Ya tuve inspiración para seguir con el siguiente capítulo /o/

Bah. La verdad es que toda esta tarde estuve sola, y escuchando música, sentimientos de una fangirl... esas cosas. Estos días he estado tan triste, necesitada de más de mi OTP, (Hitsuhina, obvio) y me dije: "Bueno, si nadie hace nada, yo lo haré" y aquí me tienen.

Ojalá les guste este capítulo, ¡es medio intenso!

Nos vemos abajo ;)

Ninguno de los personajes aquí mencionados me pertenece, goodness.


~ Capítulo III ~

Unmasked.


-Renji, por favor, ¡suéltame!

Era inútil. Hacía ya rato que había perdido de vista de manera total a su amigo. Aún si el pelirrojo cumpliera su deseo, encontrar a Toushiro entre todo esa masa de gente gritando despavorida sería como buscar una aguja en un pajar.

Corrieron unas cuadras más, y, cuando por fin se vieron lo suficientemente lejos, la soltó y Hinamori se dio cuenta que estaban en un callejón, pues a penas y entraba la luz.

-Aquí estarán a salvo, por el momento.

Rukia, quien no había pronunciado palabra durante toda su carrera, asintió, aún con el pecho subiendo y bajando del cansancio.

-Iré a ver qué sucede. - Prosiguió el joven, mirando con decisión la calle que se extendía a través de ese pequeño callejón, donde sólo veía a personas corriendo de allí para acá.

-Te acompañaré.

Él se volvió hacia la Kuchiki, con un deje de furia, pero a la vez, Momo pudo notar la preocupación disimulada.

-Ni hablar. Tú te quedas con Momo.

-No me digas qué hacer, pedazo de piña. A todos nos incumbe esto.

Renji revolvió su melena roja con frustración, perdiendo la paciencia.

-No, Rukia. Es peligroso, si ambas están juntas…

-Yo estaré bien. - intervino Hinamori, sintiéndose un estorbo. Ambos chicos se volvieron a ella. - De verdad, deja que Rukia te acompañe.

Ella la miró, agradecida. Se acercó a la chica melocotón y le dio un fraternal abrazo.

-No tardaremos, Momo.

Hinamori se tragó sus palabras. Se soltaron y, tras una mirada fugaz de sus amigos, ambos desaparecieron de su vista por ese callejón. Sus pasos se oían cada vez más lejanos, y cuando no escuchó sonido alguno, se sintió vacía.

No era buena mintiendo. Había dicho que estaría bien, pero nunca les dijo que se quedaría ahí sin hacer nada. De modo que se dispuso a encontrar a su amigo dondequiera que estuviese.

Se llevó una mano al pecho…

Su corazón se detuvo por un segundo. Palpó la zona, una y otra vez, para asegurarse de que no estaba soñando. No estaba. El reloj de bolsillo no colgaba de su cuello.

Pudo haberle dado un ataque de desesperación ahí mismo, pero se contuvo. Inhaló, exhaló, y busco en todos los rincones de sus prendas. Ni rastro de la reliquia.

-No puede ser. No puede ser… - musitó, con los ojos cristalinos.

De cualquier manera, no debía echarse a llorar. Lo más sensato sería volver tras sus pasos -o mejor dicho, los pasos de Renji- y encontrarlo. Pero en el fondo sabía que era imposible. Ese reloj de plata sacaría de apuros económicos a más de uno, a estas alturas alguien ya debió habérselo llevado.

"No pierdas las esperanzas, Momo. El reloj… te lo dio Shiro-chan. No puedes perderlo."

Y eso era lo que más dolía. Saber que en definitiva, lo había perdido. ¿Ahora qué sería de ella cuando su mejor amigo partiera nuevamente, sin algo que le recordase a él cada día?

Sintió un nudo en el estómago con sólo pensarlo. Pensar en su partida…

Salió del callejón, palpando las paredes húmedas con cautela. Parpadeó un par de veces al recibir la luz del atardecer.

Fuera era un caos. Las personas ya no parecían tan asustadas, pero sí preocupadas, y la noticia del repentino ataque hacia los reyes volaba de boca en boca. Nadie prestaba atención a la joven con el rostro destrozado, recargada en una fría pared.

¿Qué haría ahora? o mejor dicho, ¿qué le diría al albino? no sería nada agradable decirle que la reliquia que parecía valer muchísimas monedas estaba ahora en manos de un desconocido, por descuido de la chica. Se molestaría mucho, sin duda, y quizá partiera más temprano de lo que pretendía por estar enfadado con ella, o quizá no pensara en volver más, o tal vez…

Se mordió los labios. Una lágrima rodó por su mejilla, y se apresuró a limpiarla. Hitsugaya le había dicho más de una vez que se veía fea cuando lloraba.

Fue inútil. La llave del dolor se abrió, y más lágrimas salieron de sus ojos chocolate, haciendo que su menudo cuerpo se convulsionara levemente con cada sollozo que daba.

Oh, maldición. ¿Es que Hitsugaya no podía dejar sus pensamientos ni una vez?

-Hitsugaya...kun… - sus palabras, tan delicadas, se las llevó el viento.

