Merodeando

La segunda semana en Hogwarts estaba acabándose con la llegada del fin de semana, solo le quedaban dos semanas para presentarse a los T.I.M.O.s y cada vez que salía de su cuarto repetía fielmente los encantamientos y la teoría que había estado estudiando, pero necesitaba un respiro, pues aparte de tener que enfrentarse a los mismos exámenes por segunda vez necesitaba salir a tomar el aire y relajarse un poco, Hagrid aún no le había mostrado el bosque y tenía una fabulosa nueva escoba que tenía que estrenar, podía tomarse el fin de semana libre, solo dos días de descanso nada más. Suspiró y se fijó en sus notas de pociones, miró fijamente su caldero, la cocción de quince minutos había terminado, y la poción estaba de un color azul tenue, tal y como la describía el libro. Sonrió para sí mismo, estaba seguro de que si seguía todas las instrucciones como había hecho en su último año sin la insistente mirada de Snape pegada en la nuca podría entrar 'de nuevo' en el Club Slug.

- ¿Quieres volar un rato Hed? – preguntó a la lechuza que se encontraba parada encima de un palo cerca de la ventana que sobresalía de la habitación – Necesito que lleves una carta – comentó cogiendo un trozo de pergamino.

Escribió una breve carta dirigida para Hagrid, era de noche y no eran horas de salir por los pasillos o ir a visitar al guardabosques, y aunque podía utilizar su capa y el mapa el semi-gigante podría hacer muchas preguntas las cuales no deseaba contestar. Lo mas prudente era mandar la carta y esperar la respuesta por parte de él, no creía que Hagrid durmiese tan temprano, nunca lo hacía.

- Llévala a la cabaña que hay en los terrenos – enrollándola y entregándosela a la lechuza que ululó y la atrapó con la garra – si es necesario espera su respuesta, sino vuelve aquí... aunque si quieres puedes quedarte cazando, dejaré la ventana abierta – tocándole el suave pelaje.

Extendió sus alas y salió volando por la ventana, la luna estaba menguando y se podían ver algunas sombras en el terreno de Hogwarts. Harry se tumbó sobre la cama y abrió un cuaderno oscuro y empezó a anotar cosas, había siete apartados, en los cuales señalado un objeto, en algunos un dibujo, pero en otros ni eso. En el primero se encontraba la anotación de 'Diario de Ryddle' y ubicación 'Mansión Malfoy', por lo menos ahí recordaba que había estado hasta que se le dio a Ginny. En el segundo lugar había un dibujo de un anillo con una piedra oscura en el que ponía 'anillo de Gaunt' ubicación, 'Casa de los Gaunt en pequeño Hangleton'. El tercer dibujo era un colgante con una S encima, miró con rencor el relicario que tenía encima de la mesilla y leyó 'Colgante de Slytherin' ubicación 'Cueva de la infancia de Ryddle', y una anotación más reciente 'en posesión de R.A.B', al leer eso soltó un ligero bufido. En cuarto lugar estaba una copa dibujada con la marca de un tejón y a su lado puesto 'Copa Hufflepuff' y su ubicación 'Desconocida'. En quinto lugar se encontraba 'Nagini' la fiel serpiente de Voldemort, que seguramente se encontraba donde estuviese su amo. Y como último algo de Ravenclaw, pues no podía ser nada que perteneciese a Gryffindor, la espada estaba dentro del sombrero y Harry estaba completamente seguro de que Voldemort no habría podido llegar hasta el. Repasó sus notas y luego murmuró un leve encantamiento que borró las letras y cerró el libro.

- Lo primero es encontrar una forma de destruirlos... con veneno de basilisco... – pensó en voz alta y luego soltó una carcajada irónica - ¿tengo que cargarme uno por segunda vez? – un humor negro sonó en su voz – Que gracia, ir otra vez a la cámara... y sin espada ni sombrero, genial... – poniéndose la mano en su alborotado pelo.

