Saeko estaba inquieta.
Caminó por los pasillos del hogar, sintiendo el denso ambiente sobre este. Temía por Shizuru, por Natsuki.
"¿Shizuru?" La vio sentada en el jardín, donde suele pasar el poco tiempo sino es en su habitación. Observó la mirada impávida del zorro junto al mapache, quienes al verla, se refugiaron bajo el regazo de sus piernas como solían hacerlo.
Al no ver movimiento de la castaña, volvió a llamarla. "¿Qué ocurre?"
Se acercó con preocupación, hasta que el rostro y los ojos giraron a verla. Había lágrimas que rodaban por sus mejillas, y era el único indicio de que Shizuru estaba sintiendo con intensidad en ese instante, ya que su expresión era serena.
Saeko se quedó inmóvil. "Cariño… qué—"
"Está llorando."
"¿Eh?" Le dijo confundida. "Shizuru… ¿a quién te refieres?"
La castaña aferró sus manos contra el material de su abrigo. "Natsuki." Y al mencionar su nombre, su mirada cambió.
"Natsuki está llorando."
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3
Prendió las pocas velas que quedaban en el almacén y se dirigió al centro del cuarto en el sótano de la pensión. Tomó el rosario entre sus dedos, se sentó sobre la delgada tela en el suelo y comenzó a orar. El ligero vaivén en las llamas se tornaba cada vez más violento con el paso de los segundos. Saeko concentró todo su espíritu en su tarea. No eran plegarias, eran preparativos.
Había pasado diez años desde la última vez que realizó esta misma acción. Diez años desde que Souichiro había sido consumido por su propio poder. Diez años desde que Natsuki fue enviada lejos de su lecho maternal.
Una década, desde que Shizuru Fujino había despertado realmente.
"Al final, no fui capaz de ser una madre, una esposa." Si no pudo ser la Luna sobre el firmamento en la travesía del hombre a quien más amaba, al menos, quería ser la fuerza bajo el pequeño puño de su hija, aun cuando su nacimiento haya sentenciado la extinción de la familia Kuga, al heredar la habilidad de su padre, y el sexo de su madre.
Saeko liberó un pesado suspiro.
Naces para enfrentar la muerte, vives para enfrentar la vida.
Un espíritu interrumpió en su espacio, acercándose rápidamente a su oído para transmitir un mensaje, antes de desaparecer de inmediato. Durán había puesto en marcha los pequeños engranajes. Ahora, era Saeko quien debía intentar remover los más grandes y rígidos, aquellos cuyos pensamientos y emociones de los demás la atormentan. Aquellos que fueron abandonados por su don, creciendo en el odio, y evadiendo a las personas. Aquellos engranajes cuyos malos pensamientos se están materializando en Orphan.
Y la Estrella Roja se veía cada vez más cerca.
"Sou." El llamado de su voz perdida en el silencio no aliviaría el dolor. Souichiro tenía un corazón amable. Fue por su amabilidad, y su poder, que su alma fuese consumida por Orphan. Saeko lo sabía. "Danos fuerza."
Las llamas se extinguieron.
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"¿Estas lista, Shizuru?"
La esperaba en las afueras de la pensión. Shizuru asintió levemente mientras veía como los copos de nieve rodeaban el entorno. Su fijación en ellos duró solo por unos momentos, mientras caminaban hacia el monte por las rutas más inhóspitas de Aomori.
La dificultad en el caminar era el menor de los problemas.
"Natsuki." Shizuru escuchó la repentina voz delante de ella, y por un instante, el mundo se enmudeció a su alrededor. "Natsuki es nuestro último linaje, sabes." Saeko seguía hablando mostrándole su espalda. Su figura, según la percepción de la castaña, se veía más diminuta con cada palabra que salía de su boca. "Nuestra hija… no podía educarla como Itako. Y su padre murió demasiado pronto para enseñarle lo necesario." Giró su cabeza esta vez, para verla por el rabillo del ojo mientras continuaban avanzando. "¿Me entiendes, Shizuru?" Cruzaron la vía del tren, y Saeko podía ver el tono rojizo en los ojos de Shizuru, buscando en ella. "Probablemente— morirá antes que yo." Dijo finalmente, antes de voltear al frente y continuar. "Y soy incapaz de concebir más hijos."
