Año tras año, golpe tras golpe, Gohan se había convertido en un hombre. La leyenda del Guerrero Dorado era conocida por gran parte de los supervivientes. ¿Quién imaginaría que aquella solitaria ciudad-refugio iba a verle en persona?
Primero llegó ella, la joven conocida como la Justiciera. Agitada, en una carrera aérea contra el caos, se situó a unos metros del suelo en la zona más transitada del lugar.
- ¡Escúchenme! ¡No tienen mucho tiempo, los androides están viniendo hacia aquí! ¡Deben huir cuanto antes! -gritó la joven Videl con todo el aire que podía contener en sus pulmones.
Algunos empezaron a cuchichear; otros corrieron a ocultarse en los sótanos de sus casas; pero, la gran mayoría se quedó paralizada mirando al cielo.
- ¡Mirad! ¡Es el Guerrero Dorado! -exclamó una entusiasmada voz entre la multitud.
Todas las miradas se dirigieron al denominado héroe de cabello dorado; no obstante, frente a él vieron a los demonios de su tiempo. Uno de ellos se lanzó contra el guerrero y entonces cundió el verdadero pánico.
El choque provocó una onda expansiva que derribó a los adultos y lanzó al aire a un niño que no alcanzó a ser agarrado por sus mayores. Videl, haciendo uso de la habilidad de volar y la velocidad adquirida en los entrenamientos, le atrapó y le dejó en los brazos de su padre, quien de inmediato se perdió entre el gentío mientras la Justiciera se disponía a seguir con su labor de evacuación.
- Esa niña es muy molesta -bufó 18 encaminándose hacia ella. No era la primera vez que intervenía para evitar una muerte y aquello empezaba a fastidiar a la mujer androide.
- ¡Déjala! ¡Tu pelea es conmigo! -espetó Gohan interponiéndose.
- Ya me he cansado de ti. Te toca, 17.
Él, haciendo caso omiso a su hermana, se dispuso a acabar con la chica. Videl reaccionó rápido y alcanzó a cubrirse, pero la fuerza del golpe la desplazó unos metros y la hizo caer. El androide, sin perder un segundo, disparó un rayo de ki lo bastante potente para atravesar su pecho; por suerte el ataque fue detenido, pero no por ella, sino por el Guerrero Dorado.
- Os dije que vuestra pelea era conmigo -pronunció con ese gesto serio que caracterizaba a su familia al pelear.
- ¿Crees que puedes con los dos? -se burló 17 para después soltar una risa jocosa-. No me hagas reír.
- No es eso; parece que tiene demasiado interés en protegerla -analizó su hermana aburrida.
Gohan sudó frío mientras buscaba a Videl con la mirada para comprobar que ya se había alejado. Eso le delató, causando que el androide esbozara una sonrisa retorcida.
- Esto va a ser divertido.
Rápidamente se aproximó al muchacho para iniciar un nuevo intercambio de golpes, pero desapareció justo antes de hacer contacto. Cuando Gohan se giró para encararle, se encontró con 18, quien empezó a atacarle de inmediato. Poco después, sintió el ki de su compañera subiendo y bajando y seguidamente escuchó una explosión; debido a esa distracción el guerrero recibió un fuerte puñetazo de 17 en pleno rostro seguido por otro en su espalda por parte de la androide. Desde el suelo pudo ver a Videl tendida junto a un edificio destruido que aún permanecía rodeado por una débil polvareda. Una mujer estaba arrodillada a su lado intentando despertarla, pero a pesar de sus esfuerzos la chica no respondía.
- Se me ha escapado por poco, la próxima vez no fallaré -advirtió el androide sujetando a Gohan por el cabello mientras reunía energía en su mano.
- No habrá próxima vez. Yo me encargaré de ella -declaró 18 con una sonrisa cínica, mientras se elevaba juntando ambas manos sobre su cabeza y cargaba un ataque en ellas.
La mujer, movida por el miedo, salió corriendo sin importarle más la vida de la joven. Videl quedó indefensa y, ante el peligro que corría su compañera, Gohan sacó fuerzas para liberarse del férreo agarre de 17.
- ¡Videl! -gritó con intensidad mientras ambos androides disparaban al unísono.