Una sombra blanca entró volando por la ventana y aterrizó encima de la mesa con un pergamino en la garra, se levantó rápidamente y cogió el papel lanzándole una chuchería a su lechuza que pareció agradecida.

- Gracias Hed – desenvolvió el pergamino y miró la tosca y gran letra de Hagrid, recordándole a las que solía recibir por su cumpleaños.

Para Harry

¡Genial Harry! Te espero en el linde del bosque a las nueve de la mañana, es mejor entrar cuando hay luz es menos peligroso, te va a encantar ¡hay muchas increíbles criaturas que seguramente te fascinaran!.

PD: Tu lechuza casi me muerde cuando intenté darle un poco de pastel que hice.

Con Saludos

Hagrid

Harry no pudo nada más que soltar una carcajada, normal que su lechuza rehuyera a la comida de Hagrid, cualquiera que la hubiese probado una vez sabría que la cocina no era lo que mejor se le daba al guardabosques. Se fijó en la lechuza e inclinó un poco la cabeza para que diese a entender que todo estaba bien, esta se dio la vuelta y salió por la ventana. El muchacho se volvió a tumbar en la cama, necesitaba encontrar algo de Ravenclaw y la manera de destruir los Horrocrux, en ese momento se preguntó como Dumbledore había destruido el anillo de Gaunt... nunca se lo llegó a preguntar... cerró los ojos y pensó en descansar, mañana iba a ser un largo día.

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A la mañana siguiente Harry se levantó temprano se colocó las gafas, la luz entraba por la ventana y la lechuza descansaba encima del trozo de madera con la cabeza escondida, debió haber llegado tarde pues Harry no recordaba haberla oído entrar y eso que le costó dormirse. Alzó la vista y observó su reloj que marcaba las ocho y media de la mañana, tenía tiempo para vestirse y tomarse algo en la cocina si iba rápido, estaba en Hogwarts, así que mejor que se pusiera la túnica del colegio, en la cual no había ningún escudo de una casa sino el escudo del colegio brillante y una corbata oscura. Saltó de la cama y de un movimiento de varita todo los libros que había encima de la mesa desordenados empezaron a ponerse en sus lugares. Al escuchar el jaleo la lechuza se despertó y ululó indignada por el ruido, a lo que Harry solo pudo responder un leve 'lo siento' y salir por la puerta hacia las cocinas.

Le hizo cosquillas a la pera tan rápido como llegó al cuadro y se abrió dándole paso a la cocina de Hogwarts, donde los elfos domésticos estaban trabajando, y al verle dieron un pequeño chillido de emoción y en poco tiempo tenían una silla con comida preparada para que desayunase, ahí había más comida de la que Harry se podía tragar esa mañana, desayunó rápidamente y se metió unos cuantos bollos en el bolsillo por si en el paseo le entraba hambre. Los elfos le hicieron unas reverencias y este cabeceó con la cabeza como para darles las gracias pues no podía abrir la boca de lo llena que estaba. Salió con los pies en polvorosa hacia el linde del bosque, detrás de la cabaña de Hagrid donde ya estaba el guardián esperándole.

- Buenos días Harry – comentó muy alegre al aire - ¿hace un día precioso verdad? – alzando sus brazos.

- Sí, la verdad es que es un buen día – respiró hondamente – necesitaba salir un poco de la habitación, tantos encantamientos y notas me iban a volver loco – revolviéndose un poco el pelo.

- Bueno, bueno, ahora vas a ver cosas maravillosas, el bosque en verano está lleno de vida, aunque hay criaturas muy peligrosas no te atacaran si vienes conmigo – señalando a la entrada - ¡vamos! – bramó contento.

