Disclaimer: Hetalia no me pertenece. Todos los créditos a Himaruya-sensei.
Y, he aquí un nuevo capítulo. Esta vez tratará la Sturlungaöld(Guerra Civil Islandesa), la anexión de Islandia a Noruega y la alianza personal entre Suecia y Noruega.
Tuve que subirle el rating a T por una pequeña escena que incluí al comienzo, cuando hablaba sobre la guerra civil islandesa (¿por qué incluí esa escena…? No lo sé, a veces soy media dramática O.o).
Gracias a todos los que leen, siguen y comentan esta historia.
Tsk… ahora que lo pienso, Nore sólo quiso asegurarse de que Olaf no tuviera ninguna excusa para tomar represalias contra mí por ser pagano, y chantajearlo de ese modo. Una vez que se hubo cerciorado de que yo estaría seguro, se rebeló contra su rey. Ayudado por Danmörk y Svíþjóð, le tendió una emboscada en el mar, lo derrotó y lo obligó a suicidarse. El cristianismo volvía a ser echado de límites noruegos, y el paganismo prevaleció por algunos años más, hasta que fue imposible seguir profesándolo.
El último rey pagano de Nore, llamado Harald Hardråde, murió en 1066. Con su muerte finalizó la era vikinga, esa era que había representado tanto para mi hermano. Él había sido el primer y el más aguerrido vikingo. Y, claro, fue el último en dejar de serlo. Obligado y de mala gana, tuvo que aceptar el catolicismo al final.
Mmmm… pobre Nore… Viéndolo de cierto modo, es comprensible que, aun hoy en día, él añore tanto la época en la cual era el "Terror del Norte". Nunca lo admitirá, claro, pero sé que eso es lo que siente.
Bueno, tampoco es que las cosas le hayan ido tan mal una vez cristianizado. Aunque su era dorada como conquistador vikingo había terminado, inició una nueva, en la cual las ciudades grandes y la cultura empezaron a florecer. Aunque su pueblo sufrió una pequeña época de guerras civiles, estas fueron sofocadas eficazmente por Haakon IV (1), uno de los mejores monarcas que tuvo mi hermano. Él llevó a la nación a su máximo esplendor. Con su reinado, Noregur alcanzó la mayor extensión territorial de su historia porque, aunque ya no era un bárbaro saqueador (para esta época ya se había reformado en serio), logró conseguir el dominio sobre muchos territorios vecinos (sí, eso me incluía a mí).
Y, hablando de mí…
Ahhhh… yo estaba atravesando una de las peores etapas desde mi fundación. Aunque Nore me había dejado pacificado unos doscientos sesenta años atrás, las guerras civiles habían vuelto a estallar, bajo el nombre de Sturlungaöld (2). Mis corruptos líderes locales empezaron a luchar entre sí por el poder. La comida se agotó rápidamente. Las peleas y escaramuzas reemplazaron al vital pan diario. Mi situación era crítica.
-Danmit! ¿Por qué ellos no quieren sentarse a hablar como personas civilizadas…? -me lamenté un día, oculto tras unas piedras, tratando de huir de las flechas y los proyectiles que volaban por los aires. -¡Cof… cof… cof…!- empecé a toser, de repente.
Me veía muy decaído. No era para menos. La desventaja de ser un país es que, todo lo que sucede en tu nación (una inundación, una crisis financiera, o peor aún, una guerra) te afecta directamente.
-No… no lo sé mocoso -me contestó Puffin, tembloroso-. Pero sí estoy seguro de una cosa: si continúas así, vas a estar en graves problemas… -señaló, examinándome de pies a cabeza, preocupado por mi estado.
-¡GYAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH! -fue el desgarrador alarido que se escuchó entonces. Y uno más luego. Y otro más después. La sangre llovía a chorros por todos lados.
Cómo detesto las guerras. El clamor de los soldados que caen no te deja pensar. El olor a sangre impregnando el aire es asqueroso. Y el llanto de los niños…
-¡Mömmu (Mami)! ¡Tengo hambre! -chilló un niño pequeño, tras abrir la puerta de su casa y salir a la calle, desesperado.
-¡Ya lo sé, pero te he dicho que te quedes adentro! -ordenó su madre, histérica, saliendo detrás de él y tomándolo en brazos.
-¡Pero yo solo quiero preguntarle a mi pabbi (papi) si tiene algo de comer! -insistió el pequeño, lloroso, señalando al campo de batalla. Su padre era obviamente uno de los hombres que estaba luchando.
-¡Él está ocupado ahora…! -replicó la mujer, presa de los nervios-. ¡Ahora, vamos a entrar!
Ella estaba por ingresar al interior de su vivienda, con su hijo a salvo, cuando el pequeño se le escapó de los brazos. -¡Hey! ¡Regresa aquí! -exigió, completamente fuera de sí, al verlo correr hacia el centro de la pelea.
-¡Pabbi! -exclamó el niño, dirigiéndose hacia su padre.
El hombre, al sentirse aludido, volteó de inmediato, absolutamente anonadado. Por supuesto que no esperaba encontrarse a su pequeño precisamente allí, frente a él, en plena lucha.
-¿QUÉ HACES AQUÍ? -le preguntó, visiblemente alterado- ¡VUELVE CON TU MÖMMU DE INMEDIATO! -le ordenó.
-¡Pero pa! ¡Tengo hambre! ¡Yo sólo quiero… ahhhhh…! -el niño no pudo continuar. Una flecha le atravesó el corazón, y le hizo caer al suelo, muerto.
-¡SONUUUUR (HIJOOOO)! -vociferó el soldado, corriendo hacia su pequeño, y levantándolo en brazos, histérico-. ¡NO ES POSIBLE! -rompió a llorar, abrazando el cuerpo inerte de su hijo.
La madre por su parte, no pudo resistir más. A un par de metros de distancia de la puerta de su casa, cayó desmayada. Entonces, alguien salió del interior -tal vez su hermana-, y la arrastró hacia adentro, poniéndola a salvo.
El padre, por otro lado, todavía permanecía en el campo de batalla, aferrado a su hijo. -¡GUÐ (Dios)! ¡¿POR QUÉ ME HAS QUITADO A MI NIÑO?! -se lamentaba. De repente, uno de sus enemigos apareció a su espalda. Aprovechando que estaba distraído, alzó su espada y lo decapitó.
La cabeza del pobre soldado rodó hasta donde yo me encontraba. Su cuerpo, por otro lado, cayó al piso, abrazado aun a su pequeño.
Yo no pude soportar más la escena. Ver los ojos vacíos de aquel hombre clavados en mí, como si me reclamaran mi parte de la responsabilidad por su muerte y por la de su pequeño, a causa mi indiferente pasividad hasta aquel momento, fue la gota que colmó el vaso.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Mi sensibilidad había sido lastimada por completo. No había duda. Yo había llegado a mi límite. No podía seguir permitiendo más barbaridades.
-¡MALDICIÓN! ¿EN QUÉ DIABLOS SE HA CONVERTIDO ESTA MALDITA NACIÓN? -vociferé, iracundo, frustrado, desesperado, rompiendo a llorar sin más.
Pero mi llanto fue opacado por los gritos provenientes de la casa del frente. La mujer, que obviamente había recuperado el conocimiento, empezó a lamentarse a voz en cuello, al darse cuenta de lo que había ocurrido.
Luego, los alaridos de más hombres cayendo en el campo de batalla se mezclaron a la confusión. La sangre empezó a llover otra vez.
-Se acabó… -mascullé yo. Entonces, en un acto impulsivo, decidí ponerles fin a esos cuarenta horripilantes años de guerra que habían azotado a mi país.
-¡IS! ¡ESPERAAAA! -trató de detenerme Puffin, desesperado, jalándome de la capa con el pico. Sin embargo, yo no le hice caso. Sin importarme el fuego cruzado, o las espadas chocando, empecé a cruzar el campo de batalla, en dirección a mi casa.
