Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


Untitled.

Parte 3.

Honolulu, hace una semana que estaban en Hawái, el padre de Sango las había recibido con los brazos abiertos y no les interrogó por su repentino viaje, cosa que Kagome agradeció enormemente. En esos días Sango y Kagome para distraerse, ayudaban en el pequeño puesto de comida que tenía el señor Yoshida en una de las playas. En su rato libre, Kagome caminaba por la playa, el agradable clima y la tranquilidad del lugar le permitían pensar con claridad, pudiendo ordenar su mente.

La tarde del domingo llegó y Kagome salió a disfrutar de la playa, era una fortuna que el padre de Sango viviera junto al mar. Se recostó en la arena, sus ojos chocolates observaban fijamente las nubes y las formas graciosas que formaban, escuchaba el romper de las olas y enterraba sus pies en la dorada arena. Seguramente era la peor amiga de todas pero, ya no se arrepentía de haberle entregado esa noche a Inuyasha, ella lo amaba y aunque sea una vez lo tuvo, era mejor eso a nunca ¿Cierto?. Además, Kikyou lo tendría por el resto de sus vidas y una parte de su ser se sentía feliz por saber que era primera vez que le había ganado a Kikyou.

Tenía que admitir que todavía le dolía recordar a Inuyasha y estaba segura que esa sensación no se iba a ir pronto, aun así, gran parte de ella ya estaba en paz.

― ¿Cómo estás?― preguntó Sango al recostarse junto a su amiga.

La había estado observando de lejos, desde la ventana de su habitación. Ya la veía de mejor ánimo, no como cuando llegaron o como el gran día de la boda; en definitiva Kagome ya tenía mejor apariencia. Considerado que desde su llegada le había dado su espacio, era hora de hablarle, de tener una charla de chicas.

― Justo ahora deben estar en el Caribe.― pensó en voz al recordar que ella misma fue la que realizó las reservaciones para aquella luna de miel, no pudo evitar sentir un nudo en la garganta, pero se había prometido no llorar más.

― No pienses en eso.― intentó animarla, ella que pensó que las cosas ya estaban más calmadas.

― Ya no me arrepiento.― confesó.

― ¿De qué?― no sabía si por acostarse con Inuyasha o haber dejado a Kikyou con la boda, esperaba que por ambas cosas.

― De lo que paso con Inuyasha, por lo menos una vez lo ame libremente y no viviré pensando en cómo hubiera sido.

Sango sonrió, le alegraba escucharla hablar de esa manera. Y cuando el cielo se comenzaba a tornar naranja decidió que era buen momento de hablarle de la llamada que recibió.

― Tu madre llamó, nos invita a pasar unos días con ella y que si quieres, puedes quedarte para siempre... Pero si lo prefieres, puedes seguir aquí.

― Corea será un nuevo comienzo.― dijo después de meditarlo un rato, ya no regresaría a Japón, ya no había razón para regresar.

― Compraré los boletos, y ya entra a comer, llevas dos horas aquí.

Kagome le observo sorprendida, no tenía idea que fuese tanto tiempo, a ella le parecía apenas media hora.

― Ya voy, solo deja veo el atardecer.


Apenas tres días con su familia y ya se sentía mejor, cogió su ropa y fue a darse una ducha, ese día quería ir a conocer algunos lugares, iba siendo hora que se fuera adaptando a Corea si tenía planeado continuar su vida en aquel país.

― Kagome iré con tu madre por las compras.― avisó Sango desde el otro lado de la puerta.

― Me baño y las acompaño.― dijo al ya estar lista para ducharse.

― Tu báñate con tranquilidad, regresaremos pronto.

― Pero...

― Entre más tarde, más gente y nos tardaremos más.― interrumpió Sango.

― Esta bien.― dijo al resignarse, ella quería acompañarlas, pero ya sería en otra ocasión, por ahora tendría una ducha muy relajante en la bañera.