Harry no dudó en seguirle, para Hagrid el bosque era como otro hogar, lo conocía y sabía que las criaturas que había ahí no lo atacarían, ni siquiera los hijitos de Aragor y compañía. Recordaba también a los centauros, los unicornios, los thestrals... Caminaron durante unos quinces minutos antes de encontrarse una pequeña cría de unicornio atorada en una enredadera que le había pillado un pie, Hagrid frunció el ceño y murmuró algo como 'Matojo inútil' y le pegó una patada haciendo que soltase al pequeño animal, en vez de salir corriendo la criatura se le quedó mirando con sus grandes y brillantes ojos hasta que Hagrid le palmeteó en la cabeza, entonces salió disparado para lo profundo del bosque mientras que el semi-gigante se miró la mano donde algunas hebras de su cabello se habían quedado enredados en sus nudillos.

- Siempre hacen lo mismo – como si de una broma se tratase – si les salvas te agradecen soltando unos cabellos, son muy resistentes y aguantan bien las heridas, de los suelo poner a los animales que veo – el ojiverde asintió y cogió dos cabellos que aún quedaban en la mano de Hagrid.

- Son hermosos... – admirado el brillo plateado que tenían - ¿me los puedo quedar? – observándolos con curiosidad.

- Oh sí claro, ningún problema, tengo un bolsillo lleno de ellos, aunque claro... nunca se cual es hasta que lo encuentro... – mirando su chaqueta – se que está por la parte derecha... pero no recuerdo en cual... – y con ese comentario ondeando al aire siguiendo adelante.

Siguiendo caminando y llegaron hacia un lugar cercano al lago, Harry podía ver como a lo lejos los tentáculos del calamar gigante sobresalían del agua, el semi-gigante solo soltó una carcajada y pronunció que el calamar jamás conseguiría cazar a los pájaros que sobrevolaban el lago, pues no eran criaturas idiotas. Entonces Harry notó como algo negro sobrevolaba encima de sus cabezas y aterrizaba algo lejos de ellos, Hagrid no pareció darse cuenta, seguía porfiando por las cosas que hacía el calamar, el muchacho se dio la vuelta y se acercó a donde la sombra había aterrizado, era un thestral, medio sonrió al ver al huesudo caballo halado que abría la boca para mostrar una lengua parecida a la de los dragones, sin embargo, Harry no dio muestra de temor, sino que sonrió aún más, esos animales eran pacíficos y fieles, solo que su mal augurio sobre la muerte los hacía creer peligroso.

- ¡Por Merlín Harry no te alejes! – gritó Hagrid que se acercó dando largos pasos – Podrías perderte muy fácilmente, este bosque es muy encrespado y... –no continuó hablando por que al parecer vio al animal también que giraba la vista con curiosidad.

- ¿Qué es ese caballo? – lo señaló el joven – nunca he leído sobre esa criatura ¿qué es? – el mayor parecía sorprendido de que lo viese.

- Se llama thestral, es un animal mágico que no todo el mundo puede ver, solo lo pueden ver aquellos que ven a la muerte – miró de reojo al muchacho – en Hogwarts tenemos un manada, suelen tirar de los carruajes cuando viene el tren y deja a los alumnos, los trae hacia la escuela – carraspeó su voz un momento – a quien... ¿a quien has visto morir? – preguntó mientras Harry abría mucho los ojos, no estaba preparado para esa pregunta.

Bajó la cabeza... sus padres... Cedric... Sirius... Dumbledore... había visto morir a demasiada gente, no tenía excusa para eso, tenía que inventarse algo y rápido ¿a quien podría haber visto morir un chaval de 17 años normal y corriente?. A algún pariente... pero según había dicho sus padres murieron en un accidente donde él no estaba implicado, entonces recordó las palabras de un joven de cara rechoncha al cual le habían preguntado lo mismo hace dos años, dio gracias mentales a Neville por ello.

- A mi abuelo... murió en la cama tranquilo, yo tenía 13 años, mi madre me dijo que se había dormido, pero yo sabía que se había muerto – habló con voz triste, Dumbledore podía considerarse como un abuelo y mentor que se había ido - ¿y tú?.

