En este tercer capítulo, hay dos cosas que estaría bueno aclarar para no que no se confundan:

En primer lugar, los romances de las exploradoras: Adyson y Milly no están realmente enamoradas de Django y Buford, simplemente es algo que se me ocurrió. En cambio, Ginger sí gusta de Baljeet. Ahora, con Gretchen es algo curioso: recuerden que ella en la serie no está (o parece) enamorada de Ferb, pero sí en muchos fanfics. El mío no es la excepción.

En segundo, hoy estreno algo que usaré bastante en el futuro: el flashback. En este capi sólo es un simple recuerdo, aunque después incluiré varios con contenido humorístico, como lo hace a veces la serie original.

Y acá les dejo la parte tres: "Hay que cambiar las cosas".


Capítulo III

Hay que cambiar las cosas

Habían pasado más de diez minutos desde que el Mayor Monograma había dejado la casa, pero Candace continuaba llorando. Se habían llevado a su hermano, a su hermanastro... y a Jeremy, su amor imposible. De repente, dejó de lagrimear e intentó recordar algo. Inmediatamente, un diálogo sucedido hacía apenas unos minutos se presentó en su cabeza…

Flashback

-Ah, también quería preguntarles… ¿este será el futuro que nos tocará?

-Bueno, sólo si las cosas siguen su transcurso normal.

-Entonces, si algo que no es habitual sucede… ¿el futuro será diferente?

-Es lo más probable.

Fin del flashback

¿Tendría esto repercusión en el futuro? Phineas había dicho que lo que se veía en la máquina no cambiaría si todo seguía su curso habitual… se dirigió hacia la carpa y, luego de entrar, observó la destruida máquina del tiempo.

-Debo repararla y ver el futuro-murmuró, al borde de un estado de shock.

Candace no era para nada una experta construyendo cosas, por lo cual ella supuso que la tarea le llevaría un buen tiempo. Afortunadamente, pudo encontrar un manual de instrucciones cerca de los destrozos.

-Que suerte…-dijo, tomándolo y abriéndolo-Bien, según estas instrucciones, sólo debo tomar esta cosa… ¿la llave? Sí, la llave… y darle rosca a una tuerca… y se reparará sola… ahora… ¿qué tuerca será? ¡Dios, esto me llevará una eternidad!


Al mismo tiempo, Isabella corría desesperadamente hacia la calle, sin consuelo. Arrojó la cámara bien lejos y se sentó en el cordón de la vereda, como si estuviera esperando una ayuda que jamás llegaría… se habían llevado a Jeremy, a Ferb… y a Phineas, el chico al que amaba con pasión y que se convertiría en su futuro esposo…

Entonces, se detuvo en esto último y, al igual que Candace, pensó lo que el pelirrojo había dicho. Sí, las cosas habían cambiado... ¡y cómo!

-Si todo hubiera seguido su curso normal, no se habrían llevado a Phineas…-pensó en voz alta-¿Y si ahora el futuro cambia?

Se quedó aún más consternada. Posiblemente todos estos hechos arruinarían su futuro viviendo feliz y casada con el muchacho de cabeza triangular…

-Debo hacer algo-susurró-dudo que Candace intente arreglar las cosas.

Y se puso a pensar. Si quería volver a ver a Phineas, debía abandonar Danville y viajar hasta Nueva Orleans… ¿pero cómo? No había forma adecuada para ella, una chica de diez años.

Entonces, se le ocurrió una idea.

-¿Cómo no lo pensé antes?-dijo, y salió corriendo nuevamente, al mismo tiempo que sacaba su celular de su bolsillo y hacía una llamada.

Mientras, en la cabaña de las exploradoras, el teléfono de Gretchen, la segunda de Isabella en la tropa de las niñas, sonaba con el timbre correspondiente al teléfono de la morocha.

-¿Hola?-preguntó ésta-¿Qué tal, jefa...? ¿Que mande a la tropa a lo de quién...? ¡Bien! ¡Cuente conmigo, jefa!

Y, tras colgar, se dirigió hacia las demás y anunció:

-¡Atención, exploradoras! ¡Todos a la casa de Baljeet!

-¡Sí, por fin!-gritó Ginger.

Todas la miraron, extrañadas.

-¿Qué? Es lindo, ¿no creen?

Katie y Holly se miraron, y Milly hizo un gesto como diciendo "está loca".

-Bueno, bueno... ¡vamos, exploradoras!-gritó la chica de anteojos, y abandonaron el lugar para ir donde Isabella les había dicho.