Esquivando todo, logré al fin llegar a mi vivienda, a duras penas.
-Ahhh… ahhh… ahhh… -caí al piso, jadeante, por el esfuerzo que había hecho, aun estando tan enfermo.
Sin embargo, me puse de pie de inmediato.
-¡No es momento para descansar! -me dije a mí mismo, y me dirigí hacia mi escritorio. Entonces, tomé una hoja, una pluma y un tintero.
Los gritos todavía se escuchaban afuera.
De repente, Puffin llegó, revoloteando.
-¡Is! ¿Qué es lo que estás hacien… ¿eh?! -preguntó confundido, al verme escribiendo algo.
-¡LLÉVALE ESTO A NOREGUR! -le ordené entonces, enrollando la carta que había terminado de hacer y amarrándole un cinto alrededor.
-¡¿EH?! -el ave me miró, y parpadeó dos veces, atónita. -¡Oye Is, no sé qué pienses tú, pero yo no soy una paloma mensajera! -replicó, algo sarcástico-. ¡Y no creas que pedirle ayuda a ese norska arrogante sea la mejor solu…!
-¡TE ESTOY DANDO UNA ORDEN, PÁJARO INÚTIL! ¡AHORA, HAZ LO QUE TE DIGO! -le ordené, furioso.
-O…oye Is, no tienes que gritarme… -lloriqueó él, sorprendido por mi actitud.
-P…perdón… e…es que… e…es que… es la última oportunidad que me queda… -musité, desplomándome al suelo, bastante débil-. Me siento muy mal, Puffin… me siento muy mal… y si Nore no interviene… no sé lo que me pueda pasar… -me lamenté, tosiendo varias veces.
Era verdad. Mi frágil cuerpo estaba llegando a su límite.
-Is… ¡Is…!- mi mascota voló hacia mí, y se detuvo frente a mi cara. Alarmado al ver que perdía el conocimiento, trató de hacerme reaccionar dándome suaves picotazos en la nariz -¡Is! ¡No es momento de bromear! ¡Is! ¡Despierta! -vociferó, preocupado.
-Puffin -susurré, al ver su tierna y compasiva mirada clavada en mí, en cuanto abrí los ojos-. No es común verte tan angustiado -sonreí al ver su expresión.
-¡Mocoso tonto! ¡Me haz asustado! -me recriminó, algo aliviado.
-Fyrirgefning (lo lamento) -farfullé-. Ahora, haz lo que te he pedido… vinsamlega (por favor)…
-E…está bien Is… pero lo hago únicamente porque me preocupas -aclaró el frailecillo, tomando la carta en su pico -¡Trata… de… resistir… ¿de acuerdo…?! -me dijo, e inmediatamente salió volando por la ventana.
-D…de acuerdo… Y tú… dile a Nore… que no se tarde… -fue lo último que pude decir antes de desmayarme.
Cuando recuperé el conocimiento, me encontraba sobre mi cama, envuelto por varias colchas.
-¿Qué… ha pasado…? -pregunté, desubicado.
-¡Is! ¡Has vuelto! -vociferó mi mascota, revoloteando sobre mi cabeza.
-¿Puffin?
-¡Sí! ¡Aquí estoy! ¡Y he cumplido con mi misión! -me informó, eufórico, posándose a mi lado
-¿Ehhh…? -sin embargo, yo todavía estaba confundido. Traté de incorporarme a duras penas porque tenía el cuerpo destrozado. Sin embargo, de algún modo me sentía mejor que antes. Entonces me restregué los ojos, y todo se aclaró a mi alrededor.
-Dime… ¿lograste pedirle ayuda a Nore? -inquirí, soñoliento.
-¡Sí! ¡Y ese norska al fin hizo algo bueno! ¡Tomó un cargamento enorme de provisiones, las subió en barcos y las trajo hasta aquí!
-¿Eso quiere decir que él… está en mi isla? -pregunté, emocionado.
-¡Sí! ¡Ha hablado con tus jefes! ¡Y los ha convencido de que cesen las luchas a cambio de comida!
-¿E…en serio? -cuestioné, incrédulo, como si todo lo que estaba pasando a mi alrededor en ese momento hubiese sido un sueño.
-¡Ya te dije que sí, mocoso terco! ¡Ahora, come una manzana! -me instó, acercando la fruta a mí.
-¿Eh? -al tomar la manzana entre mis manos y palparla por un momento, volví de pronto a la realidad-. Gracias a Dios… -suspiré, aliviado, dándole un mordisco a la fruta-. ¿Cuánto tiempo estuve dormido?
-¡Varios días! ¡Odio admitirlo, pero empezabas a preocuparme! -confesó mi mascota, con tristeza.
-Lo lamento… -sólo atiné a decirle yo-. ¿Dónde está mi hermano?
-Ahhh… no lo sé… -mintió mi ave, haciéndose el desentendido.
-Puffin… -insistí yo, con voz acusatoria.
-Agggg… ¡Está en la habitación de al lado, ¿contento?! -me reveló al fin, de mala gana.
De inmediato, yo fui corriendo para saludar a Nore y agradecerle por todo -para disgusto de mi mascota. Él, al verme, me abrazó con fuerza, me preguntó unas veinte veces por mi estado de salud, me revisó de pies a cabeza tres veces seguidas y me hizo comer hasta que ya no pude más (mi bróðir siempre ha sido un exagerado sobreprotector, aunque tampoco puedo culparlo por ello. Desde que nací, mi salud ha sido muy frágil… ¡pero él debería entender que yo ya soy un adulto ahora!)
Bueno… regresando a la historia…
La intervención de Nore logró frenar las disputas de mis jefes locales. Al ver que, por culpa de su ambición, la situación se había vuelto desesperada, ellos no tuvieron más opción que someterse y aceptar la ayuda que mi hermano les ofrecía.
Las muertes, la sangre, y el sufrimiento al fin habían cesado.
Yo no podía estar más aliviado. Sin embargo, lo que no sabía es que aquello, como casi todo, tenía un precio. El rey noruego había autorizado el envío de las provisiones a cambio de una condición…
-¿Q…qué me vaya a… vivir contigo? -le pregunté yo a mi hermano, dejando caer el vaso que sostenía al piso, absolutamente anonadado.
-Sí Is. Tu pueblo se quedará pacificado, y nadie más tendrá que morir de hambre. Pero, a partir de hoy, vas a estar bajo mi custodia…
¿Qué si aquella noticia me puso de vuelta y media? Pues claro, ¡yo ya llevaba casi cuatrocientos años viviendo en mi amada isla, y nunca había salido de allí! ¡Y ahora, tenía que ir con Nore a su casa -un lugar completamente desconocido para mí- por quién sabe cuánto tiempo! Bueno, al menos estaría con mi hermano… ese era mi único consuelo...
Y mejor no les cuento la reacción de Puffin en cuanto se enteró de la "novedad"… con decirles que casi se atraganta con el pez que estaba comiendo…
-¡¿QUÉ TÚ QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?!
Sí… por el bien psicológico de todos… mejor dejar el tema de lado...
El punto es que, esa misma noche, alisté todas mis cosas. Entonces, en una pequeña bolsa, metí algunos de mis "tesoros", aquellas cosas que me recordarían mi hogar cuando yo ya no estuviera allí: un pedazo de roca, una hoja del abedul que siempre había sido mi escondite cuando estaba deprimido, y el libro que Nore me regaló y que yo ya había leído y releído quizás cientos de veces…
Entonces, até la bolsa alrededor mío.
A la mañana siguiente, mi hermano y yo partimos.
-Adiós… -me despedí tristemente de mi tierra, mientras me alejaba de ella a bordo de un barco.
-Tranquilo lillebror. Puedes volver y visitar tu isla cuándo quieras, ¿de acuerdo? -trató de animarme mi hermano.
