Dedicado a mi querida amiga Abedael, quien me ayudó a conocer al Lewis que hay detrás de las Crónicas: Tomé a tu Orual, me quedé con su velo, pero como verás en los capítulos siguientes, la transformé en mi Antigona.

CAPÍTULO 2: EL SECRETO DEVELADO.

...Ahora, elegía el velo.

Aquella noche, el Zorro fue el último hombre

que me vio la cara; y no es que después

la hayan visto tampoco muchas mujeres.

"Mientras No Tengamos Rostro", C.S.Lewis

Molly Weasly sollozaba quedamente junto al fuego encendido en la habitación principal de la casa de los Black, actual Cuartel General de las Reuniones de la Orden. Arthur Weasley, atizaba el fuego a su lado y, evitando la mirada de su esposa, lanzó un suspiro largo y preocupante.

- ¿Cómo puedes estar así?- comenzó a hablar Molly, quitándose el pañuelo con que había cubierto sus ojos hasta entonces.- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo cuando tu hijo y esos pobres niños pasarán a formar parte de una empresa tan peligrosa? ¡Podrían morir! ¿Es que no lo has pensado acaso?

- Lo he pensado Molly, tú sabes que sí. Pero tanto Ron como sus amigos, ya son mayores de edad, y son ellos los que deben decidir si han de unirse o no a la Orden, como lo decidimos nosotros cuando teníamos su edad.- fijó su mirada en ella mientras pronunciaba estas últimas palabras, a fin de hacerla recordar, pero con ello solo consiguió que su mujer volviera a hundir su rostro en el pañuelo.

Arthur se acercó a ella, y colocando una mano en su hombro, intentó darle consuelo.

- Se tiene que ser fuerte en ocasiones...- siguió, tartamudeando, mientras su mujer lloraba.- Se tiene que permitir que los hijos caminen poco a poco, olvidar que no se desea verlos sufrir y dejar que aprendan a valorar su propia vida.

- ¡Pero son unos niños!- gritó ella.

- No, Molly querida...- Arthur se inclinó junto a ella y buscó sus ojos.- Ya no lo son...

La señora Weasley inspeccionó por un momento la seriedad en las palabras de su marido, y comprendiendo la verdad de ellas, envolvió con sus brazos regordetes el cuerpo flaco del Señor Weasley y echó a llorar en busca de consuelo, mientras imaginaba su vida sin sus hijos: Charlie y Bill ya eran parte de la Orden. Percy, pese a sus últimos intentos de reconciliación, hacía mucho que había dejado de estar con ellos. Los gemelos, gracias a la prosperidad de su empresa, también habían abandonado el hogar, y ahora Ron... e incluso Ginny, con lo obstinada que era, bien podría ser que consiguiera formar parte de la Orden, después de todo, en ningún momento había dado señas de permitir ser separada de los demás.

Por primera vez en muchos años, la señora Weasley deseaba haber tenido más hijos. Siete le parecía un número insuficiente.

- HP -

Hermione se detuvo junto al marco de la puerta, encontrándose con un pensativo Harry de pie, frente al tapete que mostraba el árbol familiar de los Black. La joven podía oír aún a la Señora Black, desde el pasillo a sus espaldas, murmurando barbaridades sobre los "sangre-sucia". Pero Hermione había oído aquello tantas veces desde su llegada esa mañana, que los chillidos de la madre de Sirius se habían convertido en un ruido de fondo para ella.

- Es un mundo pequeño, ¿verdad?- habló Harry, al advertir su presencia, pero sin despegar los ojos del tapete.- Todos parecen estar relacionados en algún modo. Todos, excepto yo... Es como si cualquiera que tiene "algo" que ver conmigo, simplemente... muriera. – exclamó con tristeza.

Hermione, caminando hasta su lado, dijo en tono consolador: " No es tu culpa, Harry."

- Si lo es... No directamente quizá, pero indirectamente... Sí... Sí que lo es. El maldito "niño-que-vivió" sobrevive, mientras todos los seres cercanos a él, mueren.