"…" La mujer mayor esperó lo suficiente para saber que no encontraría respuesta alguna antes de continuar. El tono de su voz no podía traicionar el tren de sus pensamientos.
"Pensamos en comprometerla con un varón." Esta vez, disminuyó la velocidad en sus pasos hasta quedar al costado de Shizuru. Miró de reojo, y la expresión de la castaña parecía fija en la nieve frente a ellas. "Pero la carga de otra vida en su interior, y su poder, podrían desencadenar algo peor." Era una opción casi suicida. No valía la pena intentar. "Los Exorcistas en su mayoría son hombres, para así poder transmitir su descendencia sin mayor preámbulo." Se rio con ironía, era demasiado obvio. "La naturaleza es sabia."
"Sin embargo, la familia Kuga es el aquelarre de las Itakos." Ni en cien años habían concebido a un hombre bajo el apellido Kuga. "Todos me lo dijeron… Pero yo amaba demasiado a Souichiro." Sintió la mirada de Shizuru sobre ella en ese entonces. Saeko le devolvió el gesto, y sonrió con angustia, susurrando lo suficiente para que solo Shizuru la escuchase. "Quizás desafiamos a las entidades." Estaban cerca de los monumentos a las deidades. Saeko casi maldice lo que parecía un presagio a todo lo acontecido. Pero aun así, no se arrepentía de nada en lo absoluto. A pesar de tener escasos momentos con su única hija, siempre pensaba en ella. Al menos, Shizuru lo sabía. "El aura de Natsuki es el mismo al de su padre. Tal vez, es algo que conlleva el ser un Exorcista." El refugio de invierno. La calidez de verano. La templanza de otoño, y …
"El renacer de primavera." Le respondió la voz más joven. Saeko se detuvo, parpadeando algo perpleja. Nunca lograba acostumbrarse a la intromisión de Shizuru en su mente, pero esta vez, no estaba del todo segura si en realidad coincidía con ella, o se adelantó a los hechos con el Reishi. No entendía su confusión.
Quería creer que no era más que una coincidencia. Y solo al ver el repentino rubor en las mejillas de la castaña, quien desvió la vista hacia el frente algo tímida, fue que se convenció.
Quizás, había esperanza. "…Ahora entiendo por qué te agrada tanto Natsuki." Dijo con entusiasmo renovado, y se puso frente a ella mientras arreglaba el abrigo sobre su cuerpo. Una vez satisfecha con mantener intacta la temperatura corporal de su aprendiz, Saeko le guiñó un ojo algo divertida. "Deberías sonreír más, Shizuru. Es parte del encanto de toda mujer."
'Un día, harás feliz a la persona que anhelas tan solo con esa sonrisa.'
Shizuru observaba las manos ajenas tocar sus hombros pidiendo atención. Levantó la vista por costumbre, y la silueta de Saeko Kuga era un fantasma más de los cientos que rodeaban el lugar.
"¿Qué es lo que deseas, Shizuru?"
"…" Podía oír el maullido de los mininos llorando junto al cadáver de su madre, la risa de la mujer frente al chisme de la anciana, el canto ebrio del vagabundo hacia su perro, los insultos de la adolescente hacia la pareja infiel, las palabras de amor de una madre hacia su hijo. Podía escuchar el murmullo de las plantas, el río, la brisa, la muerte—y Natsuki. Todo acababa en Natsuki Kuga. ¿Por qué? "No estoy segura, Saeko-san."
Solo se dio cuenta que se había perdido nuevamente, al sentir una ligera presión sobre su pecho, a la altura de su corazón. "Lo más importante, está aquí." Escuchó la voz de Saeko, y luego vio su rostro, sereno. Intentando traerla de vuelta.
"Nunca lo olvides."
"Shizuru." Se encontraron en los pasillos de la pensión cuando el sol acababa de esconderse. Shizuru detuvo sus pasos frente a ella, observando el semblante rígido en Natsuki. No había rastro de lo que había presenciado durante el día. Tampoco sentía la presencia de Durán en el sitio. "Saeko me contó que fueron al monte a entrenar." Continuó, intentando crear una conversación de algún modo.
Shizuru sonrió.
"Estuvimos allá. La conexión con la tierra es más fuerte en Osore." Ofreció ante la ligera expresión de alivio en el rostro de Natsuki. Se estaba esforzando.