- Oh yo... mi padre... cayó enfermo en mi segundo año y yo... bueno tú también sabes y... bueno... – Harry asintió – además – continuó – en esta época con Ya-sabes-quien rondando y sus seguidores no es de extrañar que muchos puedan ver a los thestral hoy día – señaló al animal – ese se llama Tiberius, nació aquí, es el más joven de la manada por ahora.

- Es bonito – mencionó, en verdad no eran feos, como los había considerado por primera vez, tenían su propio encanto, esas palabras casi hicieron saltare las lágrimas a Hagrid.

- No todo el mundo aprecia su belleza – llevándose una mano a la cara.

- ¿Vamos a seguir explorando el bosque? – comentó tranquilamente mientras se sacaba un bollo del bolsillo.

El semi-gigante asintió y continuaron, Hagrid empezó a hablarle sobre los centauros y las otras criaturas que había en el bosque. También habló de que algún día le gustaría tener un dragón, que eran criaturas encantadoras, Harry se preguntó mentalmente que era lo que Hagrid veía encantador en una criaturas escamosas que lanzaban fuego por la boca y podrían matarte de un manotazo, pero conociendo a Hagrid si Aragor era 'encantador' cualquier cosa podía serlo. Se pasaron toda la tarde paseando y el guardabosques le mostró la extensión del bosque y contándole anécdotas que había tenido en él, Harry tuvo que morderse la lengua un par de veces para no decir nada más de la cuenta, pues él también conocía bastante el bosque y tenía bastantes historias que contar, pero se contuvo, estar con Hagrid paseando por el bosque era algo tan natural y familiar que se tranquilizaba.

- Me lo he pasado muy bien Hagrid, este bosque es muy interesante – sonrió encantado mientras se encaminaban de nuevo a los terrenos de Hogwarts.

- Puedes venir cuando quieras, claro que antes de que empiece el curso, no se podría permitir que un alumno estuviese en el bosque aunque fuese conmigo – dijo claramente

- No creo que pueda venir otra vez, mañana quiero descansar y estrenar mi nueva escoba, mamá solo me dejaba montar en una que no se elevaba mucho, al final encanté todas las cosas de la cocina y se pusieron a flotar sin querer con 8 años y mi madre se puso como loca deshaciendo encantamientos – esas pequeñas coletillas que se inventaba de su familia ficticia a veces sonaba tan reales, pues no había puesto a flotar los cubiertos sino a su tía, cosa fascinante... a lo mejor por eso era tan real.

- Bueno... lo entiendo, tienes tus exámenes a final de mes... tienes que estudiar – Harry asintió.

- Pero te volveré a hacer otra visita el próximo fin de semana si puedo – inclinó la cabeza – ojala todo vaya bien.

- Claro que te irá bien muchacho, eres muy listo – dándole una palmada en la espalda que casi le hace caer.

Sonrió alegremente y alzó la mano para despedirse, ya había pasado el medio día y la hora del almuerzo, hacía mucha calor como en cualquier mes de Agosto normal y los pastelillos se le habían acabado, necesitaba volver a la cocina, quería mirar Hogwarts, ver las salas, ver si todo era igual a como casi veinte años en el futuro. Pasó por el vestíbulo donde se encontró con una mujer de rostro severo que se dirigía al primer piso, la mujer era Minerva McGonagall la jefa de la casa Gryffindor y profesora de transformaciones, Harry la miró sonriendo, aunque esa mujer fuese muy severa tenía un corazón de oro, y siempre hacía lo que podía por su casa sin quebrantar las normas, miró a las cuatro columnas trasparentes que había en un lado, cada una con el símbolo de una casa distinta, donde no podía apreciarse ningún rastro de rubíes, esmeraldas, zafiros ni ámbares, lanzó un suspiro que no pasó inadvertido por la mujer que seguía subiendo, consiguiendo que cambiase la expresión a una más dura si era posible.

- ¡Potter! – gritó entre sorprendida y escandalizada - ¿¡Se puede saber que hace en el colegio en vacaciones!? – al parecer no entendía que hacía el ahí – Si es por lo de premio anual, no es excusa debería mandar una lechuza no presentarse aquí – frunciendo el ceño mientras bajaba por las escaleras.

