alguna por parte de mis padres, de mis hermanos, ni de los pocos conocidos que teníamos en los reinos vecinos…
¿Acaso estaba loca?...
Apreté fuertemente mi almohada y cerré los ojos, rezando por que, algún día, este vacío tan inmenso tuviera fin.
************************
Al día siguiente me desperté mucho antes que mi doncella llegara para ayudarme a vestir. Me acomodé mi vestido de manta color negro. Parecía que sería uno de los pocos días soleados en Forks. Bajé hacia la pequeña biblioteca de mi hermano y me sorprendió mucho el hallarle ahí
"James" – llamé su atención para que sus azules ojos despegaran la mirada del libro que leían
"Bella" – dijo, mientras se paraba rápidamente de su asiento y caminaba para depositar dos besos sobre mis mejillas y tomarme las manos entre las suyas – "No esperaba encontrarte aquí y, mucho menos, a tan temprana hora"
"Lo mismo digo. ¿No pudiste conciliar el sueño"
"No" – admitió – "toda la noche tuve pesadillas con aquel vampiro que no hemos podido atrapar"
"Debe de ser muy ágil" – aventuré – "Yo misma vi como la flecha le causaba mucho dolor"
"Ha de estar escondido en algún lugar. Tenemos que encontrar su refugio. Estamos seguros que hay muchos más con él… Debo de mover a los hombres rápido. El los últimos días han acabado con aldeas enteras"
"Tranquilo" – susurré, estrechando sus manos – "Todo saldrá bien. Los encontraran pronto, ya lo veras"
Mi hermano me sonrió calidamente y sus ojos brillaron con gran amor y tranquilidad. Inclinó su rostro para besar mis ambas manos y, después, acercó su rostro y depositó un beso sobre el diamante de mi frente. Cerré mis ojos ante la paz que su cariño y protección me daban. Un guardia apareció a los pocos segundos.
"Príncipe James, los caballos están listos" – anunció
"En seguida voy" – contestó mi hermano, separando sus manos de las mías y alcanzando el arco que reposaba a un lado del asiento, en el que antes se encontraba
"Hermano, ¿Podría acompañarlos en la cacería?"
"De ninguna manera" – contestó, rápidamente.
"Por favor" – supliqué, al ver que sus pasos se dirigían ya hacia la salida. Esperé que diera media vuelta y me viera, aunque sabía que me iba a encontrar con aquel gesto endurecido.
"Bella, ¿Por qué te encantan este tipo de cosas?" – inquirió – "Alice está acá. Sal con ella…"
"¿Y si mejor me uno a la cacería también?" – interrumpió mi pequeña hermana, entrando, con su eterna sonrisa, a la biblioteca – "Tiene años que no salimos todos a una pequeña expedición"
"Esto no es un juego. No vamos a casar conejos ni venados. No voy a permitir que vayan y arriesguen su vida, solamente por un capricho"
"Vamos, James" – imploró Alice, con aquella mirada tan angélicamente persuasiva, que resultaba mortal para todo tipo de determinación en las personas – humanas o no – "No le negarás a tu pequeña hermana un poco de diversión, ¿O si?"
Mi hermano intentó mantenerse firme ante el par de oscuros ojos suplicantes que le miraban fijamente, pero, como era de esperarse, flaqueó, al poco tiempo, ante la inocencia y brillo de éstos.
"Me tienen que prometer que no se alejaran de mí, ni un solo instante" – advirtió, con un suspiró sonoramente resignado
"Prometido" – dijo Alice, con una radiante y extensa sonrisa
"Las espero en las caballerizas" – farfulló, mientras salía del lugar
En cuanto quedamos solas, mi hermana se giró para verme y su rostro de duendecillo denotaba una gran suficiencia.
"¿Esperas que te de las gracias?" – pregunté, levantando una de mis cejas.
"No es necesario que lo digas" – contestó, mientras se disponía a salir de la estancia, con pasos tan ágiles que parecía ir bailando – "Sé que, por dentro, me estas bendiciendo de todas las maneras que te es posible"
"Qué modesta" – solté, con ironía, mientras le seguía.
Llegamos a las caballerizas. Alice eligió tomar una yegua blanca y yo, una de color canela. Mi hermano se acercó para ayudarnos y un guerrero le imitó, aproximándose hacia mi pequeña hermana
"¿Me permite, Alteza?" – preguntó, mientras tendía su mano y mi hermana la aceptaba sin ninguna vacilación.
"Irán en medio de nosotros" – ordenó James, cuando estuvimos montadas sobre los caballos – "No quiero que se desvíen, ni que galopen a las orillas, ¿Quedó claro?"
Alice y yo asentimos y, tras dar la orden, los caballos comenzaron a trotar. Durante todo el camino, estuvimos perfectamente resguardadas por el resto de los hombres que iban con lanzas y arcos. James frenó su caballo de repente y todos le imitamos. El animal comenzó a relinchar y se debatía entre los jalones que su dueño le propinaba a sus cuerdas. Era obvio hasta para un ciego: El peligro estaba cerca. Se podía oler en el aire. Casi podía sentir aquel aroma tan fresco y dulce que los caracterizaba. Las lanzas, las espadas y los arcos se tensaron, listos para atacar. Yo viajaba mi mirada hacia todas partes – sin mover el rostro – y trataba de controlar mi respiración entrecortada. El bosque guardaba un absoluto silencio, ni un solo trinito de los pájaros, ni una sola pisada de ardillas o venados cerca. Solamente el viento soplaba y agitaba mis cabellos
"Cubran a mis hermanas" – ordenó James, mientras se ponía al principio de todos.