Hermione aguardó en silencio un largo rato, hasta que, sin saber qué decir, se inclinó hacia él, envolviéndolo con sus brazos. Pudo evidenciar así la tensión en el cuerpo del muchacho.

- Todo saldrá bien, Harry...- dijo, intentando transmitirle un optimismo que no sentía.

- Eso espero...- respondió él, sin convencimiento alguno.

Hermione, separándose del abrazo y buscando sus ojos, trató de sonreír esperanzadora, pero difícilmente lo logró. Aquella misteriosa llamada a casa de Sirius había puesto sus pensamientos en alerta, y su instinto algo le advertía ya sobre la gravedad de lo que pudiera haber gatillado esa situación. Y tenía miedo.

- Lamento interrumpir, pero...- Era la voz de Tonks, con su cabello de un azul intenso, apoyada en el umbral de la puerta.- ... me han mandado a buscarte, Harry.

- HP -

Harry sabía que Hermione, con sus palabras, no buscaba más que darle consuelo. Sin embargo, el efecto había sido bien distinto, pues entre más cercana era una persona a él, más riesgo corría, y de entre todos, era precisamente Hermione, por su condición de mejor amiga e "hija de muggles", la que ocupaba el puesto más vulnerable.

Tonks canturreaba una canción a su lado, mientras caminaban hacia una de las habitaciones del primer piso, donde la Orden solía realizar sus reuniones. Harry no pudo dejar de notar el buen humor de la bruja, ni la fina sortija de plata sujeta a su dedo anular, que ella observaba reiteradamente con especial devoción.

Al notar la mirada cuestionadora de Harry, Tonks amplió su sonrisa.

- ¿Qué ocurre, Harry? Pareces sorprendido.

- ¿El profesor Lupin y tú..?- Ella asintió radiante.

- Sí, Harry... Dentro de poco seré la señora Lupin... Remus y yo hemos convenido en que sea una ceremonia pequeña, claro... Sólo un par de amigos, por lo que no hemos anunciado nuestro compromiso a grandes gritos, como me habría gustado, pero... Pero seré su esposa, de un modo u otro, y eso es lo que importa.

Volvió a sonreír con los ojos chispeantes y abriendo la puerta frente a ellos, indicó a Harry que entrara.

Tan de sorpresa le había tomado la noticia a Harry, que le llevó algo de tiempo reincorporarse al mundo real y reconocer a las personas sentadas en la mesa frente a él, hasta que el rostro de uno de ellos produjo tal estremecimiento en el muchacho, que rápidamente asoció aquella mirada adusta, de melena grasienta, a un nombre: Severus Snape.

La primera reacción de Harry fue de espanto, pero cuando la conmoción dio paso al entendimiento, una increíble indignación recorrió cada fibra de su ser, inundando su alma. No fue consciente de las miradas preocupadas de los demás, ni del ademán de "Yo te explicaré todo", conque Lupin caminaba hasta él. De lo único que fue consciente era de que sus pies, su cuerpo, y todo su ser, se movían con las manos empuñadas dispuesto a abalanzarse contra el asesino de Dumbledore.

- ¡No, Harry!- fue la propia Tonks quien se interpuso en su camino, reteniéndole por la capa. Lupin llegó en su ayuda, sujetándole de los hombros.

- Espera, Harry, hay mucho que tú no sabes...

- ¡¿Que no sé!- gritó él enfurecido.- Todo lo que necesito saber es que ese miserable mató al Profesor Dumbledore...

- ¿Estas seguro, Harry?

La voz con que se hizo aquella pregunta llegó desde sus espaldas. Era una voz muy conocida, demasiado conocida. Harry sintió helársele la sangre al tiempo que se volteaba para encontrarse con aquel rostro de barba blanca que él había visto morir un tiempo atrás... Para hallar ni más ni menos que a Albus Dumbledore.

- HP -

Harry veía los labios de Dumbledore moviéndose frente a él, pero la conmoción que había provocado en su mente el impactante descubrimiento estaba lejos de dejarle entender una sola palabra.

