Los personajes de DRRR! son de propiedad del respectivo autor.
Capítulo Dos
Salpicaduras de sangre teñían las paredes, de un rojo tan llamativo que sería insólito no asustarse al ver esa pared el día de mañana. Pero en esos momentos la pared era una muestra del excelente trabajo que hicieron una pareja de cazadores al derrotar a una banda de vampiros que hacía meses estaba causando estragos en el sector este de la ciudad. Les había costado, pero finalmente ganaron la batalla y el escenario marcó todo el registro de la extenúa pelea.
Los dos compañeros estaban agotados. Luchar contra un vampiro ya era cansador, luchar contra una banda de cinco era una tarea aun peor. Pero ellos se habían comprometido cuando decidieron ser cazadores, que por muy pesada que fuera la lucha jamás se rendirían de proteger a las personas.
Cuando la luna se situó en lo alto, llamaron a los limpiadores. Los limpiadores eran personas contratadas por los cazadores para ocuparse de la escena que quedaba luego de una cacería. Una de sus tareas, además de proteger, era resguardar el secreto de estas bestias sanguinarias para así evitar el pánico en las calles.
Caminaron detrás del edificio abandonado, donde yacía la antigua guarida de los vampiros. Fue una suerte que alguien les informó donde se ubicaban, encontrar la base de un banda era una tarea difícil puesto que los vampiros eran muy escurridizos y siempre cambiaban de lugar. Pero el informante les aseguró que él mismo había visto salir a los vampiros de aquel edificio e incluso les mostró fotografías. No dudaron un segundo en ir a ese antiguo establecimiento.
Mientras estos dos cazadores conversaban sobre qué hacer el resto de la noche y cuánto les pagarían por eliminar un grupo tan jodido. Otro par de cazadores llegaron por la misma entrada.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó uno de las primeros cazadores muy desconcertado. Estaba seguro que sólo ellos les habían asignado aquella misión.
—¿Vienen a matar a los vampiros? —preguntó su compañero pero su voz sonó menos severa e incluso soltó una sonrisa egocéntrica—. Lástima, nosotros ya lo exterminamos a todos.
—¿Oh?, ¿en serio? —respondió el más bajo de los otros dos cazadores, su sonrisa estaba cargada llena de burla—, y nosotros veníamos a divertirnos, ¿verdad, Blas?
—Sólo guarda silencio y acabemos con esto —dijo Blas en tono indiferente. De su capa desenfundó una espada, larga y fina, perfecta para cortar cabezas de chupasangres.
—¿Qué?, ¿No escucharon?, ya acabamos con todos los vampiros del edificio.
—Es verdad, incluso buscamos por todos los pisos y está todo desierto.
Explicando la batalla que tuvieron con la banda no notaron como el compañero de baja estatura se había situación detrás de ellos. La mirada de los dos últimos cazadores no era normal, claramente traían algo entre manos ¿pero, qué?
—¡Oh, sí, sí! entendemos que ya mataron a los vampiros pero… —Rápidamente una gran espada se ubicó en su mano y con gracia le apuntó hacia los otros cazadores.
Ellos quedaron perplejos.
—¿Pero qué carajo…? —silenció su voz cuando escuchó el sonido de algo caer al suelo a lado suyo.
Sus ojos se agrandaron de la sorpresa al ver la cabeza cercenada de su compañero. Miró al causante de tal asesinato que aún mantenía el arma en el aire, como esperando que con eso supiera que él fue el causante.
—¡MALDITO! —gritó con furia y corrió hacia el hombre sacando su pistola. Pero se olvidó del segundo hombre detrás de él. Quien no dudo en aprovechar ese momento de distracción y le atravesó la espada por la espalda.
La sangre goteó por la punta de la espada que atravesaba el abdomen y el cazador cayó al suelo de rodillas. Justo al lado de la cabeza de su compañero. Rechinó los dientes con furia mientras el dolor consumía cada fibra de su cuerpo. Miró a los causante de la muerte de su amigo y la próxima suya, con sólo una pregunta en mente.