-Una dama tan bella como usted no debería derramar esas amargas lágrimas. - habló de pronto una voz cálida, sorprendiéndola.

Con el corazón encogido, alzó la vista, esperando ver a un joven de cabellera blanca, revuelta, con su banda roja característica sujeta a su frente moviéndose por el viento, mirándola fijamente con unos ojos severos pero dulces al mismo tiempo. "No llores, moja-camas. Aquí estoy."

No fue así. En cambio, frente a ella había un hombre de grandes proporciones comparadas a las de ella o su amigo, de cabellos castaños y ojos avellana. Con una mirada serena y pacífica, extendiéndole un pañuelo.

Creía ya haberlo visto antes.

Hinamori dejó de llorar al instante, como si ese hombre le hubiera lanzado un hechizo para tranquilizarla de inmediato, pero más bien, lo que la chica sintió en ese entonces fue, una seguridad y paz que nunca antes había sentido, envolviendo todo su ser en un invisible abrazo, mágico, único. Se estremeció nuevamente, y no fue precisamente por el llanto. Fue… una extraña pero deliciosa electricidad lo que la recorrió en ese instante que sus ojos chocolate chocaron con los cálidos de él. Se tranquilizó después.

El hombre pareció conforme.

-¿Ves? Así te ves mucho mejor. - sonrió. - Anda, toma el pañuelo.

Ella obedeció, con la mano temblorosa sujetó la tela blanca que el sujeto le ofrecía. Se secó el rostro, y acto seguido, bajó la mirada, con el rostro encendido sin saber por qué, y con el corazón latiéndole más rápido de lo habitual.

-Yo… muchas gracias.

-No tienes por qué agradecer. Así como tampoco deberías sufrir por cualquier cosa.

Su voz no era precisamente seductora, sino hipnotizadora. La chica de pronto se vio con la cabeza en blanco.

No sabía qué decir, y sus cuerdas vocales no reaccionaban; estaban muertas. Cualquier cosa estaba bien, tan sólo… tan sólo quería que él siguiera hablando, seguir escuchando esa voz magnética.

Y esta vez, el universo fue bueno con ella.

-Y creo que has perdido algo. No te preocupes. Todos cometemos errores más de una vez.

Tomó su delicada mano en las de él, y Momo soltó un suspiro ahogado. Aquellas manos eran tan grandes… la reconfortaban tanto…

Pero no pudo disfrutar de esto más tiempo, pues la fémina volvió en sí de golpe, como si alguien la hubiera jalado de los pies para traerla de nuevo a la tierra.

El hombre había depositado algo en sus manos. Algo que sabía muy bien qué era, porque sus dedos ya estaban acostumbrados a él. Sus manos parecieron haber sido creadas para ocultar el tesoro en ellas, encajando perfectamente como un rompecabezas.

-E-esto es… - balbuceó, sin poder creérselo.

Él sonrió. La soltó, y acarició su cabeza con dulzura. Después se dio la vuelta, y se fué, así, sin más.

No pudo atar cabos la primera vez, ni reaccionó a la partida del sujeto misterioso, ni tampoco se reprochó por su falta de cortesía al no agradecerle por devolverle su objeto más preciado. Sólo se concentraba en dos cosas: el reloj de bolsillo que descansaba en sus manos, como si nunca la hubiera abandonado, y en la calidez que aún sentía en su cabeza, lugar donde, hacía momentos antes, unas manos grandes y seguras la habían reconfortado como nunca nadie lo había hecho jamás.


Era un duelo fascinante. Lo cierto era que, los ciudadanos de aquel humilde pueblo estaban acostumbrados a ver ciertos choques entre espadas cuando algún oficial tenía que recurrir a su última opción, pero esto era diferente.

Al contrario de lo que se esperaba, el hecho de que uno de ellos fuera pirata no lo hacía ver una pelea callejera.

Se movían con libertad, en armonía con el viento. Daban giros, saltaban y esquivaban como si fuera un baile tan exigente que, cualquier error, cualquier paso adelantado o un compás mal marcado, sería suficiente para degollar la cabeza de alguno de los partícipes con aquella filosa espada. Así de hermoso y extravagante era aquello. Muy diferente a la manera en que batallaban los de clase alta, que en cambio eran más tiesos y seguros, comparados con ellos.

Pero el público no tenía tiempo para apreciarlo, la plaza comenzaba a quedar vacía de cobardes y los que tenían un poco de agallas, no sabían en qué ayudar y sólo miraban de un lado a otro, expectantes. Por un lado, se había producido un atentado contra su idolatrada princesa, y su salvador era nada más y nada menos que un pirata. Y por el otro, el príncipe y el rey se encontraban cada quien tratando de deshacerse de las moscas molestas. Y la mayoría de los soldados que ahí iban para proteger a sus monarcas, estaban tirados en el suelo fallando así en lo que se les había encomendado. Definitivamente, los únicos que podían contra esos sujetos de negro eran la mismísima familia real, pero, ¿lograrían derrotarlos a tiempo? la diferencia en número era descomunal.