Todos lo observan detenidamente, mientras el anciano hablaba. Tonks murmuraba algo al oído del profesor Lupin, Snape se mantenía de pie, junto a una ventana, dándole la espalda a los demás en espera de que las explicaciones acabaran. El ojo bueno de Moody analizaba insistentemente el rostro de Harry en espera de una reacción por parte del muchacho.

Pero Harry se preguntaba ¿qué era exactamente lo que esperaban de él, cuando lo único que Harry quería hacer desde el instante mismo en que reconoció las palabras de Dumbledore, era llorar? Llorar ante la sorpresa, llorar ante la alegría por saberle vivo, llorar por todo lo que había debido pasar sin él. Llorar por las lágrimas derramadas creyéndole muerto, llorar por las veces que se había maldecido a sí mismo por ser culpable de su muerte, llorar por haber sido un bobo. Llorar porque nadie, ni el mismo Dumbledore le había dicho nada. Llorar por la comedia que todos habían representado donde él había sido el único bufón. Llorar, en fin, porque él confiaba ciegamente en Albus Dumbledore, pero esa confianza no era recíproca.

Y entonces, un sentimiento de ira reprimida inundó su alma, y las lágrimas que intentaban escapar por sus ojos se secaron antes de ser vertidas, y mientras las explicaciones seguían saliendo por los labios de Dumbledore sin que Harry comprendiese palabra alguna, el muchacho, con las manos empuñadas por la rabia y apretando los labios, se puso de pie. Dio la media vuelta y salió por la puerta por donde había entrado cerrándola de golpe y dejando a todos en el más absoluto mutismo.

- HP -

Hermione no dejaba de preguntarse sobre cuál podía ser la causa de que llamaran a Harry. Y ¿Por qué razón los habían hecho a todos ellos ir hasta esa casa, en primer lugar? La seriedad con que el profesor Lupin se había expresado en aquella carta que tanto hizo llorar a la señora Weasley, no dejaba de intrigarla.

¿Sería que, concientes de la mayoría de edad que habían alcanzado, pensaban hacerlos partícipes de las reuniones de la Orden? Hermione se sonrió, meneando la cabeza a ambos lados para intentar alejar aquellas ideas "tontas" de su mente. ¿Cómo iban a dejarles formar parte de la Orden cuando ni tan siquiera habían terminado su educación en Hogwarts? O... ¿sería ese el motivo? ¿Les habrían hecho ir hasta allá, a Harry y sus amigos más cercanos, para prepararlos ante lo que podría venir en cualquier momento? ¿Para que completaran su educación y tuvieran las herramientas básicas para enfrentar lo peor? Por primera vez en su vida, Hermione era consciente de la responsabilidad que implicaba ser tan cercana a Harry. Pero nuevamente sacudió su cabeza. No le agradaba caer en ese tipo de pensamientos que no hacían más que preocuparla sin llegar a ningún lugar.

De improvisto, se levantó del polvoriento sofá donde había permanecido desde que se separara de Harry y pensó en caminar hasta la cocina en busca de una tasa de té. No es que realmente lo necesitara, pero la ansiedad de estar ahí a la espera de respuestas que no llegaban, generaba en ella el impulso de hacer algo, lo que fuera, pero mantenerse en movimiento, sin pensar en nada.

Pero en el momento mismo en que atravesó el umbral de la puerta, una figura pasó por el pasillo dando zancadas.

- ¡Harry!- exclamó ella dándole alcance y reteniéndole por el brazo. Aunque el muchacho interrumpió su paso, se mantuvo con la mirada ofuscada fija en un punto muerto. Pensaba que si volteaba a mirar a Hermione, si ella llegaba a advertir la mezcla de ira y vergüenza que inundaban su alma en aquel momento, ya no podría controlarse por más tiempo y echaría a llorar.- ¿Qué ha ocurrido?