-Ya lo sé pero… de todos modos… voy a extrañarla mucho -me lamenté yo, limpiándome los ojos.
-¡OYE MOCOSO! ¿ACASO PIENSAS ABANDONARME? -vociferó Mr. Puffin, apareciendo de pronto y posándose en mi hombro.
-¡Pero tu dijiste que preferías morir antes que irte a vivir a la casa de mi elsti bróðir! -repliqué yo.
-¡Pues no lo dije en serio! ¡Además, alguien tiene que ir y cuidarte en esa tierra extraña y llena de norska (noruegos), JUM! -argumentó mi mascota, mirando a Nore con recelo.
-Sí claro… lo que pasa es que no quieres quedarte solo… -le recriminé yo.
Después de un viaje algo cansado, los tres -incluyendo a Mr. Puffin-desembarcamos sin mayores problemas en Bergen, la capital noruega en aquel entonces.
-Wow…
La verdad, me quedé boquiabierto al ver semejante ciudad. No se comparaba en absoluto a los pequeños poblados que existían en Ísland. Probablemente era cinco veces más grande que cualquiera de ellos. Por otro lado, mientras que las casas en mi isla eran pequeñas y rudimentarias, aquí lucían majestuosas y hermosamente decoradas. El bullicio llenaba las calles. Carretas iban y venían.
-¡Bacalao seco! -pregonaban los comerciantes a bordo de ellas.
Pronto me acostumbré a vivir en aquel lugar. El clima era muy similar al de mi tierra. Además, el rey Haakon promovía la literatura en aquel entonces. ¡Cómo me gustaba visitar esas bibliotecas enormes y quedarme horas allí leyendo libros de toda clase!
Puffin también estaba encantado. ¿La razón? Montones de bacalao fresco por todos lados, claro.
Sin embargo, debo admitir que a veces me sentía algo deprimido.
-Oiga herr (señor), ¿no ha visto a un niño de unos ocho o nueve años y cabello plateado por aquí? -le preguntó Nore a uno de sus marineros un día, llegando hasta el puerto de la ciudad, algo agitado.
-Ah, sí, ese pequeño tan tímido… está allá, mirando al mar desde hace rato… -le respondió el hombre, dejando de envolver sus redes para señalarme a mí.
-Mmmm… debí sospecharlo… takk (gracias)…
Yo, por mi parte, me había encaramado hasta lo alto del muelle, y, sentado allí, permanecía pensativo.
"Ya es otoño… mi abedul debe haber cambiado de color…" -me decía mi mismo, contemplando la hoja seca de aquel árbol que tanto quería y que me hacía recordar a mi isla. La acababa de sacar de la bolsa que tenía amarrada a la cintura.
"También extraño a mis goshverir… Nore no tiene nada que se les parezca…"
"Por otro lado, espero que mi gente se encuentre mejor… que no hayan vuelto a surgir las guerras… ni el hambre… y que nadie esté sufriendo igual que antes…"
"El sjó (mar) me separa tanta distancia de mi tierra…" -suspiré melancólicamente.
-Niño malcriado, ¿dónde te habías metido?- me susurró mi hermano al oído, apareciendo de pronto a mi lado e interrumpiendo mis pensamientos.
-¿Nore? ¿C…cu…cuándo llegaste? -le pregunté yo, algo nervioso.
-Mmmm… como hace un minuto, después de recorrer por casi cuatro horas toda la ciudad y sus alrededores, y de haber tenido que treparme hasta aquí arriba para poder ubicarte -me recriminó él, con su tono de voz neutro de siempre, pero un ligero toque de molestia.
-F…fyrirgefðu (l…lo siento)! -me disculpe, algo avergonzado.
-Sí, ya lo sé, pero realmente me tenías preocupado. De ahora en adelante, antes de ir a cualquier lado, primero debes pedirme permiso, ¿de acuerdo? -me regaño él.
-D…de acuerdo, elsti bróðir… -le respondí yo, cabizbajo.
Supongo que entonces, Nore percibió algo de tristeza en mí, porque cambió su expresión de "ligeramente" fastidiado por una de "ligeramente" preocupado (ahora que lo pienso, creo que yo soy una de las pocas personas que siempre ha tenido la habilidad de descifrar lo que Nore realmente está sintiendo tras esa cara de poker).
-Is, ¿te pasa algo? -me preguntó, sentándose a mi lado, y tratando de mostrarse empático.
-¿A mí?
-Sí. Estás decaído.
-Claro que no. S…sólo te parece… -repliqué, haciéndome el desentendido.
-Is… no puedes engañar a tu eldste bror. ¿Extrañas tu isla, verdad? -me preguntó él con toda sinceridad, mientras las olas rompían contra el muelle.
-L…la verdad es que sí… -le confesé al fin, no pudiendo soportar su azul y profunda mirada fija en mí por más tiempo-. Aunque, tal vez sea un poco más complicado de lo que parece…
Entonces, le conté a mi hermano todo lo que sentía.
-Ya veo. Lo que realmente sucede es que tienes miedo, lillebror. Temes que las luchas y el hambre vuelvan a azotar tu nación mientras tú estás lejos, ¿verdad?
-Sí… y eso… sería horrible… -en ese momento, todos los recuerdos de la guerra volvieron a mi mente y la anegaron.
Aunque yo ya me había recuperado en muchos aspectos (Nore decía que en aquellos meses viviendo junto a él había subido de peso y mi piel tenía algo más de color que antes) la verdad es que todavía estaba emocionalmente destrozado. Muchas de las cosas que había visto durante aquellos cuarenta años de Sturlungaöld -como la escena del padre muriendo junto a su hijo-habían logrado traumatizarme.
Al ver que rompía a llorar, mi bróðir no supo exactamente qué hacer…
-I…Is… -sólo atinó a decir, mientras me acariciaba suavemente la espalda.
Creo que Nore no esperaba que yo estuviese tan afectado. Al fin y al cabo, él estaba acostumbrado a ver sangre y destrozos por todos lados.
Pero la verdad, es que yo nunca lo había estado…
-¡Odio las guerras! ¡No quiero que ninguna otra vuelva a estallar en mi país nunca! -lloriqueé, frenético.
-Is…
-¡Si no hubiera sido por ti, esos malditos goðar seguirían matándose y matando a mi gente como a ganado! -chille, lanzándome sobre mi hermano y aferrándome a él con fuerza, mientras lloraba profusamente.
-Is, no tienes que acordarte de eso. Ya pasó, lillebror… -trató de consolarme él, como pasar una mano por mis cabellos.
-¡Ya lo sé… pero… no puedo… olvidarlo…! -repliqué yo, gimoteando, dolido-. Tengo… pesadillas con eso… todas las noches…
-¿Eh? ¿Pesadillas?
¡SÍÍÍÍÍ! ¡SUEÑO QUE LA STURLUNGAÖLD SE VUELVE A REPETIR! ¡YA NO QUIERO! ¡YA NO QUIERO QUE MI GENTE VUELVA A ASESINARSE ENTRE SÍ! -vociferé con todas mis fuerzas, tras lo cual me volví a quebrar.
-Lamento que hayas tenido que guardarte todo eso… todo este tiempo… Is… -sólo atinó a decir Nore, mientras me abrazaba con fuerza, y me acariciaba la cabeza con ternura. -Pero, ¿sabes una cosa? Realmente no tienes de qué preocuparte, lillebror… -me aseguró, una vez que yo me hube calmado lo suficiente.
-¿Cómo… estás tan seguro…? -le pregunté.
-Porque la paz ha sido firmada. Ahora, tu nación está sometida a mi rey y tú estás directamente bajo mi cuidado. ¿Entiendes lo aquello significa, verdad?
-¿Qué tú vas a protegerme y que vas a velar por la tranquilidad en mi isla?
-Sí, Is. Yo no voy a permitir que otra guerra vuelva a estallar nunca en tu nación -me aseguró, con su voz sosegada-. Te lo prometo. ¿Confías en mí, cierto?