Atacaron con fervor. Aquel rugido del choque entre ambas espadas era una especie de big bang, retumbando así el sonido por toda la plaza. Dos leones sedientos de sangre.

-No me digas, estás feliz por tu acto heróico, ¿cierto? - preguntó de pronto el hombre de negro.

Toushiro se alejó con un salto, y volvió a atacar con todo, siendo retenido por la misma espada. Ignoró el comentario sarcástico.

-¿Para qué quieres a la chica?

-A la princesa, querrás decir. Hombre, trátala con respeto. - Su voz era fuerte y decidida - Mira, que eso es algo que no te incumbe. Si sabes lo que te conviene, pirata, baja tu espada y no te entrometas. Esto no tiene que ver con ustedes.

Sin que él se lo esperara, la figura se agachó y soltó una patada, haciendo caer al albino de espalda. Pero como si de un gato se tratase, cuando sus manos tocaron el suelo, se impulsó hacia atrás como un acróbata.

-No voy a permitir que causen estragos si puedo evitarlo. - Siseó como toda respuesta.

El otro casi se echa a reír. O eso fue lo que dedujo el joven pirata.

-Oh, vamos. - Volvieron a enfrentarse directamente. - Tú, un pirata, fugitivo de la ley, que no piensa más que en sí mismo. ¿Realmente me harás creer que tienes sentido justiciero? A ti te importa muy poco lo que les pase a esos riquillos, lo sé muy bien.

-Quizá. - se limitó a contestar, sin dar más detalles al misterioso hombre.

Pero tenía que admitir que tenía razón. Es más, para Hitsugaya sería estupendo que el reino cayera, según él se lo merecían. Pero eso significaría que, Hinamori, como ciudadana, se vería afectada directamente. Además, quería acabar con ese sujeto para evitar cualquier peligro innecesario que perturbe a su amiga. Era por su seguridad, así de simple.

Sus espadas chocaron por enésima vez. Luchaban por definir quién llevaba las riendas en aquella batalla.

El pirata aplicó más fuerza, y dio un paso adelante. La figura de negro no tuvo más remedio que retroceder un par de pasos, pero no se distinguía el miedo en su extraña mirada oculta en la máscara. Así, pues, la distancia entre ambos partícipes era casi nula. Hitsugaya escuchaba sus propia respiración entrecortada y los jadeos de cansancio del oponente.

Por un segundo, cuando sus miradas se toparon una con la otra, el tiempo se detuvo y existió un enlace.

Así se le llamaba a aquel viejo truco de piratas proveniente de los cuentos infantiles. Se decía que, nunca, jamás, alces tu espada a un pirata, porque si llega a chocar su arma con la tuya, y justo en ese momento lo mirabas a los ojos, caerías en un encanto, como cual canto de sirena atrae a los viajeros. Y esa sería tu condena, por haberte atrevido a encarar al pirata.

No era del todo falso. Pero tampoco verdadero. Lo cierto es que, aquel enlace, o mejor dicho "conexión" que existía entre dos personas era rarísimo. No sólo se trataba en piratas, ni de miradas encantadas. Era la espada quien hacía de puente para este enlace, y un objetivo en común el que permitía todo.

Hitsugaya sintió un cosquilleo recorrerle la palma de sus manos con las que sostenía la empuñadura. Todo a su alrededor se oscureció, y dejó de escuchar los gritos de los ciudadanos y todo lo demás. Su espada parecía vibrar ante la otra, como queriendo sobreponerse, sin embargo…

Aquellos pozos sin fondo lo miraban con una pizca de sorpresa. No lo culpaba, al fin y al cabo él estaba en las mismas condiciones. Había escuchado hablar de los enlaces entre dos guerreros en las viejas leyendas, pero nunca lo experimentó, ni siquiera cuando alzó la espada contra su primer oficial, Matsumoto, ni con algún otro oponente.

Y el enlace comenzó. Por un segundo, tan rápido que ni siquiera los espectadores hubieran podido notarlo ni pensar si quiera que el pirata ya no estaba concentrado en la pelea, su cabeza pareció querer explotar y, al siguiente instante, una serie de imágenes ajenas surcaban su memoria con rapidez. Iban tan velozmente y desaparecieron así de rápido, que el único recuerdo que pudo mantener fresco fue el de una niña, partiendo en un bote solitario, dejando atrás una ciudad en llamas.

Parpadeó. Así como comenzó, la magia desapareció y todo volvía a su normalidad, pero no para el hombre de negro. Él seguía en el trance, lo dedujo por sus ojos lejanos al hoy. Y decidió aprovechar esta ventaja, aunque aún estaba perplejo.

Hitsugaya no se lo pensó dos veces. Era cierto que era muy calculador, y pensaba antes de actuar. Pero su defecto era que en cuanto veía el camino libre, lanzaba una estocada llena de furia, sin pararse a pensar en las verdaderas intenciones del oponente. Fue así que en un intento fallido, no dándose cuenta que el enemigo había salido de transe, éste lo esquivó olímpicamente y el peso de su propia espada contra el aire fue lo suficientemente pesado para que él perdiera el equilibrio una centésima de segundo. Y cuando se dio la vuelta para encarar nuevamente al enemigo, éste ya lo apuntaba con su filosa espada que brillaba bajo los rayos de sol del atardecer, dejándolo totalmente desarmado.

