Notas: Hey, ¿qué tal todos? Bueno, antes que nada, muchas gracias para todos los que se han tomado la molestia de agregar mi historia a favoritos, a quienes la siguen y a quienes dejan sus comentarios también.
Este capítulo esta muy apegado al capítulo 16 de la temporada 12, espero lo disfruten. Ya saben que siempre me pueden dejar sus dudas, comentarios o sugerencias :3 me alegran el día.
Éste es un cap un poco mas largo que los anteriores, tal vez no pueda subir la continuación en un par de semanas, por eso espero que les guste como va quedando y pues, bueno, sin nada mas que agregar, a leer :)
Let Me Heal You
3
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Los días habían pasado, Sam considero que una semana era el tiempo suficiente para que Dean pudiera procesar todo lo que le había dicho sobre que llevaban resolviendo casos asignados por un letrado británico, era momento de que se vieran de frente… en la misma habitación. Sam le envió un mensaje de texto a Mick informándole de los avances que había tenido con su hermano, que estaba de acuerdo y que no tenía de que preocuparse. Dejó su teléfono sobre la cama, no pasaron ni dos minutos cuando le llegó la respuesta: "Ven a la base mañana en punto de las 5:00pm. Trae a Dean."
Sam sonrió con satisfacción. Salió de su habitación y fue en busca de su hermano, mas se detuvo al estar frente a la puerta. Levanto el puño, dispuesto a golpear pero algo en su interior se removió. Habían pasado dos días desde la discusión que habían tenido en ese mismo lugar y desde entonces Dean no le hablaba más de lo necesario, se comunicaba tan solo por medio de gruñidos y miradas que mantenían al menor de los Winchester fuera del espacio personal del rubio. En verdad, cuando Dean se enfadaba se volvía de lo más irritable y su comportamiento bastante volátil, nunca se sabía en que condiciones encontraría a su hermano pues casi siempre parecía estar calmado y al minuto siguiente explotaba por cualquier tontería que se le ocurriera. Inhaló profundo, armándose de valor antes de llamar a la puerta de la habitación de Dean. Pudo escuchar un gruñido del otro lado y luego los resortes del colchón crujiendo bajo los movimientos de su hermano, los pasos y segundos después la puerta siendo medio abierta. El pecoso asomó la cabeza y miró al menor con la interrogante en su rostro, sin decir nada.
̶ Hola… –La mente de Sam de pronto quedó en blanco al tener al mayor frente a él con aquel gesto calmado que por alguna razón le resultaba intimidante.
̶ Hola.
̶ Ah… Hay que ir mañana a la base de los Hombres de Letras, Mick quiere hablar con nosotros.
̶ Entiendo.
Su hermano iba a cerrarle la puerta en la cara así que Sam estampó con rapidez su mano sobre la madera y empujo con suavidad, no quería verse agresivo ni nada por el estilo. –Dean, ¿podemos hablar?
Un suspiro del mayor fue la respuesta. Sam observó a su hermano internarse en su habitación, permitiéndole entrar tras él.
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¿Qué se supone que tendría que decirle? Sammy estaba ahí a su puerta con esos estúpidos ojos de cachorrito pateado, obviamente buscando respuestas a su irritable conducta de los últimos días y Dean no sabía cómo demonios iba a zafarse de ésta para que no le hiciera pasar por el momento más incómodo de su vida. Se tensó un momento al escuchar la puerta cerrarse y los pasos de Sam a su espalda. Dean se sentó en la cama y comenzó a desatarse las botas para poder recostarse. Tomó una de sus tantas revistas de Bellezas Asiáticas y comenzó a fingir que la miraba, era como una especie de barrera de seguridad Anti-Sam, un detalle que le ayudaba a quitarle tensión al ambiente y al mismo tiempo le protegía del radar que tenía su hermano para detectar cuando él se encontraba en disputas internas.
̶ Entonces… –Comenzó a decir el castaño. –¿Eso vas a hacer? ¿Ignorarme?
̶ No te ignoro, estaba haciendo esto antes de que llegaras. –La voz fría y cortante sacaba un poco a Sam de sus casillas, lo sabía, pero era parte de la protección anti-Sam.
̶ Dean, está al revés. –Lo dijo refiriéndose a la revista de su hermano.
El mayor se tensó un momento al sentirse descubierto, aunque claro, lo supo disimular muy bien. –Estoy practicando mi habilidad para leer de cabeza. –O eso es lo que creía. Sam le arrancó la revista de las manos, Dean no se había dado cuenta del momento en el que su hermano se había sentado a su lado, pero ahora lo tenía casi completamente encima del torso y le miraba directo a los ojos.