A la vez, la niña morocha llegaba a la casa del hindú. Tocó timbre, y éste abrió.

-¡Oh! Hola, Isabella...-dijo, sonrojándose un poco-¿Có... cómo estás...?

-¡Baljeet, escucha!-gritó ella, conmocionada-¡Debes ayudarnos! ¡Phineas y Ferb... y también Jeremy fueron capturados! ¡Los mandaron a una escuela militar...!

El chico de la India quedó pasmado. ¿Cómo que capturados? ¿Cómo que escuela militar? ¿Por qué?

-¿Qué dices? ¿Cómo es que se los llevaron?

-¡No lo sé!-exclamó, llorando-¡Me fui un segundo a mi casa para buscar algo, y cuando volví a su patio sólo pude ver que un sujeto vestido de verde se los llevaba a los tres! ¡Los han enviado a una escuela militar en Nueva Orleans…!

-¿Nueva Orleans? Eso está en Louisiana, en el sureste…

-¡Qué me importa donde está Louisiana! ¡Necesito tu ayuda, Jeet!-le gritó, y lo tomó del overol-¡Llama a Buford, a Django, a los que sean! ¡Que nos ayuden!

La chica estaba desesperada, tanto como Candace en el patio trasero de la casa.

-Oh, bien… descuida, Isabella, llamaré a los demás.

-¡Gracias, Baljeet!-dijo ella, y lo abrazó.

El chico hindú se quedó embobado por un momento, pero decidió seguir hablando.

-¿Gretchen y las demás vendrán?

-Sí… están por llegar. Oye, ¿por qué no comenzamos a trabajar en algo?

-Bien-respondió Baljeet-pero no esperes mucho de mí… si no pude construir un portal a Marte, menos podré ayudar a los chicos…


Finalmente, Candace logró encontrar la tuerca correspondiente. Le dio tres vueltas y, mágicamente, la máquina volvió a funcionar, a pesar de que la mayor parte del equipo se había convertido en pura chatarra.

-¡Lo hice! Ahora tengo que mandarla al futuro… La mandaré al año 2010…

Marcó las coordenadas correspondientes y envió al aparato un año al futuro.

Se pudo ver ella misma esperando, afuera de la escuela militar de Nueva Orleans y a merced del frío, el momento en que Jeremy saliera de allí. Cuando lo hizo, la Candace mayor trató de saludarlo.

-¡Jeremy! Pero… ¿qué te ha pasado?

El aspecto de Jeremy era deplorable: su cabello estaba muy sucio y despeinado, la barba le había crecido mucho y su ropa estaba completamente rota. Tras un año en la prisión, lejos estaba ese Jeremy tierno y limpio del año anterior.

-Candace-balbuceó Jeremy en voz baja, sin quitar sus ojos de ella pero haciéndolo con rencor-Mira lo que me has hecho.

-¡No, Jeremy! ¡Yo no quise…!

-Yo te amaba, Candace Flynn. ¡Tú eras el amor de mi vida y me traicionaste!

Y, acto seguido, empujó violentamente a la chica, tirándola al suelo. La Candace del presente miró la escena consternada.

-Él... él me amaba... no puedo creerlo...

Y quedó aún más deprimida, al saber que por haberse entrometido no sólo se habían llevado a sus hermanos, sino al chico que tanto quería, quien, para su sorpresa, también la amaba.

-Pero... ¿por qué un año?-se preguntó-¿No era que sólo iba a quedarse una semana en ese lugar?

Y siguió investigando con el aparato, mandándolo a distintos puntos en el futuro.


En eso, Buford y Django llegaron a la casa del chico de la India.

-Ya llegamos, ¿satisfecho?-le preguntó el primero, enojado-¿Ya nos podemos ir?

-No era sólo venir aquí, tienes que entrar, imbécil-le dijo el chico de remera amarilla, fastidioso por su actitud.

-Bien… pero toca tú el timbre.

Y lo hizo, justo cuando las exploradoras estaban por llegar también.

-Ay… ¡es Django Brown!-gritó Adyson, totalmente enamorada-¿Será hoy el día en que pueda decirte lo que siento por ti?

-Dios te oiga-le dijo Ginger-Yo muero por Baljeet…

Las otras exploradoras volvieron a mirarla, extrañada.

-¡Oh, ya basta! ¿Qué, no puede gustarme un chico?

-Ese chico no es guapo-le dijo Milly-Deberías buscarte otro… mira, ahí está Buford… ¿no te atrae?