-Já (Sí)… -asentí con la cabeza, mientras me limpiaba las lágrimas, mucho más sereno que antes. -Ég elska þig, elsti bróðir (te quiero, hermanito mayor) -le dije, mientras lo abrazaba con fuerza.
-Yo también te quiero, lillebror…
Aquella misma noche, yo permanecía sentado en mi cama, tembloroso. Una pequeña vela iluminaba tenuemente mi oscura habitación. Puffin dormía a mi lado, sobre su nido improvisado, soltando fuertes ronquidos de rato en rato.
-Bacalao… amo el bacalao… -balbuceaba.
De un momento a otro, yo decidí tomar mi almohada y bajarme con suavidad de la cama. Entonces, caminé hacia la puerta, la abrí, salí de mi cuarto y la cerré tras de mí con cuidado, procurando no despertar a mi mascota.
A pasos cortos, me dirigí hacia el dormitorio de mi hermano.
Una vez allí, entré con timidez, y caminé en puntillas hasta llegar a su cama, a la cual me trepé con cuidado.
-N…Noru… -le susurré al oído, samaqueándolo levemente.
-¿E…ehhhh? -farfulló él, medio adormilado-. Den… si me estás despertando nuevamente… porque quieres saber en dónde guardo la cerveza… juro que te descabezo… -masculló, como darse la vuelta y golpear a su almohada.
-¿Eh? ¿Den? -pregunté yo, confundido-. ¡No Nore! ¡No soy Den! ¡Soy yo, Is!
-¿Ehhhh? ¿Is? ¿Mi lillebror? -balbuceó, abriendo los ojos con sorpresa.
-¡Já! ¡Soy yo!
-Ah… debí sospecharlo… Perdóname, creo que te confundí con alguien más… aunque no sé cómo fue eso posible… -se recriminó, sentándose sobre su cama y restregándose la cara-. ¿Qué haces aquí? ¿Pasa algo malo?
-B…bueno… la verdad es que sí… t…tuve una pesadilla… o…otra vez… -me lamenté, gimoteando.
-¿Pesadilla?
-Sí… t…tengo miedo… -lloriqueé, abrazando a mi hermano-. Noru, ¿p…puedo dormir contigo? -le pregunté, mirándole a los ojos.
-¿Dormir… conmigo…? -titubeó él, sorprendido por la propuesta.
-¡Já! ¡Vinsamlegast!- le supliqué.
-Bu…bueno… está bien lillebror… -aceptó al fin, un poco inseguro. Después de todo, él siempre había vivido sólo y no estaba acostumbrado a arrullar a nadie. -Pon… pon tu almohada aquí…-me pidió, señalando la cabecera de la cama- y tú te acuestas… acá…
-¡Como tú digas! ¡Takk, elsti bróðir! -inmediatamente, yo me acomodé en el huequito que mi hermano me había hecho a su lado, feliz.
Al poco rato, los dos estábamos durmiendo juntos.
-Nore… -susurré de pronto, rompiendo la calma…
-¿Qué?
-¿Recuerdas que me dijiste que podíamos visitar mi isla cuando yo quisiera?
-Sí…
-¿Podemos ir allá pronto? Quiero ver si mi abedul ha cambiado de color…
-¿Tu abedul? ¿Ese debajo del cual siempre te escondes cuando estás triste?
-¡Ajá! ¿Por qué no partimos a verlo mañana mismo? -propuse, entusiasmado.
-Me gustaría, lillebror. Pero, estos días estoy esperando la visita de alguien, para discutir temas importantes que afectarán en gran manera a mi nación… ¿Qué te parece si vamos la próxima semana?
-¡Está bien! -acepté de inmediato, eufórico-. ¡Es genial! ¡En una semana podré ver a mi abedul! ¡Y también a mis goshverir!
-Realmente extrañas a tu isla, ¿cierto?
-Sí… -admití yo-. ¡P…pero no me malinterpretes! ¡No es que no esté feliz de estar contigo, porque en verdad lo estoy! -aclaré de inmediato-. Lo que sucede es que… es raro…
-¿Raro?
-Cada vez que tú partías de mi isla, yo te extrañaba con todas mis fuerzas… pero ahora que vivo contigo, extraño mi tierra… ¿Qué complicado, no? -sonreí.
-Creo que te entiendo, lillebror. Descuida. Es normal que echemos de menos lo que yo no tenemos al lado. Pero somos países, y tenemos que acostumbrarnos a dejar ciertas cosas atrás... aunque no nos guste… porque ese es nuestro destino… -empezó a susurrar mi hermano con tristeza, casi para sí mismo.
-¿Eh? ¿A qué te refieres exactamente, Nore? -pregunté, confundido.
-Nada Is. Olvídalo. Ahora duérmete…
-D…de acuerdo… -obedecí, y me acurruqué al lado de mi bróðir-. Á morgun (hasta mañana).
-I morgen, lillebror…
Al día siguiente, yo me encontraba sentado en la mesa del comedor de la casa de Nore, comiendo un pan dulce muy rico.
-Mhhh…
-¿Te gusta, lillebror?
-¡Me encanta! ¿Cómo se llama?
-Kaffebrød. Y, como su nombre lo indica, se toma con café… -señaló, sirviéndome una taza grande llena de la aromática bebida.
-¡Café! ¡Me encanta el café!
-Yo lo sé. Es delicioso, ¿verdad?
-¡Sí! -asentí, tomando un sorbito.
-Por cierto Is, ¿dónde está tu frailecillo maleducado? -me preguntó Noruega, extrañado de que el ave no estuviera por ahí molestándolo. -Le había guardado algunos pescados para el desayuno…
-Ah… pues él se levantó muy temprano, me dijo que ya estaba cansado de ser alimentado por humanos, y que prefería ir a buscar su propia comida fresca. Entonces, salió volando hacia el mar…
-Tsk… que animal más caprichoso. Y, por cierto, ¿no está enojado porque anoche lo dejaste durmiendo solo?
-¡Para nada! Más bien, se encuentra feliz de que la habitación ahora sea para él solo… ese pequeño acaparador… -mascullé, molesto.
Entonces, se hizo un silencio.
Nore estaba absorto tomando su adorado café, mientras que yo me había quedado mirando fijamente su cabello.
-Oye Is, ¿pasa algo malo? -me preguntó él darse cuenta de mi expresión.
-N…no precisamente… p…pero… no me había dado cuenta de que llevabas ese… ¿qué es eso, Nore? -inquirí con curiosidad, señalando el pasador que yacía en el costado derecho de su cabeza, muy cerca de su rizo flotante.
-Ah, te refieres a esto… pues es la Nordisk korsflagg (Cruz escandinava)…
-¿La Nordisk qué…?
-La Nordisk korsflagg… Es un símbolo de la religión cristiana…
-Oh, ya veo… ¿de dónde la sacaste?
-Me la regalaron…
-¿Te la regalaron? ¿Quién lo hizo?
-Eh, pues, verás…
-¡NORGEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! -se escuchó una escandalosa voz, que no combinaba para nada con la atmósfera tranquila del lugar. De repente, la puerta de la cocina fue abierta con violencia, yo solté un gritito por la impresión y a Nore le dio tic en el ojo.
-Hablando del diablo… -bufó mi hermano, con molestia.
¡NOR! ¡YA ESTOY AQUÍ! -exclamó la persona que acaba de aparecer frente a nosotros.
Yo me quedé mirándolo como si hubiera salido de otro planeta. Era un rubio muy, muy alto, de ojos azules, cabello alborotado y enorme sonrisa.