Él despegó los labios, sin mirarla aún, pero volvió a cerrarlos, incapaz de pronunciar palabra. ¿Por dónde empezar? ¿O sería acaso que ella...? ¿Sería posible que Hermione también lo supiera? Inconscientemente volteó a mirarla, buscando la respuesta en sus ojos café, pero la inocente perplejidad del rostro de ella lo tranquilizó. No... No era posible que ella lo supiera. Hermione había llorado con él y se había lamentado tanto como él. Ambos habían sido engañados. Una amarga sonrisa tomó forma en el rostro de Harry.

- Hemos sido unos tontos, Hermione.- Se lamentó, sin que ella comprendiera nada, y para no tener que responder a un interrogatorio por parte de la joven, siguió su camino sin decir más. Y es que, ¿cómo explicarle todo lo que ocurría en torno a ellos sin saberlo? A causa del egocentrismo típico de su edad, Harry creía que aquella sensación en extremo dolorosa que le había causado el engaño de los de la Orden, era una experiencia que sólo él podía soportar, porque solo él había tenido una vida de experiencias terribles, sólo él tenía la fortaleza suficiente para sobrellevar aquella vergüenza y humillación de que le habían hecho víctima. Hermione y Ron, no podrían resistirlo. No así. Debían enterarse en un modo más gradual.

Tumbándose sobre la cama polvorienta del cuarto que Dobby había dicho reservar especialmente para "Harry Potter", cerró los ojos intentando sumirse en un sueño que lo llevara lejos de toda aquella sarta de mentiras. Pero a medida que su respiración se calmaba, las lágrimas comenzaron a fluir y lloró. Lloró con rabia, lloró con pena, y a la vez... Lloró porque aunque le doliera el engaño, estaba feliz por haber recuperado a quien fuese su apoyo durante tanto tiempo... Había recuperado la seguridad que significaba tener de su lado a Albus Dumbledore.

- HP -

Las lágrimas aún no habían desaparecido del rostro de Harry cuando el ex Director de Hogwarts se materializó en el aire de un rincón de su oscuro cuarto. El ritmo de sus pisadas firmes en torno a la cama, llevaron a Harry a recordar aquella vez en primer año en que al despertar encontró al anciano junto a él. La primera conversación verdadera que había tenido con Dumbledore. La remembranza de aquella época en que Voldemort no era más que un mito, y Dumbledore era para él como un dios invencible, dieron cierto toque nostálgico al ambiente y toda duda que Harry pudiera tener sobre la identidad de aquel anciano desapareció. No era un impostor, como él llegó a pensar en un momento de incredulidad, en que el engaño a los de la Orden era más fácil de aceptar que un engaño a sí mismo. Dumbledore realmente estaba vivo... Nunca había muerto... Y nada le había dicho.

- ¿Te sientes mejor, Harry?- Harry sintió que lo odiaba, por la trivialidad con que se tomaba su sufrimiento. Un bufido fue su única respuesta.- Ya veo.- siguió Dumbledore, acercando una silla justo frente a Harry. El muchacho comprendió que no tendría más remedio que incorporarse y enfrentarlo. Y así lo hizo. Quedó sentado en la cama, frente al viejo profesor, con toda la furia que pudiera proyectar en sus ojos dirigidos hacia él. Dumbledore pareció comprender el mensaje, y sonrió amargo.- Te entiendo...- siguió.- Entiendo perfectamente lo que estás sintiendo.

- No, no lo entiende... No puede entenderlo.

- Te sientes engañado. Crees que los de la Orden, junto a mí, hemos intentado hacerte pasar por tonto... ¿No es eso?

- Usted no sabe... No puede saber lo que es llorar a alguien durante tanto tiempo, y luego descubrir que todas esas lágrimas fueron en vano. No sabe lo que es creerse merecedor de la confianza de alguien, y luego saberse traicionado... Usted no sabe...- Harry cayó aquí. Y es que su garganta amenazaba con dar rienda suelta a su llanto, y no quería que Dumbledore lo viera llorar.