Al terminar su baño y haberse puesto ropa cómoda, fue a la sala a mirar un poco de tv, a los pocos minutos tocaron a la puerta, debía ser la paquetería que llevaba un pedido de Souta. Fue a atender, pero nada le preparo para lo que vio, mejor dicho, para a quien vio.

Allí, frente a ella, estaba Inuyasha mirándola fijamente ¿Cómo había dado con ella? ¿Por qué no estaba en el crucero?, él intentó acercarse a ella pero en reflejo retrocedió.

― ¿Qué haces aquí?― logró articular y sonar cortante, no se iba a dejar engatusar.

Finalmente, después de tantos días podía verla, tenerla frente suyo, y ella le hablaba indiferentemente, ¿Pero qué esperaba? ¿Qué ella le saltara a los brazos después de lo que paso?.

― Vine por ti.― contestó, tal vez fue al punto demasiado pronto, pero fue su subconsciente el que hablo con total honestidad.

― ¿Qué dices?― debía estar loco.

― Que te amo y vengo por ti.― finalmente le había dicho lo que por años se negó.

― Kami, debí quedarme dormida en la bañera.― pensó en voz baja, esté momento no podía estar pasando, era irreal.

― Kagome...― le llamó al intentar tocarla.

― ¡No!― retrocedió aún más y se escudo detrás de la puerta.― ¡Tú te casaste con Kikyou!― le reclamó, no iba a convertirse de ninguna manera en la segunda, en la amante.

― ¡No me case! ¡No pude hacerlo! Huí una noche antes.― explicó desesperado al querer que ella le creyera para poder recuperarla.

― Mientes.― no le creía, mejor dicho, no quería creerle y que luego su corazón se rompiera de nuevo al saber que era mentira.

― No podría, lo estuve haciendo por mucho tiempo al negarme que te amo, ya no puedo.― se estaba sincerando lo más que podía y ella noble creía.

― Vete.― pidió al no querer seguir viéndolo.

― Kag...― intentó tomarla de la mano y al estar a milímetros de lograrlo, ella se la apartó.

― ¡No me toques!― si dejaba que tuvieran contacto no estaba segura si podría seguir manteniendo su máscara de "ya no me importas".

― Te daré espacio y tiempo, pero no me voy a rendir.― advirtió el chico, no la continuaría presionando, lo último que quería era alterarla y era lo único que estaba logrando.

Kagome cerró la puerta principal, subió a la habitación donde se estaba quedando y se dejo caer en la cama, de inmediato comenzó a llorar, se sentía tan tonta, Inuyasha había logrado alterarla e ilusionarla, en verdad quería creer en todo lo que le dijo.


Ya habían pasado cinco días desde que Inuyasha la fue a ver y todos los días le llamaba. Nunca le contestaba y no pensaba hacerlo, ahora le tocaba a ella vengarse por todo lo que le hizo pasar.

Se sirvió jugo para acompañar su emparedado y vio de reojo a Sango que la observaba fijamente desde hacía minutos, aquello ya le estaba incomodando.

― ¿Qué?― preguntó fastidiada.

― Nada...― contestó al tomar el bote de jugo y fingir leer la etiqueta.― Está bien, hay algo.― dijo finalmente.― Miroku me dijo que Inuyasha no se irá de Corea hasta verte de nuevo.

― Como si me importara.

― También me dijo que te ama desde hace mucho, pero hay algo en su vida que le impide hacerlo con libertad.

― Ese algo tiene nombre, Kikyou.

― Si hablarás con él te sorprenderías.― pensó sin querer en voz alta, hasta hace poco ella desconocía el secreto del ojidorado.

― Tú me ayudaste a escapar ¿Y ahora quieres que lo vea?― no la entendía.

― Se lo que hice, pero el pobre en verdad está destrozado.― reveló sin querer y de inmediato cerro boca.

― ¿Cómo lo sabes?― la observo fijamente y al Sango apartarle la vista, la descubrió.― ¡Fuiste a verlo!― le acusó.