-Quién no se daría cuenta de que acabas de llegar, si entras haciendo tanto alboroto, dum (tonto)… Además, llegas tarde. Vengo esperándote por toda una semana… -le recriminó mi hermano mayor, molesto-. Por tu culpa, tuve que posponer un viaje importante hasta la otra semana. Jum, si no fuera porque el tema que tenemos que discutir es de peso, me iba y te dejaba plantado…
-¡Nor! ¡No digas eso! ¡Tú sabes que una nación como yo tiene decenas de ocupaciones y…! -de repente, el visitante tomó nota de mi presencia, paró en seco y clavó sus ojos en mí, sorprendido-. ¡NORE! ¡¿TUVISTE UN HIJO Y YO NO ME ENTERÉ?! -exclamó histérico, señalándome-. ¿O acaso es uno de tus duendecillos? -preguntó, examinándome de pies a cabeza.
-Ni mi hijo ni un duendecillo… él es mi lillebror, y tú eres un stupid… atacó Nore, molesto.
-¿T…tú lillebror? -replicó el rubio más alto, incrédulo-. Oye, entonces él es…
-Sí, él es Island…
-¡ISLAND! ¡AL FIN TE CONOZCOOOOOOO! -vociferó aquel extraño, acercándose efusivamente hacia mí, con la obvia intención de abrazarme-. ¡ERES MÁS LINDO DE LO QUE PENSÉÉÉÉÉÉÉ! ¡LINDO, LINDO, LINDO, LINDO!
Sin embargo, lo único que consiguió fue asustarme.
-¡AHHHHHHHHHHHHH! ¡Nore! ¡Ayúdameeee! -exclamé, bajándome de la silla donde estaba sentado y yendo a ocultarme detrás de mi hermano.
-¡Oye Nor! ¡Tú hermanito es igual de antisocial que tú! ¡Anda, dile que no sea tímido y que salga a saludarme!
-Cállate, dum. Ni él ni yo somos antisociales. Tú eres demasiado irritante, y por esa razón nadie quiere acercarse a ti, ¿entiendes?
-¡NOOOR! ¡Eres cruel!
-Sí lo soy. Y en cuanto a ti lilebror, no tienes por qué tenerle miedo al idiot de Danmark (Dinamarca)…
-¿Danmörk? -pregunté, atónito. Mi hermano me había hablado varias veces de él. Sin embargo, yo me lo imaginaba como un sujeto enorme, horrible y malvado. Por otro lado, este se veía…
-¡Oye, pequeño! ¡No me llamo Danmörk! ¡Soy DAN…MARK… ¿te quedó claro?! ¡DAN…MARK…!
Este se veía bien parecido, sonriente y algo tonto…
-¡Pues yo quiero decirte Danmörk! -le respondí, perdiendo mi timidez, y saliendo de mi escondite detrás de Nore. ¿Algún problema? -me encaré al danés, dándole una patada en la canilla.
-¡AUUUUUUUCH! ¡OYE NOR! ¡TU LILLEBROR ACABA DE PATEARME LA PIERNA! -gimoteó Dan.
-Pues te lo tenías merecido… Bien hecho Is -me felicitó mi bróðir, dándome suaves golpecitos en la espalda
-¡NOR! -protestó Dan. -¡¿Te vas a poner de su lado?!
-Por supuesto…
-¡NOOOOOOOOOOR!
-¡Esa patada fue por todas las veces que has molestado a mi elsti bróðir! -aclaré yo-. ¡Y esta… es por ser un ambicioso despiadado! -le recriminé, clavándole un nuevo puntapié en la otra pierna.
-¡AUCH! ¡Nore! ¿Qué es lo que le has contado a tu lillebror de mí para que me odie así? -lloriqueó el danés, sobándose ambas canillas, adolorido.
-Nada, sólo la verdad -le respondió mi hermano, con una sonrisa malvada.
-¡WAAAAA! -entonces, me precipité sobre el más alto y empecé a golpearlo con todas mis fuerzas en el abdomen… ¡MALO, MALO MALOOOO!
-¡AUCH! ¡Oye chiquillo Is, tus manitas duelen! ¡AUUUUUUUCH!
¿Por qué tanta violencia contra Dan en nuestro primer encuentro?
Por el mal concepto que me había formado de él gracias a Nore, que siempre me decía que el mayor era codicioso, abusivo e irritante.
-¡OYE IS! ¡YA FUE SUFICIENTE! -exclamó el danés, después de haber soportado mis golpes por casi diez minutos-. ¡ERES UN NIÑO MALO! -me recriminó, tomándome de la cintura y alzándome del piso.
-¡Oye tú! ¡Suéltame ahora! -le exigí, furioso, pataleando en el aire.
-¡NO! ¡NIÑO MALO! -se negó Dan, sacándome la lengua.
-¡Rubio tonto! -repliqué yo-. ¡Nore, Danmörk me ha sacado la lengua! -lo acusé, haciéndome la víctima.
-¡Pero él pateó dos veces mis piernas y luego atacó mi abdomen! ¡Nor, tú lo viste, ¿verdad?! -berreó el danés en su defensa.
-¡CÁLLETE! -le exigí prendiéndome de sus cabellos y jalándoselos con fuerza.
-¡AUUUCH! ¡SUÉLTAME, PEQUEÑO DEMONIOOO!
Mientras nuestra "madura" pelea continuaba, mi bróðir se masajeaba las sienes, irritado.
-Ahora tengo que soportar a dos niños en mi casa… maldita sea… -se lamentaba.
Bien… he de admitir que, aunque al comienzo no me llevé nada bien con Dan, las cosas cambiaron con el tiempo. Él venía de visita a la casa Nore a menudo -hasta que la relación entre los dos se enfrió algunos años después (3)-, y ambos empezamos a hacernos buenos amigos y a jugar juntos. Sí, a jugar… y es que el danés siempre ha tenido la mente de un infante, así que divertirse conmigo no era en absoluto un problema para él…
Supongo que esa fue la razón por la cual Nore no quiso traer a su casa a sus demás "hermanitas" -dígase Grænland (Groenlandia), Færeyjar (Islas Feroe) Hjaltlandseyjar (Islas Shetland), Orkneyjar (Islas Orcadas)-, pese a que también estaban bajo su custodia.
Y es que si el pobre sufría severos dolores de cabeza sólo teniendo que soportarnos a Dan y a mí… imagínense con cuatro o cinco niñas más encima…
Por otro lado, si ellas hubieran venido, probablemente yo me hubiese puesto muy celoso… ¡sólo probablemente! Y la razón no es que yo haya sido acaparador, o que me haya gustado tener el afecto de mi elsti bróðir para mí sólo, o que Nore haya sido tan importante en mi vida que no quería compartirlo con nadie más… sino que… sino que… ¡MEJOR CAMBIEMOS DE TEMA!
Nore sí cumplió su promesa de llevarme a visitar mi isla, no sólo una vez, sino varias. Y en cada una de aquellas ocasiones, yo me cercioraba de que todo en mi nación marchara bien, visitaba mi abedul personal y miraba a mis goshverir. Luego volvía a casa de mi bróðir, contento y tranquilizado.
Aunque algunos años después tuvimos que mudarnos de Bergen a Oslo, la nueva capital, por mandato de Haakon V, las cosas siguieron iguales. Mi elsti bróðir y yo continuamos disfrutábamos de nuestra compañía mutua. Ambos leíamos libros, tomábamos café, salíamos a pasear, íbamos a pescar juntos…
Fue también en aquel periodo cuando él me presentó a algunos trolls, que todavía son amigos míos hasta la actualidad…
Sin embargo, cierto día, mi hermano me dijo con algo de tristeza.
-Lillebror, lo siento. Debes empacar tus cosas...
-¿E…empacar… mis cosas? -pregunté yo, sorprendido-. -¿P…por qué? ¿Otra vez tú rey ha cambiado la sede del gobierno?
-No es eso, Is… -me respondió él, decaído.