-Claro que no-respondió enojada-¿Qué, a ti sí?

-Mucho…

-Bueno, basta, exploradoras-las retó Gretchen-Hay que seguirlos y ver que sucede en casa de Baljeet.

Entonces, la puerta se abrió, y el chico moreno los dejó entrar. Isabella estaba esperando adentro, sentada en una silla y con mirada de preocupación.

-¡Exploradoras reportándose para la misión, jefa!-exclamó la chica de anteojos.

-No me llames jefa, Gretchen-la retó la morocha, seria-pero gracias por venir…

-Bueno, está en mi juramento de exploradora obedecer a mi superior…

-Bien, bien…

Al ver que todos habían llegado, Baljeet decidió hablar:

-Quiero agradecer a todos por venir. Estoy seguro que no lo saben, así que tendré que darles esta noticia…

-¡Así que al fin lo vas a confesar!-gritó Buford, sacando su cámara digital-Esto tengo que registrarlo…

-¡Yo no voy a confesar nada!-gritó el hindú-¡Es una noticia terrible!

-¡Phineas, Ferb y Jeremy han sido secuestrados!-gritó Isabella, llorando.

La noticia causó un gran revuelo entre los presentes. Nadie podía creerlo.

-¿Cómo puede ser?-preguntó Katie-¡Esto es inconcebible!

-¡Hay que hacer algo!-gritó Django, consternado-¡Tenemos que traerlos de vuelta!

-Justamente para eso los hemos llamado-dijo la morocha, un poco más calmada-Necesitamos de su ayuda para construir algo que nos lleve hasta Phineas y Ferb… y estaba pensando en un avión…

-¿Un avión?-se preguntaron todos.

-Escuchen, sé que los chicos nos ayudaron esa vez, pero si pudimos hacer un avión gigante de papel, creo que podemos hacer uno de verdad, que nos traslade a Nueva Orleans y nos permita salvarlos… ¡Vamos! ¿Quién está conmigo?

Nadie quería ir. Todos se veían temerosos.

-¿Tú irás, verdad, Baljeet?-le preguntó.

-¿Yo? Pues tendré que pensarlo…-y la miró-¡no, no es necesario! ¡Iré!

-¡Si el ñoño va, yo también!-gritó el bravucón-Tendré la oportunidad de ser el jefe.

-No cuentes con eso-lo retó Django-porque yo también iré. Y creo que es suficiente, ¿verdad?

-Bueno, una de ustedes podría ir, chicas…

Ninguna quiso ir. Todas se quejaban de que era muy peligroso, y finalmente, la líder de las exploradoras decidió rendirse.

-Bien, creo que debemos empezar a trabajar… ¿qué les parece?

Y, tal como los chicos lo hacían todos los días, todos comenzaron a construir el avión, ordenando materiales, dando instrucciones y cooperando para hacerlo lo más rápido posible.

En una de esas situaciones fortuitas, Ginger tuvo la oportunidad de hablar con Baljeet.

-Hola, Jeet... soy yo, Ginger.

-Oh, hola...-le dijo él, mirándola-Jugaste un buen partido ayer.

-Gracias... y bien, ¿qué estás...?

Pero antes de que pudiera completar la frase, Isabella le pegó un coscorrón, enojada.

-¡Auch! ¡No se lo tome tan en serio, jefa!

-No puedes decir eso. Soy tu jefa, y te lo ordeno.

Y se fue. Ginger la miró con malicia y le sacó la lengua.

-Sólo está así porque se llevaron a su tonto Phineas-se quejó la morocha.

-¿Le gusta Phineas?-preguntó el chico, decepcionado.

-Se podría decir que sí...

Quedó tan mal al recibir la noticia que dejó la llave de tuercas que tenía en la mano. Pero, unos segundos después, pareció mejorar.

-Ya no me importa-dijo, ya no tan triste-¿me disculpas? tengo que levantar mi llave.

-Descuida, yo la agarro...

Y ambos se agacharon para levantarla. Pero, en lugar de eso, terminaron tomándose las manos. Ambos se miraron un momento, y, finalmente, Baljeet, la soltó, sonrojado.

-Lo... lo siento... no quise tocarte la mano...

-Oh, no importa... yo debería disculparme-dijo ella.

El hindú, entonces, decidió ir a ayudar a Buford y a Django, mientras que Ginger soltaba una risita de enamorada.

-Tomó mi mano... ¡y se sonrojó!-murmuró, completamente embobada.