― Debía ver su estado con mis propios ojos, no me fiaría tan fácilmente de la palabra de Miroku.― se defendió y excusó.

― Entonces dime aquello que no lo deja en paz.

― Eso es algo que él tiene que decirte, no me corresponde ni a mí, ni a Miroku, Kouga o Sesshoumaru.

― Así que... Todos lo saben menos yo.

― Solo te digo que si dejas que te lo expliqué comprenderías muchas cosas.― se apresuró a decir al ver que le iba a repelar.

No iba a verlo, ya se había decidido, no quería caer de nuevo en sus redes y que su corazón junto con su alma sufrieran otra decepción. Inuyasha tuvo demasiado tiempo para hablarle sobre su secreto y nunca lo hizo, ellos se contaban lo que fuese ¿Acaso él no le dijo alguna vez que confiaba plenamente en ella?.


Corto una rebana de flan, la sirvió en un plato con una cuchara y salió al balcón. Su hija llevaba ya mucho tiempo observando la ciudad. Desde que le llamarón para pedirles el extraño favor de cubrirlas, supo que algo iba mal, pero no preguntó, confiaba en Kagome y cuando estuviera lista, su pequeña le contaría lo que le pasaba.

Lo único que sabía era que había discutido con Inuyasha y entre los dos se había creado un gran muro, un muro que el chico intentaba demoler pero su hija lo realzaba.

Debería estar indignada con Inuyasha, primero se iba a casar con aquella amiga de su hija y ahora, resultaba que siempre no se caso porque amaba a Kagome. Ella sabía muy bien que aquel joven siempre amo a su hija y nunca entendió por qué se decidió por Kikyou, había algo, Inuyasha tenía un secreto e intuía que esa era la razón por la cual jamás le correspondió a Kagome.

― Te traje flan.― dijo al sentarse al lado de su hija.

― Gracias.

― Mira lo que encontré.― le mostró una foto en donde estaban Kagome e Inuyasha en el parque de atracciones.

― Mamá...― no podía creer que su madre también estuviera interviniendo por Inuyasha, ¡Era su madre, debía estar de su lado!

― No vine a decirte que lo veas.― aclaró.― No se qué paso entre ustedes, solo sé que una imagen vale más que mil palabras y en esto solo veo amor. Siempre me pregunté por qué nunca pasaban a ser más que amigos, era evidente que se correspondían. Los dos eran felices juntos, excepto en "esas" ocasiones.― hizo una breve pausa antes de continuar, para llamar la atención de su hija.― Recuerdo que en una fiesta de Souta, la hermanita de uno de sus amigos lloraba porque no le alcanzó gelatina morada y tu le diste la tuya, fue la primera vez que vi la mirada de Inuyasha triste, el siempre estaba feliz cuando estabas con él.

― ¿Hubo más veces?― su madre ya había captado su total atención.

― Siempre que estabas rodeada de niños.

― Perdió a sus padres, supongo que es normal.― dijo al suponer que se debía a eso.

― No lo sabrás si no le preguntas... Solo quiero que seas feliz y que hagas lo correcto.


Dos y medía semanas tenía Inuyasha en Corea y Miroku cuatro días. Miroku había decidió alcanzar a su amigo al percatarse que no planeaba volver a Japón sin Kagome. Pero el tiempo pasaba y ya no estaba seguro si las cosas se solucionarían. A Inuyasha ya se le iba a acabar el permiso que pidió en el trabajo y sí no volvía, lo despedirían.

― No puedes permanecer por siempre aquí, tienes trabajo y asuntos en Japón.― reprendía Miroku.

― No me importa, no voy a renunciar a ella.― dijo completamente convencido.

― Quieres que ella sea feliz ¿Verdad?― Inuyasha asintió.― Supongamos que ella quiere ser feliz sin ti, que ya está cansada de toda la tristeza que le causaste ¿La dejarías?― el ojidorado no contestó, solo veía un lugar perdido en el espacio.― Tal vez perdiste tu oportunidad, tal vez aquel día que pasaron juntos fue su última oportunidad de confesarse y ahora... Y ahora lo mejor es que cada quien tome un rumbo diferente.― eran palabras fuertes, pero debía hacerlo entender.