‹‹¿Por qué?››, tal pregunta la conservó en sus pensamientos hasta que finalmente su vida al igual que la de su amigo se dio por terminada.
—Ya va siendo hora —dijo mirando el reloj en su muñeca.
—¿Eh? Pero si aún no termino de comer —volvió a darle un gran mordisco a su hamburguesa, masticando con dificultad apenas podía mantener toda la comida en su boca.
El hombre de anteojos y el cabello en rastas miraba como su compañero trataba de terminar rápido su cena echando más de lo debido a su boca. Apoyando su rostro en la palma de su mano pensaba en la próxima misión que debían encargarse, ya se estaba volviendo cada vez más oscuro en el exterior y pronto debían ponerse en marcha para comenzar la cacería.
—Shizuo… —murmuró.
—¿Qué pasa Tom-san? —miró por sobre sus lentes de sol mientras volvía a darle un gran mordisco a su cena.
—Recibí una noticia urgente del gremio… Al parecer anoche encontraron a dos de los nuestros asesinados —Inexpresivo comunicó a su compañero.
—¿¡Qué!? —Shizuo había dejado de comer, empezó a estrujar su hamburguesa con fuerza desparramando su contenido en sus manos mientras su semblante pasaba de uno pasivo a uno colérico.
—Fueron brutalmente asesinados. A uno lo decapitaron y el otro al parecer había sido atravesado por algún tipo de objeto —suspiró—, ¿quién podría haber hecho eso? —preguntó mirando interrogante a su compañero.
—¿¡Quién más!? —gritó exaltado levantándose de su asiento—. ¡Esos malditos bastardos!
—Baja la voz Shizuo… —trató de calmarlo—, ¡Estamos en un restaurante!
El joven vestido de barman miró a su alrededor notando que todas las personas estaban observándolo sorprendidas, acomodó sus lentes, calmándose disimuló y volvió a sentarse.
—Hmm…. Voy a atrapar a esos hijos de puta. —Se cruzó de brazos frunciendo el ceño.
—Sea quien sea, si seguimos cazando pronto nos encontraremos con el culpable —cogió un puñado de monedas desde sus bolsillos para depositarlas luego sobre la mesa, se dispuso a levantarse mientras su compañero imitaba sus acciones—, nos vamos.
—¡Definitivamente lo mataré! —murmuró a lo bajo siguiendo de cerca al hombre de rastas, caminaron hasta la salida y se retiraron del lugar.
Sentado en un amplio y costoso sofá, cruzó sus piernas y se acomodó deslizando sus brazos por los suaves bordes de este. Suspiró un poco, para luego girar su cabeza y observar a un hombre que se encontraba parado frente a él, mirándolo fijamente, con sus brazos a los costados, sus puños cerrados y apretando con fuerza sus temblorosos labios para evitar que se hiciera notorio su nerviosismo.
—Gracias por venir Ren san —dijo suavemente el joven informante de cabellera negra, ignorando el estado de su acompañante.
—Orihara san… ¿qué necesita de mí? —respondió rápidamente tartamudeando.
—¡Ara! Tranquilízate —levantó ambos hombros mientras sonreía—, sólo quiero pedirte un pequeño favor.
El hombre rara vez parpadeaba, mantenía fija su mirada en Izaya, observando cada uno de sus movimientos, temiendo que la persona que se encontraba frente a él lo atacara en cualquier momento. Por otra parte, el informante permanecía relajado sobre su sofá, contemplando la patética actitud del sujeto al cual había llamado hace media hora atrás.
—He escuchado que últimamente no has comido bien, ¿verdad? —El joven nuevamente comenzó a hablar, aunque no recibía respuesta alguna—, al parecer hay algún molesto vampiro por tu zona —ladeó un poco su cabeza observando el cambio de actitud de su acompañante al escuchar sus palabras—, creo que podría ayudarte con eso… —continuó por decir entrelazando sus dedos sobre su cabeza y estirando sus brazos—. Siempre y cuando tú me ayudes a mí.
