Los personajes de la serie Candy no me pertenecen, yo solo los tome prestados un rato para tratar de mejorar el ánimo que me dejó la original, lo hago por expresar mi imaginación y no por fines de lucro. Quiero agradecer a todas las lectoras que me han acompañado en estos primeros capítulos, espero sigan hasta el final de la historia, gracias por su apoyo y dejar sus comentarios.

CAPITULO 3

EL CIELO EN TU MIRADA

Candy inmediatamente palideció, su mirada se encontraba perdida, sus piernas empezaron a temblar y su mirada se cristalizó, cayó pesadamente en la silla que estaba detrás de ella y solo negaba con la cabeza, diciendo que era un sueño, ¿Anthony estaba vivo!? ¿Cómo? ¡Si ella lo vio caer y morir instantáneamente! O al menos eso había creído, porque por más que lo llamó no contestó, y después de su desmayo no volvió en sí, hasta tres días después, pero ya era tarde, Anthony se había ido, según ella para siempre. Albert se preocupó por el estado de Candy, sabía que había amado a su sobrino, pero también sabía que los últimos meses se la había pasado sufriendo por Terry, por eso no entendía la reacción tan desgarradora que tenía Candy. Creía que lo había superado, pero al verla en ese estado comprendió que ella seguía teniendo en un lugar muy especial de su corazón a su amado sobrino.

-Candy, Candy, ¿te encuentras bien? - Preguntó Albert muy angustiado, llamando al mayordomo para que le hablara al doctor, inmediatamente llegó Dorothy y una de las mucamas para ayudar a Albert, mientras el mayordomo iba a buscar al médico hasta el tercer piso, llevaron a Candy a su habitación, poco después llegaba el médico para revisar a Candy, Albert dejó la habitación para que fuera atendida y Dorothy se quedó con ella.

Unos minutos después salió el médico indicándole que no se preocupara que su hija estaría bien, solo le había dado un calmante para que se relajara, pero como era muy fuerte dormiría hasta mañana. Candy pasó la noche muy inquieta entre pesadillas y sueños dulces, en ellos se veía jugando y correteando de la mano con Anthony pero de pronto lo veía caer del caballo mientras ella gritaba su nombre, poco a poco la temperatura empezó a subir y pasó de los sueños y pesadillas al delirio, en el cual no dejaba de llamar a Anthony, suplicándole que no se fuera, que él no la abandonara, como lo hicieron sus padres. Escucharla llorar era muy triste para Albert, quien llamó nuevamente al médico, el cual no encontró ningún motivo aparente que le provocara la fiebre, no estaba enferma su fiebre era producto del dolor y la desesperación de su alma, igual que cinco años atrás, cuando lo creyó muerto, su cuerpo no resistió el dolor de su pérdida y esa era la forma de revelarse ante tal injusticia de la vida. Dorothy se limitó a cuidarla con compresas de agua fría para bajar la fiebre y que dejara de delirar, ya que ella mejor que nadie sabía cómo se podía poner esa pequeña pecosa cuando deliraba.

Dorothy aún recordaba cuanto había sufrido Candy ante la pérdida de su gran amor y se sintió culpable, cuando tiempo atrás se vio obligada a callar el secreto que guardaba celosamente la tía abuela. Pero ella no podía decir nada sobre aquello, necesitaba su trabajo, era el único sostén de su familia, desde la muerte de su padre, y ahora tenía una hija a quien cuidar y aunque Candy era para ella una hermana, no podía revelar un secreto que no le pertenecía y el cual le habían hecho jurar no decir nada o perdería su empleo.

El médico hablaba con Albert sobre la salud de su hija, cuando llegó una enfermera angustiada, diciendo que el joven Anthony presentaba fiebre y que se movía inquieto en la cama, el médico corrió inmediatamente al tercer piso, ya que era la primera vez en todo ese tiempo que se presentaba un cambio en la salud de su paciente consentido. Albert no sabía que hacer, se preocupaba por Candy, pero quería saber porque su sobrino estaba tan inquieto también, así que corrió detrás del médico no sin antes decirle a Dorothy y Rosie que cuidaran bien de Candy.

Cuando el médico llegó con Anthony, empezó a revisarlo y tomarle la temperatura, Anthony empezó a moverse inquieto igual que Candy, lo revisó minuciosamente y estaba asombrado de la similitud de la fiebre entre Candy y Anthony, pero pronto su asombro desapareció y dio paso a la pena, Anthony dejó de moverse, la fiebre continuaba y no daba indicio de que fuera por alguna infección, de la misma forma que la de Candy.

- Sr. William, me temo que la salud de su sobrino ha empeorado, tal vez es lo último que le quede de vida, al verlo moverse después de tantos años inmóvil tuve la esperanza que se recuperaría, pero al ver que dejó de hacerlo y que la fiebre no cede, es mejor que se preparen para lo peor.

- NO! No! Doctor, haga algo! No es justo que Candy acaba de enterarse que mi sobrino vive, solo para perderlo nuevamente, y esta vez sí sería para siempre.