Ni bien había terminado de hablar, trece vampiros aparecieron frente a nosotros, agazapados y emitiendo un gutural gruñido que curvaba sus labios y nos permitía ver aquellos dientes, completamente blancos y perfectos, con dos colmillos ligeramente alargados que, fuera de quitarle encanto a sus bocas, las volvía algo tenebrosamente hermosas. Me estremecí al ver a mi hermano a menos de dos metros de todos ellos.
James levantó el arco y acomodó la flecha, con un movimiento rápido y ágil. Un vampiro se lanzó sobre él y lo tiró del caballo. Los guerreros comenzaron a atacar. Alice y yo le imitamos. Una hembra de cabello negro se materializó frente a mí, en cuclillas sobre el lomo de mi yegua. No lo pensé dos veces y le ensarté una flecha en medio de la frente, antes de caer de espaldas, sus uñas me rasgaron parte de las mangas del vestido y me desangraron un poco la piel… Y entonces, fue cuando los ocho vampiros que sobraban se giraron para verme con los ojos completamente negros.
Mi yegua comenzó a relinchar y a debatirse de tal manera que me caí de la montadura.
"¡Bella!" – escuché que gritaba James cuando todos nuestros contrincantes se lanzaron hacia mí. Cerré fuertemente los ojos, esperando sentir todos esos dientes enterrados en mi piel…
No pasó nada.
"¡Corre!" – ordenó mi hermano y temblé al ver, a mi alrededor, tres cabezas, con sus ojos mirándome fijamente.
Me tomó más de dos segundos el ponerme de pie. Alice se plantó frente a mí y me tendió una de sus manos para que pudiera subirme al caballo.
"Tenemos que salir de aquí" – dijo y se echó a trotar. Tres guerreros nos cuidaba la espalda.
"¿Qué pasará con James"
"Él estará bien. Tenemos que llegar rápidamente al castillo para enviar más hombres a ayudar…"
El animal dejó de trotar al tener, frente a él, a un pálido obstáculo que le impedía, amenazadoramente, avanzar. Clavé mi mirada en aquel rostro que anteriormente había visto. Sus ojos color sangre se clavaron en mí. Los guerreros que nos cuidaban la espalda se dispusieron a defendernos.
Me bajé del caballo de un salto y corrí hacia el frente
"Bella, ¿Qué haces?" – exclamó Alice
"Corre hacia el castillo"
"¡Estas loca…!"
"¡Corre!" – interrumpí, volví mi vista hacia uno de los jóvenes que nos cubrían – "Llévate a mi hermana" – le ordené a un muchacho de cabellos rubios y mirada gris
El muchacho asintió y, a los pocos segundos, su caballo había sido abandonado y Alice había sido llevada lejos de mí. Los dos hombres que quedaban conmigo formaron una barrera entre el inmortal demonio y yo. Una risa sarcástica y tenebrosa curvó sus labios cuando vio que corrían hacia él , con aquellas filosas espadas.
Pronto supe el por qué de tan confiada actitud.
Los cuerpos de los humanos salieron volando lejos, estampándose con los árboles… y ya no se volvieron a levantar. Jamás antes había visto a un vampiro con movimientos tan rapidos.
Me tragué la amarga impresión lo mejor que pude y acomodé una flecha en el arco, apuntándole directamente. Apreté mi mandíbula al ver aquella actitud irónica no se desvanecía ni un solo segundo de su rostro. Lo odiaba. Disparé la flecha, y mi rabia aumento al ver la facilidad con que la esquivaba. Y, de pronto, tal y como había pasado ayer, en un abrir y cerrar de ojos, lo tuve frente a mí.
"Debería de mejorar su puntería, Alteza" – recomendó.
Mis ojos se clavaron fijamente en los suyos, haciéndole saber con éstos, el repudio inmenso que le tenía a su especie y, principalmente a él… Sin embargo, no pasó mucho tiempo para perderme en el mar escarlata que en ellos se dibujaba. Debía admitir que era algo hermoso y único. La representación misma del demonio: Poseedor de una belleza tan esplendida que te podía hacer pecar nada más con verlo.
Su rostro se inclinó lentamente hacia abajo, hasta llegar en la parte donde mi vestido se encontraba roto y una pequeña raspadura se pintaba sobre mi piel. Me estremecí completamente cuando su lengua se pasó por la sangre que de ella salía. No fue un estremecimiento de miedo, si no de placer. Un placer jamás antes experimentado, que se paseó por mis venas y removió cada uno de mis poros. Sus manos se apretaron más a mis brazos y un gruñido salió de su garganta.
Sabía que el sabor de mi sangre le había gustado.
Ahora no había nada que pudiera salvarme.
Iba a morir…
Bueno, otro capítulo más. ¿Qué les pareció? Espero les haya gustado y que me dejen su opinión ¿Si? Bueno, me voy, muchas gracias por leer. Hasta pronto
Atte
AnjuDark