- ¿Premio anual?.¿Pero eso no lo era Evans? – sabía que sus padres eran los primeros de la clases, pero creía que solo nombraban un premio anual... ¿sería como los prefectos un chico y una chica?.

- Comparte el puesto con usted, que al parecer se ha enterado muy rápido... – su tono se suavizó peligrosamente - ¿qué hace aquí señor Potter?.

- Profesora... ¿es profesora no? – esta hizo una mueca como si el muchacho estuviera diciendo una locura – creo que me ha confundido con James Potter, mi nombre es Harry, Harry Potter y no tengo ningún parentesco con quien todo el mundo me confunde se lo aseguro.– poniéndose la mano en el pecho – El profesor Dumbledore me aseguró que hablaría con todos los que estaban en Hogwarts que me quedaría en Hogwarts para estudiar para mis T.I.M.O.s en el ministerio de magia, Hagrid, la señora Pince, el señor Filch, los elfos... saben que me he estado quedando profesora – sonrió, al parecer la maestra estaba desconcertada - ¿Qué clase imparte usted?.

Al parecer tal aclaración había dejado anonadada a la mujer que un tenue rubor acogió sus mejillas avergonzada de su comportamiento.

- Imparto Transformaciones – aún con su todo duro – soy Minerva McGonagall, jefa de la casa Gryffindor... nunca le he visto por el colegio – comentó astutamente.

- Eso es por que este es mi primer año aquí, profesora McGonagall, he venido para cursar séptimo nada más y espero poder estar en su clase, su asignatura me viene muy bien para lo que quiero hacer en el futuro – estirando los brazos – quiero ser auror.

- Auror... – murmuró y luego le miró - ¿y que hace en el vestíbulo cuando se supone que debería estar estudiando?. La carrera de auror es una de las más difíciles de conseguir, debe tener notas excepcionales señor Potter – sin variar un ápice el tono de voz pero con un toque de sorpresa en el rostro.

- Llevó aquí desde casi principios de mes profesora, he estado estudiando todos los días y solo he salido del castillo para comprar lo materiales de séptimo, llevo toda la semana encerrado en mi habitación y necesitaba un poco tomar el aire – sonriendo débilmente – no creo que pudiese meterme más en la cabeza notas de transfiguraciones avanzadas con los cambios de colores y no acabar con algo multicolor en vez de malva – se encogió de hombros – Este fin de semana me lo he tomado un poco libre, aunque volveré a repasar de noche profesora, sé que los T.I.M.O.s no serán cosa fácil, y menos los E.X.T.A.S.I.S – acabó de decir.

- Vaya... al parecer tiene en orden sus prioridades señor Potter... – cambió su mirada y la giró hacia la escalera – si me disculpa tengo que ir a ver al profesor Dumbledore – inclinó la cabeza como un adiós y se retiró subiendo las escaleras.

El joven Potter sonrió, ese Hogwarts era él que conocía. Se dirigió hacia la puerta derecha que dirigía hacia las mazmorras y cogió el corredor por el cual las luces se iban encendiendo a su paso hasta que llegó hacia un cuadro de fruta, le hizo cosquillas a la pera y accionó la manivela para entrar en la cocina. Un elfo domestico que portaba un gran sombrero se cayó de espaldas al verlo aparecer por la puerta, y soltó un débil chillido.

- ¡Señor huésped! – soltó con voz chillona – Le hemos llevado la comida hacia su habitación señor huésped, peor usted no se encontraba ahí – sus ojos brillaban y se revolvía las manos nervioso mientras se ponía de pie.

- He estado con Hagrid en el bosque – se excusó - ¿se encuentra bien? – tal pregunta hizo que el elfo diese un respingo.

- ¡El señor es muy amable al preguntarle eso a Hanky señor! – le señaló una mesa – Hanky está bien, pero el señor huésped tendrá hambre, acérquese a la mesa y sírvase señor – el muchacho sonrió amablemente.