- Aunque no lo creas, Harry, sí te entiendo. Pero debes comprender que no había otro modo. Yo sí confío en ti, Harry.- el muchacho bufó en este punto, con sarcasmo.- Y de haber pensado que las cosas llegarían al extremo que llegaron, habrías sido el primero en saber lo que ocurriría. Pero nunca creí que sería así.

- O sea que ¿usted no sabía que fingiría su propia muerte? ¡Pues fue una excelente actuación para haberla improvisado!

- Sabía que, si no había otra salida, tendría que hacerlo, pero Severus y yo esperábamos que no fuese necesario.

- ¡Snape!- exclamó Harry con rabia.- Pensar que usted confía más en ese traidor que en nadie...

- No fue que confiara más en él, Harry. Pero de haber compartido nuestros planes contigo en ese entonces, habría violado la confianza que Snape depositó en mí al confesarme sus temores...

- ¿A qué podía temer Snape? ¿Qué podía ser tan terrible como para que valiera la pena hacer lo que hizo? Todos creen que usted ha muerto... ¡Incluso han cerrado Hogwarts! ¿Qué cosa puede valer un sacrificio así?

- Piensa, Harry... No dejes que la ira nuble tus pensamientos, pues tú conoces la respuesta tan bien como yo.. Tú estuviste ahí.

La serena mirada de Dumbledore logró tranquilizar la rabia de Harry parcialmente. Lo suficiente al menos para que repasara en su mente los sucesos acaecidos aquella noche. Una a una, las escenas se fueron dando paso en su memoria, primero confusas, luego más ordenadas, y, finalmente, con un atisbo de comprensión.

- Malfoy...- murmuró lentamente, y en los labios de Dumbledore se dibujó una sonrisa serena.- Pero... Pero ¿por qué...? Usted sabía que estaría ahí... Pudo detenerlo desde un principio...

- Sabía que estaría ahí, es cierto. Severus me lo había dicho, aunque debo admitir que llegó algo más temprano de lo que esperábamos. Sin embargo, ¿qué habría conseguido con detenerlo entonces, a parte de sellar con ello la muerte de sus padres y la suya propia?

- Pero usted le ofreció una salida y él no...

- Admito que la solución ideal habría sido que el señor Malfoy accediera a mi oferta antes de la llegada de sus amigos, para darme tiempo suficiente de explicarle el papel que le tocaba jugar en nuestro plan. Pero he ahí donde fallamos Severus y yo... Nunca contamos conque los mortífagos llegarían tan pronto.- El anciano movió la cabeza de lado a lado, entristecido.- Aunque sabía que Draco habría sido incapaz de darme muerte, admito que temí que alguno de los otros se adelantara. Eso habría sido mi fin, sin duda.

- Pero entonces llegó Snape...

- Severus había estado esperando a que el joven Malfoy lo pusiera sobre alerta antes de hacer nada, pero se enteró algo tarde del adelanto en los planes, y corrió tan rápido como pudo hasta mi oficina. Afortunadamente para mí, llegó en el momento justo para hacer lo acordado antes que algún otro mortífago lo hiciera.

- Pero entonces... él y Malfoy están...

- No, Harry...- Dumbledore negó con la cabeza, entristecido.- Aunque la prioridad de Severus era poner a salvo a Draco, Voldemort le hizo llamar esa misma noche a dar cuentas de lo ocurrido. La presencia de los demás mortífagos en todo momento, impidió al profesor Snape explicar al joven Malfoy lo que estaba ocurriendo, de modo que el muchacho sigue donde mismo.

- ¿Y Voldemort cree que fue Malfoy quien...?- Dumbledore negó con tristeza.

- Tom cree, al igual que todos, que Severus lo hizo, y mucho me temo que Draco pagó por ello.

- O sea que ¿Malfoy está...?

- No. Tom sabe que a través de Draco controla a Narcisa y, por tanto, a Bellatrix.

- ¿Qué tiene que ver Lestrange en todo esto?- Dumbledore, esta vez, dibujó en sus labios una sonrisa confiada.