-¿No? ¿Qué podrá ser, entonces? -inquirí, pensativo-. ¡O…oye! ¿Acaso será… acaso será ya no me quieres en tu casa…? ¿Vas a pedirme que vuelva a Ísland…? -concluí yo precipitadamente-. ¡No lo hagas Nore! ¡Soy muy feliz viviendo contigo! ¡Te prometo que ya no voy a causar destrozos con Dan cuando él nos visite! ¡Pero no me eches de tu lado, te lo suplico! -empecé a lloriquear, tirándome al piso y abrazando las rodillas de mi hermano.
-¿Eh? ¿Pedirte que vuelvas a tu isla? -replicó Nore, sorprendido-. No es eso Is…
-¡Por favor, no… ¿eh?! -yo detuve súbitamente mi llanto al oír las palabras de mi hermano-. ¿No es eso a lo que te referías?
Mi bróðir negó con la cabeza.
-¡Pues lo hubieras dicho antes! ¡Esto ha sido humillante! -le reproché, poniéndome de pie, avergonzado-. ¡Y olvida lo que acabo de decirte, ¿de acuerdo?!
-No. Te he escuchado claramente. Me quieres, y te gusta vivir conmigo, ¿verdad? -me sacó en cara Nore, apretando suavemente una de mis mejillas.
-¡No te hagas ilusiones! ¡Y ahora dime, ¿exactamente para qué quieres que empaque mis cosas?! -le pregunté, haciéndome el molesto y tratando de disimular mi sonrojo.
-Porque nos vamos a vivir con Sverige (4)… -me respondió él, apartando su mano de mi rostro.
-Ah, así que sólo era eso… ¡¿QUÉÉÉÉÉ?! ¡¿Con quién?! -exclamé yo al borde de la histeria.
-Con Sverige. Es uno de mis antiguos amigos. Te he hablado bastante de él cuando te relaté sobre historias vikingas, ¿lo recuerdas?
-S…s…sí… P…pero de todos modos, no lo conozco en persona… y no quiero irme a vivir con él… -repliqué, en shock.
-Lo siento lillebror. Yo tampoco quiero. Pero no hay más opción. Mi jefe ha muerto sin hijos varones, y el único heredero disponible es su nieto, Magnús Hákonarson, el rey sueco... y mi nuevo jefe… -suspiró Nore, resignado-. Él ha ordenado que yo me traslade a vivir a la casa de Sverige… y no tengo más opción que obedecer…
Ambos nos quedamos en silencio por un rato, hasta que yo decidí hablar.
-No… no te preocupes, elsti bróðir. No importa si tienes que mudarte al fin de la tierra. Tú has hecho mucho por mí, y yo voy a ir contigo… -le aseguré, sonriente, tomándole de la mano en un intento por animarlo.
-Is… -susurró mi hermano, mirándome fijamente-. Takk, lillebror. Ahora me siento mejor… -me agradeció, acariciándome la cabeza-. Por cierto, mejor infórmale de la situación a Mr. Puffin cuánto antes…
-Aggg… me temo que eso va ser lo peor de todo… con lo quisquilloso que es ese animal… -me lamenté-. Por lo demás, supongo que no hay de qué preocuparse. Después de todo, ese tal Sverige no ha de ser tan terrible, ¿verdad?
Sin embargo, un par de días después, cuando llegamos a la casa del sueco…
-Mph… -salió a recibirnos un tipo rubio, alto, muy, muy alto -quizás más alto que Danmark-, y con una expresión de muy pocos amigos.
-Hei der, Sverige (hola, Suecia)… -lo saludó mi bróðir con bastante tranquilidad.
-Hej där, Norge… -le contestó el sueco, con la voz más gélida que uno se pueda imaginar. Entonces, notó mi presencia y clavó esa mirada, esa mirada azul, fría y tenebrosa sobre mí… -Mph…
-Glup… -tragué saliva yo, escondiéndome detrás de mi hermano, y temblando como una gelatina.
-¿Él es Island? -preguntó el más alto.
-Ja (sí)… -respondió mi hermano-. Discúlpalo. Es un poco tímido…
¡¿Y cómo no iba a ser tímido?! ¡Ese sujeto daba miedo!
-Sal y saluda, lillebror… Sverige no come… -me instó Nore.
Yo negué con la cabeza. ¡No comería, pero sí que asustaba!
Hasta Puffin, posado sobre mi hombro, se había quedado mudo de la impresión.
-Déjalo, Nor. No importa. Ya me cogerá más confianza con el tiempo. Ahora, pasen los dos…
Ambos obedecimos e ingresamos a la casa del sueco -yo con mucho, mucho retraimiento.
-Por cierto, ¿cómo está Dan? -le preguntó Sví a mi hermano.
-No me hables de ese idiot -fue la cortante respuesta de Nore.
-Ah, entonces, ¿se han vuelto a enojar?
-Sí. Y deja ya ese tema de lado -exigió mi bróðir, incómodo-. Mejor dime, ¿dónde podemos acomodar nuestras cosas? -inquirió, señalando las dos valijas que llevábamos y que yacían en el piso.
-He preparado dos habitaciones para ustedes en el segundo piso… -informó el sueco.
-Takk -agradeció mi hermano.
-¡Yo quiero verlas! -exclamé de pronto, subiendo las escaleras, más por alejarme del rubio enorme y aterrador que por curiosidad.
-¡Is, espera…! -trató de detenerme mi hermano, pero yo no le hice caso-. Eh, que ya se desapareció detrás de ese muro… pero que niño más travieso… -se quejó.
-Déjalo Nor. No importa. Debe familiarizarse con la casa. Al fin y al cabo, vivirá aquí por un largo tiempo…
-Sí, ya lo sé, Sve. Y, ahora que lo mencionas, tenemos que hablar acerca de ese asunto…
-Está bien…
Mientras los dos mayores charlaban en la sala de la primera planta, yo caminaba por el pasadizo de la segunda.
-Brrr… brrr… qué sujeto más aterrador… -tiritaba, muerto de miedo.
-Pues en eso tienes razón, mocoso… tu hermano sí que tiene amigos raros… -señaló mi mascota-. Un rubio tonto, un rubio escalofriante, y un rubio inexpresivo… ¿qué clase de trío vikingo se supone que formaban?
-Uno muy extraño, supongo… -comenté yo, mientras me detenía frente a una de las habitaciones, que tenía la puerta abierta. -Puffin, ¿crees que este sea nuestro dormitorio?
-¿Nuestro? Eso me suena a mucho Ísland. ¡Este cuarto es mío! ¡Tú duermes junto a tu bróðir, ¿lo recuerdas?!
-Eres un pequeño acaparador… -le recriminé, mientras me asomaba a la puerta del dormitorio con algo de timidez-. ¿H…hay alguien aquí? -pregunté, tembloroso. Como no obtuve respuesta, simplemente ingresé.
Al interior, había una cama, una mesita y un ropero chico. El ambiente era bastante acogedor.
-¡Oye Is! ¡Voy a hacerme un nido allá encima de esa cama, y otro encima de esa mesita, y otro más encima de aquel ropero, y…
-¡Ya te dije que este no es tu cuarto, pájaro bocón! ¡Es MI cuarto! -le aclaré yo a Puffin, molesto. De repente, escuché un par de pasos detrás de mí…
-¿Tu cuarto? De ninguna manera. Este cuarto ya me pertenece…
Tanto a mi ave como a mí se nos cortó la respiración. Esa voz no era ni de Nore ni de su amigo serio…
-¿Q…quién es? -pregunté, volteándome, tembloroso. Entonces, vi a mis espaldas a un chico rubio, de ojos marrones, y unos cuantos años mayor que yo. Se veía bastante sorprendido.
-Yo… yo me llamo Suomi (Finlandia)… y… y vivo aquí desde hace un año (5)… -me respondió, nervioso. ¿Q…quién eres tú? -inquirió, desconfiado.
-Y…yo soy Ísland y acabo de mudarme aquí con mi hermano… -le contesté, algo intimidado.