El informante tenía razón, aunque no le sorprendía. Su territorio había sido invadido por otro de su raza, lamentablemente mucho más fuerte que él por lo que se vio obligado a retirarse. Por culpa de esto había estado sediento en los últimos días sin tener la oportunidad de atacar a algún humano, pero no se atrevía a visitar otros lugares; en ellos existían otros vampiros dominándolos o aún peor, podría encontrarse con alguna pareja de cazadores que rondaran por allí. A pesar de que él era un vampiro bastante habilidoso, prefería ser más pasivo y no causar tantos estragos y así evitar llamar la atención de los cazadores.
—Si Orihara san se pudiese encargar de ese desgraciado… yo… ¡yo haré lo que me pida! —terminó por decir. Sabía que haber dicho esas palabras podrían haberlo condenado pero preferiría cualquier cosa antes de cederle su territorio a otro vampiro.
—Veo que nos estamos entendiendo —asintió sin borrar su sonrisa del rostro, haciendo que el hombre volviera a tensarse al verlo y continuó diciendo—, Ren san, ¿te suena el nombre Heiwajima Shizuo?
—¿Hewayima Shitsuo? —pronunció con dificultad.
Izaya abrió los ojos y se quedó por unos instante en silencio, dudando si su elección de llamar a tal hombre había sido la correcta. Aunque para él su actitud era muy común en los de su raza cuando estaban frente a su persona, le parecía extremadamente estúpido el que no pudiese pronunciar bien un nombre. Mientras seguía en sus pensamientos, se vio interrumpido por aquel estúpido hombre que volvía a retomar la conversación.
— ¿Es algún tipo de cazador? —preguntó.
—Sí y no —el vampiro lo miró confundido—. Es un cazador, pero no utiliza armas especiales para matar… Sólo utiliza sus puños. —Esto último lo mencionó jugando con sus manos lanzando puñetazos al aire.
— ¿Es acaso idiota? —mencionó el vampiro.
Izaya por unos breves segundos cambió su mueca a una de desagrado al escucharlo, pensando "mira quien habla…", para luego volver a sonreír cerrando sus ojos.
—Nadie puede matar a un vampiro sólo con los puños— continuó diciendo.
—Sí, bueno… él no es la gran cosa, así que quiero que Ren san se encargue de él.
—Está bien, ¡Será un trabajo fácil! —Ren sonrió—. Aunque, no entiendo por qué no puede encargarse usted mismo —preguntó al darse cuenta de la situación.
Un tanto molesto, el joven se levantó de su puesto revolviendo con su mano sus propios cabellos, caminando tranquilamente, se acercó al gran ventanal detrás de su escritorio del cual se podía observar desde gran altura toda la ciudad.
—¿Sabes? —comenzó a hablar mientras observaba a través del cristal el inmenso cielo azul—, necesito que lo hagas por mí —inclinó hacia atrás su cabeza observando al hombre por sobre su hombro, sonriendo y entrecerrando sus ojos.
El hombre tensó todo su cuerpo, tragando saliva torpemente; sabía que aquella expresión sólo podía significar una cosa.
El edificio que se alzaba frente a él era de varios pisos de alto y lucia literalmente abandonado. Era como si su construcción nunca hubiera terminado y aun se veían los bloques de cemento, que a causa del tiempo estaban llenos de grietas. No había cristales en los ventanales ya que estaban cubiertos de pedazos de madera que alguien se tomó el tiempo de esa tarea, para que los delincuentes no ingresaran al recinto seguramente. Pero Shizuo era un cazador con experiencia. Él no era tan ingenuo. Incluso para un cazador novato aquel edificio sería tomado como una sospechosa guarida de esas sabandijas rastreras que cazaban por las noches.
Su senpai le dijo que en ese edificio fue donde habían hallado los cuerpos de los cazadores. Su ira comenzó a nacer como una diminuta hoguera. No habían encontrado a los causantes de tal asesinato pero todos como él habían sacado la misma conclusión de los causantes; los vampiros. Pero cuando fueron a ver el estado de los cuerpos, Tom fue unos de los pocos que opinó algo distinto. Los vampiros eran seres despiadados que mataban ferozmente, con uñas, dientes y su increíble fuerza. Por lo que, si hubieran sido los vampiros habrían quedado sin sangre y en un estado mucho peor.