― Si en verdad ella quiere eso, quiero que me lo diga en la cara, si me lo dice la dejare libre para siempre.― dijo con pesar, no quería pensar en esa posibilidad, pero probablemente Miroku tuviese razón.

― Voy a llamar a Sango, con suerte la convenció.


Haría un último intento, estaba vez sería más persistente. No iba a perderla, ya estuvo a punto de hacerlo para siempre y no volvería a cometer ese mismo error. Pero si Kagome en verdad lo quería fuera de su vida, se apartaría, no quería seguir causándole más dolor.

Toco a la puerta y espero, poco después atendieron y era Kagome, pero ella al verlo le iba a azotar la puerta en las narices, alcanzó a reaccionar rápidamente e impidió que ella le cerrara.

― Antes de que me cierres la puerta en la cara déjame hablar, por favor.― pidió al detener la puerta con un pie.― Y si después de lo que te tengo que decir quieres que me marche y no verme jamás de nuevo, me iré sin discutir.

― Solo un momento.― dijo resignada al apartarse de la puerta y dejarle entrar.

Fueron a la sala y se sentaron en el sofá, cada uno a los extremos, habiendo un espacio de distancia entre ambos.

― ¿Quieres algo de tomar?― preguntó por cortesía.

― Perdóname por dejarte aquel día.― comenzó a hablar al ignorar la pregunta, tenía que acabar con esto lo antes posible.― No quería hacerlo pero Kikyou ya iba camino a tu apartamento e intuí que no la querías ver.

― No te equivocaste.― al menos en algo tenía razón.

― Recuerdo el día en que fuimos a un partido de los "Shikon No Tama", al estar por llegar a tu apartamento se soltó una fuerte lluvia, lo bueno es que nos atrapo afuera de una fuente de sodas, a dos cuadras de tu hogar... Te invite a comer y desde ese día pedíamos para llevar e íbamos a tu apartamento o al mío.

― Inu...― no podía creer que él recordara ese día en especial, ese día era uno de los que recordaba con mayor cariño.

― Desde el día que recuperaste mi tesis quede prendado de ti, no soportaba no saber de ti y me mude al conjunto de apartamentos más cerca del tuyo, no quería que hubiera pretextos para no comer juntos.

― No lo sabía.― ella siempre pensó que Inuyasha había vivido en aquel pequeño apartamento de apenas un baño, recamara y cocina-comedor; siempre le pareció muy pequeño para él.

― Te lo oculte para que no pensaras que era un pervertido o acosador. Pero hay algo que te oculte no porque no confiara en ti, fue porque...― tomó aire y prosiguió.― Tenía miedo, aún lo tengo, temo que cuando lo sepas comprendas que no soy el mejor partido para ti.― Kagome le observaba con total atención.― Sabes que mis padres murieron en un accidente de coche, que era muy pequeño y por suerte me salve.― la chica asintió, por supuesto que conocía la historia.― Pero lo que no sabes es que... A causa de ese accidente... Se cuanto quieres una familia y...

― ¿Qué pasa?― preguntó y sin pensárselo, se sentó lo más junto a él y lo tomó de la mano, lo que le estuviera tratando de decir debía ser muy duro.

― Yo no puedo dártela.

― ¿De qué hablas?

― A consecuencia del accidente los médicos dijeron que quede infértil.― abrió grandemente sus ojos chocolate, no sabía qué decirle.― Por eso me negaba a admitir mis sentimientos por ti, tú te mereces alguien que te pueda dar esos hijos que anhelas o anhelaras.

No podía creer lo que escuchaba, ella no le dejaría solo porque no pudieran tener hijos. Ella lo amaba y le dolía que Inuyasha se hubiera atrevido a pesar así de ella.