̶ Dean, esto ni letras tiene. –Suspiró. Su hermano era imposible. –Mira, vine a disculparme, tal vez no me he portado muy comprensivo contigo estos días, pero, hermano, tu distanciamiento está matándome. No puedo estar con la mente tranquila sabiendo que cada día estás más y más molesto conmigo por haberte mentido, sé que traicioné tu confianza… por alguna razón eso se me da bastante bien, ¿no? –soltó una suave risita, irónica por supuesto y bajó la cabeza, mirando ahora los botones de la camisa del mayor, su voz sonaba más apagada tras cada palabra. –No soy un buen hermano, eso lo se. Siempre intento hacer las cosas bien y fallo una tras otra… tras otra vez. Pero ahora intento remediarlo, esto, los Hombres de Letras, esto es bueno. Es la primera vez desde… no lo se, desde siempre en donde noto un cambio real. Es una oportunidad para hacer las cosas bien, trabajando juntos, mezclando el conocimiento y la experiencia en el campo de batalla, tú sabes. Así que Dean, en verdad, necesito que me perdones, porque quiero que hagamos esto, juntos, y no quiero sentir que te alejas de mí.
Dean sabía que el problema que le atormentaba esos días no tenía nada que ver con que su hermano le hubiera ocultado eso, era injusto para Sam, después de todo, ¿Cuántas veces habían imaginado lo bueno que sería que tuvieran a todos los cazadores trabajando organizadamente? Lo habían considerado en muchas ocasiones, pero jamás se les había presentado la oportunidad, o los recursos… o las amistades lo suficientemente duraderas para hacerlo. Habían conocido muchos cazadores a lo largo de sus vidas, muchos de ellos habían intentado matarlos, otros tantos simplemente no eran lo suficientemente buenos, otros más tan solo no congeniaban. Una muy pequeña parte simplemente no se sentía bien de retener, como aquella pareja de cazadores que conocieron en el caso de los chirriadores, quienes habían conseguido la meta: su venganza y el retiro, comprar un pedazo de tierra y formar una familia. Del resto que eran, la gran mayoría habían muerto. Dean sabía que no estaba siendo justo con Sam, no podía decirle su verdadero motivo para actuar como había actuado, pero podía aferrarse a esa excusa que Sam creía, era la razón de verle tan raro, y simplemente volver a la normalidad. Por Sam. Porque aunque su hermanito no lo viera de ese modo, él era la única persona que le mantenía firme, la única razón por la que Dean no sacaba su arma de debajo de la almohada y se pegaba un tiro en la cabeza. Dean decidió aferrarse a Sam y hacer de él la excusa perfecta para seguir adelante. Lo vio ahí sentado, con la mirada gacha y le pareció tan pequeño, tan frágil, tan… su hermanito menor. Al verle así creció en Dean un cálido sentimiento en su interior, quiso abrazarlo, su instinto protector salió de nuevo.
Despeinó el cabello de su hermano, tras varios segundos lo tomó de la barbilla y le forzó a levantar la mirada. –Está olvidado, Sam.
Le sonrió y aunque aún no se sentía listo, se dejó besar por el castaño. Debía actuar como si nada de lo sucedido con Ketch hubiera pasado, porque ahora tenía que mostrarle a Sammy que estaba bien, que todo estaba en orden. Seguía recostado y sintió como el suave colchón se hundía a sus lados y supo que Sam se estaba acomodando de rodillas sobre él. Se dejó besar, cerró los ojos y se dejó acariciar desde los hombros hasta las muñecas, pero una sensación nauseabunda comenzó en la boca de su estómago al sentir que su hermano quería colar sus manos bajo su playera. Dean lo permitió. Todo se suponía arreglado entre ellos así que solo se dejó hacer. Cuando su hermano bajó un poco la playera exponiendo su cuello, se dejó lamer desde la quijada hasta la clavícula. Le permitió a Sam un par de mordidas ahí donde el cuello se junta con el hombro y hasta le abrazó. No podía abrir sus ojos y solo dejó que su hermano jugueteara con los huesos de sus caderas, que acariciara los costados de su cintura y arañara suavemente sus costillas, pero las nauseas le crecieron otro poco al sentir que pronto el contacto de la piel del menor le raspaba. De pronto aquellas grandes manos le parecían tan ajenas a su hermano, y desgraciadamente conocidas, sentía la rudeza del hombre que le había sometido días atrás, del hombre que le había humillado. Las nauseas le crecían al no reconocer que era su hermano quien le tocaba. De cierta forma lo sabía, pero no quería. El toque le quemaba, le hacía recordar, y para controlarse y evitar que las lágrimas comenzaran a caer por sus mejillas, inhaló profundamente y soltó a Sam lentamente.