El médico lo vio con tristeza y llamó a la enfermera indicándole que hiciera lo mismo que con Candy, cuidarle la fiebre con compresas de agua fría para tratar de bajarla y esperar, sólo quedaba esperar…

Candy y Anthony pasaron la noche con fiebre, Candy seguía inquieta gritándole a Anthony que no la dejara y en la mente de Anthony algo empezaba a ocurrir, después de años de estar dormido, su mente empezó a formar imágenes de él y Candy, sólo que a diferencia de Candy él no volvió a moverse. Poco a poco las imágenes se veían más claras había menos humo y veía a Candy llorar y gritarle que no la abandonara, Anthony no le contestaba, solo tenía una gran congoja en su alma al verla sufrir, su pecosa lloraba y era él el causante de su llanto, ¿Qué? ¿Él? ¿Él la había hecho llorar? ¿Por qué? ¿Por qué el lastimaría a su más preciado tesoro? Poco a poco su mente comenzó a unir las imágenes con las preguntas que se formulaba, era como si empezara algo dentro de su cerebro a unirse, frases con imágenes y de pronto él empezaba a tratar de alcanzar a Candy entre la neblina en la que se encontraba. Corría hacía ella tratando de alcanzarla, quería decirle que él no la había abandonado, ¡que no la abandonaría! Que siempre la protegería como su paladín que era, sin embargo no la alcanzaba y seguía escuchándola llorar y llamarle que no la abandonara, que no la dejara sola. Era como si estuvieran entrelazados por su alma, su mente, su corazón mientras ella gritaba, él la buscaba en sus sueños sintiéndose impotente de no poder alcanzarla.

Por la mañana tanto Candy como Anthony ya habían librado la fiebre, pero Anthony seguía inmóvil. Candy se levantó y vio a Dorothy y Rosie recostadas al borde de la cama, cansadas por cuidarla toda la noche, Candy no recordaba que había pasado, hasta que de pronto recordó las palabras de Albert –"de mi sobrino, Anthony Brower Andrew".

-Anthony! – gritó, con eso Dorothy y Rosie despertaron sobresaltadas buscando a Candy con la mirada, pero ella ya no estaba en la recámara, había salido corriendo a buscar a Anthony, descalza y en camisón. Albert que iba a la recámara de la rubia para saber como seguía tropezó con ella.

- Candy! ¿Qué haces levantada? Has tenido fiebre toda la noche!

- Albert, ¿es verdad lo que me dijiste de Anthony?

- Si Candy, es verdad.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué lo ocultaste? ¿Dónde está? ¡Quiero verlo!

- Tranquila Candy, el médico lo está revisando también a él en un momento podrás verlo, pero primero tienes que cambiarte y desayunar.

- ¡No tengo hambre Albert! Yo lo que quiero es ir a verlo, ¡necesito ver con mis propios ojos que es él!

- Y lo verás Candy, pero primero lo primero, si no te cuidas tú, ¿Cómo pretendes cuidar de Anthony?

- ¿Cuidarlo?, ¿Anthony está enfermo Albert? ¿Qué tiene?

- Candy primero ve a cambiarte y hablaremos abajo, si ya te sientes mejor.

Candy a duras penas entró a su habitación, Rosie ya había bajado por el agua para prepararle el baño, mientras Dorothy preparaba su ropa.

- Con permiso, señorita – Rosie se retiraba dejándola sola con Dorothy.

- Dorothy, ¿Desde cuándo sabes de Anthony?

- ¡Candy! – con lágrimas en los ojos le contestó – lo siento, me hicieron jurar que no diría nada o perdería mi empleo, y siempre me he atormentado por no poder decírtelo – Candy vio la tristeza en el rostro de Dorothy así que optó por no reclamarle nada.

- No te preocupes Dorothy, te entiendo.

- ¡Gracias Candy!

Cuando Candy estaba lista bajó en busca de Albert, el cual estaba esperándola en el comedor para desayunar, increíblemente no tenía hambre, al contrario tenía prisa por ver a Anthony, pero desayunó un poco para que Albert no le insistiera.

- Candy, antes de que veas a Anthony tienes que saber sobre su estado de salud.

- Dime Albert, ¿Qué pasa con él? ¿Tiene amnesia igual que tú?

- No Candy, es algo peor, verás desde el día del accidente Anthony quedó en coma.

- ¿¡En coma!? – gritó Candy asombrada.

- Así es Candy, está así desde hace casi cinco años, y no ha mejorado nada – dijo con pesar.

- ¿Qué dicen los médicos Albert?

- Según palabras de la tía abuela, varios especialistas lo han tratado, pero ninguno ha logrado ningún avance en su salud y poco a poco lo han ido abandonando y le han sugerido a la tía abuela que es mejor, dejarlo ir.

- ¡NO! – gritó Candy.