- Gracias Hanky – el elfo soltó otro chillido y en menos de tres minutos la mesa estaba llena de comida, más de la que Harry se podía permitir comer.

Harry disfrutaba de la compañía de los elfos, aunque la mayoría no hablaban, habían otros que sí y le contaban cosas sobre Hogwarts, los elfos estaban para servir Hogwarts y a cualquier alumno, fuese cual fuese el campo y preguntar sobre los muros del castillo le resultaba divertido, pues muchos elfos parecían saber pasadizos y como Dobby le había dicho, conocían la sala de los menesteres, si eras amables con ellos te contaban todo lo que sabían, también a uno se le escapó que siempre venía un joven parecido a él junto con sus amigos a las cocinas, pero al decir tal cosa se puso la mano en el pescuezo como su fuera a estrangularse. Harry saltó de la mesa y le separó las manos del cuello haciendo que respirase hondamente.

- Gracias señor... pero... he hablado de los señores que vienen a las cocinas.– mirando tentativamente una sartén como pensando en darse en la cabeza con ella – Los elfos podemos hablar de Hogwarts pero no de los que vienen aquí señor, solo a los profesores si lo piden señor, decírselo a un alumno es calumnia señor – estiró el brazo para coger la sartén pero Harry lo paró.

- No es calumnia si yo se quienes vienen a las cocinas ¿cierto? – el elfo abrió más los ojos si se podían – seguro que hablas de los merodeadores, ya he oído hazañas de ellos, si es por ellos no debes castigarte, lo sabía antes – la criatura soltó un suspiro de alivio y le miró con una sonrisa que parecía escapar fuera de su cara.

- El señor es muy amable, gracias – hizo una reverencia y se fue hacia la parte mas honda de la sala.

- ¿El señor huésped no quisiera un poco más de pastel de calabaza? – preguntó una pequeña elfina que llevaba puesto un harapo de color verde.

- No gracias, estoy lleno – tocándose levemente el estómago – esta noche si estaré en mi habitación, necesito repasar – estiró el brazo y cogió unos cuantos panecillos de una cesta y se los metió en el bolsillo – por cierto, os agradezco la comida y felicidades a quien haya hecho estos panecillos – mordiendo uno consiguiendo que alguien soltase un chillido y casi se escondiese debajo de la mesa.

- ¡Muchas gracias señor! – se escuchó la voz proveniente de debajo de la mesa como un estruendo, hizo un gesto con la mano y se despidió.

Harry subió de nuevo al recibidor y empezó a subir las escaleras, necesitaba ver si las entradas secretas ya las conocía Filch en ese entonces o por el contrario no los sabría hasta más adelante. Recordaba tres de los pasadizos que se suponía que Filch no conocía, el que iba hacia la casa de los gritos, el de la bruja jorobada, pues Filch ese jamás lo podría averiguar por que era un squib... detrás del espejo de la cuarta planta... ese no sabía donde iba, por que según los gemelos en su tercer año se derrumbó, por lo que aún estaba intacto, se tocó el mentón pensativo y terminó las escaleras empezando a recorrer el pasillo, pero entonces se dio cuenta de algo... ese no era el pasillo del primer piso. Allí estaba la estatua de Boris el Desconcertado y Harry se giró y miró a la escalera, parecía burlarse de él mandándolo al quinto piso, casi había acertado. Se dio la vuelta y bajó rápidamente antes de que a la escalera le diera la gana de cambiar nuevamente, saltó tres escalones y llevó al cuarto piso donde se encontraba la biblioteca y su habitación.

- Ohhhhhh un alumno perdido – dijo una voz con falsa lástima flotando encima de la cabeza de Harry - ¿qué hace un alumno en Hogwarts en verano?. No, no, no, no, al señor Filch no le gustará esto... – negando con la cabeza.