- Parece ser, mi querido Harry, que Bellatrix Lestrange es la guardiana de uno de los Horcruxes. Tom sabe que Bellatrix es su más ferviente seguidora. Pero sabe también que la muerte de su hermana o de su sobrino, podrían generar en ella lealtades contradictorias, y no correrá ese riesgo... Al menos no por ahora...- hubo un largo silencio, mientras Harry intentaba ordenar sus pensamientos- ¿Comprendes ahora por qué me vi obligado a aparentar mi propia muerte?

- Para salvar a Malfoy...

- Eso, y que, creyéndome muerto, Tom se mostraría más confiado. Y ese ha sido su error, Harry.

- Pero... ¿Por qué no decírmelo?

- No tenía modo alguno de llegar a ti, ¿o sí? Por eso, en cuanto he podido te he mandado a llamar.

- Pudo habérmelo hecho saber con alguno de la Orden.

- Ellos mismos acaban de enterarse, mi querido Harry. No he podido correr ese riesgo sino hasta ahora, cuando he estado seguro de que no habrá modo de que alguien más se entere.

- ¿Alguien más?- Harry le miró incrédulo- Quiere decir que... ¿Hay un espía en la Orden?

- No en la Orden, precisamente, pero me temo que muy cerca. Es por ello que solo unos cuantos lo saben: Alastor, Lupin, Ninphadora, Severus, tú... y ahora también la señorita Granger...- en este punto, la sonrisa de Dumbledore se amplió alegremente.- ¿No es así?- preguntó, dirigiendo esta vez su mirada hacia la puerta, tras la cual se oyó a alguien incorporándose. Un movimiento de la varita del profesor hizo la puerta abrirse, y un instante después, una avergonzada Hermione hizo su ingreso.

- Lo siento.- fue todo lo que dijo, acomodando un mechón de cabello detrás de su oreja.

- Sabía de su presencia ahí desde el comienzo. Supuse que vendría a asegurarse de cómo seguía su amigo. Después de todo, es mejor que usted lo sepa.- volvió a sonreír, divertidísimo de la actitud avergonzada de Hermione- Sin embargo, es importante que nadie más llegue a saberlo. ¿Entienden? Nadie... Ni siquiera sus mejores amigos. No es solo la vida de Severus la que estaríamos poniendo en peligro, sino también los planes de la Orden, ¿comprenden?- ambos asintieron.- Sé bien que entre ustedes tres no se guardan secretos, pero en este momento es imprescindible que lo hagan, pues el Señor Weasley, aunque estoy seguro de que no actuaría con mala intención, podría dejar escapar ciertos detalles que no deben conocerse aún. ¿Lo entienden?- ambos volvieron a asentir.- Muy bien. Creo entonces, que puedo volver con los demás, ya que todo está aclarado.

El anciano se puso de pie con una jubilosa expresión en su rostro, que parecía no darse por enterado de las inquietudes plasmadas en las facciones de ambos jóvenes. Si bien Hermione había tomado la noticia con una actitud mucho más apacible que Harry, las dudas se agolpaban en su cerebro.

- Profesor...- le llamó la joven, justo antes que la figura del anciano desapareciera.. - ¿Cómo hizo para evitar morir con el Avada Kedavra?.- La sonrisa de Dumbledore se amplió enormemente.

- No son sólo arrugas las que vienen con la edad, señorita Granger...- y acto seguido, su imagen se esfumó.

- HP -

¿Cómo fue que la abuela de Neville llegó a enterarse de que la Orden había hecho ir a Harry y sus amigos a la antigua casa de los Black? ¿Cómo fue que llegó a suponer que era para entrenarlos y hacerlos formar parte de la Orden? Eran preguntas sin respuesta. El hecho es que, queriéndolo o no, Neville Longbottom se reunió con Harry y los demás dos días después de que él y Hermione descubrieran el secreto de Dumbledore, y fue entonces, recién entonces, que los muchachos comenzaron a preguntarse "¿Por qué estamos aquí?"... La respuesta no se hizo esperar.