-Te tengo. Mira que para ser un capitán, eres muy descuidado.

Toushiro le devolvió una mirada gélida, sin emociones.

-Suelta tu espada. - ordenó entonces él, rozando peligrosamente con su arma el pecho del joven.

El capitán cerró sus ojos un momento.

-¿Y qué si no quiero?

El sujeto pareció sonreír. Claro, no se podía estar muy seguro, tomando en cuenta que todo su cuerpo estaba oculto en un traje negro excepto por aquella rendija que dejaba al aire libre sus ojos.

-No funcionará.

Y al momento que dijo aquello, con su mano libre tomó una pistola que posaba en su cinturón, apuntando ahora con ésta a alguien en el lado contrario, sin dejar de vigilar al pirata. La persona que estaba tras de sí, había fallado al intentar atacarle por la espalda.

El príncipe Ichigo maldijo por lo bajo.

-Déjalo. - Atinó a decir con el orgullo característico de los Kurosaki.

-Creía que esta batalla sería más interesante, pero, al parecer, ni dos contra uno pueden contra mí. - Ladeó la cabeza. - Capitán, si mueves un sólo músculo o tienes la absurda idea de apuntarme con esa espada que llevas, el heredero del trono pagará las consecuencias.

-Como tú dijiste hace rato, no me importaría en lo absoluto.

Él chasqueó la lengua.

-Naturalmente. - frunció el ceño. - Ahora, obedezcan mis órdenes, o si no…

No terminó la frase. Sin que se diera cuenta, de una manera tan sigilosa como sorpresiva, un filo rozó su cuello peligrosamente. Abrió los ojos enormemente.

-O si no, ¿qué? - Murmuró una voz femenina, divertida. - Hazme el favor de dejar de apuntar a mi taicho con esa espada.

El sujeto no pudo reprimir una exclamación de sorpresa, y, algo tenso, obedeció, bajando sus brazos lentamente.

-Llegas tarde, Matsumoto.

La rubia le dirigió una mirada de reproche, sin soltar a su rehén.

-Oiga, que no es fácil ocultar a una princesa. Me ha costado, y mucho. Pero llegué a tiempo para detener a nuestro Anonymous, ¿no es así? - respondió con tono triunfal.

Hitsugaya frunció el ceño.

-Deja de hacer chistes malos.

Ella, picada, iba a replicarle que sus bromas eran de las mejores y que no tenía derecho de tratarla así, sin embargo calló al escuchar un suspiro exasperado del sujeto de negro.

-Vaya. Eso sí que no me lo esperaba.

-Oh, vamos, cállate. - Rangiku puso los ojos en blanco, a la vez que apretaba más aún su arma con la piel ajena. - Y suelta esas cosas de una buena vez.

Se escuchó el sonido de las armas cayendo al suelo. Estaba perdido, no había visto a la mujer venir por creer que la trampa ya se había dado, prestándole demasiada atención al príncipe. Pero debió suponerlo desde un principio. Un capitán nunca andaría solo por ahí, y mucho menos en compañía de un monarca. Había sido muy estúpido, lo admitía. Pero tenía sus trucos bajo la manga. Si realmente querían atraparle, debían hacer mucho, mucho más.

Como pudo, miró al albino, que estaba cruzado de brazos. Cuando detectó su mirada alzó una de sus blanquecinas cejas, curioso, en espera de que hablara.

-Lo sentiste. ¿No es así?

Intentó mostrarse desinteresado, pero, sin quererlo soltó un gruñido. Con patéticas esperanzas, había creído que, a pesar de que el enlace se presentó en ambos, sólo él hubiera sido capaz de comprender su importancia. Se equivocaba.

Rangiku e Ichigo los miraron sin entender del todo.

-Lo sentiste. - confirmó lo obvio. Suspiró. - Déjame decirte, no sé realmente qué es lo que hayas visto. - Le lanzó una mirada tan dura como el mármol. - Sin embargo, ya sabes que en caso de ser necesario, yo también tengo material con qué atacarte. Mejor dejar las cosas así, ¿no te parece, capitán Hitsugaya?

Apretó los puños, pero no mostró más señas de alteración.

La rubia, sintiéndose fuera de plática, decidió intervenir.

-Taicho, ¿de qué habla?

La última palabra de la mujer fue callada de golpe, mezclado con un aullido de dolor. Soltó la espada que mantenía preso al sujeto de las prendas negras involuntariamente, sintiendo un agudo dolor en su pierna izquierda.

Todo fue muy rápido. En cuanto se vio liberado, el hombre se las arregló para salir de ahí y, aunque Hitsugaya había corrido tras él, la figura se hacía cada vez más borrosa y se perdía entre las calles desiertas del pueblo.

Detuvo sus pasos, admitiendo la derrota. No maldijo, pero sí frunció su entrecejo. Se había ido. Y, con él, el resto de sus discípulos también desaparecieron.