-¿Í…Ísland? ¿Eso quiere decir que tu hermano se llama Nore? -inquirió el muchacho, como si estuviera haciendo memoria.
-S…sí…
-¡Ah! ¡Así que tú eres Islanti! ¡Routsi me había dicho que vendrías, pero no esperaba encontrarte aquí tan pronto! ¡Lamento haberte asustado así, pero cuando has sido acosado por venäläiset (rusos) y ruotsi (suecos) por tanto tiempo, te vuelves un poco paranoico! -se disculpó, cambiando su expresión hostil por una amable de un momento a otro.
-No… no hay problema… además es mi culpa, por haber entrado sin pedir permiso… Por otro lado, ¿Ruotsi? ¿Venäläiset? ¿Qué quiere decir eso? -pregunté, confundido.
-¿Eh? ¿Tú no sabes suomalainen (finlandés)? -exclamó, histérico.
Yo negué con la cabeza.
-¡Ah! ¿Cómo es eso posible? -vociferó, como si fuera el fin del mundo-. ¡Pero no te preocupes, Is! ¡Mientras ambos vivamos juntos, aprovecharé para enseñarte mi idioma! ¿Y qué te parece si tú me enseñas el tuyo? ¡Así ambos nos entendemos mejor! -me propuso con una sonrisa muy, muy cálida.
-¡Is no necesita aprender tu idioma, y más cuándo acabas de asustarnos de esa manera! -gruñó mi frailecillo, molesto.
-¡Hay, Jumala (Dios)! ¡HABLA! -chilló el finlandés, aterrado.
-Sí habla… y más de lo saludable para un ave tan pequeña, diría yo… -me lamenté, algo avergonzado-. No le hagas caso. Acepto tu oferta…
La verdad, el finés me cayó muy bien, por su gentileza y su sinceridad. Además, me enteré de que estaba pasando por una situación muy similar a la mía, porque, mientras que yo permanecía bajo la custodia de Nore, él pobre estaba bajo la de Sví…
Estar bajo la custodia del sueco…
Esa sí que debía ser una verdadera pesadilla…
Y, hablando de él…
Aunque al comienzo le tenía bastante miedo, después de un tiempo, y con mucha dificultad, me fui haciendo a la idea de vivir a su lado, y poco a poco dejé de temblar cada vez que lo veía…
Al final, Noregur, Svíþjóð, Finland y yo, terminamos coexistiendo bajo un mismo techo, y bajo el dominio de un mismo jefe, el rey sueco Magnus VII, que gobernaba desde Stokkhólmur (Estocolmo).
Sin embargo, algunos años después, Nore empezó a sentirse incómodo viviendo en casa de Sví, así que un día me tomó y ambos regresamos a nuestra antigua vivienda. El sueco se ofendió y la unión personal entre ambos se vino abajo, aunque no por mucho tiempo…
Svíþjóð había empezado a desconfiar de su propio rey, y por ello, le pidió ayuda a Noregur para derrocarlo. Una vez que el objetivo se hubo conseguido, el sueco, como agradecimiento, volvió a firmar una alianza con mi hermano, aunque esta vez fue él quien tuvo que mudarse, junto a Finland, a la casa de mi bróðir (6).
Los cuatro volvíamos a estar juntos y gobernados por un solo rey, aunque esta vez era noruego, se llamabaHaakon VI, y reinaba desde Ósló.
Entonces, ¿se quedarían las cosas tranquilas ahora?
La verdad, no. Todo estaba por dar un giro radical. En 1364, Nore se amistó con Danmörk y ambos hasta firmaron una alianza personal, cuando un rey noruego se casó con una princesa danesa…
La Kalmarsambandið (Unión de Kalmar) estaba a punto de ver la luz…
Sin embargo, ese ya es otro tema, y mucho más complicado, para mi gusto.
Bien… esta ha sido la historia de cómo conocí a los cuatro nórdicos que ahora son tan allegados a mí…
Sin embargo, al que más querré de entre ellos siempre será Nore. Él me ha ayudado, acogido y protegido como a su lillebror en cada momento de mi vida. Con él leía historias, salía a pasear, iba de pesca, miraba los goshverir, tomaba café, me abrigaba en el invierno… Aunque odie admitirlo, él siempre será en mi corazón mi elsti bróðir…
Mmmmmmmmmmmmmmm… la verdad, a estas alturas, ya me siento bastante cansado. Algo adormilado, me incorporo y miro mi reloj de mano a la luz de la fogata, que todavía está encendida, pero amenazando con apagarse en cualquier momento… ¡Danmit! ¡Ya han pasado casi una hora y media desde que los otros empezaron a dormir!
Realmente he pasado mucho tiempo recordando el pasado…
Lo único que deseo ahora es descansar…
Estoy a punto de volver a acostarme, cuando me cruzo con dos enormes ojos vacíos frente a mí….
-¡GYAAAAAAAAAAAAH! -chillo con todas mis fuerzas por la impresión, volviendo a inflamarme la garganta, que ya estaba sentida desde hace rato.
-Is, no grites de esa manera… vas a despertar a todo el mundo… -me exige una voz suave y calmada.
-¡Danmit, Nore! ¡Cuántas veces te he dicho que no me asustes de esa manera! -le recrimino a mi hermano, furioso.
-Jeg beklager (lo siento). Es que como veía que te movías de un lado hacia otro y no podías dormir, creí que tal vez te dolía algo y que yo podía ayudarte y…
-¡Pues no es así! ¡Gracias de todos modos! ¡Cof, cof, cof! -empiezo a toser por el esfuerzo.
-Ah, ya sé. Te duele la garganta… voy a darte un par de calmantes… -propone él, como incorporarse y abrir la mochila de primeros auxilios.
-¡No es eso! -lo detengo yo-. Lo que sucede es que… -entonces, empiezo a titubear.
-¿Qué?
-Estuve teniendo algunos recuerdos… del pasado -confieso-. Recordaba la época en que te conocí, y en que conocí a los otros tres…
-Ohhh… ya veo… -la expresión de Nore se vuelve nostálgica-. A veces extraño esos años…
-Ya lo sé. Yo también…
-La época en que ambos fuimos vikingos…
-Es verdad…
-Y cuando te fuiste a vivir a mi casa….
-Cierto…
-Y cuando te dejabas abrazar, arropar, y me decías "Nore elsti bróðir" con tanta ternura…
-También… ¡¿EH?! ¡NO, ESO NOOOOO! -protesto yo, avergonzado.
-Claro que sí… pero aquello no tiene que quedar en el pasado… Anda Is, dime eldste bror… -empieza Noregur con la cantaleta de siempre.
-¿OTRA VEZ CON ESO?-le recrimino, irritado.
-Eldste bror… -insiste él.
-No lo diré… -me niego.
-Eldste bror…
-No lo diré…
-Eldste bror…
-No lo diré…
-Eldste bror…
-No lo diré. Ahora que soy adulto, eso ya no tiene ningún sentido…
-Eres un terco…
-Igual que tú…
-Si no me dices eldste bror, voy a ir a tu lado a arrullarte… y no podrás escapar de mí, porque tienes el tobillo lesionado… -me "amenaza" mi hermano, con una sonrisa malvada.
-¡¿QUÉÉÉÉ?! -protesto yo, histérico-. ¡Pu…pu…pues sí tú haces eso, yo grito con todas mis fuerzas y despierto a Dan para que te torture…! ¡Cof, cof, cof! -replico, desesperado.
-Anda, inténtalo… -me desafía Nore, acercándose a mí, y abrazándome por la espalda-. Al fin y al cabo, tienes la garganta inflamada, y él no te podrá oír…
-¡N…N…Nore! ¡¿Qué rayos te pasa?! ¡YA BASTA! -le exijo, sonrojado-. ¡DAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN! ¡AYÚDAME! -vocifero con todas mis fuerzas.
-¿Eh…? ¿Alguien me llama? -balbucea el danés, entre sueños, empezando a despertarse.