- Tranquilízate Candy, en cuanto yo me enteré de la situación decidí venir a Lakewood para ver qué puedo hacer por él, pero los médicos no dan esperanza alguna, dicen que si igual despierta puede tener daño cerebral, invalidez o definitivamente quedar como vegetal.

- No puede ser Albert!, ¡Anthony no!, ¡mi Anthony no!

- Hay algo más que debes saber Candy.

- ¿Qué pasa Albert?

- Anoche igual que tú Anthony tuvo fiebre, y empezó a moverse repentinamente.

- Pero eso es bueno Albert, puede que esté a punto de despertar.

- Eso fue lo que dijo el médico, que por cierto a él yo lo contraté, ya que los que trajo la tía abuela ya no querían venir a verlo, para ellos es un caso perdido. Lamentablemente así como empezó a moverse dejó de hacerlo de pronto y la fiebre continuó toda la noche igual que tú, sólo que ya no se volvió a mover y el médico me ha dicho que podría ser el principio del fin.

- No Albert, por favor no me digas eso, no soportaría volver a perderlo, ya perdí cinco años de mi vida sin él, no es justo que ahora que sé que nunca murió lo pierda nuevamente, ahora sí mi corazón no lo soportaría.

- Lo sé pequeña, créeme que lo sé muy bien.

- Albert, quiero verlo por favor, quiero saber como está.

- Claro Candy, vamos.

Candy temblaba a cada paso que daba, Albert se dio cuenta y se dirigió al ascensor que había mandado instalar semanas atrás por si tenían que trasladar a Anthony a algún hospital y no tener que moverlo demasiado. Candy lo miró extrañada ya que no iban hacia las escaleras, y ella suponía que estaba en el tercer piso. Cuando llegaron al ascensor comprendió que efectivamente estaba en el tercer piso. Candy caminaba detrás de Albert sintiéndose nerviosa entre las figuras de cera, tenía miedo de volver ahí, - ¿Por qué habían puesto a Anthony en esa habitación? Claro, era la única de la mansión a la que nadie querría entrar, menos ella, así que no se dio cuenta que Anthony estaba en la mansión el tiempo que ella vivió ahí después de su supuesta muerte.

- Aquí es Candy – dijo Albert, preguntando a Candy con la mirada si estaba lista.

Candy asintió con la mirada, dándole a entender que estaba lista para verlo. Albert, tocó la puerta y abrió una enfermera ya mayor, con la cara cansada por cuidar a Anthony toda la noche, el médico les indicó que podían pasar. Candy entró observando la habitación –¡qué grande es!– pensó, ya que cuando ella había quedado encerrada por el miedo y la oscuridad que reinaba no pudo apreciarla bien. Todo estaba limpio e iluminado, era bastante amplia, tenía una pequeña sala, una gran ventana por la cual podía observar el reloj de la torre sur y al fondo cerca de la ventana ahí estaba una cama con dosel, llena de aparatos que conectaban a un cuerpo que no alcanzaba a distinguir por el velo que tenía la cama, se acercó temerosa con el temblor en sus piernas y ahí lo vio, la imagen más bella y a la vez desgarradora que pudo ver, parecía un ángel, un hermoso ángel dormido en su cama, si no fuera por tanto aparato al que estaba conectado entre sueros, zondas y máquinas de monitoreo, su belleza no se opacaba, seguía igual de guapo, incluso más, ya no era un niño, a pesar de estar más delgado porque solo era alimentado artificialmente, eso no le quitaba lo guapo. Sus ojos, oh! como deseaba ver sus ojos, azules como el cielo, su nariz, sus cejas, su boca, oh! Dios esa boca que tanto había soñado con besar y que estaba ahí frente a ella. Candy no dejaba de verlo, pero en su mente solo se repetía las ganas que tenía de besarlo.

Se acercó lentamente a la cama y volteó a ver al médico, el cual asintió que podía hacerlo.

- Acérquese señorita Andrew, el peligro ya pasó, bueno la fiebre se estabilizó, aunque sigue en coma, el movimiento que presentó ayer, quiero pensar que ya es un avance, hay que ser positivos y confiar en Dios.

- Tiene razón doctor, yo me encargaré de cuidarlo todos los días. Albert, quiero que pongan una cama aquí en el cuarto, para estar más cerca de él.

Albert asintió y le dijo al médico que su hija también era enfermera, que ya lo había ayudado a él, y que esperaba que también ayudara a su sobrino. El médico estuvo de acuerdo y él pasaría a revisarlo como lo había estado haciendo cada semana, y en caso de emergencia, que le avisaran inmediatamente.

Albert, el médico y la enfermera salieron del cuarto, dejando a Candy a solas con Anthony, diciéndoles que a partir de ese momento ella estaría ahí con él hasta que se recuperara. El doctor la vio con nostalgia y cierta pena, ya que él estaba seguro que el joven Andrew no despertaría de su sueño.

Continuara…

Hasta aquí les dejo el tercer capítulo, espero que lo hayan disfrutado y muchas gracias por leerlo, espero sus comentarios, saludos! 27/05/2019