-Déjame ver.

Ichigo se inclinó, y, con más brusquedad de lo que hubiera querido, retiró las manos femeninas de la pierna para observar mejor.

-Te dio con un puñal. - concluyó el pelinaranja con recelo.

Matsumoto casi se carcajea ahí mismo.

-No me había dado cuenta.

El príncipe la miró con una mueca. No pasó por alto el sarcasmo en sus palabras.

-Mira, quiero ayudarte. Así que mejor quítate ese pantalón mientras yo busco con qué cubrir la herida. No es profunda, pero más vale que no se infecte. ¿Estamos?

Ella le dedicó una mirada entre divertida y pervertida.

-Agradezco su caballerosidad, príncipe Ichigo. Pero, ¿no le han dicho que poner excusas para tener sexo con una mujer de "bajo calibre" como yo, es meramente ridículo? - rodó los ojos - Pero no me importa, tan sólo dígame que al ser hijo de papi y montado en su caballo negro de aquí para acá, no ha tenido el suficiente tiempo como para satisfacer sus necesidades corporales, y yo con gusto que le ayudo. - Concluyó guiñándole un ojo.

Él se coloró hasta la punta de sus cabellos. Nunca, nadie, había tenido el descaro de ser tan directo con él, y mucho menos refiriéndose… a, pues a eso.

Ran se cubrió su boca con la mano, tratando de detener una carcajada.

-¡Pero que era una broma! No te lo tomaste en serio, ¿o sí?

Ichigo abrió la boca para replicar, pero de inmediato alguien llegó hacia ellos. Se giró, y vio al pirata limpiando la espada con su camisa sucia.

-Matsumoto, vámonos.

Ella no detecó el tono severo del chico al principio, pero asintió. El príncipe insistió en cubrirle con algo su herida, pero se limitó a ignorarlo, después de todo, su capitán había dado órdenes, y parecía tener prisa. Él se puso de pie en un salto justo antes de que ambos marineros renaudaran la marcha.

-Oye. - llamó, irguiéndose con respeto - Gracias por salvar a mi hermana.

Toushiro no le dio respuesta, pero sí que lo escuchó. Se detuvo por un instante, alzó su mano como queriendo decir: "Qué va" y se echó a correr, desapareciendo junto a su primer oficial entre la gente que ya volvía a la escena de los hechos como abejas con miel.

Entonces, no supo por qué lo hizo. Pero mecánicamente, con melancolía, su cabeza se alzó al cielo y cerró sus ojos. Algo había en el aire, un susurro lejano, una voz que parecía querer decirle algo, pero no terminaba de entender el qué. ¿Qué se le escapaba? ¿Qué era esa opresión en el pecho y las ganas repentinas de golpear una pared?

Sintió una presencia tras su espalda. Se incorporó.

-¿Dónde te habías metido, viejo?

El rey se posaba tras él, tomando de la cintura a la chica de cabellera negra. Se veía asustada, pues aferraba la capa de su padre con más fuerza que la delataba.

-Después de arreglármelas con esos sujetos que nos atacaron... - De reojo, miró a todas las personas y oficiales que se acercaban a ellos. - Fui a buscar a Karin.

-Ah.

-¡Rey Isshin! ¡Príncipe Ichigo! ¿Se encuentran bien?

Una pregunta muy estúpida proveniente de un estúpido guardaespaldas que no se la pensó dos veces antes de huir despavorido. El rey suspiró, cansado. Tendría que hacer un cambio con eso de los oficiales.


Al anochecer, Hitsugaya se adentró a la casa, sigiloso como todo un ladrón. Sus pasos, pese a ser seguros como usualmente eran, procuraban no hacer el mínimo ruido. Se sorprendió al detectar decepción cuando cruzó el umbral.

Hinamori no estaba en casa.

Supuso que se había quedado a dormir con Renji y compañía. Frunció el ceño, y procuró pensar en otra cosa que le molestara un poco menos. Que no se malinterprete, agradecía la repentina ayuda del pelirrojo, pero una cosa era esa, y otra que aprovechara de la debilidad de Hinamori para llevársela a donde se le diera gana.

-¿No está?

Rangiku lo seguía con cautela, con la esperanza de no despertar, y, por sobre todo, no molestar a la chica que había conocido aquella tarde con su presencia.

-No. Pero puedes dormir aquí, supongo.

Conocía a su amiga de la infancia. Se alegraría de ser útil para alguien, y si hubiera cualquier manera de ayudar, lo haría. Algo tan simple como un techo para Matsumoto en sus condiciones no le haría mal ni a ella ni a nadie.

La voluptuosa mujer parecía insegura. Dio un paso hacia adelante.

-¿Estás seguro? Es su casa.

-No debe tardar en volver. - señaló él. - déjate de tonterías y duerme.

Sonrió de medio lado. Era obvio que, por muy mal carácter que tuviera, su capitán se preocupaba a creces por sus subordinados.