Isabella la vio de lejos, y sintió algo de envidia. Claro: su amiga al menos tenía al chico que quería cerca de ella.

En eso, la líder de las exploradoras recordó la razón por la cual había ido a buscar la cámara: Perry. ¿Qué se supone que hacía con sombrero? ¿Debería decírselo a alguien?

Miró a sus amigos y pensó: "Ni lo pienses. Te tomarán por loca". Y empezó a trabajar también.


Mientras, Candace seguía trabajando con la máquina. Ahora, la había enviado unos años más al futuro.

-No sé que año es…-murmuró-Pero… ¿son mis hermanos?

Phineas y Ferb, con aproximadamente treinta años de edad cada uno, vestidos de sargentos, se encontraban en medio del campo de batalla. Ella desconocía la razón por la cual estaban a punto de pelear, aunque luego pensó en lo que el tal Monograma había dicho: "saldrán de la escuela militar en unos años"… ¿quién sabe todo lo que pudo haber pasado en esos años?

-¡Escuchen, malditos ingleses, no nos importa lo que hagan, saldremos victoriosos!-le gritó Phineas a su hermanastro-¡A la carga!

-¡Cierra la boca, yanqui!-le gritó Ferb-¡A la carga, soldados!

Candace se vio obligada a evitar mirar tanta violencia, pero no logró ignorar ver como sus hermanos se herían mutuamente a sablazos.

-¡Ah!-gritó, y transportó la máquina hacia el futuro.

Era el año 2039, el mismo que sus hermanos habían seleccionado al principio. La pantalla pudo mostrar a un Jeremy completamente demacrado y postrado en una cama de hospital, aparentemente en coma.

-¡No, Jeremy!-gritó angustiada.

Un momento después, vio como Perry había sido reconstruido como un androide frío y sin sentimientos, y enviado a luchar contra el malvado doctor Doofenshmirtz, que a pesar de sus 70 años, había logrado mantenerse saludable y había logrado dominar no sólo el Área Limítrofe sino el país entero, gracias a su lavador de cerebros patentado, ya que al no estar Perry pudo utilizarlo para sus malvados planes.

-¡Perry el Ornitorrinco!-gritó-¿Recuerdas cuando intenté usar esta cosa contra ti y falló? ¡Pues mira, la he mejorado y ahora soy el dueño de América! ¡Prepárate para ver lo que voy a hacer hoy! ¡Destruirte y dominar el resto del mundo!

Candace quitó la imagen.

-Pero… ¿y mis hermanos?-se preguntó-¿Qué les ha pasado?

Transportó la máquina hacia donde ellos debían estar. Y, como golpe final, de ellos no quedaba nada. Nada más que dos frías lápidas, juntas en el cementerio de Danville, con los nombres de Phineas Flynn y Ferb Fletcher. Y unos metros más lejos, oculta por unos arbustos, la vio: la tumba del ser que había causado todo aquello… la leyenda en la lápida rezaba: "Candace Flynn, muerta en desgracia."

-¡Nooooo!-gritó la chica, y volvió a llorar sin consuelo-No trataban de arruinarme la vida… snif… ¡yo les arruiné la vida realmente! ¡Y me he arruinado mi propia vida también! Y Jeremy me amaba… ¿me amaba? No… ¡no puedo creerlo! ¡Y le arruiné la vida a él también! De hecho… ¡yo misma me arruiné la vida!

Se tiró al suelo e intentó encontrarle una solución. Imposible.

-¿Qué he hecho?-se dijo histérica y totalmente shockeada-¡Esto es un completo desastre!

Lloró cada vez más. La situación era angustiante.


Luego de un arduo trabajo, el avión estuvo listo. Luego de llenarlo de provisiones y festejar un poco por el logro, Baljeet, Buford y Django se despidieron de las chicas y se dispusieron a subir, cuando el último decidió volver a preguntar si era suficiente con ellos tres.

-Eso creo-le dijo Isabella, algo dubitativa-¿Alguna de ustedes quiere ir, chicas?

-No-dijo Katie-yo quiero vivir al menos veinte años más.

-Tampoco-dijo Adyson-sé que no es correcto abandonar a los amigos, pero será peligroso… y no quiero que me pase nada.

Ninguna de las otras pasó al frente. Cuando le llegó el turno a Gretchen, ambas discutieron:

-Es una lástima que no quieras ir, Gretchen, sería tu oportunidad para presentarte ante Ferb…

-No te conciernen mis asuntos, Isabella-le respondió, nerviosa.