Habían mandado a unos grupos a investigar y pese a que no fue asignado a esa misión no pudo evitar ir a ese edificio y ver la escena por sus propios ojos. No le dijo a Tom lo que iba a hacer, a sabiendas que éste le reprocharía y le negaría que lo hiciera. Pero sólo sería un momento, antes que cayera la noche y que tuviese que reunirse con su compañero. Tenía que ver si realmente los vampiros no eran los causantes, aunque él no lo creía mucho.
Ingresó al edificio con las manos en los bolsillos y con un cigarro entre los labios. Sin ninguna preocupación que adentro podría estar alguien esperándolo.
Por dentro reinaba el silencio, pero no era como si aquello le importara. Subió por las escaleras —que estaban muy deterioradas— hasta llegar al penúltimo piso.
Habían bloqueado la entrada del piso con lo que parecían puertas de metal, pero no estuvo muy seguro. Ya que sólo tuvo que dar dos toques para que esta se derrumbara sobre el suelo.
La escena estaba tal cual, no habían limpiado ni una mísera gota de sangre. Sobre el suelo había una laguna de sangre coagulada y las paredes estaban teñidas de rojo. Lo que sea que hubiera pasado ahí había sido muy sangriento. Eso sólo hizo creer más a Shizuo que los vampiros fueron los asesinos.
Caminó alrededor buscando algunas pistas, un indicio que lo guiase para hallar al culpable. Shizuo permaneció más tiempo del que pretendía. Él estaba tan acostumbrado a trabajar en la oscuridad que no se percató que el sol se estaba ocultando.
Se agachó cerca del charco de sangre para levantar un objeto extraño que no había tomado en cuenta. Se trataba de una pieza de cristal, como un espejo roto o algo parecido. Lo limpió con un paño de tela y así observó su propio reflejo, y el de algo más atrás de él.
No tuvo que esperar más, se giró de inmediato esquivando el golpe que iba en dirección a su cabeza. Con agilidad saltó encima de charco rojo y cayó al otro extremo. Del otro lado se erguía una figura humana, pero su nariz percibió un olor pestilente y nauseabundo; era un vampiro.
El sol se ocultó por completo y la oscuridad inundó todo el piso.
Shizuo se movió con rapidez mientras sacaba la piedra mágica de su bolsillo. Aquella piedra era un verdadero hallazgo para los cazadores ya que no necesitaba ser recargado ni nada por ese estilo. Era una simple piedra de luz que brillaba con una irradiante luz. La sostuvo en su mano en lo alto e iluminó todo la habitación. El vampiro se cegó por la luz y cayó de bruces al suelo. Shizuo permaneció preparado mientras buscaba un arma con la mirada.
Cada cazador de vampiros tiene un arma especial para combatir, pero a Shizuo jamás le gustaron. El prefería usar los puños o cualquier objeto que estuviera cerca como arma. Pero en la habitación no había nada más que ellos dos, por lo que no le quedaba otra opción; destruiría al bastardo con sus propias manos.
La bestia se incorporó nuevamente hacia él pero esta vez Shizuo no lo esquivó, sino uso su posición para agarrarlo por la espalda. Las garras se le clavaron en los hombros, y los colmillos nacieron como agujas. Forcejearon sobre el suelo durante unos minutos, hasta que finalmente Shizuo agarró la cabeza del vampiro y con fuerza lo golpeó contra la pared que estaba a un costado.
Su fuerza era su arma más letal. Heiwajima Shizuo había nacido con una fuerza sobrenatural. Todos los humanos nacían con una enorme fuerza que sólo podían ejercen en esos momentos de angustia, de pánico, en donde todo su ser se concentra en un solo objetivo y sólo duraba unos momentos. Para Shizuo ese no era el caso. El podía usar esa fuerza las veces que quisiera, incluso en ocasiones no podía mediar la cantidad de fuerza que usaba.
Por ese don que tenía, era conocido entre los cazadores por ser el único capaz de vencer a un vampiro sólo usando sus manos, incluso algunos comparaban su fuerza con la de los vampiros.