̶ De hecho Sammy, tal vez debamos ir a comer algo.
Suspiró aliviado cuando el castaño se despegó de su cuerpo con una sonrisa y casi al instante bajó de la cama. Se le veía contento y Dean supo que había tomado una buena decisión al menos en esa ocasión. Había evitado lo que para él sería una especie de catástrofe. Casi podría jurar que le había visto salir en pequeños brincos, y eso le hizo sonreír.
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Estaban en la sala de reuniones de la base de los Hombres de Letras, división británica. Sam estaba sentado sobre la mesa y Dean frente a los monitores, era el cuarto suspiro que soltaba. Sam aparentaba total tranquilidad, más se encontraba tan nervioso internamente, solo esperaba que Mick no le diera tan mala impresión a su hermano, solo quería la aprobación del mayor en eso. Sabía que no le agradaría el británico desde un comienzo pero esperaba que no fuera tan detestable para él, sólo eso. Dean por su parte, observó el reloj en su muñeca y harto de esperar quiso salir de ahí.
̶ Muy bien, es todo. Te espero en el auto.
Alarmado por el comentario, Sam se puso de pie. –Dean espera un…
̶ No, mira, conseguir trabajos de éstos idiotas es una cosa, pero no me apunté para esta mierda de presentarse al servicio, especialmente cuando llegan tarde.
El rápido hablar del rubio en ese momento fue interrumpido por el hombre con acento que recién entraba por la puerta. –Perdón por la demora, estaba haciendo reportes, hemos tenido mucho trabajo desde… –Mick miró un par de segundos la mancha de sangre a medio lavar del suelo de la sala. –Como sea, mejor no pensar en eso.
Y eso era todo, no había sido buena impresión en absoluto para Dean, Sam sabía que su hermano tampoco iba a dejar ser a aquel hombre, Dean tenía una idea ya formada de todos aquellos sujetos y cualquier cosa que saliera de sus bocas para el rubio siempre sería desagradable, e intentaría por todos los medios comenzar cualquier discusión por mas estúpida que fuera. En verdad, a veces era demasiado peso para él servir de mediador entre Dean y el resto del universo. Le pidió a Mick le explicara la razón por la que los había citado ahí y entonces comenzaron con el nuevo caso: hombres lobos en Wisconsin, nada del otro mundo, de hecho parecía ser un trabajo sencillo que involucraba a un pura sangre… Hasta que aquel hombre decidió apuntarse en su nueva misión. La resistencia inicial en Sam cedió el paso tras los argumentos de Mick de querer estar preparado para cualquier futura situación.
̶ Sam, va a ser una carga y lo sabes.
̶ Mira, Mick es inexperto es cierto, pero esta gente tiene conocimientos importantes.
̶ ¿Y eso qué? Lo que hacemos no puede aprenderse de un libro. Te pones una camisa a cuadros, tomas un arma y sales a cazar. O te va todo bien, o mueres muy rápido.
̶ Ahora trabajamos con estas personas, Dean, y estamos venciendo. Salvamos gente, ayudamos personas, es lo nuestro, lo que hacemos. Mientras mejores sean ellos, mejores seremos nosotros –La mirada de Dean decía que le estaba convenciendo poco a poco, solo faltaba un poquitín más. –Mick sobrevivió y supo actuar cuando estábamos con el alfa, puede que tenga una oportunidad.
̶ ¿Ah si? ¿Y que tal si nos acompaña y muere?
̶ Escuché eso. –Expresó el británico cuando salía para encontrarse con sus nuevos cazadores.
̶ Que bueno. –No había manera de que el mayor estuviera de acuerdo con eso. –Mira, si él viene, tú serás su niñera.
Al llegar a Wisconsin y luego de una corta discusión en el Impala sobre hombres lobo, que si los hombres lobo no son como otros monstruos, ellos pueden controlarlo, que si tenemos un amigo que se convirtió y está perfectamente, que si ¿en serio confían en él? Llegaron al hotel en el que Mick había hecho reservaciones. Un lujoso hotel de 3 estrellas que a ojos del británico no era más que una pocilga pero que para los hermanos Winchester, era quizás el mejor lugar donde se habían hospedado desde que tenían memoria. Dean estaba en verdad emocionado, impresionado y no se sintió en absoluto culpable cuando al entrar retaco sus bolsillos con los caramelos de cortesía que había a un lado de la entrada. Nadie iba a extrañarlos. Sam le vio robando aquellos dulces luego de los malabares que hizo cuando el rubio le aventó las llaves del auto y sonrió. Eran esos pequeños detalles idiotas de su hermano lo que le provocaban cierta ternura.