-¿Qué te sucede? ¿Por qué no vas y lo rescatas? ¿No era que lo amabas más que a cualquiera?

-¿Y por qué no vas tú? ¿No era que harías todo por Phineas? ¿Dónde está la valiente líder de las exploradoras?

-¡No me hables así! Yo… yo iré también… pero no en avión… ya verás.

-Como quieras.

Finalmente, los tres chicos subieron al avión. Django iba a subir primero, pero Buford se le anticipó y se metió adentro sin saludar. Enojado, el chico de remera amarilla iba a hacer lo mismo, pero terminó despidiéndose de sus amigas. El último, Baljeet, saludó mirando desde arriba a las exploradoras y, en actitud seria, alzó sus brazos haciendo la v de la victoria con ambas manos, y entró, para luego cerrar la puerta.

-¿Todo listo, Buford?-preguntó, luego de sentarse en su puesto.

-Siempre tengo todo listo.

-Bien. ¿Django?

-También.

-¡Bien! ¡Vámonos rumbo a Nueva Orleans!

Y, tras la orden del chico, el avión fue puesto en marcha. Salió sin problemas del jardín de la casa de Baljeet y llegó a la calle. Se encendieron las turbinas y, al final, despegó para perderse en el horizonte.

-Buena suerte…-les deseó Isabella-Bien, chicas, yo me voy. Tengo que cumplir con mi parte.

-¿Qué vas a hacer?-le preguntó su segunda, un poco más calmada luego de la discusión.

-Hay una persona que me llevará a Nueva Orleans. Cuando regrese te lo contaré todo. Adiós…

-¡Espera, Isabella!

La niña de pelo negro se detuvo súbitamente.

-¿Sí?

-Sólo una cosa más…

-¿Qué quieres?

Y, con una risita, le respondió:

-Quiero verte de novia con Phineas cuando vuelvas.

Sonrojada, la líder de las exploradoras le dio la mano en señal de promesa.

-Cuenta con mi palabra-le dijo, con una risa de enamorada en el rostro.

Y tras saludarse con las demás, corrió nuevamente. Sólo ella sabía adonde.

-Ojalá le vaya bien-susurró Gretchen, para luego darse cuenta de algo-Oigan… ¿y Ginger?

Sin que ellas lo supieran, la chica se había subido a escondidas al avión. No quería alejarse de Baljeet: viajaría con él pasara lo que pasara.


De regreso al patio, Candace todavía lloraba. No encontraba solución a su tristeza.

-No tengo perdón… soy una idiota… ¡Qué demonios he hecho! ¿Qué puedo hacer?

Pero, de repente, algo le llegó a la cabeza, en medio de tanta desdicha.

-No, no es demasiado tarde… el destino se puede cambiar… ¡Sí, se puede cambiar!

Y, decidida, salió de la carpa para dirigirse al garage. Abrió el portón, y tomó las llaves del auto de sus padres. Corrió a su habitación para buscar su licencia de conducir, y se metió dentro del auto.

-Muy bien, Candace-se dijo-Todo depende de ti ahora.

-Ejem, ejem…-tosió alguien.

Para su sorpresa, la pequeña Isabella García-Shapiro ya estaba sentada en el asiento del acompañante, aparentemente esperando a la pelirroja.

-¿Qué? ¡Isabella! ¿Qué estás haciendo?

-¡No digas eso!-le gritó la niña, enojada-¿No te vas a ir a rescatar a los chicos sola, verdad?

-Pero no puedo llevarte, es muy peligroso.

-Candace, no quiero perder a mi futuro esposo.

-¿Qué? ¿Has visto lo que yo?

-No, pero sospechaba que el futuro había cambiado. Y ahora que oigo eso que dijiste veo que sí cambió… estuviste mal, Candace. Pero te ayudaré a encontrarlos.

Candace soltó una sonrisa pícara y dijo:

-Isabella, ya sé que vamos a hacer hoy… ¡Adiós, hogar, dulce hogar!

Y, lo más silenciosamente posible, prendió el motor del auto y salió de la cochera, rumbo a buscar a los chicos. Sí, sería un viaje largo y no había certeza de que la misión prosperara... pero ellas estaban decididas. Querían hacerlo. Y, como todos sabemos, querer es poder.


¡No todo parece perdido! Las chicas por un lado, y los chicos y una polizonte por el otro intentarán recuperar a esas personas que tanto quieren. ¿Podrán? ¿Y qué estará haciendo el doctor Doofenshmirtz? Sépanlo en el siguiente episodio: "Rumbo a la aventura".