Con el primer golpe el vampiro no murió. Pero la lucha tampoco duró más allá de unos minutos. La pared se pintó de la sangre y el cuerpo quedó inmóvil con el rostro totalmente irreconocible.
—Argh, maldito engendro —masculló observando que sus ropas también habían terminado manchadas. Tenía que volver a su casa antes de encontrarse con Tom. No vaya a descubrir que había ido al edificio abandonado.
Pero antes que pudiese hacer cualquier otro movimiento, escuchó unos sonidos y detectó que el olor pestilente aún no se había ido.
Los sonidos los interpretó como aplausos. Desconcertado se giró hacia un rincón donde la luz de la piedra mágica no iluminaba.
De las profundidades de la oscuridad surgió la figura de un hombre. Al ver su rostro y estatura el cazador pensó que se trataba de un joven de no más de 20 años. Era delgado, su cabello era color carbón y su piel sumamente pálida. Incluso parecía algo frágil, pero su instinto le decía que no sacara conclusiones rápidas por su apariencia, en especial por la expresión en el rostro del desconocido.
No sabía desde cuándo estaba allí. Tampoco si había presenciado la matanza del vampiro o no. Lo único que tenía en la cabeza era que una persona normal no estaría sonriendo de esa forma si hubiese visto la muerte de alguien más. La sonrisa que tenía el joven parecía casi inocente, como si fuera un niño que hubiera visto el juguete que tanto ansiaba tener.
No necesitó pruebas para asegurarse de que no era humano. El mismo desconocido se lo facilitó.
—Vaya, vaya. Que fácil lo derrotaste —dijo con voz cantarina sin dejar de sonreír—, y eso que era un neófito, esas bestias son más sanguinarias que cualquier otro vampiro con años. No saben alimentarse correctamente, ni tampoco buscar a una mejor presa. —Los ojos marrones del extraño cambiaron de un segundo a otro a un color rojizo.
Shizuo sonrió entre dientes mientras fruncía el ceño. Los vampiros al igual que las cucarachas salían por donde nunca te lo esperabas.
—Sabandijas como ustedes no deberían existir —masculló antes de lanzarse rápidamente hacia él.
Como lo esperó, el vampiro lo esquivó rápidamente pero él previó ese movimiento y se giró para darle una patada. Pero su pie no dio contra nada, ya que el vampiro había sido más ágil y se alejó varios metros de él.
—¡Hey! Tranquilízate —levantó sus brazos en señal de paz. Pero eso no detuvo a Shizuo que ágilmente saltó en su dirección—, ¡Yo también venía a matar al vampiro!
—¡Como si fuera a creer lo que dice una sanguijuela como tú! —dijo lanzando golpes al vampiro que los esquivaba sin ni una dificultad.
—Es la verdad —respondió manteniendo siempre la distancia con el cazador—. Ese desgraciado al que acabas de matar fue uno de los que mataron a mi familia. —Su sonrisa se había desvanecido de su rostro, ahora toda su expresión mostraba seriedad—. Hace años esos asquerosos chupasangres mataron a mis padres y en vez de matarme también me convirtieron en uno de ellos. Desde entonces he estado buscando a cada uno para vengarme de lo que hicieron a mi familia y a mí.
Shizuo se detuvo de lanzar golpes. No sabía si la historia era verdad o no, pero en su mente no pudo evitar la similitud con la suya propia. Sus padres habían sido asesinados por vampiros cuando era sólo un niño, su hermano y él lograron escapar pero aquel recuerdo siempre permaneció en su mente. Nunca perdonaría a esa raza por haber asesinado a sus padres. Pero ahora, viendo como ese joven temblaba de ira frente a él le recordaba un poco a sí mismo.
Tal vez por eso, sólo por eso, el cazador bajó su guardia y aceptó la historia de ese vampiro.
—¿Cómo te llamas? —preguntó aún cuestionándose si había tomado una buena decisión.
El vampiro volvió a sonreír entre dientes.
—Izaya. Orihara Izaya.