Hablando de los otros marineros que los acompañaban… pues, bueno, ellos disfrutaban del hecho de estar en tierra firme, yendo de bar en bar, robando, ese tipo de cosas que hacen los piratas. Pero esta vez Rangiku no pudo unírseles por su adolorida pierna, naturalmente. Según su capitán, no se curaría si noche tras noche iba a embriagarse junto con el resto de sus marineros.

-A la orden. - caminó cojeando hasta el cuartito donde dormían Hinamori y Hitsugaya de niños, dejando al albino solo en la estancia.

Dejó su espada recargada en una esquina. Se quitó su chaleco café, desató su banda roja de la cabeza -no le gustaban los llamativos sombreros de piratas, se le hacía ridículo- y por último, se despojó de su camisa blanca, ya sucia y desgastada por tantos años de uso, dejando al descubierto su bien trabajado cuerpo masculino. Así como estaba, salió de la casa y se quedó observando la luna, que brillaba débilmente, tratando de sobreponerse a esas grises nubes.

Se sentía abatido, como acorralado. Y claro que sabía la razón. Se permitió soltar un suspiro cargado de tristeza, que hubiera preferido, se hubiera quedado sólo entre él y esas cuatro paredes.

-Momo…

-Pudieron haber entrado naturalmente. - Una suave voz habló, y el chico se volteó, con sus ojos turquesa levemente abiertos de la sorpresa. Ella cerró sus ojos con cansancio.- No duermo como solía hacerlo...

"...Porque cada noche he estado despierta, esperando por tu regreso."

Ella estaba sentada bajo un tronco, que hacía años, cuando ambos jugaban bajo su sombra, era un árbol que se alzaba solemnemente, pero que ahora no era más que un tronco seco, tan sólo la sombra de lo que alguna vez fué. Su cabello chocolate caía por sus hombros, y Hitsugaya la sintió más pequeña, como una niña indefensa y perdida.

-Hinamori. - Avanzó hacia ella, con preocupación. Se inclinó hasta quedar frente a ella.

Quiso preguntarle qué le pasaba, a qué se debía esa triste aura que parecía rodearla. Pero se quedó callado. Nunca había sido muy bueno expresando su sentir.

-¿Cómo estás? -fue ella quien preguntó, alzando la cabeza. - Escuché que un pirata de extraña cabellera había ido al rescata de la princesa, enfrentándose a muerte con su atacante.

Él agradeció los intentos de Momo de sonar sarcástica. No le salía muy bien, pero lo tranquilizaba un tanto.

Se encogió de hombros.

-Exageran las cosas. Pero nada que no pudiera hacer.

-Tienes mucha confianza en ti mismo, Shiro-chan.

-La tengo. - asintió él, pero sus cejas se curvearon perfectamente en señal de molestia. - No me llames así, maldición.

La castaña se recargó en sus propias piernas, como queriendo ocultar su rostro en ellas. El canto de los grillos los acompañaban en esa noche, y se concentró en dicha música.

-Me gusta decirte así.

"...Te siento más real, más cercano a mí."

Toushiro la miró fijamente. Se veía ida, como si un extenso mar se la hubiera tragado, y el chico sentía que, por más que alzara su mano para resctarla; ella sólo se desvanecería, sin más. Su estómago se revolvió.

Acercó su mano a la suave mejilla de ella. A penas y la rozó, cuando de pronto la chica se incorporó con susto, como un conejo alzando sus orejas al aire al escuchar algo fuera de lo normal.

Cuando el chocolate se topó con el menta, Hitsugaya detectó un brillo que nunca antes había visto en esos profundos ojos que ya había estudiado con fervor toda su vida. Tuvo un mal presentimiento, por alguna razón, y algo dentro de él se rompió.

Y de pronto, recordó las palabras que le había dicho el rubio esa misma mañana.

"Alguien podría arrebatarle lo que más le importa en un descuido suyo."

Palideció. ¿Por qué venía recordando eso justamente ahora?

Debía estar alucinando.

Hinamori seguía inmóvil como una estatua. El tacto de Hitsugaya era frío, y pese a toda la revuelta de emociones que se debatía en su interior, se concentró en lo más primordial. Literalmente, estaba helado. Hasta ese momento se dio cuenta que estaba con el torso desnudo. Mecánicamente, su mirada estudió detenidamente el cuerpo fornido del joven, y se ruborizó levemente, pero la oscuridad no lo dio a conocer. Ya no era su pequeño Shiro-chan, aquel niño había partido para dejar paso a un atractivo muchacho. Se avergonzó, pero cuando su mirada chocó con una fresca cicatriz en su pecho, soltó un grito ahogado.

-Te lastimaron. - dijo, tomando la mano de él que aún posaba en su mejilla involuntariamente, y, con su mano libre, marcaba un camino en la cicatriz.

Hitsugaya cerró sus ojos, disfrutando del tacto de su mejor amiga, disfrutando de esa preocupada y dulce voz, feliz de que nadie más la escucharía con ese tono que sólo utilizaba en él, complacido de que, en esos momentos, su suave piel, su voz, sus orbes con preocupación, su mano apretando la suya, sus dedos recorriendo su pecho, que esa noche, todo en ella le pertenecía sólo a él y a nadie más.

¿Cómo un ser humano podía ser tan egoísta, y querer más?