- El señor Filch ya sabe que estoy aquí Peeves – miró a la puerta de la derecha el cual era un baño - deberías quitar el chicle de ahí, sino Filch se molestará contigo – en un tono suave tocando su varita de si bolsillo trasero.

- Filch Flito Flitich – soltó una sonora carcajada y empezó a dar vueltas alrededor de Harry – Filch no puede hacerle nada a Peeves, él no sabe hacer magia, no, no, y no le gusta que la gente este merodeando, no, no... – el oji verde sonrió y saco su varita señalando a la puerta atascada.

- ¡Waddiwasi! – el chicle salió disparado de la puerta y Harry movió la varita hacia Peeves que quedó estampado en la pared por el dejándole la boca tapada – así está mucho mejor – soltando una risita mientras escuchaba a Peeves intentar decir algo con la boca tapada.

Siguió hacia delante y se metió en la biblioteca donde la señora Pince le recibió con una inclinación de la cabeza, Harry pasó de las secciones que solía ver y fue a la de historias. Tenía tiempo libre así que tenía que investigar sobre lo que les dejó Dumbledore en su testamento cuando cumplió los 17... A él la Snitch y la espada de Godric... a Hermione un libro de cuentos... y a Ron el Desiluminador... De todo eso lo que más le interesaban eran los cuentos... por que si Albus Dumbledore le había dejado la pista en la Snitch... en el cuento también... Sabía que era una recopilación de historias infantiles para niños mágicos, pero ahora mismo no podría preguntarle a Madame Pince si ella sabía donde estaban, un joven de 17 años no lee cuentos infantiles para niños. Recordaba algo sobre Beedle el Bardo, o por lo menos así se titulaba el libro y sino recordaba mal de él eran los cuentos.

- Beedle... Beedle... – musitaba buscando entre las estanterías, había muchos libros, pero ninguno parecía tener ese nombre... ¿y si la única copia la tenía Dumbledore?.

Estuvo buscando más de media hora el libro de cuentos, pero lo único que pudo encontrar fue una pequeña anécdota de la vida de ese hombre durante la Edad media. En la cual ponía lo siguiente.

"Beedle el Bardo 1374 - ?

Fue uno de los juglares mágicos mas importantes de la edad media, sus cuentos y cantares siempre fueron recordados por magos que lo escuchaban. Sus fábulas siempre fueron contados a los niños que escuchaban incansables sus historias, muchos dicen que algunas fueron reales, pero nunca se hallaron pruebas de ello. Años mas tarde de que dejara el oficio, Beedle el Bardo publicó un libro con sus cuentos, los cuales siguen siendo recordados hasta la fecha."

Debajo de eso había un extraño dibujo, un triángulo en cuyo interior había un círculo y una raya, le resultaba familiar, pero no sabía de que... cerró el libro que soltó polvo y lo volvió a dejar en la estantería con los demás. Se fue rápidamente a la sección de pociones y cogió un ejemplar de pociones de 'gratitud', en la cual si se acordaba bien estaba la poción que más necesitaba en estos momentos, lo hojeó por encima y vio la poción de color oro fundido burbujear. Fue rápidamente a donde se encontraba la señora Pince y le señaló el libro, esta frunció un poco el ceño.

- ¿Quiere sacar este libro señor Potter? – al parecer eso no le hacía gracia.

- No me he traído ni pergaminos ni tinta, hay un apartado en este libro verdaderamente importante, o por lo menos yo lo considero así – cerró un poco los ojos – le prometo que se lo devolveré dentro de dos horas si me doy prisa en copiar lo que necesito, por favor Señora Pince – mordiéndose levemente el labio.

- Uhm... este libro de pociones es muy viejo señor Potter, si veo aunque sea una mancha de tinta... – le amenazó con extrema suavidad.

-Prometo que se lo traeré en perfectas condiciones, gracias – y apretando fuertemente el libro entre sus brazos salió casi corriendo hacia la salida de la biblioteca, pasando por enfrente de Peeves que seguía pegado y se metió en su habitación.