Al día siguiente ambos hermanos salieron del lugar con una sonrisa de oreja a oreja en sus rostros.
̶ Te lo digo Sammy, esos ingleses hijos de puta me arruinaron, el lugar es increíble, hasta tome un baño esta mañana.
̶ ¿Trajiste traje de baño?
̶ Por supuesto que no. –Agh. – ¿Tu que hiciste?
̶ Estuve leyendo unos libros de leyendas de Mick
̶ ¿En serio? Malgastaste esas 3 estrellas, Sam. Es triste.
̶ Calla, aparentemente en los años 30 estaban trabajando en un tratamiento raro para los hombres lobos, es algo así como terapia de sangre.
̶ Terapia de plasma, mas bien. Es inútil, me temo. ¿Qué tal sus habitaciones? –Llego Mick de improvisto. Sam estaba por contestarle lo fabulosas que eran cuando su hermano se adelantó, restándole importancia al lugar. Que mal, Mick esperaba ganarse un poco al rubio con aquel gesto pero ya se había dado cuenta de que Dean era un hueso duro de roer. Subieron al auto y partieron rumbo al hospital.
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Se suponía que aquel iba a ser un caso sencillo. ¿En qué momento todo se había complicado? Estaban ahí en una de las habitaciones del hotel, con Claire mordida por el maldito pura sangre que al parecer tenía una cierta fijación con las menores y ellos sin saber que hacer. Era una gran putada, ¿Cómo le explicarían a Jody? Dean solo podía pensar en que debió alejar a la chica cuando tuvo la oportunidad.
̶ Hay que enfriarla, está ardiendo. –Dijo el rubio.
̶ No, deben mantenerla caliente. –Refutó el británico, con la alerta en su tono de voz y apresurándose a llevarles una manta que encontró en uno de los sofás, más fue repelido de inmediato por ambos hermanos.
̶ Mataste a una niña, Mick, no estamos molestos. Estamos fuera, ¡terminamos! –Le respondió Sam con furia, pues no podía contenerse tampoco, prácticamente se la había pasado defendiendo a Davies desde que había aceptado trabajar con él y ahora… No podían estar peor en realidad. Y Dean… miraba a Claire con desesperación. Cuando Sam planteo la terapia de plasma, y Mick dijo que solo había sido probada con ratones, de inmediato pensó en alguna nueva posibilidad de mantener a la niña a salvo, si aquella terapia no resultaba, Claire moriría, y Dean no se veía capaz de seguir resistiendo más pérdidas de las personas que le importaban. Dios, Jody iba a comérselo vivo cuando se enterara, aun así no podía permitir que experimentaran con la chica.
Pero Claire era finalmente quien tenía la última palabra, era una chica que se había visto obligada a crecer muy rápido, y ahora estaba tomando una decisión. Quería intentar curarse, ella prefería morir intentando volver a la normalidad que vivir de una forma en la que podría terminar haciéndole daño a alguien. No quería ser un monstruo. La rubia sabía el poco control que tenía sobre sí misma, al final terminaría asesinando a alguien y jamás se lo podría perdonar.
Así los Winchester salieron entonces en busca del único sujeto que pensaron podría ser el hombre lobo, mas al llegar, el chico estaba en verdad asustado y cuando Sam le toco con el cuchillo de plata, pudo ver que no le afectaba. Sin signos de que le quemara, tan solo el miedo en su mirada. Eso lo descartaba por completo ¿Qué se suponía que tendrían que hacer ahora? No tenían sospechoso, no tenían nada.
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El tiempo pasaba, Claire ya se había comenzado a transformar, lentamente sentía que su cuerpo quemaba por dentro y aunque era una chica fuerte, sabía que le costaría bastante trabajo resistir por mucho tiempo más. Al quitarse la gasa observó en tiempo real como la mordida se curaba con sorprendente rapidez. No podía permitir volverse algo que ella no quería ser. Se dio la vuelta en busca del arma que Mick tenía pero él no lo permitió. No supo si era la amenaza de Dean de que lo mataría si algo le pasaba a Claire en su ausencia o el hecho de que el rostro de Hayden apagándose y muriendo con el nitrato de plata que le había inyectado escocía aun en su cabeza. Quizás fue el hecho de ver a la rubia sufriendo y peleando consigo misma lo que le hizo bajar el arma que había apuntado hacia ella.