― ¡Serás idiota! Eso no impide que te ame.

― ¿Qué pasará cuando quieras ser madre?

― Adoptaremos uno.

― Kagome...― ¿Ella le estaba perdonando? No quería hacerse falsas esperanzas, pero ella ya había admitido que lo amaba y acepto de posibilidad de adoptar.

― Ya deja de preocuparte por tonterías.

― ¿Me estas perdonando?― todo su ser rogaba porque ella contestara que "si".

― Con una condición.

― Las que quieras y lo que quieras.― aceptaría lo que fuera, incluso si ella le decía que se quedara toda la noche en un frío lago y sin ropa.

― No hagas que me arrepienta.

― No todo será perfecto, vamos a discutir y a enojarnos, pero te juro que no voy a dejar de amarte.― dijo con sinceridad.

― Ni yo a ti.

Inuyasha ya no pudo con tanta dicha y prácticamente se lanzó sobre Kagome. Ambos cayeron acostados sobre el sofá y la beso, la beso como siempre quiso hacerlo. El tiempo se hizo infinito, en ese momento solo importaban ellos dos, sus caricias se fueron intensificando poco a poco, Inuyasha le separo las piernas y se acomodo entre ellas, se inmediato Kagome sintió la excitación del chico, pero lo ignoró, llevaban ropa no creía que Inuyasha se propusiera llegar más lejos, ya que en cualquier momento su familia podría llegar y los pillaría. Pero cuando él le bajo su pequeño short lo aparto.

― ¿Qué haces?― preguntó sorprendida.

― Tu familia tardará en regresar y voy a aprovechar el tiempo.― contestó de lo más normal al intentar volver a besarla.

― ¿Cómo sabes que tardarán en volver?― preguntó al entender sus palabras.― ¿Cómo lo sabes?― le aparto un poco más, quería respuestas.

― Es una historia larga, primero a lo primero y luego...― intentó seguir seduciéndola pero ella no se dejo.

― Dímelo.― exigió.

― Cuando me di cuenta de lo que tenía que hacer, tome el primer vuelo para acá, al llegar y no encontrarte... Bueno, digamos que hable con tu madre y le explique las cosas, le dije que no me case porque te amo, se compadeció de mi y ayudo a que vinieras, pero tuve que esperar más de una semana para verte finalmente.― la azabache no podía creerlo, su madre había conspirado en su contra desde el inicio.― No me mires así, Sango también lo sabía, al inició no quería ayudar pero luego Miroku habló con ella, le explicó las cosas y te trajo.

¿Qué tenía Inuyasha que lograba que todos le ayudaran?

― Hoy tu madre me llamó y dijo que se llevaría a todos a dar la vuelta, que no desaprovechara la oportunidad.

― No lo puedo creer.― se levanto del sofá y camino por toda la sala.― Se supone que es mi madre, debía estar de mi lado, no del tuyo, se supone que las suegras no quieren a su yerno...

Inuyasha la veía feliz, Kagome sin proponérselo ya había aceptado que había una relación entre ellos dos, había dicho que era el yerno.

― Creo que le caigo bien y no te preocupes, solo ella sabe que estoy aquí.

― ¿Solo ella?

― Solo ella.― confirmó, se levanto y fue hasta donde la azabache estaba de pie.― Ahora, tú y yo tenemos un asunto pendiente.― dijo al alzarla y hacer que ella rodeara con sus piernas su cintura.― Dime a qué habitación podemos ir o si lo prefieres, podemos quedarnos aquí...― hablaba al besar el cuello de la chica.

― La habitación al final del pasillo.― de ninguna manera se quedarían en la sala, en cualquier momento podía entrar alguien.


Primer día de su vuelta de Corea, la familia de Kagome y Sango al enterarse de su reconciliación y nueva relación los felicitaron. Aún recordaba las graciosas palabras de Souta "¡Finalmente! Creí que llegaría a viejo y ustedes no darían el siguiente paso". Terminó de guardar la poca que llevaba del viaje y fue a la cocina a ver que se le ofrecía a su novia, "su novia", jamás imaginó que algún día la llamaría por ese nombre.