Entró rápidamente y la puerta se cerró detrás de él con un fuerte golpe consiguiendo que la lechuza girase la vista y ululase enfurruñada, Harry lo entendió, no le había dejado la comida y aunque hubiese cazado necesitaba comer. Abrió la Jaula y metió la comida en el cacharro, susurró el hechizo 'Aguamenti' y se lo llenó de agua. Abrió uno de los cajones y sacó un pergamino, abrió el libro por la página 126 y empezó a copiar rápidamente el método de hacer la poción, lo único malo era del poco tiempo que disponía, sino lo haría con más calma... además no sabía cuando podría volver a estar en la biblioteca totalmente solo sin nadie por allí que preguntase o se metiese en sus asuntos, aunque la biblioteca nunca solía ser santo de la devoción de mucha gente, normalmente solo iban en época de exámenes y nada más. Le llevó poco más de una hora terminar de copiarlo todo, que le ocupó casi la mitad del pergamino de 60cm, lo había hecho con una letra más pequeña de lo normal, pues eran cuatro páginas de explicaciones, enrolló el pergamino y lo guardó suspirando al tiempo que cogía un bollo y se lo metía en la boca.

Se levantó de la silla y salió de su cuarto para devolverle el libro a Madame Pince, Peeves se había conseguido deshacer de la sustancia pringosa y no se encontraba por ahí. Llegó a la biblioteca y se lo entregó a la mujer que lo examinó detenidamente para luego asentir con la cabeza haciendo que el chico suspirase y saliese del lugar, la puesta de sol estaba próxima, le gustaría ver más lugares de Hogwarts, pero estaba cansado de la caminata en el bosque y tenía que volver a repasar sus notas, abrió la boca y un largo y profundo bostezo salió de ella, era temprano sí, pero una siesta antes de ponerse a leer no le iría mal ¿cierto?.

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A la mañana siguiente Harry salió temprano de su habitación sin desayunar, sino con unos bollos del día anterior que aún se mantenían blandos, ese fue su único desayuno, se colocó sus guantes de escama de dragón que guardaba en el su baúl y cogió su escoba nueva. Hacía mucho que no volaba y necesitaba hacerlo en escoba, era una de las cosas que en verdad se le daba bien, y quería continuar practicando ese deporte que tanto le gustaba. Vio a Hagrid a lo lejos en las huertas mientras él se encaminaba a la pista de Quidditch, se veían chispas rojas y una explosión sonó después seguido de las maldiciones del semi-gigante. Se colocó en medio del campo y se puso encima de la escoba donde dio una suave patada el suelo y comenzó a elevarse.

Notaba el viento en su cara moviendo sus gafas, respiró hondamente hasta alcanzar casi los treinta metros suspendido por encima de los palos de gol. Miró a su alrededor y de pronto le pareció estar con el equipo de Gryffindor en su primer partido, podía escuchar la voz de Lee Jordan de fondo mientras Wood le decía que persiguiese la snitch, pudo escuchar los bramidos de la afición. Abrió los ojos, que no sabía que había cerrado y se tiró en picado hacia el suelo con la escoba a una gran velocidad para luego elevarse y recorrer el campo para luego pasar por el bosque y el lago. Su corazón palpitó fuertemente y bombeaba sangre al cerebro, su respiración estaba acelerada y sus puños fuertemente aferrados a la escoba. Sonrió felizmente mientras recorría otra vez con la mirada los extensos terrenos de Hogwarts, ese lugar que le había visto pasar por tanto... donde había crecido feliz junto sus amigos, Hogwarts era su hogar.

Continuará...

Ya, tardo en actualizar, lo siento xD pero es que no se, me he centrado tanto en mis drabbles (leedlos!). Yo por aquí haciendo publicidad xD. Que se me olvidó casi por completo este fics, siento si lo estabais siguiendo y visteis este parón xD pero de verdad es que me centré completamente en el otro fics xD. Espero que os haya gustado este largo capítulo que no os haya decepcionado la espera!!!!.