-¿Qué te hicieron? - quiso saber ella.

Lo miró con sus orbes abiertos de par en par, y él se sintió conmovido por su mirada. Su Momo se veía tan tierna…

Esperen. Había pensado, ¿"su" Momo?

"Vaya momento para pensar en estupideces, Toushiro."

-Nada grave. - contestó él con voz ronca.

Lo miró por varios segundos. No le creía. Su sentido femenino le decía que algo mucho más importante había pasado esa tarde, pero su amigo nunca se lo diría. Suspiró, se alejó muy a su pesar del albino, y se levantó.

-Será mejor que entremos. No puedes andar así toda la noche, hace mucho frío. - Evitó su mirada gélida. - Iré por unas vendas para ti y Rangiku-san.

"No te vayas, Momo."

No pudo decirlo a tiempo, de hecho, ni se dispuso a decirlo. Esas eran palabras que simplemente nunca saldrían de sus labios, porque su orgullo era demasiado grande para admitir que apreciaba y mucho la sola presencia de su mejor amiga, que quería estar con ella el tiempo que hiciera falta.

Así, pues, la magia del momento terminó.

Momo estaba tan aturdida por todo lo que había vivido ese día, con la imagen de unos apacibles ojos avellana, y con el tacto de una mano fría como el mármol en sus mejillas. ¿Qué significaba todo aquello? Estaría perdiendo la cabeza, sin duda.

Así de afligida estaba, que no se percató de un detalle.

Cuando ella se había levantado, la mano del joven pirata aún aferraba la de ella con fuerza, como reteniéndola, como evitar que se alejara de su lado para irse con alguien más.

Pero… ¿Con quién?


La chica cerró su la puerta tras de sí, y el eco del chirrido de la madera contra el metal hizo eco por el pasillo desierto.

Se dirigió de manera monótona a la sillita de piel. Sus piernas delgadas temblaban, como si ya no soportaran el peso de su cuerpo. Cuando se sentó, no lo hizo de forma estrepitosa, sino más bien cayó como una pluma, débilmente. Miró hacia el frente, y se topó con su propio reflejo.

Parecía un fantasma, como si no hubiera dormido bien en meses.

Cosa curiosa porque siempre se acostaba a las nueve en punto.

Era por lo de aquella tarde, claro estaba. Su cuerpo entero tembló inconscientemente.

El ataque… aquel sujeto de negro… su espada a punto de robarle la vida…

Esa mirada oscura…

-No puede ser. - Intentó tranquilizarse, y su mano buscó el cepillo que descansaba en la mesita. Soltó su cabello negro, que le llegaba hasta la cintura, y, como hacía cada noche, lo cepilló cuidadosamente, como si estuviera tratando con el cristal más puro y fino que se rompería en cualquier momento.

Pero el recuerdo seguía ahí, y simplemente no podía contenerse. Por primera vez en toda su vida, soltó una maldición, y lanzó lejos el cepillo, que terminó chocando contra un mueble.

Hundió su rostro en sus manos, frustrada. Sabía que no se veía bien, pero no pudo evitarlo: lloró.

Hacía años que no derramaba una sola lágrima. Desde que…

Mierda.

-Por favor… - suplicó a la nada.

¿Estaría perdiendo el juicio? Seguramente todo fue imaginaciones suyas, quizá, al final y su hermano tenía razón. Había estado reprimiendo sus sentimientos tantos años, que ahora explotaban, como un big bang, y jugaban en su contra.

Pero esos ojos, no podían ser otros.

Sus manos nerviosas juguetearon con su cabello negro, mientras se tragaba las amargas lágrimas que salían de la única parte de su cuerpo que nunca podría llegar a ser lo que deseaba, aquello que podría marcar una tremenda diferencia, por más que actuara, por más que fingiera, esos ojos con los que había nacido nunca complacerían a su padre ni a nadie.

Rió, frustrada.

No había sido una alucinación, y por tanto, ¿hasta cuándo tendría que fingir? y lo más importante, ¿qué significaba su regreso?

Como para contestar las preguntas que rondaban por la mente de la fémina, la ventana se abrió. La princesa se levantó de un salto, aterrorizada.

Una figura negra se alzaba ante ella.

Tenía miedo, y mucho. Pese a todo, debía recordar que ella era la princesa del reino. Y debía comportarse como tal.

"No, no lo eres." le replicó una vocecilla en su mente, burlándose de ella con descaro.

-Buenas noches, princesa Karin. - dijo con sorna el sujeto. La miró de arriba abajo. - Lamento no poder saludarte como se debía esta tarde. ¿Sigues usando esa cosa? No deberías sentirte avergonzada de tu hermoso cabello marrón.

La chica se llevó las manos rápidamente a su cabellera, aferrándola con desesperación, como si hubiera temido que ya no estuviera allí. Se alivió al sentirlo igual que siempre.

Se armó de valor y dio un paso al frente.

-No deberías estar aquí.

Él caminaba por la habitación, palpando las paredes, los objetos de valor, sintiendo la suavidad de las colchas que cubrían la sábana. Su mirada se detuvo en una fotografía que descansaba en el buró.