Tonks se encargó de organizar las actividades destinadas a los jóvenes, y Lupin las reorganizó de modo de hacerlas realizables. Harry, Ron, Hermione, Neville y Ginny –a quien fue imposible dejar de lado dada la agresividad de sus reacciones- serían sometidos a un entrenamiento que buscaba terminar de instruirlos en las técnicas básicas que todo mago debía conocer. En otras palabras, continuar con los estudios que les correspondían ese último año. Respecto a su ingreso a la Orden, no se mencionaría nada... Aún.

Aunque Hagrid se había ofrecido a participar en la enseñanza de los jóvenes, la Orden parecía tenerle otras tareas con las que el semigigante debió conformarse. Tonks, Lupin, Bill y Moody se encargarían de la instrucción de los chicos. Dobby, quien desde algún tiempo se había mudado a trabajar ahí, quería encargarse de todo cuanto fuera la comodidad de Harry Potter. Fue la habitación destinada al muchacho la primera en estar lista, y mientras Ginny y Hermione desempolvaban los muebles del que sería el cuarto de ambas, Neville y Ron debían conformarse con un sucio colchón improvisado a los pies de la cama de Harry, mientras terminaban de quitar el polvo y las arañas de las demás habitaciones.

Molly, con su voluntad inquebrantable, se quedaría, pese a las objeciones de todos, hasta asegurarse de que cada rincón del lugar estuviera desinfectado y apto para albergar a sus "niños".

Las demás habitaciones ocupadas en la casa, estaban reservadas para la Orden y sus integrantes, sin hacer especificaciones al respecto. Harry se preguntaba constantemente cuál de ellas utilizaría Dumbledore como escondite. ¿Estaría ahí también Snape? Pero en vano era hacerse preguntas cuando nadie parecía dispuesto a responderlas. El mismo Ojo Loco le había dirigido una mirada severa cuando él intentó mencionar el tema.

- "Las paredes de esta casa tienen oídos propios"- fue todo lo que recibió como respuesta.

Hermione era la única que compartía su secreto, pero ni ella misma parecía dispuesta a mencionar a Dumbledore en ningún momento, sino que muy por el contrario, evitaba el tema. Así, Harry llegó a sentirse portador de un secreto que nadie quería compartir. Y la sensación era extraña.

- HP -

Aunque los distintos integrantes de la Orden iban y venían, haciendo de paso sus presentaciones a Harry y los demás, la llegada de una rara bruja, así como la prestancia conque Dobby desocupó uno de los cuartos destinados a los de la Orden para ella, generó en Harry un extraño presentimiento.

Al día siguiente de su llegada, la mujer era presentada ante los muchachos como la encargada de instruirles en el dominio de las Artes Antiguas, y la impresión que causó en los jóvenes tenerla frente a ellos fue ciertamente escalofriante.

Su nombre era Antigona Abegnielle, y el extraño acento de su voz confirmaba un origen extranjero. Iba completamente cubierta de negro, con un largo vestido que terminaba en un faldón tocando el suelo. Sus manos enguantadas parecían esconder unos delgadísimos dedos, muy acordes al varillaje de huesos que conformaba el resto de su cuerpo. Y su rostro... Lo más tétrico de toda ella era la incapacidad de ver su rostro, pues lo llevaba enteramente oculto tras un espeso velo oscuro.

- ¿Conque tú eres el famoso Harry Potter?- preguntó con una voz glacial, mientras estrechaba la mano de Harry entre sus huesos sin carne. Y Harry sintió un escalofrío recorrer su columna desde la base de su cráneo hasta el final de su espalda. De un momento a otro le pareció que toda la angustia del mundo caía sobre sus hombros, y un nudo en el estómago le impidió responder. No podía más que mirar hacia un rostro inexistente a través de aquella tela negra... Algún punto imaginario, donde debían brillar sus ojos...

- FIN DEL CAPÍTULO 2 -

Próximo Capítulo: "La daga de Dorian".

Besos y cuídense mucho, Alex.