― ¿Necesitas ayuda?― preguntó al verla cortar algunas verduras.

― Ya casi terminó, pero ¿Puedes sacar la basura?― pidió al percatarse que era día de recolección.

― ¿Solo es esto?― preguntó al solo ver tres bolsas.

― Solo eso.

― ¿Qué es esta bolsa?― le extraño que no pesara y estuviera blandita.

― ¡No la abras!― quiso detenerle al ver sus intenciones de abrirla, pero reacciono muy lento.

― ¿Sábanas?― preguntó extraño al ver la tela lila.― Son las que... ¿Por qué las ibas a tirar?― no tardo mucho en reconocerlas.

― No quería tenerlas, fue antes... Bueno, antes de que fueras por mí.― explicaba completamente avergonzada y se giró a seguir cocinando.

― En ese caso se quedan ¿Verdad?― preguntó con una media sonrisa de lado y eso solo provoco que a Kagome se le subiera aún más la sangre a la cabeza.

― Como quieras pero ve a tirar las otras bolsas.― se sentía tan avergonzada.

Ese estaba siendo el mejor fin de semana. Inuyasha y ella en su apartamento, comiendo, viendo películas, bañándose y durmiendo juntos. No cambiaría nada de aquello por nada del mundo.

Domingo por la tarde, Inuyasha estaba sentado en el suelo de la sala y tenía a Kagome acostada en sus piernas, mientras veían una película de terror. Él deseaba que su novia se asustara y poder abrazarla, pero no, solo en ocasiones de sorprendía y saltaba, pero no iba a mayores.

― No me has dicho cómo se lo tomó Kikyou.― preguntó en una pausa comercial Kagome.

― Supongo que nada bien.

― ¿No has hablado con ella?

― ¿No me pusiste atención cuando te dije que huí?― preguntó un poco indignado, la primera vez que se vieron y se intentó explicar, ella no le puso nada de atención.

― Perdón, estaba muy enojada.― se disculpo apenada.

― Kouga y Miroku se encargaron del asunto, dicen que les lanzó un florero.

― Extraño, siempre procura mantener la compostura... ¿Tienes pensado ir a verla?.

― No por ahora.

― No me voy a enojar.― le aseguró, era consciente que en algún momento debían enfrentarla.

― No quiero verla, quiero que recuperemos el tiempo que perdimos. Pero dime ¿Por qué se hicieron amigas?.

― Ya te dije que nos conocimos en preparatoria y ella me ayudo cuando entre al equipo de Kyudo.

― ¿Sabes qué pienso? Que ella solo quería tener a alguien que le siguiera a todos lados.

― No lo creo, fue una gran mentora.

― Hay algo más y lo averiguare.

― ¡Kagome! ¡Ábreme!― ambos escucharon los gritos en la puerta y se levantaron al reconocer la voz.

― ¿Tenías que invocarla?― se quejó Inuyasha al escuchar a Kikyou.

― ¿Qué hacemos?― preguntó con miedo la azabache.

― ¡Se que estás allí! ¡Ábreme! ¡Tenemos que hablar!― grita y golpeaba la puerta.

― Ya lo sabe.― estaba aterrada, no estaba preparada para enfrentarla, no todavía.

― No lo creo, me voy a esconder y trata de actuar normal, si ya lo sabe regreso ¿Está bien?― la chica asintió y él le dio un beso en la frente antes de irse a la salida de incendios.

Kagome suspiró y caminó a la puerta, era hora de enfrentar a Kikyou.


Ok, tarde demasiado tiempo pero ¡Finalmente quedo! Espero fuese de su agrado y queda una última parte.

13/06/2015

Fuente de sodas: cafeterías pero venden hamburguesas, hot dogs, crepas, pasteles, tipo de los 50s/60s .