-¡DANNNN… mphhhhhhh! -vuelvo a exclamar yo, pero mi hermano me cubre la boca.
-Está bien, está bien Is… Tú ganas. Yo sólo bromeaba. Ahora, cálmate, y no despiertes a ese dum… -me suplica Nore, apartándose de mí al ver que mi amenaza iba en serio.
-Creo que alguien me… zzzzzzzzzzzzzzzzz… -Danmörk entierra la cara en su manta y vuelve a quedarse dormido, tan súbitamente como se ha despertado.
-Is malo… por poco y despiertas al stupid de Dan… -me recrimina mi hermano, haciéndose el dolido.
-¡Pues tú tienes la culpa, por andar insistiendo con eso de que eres mi elsti bróðir! -replico yo, molesto.
-Pero tú sabes que lo soy…
-Mira Nore, a estas alturas ya estoy demasiado cansado. No quiero volver a discutir contigo por esa razón. Ahora, si me disculpas, quiero descansar -doy por terminada la conversación, cortante, dándole la espalda a mi hermano. Entonces, me acomodo en mi manta y me dispongo a dormir.
-Está bien… -sólo atina a decir Nore, algo triste, sabiendo que ha perdido otra batalla-god natt... por segunda vez… lillebror… -me dice, volviendo a acostarse en su lugar.
-Góða nótt… y no me digas así…-le exijo yo con frialdad. Sin embargo, después de un rato, me siento mal…
Sé que Nore a veces se pone irritante, pero, después de haber recordado todo lo que ha hecho por mí antes…
-Ahhhhh -suspiro, debatiéndome internamente.
Después de todo lo que mi hermano ha hecho por mí, supongo que puedo complacerlo… al menos una vez… ¡sólo por esta vez!
-N…Nore…
-¿Qué?
-Duerme bien, e…e…e…e…
-¿E?
-E…elst…t…ti… e…elst…t…ti… e…elst…t…ti… -la palabra de ha trabado en mi lengua.
-¿Estás bien, Is? -me pregunta él, preocupado.
-¡Sí! ¡Yo sólo quiero decirte… duerme bien, duerme bien… DUERME BIEN, ELSTI BRÓÐIR! -puedo decir al fin, después de mucho esfuerzo, e inmediatamente me cubro de pies a cabeza, absolutamente abochornado.
A juzgar por el silencio que se sucede después de lo que dije, supongo que Nore debe de estar muy, muy sorprendido.
-Duerme bien, también tú, lillebror… -me responde él después de un rato, calmado como siempre, pero con un toque de alegría en su voz.
Tras un momento, asomo mi cabeza disimuladamente a través de un pequeño espacio que he hecho en mi manta. Veo a Nore, acostado de espaldas, con los ojos cerrados, y una ligera sonrisa en los labios. Pero eso basta para que yo pueda deducir que está feliz.
Yo vuelvo a acurrucarme en mi lugar.
-Te quiero, elsti bróðir… -susurro para mí mismo, y sonrío, satisfecho.
(1) Haakon IV de Noruega:Uno de los mejores reyes de aquel país. Durante su reinado, se puso fin al período de las Guerras Civiles, que asolaban la nación desde 1130 y como consecuencia, la segunda mitad de su gobierno se caracterizó por la paz y por la consolidación de la monarquía. Representó la unificación definitiva y el punto cúspide de la Noruega medieval, ya que, en esta época, se centralizó por primera vez la administración, se cultivó la literatura y las bellas artes y Noruega alcanzó la mayor extensión territorial de su historia, que incluía Groenlandia, Islandia, las Islas Feroe y una parte de las Islas Británicas
(2) La Era de los Sturlung o la Era Sturlung (islandés: Sturlungaöld) fue un periodo de 42-44 años (1220 a 1260) de luchas internas en Islandia que tuvieron lugar a mediados del siglo XIII. Fue el más sangriento y violento momento de la historia de Islandia y se encuentra principalmente documentada en la saga Sturlunga. Estuvo marcado por continuas trifulcas entre poderosos caudillos islandeses, los goðar, quienes negociaban alianzas y sumaban seguidores para las batallas. El Sturlung fue el clan más poderoso en la isla de aquel tiempo. Al finalizar su dominio, la Mancomunidad Islandesa dejó de existir e Islandia se convirtió en territorio vasallo de Noruega, ya que, como la guerra había conducido a una fuerte crisis económica, el rey Haakon IV de Noruega cambió a los islandeses provisiones y suministro económico a cambio de la soberanía.
(3) Si bien la relación entre Noruega y Dinamarca era pacífica durante el reinado de Haakon IV, se volvió tensa con su sucesor, Magnus VI de Noruega, el cual, si bien mantuvo una buena política en los asuntos internos del reino y en las relaciones con el occidente, inició una serie de conflictos con Dinamarca que durarían varias décadas.
(4) La muerte del rey Haakon V de Noruega, representó el fin de la rama masculina de la Dinastía Cabellera Hermosa, que reinaba en Noruega desde 872. Al no contar con herederos varones, tuvo que ser sucedido por su nieto Magnus Eriksson (hijo de su hija), de la dinastía sueca de Folkung, quien ya era rey de Suecia, y el cual unió en su persona las coronas de Suecia y de Noruega, formando un solo reino.
(5) Suecia y Rusia estuvieron disputándose el control de Finlandia por mucho tiempo, hasta que en 1323, el Tratado de Pähkinäsaan marcó el límite entre las áreas de influencia sueca y rusa y consideró Finlandia parte del reino 1362 se integró a los fineses dentro de la monarquía sueca, con los mismos derechos que el pueblo sueco.
(6) La verdad, aunque Suecia y Noruega tenían una unión personal, los nobles de ambos reinos siempre querían que la capital del reino conjunto estuviese en su propio país. Por ejemplo,Magnus Eriksson gobernó desde Estocolmo, generando descontento del consejo noruego, que lo reemplazó por su hijo, Haakon VI como rey Noruego, rompiéndose así la unión con Suecia. Sin embargo, años después, Haakon derrotaría a su padre, se haría con el trono sueco y volvería a unir ambas naciones, aunque esta vez gobernaría desde Oslo.
Aves de papel: Hola, otra vez! Es un gusto volverte a saludar :)! Jejeje, pues sí un fanfic como este es muy trabajoso, a decir verdad. Pero como me gusta la historia, no hay problema :D! Y, tienes razón… Is es lindo, Nor es genial, Den es sexy, Swe también… ¡para resumir, los cinco nórdicos son lo mejor del mundo xD jajajaja…! ¡Y, por fin, Is pudo conocer a todo su familia (aunque sentí que me salió algo precipitado, pero no importa xD)! Saludos, y gracias por todos tus reviews. De verdad los amo!
Gracias por leer hasta aquí. Los recuerdos de Is-kun han terminado (sentí que me salió un poco precipitado al final, pero creo que se debió a que yo sólo quería centrarme en la relación entre Noruega-san e Is-kun, por eso ya no incluí más detalles o diálogos más profundos entre este último y Dinamarca, Suecia o Finlandia).
El siguiente capítulo traerá los recuerdos de Dinamarca-sexy-san, y probablemente trate sobre la Unión de Kalmar.
Por cierto, y saliéndome del tema xD, ¡el mundial ya está en cuartos de final! ¡KYYYYYYYYYYYYYYYYAAAAAAAAAAAAA! Ver los partidos es una distracción, tengo que admitir que esa es una razón por la cual me estoy demorando más que antes en actualizar… pero los jugadores, ¡digo!, el fútbol lo vale xD, además, imaginarme cada encuentro al estilo Hetalia es genial (por ejemplo ayer, me imagine a USA siendo apaleado por Bélgica, jajajajajaja, que imaginación la mía!)
Gracias por sus comentarios y por seguir o agregar este fanfic a favoritos.
Saludos… y dejen un review, please! J