"¡Oh!" Dijo más entusiasmada de inmediato. "Eso es grandioso. Siempre he tenido curiosidad en saber cómo entrenan las itakos. Saeko nunca me llevó o enseñó algo." Natsuki no se había dado cuenta que ya estaban caminando hacia las afueras del lugar, los jardines posteriores. "Um, ¿es muy complicado—?" Shizuru notó la sorpresa en los gestos de Natsuki, la ligera abertura de su boca ante algo imprevisto, el repentino vaivén de sus hombros. "…No pensé que ya estábamos afuera." Rio con vergüenza, más aún ante el silencio de la castaña.
Shizuru caminó un par de metros hacia la salida, y tomó entre sus dedos una pequeña oruga que intentaba buscar refugio del frio entre las plantas, acercándola hacia las manos de Natsuki, la cual instintivamente levantó la suya. "…El individuo es todo, todo es el individuo. Por lo tanto, el poder del todo reside en uno," Y depositando delicadamente al insecto quien recorrió el camino entre sus dedos, hacia los de Natsuki, continuó. "Y el poder de uno reside con el todo." Podía ver los ojos de Natsuki, la tela delgada casi tan transparente como su esencia. Era abrumadora. Aun así, Shizuru sentía el peso del mundo sobre sus hombros. "Aún no puedo controlarlo." Si tan solo pudiese canalizar de alguna forma ese mar del todo en una sola acción, quizás, Shizuru podría perderse en la llama intensa que tiene enfrente con total rendición.
"Natsuki está inquieta."
"N-no entiendo mucho, cuando hablas así." Intentó disculparse, a lo que Shizuru solo respondió con una sonrisa.
"Podría enseñarle a Natsuki. Algún día." Vio el recorrido de la oruga por la mano derecha de Natsuki, haciendo camino hacia su antebrazo. Intentando permanecer lo más lejos posible. "No es necesario que Natsuki se esfuerce."
"¿Ah?"
"Tu mente." Notó la quijada tensarse, y el tumulto de emociones de Natsuki pasaron directamente a ella. "A Saeko-san le tomó años el poder permanecer en armonía mientras estoy alrededor." Aún a cientos de kilómetros, podría oírla. La brecha era cada vez mayor.
No podía controlarlo.
"Entiendo." Natsuki rascó su mandíbula por inercia. "Quizás te estoy estorbando ahora…" El reproche en su voz era evidente, y Shizuru lo encontró de lo más enternecedor. Pero fue en ese entonces que vio, en ese segundo exacto en que Natsuki se alejó para depositar al insecto en su hábitat, la forma de algo totalmente irreconocible.
Imposible.
Permaneció quieta en el lugar, paralizada, lo suficiente para darse cuenta que Natsuki ya estaba frente a ella, intentando captar su atención con algo de insistencia.
"¿Shizuru? ¿Estás bien?" Parpadeó al ver sus manos nuevamente, y alzó la vista de inmediato. El aire cálido que Natsuki despedía no era suficiente. "Shizuru—"
"Podrías—" La interrumpió, y Natsuki cerró la boca al instante. Shizuru observó los verdes iris con desesperación, deseando tocar la piel bajo ellos, para reafirmar que aún permanecían allí. "¿Podrías quedarte un momento más?" Quería decir su nombre, que ella dijese el suyo, y detener el tiempo en ese momento.
"Claro."
Escuchó la voz más ronca frente a ella, e instintivamente, se acercó lo suficiente para apoyarse. Tan solo escuchar, los latidos de un órgano destrozado.
Reishi.
El poder permite el acceso a toda la energía de la tierra y el hombre, de esa forma, pueden ver el pasado, predecir el futuro, ver y sentir cosas que están sucediendo en tiempo real, en cualquier lugar. Es como arrojar a una sola persona, a un océano ilimitado de conciencia.
Shizuru cerró sus ojos. Sin duda alguna…
"Está… oscuro aquí."
Algo horrible está creciendo.
No he tenido tiempo para responder los comentarios, pero doy gracias a cada uno de ustedes! Son geniales, un gran plus a la motivación :)! La próxima actualización será más pronta(y larga en contenido), y ya comenzaran a tergiversarse las cosas en una sola línea en común.
Gracias por leer!