Ese acto le costó que el ataque le golpeara de lleno en el pecho, pero consiguió que la chica abriera los ojos antes de que el rayo de 18 la alcanzara. A pesar del dolor, el guerrero consiguió mantenerse en pie tras ser desplazado por el impacto. Estaba exhausto, había sido una dura tarea entretenerles antes de que llegaran a la ciudad para darle tiempo a la Justiciera de evacuar a sus pobladores y aun así no había obtenido resultados. Alzó la mirada para fijarla en el lugar donde había estado Videl, pero no la encontró.
- ¿Para qué la buscas? Yo nunca fallo -inquirió la androide mostrándose falsamente ofendida.
- ¡No te lo perdonaré! -bramó Gohan furioso.
Ya no importaba si eran demasiado fuertes para él, tampoco si juntos aún le resultaban invencibles; la ira le invadía. Estaba fuera de sí, sólo pensaba en hacerles pagar, aunque tuviera que luchar hasta caer desfallecido. Unos pequeños rayos azules brillaron a su alrededor por un instante; como un flash justo al momento de iniciar su ofensiva.
Logró golpearla por lo sorpresivo del ataque, pero la androide le respondió con un puñetazo mucho más fuerte en el estómago que hizo doblarse. Sin perder la posición, la mujer descargó su poder sobre su abdomen y le mandó hacia 17, quien comenzó a golpearle brutalmente hasta que 18 intervino enviándole a los escombros de un edificio mediante un martillazo.
- ¿Por qué has hecho eso? Quería seguir.
- Y yo quiero acabar con esto, ese niño se ha convertido en una verdadera molestia.
El destello no había pasado desapercibido para la androide, eso fue lo que la distrajo. Su juego había llegado demasiado lejos; Gohan podía llegar a ser un peligro para ellos. Lo mejor era eliminarle cuanto antes. Sin más, disparó una esfera de ki hacia el Guerrero Dorado, que ya había perdido su transformación; pero su hermano la desvió hacia uno de los últimos vehículos que abandonaban la urbe.
- Todavía no, 18. Estoy seguro de que, ahora que hemos matado a esa tal Videl, nos dará más pelea. Descuida, nunca podrá vencernos -declaró confiado el androide.
- Está bien, haz lo que quieras -contestó 18, claramente disconforme con la absurda decisión de su hermano.
Poco después de que los demonios se marcharan, un par de ojos celestes se abrieron con pesadez. Apenas tuvo tiempo de rodar para escapar del mortal ataque de 18, sin embargo, el impulso le hizo chocar con una roca con tan mala suerte que se golpeó la cabeza y perdió el sentido. Había permanecido consciente hasta ese momento, aunque tan confundida y dolorida que no pudo siquiera dar señales de vida esa preocupada mujer que había salvado, y un simple error de cálculo la había dejado fuera de combate. ¡Pero eso no era lo importante ahora!
Se levantó con dificultad y, tambaleante, se dejó guiar por el único vestigio de ki que detectaba. Estuvo a punto de caer un par de veces, pero logró mantenerse en pie por su mera voluntad. No obstante, la sangre que escurría por su frente le impedía ver bien y el dolor de cabeza no ayudaba. Poco a poco, se acercó al cuerpo entre los restos un edificio, comprobando que desgraciadamente era Gohan. Jamás le había visto tan lastimado; la impresión la paralizó durante unos segundos.
Lentamente se arrodilló a su lado y empezó a acariciar su rostro con cuidado intentando hacerle despertar mientras le llamaba en susurros cada vez más desesperados. Inesperadamente, escuchó el ruido de alguien aterrizando sobre los escombros. Se asustó pensando que era alguno de los androides, pero pudo relajarse al sentir el ki del recién llegado; sin embargo, se tensó al reconocerlo.
- No deberías estar aquí, Trunks.
- Aunque no pelee quiero ayudaros -protestó el muchacho de apenas 11 años.
La joven suspiró; comprendía perfectamente cómo se sentía y, ya que estaba allí, no iba a echarle.
- Vamos, tenemos que llevarle a la Corporación -cedió con voz cansada.
- Sí -respondió el chico tomando a Gohan de un brazo mientras ella le cogía del otro y le levantaba con esfuerzo-. ¿Estás segura de que puedes?