̶ Conozco a alguien que te habría disparado sin pensarlo. Y mi instinto me dice que tiene razón, que es lo correcto… – ¿Hablaba de Ketch? –Pero mi instinto no ha estado muy acertado últimamente. –Tenía que relajarse. Claire se sentó, entonces Mick también se permitió hacerlo y su cerebro comenzó a trabajar. –Esto es lo que haremos, primero vamos a atarte, para mi protección… –la chica le miraba, depositando poco a poco su confianza en ese sujeto al que acababa de conocer. Era lo único que le quedaba en aquellos momentos. –Luego te sedamos… también para mi protección. Y con suerte todo habrá terminado para cuando despiertes.
̶ Si es que despierto. –Los ojos de la chica se encontraban empapados, casi al borde del llanto. –Tengo que llamar a Jody… Ella va a estar tan enfadada…
Y entonces sucedió, sin que lo vieran venir, sin que les diera tiempo si quiera para defenderse, fueron atacados.
Mick trato de defenderse y el lobo que como siempre llevaba su rostro cubierto, lo lanzó volando contra la pared. Cayó inconsciente al momento en que su cabeza golpeó el borde del mueble tras él. Claire por su parte intentó huir, pero el lobo fue más rápido que ella, de un golpe la tumbó en el piso y la arrastró consigo fuera de la habitación.
Para cuando los hermanos estuvieron de vuelta en el hotel, Mick se estaba recuperando del golpe. Pudieron seguir a Claire gracias al instinto del británico y al microchip rastreador que éste le había metido a Claire en la chaqueta.
Llegaron a la cabaña del lobo justo a tiempo para descubrir a la rubia atada y al muchacho del bar frente a ella. El primer instinto del chico fue correr directamente contra aquellos invasores. Se desató una batalla en la que Sam logró atrapar unos segundos al hombre lobo para que Mick pudiera clavar la jeringa en la espalda del muchacho y así lograr sacar la sangre que necesitarían para intentar regresar a Claire. Sillas rotas, madera volando por todas partes, gruñidos humanos y bestiales y luego el chico lobo desvaneciéndose en el suelo. A Dean le costó su trabajo someter a la rubia que ya estaba semi transformada. La tuvo que arrojar contra el refrigerador de la cabaña cuando ella intentó agredirle. La chica se desmayo un par de minutos a causa del golpe recibido, los suficientes para deshacerse del hombre lobo. Mick preparó la jeringa con la supuesta cura y cuando la muchacha despertó y se lanzó sobre ellos para atacar, Dean la atrapó y la inyecto lo más rápido que su instinto protector le había permitido.
Claire cayó al suelo, retorciéndose entre gritos, como si algo le quemase por dentro. Ahora estaba ahí recostada en el sofá, gimiendo de dolor, soportando la decisión que había tomado. Los cazadores la observaban tan solo esperando lo mejor, hasta que la muchacha se detuvo, inmóvil, con las garras de fuera y los colmillos en todo su esplendor. Absolutamente quieta. La creyeron muerta.
…
Era un nuevo día ahora, los cazadores y el hombre de letras salieron de ese hotel, maravillados por la muchacha que era un milagro andante, decidieron darle una segunda oportunidad al británico, después de todo, habían conseguido una gran victoria ese día. La primera mujer lobo que habían podido curar. Era algo sorprendente, y hermoso. "Si se lo cuentas o no a Jody, lo que sea que decidas, nosotros te apoyaremos" fue lo que Dean le había dicho. El hecho de ver a Claire, casi al borde de la muerte, le había hecho pensar. No era secreto que la vida que ellos llevaban era muy alto riesgo, de hecho estaban muy consientes de que cualquier día un pequeño error que cometieran podría costarles a ellos la vida. Sam era lo único que el rubio tenía, y Dean era lo más importante para Sam también. No tenía por que tener secretos con él.
̶ Regresaré con Mick para arreglar unas cosas, Dean, ¿te veo en el búnker?
̶ Por supuesto, en realidad, necesito hablar contigo, Sam.
El castaño le miró extrañado, pero solo asintió y se fue con el británico. Siendo Dean, nunca sabía qué esperarse, lo mejor sería mantenerse calmado.
Por otro lado, cuando Dean cruzó la puerta del búnker y bajó la escalera, venía tan perdido en sus pensamientos que no se dio cuenta de la presencia de aquel sujeto hasta que éste le saludó, haciéndole olvidar por completo lo que sea que estaba ensayando para decirle a Sammy.
̶ Hola, Dean. –El rubio se congeló al ver a Ketch sentado en la mesa de la biblioteca, con un vaso de whiskey en la mano y su pedante rostro despreocupado.