-Pero lo estoy. Y por lo de hoy, ya has de saber que no vengo en son de paz. - se acercó a ella con pasos seguros, y la princesa retrocedió, hasta que se vio acorralada contra la pared. Se despojó de la máscara que ocultaba su identidad, y su cabello largo cayó por la gravedad. La otra tragó saliva, y vio confirmadas sus sospechas. - No es nada personal, hermanita.

No girtó. Ni hizo algún ruido que delatara el peligro en el que se encontraba.

Su verdadera yo, aún quería creer en la chica.

Lo último que vio, fue su rostro estupefacto reflejado en una cuchilla filosa, y aquello que tanto anheló desde niña, esos ojos tan negros como una noche sin luna, observándola sin sentimiento alguno.

-Karin… - susurró, antes de perder la conciencia.


... Seh.

Bueno, ¿les gustó?D: ¿logré mi cometido? Naturalmente quería que... bueno, ya saben, la sorpresa de Karin y todo eso fuera un capítulo más adelante... pero me salió más corto XD Ahora las interrogantes, ¿¡POR QUÉ?! Supongo que ya saben quién es la princesa realmente, ¿Verdad?

Aizen apareció también asdhsajhfajdg. Ya les había dicho que era un capítulo intenso~ ¿Acaso fue eso amor a primera vista?
.w. ¿Ustedes creen en eso? xD Oh, sí. Estoy muy emocionada porque ya podré escribir a Karin, me refiero... la verdadera! en mi mente, su papel en esta historia es tan... asdghjaghjsagfh sexy XD No sé, me gusta la idea.

Me quedé en blanco. Algo quería decir... qué va, contestemos reviews.

LadyDy: Sí, la sexy princesa Karin que resultó no ser Karin :DDD ¿¡No te parece más sexy?! Espera. Esto ya te lo había explicado en un MP. LOL. Hitsugaya se dará cuenta, créeme, como lo de hoy, de vez en vez tendrá esa corazonada de que su mejor amiga se le va. Pero no será hasta que se tope cara a cara con Aizen que sentirá realmente pánico de perderla. Aún así, es muy tontito y orgulloso. Le tomará medio fic decirle algo decente a nuestra Momo sobre sus sentimientos. Ya sé, Kira! TOT Me da tristeza porque... bueno, nada más lo utilicé para esa amenaza XD No tengo planeados momentos ...¿KiraHina, se dice? y me siento mal por él, pero no va con la historia. IchiHime... quizá lo haga, aunque la verdad, pienso más en UlquiHime. *Spoiler* Será un amor fugaz y medio triste como lo fue en el anime :c Y el Ginran, JOJOJO, ¿realmente crees que escriba un fic sin darle gusto a nuestra teniente de la décima después de todo lo que sufrió? T.T PUES NO! Ya vendrá, ya vendrá. PD: porque la portada tiene más spoilers de los que ya se revelaron hoy! XD Muchos!

Tamayuki Terrorist Yeon Ghon: Disculpa la súper tardanza, ojalá y haya satisfacido tus deseos de Hitsuhina! xD

Tierna Orfelina: No te deprimas :c Mira, que hay muchas cosas qué leer. Chocolate qué comer, y Hitsuhina que ver como para que estés triste. Ojalá y estés bien ahora :D Sí, pero es normal. Naturalmente, Rukia y Renji, como amigos de Momo, están precupados. ¿Tu no odiarías a un tipo por el que tu amiga ha estado babeando desde hace años pero él sólo la lastima una y otra vez? Este es el caso, aunque Toushiro también la quiera con locura, debe darse cuenta, y pora ello llegó Aizen, que le pondrá el mundo de cabeza. Espero que la familia real, ahora con muchos más secretos que contar, te haya parecido más interesante! Gracias por tu review!

Vegetable lov3r: Nooooo :c yo quería leer ese gran review! malos celulares modernos -.- Oh sí, la verdad es que en mi opinión Kira es muy valiente. Aún recuerdo ese capítulo ya tan lejaaaano donde le hizo perder tiempo a Hitsugaya, y con voz muy seria le dijo que debería estar cuidando a Hinamori, cuando fue lo de la supuesta muerte de Aizen, ¿recuerdas? de ahí saqué la valentía de un Kira que le alzaría la voz a Hitsugaya, hablando de la chica. Renruki habrá, Ichiruki aún no sé xD Puede haber ambos XD Ichihime tampoco sé, pero Ulquihime sí TOT jajaja soy una chica con problemas. YA SÉ. Momo, ¿cómo le haces? Tantos sexys detrás de ella... de hecho me corté el cabello para ver si tenía suerte como ella (?) jajajaja XD Y yo te amo a ti por amar lo que escribo, es un sentimiento muy bonito, en serio! Gracias por el review! PD: SIGUE TENIENDO MUUCHOS SPOILERS!D:

Uf. Ya casi es media noche, sigo estando sola y... me voy a dormir. O a leer antiguos fics Hitsuhina. O a comer papaya, no sé.

Cuídense mucho! Besos y abrazos, nos leemos!