Videl asintió, notando un ligero mareo al hacerlo, pero trató de disimular para no romper la imagen de fortaleza que tenía Trunks de ella. Juntos emprendieron el vuelo entre miradas preocupadas del joven Briefs a ambos defensores de la justicia; había estado cerca, demasiado cerca.
Cuando Gohan despertó, se llevó una ingrata sorpresa; su madre se había enterado de lo sucedido y estaba en la Corporación. Ya no tenía más remedio, debía contarle el secreto que le estuvo ocultando por años. Los demás les dieron privacidad y cuando Chichi lo escuchó estuvo a punto de desmayarse, pero logró resistir; no podía, no quería, creer que su hijo hubiese estado cometiendo actos tan temerarios sin que ella lo notara.
- Gohan, ¡no quiero que vuelvas a hacerlo! ¡Mira cómo estás! ¡¿Qué habría pasado si te hubiese perdido?! -le gritó enfadada y al mismo tiempo con los ojos llorosos.
- Lo siento, no quería preocuparte, mamá. Pero, respecto a lo de dejar de pelear… no voy a hacerlo -respondió el guerrero firmemente.
- No entiendo por qué tienes que arriesgarte tanto, tú no tienes ningún deber con esa gente. Estás actuando igual que tu padre.
La mención a Goku hizo que Gohan se estremeciera; era él quien le había heredado ese deber, junto con su fuerza, por eso no podía renunciar. Por mucho que odiara preocupar a su madre, no dejaría de proteger a las personas que día a día daban su mejor esfuerzo por sobrevivir a la amenaza de los androides; quería liberarlos, no podía rendirse bajo ninguna circunstancia.
- Si nadie les detiene, acabarán destruyendo el mundo. Por eso, ahora que mi padre no está, debo hacerlo yo.
- ¡No me importa el mundo! ¡El deseo de toda madre es que sus hijos estén bien y a salvo! Lo entiendes, ¿verdad? -la mirada de Chichi se mostraba desesperada y desgarradoramente triste- ¡No puedes volver a pelear! ¡Te lo prohíbo!
Gohan no dijo nada más; pero, ante la negativa de su madre, había tomado la decisión que marcaría un antes y un después en su vida: se marcharía. Ni siquiera dejaría que Bulma y Trunks supieran donde estaba; ya que, a pesar de no hablarse mucho al principio, tras la aparición de los androides las mujeres buscaron apoyo la una en la otra y se volvieron bastante cercanas; no quería arriesgarse.
Unos días después de recuperarse, podría en práctica su idea; sin embargo, no contaba con que alguien intentaría detenerle y menos que fuera precisamente ella. Había esperado a la noche para no levantar sospechas, pero ella era astuta y le conocía bien. Cuando iba a alzar el vuelo, le sorprendió por la espalda, con los brazos cruzados y usando un tono serio.
- Sabes que no tienes por qué hacer esto, ¿verdad? Si no tienes dónde ir, puedes venir conmigo a ciudad Papper.
- No, tengo que irme. Sólo así podré volverme lo bastante fuerte para protegeros -contestó él con firmeza; no le haría cambiar de opinión.
- Está bien… -suspiró la chica.
- ¿Se ha rendido? ¿De verdad Videl se ha rendido tan pronto? -Gohan no pudo evitar sorprenderse; aunque por fuera pareciera la misma, Videl era muy distinta a cuando la conoció, pero aun así…
- Pero, si te vas -la joven entrelazó sus manos y las llevó a su pecho-, al menos quédate conmigo esta noche.
"Conmigo", no "con nosotros", no "aquí", no un simple "quédate"; le había pedido que se quedara, que permaneciera, con ella por esa noche. Sin embargo, no podía ceder; pues, si lo hacía, sabía que ella acabaría encontrando una forma de hacer que la acompañara a la ciudad; conseguiría doblegar su voluntad sin siquiera esforzarse. Con ese pensamiento, se acercó y tomó sus manos entre las suyas, para después negar con la cabeza.
- No puedo, lo siento.
- Por favor, si te quedas esta noche…, no te buscaré -su voz había pasado a ser baja, era su último recurso.
Él no pudo contestar, verla así le había hecho un nudo en la garganta. Conocía los sentimientos de Videl, sentía lo mismo, habían prometido intentarlo, pero no todas las historias tenían un final feliz. No eran héroes, no eran el príncipe y la princesa de un cuento para niños, sólo eran dos personas enamoradas en un mundo cruel e injusto donde el caos, y no el amor, podía contra todo.
- Videl…
No era lo que pensaba hacer, pero al ver sus ojos, suplicantes, no puedo contener el impulso de besarla por última vez. Un beso casto, pero intenso, que fue suficiente para expresar todo lo que quería decirle sin pronunciar ni una sola palabra.
- Lo entiendo -murmuró ella cuando se separaron.
Gohan asintió dedicándole una de sus sonrisas más genuinas. No quería dejarla, pero se alegraba de que le dejara ir por su voluntad. La soltó y se alejó unos pasos para luego darle la espalda. No la veía, pero sabía que ella también sonreía por él; al igual que sabía que compartían el mismo pensamiento.
- Nos volveremos a ver… en otro mundo.
Hubo muchos hechos que marcaron su vida y le llevaron a la situación en la que estaba: la llegada de Raditz, el entrenamiento para combatir a los otros saiyajins, el viaje a Namek, el despertar de los androides, conocer a Videl, perderla y, finalmente, el más reciente, la primera vez que Trunks peleó contra los demonios de su tiempo; con consecuencias permanentes para Gohan: la pérdida de su brazo. Aun así, no se arrepentía de su decisión de darle la última semilla del ermitaño.
- Tú eres la última esperanza -fue lo que pensó, lo que le movió a hacer aquello.
Sinceramente, en ese momento no sabía si sobreviviría sin tomársela, pero, lo hiciera o no, era consciente de que, ahora que tenía un brazo menos, estaría demasiado limitado. Por eso, Trunks se había convertido en el único guerrero con potencial suficiente para vencerles algún día; por eso, no importaba si él moría, Trunks debía vivir, él era la última esperanza.
Poco a poco iba recuperando sus sentidos; escuchaba un ruido suave, como un soplido, pero se repetía una y otra vez como si se tratase de un ciclo. Después, notó un peso en el colchón junto a su mano; alguien estaba allí, pero aún no lograba sentir ningún ki.
- Lo siento -se escuchó en un triste susurro, de verdad lo sentía-. Si hubiera sido más fuerte…
- No -consiguió articular Gohan con voz ronca. Al parecer, llevaba mucho tiempo sin hablar.
Con esfuerzo abrió los ojos y lo primero que hizo fue dirigir su mirada borrosa a la persona que estaba a su lado. Aun sin distinguir bien sus rasgos supo quién era al instante: Trunks. Era lógico, pues desde niño había adquirido el hábito de quedarse a su lado cada vez que salía gravemente herido de una batalla.
- Gohan… -en la voz del muchacho se retrataba perfectamente su sorpresa; quizás había despertado demasiado pronto, o demasiado tarde.
- No te culpes -le dijo, deseando que sus palabras surtieran efecto en Trunks.
Su vista se aclaró un poco y pudo asegurarse de que, como esperaba, todas las heridas del chico estaban curadas; pero, además, logró ver cómo una sonrisa se dibujaba en su rostro tras asentir. No obstante, a pesar del gran alivio que mostraban sus ojos, en ellos también brillaban la tristeza y el arrepentimiento; se culpaba por lo que había pasado y nada podía cambiar eso. Gohan quiso decir algo al respecto, pero notó como sus fuerzas le abandonaban; no podía permanecer más tiempo consciente. Sólo atinó a colocar su mano sobre la de Trunks antes de perder el sentido.
Un tiempo después sería la última batalla en la que el Guerrero Dorado pelearía. Nadie sabe qué hubiese pasado si Trunks hubiera peleado junto a él; pero sí que fue por él, por esa idea que mantuvo desde el día en que empezó ese infierno, que la palabra "esperanza" estaría por siempre ligada al guerrero de cabello morado.
«Él no permitió que esa esperanza muriera y, de ese modo, no dejó que la esperanza del mundo se perdiera»
¡Hola!
Al fin termino esta historia -.-U No tengo perdón por tardarme tanto, gomen ne . Pero estoy muy emocionada por acabarla, ya que (entre otras cosas) el primer cap de este fic me lo corrigió Schala-senpai. Como nota quiero decir que el "nos volveremos a ver en otro mundo" lo dejo a su interpretación, ya que no tiene una determinada.
Sayonara!
Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes pertenecen a Akira Toriyama.
